35. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 34: Los escogidos de Dios, dejan de tropezar, cuando Cristo les quita el velo (2 Corintios 3: 14)

¡Amados de Dios!

Luego de esta pausa que nos hemos tomado, continuemos con el análisis del Sello del Entendimiento.

En la entrega No. 5, ya expuse el siguiente versículo; pero ahora lo hago una vez más, para clarificar el punto que estamos tratando:

Juan 8:

43. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

(R. V. 1960)

Quiero ampliar aquí, la explicación que ya di al respecto, en aquella entrega:

Con esta  revelación que nos está haciendo el Señor Jesús en esta afirmación, podemos deducir, que para entender un lenguaje cualquiera, es necesario previamente tener el oído habilitado.

Tener el oído habilitado, es una condición sin la cual, no podemos escuchar el sonido emitido en tal o cual lenguaje.

Como el contenido de la ideas, se transmiten mediante las palabras, teniendo entonces, el oído habilitado, podemos escuchar las palabras pronunciadas con sonidos.

Ahora bien, las palabras escuchadas, sólo tienen significado, cuando entendemos las ideas transmitidas por ellas.

Para entender dichas ideas, es necesario, entender el idioma en que están siendo pronunciadas tales palabras.

Si aplicamos esta realidad natural al mundo espiritual, resulta ser, que ocurre todo exactamente así; pero espiritualmente.

Veamos cómo es esto:

Primero hay que escuchar el sonido espiritual de la voz de Dios, para poder entender las palabras pronunciadas en el lenguaje del Señor Jesús.

Es decir, debemos reconocer primero, la voz de Dios, para luego, saber cuándo, cómo y de qué nos está hablando.

El sonido espiritual que emite la voz del Señor Jesús, es tan hermoso, que no hay forma humana de describirlo; sin embargo, quienes hemos recibido la capacidad de oír a su Espíritu, sabemos que es Él, cuando nos habla; y entendemos lo que nos está diciendo; y desde luego, ponemos por obra su Palabra.

Quienes no tienen esta capacidad espiritual de escuchar la voz de Dios, no reconocen la voz espiritual del Señor Jesús; por tanto, no reconocen tampoco, el contenido espiritual de sus palabras; y menos, las pueden poner por obra.

Así lo confirman las Escrituras, cuando El Padre le profetiza al Hijo en los mismos lugares celestiales:

Ezequiel 33:

31. Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.

32. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra.

(R. V. 1960)

De tal forma, que ya Dios deja en las Escrituras, registrado, desde antes de la fundación del mundo, lo que tiene que ocurrir; y se lo dice a su Hijo:

Al igual que ocurre en la esfera carnal, también ocurre en lo espiritual, en que si no está habilitado el oído espiritual para escuchar la voz espiritual Dios, no se puede entender nada.

Nadie entiende nada, por más hermoso cantor, que les está emitiendo los más bellos sonidos, contenidos en la Palabra del evangelio.

Si Dios Mismo, no nos habilita el oído espiritual para escuchar su voz, no podemos entender su lenguaje, que es hablado por el Señor Jesús; y que está escrito en su evangelio.

Esta es la razón por la cual, los carnales cuando leen las Escrituras, sólo pueden leer la letra de tinta, que es letra muerta y que mata; mas, los espirituales pueden leer la letra del Espíritu, que es Vida y que da Vida (2 Corintios 3: 6).

¿Cómo queda entonces, habilitado el oído para oír la voz de Dios, de manera que podamos entender su lenguaje, a través de la preciosa Palabra de su Hijo, el Cantor de amores y Hermoso de voz?

Ya tienen aquí, dos nuevos nombres del Señor Jesús:

¡El Cantor de amores!

¡El Hermoso de voz!

El mismo Dios nuestro, es quien tiene el Poder de habilitar el oído, de todo aquel, que Él ha escogido.

Analicen la orden que da Dios, para que se abran los oídos espirituales:

Isaías 42:

18. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver.

(R. V. 1960)

¡Esta es una orden que da Dios!

¡Esta es una orden de su Palabra!

Recuerden, que la Palabra, es Cristo.

Con respecto a esta orden, el evangelio nos revela, que la Fe, es por la orden que da la Palabra, para que el oído pueda oír:

Romanos 10:

17. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

(R. V. 1960)

Así es que, si la Palabra no da la orden de oír, nadie puede oír.

Cuando el evangelio habla de oír, está hablando en forma espiritual.

Es así, que nadie puede tener Fe, por voluntad propia de tenerla.

La Fe, depende de la capacidad de oír el contenido espiritual de la Palabra.

Nadie puede oír este contenido espiritual, por el sólo deseo personal de querer hacerlo, o porque alguien en un discurso le motive a tener fe.

Ya ven que a muchos se les predica la Palabra y no entienden nada. Ahora mismo, habrá quienes reciben estas explicaciones y no las entienden.

El oír el contenido espiritual de la Palabra, se da, sólo si el oído espiritual ha sido acondicionado para tener la capacidad de oírla.

Esta capacidad, sólo y únicamente depende de la orden, deseo y gestión de la misma Palabra, que es Cristo, quien nos da la competencia para oírla y por supuesto, para entenderla (2 Corintios 3: 5).

El oído habilitado para oír la Palabra, es un espíritu escogido por Dios.

Es tierra seca que con el Espíritu de Dios se vuelve tierra fértil para que quede sembrada la Palabra. A su vez, el espíritu que oye y entiende la Palabra, queda sembrado en la Buena Tierra que es Cristo, por lo cual, dará fruto al ciento, a sesenta y a treinta por uno (Mateo 13: 8 – 9; 23).

La cosecha viene a continuación (Juan 4: 35 – 38; 1 Corintios 15: 44).

Es así, que el Entendimiento de Dios y el Conocimiento de su Hijo, se dan a partir de haber escuchado el evangelio, a través de un oído espiritual capacitado, o sea, de un espíritu, que cual tierra fértil, ha sido labrado previamente por Dios.

La Palabra es Espíritu. Cristo es la Palabra. El Espíritu de Cristo, es quien da la orden para ver, oír y entender.

Cristo con su Palabra, es quien labra la tierra del espíritu del escogido de Dios; y ordena que se siembre en él, dicha Palabra.

Hasta que el Espíritu no da tal orden, no se puede ver, oír ni entender.

Revisemos el siguiente texto, que desde el Antiguo Testamento, nos presenta una gran revelación al respecto.

Deuteronomio 29:

1. Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés que celebrase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que concertó con ellos en Horeb.

 2. Moisés, pues, llamó a todo Israel, y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra,

3. las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas.

4. Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.

(R. V. 1960)

¿Qué les parece esto, amados entendidos?

No depende del hombre, el poder entender las maravillas de Dios.

¿De quién depende entonces?

¡Pues, sólo y únicamente de Dios!

En el (versículo 3), el texto se refiere a los ojos carnales, lo cual, por lógica, hace alusión también a los oídos carnales, los cuales pueden ver y oír lo que es material.

Sin embargo, la clave de la revelación está en el (versículo 4), en que claramente el texto expresa, que es Dios quien decide dar su Espíritu, para que sus elegidos, puedan ver, oír y Entender lo que es espiritual.

Mientras Él no lo da, nadie puede ver, oír ni entender el reino de Dios.

Así se refiere Dios, a los que no entienden:

Isaías 44:

18. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender.

(R. V. 1960)

¿De quién depende, el que no entiendan?

¡Pues, depende de Dios!

En este tiempo hay muchos predicadores, que frecuentemente hacen sus presentaciones fraudulentas del evangelio, a través de los medios de comunicación. Ellos creen que entienden el reino de Dios; pero en realidad no entienden nada.

Estos hablan engaño; pero no pueden engañar a los verdaderos entendidos

El verdadero Entendimiento, se abre en los elegidos de Dios, en el momento en que el Espíritu de Cristo, que es la Palabra, es enviado por Dios a sus corazones.

Es así, que el Entendimiento entra y se posiciona como el Sello de Dios, como la circuncisión que nos marca como su pueblo; y nos habilita para reconocerlo en toda su magnitud, como nuestro Dios, sólo y únicamente, a través de Cristo (Gálatas 4: 6).

Mientras El Espíritu, no genere en el corazón de los escogidos de Dios, la orden para oír, ver y entender las maravillosas promesas que nos han sido otorgadas desde el trono de la Gracia (Efesios 1: 3 – 4), nadie puede tener la revelación de los secretos de la Sabiduría y el Conocimiento, escondidos en la persona de Jesucristo (Colosenses 2: 2 – 3).

Mientras el Espíritu de Dios no nos sella, seguimos siendo hombres naturales y carnales, sin entendimiento.

El que no está sellado, no entiende nada del Espíritu de Dios ni del evangelio de Jesucristo (Romanos 3: 11).

Por esta razón es, que esta gran cantidad de predicadores carnales a los que nos hemos referido, se desatan predicando carnalidades referentes a la prosperidad, sin entender nada de lo que revela el Espíritu de Jesucristo, acerca del evangelio eterno.

Por otra parte, duele ver a cientos de millones de personas de todas las naciones del mundo, siguiendo religiosamente las ideas profanas de un liderazgo espiritual tenebroso, promotor de la idolatría a otras deidades inventadas, que no son el Dios verdadero.

Vemos con tristeza, cómo este liderazgo religioso que se enseñorea sobre millones de mortales, en medio de su franca fornicación con los gobiernos de la tierra (Apocalipsis 18: 3 – 4).

Estos cientos de millones de personas, formando un solo cuerpo espiritual, con su líder como cabeza de ese cuerpo, no entienden que Jesucristo es el único Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

No entienden que Jesucristo Hombre, es el único mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2: 5).

No entienden que no hay otro nombre a parte de Cristo, en quien se puede encontrar Salvación (Hechos 4: 12).

Estos cientos de millones de personas, simplemente, no entienden.

El día que de entre ellas, Dios libere a sus escogidos y les de  el Sello del Entendimiento, veremos el Testimonio del renunciamiento a su idolatría.

Mientras sigan con su idolatría, el único Testimonio que siguen dando, es el de su rebelión contra el trono del Dios verdadero (1 Samuel 15: 23).

Al respecto, así se refiere el evangelio:

1 Corintios 2:

14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

(R. V. 1960)

Los que hemos sido sellados por el Espíritu de Dios, en cambio, sí podemos entender; y en esto, nos gloriamos:

Jeremías 9:

24. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

(R. V. 1960)

Examinen amados entendidos, cómo el apóstol Pedro se refiere a lo difícil que es entender algunas de las epístolas del apóstol Pablo:

2 Pedro 3:

16. casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

(R. V. 1960)

Por supuesto, sabemos que los que logran entender, son los que tienen Entendimiento (Daniel 12: 10); pero los que no, son los que Dios no quiere que entiendan, de tal forma que estos, en su propia naturaleza extraviada, lo que hacen es torcer el contenido de las revelaciones del evangelio, para su propia perdición.

Ahora, observen mis amados, lo que dicen las Escrituras:

Deuteronomio 29:

29. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

(R. V. 1960)

Esto mismo es lo que anunciaba por el Espíritu, el profeta Isaías, en relación a Cristo:

Isaías 52:

 15. así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

(R. V. 1960)

¿De acuerdo a este versículo, quiénes son los que entenderán?

Pues, los escogidos de Dios que reciben el Sello del Entendimiento.

¿Quiénes son los que no entienden?

Pues, los que no tienen Entendimiento.

Y, ¿Por qué estos no entienden?

Porque en la Voluntad de Dios, les ocurre lo que dice el evangelio en el siguiente texto:

2 Corintios 3:

14. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.

(R. V. 1960)

De acuerdo a esta revelación del evangelio, los que tienen velado el entendimiento, están ciegos. Por esta razón, tropiezan con la Palabra.

De entre los que tropiezan, hay muchos escogidos de Dios, que precisamente tropiezan, porque aún no han recibido el Entendimiento.

La pregunta es:

¿Hasta cuándo, estarán en esta condición de ceguera, tropezando con la Palabra?

Pues, hasta que se cumpla lo que dice el evangelio:

Los elegidos de Dios que aún tropiezan, dejarán de tropezar, cuando Cristo les quite el velo (2 Corintios 3: 14).

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 35

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

34. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 33: Nos gloriamos de entender y conocer al Dios Verdadero (Jeremías 9: 24; 1 Corintios 1: 31; 2 Corintios 10: 17)

¡Amados de Dios!

Vamos en esta entrega a escudriñar la Palabra de las Escrituras, con el objetivo de abordar el estudio del tercer elemento, correspondiente al segundo momento de nuestro esquema didáctico, acerca del proceso de sellado del Espíritu Santo en los elegidos de Dios.

Este tercer elemento, siguiendo la metodología que nos ha inspirado el Espíritu Santo, es el Entendimiento.

Iniciemos pues este estudio, revisando el siguiente texto del evangelio:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Mis amados, les pido que pongan mucha atención a la secuencia de las expresiones que nos brinda este versículo.

Fíjense bien lo que se nos está revelando:

Se nos revela que el Señor Jesús, al darnos su Espíritu, nos da el Entendimiento con un claro objetivo.

¿Cuál es este objetivo?

El objetivo es, que con el Sello del Entendimiento, podamos acceder al Conocimiento.

¿Conocimiento de qué?

Mejor es preguntar:

¿Conocimiento de quién?

Pues, el Sello del Entendimiento nos da acceso al Conocimiento de Dios, o sea, al conocimiento de la Misma Persona de Jesucristo.

Se nos revela entonces en este versículo, que el Entendimiento que se nos otorga, es para que conozcamos al Señor Jesucristo; y conociéndolo a Él, podamos conocer al que es el Dios Verdadero, o sea, al Mismo Señor Jesucristo.

Revisen nuevamente el versículo y lean lo que en él se afirma:

¡Que el Señor Jesucristo, es el Dios Verdadero!

Su Espíritu, que nos es entregado, es el Entendimiento; y su mismo Espíritu que a partir del Entendimiento nos es entregado, es también es el Conocimiento.

Ya tenemos aquí, dos nombres nuevos del Señor Jesús:

Él, es el Entendimiento.

Él, es el Conocimiento.

Si tenemos el Entendimiento, en consecuencia tenemos el Conocimiento.

En la secuencia del proceso de la instauración del Sello del Espíritu Santo, ocurre de manera similar, en que para sellarnos Dios con el Arrepentimiento, primero nos sella con el Quebrantamiento. Así pues, para sellarnos con el Conocimiento, primero nos sella con el Entendimiento.

De tal forma que, si tenemos un claro Conocimiento de Dios, es porque hemos sido dotados de pleno Entendimiento acerca de la Persona del Señor Jesucristo, que es el Dios Verdadero.

Cuando alguien posee el Entendimiento, es porque posee dentro de sí a la Persona de Cristo Jesús.

El Entendimiento es el Sello de su Espíritu.

Revisemos esto una vez más:

En orden secuencial a partir del Entendimiento que se nos otorga de Cristo Jesús, se nos otorga el Conocimiento de Cristo Jesús; y cuando alguien posee el Conocimiento de Cristo Jesús, es porque posee dentro de sí a Cristo Jesús, que es el Dios Verdadero.

Nadie puede conocer al Dios Verdadero, si Dios no le ha dado el Entendimiento de quién es Cristo Jesús.

En otras palabras, nadie puede conocer a Cristo Jesús y menos acercarse a Él, si Dios no quiere que esto ocurra (Juan 6: 44; 65).

Una vez más:

Cuando Dios nos elige para acercarnos a Cristo Jesús, entonces nos sella con el Entendimiento, para que podamos tener el Conocimiento de Cristo Jesús, o sea, del Dios Verdadero y de sus promesas para sus santos (Efesios 1: 18).

Reafirmemos entonces:

De la misma forma que lo es el Entendimiento, el Conocimiento también es Sello del Espíritu Santo.

Ahora sepamos esto:

No se puede tener Entendimiento y Conocimiento, como Sello del Espíritu, estando Cristo Jesús fuera de nuestro corazón, actuando como una persona aislada o apartada de nuestra naturaleza.

Esta es la razón, por la cual, nadie puede entender a Dios por medio de su propia sabiduría carnal.

Es sólo, cuando Jesús entra en nuestro corazón para habitar en él (Gálatas 4: 6), que recibimos el Sello del Entendimiento; y secuencialmente, el del Conocimiento.

El Versículo que estamos abordando, nos deja clara la secuencia:

Primero entendemos,… Luego conocemos.

Esto ocurre, sólo cuando el Espíritu del Señor Jesús, ha tomado posesión de nuestro corazón, para habitar en él.

Analicen ahora, el siguiente versículo:

Colosenses 2:

2. para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

(R. V. 1960)

Aquí, en este versículo, una vez más, el evangelio nos hace ver con claridad, que el Don del Entendimiento es aplicado como un Sello en los elegidos de Dios, con una finalidad: Esta es, la de sellarnos también con el Don del Conocimiento, para que podamos conocer el misterio que ha permanecido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25; 1 Corintios 2: 7; Efesios 1: 3 – 4; Colosenses 1: 26).

Este misterio se trata, de todo lo concerniente al Pacto Eterno.

Este misterio está reservado para darlo a conocer, sólo a quienes Dios ha escogido como sus hijos (Salmo 25: 14).

El misterio del Pacto Eterno, se resume en una sola Palabra:

¡Cristo!

Cristo, sólo es dado a conocer, por quienes han sido escogidos y engendrados de Dios.

Amados, se que ninguno de ustedes será confundido. Pues, una cosa es saber de Cristo y otra es, conocer a Cristo.

Cristo, es el Dios Verdadero; y una cosa es saber que Dios existe; mas otra es, conocer al Dios Verdadero (Santiago 2: 19).

Todas las religiones y sectas, saben que hay un Dios; pero ninguna conoce a Cristo, que es el Dios Verdadero.

El hecho de que las religiones mencionen a Cristo en sus doctrinas torcidas; y el hecho de que manipulen Su Nombre, no significa que lo conozcan.

Por eso el Espíritu, dice esto en el evangelio:

1 Corintios 8:

2. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.

3. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.

(R. V. 1960)

Este texto nos dice con claridad, que para conocer al único Dios Verdadero, que es Cristo, no hay que estar ninguna religión ni secta, sino en su Amor,…En su cuerpo.

El que está en su cuerpo, está en su Amor.

El que está en su Amor, lo ama a Él; y es conocido por Él.

1 Juan 4:

19. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

(R. V. 1960)

En Cristo se encierran todas las riquezas de la Sabiduría y el Conocimiento (Colosenses 2: 3).

Ya hemos visto en las entregas anteriores, que para sellarnos con el Entendimiento que nos lleve al Conocimiento, en forma secuencial, primeramente Dios nos ha sellado con el Quebrantamiento, el cual nos lleva al Arrepentimiento.

Recordemos entonces, la secuencia de los momentos del Sello, que hasta aquí hemos discernido:

Sin Quebrantamiento y Arrepentimiento, no hay Entendimiento ni Conocimiento.

De acuerdo a lo dicho anteriormente, podemos explicar, por qué razón, todos quienes son amigos del mundo, son enemigos de Dios (Santiago 4: 4).

Los amigos del mundo, actúan conforme a la corriente del mundo: No hay en ellos Quebrantamiento ni Arrepentimiento.

Por esta razón, los amigos del mundo obran según el entendimiento carnal que les da el mundo. Esta sabiduría carnal, les permite encajarse en todos los sistemas del mundo, para ver realizados sus deleites carnales.

Repito: En los amigos del mundo, no se evidencia el Sello del Quebrantamiento, ni del Arrepentimiento.

Si alguien ha sido amigo del mundo y antes andaba según la corriente del mundo (Efesios 2: 2); pero ya ha estado previamente elegido de Dios; entonces, es por Jesucristo sacado de las tinieblas del mundo y llevado a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

Como ya hemos anotado en entregas anteriores, la primera situación por la que atraviesa alguien que ha sido liberado de las tinieblas, es un estado espiritual de Quebranto, el mismo que lo conlleva al siguiente estado: El de Arrepentimiento.

El que ha sido amigo del mundo; pero que estando previamente elegido, ha recibido con Quebranto el Llamamiento Santo (2 Timoteo 1: 9), entonces, es dotado del Arrepentimiento.

El Arrepentimiento cambia su forma de relacionarse con el mundo, y le convierte en un ser extraño para el mundo.

A causa de su nueva naturaleza espiritual, el que ha sido liberado de las tinieblas, pasa luego a ser ultrajado por el mundo (1 Pedro 4: 4).

El sufrir los vituperios del mundo, es una señal clave para los redimidos, de que ahora pertenecemos a Cristo y no más al mundo (1 Pedro 4: 14).

Esta es una de las primeras situaciones que llegamos a comprender los quebrantados y arrepentidos, gracias al Entendimiento del que secuencialmente, después de estos dos elementos mencionados del Sello, somos dotados.

Vayan amados de Dios, entendiendo la secuencia del Sello del Espíritu Santo, constatando en la Biblia, lo que nos es revelado, acerca de cada paso concerniente a este proceso.

Como ustedes han estudiado previamente a través de esta metodología que les imparto, el Conocimiento es el elemento que le sigue al Entendimiento.

Por esta razón, debemos ahora concentrarnos primero en el Don del Entendimiento, para luego, en una próxima entrega, abordar el Don del  Conocimiento.

Fíjense nuevamente mis amados en (1 Juan 5: 20), el versículo que estamos tratando:

Aquí, se nos hace entender dos cosas trascendentes:

1)    Que Dios nos da el Entendimiento, para que podamos conocer al Señor Jesús.

2)    Que el Señor Jesús es “el Verdadero Dios y la Vida Eterna.”

Ligando las dos cosas, reflexionemos entonces:

¿Para qué pues, sirve este Entendimiento que nos da el Espíritu Santo?

Sirve según lo expresado en (1 Juan 5: 20), para entender que el Señor Jesús es el Verdadero Dios y la Vida Eterna.

¿Y para qué, el Espíritu Santo nos hace entender que el Señor Jesús es el Dios Verdadero?

La Revelación es esta:

Puesto que en esta peregrinación terrenal, a Dios nadie le vio jamás, el plan de Dios es entonces, darnos con su Sello Espiritual, el Entendimiento para que podamos conocerlo.

Dios quiere que conozcamos que en Él hay Vida Eterna.

Agarren  esta revelación:

Vida Eterna, es otro nombre del Señor Jesús (1 Juan 5: 11 – 12).

De esta forma podemos entender, que el Señor Jesús es la Vida Eterna (Juan 5: 39; 6: 47; 10: 28), pues Él está en el Padre y el Padre está en Él (Juan 14: 9).

Nosotros sus escogidos tenemos la Vida Eterna, si tenemos al Señor Jesús.

Si tenemos al Señor Jesús, entonces tenemos al Padre.

Visto en forma completa:

Si el Padre está en Cristo y Cristo está en nosotros, es lógico que el Padre esté en nosotros y nosotros en el Padre (Juan 17: 21).

Dios quiere entonces, mediante el Entendimiento que nos otorga, dar a conocer esta Verdad a todos sus elegidos.

Repito: Si nadie ha visto a Dios, nadie puede conocerlo, de tal forma que, es necesario que para que lo conozcamos sin haberlo visto con el sentido de la vista, lo podamos conocer mediante el Entendimiento, que es un sentido espiritual procedente del Sello de su Espíritu.

Examinen el siguiente versículo:

Juan 1:

18. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

(R. V. 1960)

Ratifiquemos entonces, que el Sello del entendimiento que Dios instaura en sus elegidos, es para que los elegidos conozcan a Dios, a través del Espíritu de su Hijo.

Ya veremos en una futura entrega, que en la condición de almas eternas con la que hemos sido creados, los engendrados de Dios si hemos conocido a Dios porque hemos venido de Él (Juan 6. 46); mas no lo recordamos mientras Él no nos sella con el Entendimiento (Eclesiastés 1: 11).

Ahora, en esta travesía terrenal, estamos limitados para verlo con los ojos; pero si lo podemos ver con el Entendimiento, una vez que este Don nos ha sido otorgado como un Sello.

Este es el Sello del Espíritu Santo, que nos viene a recordar todo lo que Dios nos ha hablado desde la Eternidad (Juan 6; 45; 14: 26).

Por esta razón es, que todos los que llegamos a recordar a Dios, por el Entendimiento que Dios nos da, nos acercamos al Señor Jesucristo. De ninguna otra manera nos podemos acercar a Él (Juan 6: 44 – 45).

Para tener esto claro y bien entendido, del por qué los elegidos de Dios entendemos quién es el Señor Jesucristo, revisemos el siguiente versículo:

1 Corintios 12:

3. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

(R. V. 1960)

Según lo que expresa este versículo, pregunto:

¿Podrá alguien que niegue al Señor Jesús, tener conocimiento de Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque no se le ha otorgado el Entendimiento, o sea, no se le ha otorgado el Espíritu del Hijo de Dios.

Tal persona, no ha entendido que el Señor Jesucristo es el Dios Verdadero.

Por tanto, nadie que no conozca al Señor Jesús, puede conocer a Dios.

¿Por qué esto es así, que unos entienden y otros no?

¿Será que Dios es injusto, habiendo escogido a unos para darle Entendimiento y a otros no?

Revisemos lo que dice el evangelio:

Romanos 9:

13. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.

16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

17. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

19. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?

20. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?

21. ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

22. ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,

23. y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,

24. a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

(R. V. 1960)

Como vemos después de analizar este texto, Dios escogió a los vasos de Misericordia, para darles el Entendimiento.

¿Hay injusticia en ello?

¡Pues no!

Dios puede hacer lo que Él quiera hacer, puesto que Él, es el Dios Omnipotente.

A sus vasos de Misericordia, les dio la honra, dotándolos de las riquezas de su Gloria mediante el Entendimiento (Romanos 9: 23; Colosenses 2: 2).

Entonces, ¿los que predican doctrinas que le quitan la preeminencia al Señor Jesús, será posible que conozcan a Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque a estos, Dios los hizo vasos de deshonra.

Por tal motivo, a estos les falta Entendimiento.

¿Podrán los Israelitas terrenales no convertidos, que dicen adorar a Jehová y que al mismo tiempo rechazan al Señor Jesús, tener Verdadero Conocimiento de Jehová, a quien dicen adorar?

¡De ninguna manera!

Si el Conocimiento es el Espíritu del Señor Jesús, cómo pueden conocer a Dios, si rechazan al Mismo Conocimiento.

¿Por qué rechazan al Conocimiento?

Porque son ciegos; es decir, les falta Entendimiento.

Sin Entendimiento que es el Mismo Espíritu del Señor Jesucristo, no pueden conocer al Dios que dicen adorar.

Por eso en el libro del profeta Isaías y en la carta a los Romanos se ratifica esto:

De ellos, “solo un remanente será salvo.” (Isaías 10: 21 – 23; Romanos 9: 27; 11: 5).

¿Cuál es ese remanente?

Tal remanente, es el pequeño número de israelitas, escogidos como vasos de honra, para recibir el Entendimiento.

De hecho, los que ya lo han recibido, ya conocen quién es el Señor Jesús; y ya saben quién es el Dios Verdadero.

Pregunto también ahora:

¿Será que conocen al Dios Todopoderoso (Apocalipsis 11: 17) y Omnipotente (Salmo 91: 1), todas aquellas personas que dicen adorarlo a través de sus religiones, siendo que sus religiones, están plagadas de idolatría, porque adoran a figuras terrenales o celestiales (Hebreos 1: 5; Apocalipsis 9: 20; 19: 9 – 10), otorgándoles majestad divina, cuando el Señor Jesucristo, es el Alto y Sublime (Isaías 57: 15); y el único Dios Verdadero en quién hay Salvación (Hechos 4: 11 – 12)?

Siguiendo adelante con el tema que nos ocupa, les repito en esta ocasión, aunque parezca redundante, que el Sello del Espíritu Santo es un Sello eterno, aplicado de una sola vez en los elegidos de Dios; pero es tan profundo y maravilloso este misterio, que apenas podemos discernirlo con la Luz que nos llega con toda Misericordia de parte Dios, para que podamos tratar de explicarlo como lo estamos haciendo, a manera de un proceso que se da, en pasos secuenciales.

Todos estos momentos del sellado, como hasta aquí ustedes lo han comprobado, están fundamentados en las Escrituras.

Repito una vez más, aunque estos son momentos eternos, instaurados de una sola vez con el Poder de Dios en sus elegidos, debemos explicarlos como pasos secuenciales para poder entenderlos.

Lo que el Espíritu Santo logra a través de esta metodología de enseñanza, que inspira a este, su hijo, es enseñanza que los elegidos, en el propósito de Dios la reciben, con el fin de que rebosen de toda confianza a causa de este Entendimiento otorgado, estando firmes en la naturaleza en la que hemos sido engendrados como hijos de Dios y coherederos del Señor Jesucristo (Romanos 8: 17).

Continúa…

 

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 34

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

33. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 32: El reino de Dios es de los arrepentidos (1 Corintios 1: 18 – 21); y de ellos es el Poder (1 Corintios 4: 20)

Amados de Dios!

En esta entrega, vamos a concluir con el análisis del Don del Arrepentimiento, el cual como ustedes ya conocen, de acuerdo a la didáctica que empleamos para describirlo, lo hemos enfocado como el segundo elemento correspondiente al segundo momento del proceso de sellado del Espíritu Santo.

Amados entendidos, si este conocimiento aún no lo tienen bien afirmado, por favor, remítanse a la entrega treinta, en la cual se ha presentado un desglose didáctico del proceso del sellado del Espíritu Santo.

En esta ocasión vuelvo a insistir, en que el Sello de Espíritu Santo es eterno y cuando se instaura en el elegido de Dios, este hecho ocurre de una manera eterna, en la dimensión espiritual de Dios, que no tiene tiempo.

Sin embargo, es tan infinitamente grande el misterio de su contenido, que con la Luz que nos llega procedente del Padre de las luces (Santiago 1: 17); y por supuesto, sustentados en las Escrituras, dentro de nuestra dimensión temporal y corporal humana, apenas podemos intentar explicarlo como lo estamos haciendo, decodificándolo en momentos y en partes, para que pueda ser pedagógicamente comprensible.

En la medida en que ustedes amados de Dios, vayan incrementando su comprensión acerca del Sello del Espíritu Santo, podrán asimilar este concepto en forma global, sistémica y eterna.

Por ahora sin embargo; es necesario que juntos sigamos desglosando el contenido espiritual del Sello en todos sus detalles, según nos da el alcance del Entendimiento que hemos recibido, para asimilar el contenido espiritual de las Escrituras.

Cuando se hace lecturas rápidas y rutinarias de la Biblia, estos detalles parecerían ser simples y sin mayor trascendencia; o parecerían estar desligados de este misterio en análisis; o simplemente, pasan desapercibidos.

Pero resulta que en realidad, estos detalles que insistimos en exponer, muchas veces pareciendo redundar en las mismas cosas ya tratadas, tienen cargas intensamente reveladoras del evangelio eterno, que están veladas al entendimiento común.

Estas revelaciones quedan expuestas al Entendimiento con la claridad del medio día, sólo a través de un también intenso, perseverante y metódico escudriñamiento de La Palabra, guiado por el mismo Espíritu Santo, quien se revela a Sí mismo para sus elegidos, en el momento que quiere y de la manera que quiere; pero nunca apartado de las Escrituras.

El descubrir estas revelaciones acera del misterio del Sello del Espíritu Santo, nos permite estar seguros de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Esta es precisamente, la seguridad que Dios quiere que tengamos para que nos mantengamos firmes en su Espíritu.

Pero sobre todo, el interés del Espíritu Santo es, que este conocimiento esté necesariamente bien sustentado para que sus elegidos puedan predicar el evangelio sin tropiezo; y puedan llevar a otros elegidos que lo escuchan, hacia una verdadera edificación en el Cuerpo de Cristo (1 Pedro 2: 5), mediante la Fe, que es por el oír (Romanos 10: 17; 1 Corintios 1: 21).

Continuemos entonces con el análisis del Arrepentimiento…

Hasta el momento, ustedes ya tienen muy claro, que el Arrepentimiento no es un estado de tristeza, sino de Alegría.

Esto es, porque el evangelio eterno nos revela que Cristo Mismo, es en su esencia divina, la Alegría (Salmo 43: 4; Isaías 65: 18; Hebreos 1: 9; Judas 1: 24).

También ustedes ya conocen que el Verdadero Ayuno, no es dejar de comer alimentos (Isaías 58: 4), sino el haber recibido el Don del Arrepentimiento, puesto que las abstenciones de comidas son decisiones pasajeras, mientras que el Arrepentimiento como todo lo concerniente al Reino de los Cielos, es un Don eterno dado como Don Perfecto desde lo alto a los elegidos de Dios (2 Corintios 4: 18; Santiago 1: 17).

De acuerdo a lo dicho, El Arrepentimiento es el Ayuno que Dios quiere (Isaías 58: 6).

Este Arrepentimiento es liberación (Isaías 61: 1; 2 Corintios 3: 17).

Esta liberación es Alegría (Malaquías 4: 2).

Esta Alegría es Cristo Jesús (Isaías 61: 3).

Reafirmemos a continuación, lo que revela las Escrituras:

  • El Ayuno que Dios quiere es Cristo en el corazón de sus elegidos.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, está en Ayuno.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, tiene el Sello del Espíritu Santo, el cual es Sello de Arrepentimiento.
  • El que tiene el Sello del Arrepentimiento, está alegre porque tiene a Cristo Jesús, que es la Alegría en el corazón.

De esta forma:

El gozo es tan auténtico e intenso en quien tiene a Cristo, que el apetito del cuerpo por los alimentos, no se ve de ninguna manera disminuido.

El que está alegre, no tiene por qué afligirse ex – profesamente, dejando de comer.

Las personas que padecen tristeza, depresión o enfermedades orgánicas, dejan de comer, porque sus cuerpos no se los permite a causa del estado patológico o disfuncional por el que atraviesan.

Observen en el siguiente versículo, cómo el Señor Jesús no se muestra interesado en ningún ayuno de alimentos para sus discípulos:

Mateo 9:

14. Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

15. Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

(R. V. 1960)

¿Cuál es la razón por la que el Señor Jesús, en este pasaje del evangelio no aprueba el que sus discípulos se abstengan de comer?

La respuesta se encuentra en la misma pregunta que Él hace, con toda claridad y autoridad:

¿Por qué han de estar tristes los que están de bodas y tienen al novio con ellos?

Esto, revelado en el evangelio eterno, quiere decir:

¿Por qué han de estar tristes los que en su corazón tienen el Espíritu de Cristo?

La tristeza es un sentimiento carnal, que en los grados extremos conlleva a depresión mental.

Insisto, cuando las personas están tristes o deprimidas a causa de los avatares de esta vida, es natural que dejen de comer porque el desánimo les  bloquea el apetito.

¿Por qué los discípulos de Jesús habrían de eximirse de los alimentos del cuerpo, si estaban saludables física y mentalmente; y además estaban alegres, compartiendo con el Señor Jesús?

Repito:

No había razón alguna para afligirse a propósito, de esa manera, si estaban alegres con el Señor Jesús a lado de ellos…

Ya vendría el momento, en que el Señor Jesús les sería arrebatado para ser asesinado en la cruz.

Entonces, se afligirían quienes lo amaban; y por supuesto, que al no sentirse alegres, sino al contrario, muy tristes, sufrirían intensamente viendo como lo trituraban sus enemigos.

¿A quién de los que amaban al Señor Jesús le podría haber dado ganas de comer en aquellos momentos tan terribles que circundaban al Santo, antes, en y después de su flagelación y crucifixión?

Sin embargo, para Gloria de los elegidos de todas las generaciones, sucedió lo que El Señor Jesús Mismo anunció, con respecto a lo que nos convenía que sucediera:

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar su Santo Espíritu a morar en el corazón de todos aquellos que pertenecían a su simiente (Juan 16:7).

Después de haber sido muerto crucificado;…De haber resucitado;…Y de haber ascendido al Trono del Padre, volvió en su Espíritu Santo, a morar en el corazón de sus santos, para tornar nuestro lamento en baile (Salmo 30: 11 – 12);…Y para enjugar toda lágrima de nuestros ojos (Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4).

¿Qué tristeza puede haber en el corazón de los elegidos de Dios, si en ellos habita el Cristo resucitado?

https://www.youtube.com/watch?v=qnI9AkT0mUE

…Hay otro pasaje en el que aparentemente el Señor Jesús manda a ayunar comida; y como la Palabra es Piedra de Tropiezo, la misma Palabra cierra su revelación para quienes el Señor quiere cerrar, lo cual les trae confusión y perdición.

Como los Hijos de Dios sabemos que para sus santos, Dios, no es Dios de confusión (1 Corintios 14: 33); tratemos entonces la siguiente revelación que nos da el Espíritu Santo, sin velos de confusión.

El pasaje que expongo a continuación, se refiere a la imposibilidad que tuvieron unos discípulos del Señor Jesús, para expulsar demonios y sanar a un muchacho lunático:

Mateo 17:

19. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

20. Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

21. Pero este género no sale sino con oración y ayuno.

(R. V. 1960)

La revelación que aquí nos da el evangelio, es que el Señor Jesús les está hablando a personas que decían ser discípulos suyos y pretendían sacar demonios; pero que no tenían poder para ello, porque no estaban selladas con el Espíritu Santo.

Sin duda, entre ellos estaría Judas Iscariote…

Dijo Juan el bautista, que nada puede recibir el hombre si no le fuere dado del cielo (Juan 3: 27); y también dijo, que Dios no da el Espíritu por medida (Juan 3: 34).

De acuerdo a Juan el bautista, El Poder de los hijos de Dios viene del cielo; y viene sin medida, pues este Poder es el Mismo Espíritu de Cristo, que no hace acepción de personas entre los elegidos, para entregarles su Poder (Hechos 10: 34 – 35; Romanos 2: 10 – 11).

De la misma forma, entre los que no están elegidos ni sellados con el Espíritu Santo, Dios tampoco hace acepción de personas para condenarlos con el rigor de la Ley (Romanos 2: 11 – 12; 1 Timoteo 1: 9).

Lo que el evangelio indica en (Mateo 17: 21) es que a todos los que tienen el Sello del Espíritu Santo, sin hacer acepción de personas, Dios les ha otorgado el Poder de la oración y del Ayuno para expulsar demonios y nada les es imposible.

Obviamente es así, porque tienen a Cristo.

Cristo habitando con su Poder, en el corazón de los elegidos sellados, puede sin duda, sacar demonios.

Estos es lo que nos indica:

Mateo 17:

18. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, el Señor Jesús, fue el que sacó al demonio.

Así mismo, el Espíritu del Señor Jesús, morando en el corazón de los sellados con su Espíritu, es el que saca los demonios y los espíritus opresores; y estos, a Él se someten, quedando liberados quienes están oprimidos por ellos.

A los que no tienen el Sello del Espíritu Santo, el Señor Jesús los provoca haciéndoles notar, que Dios al repartir su Espíritu sin medida en sus elegidos, a estos discípulos con los que hablaba, no les había dado su Espíritu, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Siendo que Dios reparte su Espíritu sin medida en sus elegidos, el Señor Jesús nos hace notar, que a estas personas que fungían como discípulos suyos, los provoca hablándoles del ayuno; acerca de cuyo significado espiritual no entendieron, porque no habían recibido el Espíritu Santo, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Como sin duda, estas personas serían muy religiosas; y no estando en el Verdadero Ayuno que ya sabemos, es Cristo, el Señor Jesús les habla del ayuno, para demostrar a los entendidos, lo siguiente:

Que aquellos discípulos de los que habla el pasaje expuesto; y todos los que se creen sus discípulos, en todos los tiempos y lugares; pero que no tienen el Sello del Espíritu Santo, lo único que logran es, tropezar con la Palabra, pensando que Él les está hablando de ayunar alimentos.

Los que tropiezan, actúan siguiendo la lógica carnal,…Ayunan alimentos y luego ven que ni aun así lograran obtener el poder de sacar demonios.

No pueden, porque en realidad, no son verdaderos discípulos suyos.

Ya, el Señor Jesús expresó con claridad lo siguiente:

Lucas 14:

27. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

(R. V. 1960)

Con esta afirmación, el Señor Jesús nos está revelando, que quien no lleva con sigo “el Poder del Espíritu Santo,” que es el poder de Cristo revelado en la cruz, en donde las tinieblas quedaron derrotadas (Juan 12: 31; Colosenses 2: 14 – 15), no puede ser su discípulo.

Sus verdaderos discípulos de todos los siglos, por estar llenos del Espíritu Santo, pudieron en aquella época y pueden en la actualidad sujetar a los espíritus, pues tienen el Sello del Espíritu Santo; y sus nombres están escritos en los cielos (Lucas 10: 20).

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven en permanente oración y en el Ayuno eterno, que es Cristo.

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven el gozo del eterno Arrepentimiento, en pleno Poder del Espíritu Santo.

De paso, les vuelvo a recodar, que el estar repleto del Poder del Espíritu Santo, no es obra humana, sino obra del Alfarero que nos va moldeando y perfeccionando; y lo seguirá haciendo, sin soltarnos, hasta el día de Jesucristo; o sea, hasta el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ha quedado revestido del hombre nuevo que tiene el Espíritu de Cristo (Efesios 4: 24).

Ha quedado despojado del hombre viejo (Efesios 4: 22).

Se ha renovado en el espíritu de su mente (Efesios 4: 23).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ya no actúa más, conforme a las tradiciones de los hombres sin entendimiento, precisamente, porque con el Espíritu de Cristo, se ha renovado su Entendimiento (Romanos 12: 2; Colosenses 2: 8).

A propósito, el Entendimiento será el tema de la siguiente entrega.

Una vez más, quiero insistir en lo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Que ninguna transformación ocurre en una persona, si a esta, El Padre no la tiene elegida para acercarse a Cristo, en cuyo Espíritu se encuentra el Poder de la conversión para Arrepentimiento (Juan 6: 44; 65).

Observen lo que decía Juan el Bautista:

Mateo 3:

2. y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(R. V. 1960)

Observen también lo que decía el Señor Jesús:

Marcos 1:

14. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

15. diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(R. V. 1960)

Mas adelante en el tiempo, el Apóstol Pedro con llamado eterno, también habla de lo mismo:

Hechos 2:

38. Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

(R. V. 1960)

Hechos 3:

19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados, tanto Juan el Bautista, como el Señor Jesús y el Apóstol Pedro, convocan al pueblo elegido de Dios al Arrepentimiento.

El llamado al Arrepentimiento, que con voz eterna hacen todos quienes predican el evangelio del Reino de Dios, son las santas convocaciones (Levítico 23: 2) que hace Jehová a sus elegidos, para recibir la Alegría del Reposo, que es el Espíritu de Cristo, que entra a morar en sus corazones convocados y arrepentidos, por la Gracia otorgada.

El que entra en el Reposo ya no necesita vivir bajo la esclavitud de las obras.

El día en que entra el Don del Arrepentimiento en una persona elegida, ese es el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5);…Este día es fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44);…Este, es día de Reposo Perpetuo;…Este, es día de Alegría Perpetua.

En un mal entendimiento de las Escrituras, como en Piedra de Tropiezo, se caen los destinados a desobediencia, porque conceptúan que las santas convocaciones, son ritos y celebraciones religiosas de obras, que honran a Jehová; mientras por otra parte, los mismos que hacen las obras, en sus corazones incircuncisos, deshonran a Cristo.

Ante este llamado al Arrepentimiento, que es una santa convocación eterna, debemos entender que, quienes se arrepienten son las ovejas elegidas del Señor (Juan 10: 29).

La ovejas elegidas, son el pueblo de Dios (Mateo 1: 21);…Son la Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Son la Jerusalén Celestial (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10);…Son la esposa del Hijo (Apocalipsis 21: 9);…Son el cuerpo de Cristo (Colosenses 1: 18).

La ovejas elegidas, tienen desde la eternidad, su oído espiritual acondicionado para oír la voz del Buen Pastor (Isaías 42: 18; Juan 10: 14; 27);…Para oír la convocación a la fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44), la cual es fiesta de Arrepentimiento.

Las almas que no han sido acreedoras a esta convocación para Arrepentimiento, por supuesto, no escuchan este llamado (Isaías 30: 9); y su naturaleza de perdición es tal, que a pesar de que Dios les manda las plagas y los castigos por su blasfemia eterna, ni aun así se arrepienten.

Corroboren esto, con los siguientes versículos:

Apocalipsis 9:

20. Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;

21. y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

(R. V. 1960)

Apocalipsis 16:

9. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

10. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas,

11. y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.

(R. V. 1960)

¿Por qué no se arrepintieron estas almas?

¡Porque no tenían el Sello!

Si no tenían el Sello, no fueron convocadas para el Arrepentimiento.

Para concluir esta entrega quiero recodar con ustedes, que cuando crucificaron al Señor Jesús en el Gólgota, con Él, también crucificaron a otros dos, uno a cada lado de Jesús, quedando Jesús en medio (Juan 19: 18).

Estos dos malhechores fueron puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23: 33).

Uno de los malhechores le injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 39).

El otro malhechor, o sea el arrepentido, se mostró precisamente arrepentido de sus maldades y reprendió al que injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 41).

El malhechor arrepentido, clamó ante el Señor Jesús por Misericordia y el Señor lo aceptó en su Reino (Lucas 23: 42 – 43).

Así actuaron los ladrones en la cruz: uno se arrepintió y otro blasfemó.

El uno, oyó la convocación al arrepentimiento. El otro, no.

Sin duda alguna, el que se arrepintió, era un elegido de Dios, sellado por el Espíritu Santo; mientras en el que blasfemó, sus mismas blasfemias eran testimonio de ser ya, un espíritu blasfemo, eternamente muerto.

Como ven mis amados, el Señor Jesús, puesto en medio de los malhechores, marca claramente la delimitación que existe entre los sellados, circuncidados en su Espíritu; y los destinados a perdición, aunque estén circuncidados en la carne.

A esto se refería el Señor Jesús, cuando habló estas cosas:

Mateo 25:

32. y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados de Dios, el evangelio presenta a Cristo en la cruz en medio de dos malhechores, para representar la división que Dios hace entre los malos que blasfemaron contra el Espíritu Santo y los malos que recibieron la convocación para recibir la Gracia del Arrepentimiento,…Y la oyeron;…Y la recibieron.

En todo lugar, en donde haya una persona que lleve el Sello del Espíritu Santo, se encuentra Cristo dividiendo a los suyos de los que no lo son; y por supuesto, convocando a los suyos al Arrepentimiento.

Tal es así, que dentro las mismas familias sanguíneas, el Espíritu Santo separa a los que pertenecen a la simiente de Cristo, de los que pertenecen a la simiente de la serpiente.

Esta es la división que hace Cristo entre los que pertenecen al Israel terrenal, o sea, la familia que no lo recibió; de los que pertenecen al Israel Celestial,  o sea, su verdadera familia espiritual.

Por tal razón, el Señor Jesús se expresó de esta manera:

Mateo 10:

34. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

35. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;

36. y los enemigos del hombre serán los de su casa.

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados entendidos, el Reino de Dios no consiste en palabras, ni en ayunos de alimentos, ni en ninguna obra material humana, sino que consiste en Poder (1 Corintios 4: 20).

El Poder es de los que se arrepintieron.

El Poder, es de los que celebran eternamente la fiesta solemne de Jehová, porque fueron convocados por su Espíritu, para esta fiesta eterna que es Cristo; y desde luego, los convocados, habitan eternamente como piedras santas edificadas en la casa de su Espíritu (1 Pedro 2: 5).

La muerte eterna en cambio, es de los que blasfemaron y jamás se arrepintieron.

El Sello del Arrepentimiento, que es el Ayuno que Dios quiere, es el Poder de los hijos de Dios.

Este Sello, es el Espíritu de Cristo Jesús.

Este es el Sello que identifica a los circuncidados en el Espíritu; y los separa, de los que sólo se han circuncidado el prepucio.

Lo hace de la misma forma en que alegóricamente la Palabra dice, que separa  a los higos buenos de los higos malos (Jeremías 24: 1 – 10); y como separa al trigo de la cizaña (Mateo 13: 30).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 33

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

32. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 31: El Ayuno es Cristo; y Él es nuestra Victoria (Isaías 58: 6; Romanos 8: 37)

¡Amados de Dios!

De acuerdo a lo que habíamos determinado en la entrega anterior, vamos a iniciar esta entrega, haciendo un análisis versículo a versículo, del texto de Isaías referente al Ayuno.

Esto lo haremos para dejar claro, que el Sello del Arrepentimiento que le pone Dios a su pueblo, es el Verdadero Ayuno; y que a su vez este Ayuno, es el mismo Espíritu de Cristo, morando en el corazón de los elegidos de Dios.

Veamos pues… (Isaías 58: 3 – 7):

En el (versículo 3), Dios nos habla de los que ayunan queriéndolo impresionar,…Queriéndole mostrar sufrimiento para ser reconocidos por Él como justos,…Tratando de quedar bien con Él; pero albergando en sus corazones, malas obras, como lo son, el placer carnal, la codicia, la avaricia y la injusticia con el prójimo.

Amados entendidos, ¿Se podrá con el ayuno de comida, borrar todas estas maldades procedentes de la carne, que describe Dios en su Palabra?

¡Claro que no!

Después de ayunar alimentos, el corazón pecador sigue siendo el mismo corazón carnal, porque tal ayuno, es una obra carnal que no tiene ningún poder para transformar el espíritu de nadie.

¿Qué cosa que haga un hombre muerto espiritualmente, puede tener poder para transformar su camino que ya es conocido por Dios?

¡Pues Nada!

Dicen las Escrituras:

Proverbios 16:

25. Hay camino que parece derecho al hombre,
Pero su fin es camino de muerte.

(R. V. 1960)

Este camino de muerte, lleno de obras carnales, sustentado en el entendimiento y la sabiduría carnal, es el que escoge el ser humano que carece del Entendimiento procedente del Espíritu de Dios.

Cristo es el que da la Vida a los espíritus muertos,…Cristo es el que transforma la naturaleza del ser humano,…Cristo es el que salva al pecador…Cristo es el Camino que lleva al Padre.

Cristo es el Verdadero Ayuno.

En el (versículo 4), nuevamente Dios les recalca, a los que se abstienen de ingerir alimentos, que lo hacen, porque quieren ser oídos por Dios en sus intenciones de salir vencedores en sus peleas,…En sus debates,…Insultos,…Difamaciones;…Y murmuraciones contra el prójimo.

Este versículo, muy claramente dice:

“No ayunéis como hoy.”

Con esto, Dios les dice a los que están cargados de intenciones carnales y que se están absteniendo de comer:

¡No ayunen como lo están haciendo hoy por costumbre, malinterpretando las Escrituras, porque eso no sirve!

Con esto, también Dios está cuestionando lo siguiente:

¿De qué sirve que se eximan de comer alimentos, si el corazón lo tienen lleno de maldad?

Tener un corazón lleno de maldad, es tener un corazón carente del Buen depósito, que es el Espíritu Santo (2 Timoteo 1: 14).

Pregunto entonces:

¿Podrá el ayuno de comida, limpiar a un corazón que carece del Espíritu Santo?

¡Claro que no!

¿Cuesta mucho entender esto?

¡Las Escrituras hablan claro sobre este asunto!

¿Por qué entonces, esta falta de Entendimiento?

Esta falta de Entendimiento con respecto al Ayuno, existe en las llamadas “iglesias”, en las cuales, mucho se convoca al ayuno como actividad religiosa programada en la agenda de sus líderes.

Echen una ojeada a lo que ocurre en las congregaciones de cualquier denominación, cuando convocan a los miembros para participar en sus asambleas.

Observen lo que ocurre, cuando en ellas se promueven las postulaciones de los líderes para el ejercicio de dignidades; cuando en ellas se debate en las tomas de decisiones; cuando en ellas se planean fiestas para celebrar a Dios; y cuando tratan acerca de la distribución de los recursos financieros…

Si hacen una revisión de estos eventos carnales, no podrán negar que son los demonios mismos, los que se dan gusto en las agitaciones que se forman en estas reuniones.

Será que en estas asambleas, están los miembros de la congregación en el Verdadero Ayuno?

Antes de continuar, revisen estos versículos, para que sea la misma Palabra de Dios la que les aclare este asunto: (Isaías 1: 13; Amós 5: 21).

Continuemos…

En el (versículo 5), Dios expresa, que no es aceptable para Él, ningún sacrificio humano auto infligido, porque para Él, el único sacrificio que le agrada, aceptable y válido para reparar las maldades del hombre, es el Sacrificio de su Hijo, establecido por Pacto Eterno.

¿Puede algún sacrificio humano, ser superior al Sacrificio de Cristo en la cruz?

¡Ninguno!

Todos los sacrificios que hace el hombre religioso, son innecesarios.

Otra vez, echen una mirada en sus congregaciones a pastores y siervos, cómo ayunan haciendo alarde de su obra y poniendo caras de aflicción para ser reconocidos en el sacrificio voluntario al que se han sometido.

Y vean, cómo después de estos grandes sacrificios que hacen, desnutriéndose, debilitándose y poniendo en riesgo la propia salud del cuerpo, luego dicen que han salido victoriosos del ayuno; pero al rato se los ve frustrados y resentidos porque nadie los reconoce ni los exalta por la proeza que han hecho.

Tampoco, desde la perspectiva de los entendidos, se ve ningún crecimiento espiritual en sus congregaciones luego de estos eventos de abstención alimentaria…Esto se debe, a que el crecimiento espiritual sin duda, es producto de la manifestación del Arrepentimiento en los corazones; y es movido por Dios y no por la carne.

Vean entonces, lo que el Señor Jesús les dice a estos individuos sacrificados:

Mateo 6:

16. Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(R. V. 1960)

El Señor Jesús que conoce las intenciones de los corazones hipócritas, que se afligen a sí mismos con la abstención de alimentos para conseguir sus propósitos carnales, emite un mensaje que por cierto, no es revelado a los carnales de ninguna generación, el cual, está descrito en el siguiente versículo:

Mateo 6:

17. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,

(R. V. 1960)

¡Agarren la revelación, mis amados!

“Unge tu cabeza” es sinónimo de estar sellado por el Espíritu Santo (Salmo 23: 5).

La Palabra de Dios, que es Piedra de Tropiezo, les dice a los religiosos: “Unge tu cabeza”, provocándolos, para ver si  pueden lograr la Unción, que definitivamente no la tendrán por la vía carnal de las obras.

Sin duda, nadie puede ungirse a sí mismo.

Es Dios quien unge con su Sello a sus escogidos.

Y a su vez, sin duda, nadie puede entender esto que estamos tratando, si no está ungido por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo de su Hijo, es el Óleo de la Alegría, con el que Dios unge a sus escogidos (Hebreos 1: 9).

Por tanto, nadie estando en el Verdadero Ayuno puede estar triste, ni después del Ayuno estar resentido.

No puede ocurrir esto, porque estar en el Verdadero Ayuno, es estar ungido con el Óleo de la Alegría, que es el Espíritu de Cristo.

“Lava tu rostro” es sinónimo de tener purificado el corazón con el Agua de Vida, que también es Cristo (Hebreos 10: 22).

Continuemos con el texto de Isaías…

En el (versículo 6), Dios nos invita a razonar, que el Ayuno que Él escogió, es el que desata los lazos que nos tenían ligados al maligno, como avaricia, codicia, fornicación, envidia, borracheras, contiendas, etc. (Romanos 13: 13; Gálatas 5: 21).

El ayuno que Él escogió, es el que nos quita las cargas con las que el maligno nos oprime (Isaías 61: 1). Estas cargas son todos los afanes en que nos enreda el mundo, creándonos ilusiones, para que quedemos envueltos en sus deleites materiales.

Luego de disfrutar estos deleites, a causa de ellos, tenemos que trabajar como esclavos para pagar también como esclavos el precio de llevar esas cargas de opresión que nos impone tal disfrute (Mateo 11: 28 – 30).

¿Puede el ayuno de comida cambiar un corazón enfermo y contaminado por los deleites del mundo?

¡De ninguna manera!

¿Qué es lo único que nos puede hacer cambiar, para que dejemos de ser amigos del mundo y enemigos de Dios?

¡Sólo el Verdadero Ayuno, que es el Espíritu de Cristo!

Este ayuno, es el que nos reconcilia con Dios (Romanos 5: 11); y nos hace aborrecer el mundo y sus deleites.

Este es “el Ayuno que Dios escogió” (Isaías 58: 6):

¡Su Hijo!

https://www.youtube.com/watch?v=jDCBkZDueqI

¡Cuántos hay, que luego de romper el ayuno de alimentos, vuelven a buscar nuevamente los deleites del mundo!

¡Cuántos hay, que luego de abstenerse de ingerir alimentos, haciéndolo en sacrificio auto infligido, se enfrascan luego en los menesteres del mundo, viviendo como los gentiles, participando en la mesa de los demonios (1 Corintios 10: 21)!

¿Es eso agradable al Señor?

¡De ninguna manera!

Es así, que en este (versículo 6), la Palabra nos deja por demás claro por revelación, que el Ayuno que Él escogió para cumplir la misión de desatar ligaduras, soltar cargas de opresión, romper todo yugo; y liberar a los quebrantados, es Cristo.

Los que malentienden las Escrituras, interpretan que el ayuno consistente en dejar de comer, es el que sirve para desatar las ligaduras y liberar a los quebrantados.

Es que en realidad, los que se meten en abstinencias sacrificadas de alimentos, no entienden la revelación de las Escrituras, porque no es admisible que entendiendo el mensaje de Dios, hagan todo lo contrario.

Esos eventos poderosos del Espíritu, como lo son, el desatar las ligaduras que el hombre pecador tiene con el diablo; y el liberar a los quebrantados, no son una conquista de la voluntad humana de dejar de comer, sino que son la Victoria del mismo Espíritu de Cristo, sin importar si el individuo está o no con el vientre alimentado.

Escudriñen bien este (versículo 6) y vean, que quienes son liberados son los quebrantados; y relacionen este versículo con (2 Corintios 7: 9 – 10), para que concienticen, en que primero es el Quebrantamiento y luego viene el Arrepentimiento, con el cual somos liberados de la opresión de las tinieblas.

El Verdadero Ayuno es Cristo, morando en el corazón de los quebrantados.

Los que han sido quebrantados en su espíritu por el Espíritu Santo, no tienen que dejar de comer.

Dejar de comer deliberadamente, es sólo testimonio de una falta de Entendimiento, o sea, la ausencia del Sello del Espíritu Santo en quien lo hace, aunque su religiosidad quiera aparentar lo contrario.

Obviamente, quien no ha pasado por el Quebrantamiento y el Arrepentimiento, no tiene acceso a este Entendimiento.

Al Entendimiento, lo estudiaremos próximamente, pues es el tercer elemento del segundo momento del proceso de Sello del Espíritu Santo.

Repito:

Entendiendo que el Arrepentimiento es un estado de permanente Ayuno, entonces, ratificamos en este punto, que el Ayuno es Cristo; y que el paso previo a ese estado de permanente Arrepentimiento o Ayuno, es el Quebrantamiento, el cual también es el mismo Espíritu de Cristo.

Por eso es, que en el (versículo 6), claramente nos revela la Palabra, que quienes son liberados hacia una nueva forma de vida, son los quebrantados.

Esta nueva forma de vida, propia de un ser nuevo, no lo puede conseguir un ayuno de comida, sino el Poder de Dios que nos libera, en Cristo.

Ahora, escalemos hacia otro nivel…

Quiero mis amados que piensen en esto:

Paradójicamente, siendo Cristo en nuestro corazón el Verdadero Ayuno, también Él, es el Pan de Vida (Juan 6: 48) con el que estamos saciados los elegidos de Dios.

Entendamos entonces, que espiritualmente los que hemos recibido a Cristo, estamos saciados del Pan de Vida, que es comida para Salvación.

Estando saciados con esta comida maravillosa, no necesitamos comernos los placeres que el mundo nos ofrece, los cuales son comida putrefacta cargada de avaricia, codicia, envidia, contienda, orgías, borracheras, fornicación, adulterio, etc….

Quienes hemos recibido el Sello del Espíritu Santo, estamos llenos con el Pan de Vida; y no queremos volver a saber más de la comida putrefacta que nos ofrece el mundo con sus sistemas engañosos, pues, la Vida de nuestro espíritu es incompatible con el engaño (Juan 1: 47; 8: 44).

No necesitamos estas podredumbres, pues estamos en el Verdadero Ayuno, que a la vez, es la Verdadera comida (Juan 6: 65).

Son los que pertenecen al mundo, los que se comen el engaño del mundo; y esta comida es para muerte.

Los Sellados con el Espíritu Santo, no se comen el engaño del mundo, porque no son del mundo (Juan 17: 16; Filipenses 3: 20).

Dios siendo benigno hasta con los ingratos y malos (Lucas 6: 35), da a todos el alimento para la vida pasajera del cuerpo sobre la tierra; pero a más de esto, a sus elegidos les provee del Pan y del Agua de Vida, que es para Vida Eterna en el Reino de los Cielos:

Este Pan y esta Agua, es Cristo.

Ya tienen aquí otros dos nombres más del Señor Jesús:

¡El Pan de Vida!

¡El agua de Vida!

Esta Comida, que a la vez es Ayuno, está garantizada en los escogidos de Dios, por el Sello del Espíritu Santo (2 Corintios 5: 5; Efesios 1: 14).

Dios no nos exige dejar de comer la comida que es bendición para el cuerpo, mientras este perdura en la tierra.

En el Ayuno que Dios eligió, lo que hace Dios por Gracia en sus elegidos, es producir la abstención de la ingestión de toda obra de maldad, procedente de la carne.

La carne por sí misma se alimenta del pecado; pero el Espíritu morando en sus elegidos sellados, está en guerra permanente contra la carne, obteniendo siempre la Victoria.

El Ayuno Verdadero entonces, que es el Sello del Arrepentimiento, es la Victoria del Espíritu contra la carne (Romanos 8: 37).

Toda Victoria en Cristo, produce Alegría.

Por eso, el verdadero Ayuno, no consiste en sacrificio ni aflicción.

Como pueden ver amados de Dios, el Ayuno al que se refieren las Escrituras, no tiene nada que ver con dejar de comer, sino con el abstenerse de ingerir la putrefacta comida espiritual de las malas obras, que alimenta para muerte la pecaminosidad de la carne; y esta abstención, no es obra de la voluntad de nadie, sino del Espíritu que mora en sus elegidos, cuando han sido quebrantados y sellados con el Don del Arrepentimiento.

¿Han oído mis amados, cómo los indoctos predican la Victoria en Cristo, haciendo referencia a los logros materiales conseguidos en sus falsas doctrinas de la prosperidad?

¿Han oído cómo muchos llamados cristianos, se jactan ante los demás miembros de sus congregaciones, pregonando que andan en victoria, alardeando de sus éxitos personales?

Pues, sepan ahora, mis amados, que la Victoria Verdadera,…La Victoria en Cristo, es la Victoria del Espíritu sobre la carne.

Cualquier otra victoria  terrenal, es sólo mundana y temporal. La Verdadera Victoria, es eterna (2 Corintios 4: 18). La Verdadera Victoria, es la de los que andan arrepentidos.

En el (versículo 7),  vean cómo Dios describe a un corazón arrepentido,…A un corazón sellado con su Espíritu,…A un corazón en Verdadero Ayuno…

Dice así, con respecto al Verdadero Ayuno:

“¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”

Dios nos dice claramente, que un individuo sellado por su Espíritu, es un individuo en estado de Ayuno, que exterioriza el testimonio de su Sello con esta forma de actuar, que es en Amor hacia el prójimo.

Nadie que esté sellado con el Arrepentimiento, viviendo el Verdadero Ayuno que es Cristo, puede actuar de manera distinta a la que está descrita en este texto, o sea, de manera indiferente a las necesidades de los que le rodean.

Dejemos claro entonces, que el Ayuno Verdadero, siendo la misma persona de Cristo, no consiste en dejar de comer comida, sino que se trata de la persona de Cristo que rechaza el pecado, pues Él habita en el corazón de la persona que está sellada; y es su mismo Espíritu obrando en el que está sellado, quien practica la Misericordia (Oseas 6: 6; Filipenses 2: 13).

Observen lo que dice el Señor Jesús:

Mateo 9:

13. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

(R. V. 1960)

Vean amados de Dios, que el Señor Jesús se revela a Sí mismo, como la Misericordia establecida en los corazones sellados con el arrepentimiento.

Por otra parte, el Señor Jesús expresa claramente en su evangelio, que lo que entra en la boca no es lo que contamina al hombre; mas lo que le contamina es lo que le sale del corazón (Mateo 15: 7 – 20).

Quien tiene un corazón sin Entendimiento, no tiene el Ayuno; por tanto, aunque deje de ingerir comida, está contaminado, pues en su propia naturaleza carnal, está viciado con la gula de la carnalidad de la cual salen: “Los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mateo 15: 19).

Quien tiene un corazón contrito y humillado, por la Gracia del Sello del Espíritu Santo, tiene un corazón descontaminado,…Blanco como la lana (Isaías 1: 18) porque en ese corazón precisamente, habita el Espíritu Santo, quien por el mandato del Pacto Divino, es el encargado de quemar toda impureza de la carne y toda carga contaminante procedente de las tinieblas que nos rodean.

El Espíritu Santo tiene el mandato de mantenernos en el Ayuno Verdadero, o sea, de cuidarnos para mantenernos guardados en Cristo Jesús, sin mancha de pecado (1 Reyes 8: 57 – 59; Salmo 37: 28; 38: 21; 138: 8; 141: 8; Sofonías 2: 3; Juan 17: 15; 2 Tesalonicenses 2: 1 – 3; 1 Pedro 1: 5; Judas 1: 1; 24).

Por eso, el Señor Jesús revela en el evangelio, que Él hace la Voluntad del Padre y esta Voluntad es, que ninguno de los que le dio se Pierda (Juan 6: 38 – 39).

Si el Espíritu Santo, en obediencia al Padre, por el mandato del Pacto Eterno, no custodiara el corazón de los elegidos de Dios, ninguno de estos, podría por su propia cuenta y en su propia voluntad, proclamarse  vencedor sobre su carnalidad, por más ayunos de comida a los que se someta.

Tengan entonces bien claro mis amados entendidos, que a Dios no le interesa en lo más mínimo, que usted deje o no de comer.

Si no quiere comer, no coma. Ya comerá cuando tenga hambre.

Si quiere comer coma, que ninguna comida va al corazón sino al vientre; y de ahí, pasa a la letrina (Mateo 15: 17).

La comida es sólo para alimentar el cuerpo; y el dejar de comer sin criterio, sólo puede descompensar el cuerpo.

El Señor Jesús ya declaró, que toda comida es limpia. Lo que está sucio, es el corazón de quienes no tienen el Sello del Espíritu Santo (Marcos 7: 19).

Dios nos deja claro en las Escrituras:

  • Que ningún ayuno de comida puede conseguir purificar a un espíritu contaminado.
  • Que tampoco, el hecho de comer alimentos, tiene ningún poder como para estropear el Poder del Espíritu Santo, que habita en el corazón de los elegidos de Dios.

Como médico que soy, estoy consciente del beneficio que para el cuerpo tiene el ayuno temporal de unas cuantas horas, entre comidas; así como el ayuno que debe guardarse previo a una intervención médica o quirúrgica.

También estoy consciente del valor de abstenerse de ciertos alimentos que no conviene ingerir, en determinados casos de problemas médicos, o como prevención de la presentación de estos problemas.

Así mismo, soy conocedor de los graves trastornos orgánicos que produce un ayuno prolongado, provocado indiscriminadamente por parte de quienes lo hacen sin conocimiento, sobre todo cuando se padece de ciertas dolencias orgánicas, que no permiten que el cuerpo permanezca en forma prolongada con bajos niveles calóricos.

Por otra parte, sabemos por el evangelio, que la misma oración en la que estamos abocados a vivir permanentemente los hijos de Dios, no es obra propia del ser humano, sino obra del Espíritu Santo actuando y moviéndose en nuestro corazón (Romanos 8: 26 – 27).

Esto lo menciono, por cuanto, hay ciertos momentos especiales, en que para orar, el Espíritu Santo, nos introduce en tiempos de recogimiento y de abstención de alimentos (Hechos 13: 2 – 3), durante los cuales obviamente, el mismo Espíritu que es vencedor sobre la carne, nos impide ingerir comida; y esto, no es obra nuestra, sino obra del Espíritu para su propósito de oración.

Cuando es el Espíritu el que obra, no tenemos que hacer ningún esfuerzo por ayunar, porque simplemente, el Espíritu nos quita el hambre y simplemente, estamos tan gozosos en la oración, que el hambre está ausente por sí misma, sin estimularnos ningún deseo de comer alimentos.

Por tanto, un escogido de Dios, que por un llamado del Espíritu está orando y se está absteniendo de comer, nunca pondrá cara de sufrimiento.

Además, nadie que está viviendo en el Espíritu tiene necesidad de hacer conocer al resto, como lo hacen los carnales, que está inhibiéndose heroicamente de ingerir alimentos.

¿Por qué el Espíritu mismo, es quien inhibe al cuerpo del deseo de ingerir alimentos?

Esto ocurre, porque en estos momentos especiales de oración en intimidad con el Señor, quiere el Espíritu nutrirnos y saciarnos también en forma especial (Lucas 6: 21), con el Pan de Vida que es espiritual (Juan 6: 48).

Así es que, si usted es un sellado del Espíritu Santo, y se abstiene momentáneamente por algunas horas de ingerir alimentos para dedicarse un tiempo a la oración; entienda, que como es el mismo Espíritu Santo quien obra en su querer y en su hacer (Filipenses 2: 13), esta acción es producida por Él; y ese tiempo dedicado exclusivamente a la oración, será de enorme regocijo para usted (Filipenses 4: 4).

Por tanto, el Espíritu Santo, que es quien promueve la oración y la abstención momentánea de alimentos para vivir piadosamente este momento espiritual, no pretende imponernos ninguna carga opresiva de ayuno que haga sufrir, enfermar o debilitar a los escogidos de Dios (Isaías 58: 6).

Lo que desea el Espíritu Santo es llenarnos con el fruto de su gozo (Gálatas 5: 22).

El Espíritu no desea ponernos en sacrificios carnales.

Si no es, para estar en un momento especial de recogimiento en oración, el Espíritu no inhibe a nadie su deseo de comer.

Pruébense a sí mismos dice el evangelio, para ver si están aprobados (2 Corintios 13: 5).

Examinen si atraviesan el tiempo de oración y abstención de alimentos, con exclusividad para la realización de esta acción; y examinen si lo hacen con llenura de gozo, paz y fortaleza.

Les digo esto, porque es común ver a muchas personas que están haciendo sus labores diarias en el mundo. No están dedicadas a la oración sino que están envueltas en sus actividades mundanas de rutina; pero están ayunando y hacen saber a los demás que lo están haciendo, poniendo rostros de abnegada religiosidad (Mateo 6: 16), para que todos sepan que son virtuosas y lo que es más, así mismas se auto convencen de que lo son.

Esto es un testimonio de no estar sellado por el Espíritu Santo.

Revisen amados de Dios, lo que dice el evangelio, al respecto de dejar de comer:

1 Timoteo 4:

1. Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

2. por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia,

3. prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.

4. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias;

5. porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

(R. V. 1960)

Como vemos en este texto, los alimentos que Dios nos da para el cuerpo, hay que comerlos con alegría en acción de gracias; mas, el evangelio nos muestra con claridad en varios pasajes, que a Dios, lo que le interesa en realidad, es el alimento espiritual y no el material.

Él Espíritu mismo invita a comer la comida del cuerpo en acción de gracias.

Pero así mismo, el Espíritu enfatiza en que la comida espiritual, o sea, el Pan de Vida, es lo que importa comer para Salvación; sin embargo, esta invitación a comer el Pan de Vida, es rechazada por los destinados a condenación (Mateo 22: 2 – 6).

Quienes aceptan la invitación a participar de esta comida que es Cristo, siendo Él, al mismo tiempo el Ayuno, son llamados bienaventurados (Apocalipsis 29: 9).

El evangelio muestra con claridad en varios pasajes, que a Dios, lo que le interesa en realidad, es el alimento espiritual y no el material; sin prohibir este último, que es esencial para el sostenimiento del cuerpo físico.

Comprendamos entonces, que aquellos escogidos  que tienen el Sello del Espíritu Santo, están en el Verdadero Ayuno que es Cristo; y a la vez están saciados por Cristo, que es el Pan de Vida,…Que es el Maná del Cielo;…Y que es, el Agua Espiritual de la Roca (1 Corintios 10: 3 – 4).

Los escogidos de Dios entonces, aunque estén recogidos en oración, absteniéndose de alimentos en forma momentánea, en realidad, ya están en el Verdadero Ayuno,…Porque están en el Arrepentimiento Verdadero;…Es decir, están en Cristo.

Continuaremos el análisis del Arrepentimiento en la próxima entrega…

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 32

Dr. Iván Castro Romero

 

 

31. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 30: Las armas de nuestra milicia no son carnales sino espirituales y poderosas en Dios (2 Corintios 10: 4 – 5)

¡Amados de Dios!

De acuerdo a nuestro esquema didáctico, estamos abordando el análisis del segundo momento del sellado del Espíritu Santo sobre sus elegidos.

Si desea recordar el esquema de los momentos del Sello de Espíritu Santo, por favor remítase a la entrega anterior para su revisión.

Este segundo momento, como recordarán, de acuerdo a nuestro esquema, tiene siete elementos.

Ya hemos analizado el primer elemento que es el Quebrantamiento.

Ahora vamos a concentrarnos en el análisis del segundo elemento, que es el Arrepentimiento.

Si le echamos nuevamente una mirada a (2 Corintios 7: 9 – 10), tendremos muy claro lo que ya antes expresamos:

Que es necesario el paso previo del Quebrantamiento para que el Espíritu Santo haga en nosotros el depósito del Arrepentimiento.

Lo importante es saber, que el Espíritu Santo, produce lo uno para luego producir lo otro.

El Arrepentimiento hay que entenderlo de esta forma:

Es un Don que Dios nos otorga mediante su Espíritu Santo, que implica un cambio total y permanente en la manera de pensar, sentir y actuar; y no es como muchos lo malentienden, considerándolo como un estado de congoja temporal o duradera.

Quien ha recibido el Sello del Arrepentimiento, no tiene vuelta atrás. Por eso, repito una vez más lo que ya he mencionado en otras entregas, que no hay tal cosa, como aquella que se oye frecuentemente decir: “Yo estuve en los caminos del Señor….Y luego me aparté.”

Quien recibe el Sello del Arrepentimiento, no puede apartarse jamás, precisamente porque está sellado para Dios.

Los que dicen que “se apartaron”, simplemente, nunca estuvieron en los caminos del Señor, porque nunca estuvieron sellados con el Arrepentimiento.

Con Este Don del Arrepentimiento, caminan sin excepción todos los convertidos durante el resto de sus vidas terrenales, en medio de todos los sistemas de este mundo lleno de engaños (Jeremías 5: 27).

Es precisamente el Sello del Arrepentimiento, el elemento divino que no permite a los amados de Dios volverse a enredar en las trampas del mundo, una vez que ya fueron rescatados de todos los engaños (Salmo 25: 15; 35: 7; 57: 6; 141: 9; Jeremía 5: 26).

El Arrepentimiento, es un estado permanente de gozo; mas esto, resulta extraño para el entendimiento común de los no convertidos.

El Arrepentimiento es ya un estado de gozo, puesto que ya se ha pasado por el estado previo del Quebrantamiento, en el cual fuimos sabiamente contristados por el Espíritu Santo (2 Corintios 7: 1 – 11).

El Espíritu Santo, nos quebranta siempre con la vara de la disciplina que por un momento nos causa mucha tristeza; pero que nos ejercita y fortalece en tal disciplina, para que luego se vea el Testimonio de los frutos de la Justicia de Dios, obrando en sus escogidos (Proverbios 23: 13 – 14; Jeremías 30: 11; Hebreos 12: 11).

Como vemos, con el Quebrantamiento, Dios, en primer lugar nos provoca tristeza y vergüenza (Isaías 46: 8 – 9; Jeremías 45: 3; Joel 2: 12; Juan 16: 6).

Ya dijimos en la entrega anterior, que esta intensa tristeza que Dios nos provoca como un Don, es necesaria para sentir el dolor de la muerte espiritual a la que quedamos sometidos luego de nuestra rebeldía y traición al trono de Cristo en los lugares celestiales, cuando fuimos movidos por la maldad de Lucero.

Si esto, aún no lo tienen muy claro, vuelvan a la entrega anterior para que lo revise…

Esta tristeza que Dios nos provoca y que el evangelio denomina “Quebrantamiento”, es para Arrepentimiento (2 Corintios 7: 9).

Luego del Quebrantamiento tan doloroso:

¡No más tristeza! (Isaías 60: 18; Juan 16: 22; 2 Corintios 2: 1 – 2).

En quien ha sido Quebrantado por el Espíritu Santo, al pasar al nivel del Arrepentimiento, la tristeza simplemente se convierte en gozo (2 Samuel 6: 14; Salmo 30: 11; 51: 12; Apocalipsis 21: 14).

También vimos en la entrega anterior, que el Quebrantamiento que Dios provoca en sus elegidos, a pesar de ser tan doloroso, no se compara con el Verdadero Quebrantamiento que experimentó en la cruz, Aquel que cargó con todas nuestras maldades: El Señor Jesús (Isaías 53: 3 – 5).

Todo lo contrario les ocurre, a quienes no están escogidos para recibir el Don del Quebrantamiento.

Estos, transcurren sus días con alegría carnal y mundana; pero luego su alegría se convierte en amarga tristeza y desventura (Job 20: 5; Romanos 3: 16; Santiago 4: 9; Apocalipsis 1: 7; 3: 17).

El Quebranto que Dios provoca en los impíos, no es un Don, sino un castigo eterno (2 Samuel 5: 20).

Es un dolor sin retorno a su alegría previa.

Cuando los destinados a condenación (Judas 4) se ven perdidos, quieren arrepentirse, no siendo movidos por el Don de Dios, sino por la iniciativa propia que les motiva su inminente desgracia.

Para ellos ya no hay más oportunidades (Hebreos 6: 4 – 6; 12: 17) que las que alguna vez, en la misma eternidad les fueron ofrecidas; pero que las rechazaron en flagrante blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12: 31).

En los escogidos de Dios, después del Don del Quebrantamiento, que produce cambios profundos y permanentes en el corazón, dando los frutos apacibles de la Justicia de Dios (Hebreos 12: 11), viene esta nueva dimensión espiritual que es el Arrepentimiento, en la cual, el individuo sellado presenta ya una naturaleza transformada:

¡Una nueva naturaleza!

¡El individuo arrepentido, es una nueva criatura! (2 Corintios 5: 17).

El que ha recibido la Salvación, vive permanentemente arrepentido; es decir, vive en su real dimensión espiritual transformada:

¡Ya no vive conforme a la carne, sino conforme al Espíritu! (Romanos 13: 14; Gálatas 5: 16).

Vivir en el Espíritu es vivir en gozo, porque sólo puede vivir en gozo quien vive en plena Libertad (2 Corintios 3: 17).

Por tanto, vivir en arrepentimiento, es vivir en el gozo de la Libertad.

La Libertad, es otro nombre revelado del Señor Jesús.

A sus hijos, Dios quebranta con reprensión y disciplina  (Deuteronomio 8: 5; Hebreos 12: 6), provocando gran tristeza y dolor, factores de exhortación espiritual necesarios dentro de la Sabiduría de Dios, para hacerlos conscientes y libres de la esclavitud del pecado.

El que se ha arrepentido, es porque ha sido previamente quebrantado.

En el arrepentido, ya no hay cabida para la tristeza del quebranto.

Ya no tiene cabida la tristeza, precisamente porque el arrepentido, es un nuevo ser liberado.

La Libertad produce Alegría.

Sin el Quebranto previo, nunca hubiéramos sido liberados. Nunca hubiéramos conocido la Alegría y el Reposo.

Nuestro Quebranto, ha sido una expresión de la invitación a ser partícipes del Verdadero Quebranto experimentado por Cristo en la cruz, para que luego de esto, seamos partícipes del gozo de su Gloria (1 Pedro 4: 12 – 13).

Ser partícipes de la Gloria de Cristo es motivo de inmensa Alegría. Jamás volverá a tener cabida la tristeza, en alguien que ya pasó por el momento del Quebrantamiento espiritual.

El que vive triste o amargado, sólo da testimonio de estar cautivo en prisiones de oscuridad (2 Pedro 2: 4).

Quienes viven en un estado de permanente tristeza, o de incertidumbre, sin tener la certeza de ser o no ser salvos, en realidad, no han sido quebrantados por el Espíritu Santo.

El dolor que sienten es carnal,…es tristeza del mundo, la cual no es para Salvación, sino para muerte (2 Corintios 7: 10).

Los que sienten tristeza carnal, no han sido llevados al verdadero Quebrantamiento. Por tanto, tampoco han sido llevados al Arrepentimiento.

No están en Libertad. Sólo están siendo manejados por un espíritu de religiosidad que los lleva cautivos a la práctica de obras muertas para tratar de agradar a Dios.

Se preguntarán, ¿cómo es que muchos que no dan testimonio de ser salvos, viven muy alegres disfrutando de los placeres de este mundo, sin conocer el quebranto y dando la impresión de estar muy bendecidos? (Salmo 73: 2 – 9)…

Pues les digo…Que su alegría es mundana…Es vana alegría…

También la alegría carnal y mundana, a semejanza de la tristeza religiosa, es testimonio de no estar sellado con el Sello del Espíritu Santo; y ya vimos anteriormente cuál es la retribución que Dios tiene preparada para los que viven esta clase de alegría (Job 20: 5; Salmo 73: 17 – 18; Lucas 16: 19 – 31; Romanos 3: 16; Santiago 4: 9; Apocalipsis 1: 7; 3: 17).

La verdadera alegría, es el gozo permanente del corazón arrepentido (Salmo 16: 11), que ha sido hecho partícipe de la Gloria de Cristo (1 Pedro 4: 13).

Este gozo ha sido puesto por el Sello del Espíritu Santo en los elegidos de Dios (Eclesiastés 9: 7), en el momento del Arrepentimiento.

Este gozo es el Testimonio de un corazón arrepentido.

Como ya hemos tratado repetidas veces, a Dios no se puede agradar con obras muertas.

Los que no han sido sellados con el Arrepentimiento, tratan religiosamente de agradar a Dios con sus obras.

Pero quien está sellado por El Espíritu Santo, ya es salvo por la gracia de Dios; por tanto, no necesita tratar de hacer “buenas obras” para agradar a Dios y ganarse la salvación (Efesios 2: 8 – 9).

Los que no están sellados por el Espíritu Santo, gastan vanos esfuerzos, tratando de demostrar un arrepentimiento que es carnal, haciendo obras y méritos que les permita alcanzar salvación.

Casi siempre, estas obras implican sacrificios que hacen en su intento de demostrar que están arrepentidos; pero como veremos más adelante en este análisis, tal arrepentimiento no viene de Dios, sino de la propia carne que está atormentada y que busca salir del tormento presente, para luego buscar renovar sus placeres.

Comprendamos mejor este asunto, analizando el siguiente pasaje de las Escrituras:

Isaías 58:

3. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.

4. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

5. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?

6. ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

7. ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?

(R. V. 1960)

Amados de Dios, en estos cinco versículos el Espíritu ha descrito con claridad el Arrepentimiento.

En este punto del análisis, quiero que asimilen otros cuatro nombres que tiene el Señor Jesús y que por revelación nos los dejan conocer las Escrituras:

Él, es el Quebrantamiento (Isaías 53: 3).

Él, es el Arrepentimiento (Hechos 5: 31: 11: 18; 2 Pedro 3: 9).

Él, es el Ayuno (Isaías 58: 6).

Él, es el día agradable a Jehová (Isaías 49: 8; 58: 5; 1 Corintios 1: 8; 3: 13; 2 Corintios 6: 2; Filipenses 1: 6; 1 Tesalonicenses 5: 5; Hebreos 4: 4; 2 Pedro 3: 18; 1 Juan 4. 17; Apocalipsis 1: 17; 21: 25).

Quien ha sido sellado por el Espíritu Santo, tiene ya en su corazón al Señor Jesús, cuyo Espíritu es el Quebrantamiento, el Arrepentimiento; el Ayuno y el Día Agradable a Jehová.

Si ponen atención al contenido espiritual de este texto de Isaías, se darán cuenta de que el Arrepentimiento es un estado permanente de Ayuno; y cuando llega el Espíritu del Señor Jesús al corazón de una persona quebrantada, el Espíritu del Señor Jesús, que entra en ese escogido de Dios, es Sello de Arrepentimiento…Es Sello de Ayuno,…es Sello del Espíritu Santo,…Es Cristo.

Ese Arrepentimiento cambia la naturaleza pecaminosa del individuo, convirtiéndolo en una “nueva criatura.”

Cuando entra Cristo en el corazón de un elegido, su corazón se vuelve blanco como la nieve,…blanco como la lana, (Isaías 1: 18),…blanco como la cabeza y los cabellos descritos por Juan, del Hijo del Hombre (Apocalipsis 1: 13 – 14).

El día del Señor en que esto sucede, es “el Día Agradable a Jehová.” (Gálatas 4: 6).

El Día Agradable a Jehová, es Día Eterno,….Es día de Luz…Es Día de Arrepentimiento…Es  Día de Ayuno…Es día de gozo (Zacarías 8: 19)…Es el día de la llegada de Jesucristo al corazón de cada elegido (Gálatas 4: 6). Este día es día de gozo permanente y eterno, sin vuelta atrás (Filipenses 1: 6).

El Arrepentimiento no es tristeza,…Es gozo.

El Ayuno no es tristeza,…Es gozo.

El día del Arrepentimiento, o sea, el día de Ayuno, repito, no tiene vuelta atrás.

Como ya lo hemos tratado antes, las personas con espíritu religioso son apegadas a las obras, para granjearse la voluntad de Dios.

Entre las obras que hacen, está la de ayunar, inhibiéndose de ingerir alimentos.

Mis amados entendidos, esto lo pueden comprender precisamente, sólo los entendidos, o sea, los que están sellados (Daniel 12: 10).

En este tema del ayuno, una vez más, las Escrituras nos comprueban, que la Palabra que es el Espíritu de Cristo, es Piedra de Tropiezo y Roca que hace caer a los que están destinados a desobediencia (1 Pedro 2: 8).

Los religiosos, no importa a qué denominación pertenezcan, cuando oyen estas declaraciones reveladas, se encolerizan porque se sienten provocados y amenazados en las costumbres de sus prácticas religiosas.

Precisamente, las enseñanzas que se publican en esta web blog, son verdades espirituales, expuestas como antítesis de los engaños de la carne, al interpretar las Escrituras.

El ayuno del que habla Dios en las Escrituras es todo lo opuesto al que practican los espíritus religiosos.

Mi amados, no les quede ninguna duda de que el Ayuno que Dios quiere, no es el que ustedes dejen de comer, sino el que ustedes anden arrepentidos; es decir, que anden como nuevas criaturas.

El Ayuno que Dios quiere es, el que sus escogidos no anden conforme a las costumbres del mundo, sino conforme al Espíritu que los ha sellado.

Dios mismo se encarga de que andemos en el Arrepentimiento.

Andar conforme al Espíritu, como ya lo hemos analizado en entregas anteriores, no depende de nosotros sino de Dios, que ha tenido Misericordia de nosotros para elegirnos, aprobarnos y sellarnos con su Espíritu.

El Verdadero Ayuno, que es Cristo morando en nuestro corazón arrepentido, no depende de nuestra obra ni de nuestro esfuerzo. Depende del Padre que nos eligió (Juan 6: 44; 65). De otra forma, sería sólo obra de la voluntad de nuestra carne.

Así es que, nadie por su propia voluntad, con el hecho de sacrificarse dejando de comer, está agradando a Dios o logrando hacer que Él escuche sus plegarias.

Es frecuente oír decir a los religiosos, que se ponen en ayuno para fortalecer el espíritu y doblegar a la carne, como si de ellos dependiera doblegar a la carne y fortalecer al espíritu.

Dios, morando en el corazón de sus elegidos es la Fortaleza y el Poder (2 Samuel 22: 2; Salmo 46: 1; 59: 17; 71: 3; Isaías 12: 2; Nahúm 1: 7; 1 Corintios 4: 20; 2 Timoteo 1: 7).

La obra de ayunar alimentos, es obra humana; y ninguna obra de hombre le aumenta o le disminuye en nada a la salvación que ya está otorgada a los escogidos de Dios.

La obra es sólo de Dios.

Su obra es perfecta.

La obra perfecta de Dios, depositada en el corazón de sus escogidos es:

Hacer que creamos en Cristo, nuestro Salvador (Juan 6: 29), ya que el mismo Cristo que habita en nuestro corazón, es el Ayuno Verdadero.

Si a alguien le molesta esta declaración, vuelva a leer (Isaías 58: 1 – 14).

Revise ahora lo que dicen los siguientes versículos del evangelio:

2 Corintios 10:

4. porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,

5. derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

(R. V. 1960)

En  el (versículo 4), dice el texto que las armas de nuestra milicia no son carnales.

Razonemos pues, que el dejar de comer, es una obra tan carnal como el mismo hecho de comer.

Después de analizar este versículo, podrán darse cuenta, que muchos que se llaman a sí mismos guerreros espirituales; hacen la obra humana de dejar de comer para ganar batallas espirituales, convencidos de que de Dios van a conseguir la provisión de sus deleites (Santiago 4: 2 – 3).

¿Cuáles son entonces las armas de nuestra milicia para ganar las batallas espirituales?

La armadura espiritual, con que estamos dotados los sellados de Dios, la describe el evangelio en:

Efesios 6:

13. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15. y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18. orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

(R. V. 1960)

Queda expuesta en este texto, cuál es la armadura de Dios para librar nuestras batallas espirituales contra las tinieblas. Ahora, les pregunto mis amados entendidos:

¿Es parte de la armadura de Dios, abstenerse de ingerir alimentos?

¡Pues no!

Observen lo que dicen las Escrituras, con respecto a lo que Dios desea de sus amados escogidos:

Eclesiastés 9:

7. Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

(R. V. 1960)

Dios dice a sus escogidos, que coman y beban, porque si ya somos sus escogidos; y si ya Él nos ha sellado con su Espíritu, entonces, sus hijos ya le agradamos a Dios; y Él nos escuchará siempre nuestros pedidos, porque lo que a Él le agrada, es ver su mismo Espíritu depositado en nuestros corazones (Juan 15: 7).

Su Espíritu en nuestros corazones, es el Ayuno que a Él le agrada.

Su Espíritu, es el que nos da el Poder para librar las batallas que enfrentamos a diario contra las tinieblas; estando por su Espíritu de Gracia y de Poder, garantizada la Victoria.

Quien tiene el Espíritu de Dios habitando en su corazón, anda permanentemente arrepentido.

El Vivir permanentemente arrepentido, es vivir permanentemente en ayuno; y esto es vivir permanentemente en el Poder de Dios.

Quien tiene el Espíritu de Dios morando en su corazón, puede pedir lo que quiera, que le será otorgado por su Poder (Juan 15: 7).

Quien no tiene a Cristo morando en el corazón, no tiene el Ayuno que da el  Poder de Dios; así es que, puede sacrificarse ayunando todo lo que quiera, que si alguien que ayuna no está sellado, con seguridad, de Dios no conseguirá nada.

El andar como depositarios del Espíritu de Cristo, es andar en permanente arrepentimiento…Permanentemente en ayuno,…En el Ayuno que Dios quiere…En el Ayuno que Dios escogió (Isaías 58: 6): En Cristo.

Para que no les quede ninguna duda de que el Verdadero Arrepentimiento, es el Ayuno que Dios quiere, vamos en la próxima entrega a analizar cada versículo del texto de (Isaías 58: 3 – 7).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Continúa en la próxima entrega…

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 31

Dr. Iván Castro Romero

 

30. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 29: Dios quebranta a sus escogidos porque los ama (Hebreos 12: 6)

Amados de Dios!

En la entrega anterior, analizamos el primer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo sobre sus elegidos.

Este primer momento es:

El Recordatorio del Espíritu Santo.

Les recuerdo nuevamente, que cuando a los elegidos de Dios se nos aplica el Sello del Espíritu Santo, esta aplicación ocurre de una sola vez y de una manera eterna; sin embargo, para entender este misterio de Dios, es necesario que a esta demarcación que se nos hace como pueblo de Dios con su Sello, lo decodifiquemos como un proceso llevado a efecto en varios momentos.

Es así, que luego de haber analizado ya el primer momento, abordaremos ahora el segundo momento de este proceso.

Esta vez se trata de un momento con varias y consecutivas sub etapas, en que se van instaurando el Sello del Espíritu Santo.

Estos elementos y las sub etapas correspondientes, ya las expusimos en la entrega 28; pero por didáctica, lo hago nuevamente a continuación:

Segundo momento del proceso del sellado:

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

Como pueden ver, este segundo momento contiene varios elementos, a los cuales tenemos que brindarles un análisis por separado, lo cual se nos llevará algunas entregas.

Este segundo momento, corresponde a lo que el evangelio nos indica en (Gálatas 4: 4 – 6), que ocurre en el corazón de los elegidos de Dios.

¿Qué es lo que ocurre?

Ocurre pues, que después del recordatorio de la Palabra (Cristo) (Juan 1: 1), con la Palabra de la predicación (El Espíritu de Cristo) (Juan 6: 63) y por la Palabra (La orden de Cristo) (Números 23: 19; Isaías 45: 23; 55: 11; Jeremías 22: 29; Ezequiel 12: 28), que nos hace el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo ingresa en nuestros corazones (Gálatas 4: 6).

Una vez que se han abierto los oídos con el recordatorio del Espíritu, Éste se posesiona en forma individual en el corazón de cada elegido de Dios, instaurando la aplicación de los siete elementos del Sello,enumerados anteriormente; y poniendo en acción a estos siete elementos, en este segundo momento, del cual vamos a tratar.

Vamos entonces a iniciar esta entrega, analizando el elemento conocido en el evangelio con el nombre de “Quebrantamiento.”

Este es el primer elemento aplicad en el proceso del sellado; y  repito, corresponde a la primera etapa del segundo momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo.

La aplicación de este elemento, ocurre en el momento inmediatamente después de haberse abierto los oídos, luego de haber recibido el Recordatorio de la Palabra.

Veamos entonces, en qué consiste el Quebrantamiento:

Los invito a escudriñar el siguiente versículo, que contiene un poderoso mensaje pronunciado por el Señor Jesús:

Mateo 21:

44. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

(R. V. 1960)

¿Qué representa “la Piedra” mencionada en este versículo?

¡Pues, desde el inicio de las entregas de esta web blog, sabemos que la Piedra, representa al Señor Jesús!

El mismo Señor Jesús está diciendo, que quien cae sobre Él, será quebrantado.

Bienaventurado aquel que cae sobre esta Piedra, porque encontrará la Salvación (Isaías 48: 21; 1 Pedro 2: 6).

Ah! Pero desventurado aquel, sobre quien esa Piedra cae, porque será desmenuzado (Isaías 8: 14; 1 Pedro 2: 8).

Quiero pedirles que relacionen el Espíritu de esta sentencia del Señor Jesús, que nos presenta el evangelio en (Mateo 21: 44), con lo que menciona el evangelio en:

Hebreos 12:

6. Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.

(R. V. 1960)

Cuando el Señor nos quebranta, empieza el rigor de su disciplina…

Pues sí mis amados,  todo aquel que llega al Señor Jesús por el llamado eterno de Dios, debe ser quebrantado (Salmo 119: 20).

Si no ha habido Quebrantamiento, cualquier idea o pensamiento que conlleve a creer que se ha nacido de nuevo y que alguien está en Cristo, es pura ilusión de la carne.

Si no hay Quebrantamiento, es porque no ha sido aplicado el Sello del Espíritu Santo.

Si no hay Quebrantamiento, cualquiera que con su lengua diga que tiene el Sello del Espíritu Santo, sólo es religioso y con su corazón engaña (Santiago 1: 26).

¿Para qué el Señor nos quebranta?

Esta revelación, nos brinda el evangelio en:

2 Corintios 7:

9. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

(R. V. 1960)

Con estos dos versículos, tenemos harta tela que cortar…

Observen detenidamente que el (versículo 9) dice, que fuimos contristados por Dios.

El Quebrantamiento es verdadera tristeza…Es profunda tristeza.

Pero esta tristeza no es una tristeza emocional cualquiera, de aquellas que sentimos cuando carnalmente, somos abatidos en el mundo por la pérdida de una pertenencia material o humana.

La tristeza del quebrantamiento, es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando el momento del Recordatorio, el Espíritu Santo nos recuerda nuestro pecado de rebelión contra Dios.

Este recordatorio, El Espíritu nos lo hace en nuestro espíritu, no en nuestra mente carnal, de tal forma, que su Palabra  Recordatoria, actuando cual bisturí de cirujano, del que ya hablamos en la entrega anterior, nos circuncida el corazón, provocándonos así mismo, un intenso dolor espiritual y no carnal.

Dicho en términos bíblicos, ese es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando la espada de dos filos penetra en las profundidades de nuestro ser, desgarrando las uniones más profundas de nuestro espíritu con el alma carnal (Hebreos 4: 12).

¿Por qué sentimos tanto dolor cuando la Espada de la Palabra nos circuncida el corazón?

He aquí lo que habla Dios:

Isaías 46:

8. Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros, prevaricadores.

9. Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,

(R. V. 1960)

Es claro, que Dios quebranta a los que ama y tiene escogidos.

No sólo nos hace sentir dolor, sino que nos hace llorar; y nos lamentamos profundamente de nuestra traición al Creador; y sentimos vergüenza.

Nos lamentamos por la vida que hemos llevado antes de ser circuncidados; y traemos a la memoria los actos pecaminosos que  formaron por largos años, parte de nuestro transcurrir carnal cotidiano; pero este dolor tan profundo que sentimos, va más allá de la visión que tenemos de nuestra pecaminosa vida carnal en la tierra.

Este dolor, que es un Don de Dios, nos hace manifestar nuestra tristeza y nuestra vergüenza, como si fuese procedente de los pecados cometidos en la carne, en nuestra vida terrena. Pero, es más que eso.

Este dolor tan profundo, es una tristeza inmensa que experimenta nuestro espíritu, provocada por el Don del Quebrantamiento, con el cual, Dios va implantando su Sello.

Lo pecados cometidos en la carne; y el dolor de percibirlos, son en la realidad espiritual, la proyección de nuestras repudiables rebeliones que cometimos en tiempos remotamente eternos contra nuestro Creador, y por los cuales quedamos muertos espiritualmente y separados de la Gloria de Dios.

Ustedes mis amados entendidos, han estudiado en las Escrituras, que “todos quedamos muertos por nuestros delitos y pecados”

Cuando vinimos al mundo, nacimos en cuerpos biológicos, espiritualmente muertos.

Todos los pecados cometidos después del nacimiento terrenal, son engendrados del espíritu muerto que yace ligado a la carne de todo hijo de hombre que no tiene a Cristo.

El espíritu muerto, es la paga fatal del gran pecado de nuestra rebelión pasada (Romanos 6: 23).

Los pecados cometidos a partir del nacimiento carnal en la tierra, son la expresión de la continuidad del fruto pecaminoso del espíritu muerto (Isaías 5: 2).

¿Cuáles son esos pecados tan grandes cometidos para merecer la muerte; y cuándo los cometimos?

En el momento del Recordatorio del Espíritu Santo, nos llega al espíritu, mas no a la memoria carnal, la reminiscencia de los graves actos cometidos en contra del Trono de Cristo en la misma eternidad y en los mismos lugares celestiales.

No los vemos, no los recordamos con la mente, mas al espíritu nos llega el Recordatorio de lo malo que hicimos; y llegamos a sentir tanto dolor, sin tener en nuestra mente carnal, ni la más remota visión de lo ocurrido.

Para nuestra mente, no está permitido ver en toda su amplitud, tales sucesos cósmicos catastróficos envueltos en el misterio de la iniquidad, porque en nuestra debilidad humana, no lo podríamos resistir.

El único que siendo hombre lo sabía todo, era el Señor Jesús, quien sobre Sí mismo, tomó voluntariamente y en plena consciencia la carga de nuestras culpas, convirtiéndose en un varón experimentado en Quebranto (Isaías 53: 3).

Lo que si nos permite Dios, es sentir el dolor de haber sido partícipes del gran pecado, mediante este precioso Don que nos otorga: El Don del Quebrantamiento.

Las Escrituras, son las que nos ponen al tanto de estos ignominiosos sucesos de nuestra rebelión contra Dios, para que los podamos entender.

Y cuando los entendemos en la medida que Dios quiere que entendamos, según Él nos corre el velo que nubla nuestro entendimiento, nos damos cuenta de que siendo grande nuestro Quebranto, ni siquiera así, éste se compara con el Quebranto de Cristo, quien de verdad cargó sobre Sí el peso de nuestras grandes rebeliones (Isaías 53: 5).

Han estudiado ustedes mis amados que las Escrituras afirman, “que no hay un justo, ni siquiera uno.”

Todas las almas elegidas de Dios, que son puestas en la tierra encarnadas como hombres, vienen muertas en sus delitos y pecados; vivas biológicamente pero muertas espiritualmente.

Ante los ojos de Dios, ninguna de ellas es justa.

Mas, una vez que por orden de la Palabra, tales almas reciben el Sello del Espíritu Santo, nacen de nuevo en Espíritu, siendo primero quebrantadas por Él.

Este nacer de nuevo en Espíritu, es nuestra primera resurrección.

Para que lo certifiquen, revisen el siguiente versículo:

Efesios 2:

5. aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Nuestra primera resurrección, ocurre cuando Cristo nos da la Vida y nos levanta de entre los muertos caídos en sus rebeliones.

Constaten esto en los siguientes versículos:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

(R. V. 1960)

Efesios 5:

14. Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes, 

Y levántate de los muertos, 

Y te alumbrará Cristo. 

(R. V. 1960)

Apocalipsis 20:

6. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

(R. V. 1960)

Ahora, para no perder el hilo del estudio del Quebrantamiento, continuemos…

Después del Quebrantamiento, acontecen otros sucesos espirituales que a través de sus varios momentos nos regeneran espiritualmente, pasando de nuestra situación de injustos pero ya elegidos de antemano, a ser transformados en los justos de Dios.

Por eso las Escrituras dicen lo siguiente:

Salmo 1:

6. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

(R. V. 1960)

Si ustedes observan la sinopsis de los momentos que hemos descrito acerca de la instauración del Sello de Espíritu Santo, ustedes se darán cuenta, de que en una de las etapas del tercer momento, los elegidos de Dios somos hechos Justicia de Dios (Romanos 1: 17; 3: 20 – 26), gracias a la intervención Salvadora del Justo por excelencia, EL Ungido Hijo de Dios que fue puesto en la tierra, encarnado como hombre, el único totalmente Justo; y que tuvo por Pacto Eterno, el encargo de morir por los injustos, para hacernos justos.

¿Cuál es el nombre de este hombre?

¡JESÚS DE NAZARET!

¡EL SEÑOR JESÚS! (1 Pedro 3: 18).

https://www.youtube.com/watch?v=DsPBPkOgz-Q

Una vez, que hemos sido ya hechos Justicia de Dios, por el Sacrificio del Cordero, todo recuerdo de nuestra rebelión contra el creador, queda borrado.

Esta es la Justicia de Dios con sus elegidos; y así lo dice su Palabra pregonada con Voz Eterna:

Isaías 42:

1. He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

2. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles.

3. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.

4. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

5. Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,

7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

8. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

9. He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

(R. V. 1960)

Cuando nos bautizamos sumergidos en agua aquí en la tierra, los hijos de Dios damos testimonio de que hemos sido bautizados por el fuego del Espíritu Santo (Mateo 3: 11 – 12), y declaramos en Conocimiento de Justicia, que Dios ha borrado con su fuego todos nuestros pecados.

Así lo expresa la Palabra de Dios:

Isaías 43:

25. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(R. V. 1960)

Esto, con respecto a la justicia de Dios, recaída por Gracia en sus escogidos, lo trataremos más adelante con amplitud, analizando este elemento como una etapa clave en el tercer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo.

Ahora sólo toqué de paso este punto, para que ustedes puedan establecer el nexo de todos los acontecimientos terrenales con los sucesos eternos, los mismos que irán ustedes, gradualmente entendiendo mejor, con la guía del Espíritu Santo.

Volvamos a concentrarnos en la etapa del Quebrantamiento, que como ya lo he expresado, es un Don que recibimos, sin el cual, no hay nuevo nacimiento, conversión o entrada al Reino de Dios.

Como carnalmente, no podemos recordar nada de los ignominiosos acontecimientos ocurridos en tiempos eternos que conmovieron al cosmos, y que fueron provocados por nuestra rebelión, Dios nos regala el Don del Quebrantamiento a través de su Espíritu Santo, para que en nuestro espíritu, podamos percibir nuestra culpa y luego podamos ser convencidos de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16: 8).

¿Qué es el pecado?

Es nuestra rebelión (Ezequiel 20: 27).

¿Qué es la justicia?

Es nuestra elección como escogidos de Dios (Isaías 41: 9).

¿Qué es el juicio?

Es la Gracia que nos libera de condenación por nuestra rebelión, a los escogidos de Dios (Oseas 14: 4).

Dios es quien quebranta y dice así:

Isaías 57:

15. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

En su infinita Sabiduría, el Creador debía regalarnos el Don del Quebrantamiento para que  a partir del quebranto de nuestros corazones arrogantes, pudiéramos llegar a tener el corazón humilde que nos permita habitar en la casa del Altísimo.

Nadie por su propia cuenta se quebranta, menos aún, sin recordar sus culpas.

Es Dios, quien nos quebranta con la espada de su Palabra, para convertirnos en seres de su misma naturaleza, engendrados en su Espíritu.

Nos quebranta duramente con su Palabra (Salmo 55: 4; Jeremías 8: 18), pero paradójicamente, lo hace sin tormento duradero, pues el tormento que nos merecíamos lo cargó  como un héroe, el Señor Jesús en la cruz.

https://www.youtube.com/watch?v=UZh_alIb0Uo

Sin el quebranto que nos proporciona su Palabra, no hay nuevo nacimiento.

Gran diferencia hay entre el quebranto de sus elegidos, que luego trae gozo (Salmo 51: 12; Isaías 51: 11); y el quebranto de los impíos, que es con tormento eterno (Job 15: 20; Apocalipsis 14: 10; 20: 10).

Ahora, volvamos a (2 Corintios 7: 9 – 10).

Observen en el (versículo 9), cuál es la razón por la que Dios nos quebranta con tristeza…

La razón de quebrantarnos, es para llevarnos a la siguiente etapa, que es la del Arrepentimiento.

Este es otro Don que Dios nos regala a partir del quebrantamiento, sin el cual no se puede haber nacido de nuevo.

Todo nacido de nuevo, es un ser diferente al que era antes de ser circuncidado. Esto se da por su arrepentimiento, que consiste en un cambio total de pensar, sentir, actuar y vivir (Romanos 12: 1; Efesios 4: 22 – 24).

Del arrepentimiento, también hablaremos con todo detalle en la próxima entrega.

Ahora quiero que se den cuenta de la secuencia que va dándose en el proceso de la circuncisión:

Primero, el Espíritu Santo nos recuerda con la Palabra de la predicación (Romanos 10: 17; Efesios 1: 13), lo que Cristo ya nos ha hablado desde la eternidad; luego esa Palabra Poderosa nos quebranta con suma tristeza (Salmo 31: 9; Jeremías 45: 3), para en tercer lugar, provocar en nuestro corazón, el arrepentimiento (Hechos 3: 19).

Esto es lo que claramente expresa el (versículo 9).

En el (versículo 10), nos deja claro el evangelio, que este quebrantamiento  que viene de Dios, produce el arrepentimiento necesario para nuestra salvación; puesto que cualquier otro quebrantamiento o tristeza emocional venida de la carne, sólo produce la muerte.

Este quebrantamiento carnal, es el que experimentan los que tienen ya la muerte eterna. La tristeza de ellos es sólo amargura de corazón, a causa de su eterna condena (Romanos 3: 14).

Los que hemos nacido de nuevo, difícilmente nos acongojamos por las pérdidas que experimentamos en este mundo.

Sólo sentimos gran tristeza y dolor cuando Dios nos quebranta con su Vara (Proverbios 23: 14);  pero después de que ya el Señor nos ha  vivificado el corazón humillado por el Quebranto (2 Corintios 7: 10), sólo rebosa en nosotros la Alegría (Isaías 29: 19), depositada por Dios en nuestro corazón, porque con su misma Vara nos infunde aliento (Salmo 23: 4).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 30

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

29. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 28: El que tiene oídos para oír, oiga (Mateo 13: 9)

Amados del Señor!

Continuemos con el tema que nos ocupa…

Terminamos la entrega anterior diciendo, que el momento del recordatorio del Espíritu Santo, el aquel en que Éste, circuncida los oídos de los elegidos del pueblo de Dios.

En esta entrega, iniciaremos pues, explicando el mecanismo por el cual se produce la circuncisión de oídos, acción correspondiente a este primer momento del proceso de la instauración del Sello, que lo estamos analizando desde la entrega anterior.

Suena raro esto de que los oídos sean circuncidados, puesto que la circuncisión ordenada por Jehová al pueblo israelita, se trataba de una operación hecha en la carne del prepucio.

Sin la circuncisión en el prepucio, nadie habitando en Israel podría llamarse israelita descendiente de Abraham.

Hasta los esclavos extranjeros, comprados y habitando en Israel, debían ser circuncidados.

Los esclavos del tiempo bíblico del antiguo testamento, quienes al ser circuncidados se convertían también en parte del pueblo israelita para celebrar la Pascua (Éxodo 12: 43 – 49), son una figura alegórica para representar a los esclavos del pecado, que fuimos liberados por el Señor Jesús, lo cual nos revela (Juan 8: 33 – 34), y nos hace entender en (Colosenses 2: 11), que cuando fuimos circuncidados en Cristo, dejamos de pertenecer al mundo de los gentiles y pasamos a convertirnos en verdaderos israelitas (Juan 1: 47), pertenecientes a la Israel de Dios (Gálatas 6: 16; Efesios 2: 12), la tierra de su Reposo (Hebreos 4: 9 – 10), la cual, valga la aclaración, no es un país terrenal, sino celestial.

Veamos pues, el proceso de la operación espiritual de la circuncisión de oídos, que ocurre en este momento del Recordatorio del Espíritu Santo:

Revisemos el siguiente versículo:

Salmo 73:

22. Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

(R. V. 1960)

Examinando este versículo expuesto, el Espíritu nos deja ver en qué condición estábamos antes de ser circuncidados en nuestros oídos:

Oídos que no están circuncidados, no entienden, porque no oyen la voz del Espíritu.

En cambio, revisemos lo que dice el Señor Jesús de quienes sí tienen oídos circuncidados:

Mateo 13:

16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, lo que nos dice el Espíritu acerca de la condición en la que quedamos cuando somos circuncidados:

Isaías 35:

4. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

5. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

(R. V. 1960)

¿Qué les parece mis amados?

Todo está revelado en las Escrituras…

Veamos también, cuál es el llamado eterno que Dios hace a sus elegidos que aún están incircuncisos, para practicarles la circuncisión de oídos:

Isaías 55:

3. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

(R. V. 1960)

Jeremías 4:

4. Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.

(R. V. 1960)

Por este último versículo, entendemos que las Escrituras llama oídos al corazón; y que llama corazón al espíritu. Por tanto oídos o corazón, significan lo mismo.

En fin de cuentas, lo que Dios nos revela es, que la circuncisión es hecha en el espíritu de los escogidos del pueblo de Dios; y una vez que el espíritu está circuncidado, ya es capaz de oír, reconocer y entender la voz de Dios.

Vean  a continuación, al Espíritu contristado por las almas a las que llamó para circuncidar; pero que se negaron a ello; lo cual significó, que eternamente se negaron a recibir al Espíritu Santo; y por el contrario, blasfemaron contra Él.

Jeremías 6:

10. ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.

(R. V. 1960)

Estas son las almas muertas, las que nunca vivirán (Isaías 26: 14), pues a causa de su blasfemia, perdieron eternamente su elección para ser circuncidadas (Éxodo 12: 45), pues despreciaron el llamado, a ser pueblo de Dios:

Vean ahora, como se expresa el Señor Jesús, de sus circuncidados de oídos:

Juan 10:

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(R. V. 1960)

Vean ahora, cómo desde los tempranos tiempos bíblicos aquí en la tierra, Dios revela a los hombres el procedimiento de la circuncisión espiritual, mas, como parte de sus misterios, paradójicamente esta revelación sólo puede ser entendida por los que son circuncidados. Es decir, para entender el proceso de la circuncisión, es necesario estar circuncidados.

Nadie puede decir de antemano, yo voy a dejarme circuncidar para luego entender el proceso de la circuncisión, porque sin estar circuncidado, nadie tiene idea alguna de que existe este proceso espiritual.

Es Dios quien elige al que va a circuncidar; y luego de que el proceso ocurre por su mandato en el Pacto Eterno, es que el circuncidado puede entender el privilegio que tiene de haber sido circuncidado.

Los que no entienden este proceso, es porque no han sido circuncidados; por lo tanto, siguen creyendo que circuncidarse el prepucio, les asegura que son pertenecientes al pueblo de Dios, lo cual es totalmente erróneo.

Observen lo que dice Jehová desde los primeros tiempos bíblicos:

Deuteronomio 30:

6. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, cómo funciona el recordatorio del Espíritu Santo, al actuar como bisturí de cirujano que circuncida al corazón incircunciso:

Para entender la acción del Espíritu Santo, cual si fuese un bisturí operando el doloroso proceso de la circuncisión, debemos revisar el siguiente versículo del evangelio, en que se nos da a revelar este bisturí:

Hebreos 4:

12. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

(R. V. 1960)

¡¡Pues si, mis amados entendidos!!

El bisturí con el que el Espíritu Santo opera el proceso de la circuncisión, es la Palabra de Dios.

¿Cómo sucede esto?

Observen el versículo mencionado y analicen su contenido espiritual.

Este versículo, es generalmente tomado a la ligera y visto sólo como una hermosa alegoría en referencia a la Palabra.

La Palabra de Dios, es la poderosa Espada que nos circuncida el corazón; y es la misma de la que el evangelio nos habla en (Apocalipsis 1: 16).

Saben lo que nos ocurre, cuando tal Espada, cual bisturí de cirujano nos circuncida los oídos, o sea, el corazón, o sea, el espíritu?

Nos ocurre, tal cual le ocurrió al Apóstol Juan cuando vio Al que tenía la Espada que salía de su boca (Apocalipsis 1: 16):

Caemos a los pies de Cristo.

Caemos como muertos por su resplandor.

Entonces esa Espada nos quebranta.

Ese es en el proceso de la circuncisión, lo que el evangelio llama “quebrantamiento.”

Ese bisturí es espada de dos filos que desgarra el espíritu incircunciso.

Si entra, entra cortando; y si sale, sale cortando.

El Recordatorio de la Palabra Eterna de Dios, llevado a efecto por el Espíritu Santo, por la comisión que le fue otorgada en el Pacto Eterno, en el acto divino de la circuncisión, nos va a llevar al Quebrantamiento.

Sin este momento del Quebrantamiento, cuya característica es, que produce mucho dolor espiritual, no puede haber habido ninguna circuncisión, no hay destape de oídos, no hay nuevo nacimiento.

Por más que muchos,dentro de sus congregaciones se empeñen en decir y aparentar que han nacido de nuevo, son sus propias obras las que ponen de manifiesto el Testimonio, de que sólo viven una ilusión religiosa.

El Quebrantamiento, es uno de los momentos del proceso de la circuncisión, que lo trataremos ampliamente más adelante en este estudio.

Ahora sigamos concentrándonos en el análisis, sobre la forma en que la Palabra, cual bisturí poderoso, abre los oídos incircuncisos.

Dice (Hebreos 4: 12) que la Palabra corta el corazón incircunciso de tal forma, que separa las coyunturas o uniones del alma con el espíritu, llegando hasta los tuétanos, o sea, hasta las partes más profundas del ser, en donde se encuentran los pensamientos y las intenciones del corazón, que el Espíritu discierne y conoce.

El espíritu escogido de Dios, ante la orden emitida por la Palabra, es separado del alma carnal que lo tiene cautivo.

La Palabra corta como un bisturí esa unión del alma carnal que tiene atrapado al espíritu cautivo del hombre.

Por eso el evangelio predica la exhortación eterna, que nos conmina a vivir en el Espíritu y no en el alma carnal (Romanos 8: 1 – 17; Gálatas 5: 16 – 26).

Analicemos ahora el siguiente versículo:

Romanos 10:

17. Así La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

(R. V. 1960)

Quiero que razonen mis amados, a la Luz del Espíritu.

Este versículo es muy mencionado en las predicaciones; pero así mismo muy mal entendido.

Esto sucede, porque se toma a la ligera el concepto de la acción de la Palabra.

Dice (Hebreos 4: 12), que la Palabra de Dios es “viva y eficaz.”

La Espada de la Palabra no es un elemento inerte.

Es “viva y eficaz.”

Dice el Señor Jesús en (Juan 6: 63), que sus palabras son Espíritu y son Vida.

Cuando la Palabra corta al corazón o espíritu incircunciso, que es un corazón muerto o espíritu muerto, lo hace en forma eficaz, liberándolo de la muerte del alma pecaminosa que lo tiene cautivo; y le da la vida de su Espíritu (Efesios 2: 1 – 6; 5: 14).

Entonces, la revelación que nos da (Romanos 10: 17) es, que la Fe se produce por oír; es decir, porque el corazón ha sido circuncidado. Y el oír, o sea, el haber sido circuncidado, es por “la Palabra.” Esto es, por la orden de la circuncisión que da la Palabra. No es simplemente por el acto voluntario o involuntario de oír la Palabra.

Cuando el versículo menciona que “la Fe es por el oír”, lo que está diciendo es que el Espíritu Santo se posesiona en el individuo tomando la forma de la Fe. Esto lo hace, una vez que habilitó el oído del elegido, o sea, cuando el individuo ya pudo oír.

¿Y cuándo sucede esto?

Pues, cuando el mismo Espíritu Santo abrió el oído del individuo con la Palabra y en obediencia a la orden de Ella, actúa como espada que corta y abre.

Bien sabemos, que los nacidos de nuevo predicamos la Palabra a tiempo y a destiempo; y sin embargo, en muchos de los que oyeron, no vemos el fruto sino hasta cuando “la Palabra da la orden” de que los oídos incircuncisos sean abiertos en los elegidos de Dios (Isaías 35: 5).

La misma Palabra, según (Hebreos 4: 12), conoce desde la eternidad quiénes son los elegidos de Dios y quiénes no lo son, porque discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Es así, que la misma Palabra da la orden de que los que no son escogidos de Dios, no sean circuncidados en sus oídos, precisamente para que no puedan oír, aunque hayan recibido el Testimonio del Señor, al escuchar la predicación del evangelio (Isaías 6: 9 – 10; Juan 12: 37 – 40; Hechos 26: 26 – 28).

Un corazón elegido para ser circuncidado, actúa conforme a lo que nos narra (Hechos 16: 14).

Si ustedes mis amados, revisan este versículo, observarán, que es Dios mismo, quien prepara, predispone y abre, o sea, circuncida el corazón del elegido para que pueda atentamente escuchar la Palabra predicada y entenderla.

De esta forma, dejamos claro, que la Fe, o sea, el posicionamiento del Espíritu Santo en una persona, no se produce simplemente por escuchar la Palabra con el sentido de la audición, sino que depende de la orden que la misma Palabra emite para que el oído espiritual la oiga, luego de atravesar el previo filtro, del oído sensorial.

En el que no tiene oído espiritual circuncidado, la Palabra simplemente se queda retumbando molestamente en el oído sensorial.

Entonces sí, que tiene verdadero sentido espiritual este versículo:

(Romanos 10: 17).

Revísenlo otra vez.

Como veremos más adelante en el estudio del proceso de la instauración del Sello del Espíritu Santo, cuando el oído es circuncidado, se inicia el entendimiento acerca de nuestra elección como hijos de Dios y de todo lo que eso conlleva (Salmo 119: 125).

Antes de la circuncisión, nada se puede entender.

Si ustedes amados, entienden estas enseñanzas, tengan por seguro que están circuncidados (Mateo 13: 16).  Mas, los que andan en religiosidad siguiendo la tradiciones de los indoctos, no podrán aceptar lo que aquí se les comparte.

Observen mis amados, cómo el Espíritu relata proféticamente la predicación del Señor Jesús, haciéndolo por medio de parábolas, para que los sordos oigan pero no le entiendan:

Ezequiel 20:

49. Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste parábolas?

(R. V. 1960)

Oseas 12:

10. Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.

(R. V. 1960)

Isaías 6:

9. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

10. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

(R. V. 1960)

Ahora observen al mismo Señor Jesús refiriéndose a los que pueden oír, porque tienen el oído circuncidado:

Mateo 13:

9. El que tiene oídos para oír, oiga.

(R. V. 1960)

Y ahora observen al Señor Jesús confirmando la profecía emitida por el profeta Isaías, acerca de los que no pueden oír:

Mateo 13:

13. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

14. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

15. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan,
Y yo los sane.

(R. V. 1960)

Para concluir esta entrega, dejemos nuevamente especificado, que el Recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, es el momento previo de la instauración de su Sello. O sea, es el momento inmediato anterior, luego del cual, el Espíritu da inicio a la circuncisión de oídos, o lo que es lo mismo, del corazón, o del espíritu.

¿Por qué llamamos Recordatorio a este momento?

Revisemos algo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Si escudriñamos este versículo en sentido de eternidad, entenderemos, si estamos circuncidados por cierto, que el Espíritu Santo, por orden emitida en el Pacto Eterno, en los lugares celestiales, antes de la fundación del mundo,  nos recuerda todo lo que Cristo nos ha hablado en la eternidad, desde el principio mismo de nuestra existencia como almas.

Esto que les digo sólo es un flash, para que vayan abriendo más el entendimiento; pero les adelanto algo más:

A muchos se les dificulta creer, que desde el principio remoto de la eternidad que no tiene tiempo, luego de nuestra rebelión contra el Trono de Cristo, después de nuestra muerte espiritual a causa de tal rebelión, ya fuimos elegidos, ya fuimos resucitados y ya fuimos enseñados por Cristo, en los mismo lugares celestiales.

En realidad, es difícil sin tener la revelación, conocer que Cristo ya nos enseñó todo acerca de todas las cosas del Reino.

Todas estas cosas, son las que ahora en este ciclo terrenal no recordamos mientras vivimos en nuestra naturaleza carnal (Eclesiastés 9: 1 – 11); pero una vez que cambia nuestra naturaleza por acción del Espíritu Santo, Él mismo nos las recuerda (1 Juan 2: 27) y llegamos a saberlo todo.

Para que sientan mayor seguridad mis amados, acerca de su elección y de su Gloria en Cristo, les invito a escudriñar el siguiente versículo, para que se asombren, viendo que además de todo lo que les he expuesto, ya hemos sido sentados junto a Cristo en el Trono de su Gloria:

Efesios 2:

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Vean lo que dice el evangelio:

No dice que nos va a hacer sentar en los lugares celestiales, sino que ya Dios nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Entonces mis amados, es importante comprender todo esto, para conocer cuál es la labor que cumple el Espíritu Santo en el momento del Recordatorio:

Su labor es recordarnos todo lo que Cristo ya nos ha hablado.

Cuando podemos recordarlo, es porque hemos nacido de nuevo en el Espíritu (Juan 3: 3).

A continuación, les voy a exponer algunos versículos que ratifican esta revelación que les estoy compartiendo:

1 Juan 1:

1. Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

24. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

(R, V. 1960)

1 Juan 3:

11. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

(R. V. 1960)

2 Juan 1:

6. Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados, todo lo hemos oído desde el Principio.

¿Qué es el Principio?

Pues, es Cristo!!

El Principio, es otro nombre del Señor Jesús.

Si lo hemos oído todo desde el Principio que es Cristo; es porque Cristo ya nos habló;.

Como Cristo es Eterno; entonces, los que estamos circuncidados en Cristo, podemos ahora, en este tránsito por la tierra, entender todo acerca del Reino de Dios y de las promesas que Dios nos ha hecho en el Pacto Eterno; cosas de las que no teníamos memoria mientras habitábamos dentro nuestra naturaleza carnal, pero que gracias a la labor recordatoria y transformadora de nuestra naturaleza, ejercida por el Espíritu Santo, ahora ya podemos recordar todo, a la Luz de la Palabra.

 ¡Victoria en Cristo Jesús! 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 29

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

28. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 27: Nada ni nadie nos puede separar del Amor de Dios (Romanos 8: 35 – 39).

Amados de Dios!

Continuemos sin perder el hilo de lo que estamos escudriñando…

En la entrega anterior, anunciamos que explicaríamos con más detalle, de qué forma el Espíritu Santo actúa como custodio de los elegidos, para asegurar que se cumpla el Pacto hecho por Dios para la Salvación de su pueblo.

Entonces, procedemos a analizar este punto, antes de profundizarnos en el análisis de cada uno de los siete elementos que configuran el Sello del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ejerce su acción de custodio del pueblo de Dios, ingresando en el mismo corazón de cada elegido.

¿Cómo ejerce este custodio?

Pongan atención a lo que dice la Palabra de Dios, al respecto:

Jeremías 32:

40. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.

(R. V. 1960)

Ven mis amados, de qué manera Dios obra en sus elegidos, mediante su Sello, al cual lo denomina, “Su Temor.” El Temor de Dios, que es el Sello del Espíritu Santo, no nos permite apartarnos de Dios.

Por esta misma razón es que las Escrituras también mencionan, que “el Bien y la Misericordia, seguirán a sus elegidos, todos los días de nuestras vidas (Salmo 23: 6).

El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza entonces, de acuerdo a lo que venimos escudriñando desde la entrega anterior, que la Salvación no se pierde.

Algunos, basados en la Biblia argumentan que sí se puede perder la Salvación, porque el evangelio menciona algo al respecto en el siguiente versículo:

Hebreos 2:

3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

(R. V. 1960)

Aquí, una vez más les recuerdo, que la Palabra de Dios es Piedra de Tropiezo.

Observen bien el versículo y no caigan en la tentación de pensar que nosotros podemos hacer la obra de cuidar por nuestra cuenta, esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado por Gracia.

Si de nosotros dependiera el cuidado de nuestra Salvación, entonces, pregunto a los que esto pregonan malinterpretando el mensaje del evangelio, ¿qué cosa hay que hacer para no perder la Salvación?

Si alguien cree que puede hacer algo, por favor que nos de la fórmula.

Miren lo que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

Examinando este último versículo, pregunto ahora:

¿De quién depende el cuidado de nuestra salvación?

¡Claro amados, yo sé que los entendidos tienen la respuesta!

Pero expliquemos un poco:

La Salvación se cuida con las obras santas; pero esas obras son las que produce Dios en sus sellados; y para eso, le ha delegado esta gran comisión al Espíritu Santo:

Esta gran comisión encargada al Espíritu Santo es ser:

¡Nuestro custodio!

Es decir, el Espíritu Santo debe generar en cada corazón sellado por Él, las obras espirituales que cuiden la Salvación de los habitantes del pueblo de Dios.

Ahora se preguntarán ¿cuál es la obra que produce Dios en sus elegidos y que custodia el Espíritu Santo?

El evangelio nos menciona en varias instancias, que la Salvación no es por obras sino por Gracia.

Les voy a mostrar dos versículos que le dejarán claro, que las obras del hombre no sirven, ni para alcanzar la Salvación, ni para cuidarla. Las obras que tienen valor para Dios, son las que Él mismo produce en sus elegidos:

Juan 6:

29. Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

(R. V. 1960)

Efesios 2:

10. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(R. V. 1960)

Como pueden observar mis amados, la obra perfecta que Dios hace que se produzca en sus elegidos por medio del Espíritu Santo, es la de que creamos en su Hijo enviado.

De esta obra perfecta, se derivan el resto de obras espirituales que así mismo, Dios las preparó de antemano y las depositó en nuestro corazón, por el Poder del Espíritu Santo.

Esta Obra Perfecta, se revela por medio de los Dones que se nos ha otorgado, para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Si ustedes leen esta Palabra de (Hebreos 2: 3) en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, fácilmente discernirán, que esta Salvación tan grande que hemos recibido gratuitamente por Pacto Eterno con el Sacrificio de Cristo, no la podemos perder.

No la podemos perder, precisamente porque estamos sellados; es decir, porque somos responsabilidad del Espíritu Santo, quien eternamente permanece ejerciendo la labor de ser nuestro custodio, en la realización de las obras santas dispuestas por Dios.

El Espíritu Santo que mora en nosotros, es el que cuida de nuestra Salvación, como ya lo vamos a ampliar a continuación.

De tal forma que, el versículo mencionado nos hace ver clarísimo, que nosotros por nuestra propia cuenta no podríamos escapar, si descuidáramos esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado.

Precisamente, para que no perdamos esta Salvación que nuestra voluntad de carne no es capaz de cuidar, es que el Espíritu Santo entra en los escogidos de Dios, con sus siete elementos que lo caracterizan, para morar en nosotros y custodiar esta Salvación.

¿Quién, o qué cosas podría vencer al Poder del Espíritu Santo, que nos custodia morando en nosotros?

¿Quién, o qué cosa nos puede separar del Amor de Dios?

Por favor, tómense la molestia de leer los versículos siguientes:

(Romanos 8: 35 – 39).

Continuemos…

De la primera amenaza de la que nos tiene que custodiar el Espíritu Santo para que se cumpla la Voluntad de Dios en cuanto a nuestra elección para Salvación, es de nuestra propia carne envenenada por el aguijón de la muerte; no se diga de las acechanzas del mundo y del príncipe que lo maneja, tejiendo sus redes de perdición.

Continuemos con el discernimiento acerca del proceso de la aplicación del Sello…

Cuando una persona, recibe en su corazón el Testimonio de la Palabra (1 Juan 5: 6 – 12), en ese momento, recibe el Sello del Espíritu Santo y nace de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3).

Pero hay que hacer la siguiente aclaración:

En muchas personas, el Testimonio de la Palabra, les llega al oído y ahí les queda sólo como una resonancia molesta y pasajera. Estos son los sordos espirituales o incircuncisos de oídos (Jeremías 6: 10; Hechos 7: 51).

Estos, al no recibir el Testimonio en su corazón (Jeremías 4: 4), están incapacitados eternamente para nacer de nuevo.

Los bienaventurados son los que sí pueden oír (Mateo 13: 16).

Los bienaventurados fueron sordos y ciegos; pero estuvieron elegidos para que sus oídos y sus ojos se abrieran (Isaías 42: 18, 43: 7 – 8; Jeremías 18: 10).

Cuando los escogidos de Dios reciben el Sello con sus siete elementos que hemos mencionado (1 Juan 5: 10), es cuando ya pueden ver y oír; y pueden recibir el Testimonio.

La explicación que hace el Señor Jesús,  de este proceso espiritual, acerca de la acción de la Palabra (Romanos 10: 17), tanto sobre los sordos espirituales eternos, así como en los que vienen desde la eternidad preparados para oír, lo encontramos descrito en el evangelio de (Mateo 13: 1 – 23).

Por favor mis amados, tómense su tiempo para leer este último texto expuesto y discernirlo, relacionándolo con todo lo que estamos explicando en esta entrega.

Continuemos…

Aunque todo el contenido del Sello se graba de una sola vez en el elegido por acción del Testimonio de la Palabra (Romanos 10: 17), en la persona que lo recibe, se inicia un proceso de perfeccionamiento, el cual, según el evangelio lo revela, este proceso transcurre imparable hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1: 6).

Este proceso de perfeccionamiento ocurre, como con la vasija de barro que es perfeccionada en manos del alfarero (Jeremías 18: 6).

Nuestro Alfarero es el Espíritu Santo.

Cuando somos confirmados con el Sello y nacemos en el Espíritu, empezamos siendo niños espirituales, que como tales, sólo tomamos la leche del evangelio; mas con el tiempo, en nuestro proceso de perfeccionamiento en manos del Alfarero, alcanzamos por su paciencia, la madurez espiritual; y es entonces, cuando ya podemos comer la comida sólida del evangelio,  llegando a estar fuertemente ejercitados por obra del Alfarero, en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5: 11 – 14).

En este proceso en que el Espíritu Santo nos lleva hacia la madurez, es precisamente cuando se manifiesta la Paciencia de Dios con sus escogidos (Santiago 1: 4; Apocalipsis 3: 10); y se manifiesta el cuidado que tiene de nosotros (1 Pedro 5: 7).

Esta Paciencia que es eterna, la podemos escudriñar enfocándola como un proceso en el cual, se implementan gradualmente los siete elementos mencionados, que caracterizan al Sello del Espíritu Santo, perfeccionándose en nosotros, las obras que Dios depositó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2: 10). 

Me estoy refiriendo otra vez, a los Dones que se nos ha otorgado para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Veamos pues, cómo ocurre este proceso…

Recuerden amados, que todo el proceso del sellado, es espiritual.

Al entrar a morar el Espíritu Santo en nosotros, portando los siete elementos que hemos mencionado, existe un primer momento previo a la consolidación del Sello:

Este momento es el recordatorio del Espíritu Santo (Juan 14: 26).

En la medida en que el Espíritu Santo nos va enseñando y recordando todas las cosas espirituales, ocurre un segundo momento, que es el proceso en que el Espíritu va consolidando en nosotros los siete elementos de su Sello, con los cuales, luego nos va perfeccionando en los Dones que el mismo Espíritu nos otorga según le place.

Después de haberse instalado el Espíritu Santo en nuestro corazón; y luego, de que con su larga paciencia nos lleva a la madurez espiritual mediante su trabajo de Alfarero, obrando en nosotros con sus siete elementos, hay un tercer momento, al cual, para ser didácticos, podríamos sistematizarlo en dos etapas que consolidan el círculo del proceso de Sellado:

La primera etapa del momento de la consolidación del Sello consiste en dejar establecido el Testimonio de que hemos sido hechos Justicia de Dios.

Esta etapa espiritual se revela ante todas las cosas creadas del mundo visible e invisible, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, sean tronos, dominios, principados o potestades, mediante la evidencia que presentamos acerca de nuestra conversión, de que hemos sido creados en Cristo (Génesis 1: 26; Efesios 2: 10; Colosenses 1: 16).

Se evidencia la Justicia y Santidad de Dios, presentándonos como una nueva creación (2 Corintios 5: 17; Efesios 4: 24).

Esta evidencia se exterioriza en nosotros, con el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

La segunda etapa del momento de la consolidación del Sello, es en cuando somos enviados a predicar (Isaías 6: 8; Marcos 16: 15; Romanos 10: 14).

Todo nacido de nuevo, por naturaleza espiritual, manifiesta el fruto del Espíritu Santo y predica la Verdad del evangelio eterno de Jesucristo.

Quien no exteriorice estas dos señales espirituales, aunque sea muy religioso, a la Luz del evangelio no presenta el Testimonio de estar sellado.

¡Cuidado con pensar que cualquiera que predica está sellado!

Ya hemos hablando antes lo suficiente sobre este asunto, y sabemos que los abundantes predicadores de mentiras que hoy en día abundan, no están sellados por el Espíritu Santo, sino al contrario, llevan la marca de quien los patrocina (Apocalipsis 13: 14 – 18).

Repito, aunque todo el proceso del sellado ocurre de una sola vez y de manera eterna, podemos decir, que en nuestra dimensión terrenal y temporal, la conversión y el perfeccionamiento de un elegido, va sucediendo a manera de un proceso.

Para ser más didácticos, sinteticemos el proceso del sellado de la siguiente manera:

PROCESO DEL TESTIMONIO EN LA TIERRA, DEL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS ELEGIDOS:

1.     Primer momento del proceso del sellado:

El recordatorio del Espíritu Santo.

2.     Segundo momento del proceso del sellado:

Momento del cumplimiento del tiempo (Gálatas 4: 6): Implementación y consolidación del Sello del Espíritu Santo con sus siete elementos

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

3.     Tercer momento del proceso de sellado:

Primera etapa: Se manifiesta la Justicia de Dios sobre sus elegidos, mediante el fruto del Espíritu y sus dones irrevocables.

Segunda etapa: Los sellados somos enviados a predicar.

Cuando somos enviados a predicar, se cierra el ciclo del proceso de sellado para un elegido y se inicia un nuevo proceso de sellado para otros que recibirán la Palabra por medio de la predicación de los que ya han sido convertidos (Romanos 10: 14). Esto ya lo comprenderán mejor, más adelante.

Como van viendo amados de Dios, cada vez, las revelaciones que se nos va dando, son más profundas y de gran edificación para el perfeccionamiento del entendimiento, del que Dios nos ha provisto (Deuteronomio 29: 29).

Disfruten de lo que van aprendiendo.

Veamos cómo ocurre el proceso, en que a los elegidos se nos confirma en el nuevo nacimiento con el Sello del Espíritu Santo, mediante el Testimonio dado aquí en la tierra por los Tres que son Uno: El Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8).

Procedamos entonces, con el análisis:

Primer momento del proceso del sellado. Este primer momento es:

¡El recordatorio del Espíritu Santo!

Recuerden amados de Dios, que el Señor Jesús cuando predicaba el evangelio, les decía a los judíos las siguientes expresiones:

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R. V. 1960)

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R. V. 1960)

Estas expresiones del Señor Jesús, claramente nos dejan ver que es el Padre quien decide con su elección, quien puede o no acercarse al Espíritu de su Hijo.

Explicado de otra manera, el Padre es quien decide quién es el que debe recibir el Sello del Santo Espíritu.

Sigan con atención mis amados, el hilo conductor de esta revelación

Vean ustedes ahora, la advertencia que les hace el Señor Jesús a los elegidos de su pueblo, o sea, a quienes el Padre por el Sello del Pacto ha elegido para que se acerquen a Jesús:

Juan 16:

7. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

(R. V. 1960)

La pregunta de rigor que planteamos aquí es:

¿Para qué era necesario, que después de que el Señor Jesús se fuera de regreso al Padre, el Consolador viniera?

Primero, dejemos claro que estamos de acuerdo en que el Consolador es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, debía venir en sujeción al acuerdo divino hecho en el Pacto Eterno, para custodiar el corazón de cada elegido del pueblo de Dios, para que se cumpliera el acuerdo del Pacto. Esto es, que se garantizara la Vida Eterna, con su presencia en todo el que está sellado.

Para esto, la primera acción que cumple el Espíritu Santo cuando viene en representación de Jesucristo es: Recordarnos el Pacto.

¿Cómo ocurre esto?

Pues, lo vamos a ver a continuación, pero antes, quiero exponer algo que me viene en este momento a la memoria.

Esto que estoy pensando, es acerca de la herejía que a gran escala se ha tejido por siglos en la tierra, con respecto a un hombre que se dice ser el representante de Cristo en la tierra.

Este hombre, que en realidad son muchos hombres, que se suceden periódicamente a través de los siglos, obedeciendo a la esencia del mismo espíritu engañador, adultera las Escrituras y crea normas y reglas religiosas, con las cuales somete a multitudes, por las falacias de su boca mentirosa (Apocalipsis 13: 13).

Los elegidos hijos de Dios, sabemos que el representante de Cristo aquí en la tierra es el Espíritu Santo; y es Él quien da testimonio aquí en la tierra, del Pacto hecho en el cielo (1 Juan 5: 6 – 11).

El Espíritu Santo, al venir a morar en el corazón de cada elegido nacido de nuevo (Gálatas 4: 6), da el Testimonio de la presencia de Cristo en la tierra, revelando aquí en la tierra, la estructura de la Ciudad Santa de Jerusalén (Apocalipsis 21: 10), que no es terrenal sino espiritual y eterna; y que bíblicamente recibe también otros nombres como: Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Casa Espiritual (1 Pedro 2: 5),…Cuerpo de Cristo (1 Colosenses 1: 18).

Los que pertenecen a este pueblo espiritual, en un abrir y cerrar de ojos, tanto los que duermen como los que están despiertos (1 Tesalonicenses 4: 16 – 17; 5: 10), a la final trompeta, serán transformados (1 Corintios 15: 52);  y elevados en las nubes, para celebrar las bodas del Cordero y su esposa.

Estos son los bienaventurados que son llamados a la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19: 7 – 9).

Cuando viene el consolador, su misión en primera instancia es hacerles un recordatorio del Amor Eterno de Dios (Jeremías 31: 3) a todos los moradores de la Ciudad Santa de Jerusalén.

¿Qué recordatorio es este que constituye el primer paso del proceso del sellado?

Veamos lo que dice el Señor Jesús:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Amados de Dios, del entendimiento que ustedes tengan de este versículo, dependerá el que ustedes clarifiquen muchas revelaciones que se vienen  a continuación,  a lo largo de esta página de enseñanzas.

Por este motivo, voy a explicar con detalle el contenido espiritual de estas afirmaciones que hace el Señor Jesús…

En primer lugar, entendamos que el Señor Jesús dice que es necesario que Él se vaya (Juan 16: 7) para que venga el Espíritu Santo.

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar Él mismo, en la persona del Espíritu Santo.

Lo explico:

Una vez que ya Cristo se fuera hacia arriba, al Padre (Juan 8: 14; 13: 3), al venir su Espíritu, Éste se reparte sin medida en todos sus elegidos (Juan 3: 34).

¿Para qué esto debe suceder así?

Para que el Espíritu nos recuerde todas las palabras que Dios nos ha hablado.

En (Juan 14: 26), el Señor Jesús dice que el Espíritu nos recordará todas las cosas que Él ha dicho.

Leyendo sólo la letra de tinta, se puede interpretar que les está diciendo esto a sus apóstoles y por tanto, se podría pensar que son ellos quienes recordarían por acción del Espíritu, las cosas que el Señor Jesús les dijo.

Mas, si leemos el evangelio  en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, sabremos que el Señor Jesús está hablando palabras eternas, espirituales y verdaderas, dichas en los lugares celestiales y dirigidas para todos los elegidos, que por el plan del Pacto, fuimos puestos en la tierra junto a los no elegidos.

Cuando el Espíritu viene a recordarnos las palabras que Dios no habla en la eternidad, sólo los que están escogidos para ser su pueblo, las pueden recordar.

De tal forma, que quienes por el recordatorio que hace el Espíritu, creen en el Testimonio Viviente de Jesucristo, es porque ya son elegidos para Vida; y quienes no creen, es porque ya la Ira de Dios, los ha condenado en la misma eternidad (Marcos 16: 16; 1 Juan 5: 10).

Observen lo que dicen estos textos del evangelio:

Juan 3:

36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

(R. V. 1960)

1 Juan 5:

11. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(R. V. 1960)

¿De qué forma entonces Dios nos da el Testimonio de que ya nos ha hablado en la eternidad y de que nos ha dado la Vida Eterna?

Este Testimonio, se nos da mediante el recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, de que somos hijos amados de Dios.

Estamos aquí en la tierra mis amados, mas, en la eternidad, en los lugares celestiales ya Dios nos habló, nos enseñó (Juan 6: 45) y nos hizo sus promesas.

Este peregrinaje por la tierra, es sólo para que se cumpla el Testimonio, de que quienes creen en Cristo, son quienes guardan el Testimonio (1 Juan 5: 10) han nacido de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3) luego de haber recibido el recordatorio del Sello del Espíritu.

De la misma forma, aquí en la tierra, quienes no creen en Cristo, son quienes no guardan el Testimonio (1 Juan 5: 10; Isaías 26: 14), por lo cual, muertos son eternamente y no vivirán.

Los muertos no reciben ningún recordatorio porque se ha borrado de ellos todo recuerdo y ellos mismos son borrados del recuerdo  de todo lo creado (Isaías 26: 14).

Por si alguna duda queda todavía acerca de que Dios ya nos habló en la eternidad espiritual, analicen en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, no en religiosidad, lo que afirma el mismo Señor Jesús:

Juan 6:

45. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.

46. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.

47. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

(R. V. 1960)

Escudriñen amados, que Dios ya nos habló en la eternidad.

Aquí en la tierra, con su Espíritu nos recuerda lo que antes ya nos ha dicho.

Además, nos enfatiza en que sólo el que ha venido de Dios, ha visto al Padre; y por supuesto, podemos concluir en que todo aquel que ha visto al Padre también ha oído sus enseñanzas.

El evangelio dice también que nadie jamás vio a Dios y que es el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, quien lo ha dado a conocer (Juan 1: 18).

Esta afirmación del evangelio, nos revela con claridad que aquí en la tierra, envueltos como estamos en una escafandra de carne, es el Espíritu de Cristo, que ya no está en carne, sino en Espíritu en el seno del Padre, el que nos hace conocer quién es nuestro Padre.

El recordatorio que nos hace el Espíritu es  básico para recibir aquí en la tierra, el Conocimiento del Reino Celestial Eterno.

Veamos lo que los siguientes textos de la Palabra nos expresan con claridad:

Jeremías 31:

33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(R. V. 1960)

27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, es el Espíritu Santo quien recuerda todo y enseña todo.

Yo mismo debo decir, que las cosas que escribo en esta web blog para disfrute y edificación de la Iglesia de Jesucristo, no pueden ser aprendidas, si no es el mismo Espíritu Santo el que obra, en recordatorio y enseñanza sobre los escogidos que reciben estas entregas.

Pero debo añadir, que es necesario que estas cosas las escriba, no por obra mía sino por acción del Espíritu que mora en mí, porque como veremos en la siguiente entrega, es a través de la predicación de estas verdades reveladas que se circuncidan los oídos de los elegidos que aún están incircuncisos; y se perfecciona el conocimiento de todos los que están siendo perfeccionados en las manos del Alfarero.

¡Victoria en Cristo Jesús!

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 28

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

27. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 26: Quienes tienen el Sello están vivos, quienes no lo tienen, están muertos (Lucas 20: 38; 1 Juan 5: 12)

¡Amados de Dios!

En la entrega anterior, les dejé expuestos los siete elementos o características que componen el Sello del Espíritu Santo.

Para iniciar esta entrega, expongo otra vez estos siete elementos:

  1. Quebrantamiento
  2. Arrepentimiento
  3. Entendimiento
  4. Conocimiento
  5. Fe
  6. Purificación
  7. Obediencia

El nuevo nacimiento de una persona ocurre, cuando estos siete elementos que son la esencia misma del Sello y que son grabados en el corazón del elegido de Dios, se evidencian a través de lo que el evangelio denomina: El fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

Antes de analizar el fruto del Espíritu, debemos analizar primero y con detalle, cada una de estas siete características del Sello, de las cuales se desprende el fruto.

Estos siete elementos con su fruto, es lo que observamos por el Espíritu, en todos aquellos que han sido sellados.

Les digo esto, porque para los entendidos, es importante discernir los espíritus, según lo exhorta el evangelio (1 Juan 4: 1), para que identifiquemos a los que encubiertamente pretenden infiltrarse, haciéndose pasar por uno de nosotros, los que somos, nacidos de nuevo.

Estos que se quieren infiltrar, son portadores del espíritu del error, o lo que es lo mismo, del engaño, pues en su naturaleza, tratan siempre de engañar con palabras vanas, por lo cual están destinados a condenación (Efesios 5: 6; Judas 4).

Para explicarme mejor, estoy hablando de quienes pretenden infiltrarse en el cuerpo de Cristo, haciéndose pasar por nacidos de nuevo, pero que en el discernimiento de espíritus, sabemos que sólo son religiosos sin santidad, que frecuentan sus congregaciones, donde son aceptos y engañan; pero que el cuerpo de Cristo que es una congregación espiritual sin muros de cemento, esparcida a largo y ancho del planeta Tierra, los rechaza y jamás los dejará entrar en Él, al no haber recibido el Don del arrepentimiento.

De hecho, estos infiltrados engañan a los suyos, pero a los escogidos no los pueden engañar, aunque lo harían, si les fuese posible (Mateo 24: 24).

¿Creen amados que esto es posible?

¡No! Esto no es posible.

De esta forma entendemos, que según sean las características espirituales del individuo, así es el testimonio del fruto que evidencian; o lo que es lo mismo, según el fruto que manifiestan las personas, sabemos si son, o no son de Dios (1 Juan 4: 6).

Cuando una persona nace de nuevo en el Espíritu, es cuando recibe aquí en la tierra por parte del Espíritu Santo, con su Sello, el Testimonio de su elección para Salvación.

El momento del nuevo nacimiento es este, en que el Espíritu Santo, le aplica su Sello al escogido de Dios, con estos siete elementos mencionados.

Por eso, hay que tener claro, que el nuevo nacimiento en el Espíritu, no depende del que nace de nuevo, sino del que dio la orden para que sea sellado para el nuevo nacimiento.

Este momento es lo que el evangelio llama: El momento del cumplimiento del tiempo en el corazón del escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Nadie puede decir que es nacido de nuevo, si no está sellado con estos siete elementos.

Repito: El momento en que se aplican estos siete elementos en el corazón de cada escogido, es el momento del cumplimiento del tiempo para el escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Este es el momento en que el escogido de Dios, que hasta ese instante ha estado espiritualmente muerto, es llevado de la muerte a la vida (Efesios 2: 5); o lo que es lo mismo, es llevado de las tinieblas a la Luz (Efesios 5: 14; 1 Pedro 2: 9).

Antes de que el escogido reciba el Sello que le da la Vida Eterna, está vivo biológicamente, porque sólo es nacido de simiente carnal, de padre y madre biológicos. Sin embargo, está espiritualmente muerto.

Una vez que el escogido, por la acción del Sello renace, lo hace en Espíritu, pasando su vida biológica a un segundo plano, porque lo que en realidad cuenta para su Salvación eterna, es su nuevo nacimiento espiritual.

Este nuevo nacimiento, viene entonces de una Simiente Divina incorruptible (1 Pedro 1: 23).

Este nuevo nacimiento es producido en la Simiente de Abraham, que es Cristo (Gálatas 3: 16).

Entendamos de esta manera, por qué el Señor Jesús le dijo a Nicodemo que nadie que no haya nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos (Juan 3: 3).

El Reino de los Cielos es totalmente espiritual, por tanto, sólo pueden verlo los espirituales, o sea, los que tienen ojos espirituales para verlo y entrar en Él.

Nadie puede tener ojos espirituales si no ha sido sellado con el Sello del Espíritu.

Sólo el que está sellado, o sea, el que ha nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos y entrar en Él.

No puede entrar en el Reino de los Cielos ningún muerto espiritual, o sea, ninguna inmundicia de carne (Isaías 4: 3 – 4; Efesios 5: 5; 1 Tesalonicenses 4: 7).

Habíamos ya dejado claro en la entrega anterior, que este Sello es Eterno y que es implantado por una sola vez y de manera irrevocable.

No hay tal cosa como aquella, de la que hablan los que predican doctrinas de demonios, en cuanto a que alguien puede perder la Salvación, en relación a si hace, o no hace tal o cual cosa.

Ustedes habrán constatado en innumerables ocasiones, la falacia de algunos predicadores que exhortan a sus rebaños  a esforzarse para no ser borrados del Libro de la Vida.

¡Para Dios, no hay tal cosa!

El que fue Sellado con el Espíritu Santo, también ha sido por Pacto Eterno, registrado desde la eternidad y hasta la eternidad (Salmo103: 17 – 18) en el Libro de la Vida.

Para el que está escogido, en el Libro de la Vida ya quedó registrado su nombre, legalizado con Sello de Escribano (Ezequiel 9: 2 – 4).

Alguno podrá argumentar que el evangelio menciona que sí, hay quienes serán quitados del Libro de la Vida.

Para sostener este argumento se basan en el siguiente versículo:

Apocalipsis 22:

 19. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

(R. V. 1960)

La errónea interpretación de este versículo, hace que muchos predicadores perviertan la revelación, haciéndola de contenido religioso, cuando incitan a sus rebaños a realizar obras de buen comportamiento religioso para no ser quitados o borrados del Libro de la Vida. Entre estas obras, cuentan los diezmos y las ofrendas.

Amados de Dios, insistimos en esta página de enseñanza, que la Palabra del evangelio es Piedra de Tropiezo y de caída para los que jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, ni fueron sellados por el Escribano.

El Espíritu Santo hace que sus entendidos no tropecemos, porque nos da la revelación completa de lo que nos quiere revelar.

Dice también el evangelio, que lo que sabemos los entendidos lo sabemos en parte, hasta el día en que lo sepamos todo (1 Corintios 13: 9 – 10); pero la parte que llegamos a saber, es porque el Espíritu Santo, nos la ha revelado completa, con el fin de que no tropecemos.

Sabemos entonces, que los que están sellados, están inscritos en el Libro de la Vida.

Si estamos inscritos en el Libro de la Vida, entonces, no tenemos el espíritu para cambiar las cosas que están escritas en la Profecía.

Esto es algo análogo a lo que ya habíamos discernido, con respecto a lo que el Señor Jesús dice: “Bienaventurados los pobres en Espíritu.” Recuerden que esto quiere decir, que los pobres en Espíritu, tienen un Espíritu, que no posee en su naturaleza, la condición de hacer riquezas materiales.

De la misma forma, los inscritos en el Libro de la Vida, no tienen Espíritu para ni siquiera intentar cambiar el contenido escritural del Espíritu de la Profecía.

Continuemos…

Recordemos que Jesucristo es el mismo Espíritu de la Profecía (Apocalipsis 19: 10).

Quienes alteran la Palabra de la Profecía, son los mentirosos, hijos del diablo, que intentan desfigurar la imagen de Jesucristo, como si tuvieran el poder para hacerlo; mas, en su intento, sólo sirven para tropiezo y caída de todos aquellos que pertenecen a su mismo linaje de serpiente.

Si interpretamos en Espíritu el versículo mencionado (Apocalipsis 22: 19), entonces debemos saber, que estos que alteran la Palabra de la Profecía, jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida. Por tanto, el espíritu que estos tienen, es un espíritu réprobo (2 Timoteo 3: 8) que miente, altera e intenta desfigurar la imagen de Cristo, que es el Espíritu de la Profecía.

Cuando el evangelio eterno dice que estos serán quitados, lo que dice es, que desde antes de la fundación del mundo, se decretó para ellos que sean quitados del Libro y de la ciudad de Dios, porque para ellos no hay la opción del Sello.

La declaración del evangelio pareciera ser para el futuro, pero en realidad es lanzada en la eternidad; y la Palabra de Dios que es Eterna, no tiene presente, pasado ni futuro.

Comprobemos que los que no están sellados, están en desgracia desde la eternidad hasta la eternidad….

¿Qué quiere decir que están en desgracia?

Agarren esta revelación:

¡Quiere decir que no están inscritos en el Libro de la Vida!

Dicho de otra manera: ¡No pertenecen al cuerpo de Cristo!

Los que no están en el cuerpo de Cristo, simplemente: ¡Están muertos! (1 Juan 5: 12).

Analicemos pues, los siguientes versículos y tengamos claro, que la Palabra Eterna de Dios no habla en futuro sino que habla en lenguaje eterno; es decir, nos dice lo que ya para Dios está establecido en la eternidad…Lo que ya está decidido….Lo que ya está hecho:

Apocalipsis 13:

 8. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

(R. V. 1960)

El versículo dice que “no estaban inscritos en el Libro de la Vida.”

¿Por qué no estaban inscritos?

Porque estaban muertos.

No hay muertos inscritos en el Libro de la Vida.

Los que están inscritos son los que viven.

¡Según este versículo, los que adoran a la bestia son los muertos!

En cambio, los que viven, son los verdaderos adoradores, quienes son en la eternidad buscados por el Padre, para que lo adoren en Espíritu y en Verdad (Juan 4: 23).

Si el Padre busca a sus adoradores, es a estos a quienes los inscribe en el Libro de la Vida desde tiempos eternos.

Agarren esta revelación eterna:

Si el Padre busca a sus adoradores, es porque los tiene escogidos eternamente.

No hay nadie que esté inscrito en el Libro de la Vida, que no haya sido escogido y buscado por el Padre.

Sus adoradores son sus escogidos, o sea, los que viven.

Recordemos que el Señor Jesús mencionó, que Dios es Dios de vivos, no de muertos (Marcos 12: 27; Lucas 20: 38).

 Ahora vamos a:

 Apocalipsis 17:

 8. La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

(R. V. 1960)

¡La bestia está eternamente muerta!

 Apocalipsis 20:

 15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

(R. V. 1960)

Los que no fueron escogidos por el Padre, nunca fueron inscritos en el Libro de la Vida; y por tanto, fueron lanzados al lago de fuego.

El versículo no dice que los muertos serán lanzados. Lo que dice es, que los muertos ya fueron lanzados.

Los que fueron lanzados son los eternamente muertos.

Repito, los muertos que fueron lanzados, nunca estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, o lo que es lo mismo, nunca estuvieron destinados a pertenecer al cuerpo de Cristo.

Una vez más:

La connotación de no estar inscrito en el Libro de la Vida es, que no se pertenece al cuerpo de Cristo que es la Vida, sino al cuerpo del adversario, que es la muerte.

¿Se dan cuenta mis amados?

¡Que los que no pertenecen al pueblo de Dios, o sea al cuerpo de Cristo, son aquellos que no fueron nunca inscritos en el Libro de la Vida!

Dios en su Presciencia (1 Pedro 1: 2), los quitó desde tiempos eternos, del privilegio de estar en el Libro de la Vida.

Sigamos razonando en la Luz del Espíritu…

Si los que no están sellados, tienen esta condición eterna de no estar sellados, por supuesto entonces, que los que sí estamos sellados, también tenemos esta condición de estar sellados, en forma eterna e irrevocable.

Para hacer más didáctico este concepto, comparemos el Pacto Eterno de Dios, con lo que ocurre en los sistemas del mundo, cuando usted legaliza una acción civil con un sello de notario público.

Una vez que está sellado el documento de la acción llevada a efecto, también queda la acción registrada en los libros de la notaría, para testimonio legal.

Entonces, no hay tampoco tal cosa, como la que se oye decir a muchos faltos de entendimiento, de que un día recibieron a Cristo, pero que después se apartaron.

¡El Sello se lo tiene o no se lo tiene!

Si se lo tiene, esto es eternamente.

Ningún sellado puede apartarse.

Es a causa del Sello Eterno, que la Palabra afirma lo siguiente:

“Ciertamente el Bien y la Misericordia me seguirán todos los día de mi vida.” (Salmo 23: 6).

El que está sellado por el Testimonio dado aquí en la tierra, por el Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8), no tiene capacidad de apartarse, porque es el Espíritu mismo quien sigue eternamente al sellado.

Por eso, la vida de todo sellado, es vida en el Espíritu.

Por Pacto Eterno, todo sellado vive en el Espíritu.

Dije: ¡Vive en el Espíritu!

No dije: ¡Vive religiosamente!

Si un pacto cualquiera, hecho y sellado entre hombres no se puede romper (Gálatas 3: 15), a no ser que las partes pactantes se pongan mutuamente de acuerdo para anular el pacto; menos aún, se podrá nunca romper por mano humana, el Poderoso Sello del Espíritu Santo, que testifica el Pacto Eterno hecho por Dios para con sus elegidos (1 Juan 5: 6).

Así dice Jehová:

Jeremías 32:

40. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.

(R. V. 1960)

¿Pueden ver mis amados, lo claro que habla la Palabra?

Dios sella a sus elegidos para que no se aparten de Él.

¿Podrá alguien anular las acciones del Poder de Dios?

¡Lo que Dios Sella, no lo anula el hombre!

He visto estudios sobre los pactos, que dicen verdad cuando mencionan que es Dios quien hace los pactos con el hombre y no es el hombre quien puede llamar a Dios a hacer los pactos.

Con esta verdad, queda claramente desbaratada la teología diabólica de los pactos de la prosperidad, manejada por hombres censurables, que no tienen vergüenza en la cara para explotar a los carentes de entendimiento, cuando los llaman a pactar con Dios por esa prosperidad, a cambio de dinero.

En donde estos estudios a mi modo de ver se equivocan, es cuando mencionan, que todos los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, el hombre los rompió.

Ustedes creen mis amados, que el hombre tiene capacidad para deshacer algo que Dios  decreta.

¡¡Nooo, mis amados!!

Hay que tener bien claro esto: Que el hombre en su naturaleza caída, ha incumplido los pactos; pero esto no quiere decir que los ha roto. Ha hecho caso omiso de los pactos de Dios, razón por la cual, en rigor de los estatutos de los pactos, ha recibido en retribución, las desgracias provenientes del incumplimiento de los mismos.

Las Escrituras narran todo lo que aconteció en la historia del hombre, para revelarnos de forma ejemplar a quienes hemos alcanzado los fines de los siglos, que el hombre impío de todas las épocas, ha incumplido con los estatutos de los pactos hechos por Dios (1 Corintios 10: 11).

Todos los pactos hechos por Dios con el hombre en la tierra, e incumplidos por este último, son la confirmación de la eterna validez del Pacto Eterno hecho por Dios en el cielo para con sus elegidos; y este Pacto no puede ser anulado por los pactos hechos por Dios en la tierra (Gálatas 3: 17), ya que estos, fueron hechos para mostrarnos una réplica materializada en la tierra, de la rebelión espiritual al mando de Lucero, ocurrida en tiempos eternos, por la cual, los impíos quedaron sometidos a Ley después de perder la Gracia.

¿Cómo es esto?

El Pacto Eterno, como lo hemos analizado ya en nuestro estudio, es indestructible  e irrevocable. La Ley no puede anular la Gracia de los escogidos de Dios (Gálatas 3: 17).

Precisamente, esa Gracia de la indestructibilidad del Pacto Eterno que Dios hizo en el cielo para con sus escogidos, queda ratificada en las Escrituras, refrendándose en las permanentes catástrofes que en ellas están narradas, ocurridas por efecto de la Ley Divina sobre quienes han incumplido con sus conductas impías los pactos hechos por Dios en la tierra, recibiendo la retribución de su incumplimiento, lo cual, es sólo la sombra de la gran catástrofe universal eterna que experimentan los que ya están eternamente condenados, desde la rebelión de Lucero contra el Trono de Cristo.

Nadie puede romper el Sello del Pacto Eterno.

La Gracia de los que están sellados es eterna.

La desgracia de los que no están sellados también es eterna.

Más adelante en este esta página, nos concentraremos en analizar uno por uno, los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, y veremos con más detalle, que los hizo para ratificar en la tierra, su Pacto Eterno hecho en el cielo a favor de sus elegidos y en contra de los enemigos del Trono de Cristo.

El Sello no es algo que Dios lo aplica y que después Él mismo lo pueda retirar a su antojo, menos aún, es algo que cualquier mortal pueda por sí mismo quitárselo, para decidir por cuenta propia el apartarse del Espíritu Santo.

Si hay algo que Dios en todo su Poder, no puede hacer, es mentir, e irse en contra de su propia Palabra emitida por Pacto, desde antes de la fundación del mundo (Tito 1: 2).

En todo su Poder y Soberanía, esto es lo único que Dios no puede hacer.

De tal forma, que Dios no pone su Sello a sus escogidos, para después por antojo suyo, cambiar de opinión y retirárselo.

Tampoco es algo que Dios pueda hacer, el que después de elegir en Pacto Eterno a los suyos, los deje a expensas de la debilidad de la carne, de las maquinaciones del diablo y de sus redes de cazador tejidas en el mundo.

El Espíritu Santo es el custodio de los elegidos para que se garantice el cumplimiento del Pacto.

Ya veremos más adelante, cómo el Espíritu Santo ejerce ese custodio de los elegidos mediante la acción dinámica de sus siete elementos, con el fin de que se garantice la confirmación del Pacto, dentro del corazón de cada uno de ellos.

El Sello del Espíritu Santo, es precisamente la garantía (2 Corintios 1: 22; Efesios 1: 14) de la Promesa de Salvación dada por Dios, mediante el Pacto Eterno, para sus elegidos.

Desde que estamos sellados, estamos unidos a Dios en su Amor y nada puede separarnos de Él (Romanos 8: 35 – 39).

Entonces, los religiosos que predican por ignorancia o por conveniencia, que las personas andan en riesgo de perder la Salvación, sencillamente, mienten.

Por eso el evangelio les dice a los religiosos que predican estas mentiras, que refrenen su lengua, porque con el corazón engañan (Santiago 1: 26).

En esta mentira, se incuba y se reproduce el germen diabólico de la doctrina de las obras, con su consiguiente sistema de recaudación de diezmos y ofrendas.

Los rebaños compuestos por gente que no está sellada por el Espíritu Santo, son un buen negocio para los comerciantes del evangelio, porque al no tener el Sello, tampoco tienen el Entendimiento; y creen, que al diezmar u ofrendar, están agradando a Dios.

Unos omiten deliberadamente de sus razonamientos, lo que al respecto dice la Escritura; y otros, para nada entienden cuando Dios habla lo siguiente:

1 Samuel 15:

 22. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

(R. V. 1960)

Oseas 6:

 6. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

(R. V. 1960)

Isaías 1:

 11. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

13. No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

(R. V. 1960)

¿Pusieron atención a estos versículos mis amados?

Estas Palabras son escritas en el Antiguo Testamento, en el mismo período testamentario de la Ley.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que Dios invalida con estas Palabras las declaraciones de la Ley?

¡¡No!!

Así como la Ley no invalida la Gracia; de la misma forma la Gracia no invalida la Ley.

La Ley es perfecta (1 Timoteo 1: 8), sólo que la Ley es hecha para juzgar a los incrédulos (1 Timoteo 1: 9 – 10).

Las palabras mencionadas por Dios en los versículos expuestos, ratifican la Gracia otorgada por Decreto Divino para los que están sellados.

¿Por qué la Ley que cae sobre los incrédulos, ratifica la Gracia que le es dada a lo escogidos de Dios?

Porque los que están sellados son los que reciben la Gracia de la Salvación, obtenida por medio del Único Sacrificio y de la Única ofrenda que a Dios le agrada, que es el Sacrificio de su Hijo en la cruz, derramando su Sangre del Pacto Eterno (Hebreos 13: 20).

De esta forma, los que están sellados, no tenemos que hacer ningún sacrificio para ganarnos la salvación, puesto que ya hay Uno que hizo el sacrificio verdadero para que todos podamos ser salvos.

La Ley es tan perfecta, que sólo Uno Perfecto la podía cumplir.

Como ese Único Perfecto, es el Hijo de Dios, el cual no tenía pecado, con su perfección cumplió toda la Ley y lo hizo por todos los escogidos de Dios, los que fueron escogidos para creer en Él.

Además de cumplir perfectamente la Ley, ante ella, Cristo se dio a Sí mismo, como la Única y Eterna Ofrenda (Efesios 5: 2) que podía pagar por los execrables delitos y pecados de todos los elegidos de su pueblo, quienes por Amor Eterno (Jeremías 31: 3), fueron dotados eternamente de la Gracia Salvadora (Mateo 1: 21).

Así dice Jehová en su Pacto Eterno, a su Hijo amado:

Isaías 42:

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,

7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

(R. V. 1960)

Así dice Jehová a sus elegidos:

Isaías 43:

7. todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.

(R. V. 1960).

¿Se dan cuenta mis amados, lo importante que es, tener bien claro lo que significa estar sellado por el Espíritu Santo?

El Sello Divino que portamos los escogidos de Dios, es lo único que a Dios le agrada.

Les garantizo amados, que los que no están sellados, sí agradan mucho a sus pastores que se lucran de ellos; pero para Dios no son agradables.

También les puedo garantizar, que pastores y rebaños sin el Sello, tienen preparado para sí, el lago del fuego (Apocalipsis 20: 15).

 Paro aquí, para que estudien lo que hemos analizado y discernido.

Continuaremos en la próxima entrega con el punto de expectativa: La descripción de cada uno de los siete elementos que estructuran el Sello del Espíritu Santo.

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 27

 

 

Dr. Iván Castro Romero