42. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 41: Cuando venga el Hijo del Hombre ¿hallará Fe en la tierra? (Lucas 18: 8)

¡Amados de Dios!

Vamos a concluir en esta entrega, el análisis del Sello de la Fe.

Siguiendo el hilo de lo expresado en la entrega anterior, preguntémonos ahora:

¿Por qué, ante tanta maravilla hecha por Dios, observada y palpada por el pueblo israelita en el pasado, no había Fe en ellos?

¿Por qué ante tanta maravilla que hizo el Señor Jesús en su paso por la tierra, no creyeron en Él ni sus hermanos?

¿Por qué ante la Maravilla del Cristo muerto y resucitado, un hecho que muestra al Dios encarnado, que materialmente se ha dejado ver como hombre, para que toda la humanidad de los últimos veintiún siglos posteriores a su advenimiento, lo reciban espiritualmente; con más intensidad en los tiempos actuales se constata el vacío de Fe que hay en la gran masa de los habitantes de la tierra?

Esta ausencia de Fe se constata en la escalada imparable de la maldad, como lo menciona el Señor Jesús y el evangelio, desde hace veintiún siglos:

Mateo 24:

12. y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

(R. V. 1960)

2  Timoteo 3:

1. También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

2. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,

3. sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,

4. traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,

5. que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.

6. Porque de estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias.

7. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.

8. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron  Moisés, así también estos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.

(R. V. 1960)

Si establecemos una relación lógica de lo expresado en la profecía que emiten estos versículos, con lo que estamos constatando al observar la dinámica del mundo actual en cuanto al comportamiento de los seres humanos; y si a esto agregamos el conjunto de catástrofes naturales también anunciados en las Escrituras, no cabe duda de que ahora más que nunca, estamos presenciando los eventos  profetizados de los últimos días de la tierra.

¡Amados de Dios!

¿Qué es lo que caracteriza a los últimos días de la tierra?

¡Pongan atención, que los Hijos de Dios no somos ingenuos!

¡Los Hijos de Dios tenemos el Conocimiento!

Lo que caracteriza a los últimos días de la tierra, no es el avivamiento del Espíritu Santo en las naciones, como muchos predicadores faltos de Entendimiento y de Conocimiento pregonan a voz en cuello, haciendo tropezar a los simples, que serán destruidos precisamente, por su falta de Conocimiento.

¡Amados de Dios!

¡Lo que caracteriza a los últimos días de la tierra es la falta de Fe!

Los que no utilizamos la Palabra de Dios, como negocio para hacer dinero, a la manera de aquellos que arman sus grandes empresas de “motivación cristiana”, endulzando con palabras lisonjeras, los oídos de los simples; sabemos y predicamos, que todos los sistemas terrenales, en vez de mejorar, empeoran cada vez más, porque al momento presente, la creación gime de dolores de parto, aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8: 21 – 22).

Los Hijos de Dios, sabemos que pronto, los que duermen en Cristo resucitarán y los que viven en Cristo serán transformados y arrebatados al cielo, como lo ha anunciado el evangelio (1 Tesalonicenses 4: 16 – 17; 1 Corintios 15: 52).

¿Cómo creen ustedes amados de Dios, que quedará espiritualmente la humanidad sobre la tierra, luego de que ocurran estos eventos prometidos a los Hijos de Dios, cuando al momento, la gran masa humana carece de Fe, o sea, carece de Espíritu Santo?

Recuerden la revelación que nos da el Señor Jesús en el siguiente pasaje:

Lucas 18:

7. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

8. Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

(R. V. 1960)

Sabemos que la Fe, es el mismo Espíritu Santo.

Al momento, el misterio de la iniquidad que ya está en acción; pero hay alguien que aún lo detiene (2 Tesalonicenses 2: 7).

¿Quién es el que lo detiene?

Pues, ¡la Fe! O sea, el Espíritu Santo, que mora en el corazón de los hijos de Dios.

La Fe detendrá el misterio de la iniquidad, hasta que ella sea quitada de la tierra, luego del evento del arrebatamiento de los elegidos.

Luego descenderá Cristo con su esposa y por seguro que no encontrará Fe en la tierra, porque la Fe es el Espíritu que une al Esposo con la esposa; y esta, viene con ellos.

Después, todos los elementos ardiendo serán deshechos, como lo han anunciado los santos profetas (2 Pedro 3: 1 – 10), dando lugar al Reino espiritual del Dios Todopoderoso y del Esposo con su esposa (Apocalipsis 21: 9 – 10; 22 – 23).

Como ven amados de Dios, Cristo ha hecho y sigue haciendo maravillas con la humanidad hasta el momento presente, porque es un Dios vivo, que vive cerca de todos, pero sólo pueden verlo quienes están vivos junto con Él.

Las Escrituras nos avisan por medio de Moisés, sobre lo cercano que Cristo estuvo del pueblo israelita, haciendo maravillas con ellos:

Deuteronomio 4:

7. Porque ¿Qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?

(R. V. 1960)

Deuteronomio 30:

11. Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

12. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

13. Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

14. Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

(R. V. 1960)

El mismo concepto de las Escrituras del Antiguo Testamento es tan actual, que sin duda, el evangelio lo ratifica y también nos avisa de lo cerca que sigue estando Cristo, todavía haciendo maravillas en la tierra.

Revisemos los siguientes versículos:

Hechos 17:

27. para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

28. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

(R. V. 1960)

Romanos 10:

6. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);

7. o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).

8. Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos.

(R. V. 1960)

Quienes están vivos junto con Él, son quienes han resucitado junto con Él; y por tanto, tienen el Sello de la Fe.

Quienes tienen el Sello de la Fe son quienes lo pueden ver, cumpliéndose en ellos, lo que el evangelio dice:

2 Corintios 5:

7. (porque por Fe andamos, no por vista);

(R. V. 1960)

¿Qué nos está revelando el versículo precedente?

Qué sólo el Sello de la Fe, nos permite ver a Cristo que está absolutamente cercano y por tanto,  nos permite creer en Él.

Desglosemos esta revelación:

Los israelitas desagradaron y disgustaron a Dios con su incredulidad (Hebreos 3: 7 – 19).

¿Qué significa que eran incrédulos?

Significa que no tenían Fe, o lo que es lo mismo, no tenían el Espíritu Santo.

El hecho de no tener la Fe, o sea, el Espíritu de Dios, los hacía ciegos para las cosas espirituales de Dios. Por eso es, que aun viendo con los ojos físicos, las cosas maravillosas de Dios que se materializaban para ayudarlos, proseguían en sus mismas rebeliones e idolatrías.

Probado está lo que dice la Palabra, que la Fe no surge por lo que capta la vista, sino por lo capta el oído.

Cuando la gente ve un milagro, se maravilla ante el milagro; pero luego de que le pasa la impresión provocada por el milagro, no ocurre ningún cambio en su interior.

Recuerden amados, que en los días en que aparezca el inicuo, este lo hará haciendo prodigios y milagros con todo engaño de iniquidad para los que se pierden.

Los que caigan deslumbrados visualmente por las maravillas cargadas de mentira que hará el inicuo, serán los que se pierden y serán condenados, porque Dios mismo les puso un espíritu engañoso, para que crean en la mentira, por haber rechazado la verdad (2 Tesalonicenses 2: 8 – 12).

Los cambios del corazón y el nuevo nacimiento no se producen por el ver, sino que se dan por el oír.

Así dice el evangelio:

Romanos 10:

17. La fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios.

(R. V.1960)

Los que se pierden, no fueron dotados de oídos para oír, por tanto, nunca tendrán Fe.

Revisemos también, lo que dice el evangelio en:

Juan 2:

23. Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

24. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,

25. y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.

(R. V. 1960)

Observen mis amados, que el evangelio claramente nos indica, que el Señor Jesús, conocía que aquellos que se maravillaban por las señales que Él hacía, no tenía el Sello del Espíritu Santo, por tanto, ellos no eran de su confianza…No eran del agrado de Dios.

Recuerden que sin Fe, es imposible agradar a Dios; o lo que es lo mismo, sin Espíritu Santo, nadie puede agradar a Dios.

El Señor Jesús sabía, que ellos tenían ojos carnales para ver cosas carnales; pero no tenían oído espiritual para escuchar la voz de Dios.

Para quienes no están sellados por el Espíritu Santo, como es fácilmente comprobable, nada de lo que está escrito en la Biblia, tiene sentido.

A los no regenerados por el Espíritu, no les hace sentido lo que hablan los profetas, lo que habla el Señor Jesús, ni lo que hablan los evangelistas; sin embargo, andan atrás de ver milagros; y como ya hemos expuesto antes, dado que al diablo le es permitido hacer también prodigios maravillosos que se ven, como lo hicieron los hechiceros delante de Moisés (Éxodo 7: 8 – 13), estos seres no sellados que se entusiasman con lo que ven, caen en el hoyo (Mateo 15: 14), embaucados ante estos prodigios mentirosos que el padre de la mentira (Juan 8: 44) les hacer ver (Proverbios 27: 20; 2 Tesalonicenses 2: 8 – 12).

Las Sagradas Escrituras para ellos no significan nada; pero no saben que esa misma Palabra de las Escrituras, es la que los extermina.

Así dice el Señor Jesús:

Juan 12:

48. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

(R. V. 1960)

¿Por qué para ellos, las Sagradas Escrituras no significan nada?

¡Pues, porque en ellos no hay Fe!

En ellos, no hay Sello del Espíritu Santo.

Si la Fe es por el oír, entonces, ellos no tienen la capacidad de oír; y si no oyen, no tienen el Sello del Conocimiento, que es previo al Sello de la Fe.

¿Por qué no tienen capacidad para oír?

Porque no tienen habilitado el oído para oír. O sea, no tienen espíritu circuncidado.

Conste que no estamos hablando del oído físico, sino del espiritual, o sea, del espíritu.

¿Qué es lo que habilita el oído para oír?

Recuerden, que cuando hablamos del Sello del Quebrantamiento, explicamos el proceso de la circuncisión del corazón, que es un proceso doloroso.

¿Quién circuncida el corazón, o lo que es lo mismo, el espíritu, o lo que da igual, el oído?

¡Dios es el que circuncida!

Por eso, el versículo anteriormente mencionado dice, que “el oír es por la Palabra de Dios”, o sea, es por circuncisión de Dios, mediante Cristo, que es la Palabra.

La Palabra es más cortante que una espada de dos filos (Hebreos 4: 12). La Palabra es la que circuncida el oído. La Palabra es el Espíritu de Dios. Al circuncidar, la Palabra produce dolor, o sea, quebrantamiento espiritual.

La Palabra es la que circuncida al oído para que oiga. El oído que oye, es el corazón circuncidado en el que se ha implantado el Sello de la Fe.

Mientras la Palabra que es como una espada de dos filos no actúa cortando las membranas de tinieblas del corazón, el oído es incircunciso,…No oye,…No recibe el Conocimiento….

Ratificamos, que si no hay Conocimiento, no hay Fe.

Muchos interpretan equivocadamente el texto de (Romanos 10: 17). Dicen que la Fe es por el oír la Palabra de Dios.

Repito, el texto, en realidad dice, que la Fe es por el oír, y el oír, “por la Palabra de Dios.”

Ya explicamos en una entrega anterior, que si la Fe sólo fuera producto de oír la Palabra de Dios, entonces, todo el que la oye obtendría Fe.

Pero no es así, valga esta oportunidad para refrescar la revelación que ya la expusimos antes:

La Fe, es producto de la Palabra, en su acción de circuncisión.

Sólo en quien Dios ha utilizado la espada de la Palabra, para cortar las membranas de tinieblas de su corazón incircunciso, es que se abre el oído para oír la Palabra; y es la Palabra, la que implanta el Sello de la Fe.

En quien no ha sido escogido para esta operación espiritual del oído y el corazón, no habrá ningún impacto de la Palabra para Fe, ni Salvación.

Sin la circuncisión de Dios, no hay habilitación del espíritu para oír. De hecho, Dios habilita para oír, a todo espíritu que ha sido escogido por la promesa del Pacto Eterno, que fue hecho desde antes de la fundación del mundo. Por eso, hemos dicho, que el Sello es eterno.

De acuerdo a lo que vamos analizando, concretemos entonces, que siendo la Fe y el Conocimiento la misma Persona de Cristo, no puede entonces haber Fe, si no hay Conocimiento.

La Fe, es el Espíritu de Cristo. El Conocimiento, es el Espíritu de Cristo.

Si usted revisa la (las entregas 37 y 38), podrá recordar con lo que allí recalco, que de acuerdo al esquema con que me guía el Espíritu Santo en este estudio, el Sello del Conocimiento es la base de sustentación del Sello de la Fe; y es que, siendo la Fe y el Conocimiento la misma Persona de Cristo, no puede entonces haber Fe, si no hay Conocimiento (1 Corintios 2: 5; Tito 1: 1; Filemón 1: 6).

¿Para qué será que el Sello del Conocimiento es necesario, si Dios en su Soberanía, podría sellar a sus elegidos con la Fe, sin necesidad del Conocimiento?

El Sello del Conocimiento es para conocer a Cristo, que es el autor y consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Los que tienen el Sello de Fe, tienen garantizado el Reposo…Viven en el Reposo.

El evangelio, expresa con claridad, que los que desagradan a Dios jamás entrarán en su Reposo.

¿Quiénes son los que desagradan a Dios?

Pues, ¡los incrédulos!…O sea, los que no tienen Espíritu Santo.

Los de la Fe, o sea los que tienen el Sello del Espíritu Santo, estarán siempre es el reposo de Dios.

Agarre otra revelación:

El Reposo, es otro nombre del Señor Jesús.

Los que están en Cristo, están en el día de Reposo.

Hay una secta que celebra el día sábado como día de reposo y dicen que creen en Cristo.

De hecho, los israelitas guardan el sábado como ordenanza de reposar y a la par, detestan el nombre de Cristo,…Detestan el nombre de la Persona que es el Verdadero Reposo….

Ya hablaremos ampliamente del Reposo, en futuras entregas.

¿Qué les parece amados de Dios?

¡Será posible que estos religiosos con sus equivocadas prácticas doctrinales, estén sellados con el Sello de la Fe?

¡De ninguna manera!

Si no están sellados con el Conocimiento Revelado, no pueden estar sellados con el Sello de la Fe.

Si no están sellados con el Sello de la Fe, entonces no están en bendición sino en maldición.

Sólo los que tienen el Sello de la Fe, están bendecidos, según lo menciona el evangelio:

Gálatas 3:

9. De modo que los de la Fe son bendecidos con el creyente Abraham.

(R. V. 1960)

En esta Fe de Abraham, que está sustentada en el Sello del Conocimiento, que es el mismo Espíritu de Cristo, es que cobra sentido para el hombre de Fe, todo lo que habla Dios a través de los Profetas, a través del Señor Jesús y a través de sus evangelistas y apóstoles.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 42

 

41. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 40: Sin Fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11: 6)

¡Amados de Dios!

Examinando el tema del Sello de la Fe y sustentados en  (1 Corintios 10: 1 – 10), en la entrega anterior, concluimos diciendo, que los israelitas en el desierto, enfurecieron a Dios, porque pese a que estos vieron y palparon las maravillas que Él hizo, para darles el Testimonio de su Amor, estos se sintieron por demás inconformes, murmurando y querellándose contra Jehová (Números 14: 27).

El pueblo que era llevado por Dios a la Tierra Prometida, no toleraba las incomodidades que encontraba en su travesía por el desierto.

Jehová les acompañaba, les amparaba  y les protegía en todo momento; pero la mayoría de los israelitas se quejaba, murmuraba y extrañaba la vida carnal que llevaron en los tiempos de su esclavitud (Éxodo 16: 2 – 3), a pesar de que en el cautiverio en que vivieron, eran oprimidos y obligados a trabajar en dura servidumbre(Éxodo 1: 12 – 14).

A tal punto extrañaban su vida de esclavitud, que estando ya en libertad, luego de haber sido sacados prodigiosamente de Egipto, despreciaban la comida y toda la asistencia, que en provisiones, Jehová les enviaba para sustentarlos en su peregrinaje por el desierto.

Se manifestaron abiertamente insatisfechos y exigentes, cometiendo además, actos malos, que iban en contra de la Ley dictada por Dios.

El Maná era la comida con que Dios les alimentaba. Esta, era una comida espiritual, que ciertamente, los saciaba.

El Maná que bajaba del Cielo era el mismo Cristo que les daba Vida.

Ellos no tomaron en serio esta Dádiva perfecta de Dios, que en Cristo, estaban recibiendo (Santiago 1: 17).

Lo sensato hubiera sido, que se sintiesen contentos, agradecidos y confiados en Aquel que los iba conduciendo a través del desierto.

¡Pero no!

Sucedió todo lo contrario.

En vez de sentirse agradecidos por la Misericordia y los cuidados de Jehová, renegaron del Maná, exigiendo carne y dedicándose a la práctica carnal en todas sus actividades, como comidas, bebidas, fornicaciones e idolatrías (1 Corintios 10: 1 – 10).

Renegar del Maná, era prácticamente, renegar de Cristo. Era renegar de la Promesa.

La contraparte de esta revelación acerca del Maná, en la actualidad, es la realidad que se observa, en las personas que al renegar de Cristo, no hacen otra cosa, que renegar del Maná bajado del Cielo.

Al renegar de Cristo, reniegan de la Promesa hecha realidad.

Por esta actitud soberbia, ingrata y rebelde, Jehová en su Ira, tuvo a los israelitas dando vueltas en el desierto por cuarenta años, sin permitirles ver la tierra prometida (Números 14: 33 – 34; Josué 5: 6).

Por esta misma actitud, en los tiempos actuales, que por cierto, son los finales, la Ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5: 6; Colosenses 3: 6).

Revisemos algunas de las maravillas que Jehová hizo con el pueblo israelita, para contextualizar luego estos eventos, en el tema que estamos tratando, que es el Sello de la Fe:

  • Derribaron sin esfuerzo la muralla de Jericó (Josué 6: 20)
  • Atravesaron en seco, el mar Rojo (Éxodo 14: 21 – 22) y el río Jordán (Josué 3: 15 – 17)
  • Comieron maná y codornices hasta saciarse (Salmo 105: 40)
  • Caminaron de día bajo sombra y de noche tuvieron luz (Éxodo 13: 21 – 22)
  • Sus ropas no se gastaban (Deuteronomio 29: 5)
  • Vieron brotar el agua de la Roca (Números 20: 11)
  • Se endulzaron las aguas amargas de Mara (Éxodo 15: 25)

Todas estas maravillas y muchas más que narra el Antiguo Testamento, eran cosas sobrenaturales que Dios hizo con los israelitas, las cuales, ellos vieron y palparon.

Pero, ¡atención! Vieron pero no oyeron. Ya explicaremos esto más adelante.

Todas estas cosas prodigiosas, eran señales colosales, que Dios les presentaba para demostrarles que estaba con ellos; sin embargo, nada de esto les cambió el corazón, para hacerles tener Fe en Aquel, que aunque invisible (Hebreos 11: 27), les sustentaba y les daba manifestaciones visibles de su Amor y Poder.

En (1 Corintios 10: 10), dice el evangelio, que estas cosas descritas en el Antiguo Testamento, en lo que se refiere a las manifestaciones visibles del Amor y Poder de Dios; y en cuanto a la forma en que el pueblo respondió con sus malas obras, sin temor de Dios, haciendo cosas malas, han sido precisamente escritas, para amonestarnos a que quienes hemos alcanzado los fines de los siglos.

¿Por qué razón Dios quiso amonestarnos, dejando escrito el testimonio de estos eventos, en los cuales vemos, que a la par de la rebelión y la incredulidad del pueblo, se destaca su Ira? (1 Corintios 10: 5).

Quedó esta amonestación escrita, para que en los tiempos actuales, que son los finales, se conozca las promesas de Dios para sus elegidos; pero también, para que se conozca su Ira contra los convictos de su juicio (Números 14: 35; 16: 28 – 34; Efesios 5: 6; Colosenses 3: 6; Judas 1: 15).

Ya lo expresé en la entrega anterior y nuevamente lo expreso en esta entrega:

El evangelio pide al pueblo de Dios, al pueblo que ha resucitado en Cristo, al pueblo que ha nacido de nuevo, al pueblo con espíritu regenerado, que no ponga la mira en las cosas de la tierra, sino en las cosas de arriba, donde está sentado Cristo (Colosenses 3: 2).

Esto es, porque nuestra ciudadanía está arriba (Filipenses 3: 20).

La amonestación que hace el evangelio en (1 Corintios 10: 1 – 10), recordando la forma en que fueron castigados los israelitas incrédulos en el desierto, es para que tengamos la certeza, de que apegarse a las cosas terrenales, es muerte.

Los israelitas no conformes con la provisión espiritual que los sustentaba, se apegaban a las cosas terrenales y a los actos carnales, manifestándose inconformes con lo que tenían y añorando lo que ya no tenían.

Con la memoria que hace el evangelio,  de estos sucesos, nos exhorta a hacer morir lo terrenal, para que así, podamos despojarnos  del viejo hombre y revestirnos del nuevo, que es espiritual, en Cristo (Colosenses 3: 5 – 11; Apocalipsis 3: 2).

La exhortación obviamente es para los que oyen.

Los que oyen, son los que tienen oído.

Es así que, el Señor Jesucristo dice:

¡El que tenga oído, que oiga y se arrepienta! (Apocalipsis 2: 5 – 7).

De hecho, Dios conoce quienes son los que tienen oído. Es así, que en el mensaje que el Señor Jesucristo envía a las siete Iglesias, en el libro de Apocalipsis, siempre repite: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.”

Dios sabe, quién tiene oído.

La amonestación, es sólo, para el que tiene oído.

Los que no tienen oído, no pueden oír lo que Dios dice a su Iglesia.

¿Por qué?

Porque los que no tienen oído, no son su Iglesia; y dicho de otra manera, quienes no conforman su Iglesia, no tienen oído.

Con los que no tienen oído, Dios no pierde su tiempo hablando.

El registro histórico que hacen las Escrituras, sobre los israelitas atravesando el desierto, nos amonesta, al hacernos ver y entender, que el pueblo sacado de Egipto por Moisés, oyó lo que Dios les habló por medio de Moisés.

Sólo, que este pueblo oyó con los oídos carnales; pero no con el oído espiritual, porque carecían de él.

Los que tienen oído, como ya lo hemos tratado anteriormente en otras entregas, son los que tienen el corazón circuncidado, es decir, sellado por el Espíritu Santo. Estos son los escogidos de Dios.

Los sellados de Dios, son el verdadero pueblo de Dios.

Entonces, qué diremos: ¿Qué los israelitas que estaban circuncidados en el prepucio, no eran el pueblo de Dios?

Los israelitas fueron circuncidados en el prepucio para ser identificados como pueblo descendiente de Abraham en la carne.

¿Pero fueron el verdadero pueblo de Dios?

El evangelio nos revela, que este pueblo fue circuncidado en la carne; pero sólo unos pocos estaban circuncidados en el corazón.

Sólo unos pocos tenían oído.

Por tanto, sólo unos pocos de los que cruzaban el desierto, eran el verdadero pueblo de Dios.

Sólo unos pocos en aquella travesía, eran Iglesia de Cristo.

El pueblo de Dios, una vez más lo decimos aquí, es espiritual, sellado con el Espíritu Santo.

La circuncisión del corazón es la que vale para Dios. Esa es la circuncisión que mira Dios.

A Dios no le interesa para nada hoy, ni le interesaba en aquel tiempo, la circuncisión del prepucio, si es que el corazón del individuo no está circuncidado.

Por eso las Escrituras dicen, que Dios no mira el parecer, sino el corazón (1 Samuel 16: 7).

Descarten entonces mis amados, cualquier idea pro – sionista, como las que proceden de predicadores confundidos, que ensalzan a la nación terrenal de Israel, haciendo una mescolanza de conceptos, sobre todo en lo que se refiere a los eventos proféticos, dándole supremacía a esta nación y colocándola en niveles protagónicos en los tiempos finales.

La gente confundida, se pasa haciendo tours evangelísticos y proféticos; y bendiciendo a la tierra de Israel, apoyándose en el libro del Génesis, en que Dios le dice Abram:

Génesis 12:

3. bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

(R. V. 1960)

La revelación es esta:

Cuando Jehová le habla a Abram, lo hace a su Simiente que es Cristo.

Jehová afirma, que bendecirá a los que bendigan a Cristo; y maldecirá a los que lo maldigan.

¿Quiénes son pues, los que bendicen a Cristo?

Pues, los vivientes de su misma simiente: Su Iglesia, que es su verdadera Israel: La Israel de Dios (Gálatas 6: 16; Efesios 2: 12).

En esta nación espiritual, Cristo es Todo en todos (Colesenses 3: 11).

¿A quiénes entonces, maldecirá Jehová?

¡Pues, a los que maldicen a Cristo!

Abran bien los ojos y vean:

¿Quiénes son los que principalmente maldijeron y aún siguen maldiciendo a Cristo?

¡Pues, los israelitas! Salvo un remanente ordenado para Salvación (Isaías 10: 22; Hechos 13: 48; Romanos 9: 7).

¡Ven, cómo la Palabra, es Piedra de Tropiezo!

Así como en el desierto, hubo un pequeño remanente que tenía el Sello de la Fe, también en los tiempos posteriores ha existido ese remanente; y en la actualidad, en los tiempos finales, también lo hay, para completar su número.

Por lo demás, entiendan bien mis amados, que desde que vino el Señor Jesucristo, ocurre esto:

Gálatas 3:

28. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.

(R. V. 1960)

Por tanto, la Verdadera Nación de Israel, es la Celestial, compuesta por todos los que estamos en Cristo Jesús.

Retomando el tema de los israelitas en el desierto, el evangelio dice claramente en (1 Corintios 10: 5), que “de los más de ellos no se agradó Dios.”

¿Qué nos revela a la par el evangelio?

Ya lo habíamos tratado:

Que ¡“sin Fe es imposible agradar a Dios”! (Hebreos 11: 6).

Ya vimos en la entrega anterior, que la Fe, no es el acto de creer, sino que es la misma presencia de Cristo, morando en cada elegido de Dios.

De acuerdo a lo anterior, vemos entonces, que los menos de ellos, esto es, el remanente, tenían el Sello de la Fe; y los más de ellos, no lo tuvieron.

Vemos entonces, que los menos de ellos agradaron a Dios.

Alguien podrá argumentar, que Cristo vino en el cuarto milenio y que por tanto, Él no podía morar en el corazón de nadie en los tiempos del Antiguo Testamento, porque el Espíritu Santo de la Promesa debía descender sobre todos, después de que Cristo ascendiera a los cielos.

Sólo que hay que pensar, en lo que también ya tratamos en una entrega anterior:

Que Dios habita en la Eternidad.

Que todo lo que hace Dios, es eterno; es decir, no tiene tiempo.

El sacrificio de Cristo es eterno. No tiene tiempo

La Sangre de Cristo, es eterna. No tiene tiempo.

El Espíritu de Cristo es eterno. No tiene tiempo (Hebreos 9: 14).

Por esta razón, dicen las Escrituras, que Cristo fue inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13: 8).

Entonces, tanto el remanente de aquel tiempo, como el que siempre ha habido hasta el día de hoy, en nuestra esfera temporal, tiene la bendición de Jehová, caracterizada por la Gracia  del Sello de la Fe, o sea, la presencia de Cristo; mientras el resto, está bajo la eterna maldición de la Ley.

Por tanto, los más de ellos, no tuvieron paciencia para esperar las promesas que les hizo Jehová, razón por la cual, nos comunica este versículo, que “quedaron postrados en el desierto.” (1 corintios 10: 5).

¡Ahí está la maldición!

¿Quiénes fueron los menos pertenecientes al remanente, que sí dieron testimonio de su Fe?

Del remanente, podemos nombrar a algunos, que el evangelio pone como ejemplos de la Fe: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Sara, José, Moisés, etc. (Hebreos 11: 2 – 23).

El evangelio los presenta como ejemplos de Fe. ¿Quién puede entonces alegar, que estos representantes de la Fe, no tenían ya al Espíritu Santo en los tiempos correspondientes al Antiguo Testamento?

Si ya sabemos, que la Fe, es el mismo Cristo Eterno morando en el corazón de todo elegido de Dios, entonces, bajo este Conocimiento, sabemos que todos estos personajes del remanente en el pasado histórico, tenían el Espíritu Santo. De otro modo, no serían nombrados por el evangelio, como dignos representantes de la Fe.

Este es el Gran Misterio Oculto desde tiempos eternos, dado a conocer, en la dimensión terrenal de este tiempo, para que “todas las gentes” obedezcan a la Fe (Romanos 16: 25 – 26).

La Fe, como Sello del Espíritu Santo, es generadora de paciencia.

Todos estos personajes nombrados, fueron ejemplo de paciencia, con la cual vieron en la distancia lejana de los siglos, las promesas que en Cristo, les habría de ser otorgadas (Hebreos 11: 13).

Con la paciencia de estos personajes, que es el mismo legado espiritual de todos los que somos de Cristo en los tiempos actuales, es que podemos soportar las tribulaciones, mirando las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4: 17).

Esta paciencia no la tuvieron los israelitas en el desierto.

Un indicador de que alguien está sellado con el Espíritu de la Fe, es la manifestación de su paciencia.

La paciencia, es la exteriorización de la Fe, manifestada en su máximo esplendor, en medio de las tribulaciones.

¿Para qué sirven las tribulaciones en la vida de los elegidos de Dios?

Pues, para probar como en fuego, el Sello de la Fe (1 Pedro 1: 7).

La mayoría de los israelitas no tenían el Sello de la Fe, razón por la cual, la falta de paciencia, marcó el trasfondo de la incredulidad y de todas sus obras malas.

La falta de paciencia, caracterizó la falta de Sabiduría de este pueblo.

La falta de paciencia caracteriza también a las personas que en la actualidad carecen de Sabiduría.

Si hubieran sido sabios, hubieran oído y entendido que las incomodidades que estaban atravesando en el desierto, eran pasajeras y que luego se harían realidad, las promesas.

Pero no tuvieron Fe, por lo que no vieron realizarse las promesas de Dios. Al contrario, Lo que vieron fue, muerte (Números 14: 26 – 32).

Ya sabemos, que la Fe es por el oír.

El Pueblo de Dios, es un pueblo sabio.

El pueblo de Dios, es un pueblo con el Sello de la Fe.

El pueblo de Dios, es un pueblo que sabe oír y esperar con paciencia (Proverbios 1: 33).

El pueblo de Dios, se caracteriza por la paciencia.

Observen mis amados, lo que dice el evangelio al respecto:

Santiago 1:

2. Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

3. sabiendo que la prueba de vuestra Fe produce paciencia.

4. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

5. Y si alguno de vosotros tiene falta de Sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

(R. V. 1960)

Cuando estamos en tribulación, los que tenemos Fe, pedimos a Dios Sabiduría, para entender el porqué de esa tribulación.

La Sabiduría nos habla y nos hace entender  el significado de las pruebas que traen tribulación; y nos forja la paciencia para saber esperar las promesas.

Vean lo que dice el evangelio:

Hebreos 10:

35. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;

36. porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

(R. V. 1960)

Hebreos 6:

11. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza,

12. a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

(R. V. 1960)

¿Por qué los más de ellos en el desierto no estaban sellados con el Sello de la Fe?

Observen que el Señor Jesucristo se derramaba sobre todos, con la provisión del Maná, para que se alimenten y vivan.

¿Estaban todos agradecidos?

No!!!

¡Los más de ellos eran desagradecidos!

El mismo Señor Jesús expresa en el evangelio, que Dios, “es benigno para con los ingratos y malos.” (Lucas 6: 35).

¿Por qué, si Cristo se derramaba en el desierto para todos, sólo unos cuantos fueron agradecidos?

Porque sólo unos cuantos estaban sellados con el Sello de la Fe.

Sólo unos cuantos estaban escogidos y sellados con el Sello de la Fe (Números 16: 5).

Lo mismo podemos afirmar de una manera equivalente para estos tiempos finales:

¿Por qué habiendo sido Cristo, crucificado para perdón de los pecados del mundo, sólo unos cuantos son agradecidos?

La respuesta es la misma: ¡Sólo unos cuantos, han sido sellados con el Sello de la Fe! (Efesios 1: 13 – 14).

¿Quiénes son los sellados con el Sello de la Fe?

¡Los que pertenecen a su pueblo. Los escogidos desde antes de la fundación del mundo! (Efesios 1: 3 – 4).

¿Y por qué unos son sellados como pueblo de Dios y otros no lo son?

Responder esta pregunta y descifrar este misterio, será motivo a futuro, de una extensa explicación; y entender esta explicación será motivo de un intenso estudio y reflexión por parte de ustedes, amados hijos de Dios.

Pero, por lo pronto, ahora entendamos, que el estar circuncidado en el corazón, no dependía del pueblo israelí en aquel tiempo, ni depende de nadie en los tiempos actuales.

¿De quién depende entonces?

¡Es decisión de Dios!

¿Por qué Dios toma esta decisión, de una forma con unos y de otra forma con otros, siendo que Él mismo dice, que no hace acepción de personas?

¿Por qué, a unos circuncida el corazón y a otros no?

Repito, esto tomará un profundo tiempo de estudio y reflexión. Por ahora, sólo les exhorto a seguir escudriñando la Palabra. Ya llegará el momento de aclarar este misterio.

Sin embargo, el seguidor de este estudio puede adelantar algo, si revisa (Romanos 9: 13 – 23), en donde se nos aclara, algo que aunque ya lo hemos tratado en una entrega anterior, conviene volverlo a revisar.

La misma situación de falta de Fe, narra el evangelio en los tiempos del Nuevo Testamento, cuando todos vieron las maravillas que hizo el Señor Jesús.

Maravillas como aquella de haber dado de comer por dos ocasiones, a miles de personas que lo seguían, cuando era evidente, que sólo contaba con apenas unos pocos panes y pescados (Mateo 14: 13 – 21).

Después de este evento de la multiplicación de los panes, la gente seguía al Señor Jesús, porque querían comer más y saciarse de pan (Juan 6: 26), mas no porque creían que Él era el Verdadero pan del Cielo (Juan 6: 51).

¿Qué es lo que nos revela el evangelio en (1 Corintios 10: 1 – 12) a quienes vivimos ya, en estos tiempos finales?

La Escrituras nos revelan, que teniendo tan cerca (Deuteronomio 4: 7 – 8; Mateo 3:2; 4: 17), la Maravilla más inmensa, visible en sus obras y sobre todo, disponible, al alcance de todos (Efesios 3: 12; 4: 16), la respuesta de la gente en estos tiempos finales, es contraria y adversa a esa Maravilla.

¿Cuál es esa Maravilla?  

Pues, es Cristo colgado en el madero, destruyendo la sabiduría de los sabios y desechando el entendimiento de los entendidos (1 Corintios 1: 20).

Los sabios, teniendo cerca al Señor Jesús y viendo las señales que daba al hacer tantos prodigios, no entendían quién era el hombre que estaba ante ellos.

Estaban viendo las señales del “Enmanuel” de las profecías que ellos conocían (Isaías 7: 14) y las profecías del “Dios con nosotros” (Mateo 1: 23); y aun así, no entendieron quién era el que estaba con ellos…Y no lo recibieron (Juan 1: 11).

Por tanto, ni en aquel tiempo, ni en el presente, los sabios sin el Sello de la Fe, han podido entender, que en el holocausto de Cristo en la cruz, yace el misterio de la Vida Eterna, de aquellos que ya están ordenados desde la eternidad, para recibirla (Hechos 13: 48).

Entender el misterio de la circuncisión del corazón y del Sello de la Fe, que es aplicado por decisión de Dios únicamente, debe descartar en el entendido, cualquier sesgo de religiosidad, quedando desechada toda idea, por mínima que fuere,  de que haciendo alguna obra buena, se puede tener algún mérito para alcanzar este Sello.

Es así que, amados entendidos, que para tener el Sello del Espíritu Santo, nadie tiene:

Que ir al templo de cemento, porque Dios no habita en templos hechos por manos de hombre (Hechos 17: 24). Recuerde que el Verdadero Templo, es el Dios Todopoderoso con el Cordero y su esposa (Apocalipsis 21: 22).

Ni tiene que diezmar, ni ofrendar, porque Dios no está interesado en su dinero. El Señor Jesucristo es el Esposo  Proveedor de su esposa, la cual es el cuerpo conformado por sus elegidos. Cualquiera que le diga lo contrario, le estaría induciendo en la perversa doctrina de que hay que “honrar a Dios con dinero”, en la cual, sólo hay engaño; y los que esto hacen, sólo quieren usufructuar de su peculio para sostener su tenebroso sistema empresarial religioso (Isaías 1: 13; Amós 5: 22; Hechos 17: 24 – 25).  

No tiene tampoco que ayunar comida, porque Dios no está interesado en su sacrificio corporal, sino en su espíritu quebrantado y humilde (Salmo 51: 17). Recuerde que otro nombre de Cristo es, Ayuno (Isaías 58: 6). Si usted está en Cristo, ya está en el Verdadero Ayuno.

La verdadera doctrina de Cristo, es la antítesis de la religiosidad. Recuerde que Cristo vino a deshacer lo que es, para avergonzar a los sabios del mundo (1 Corintios 1: 28).

Si Cristo hubiera venido al mundo para predicar que se siga haciendo lo mismo que hacían los religiosos del Antiguo Testamento, entonces vana hubiera sido su venida.

Si usted realmente tiene Fe, entonces, aléjese de todos los conceptos sectarios, políticos y mercantilistas que manipulan el nombre de Cristo, promoviendo como doctrinas, los rudimentos y las tradiciones (Gálatas 1: 14; Colosenses 2: 8) que quedaron abolidas con el sacrifico del Cordero de Dios;  pero que muchos en su espíritu religioso persisten en practicar, para sostener el “modus vivendis” lucrativo, con el que se enseñorean de un pueblo que carece de Conocimiento (Oseas 4: 6).

Si usted está sellado con el Sello de la Fe, como no lo dudo que lo está, entonces:

Usted se congrega con hermanos en el mismo Espíritu de Cristo.

Usted ayuda económicamente y cubre las necesidades de los más necesitados, sobre todo de aquellos que pertenecen a su propia familia.

Usted se alimenta adecuadamente y comparte el alimento con los que lo necesitan, dando gracias a Dios por la provisión que recibe para la vida y salud de su cuerpo. Por supuesto, que cuando está en oración y congregado recibiendo la Palabra de Dios, no estará comiendo, sino adorando a Dios en Espíritu y en Verdad.

Todo esto lo hace, porque es Dios mismo, quien obra en su querer y en su hacer (Filipenses 2: 13).

Para concluir esta entrega, terminemos con la idea que planteamos, acerca de que, teniendo tan cerca la Maravilla de Cristo, que vino sólo a darnos buenas noticias, gozo, paz y salvación, la respuesta en estos tiempos finales es adversa y contraria a esta Maravilla.

¿Cuál es esta respuesta contraria y adversa a esta Maravilla?

Al igual que los israelitas en el desierto, aun viendo las maravillas que Dios hacía, ellos hicieron cosas malas, sin temor de Dios, así en estos tiempos finales, aun con la Maravilla expuesta visiblemente para todo el planeta, de Cristo crucificado, muerto y resucitado, la maldad de la humanidad, es cada vez mayor.

Esto es lo que el evangelio describe con el nombre del “misterio de la iniquidad”, el cual ya está en acción (2 Tesalonicenses 2: 7).

¿Por qué ante la Gran Maravilla de nuestro Salvador, expuesta a los ojos de todo mundo, la maldad es cada vez mayor?

Porque las mayorías no quieren oír el verdadero evangelio, sino que le prestan atención a los engaños que entran por los ojos.

¿Saben mis amados, por qué no quieren oír?

¡Porque no tienen oído!

Por esta razón, las Escrituras dejan explícitamente expresado para los que sí tienen oído, sabiendo que estos son los que tienen Fe:

Hebreos 3:

15. Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés?

17. ¿Y con quiénes estuvo Él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

18. ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?

19. Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

(R. V. 1960)

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 41

 

 

 

40. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 39: La Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11: 1)

¡Amados de Dios!

Iniciamos ahora, el análisis del quinto momento del sellado del Espíritu Santo: “La Fe.”

No veo mejor manera de iniciar este análisis, que mencionando el versículo, que con respecto a la Fe, es el más conocido por los creyentes; y es a la vez el menos entendido en la real profundidad de su significado.

Veamos pues lo que encierra este texto:

1. Es, pues, la Fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

(R. V. 1960)

Visto a la ligera, como veo que todo el tiempo lo hacen los predicadores, parecería que la Fe, es un estado de la mente, la cual “tiene” que hacer la obra de esperar con certeza y a la vez, hacer la obra de convencerse a sí misma, acerca de lo que no ve.

Siendo así, la Fe sería tan sólo un asunto de predisponerse y autosugestionarse de tal manera, para que las cosas funcionen.

Para descifrar el misterio de este versículo y conocer la Verdad encerrada en él, escudriñémoslo ahora:

El mundo está diseñado con sistemas, para que las personas operen sus vidas dentro de los niveles naturales de lo que es “posible.”

Todos los sistemas naturales, están diseñados con reglas que hacen que las cosas funcionen cuando se las cumple, o que se altere el funcionamiento de los mismos, cuando se quebrantan las reglas.

La “homeosteasis”, es el término científico utilizado para denominar al equilibrio de los sistemas que mantienen sus reglas de funcionamiento.

Para la mente natural de las personas no nacidas de nuevo, la certeza de esperar algo, se sustenta en las evidencias de lo que probabilísticamente se conoce que ocurre, dentro de lo que es naturalmente “posible” en el funcionamiento de los sistemas homeostáticos.

Al contrario, toda mente que está revestida de Cristo (Gálatas 3: 27), o sea, que está sellada con su Espíritu, se encuentra operando dentro de los mismos sistemas naturales homeostáticos, pero dentro de una dimensión sobrenatural, que es difícil de ser entendida por la gente que no tiene la regeneración del Espíritu (1 Corintios 2: 14).

Esta es, la dimensión del Reino de los Cielos, que es la dimensión en donde se encuentra el Trono de Dios, desde donde se toman las decisiones eternas, las cuales obedecen al Pacto Eterno.

En la dimensión del Espíritu de Dios, lo que para el mundo con sus sistemas sujetos a reglas naturales o creadas, es “imposible” conseguir si se alteran estas reglas, para los hijos de Dios todo es “posible”, aunque todo esté desbaratado dentro de los sistemas naturales o creados por el hombre.

Por eso el evangelio dice:

2 Corintios 5:

7. (porque por fe andamos, no por vista).

(R. V. 1960)

Por lo general, cuando el ser humano común espera obtener algo, lo hace basado en la experiencia de un historial que acredite, que aplicando las fórmulas correctas, y las reglas establecidas por los sistemas, lo que se espera llegará.

Esta certeza natural, es lo que se conoce como “confianza.” A esta certeza, también podríamos llamar, “fe carnal.”

Por esta fe carnal es, que frecuentemente se escucha pronunciar la siguiente frase, a la gente amiga del mundo: “Tengo fe en que voy a lograr, tal o cual cosa…”

Es así, que pronostican los hechos, con optimismo acerca de lo que van a obtener en sus negocios con el mundo.

Tal optimismo, es producto de la observación de las evidencias recogidas de experiencias anteriores.

Por ejemplo, si alguien ha hecho un trabajo que debe ser remunerado, tendrá la certeza de que va a recibir su sueldo o la remuneración correspondiente.

Esta certeza se sustenta en un conocimiento que brinda la experiencia vivida con la realización trabajos previos, ya realizados y remunerados.

Si un arquitecto competente construye una casa, quien compra dicha casa, tiene la certeza de que la puede habitar sin temor a que se desmorone, porque tiene el conocimiento de que tal casa, fue construida por un profesional entendido en la construcción.

De esta forma, tanto el arquitecto conoce lo que construye para vender; como el cliente conoce lo que está comprando para vivir; y también conoce a quién le está comprando.

Estas son certezas, resultantes de un pronóstico fundamentado en el conocimiento de un historial previo.

Una mujer físicamente hermosa, vistiendo poca ropa para llamar la atención hacia su cuerpo sensual, es entrevistada en un programa de la televisión. Al ser preguntada sobre sus experiencias futuras en el trabajo del modelaje, afirma “muy espiritualmente”: “Tengo fe, en que mis próximas producciones tendrán una gran acogida del público.”

¿Tal fe será acaso promovida por El Espíritu Santo?

¡Pues no!

Así  funcionan los pronósticos en el marketing, la economía, la política, la sicología, la medicina, etc….

Los astrónomos, conocen con cientos de años de anticipación, el paso de cometas y asteroides, cerca de la órbita de la tierra. Cuando afirman con seguridad que eso ocurrirá, es porque tienen fe en lo que han calculado; es decir, tienen la certeza y la convicción de lo que les ha resultado visible por sus cálculos matemáticos.

Podríamos seguir poniendo numerosos ejemplos, pero con lo que hemos mencionado anteriormente, me parece que es suficiente para entender lo que es tener “fe carnal.”

La fe carnal o fe del mundo, es una certeza natural, material, carnal, que se experimenta con los sentidos y que se sustenta en la experiencia de la observación objetiva del mundo.

En la esfera de la fe carnal, sólo hay que seguir las reglas lógicas del mundo para lograr lo que se desea. Hay que seguir lo que se conoce como: “La lógica de las reglas del juego.”

Esta es una fe básica y rudimentaria que sigue la lógica de un plan de acción.

Mientras mejor diseñado esté el plan de acción, más certeza habrá de conseguir lo que se quiere, si se sigue con fidelidad el plan.

Cuando el plan de acción es acertado, si se lo sigue aplicando, se seguirán obteniendo a futuro, los mismos, o aún, mejores resultados.

Si se quiere mejores resultados, se intentará mejorar el diseño del plan de acción.

En cualquier caso, en los ejemplos expuestos, apreciamos que siempre hay una certeza basada en un conocimiento de los sistemas del mundo, comprobada repetidamente, dentro del marco de lo conocido y experimentada físicamente.

En todo caso, la fe carnal, siempre opera bajo el control de la mente natural que planifica y del esfuerzo que se imprime para el logro.

En la Fe que nos muestra el texto de (Hebreos 11: 1), no hay plan de acción ni esfuerzo alguno, porque no es la mente humana la que opera los mecanismos para que resulten las cosas…Ningún esfuerzo, sólo descanso y paz.

Por eso, Dios menciona en (Hebreos 3: 17 – 18), que los incrédulos, jamás entrarán en su reposo. Los incrédulos tienen fe carnal, pero no tienen al Espíritu Santo morando en ellos.

En los sistemas naturales del mundo, hay planes que se traban, porque los sistemas están diseñados, para que bajo ciertas circunstancias se logre conseguir lo que se desea; y también, para que fuera de tales circunstancias, se entorpezca el logro de los objetivos.

Cuando en los sistemas se altera por algún motivo la homeostasis, o sea, el equilibrio, el plan de acción no consigue los objetivos, a no ser que haya un plan de contingencia.

Si  no hay plan de contingencia, las cosas se complican.

Hay casos, en que aun habiendo calculado todas las probabilidades de éxito y fracaso, los sistemas nos dan sorpresas, llevándonos a resultados imprevisibles, distintos de los deseados.

Esto ocurre, cuando se altera el equilibrio de los sistemas.

Ante esto, Los profesionales y todos los técnicos de todas las áreas, entendidos en el manejo de los sistemas diseñados para el funcionamiento del mundo, se encargan de construir y reparar las cosas, dentro del marco lógico de lo conocido y previsible. La tecnología y las profesiones existentes, están creadas para eso: Para arreglar lo que se descompone, o lo que no está funcionando como “se espera.”

Pasadas las barreras de lo previsible y lo conocido, los mismos sistemas naturales, por ley natural, se encargan de llevar las cosas por la vía del deterioro y la destrucción sin retorno.

En la naturaleza, todo se deteriora y se corrompe.

Por poner un ejemplo sencillo, podríamos mencionar, que dentro de las Ciencias Médicas, los profesionales y técnicos, trabajan para prevenir, curar o aliviar las dolencias en la salud, mientras estos sistemas terapéuticos o de prevención tengan acceso exitoso sobre los sistemas orgánicos; es decir, mientras los sistemas sigan vivos y colaboren.

En base al conocimiento médico, el profesional con experiencia, puede hacer el pronóstico, acerca de cuál es el resultado a esperarse en todos los casos sometidos a tratamiento.

En base a este conocimiento, los dolientes saben también qué esperar, de los aparentemente amplios; pero en realidad, limitados recursos de la Medicina.

¡Cuando ya no hay nada que hacer, porque los sistemas orgánicos ya no colaboran,… pues,… no hay nada qué hacer!

Muchos dicen, tengo fe en la Medicina, o tengo fe en mi médico.

En los casos en que la terapéutica funciona, a causa de que los sistemas orgánicos colaboran para la recuperación, dicha fe resulta un acierto; pero dado el caso contrario, las cosas no resultan favorables con dicha fe.

Al contrario de lo anteriormente expresado, la Fe de la que habla el versículo que estamos abordando (Hebreos 11: 1), está fundamentada en una certeza basada en el Conocimiento del Espíritu que mora en todo hijo de Dios.

La Certeza y la convicción, radica en saber que Cristo mora en nosotros.

El evangelio nos revela que el Señor Jesús, es el Autor y Consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Como ya lo hemos analizado en entregas anteriores, este Conocimiento, no es otra cosa que el mismo Espíritu de Dios…Es la Persona del Señor Jesucristo.

Si esta Persona que es el Conocimiento, no habita en el corazón del hombre, tampoco puede habitar la Fe, pues la Fe y el Conocimiento, son la misma Persona, o sea, Cristo.

Ya dijimos en una entrega anterior, que cuando Abram recibió la orden de Jehová, de abandonar su tierra y su parentela para ir a la tierra que le mostraría (Génesis 12: 1), previamente, lo bautizó con Espíritu Santo; es decir, lo selló con Espíritu de Conocimiento y de Fe.

Espiritualmente Abram vio todo lo que Jehová le mostró; y además habló con Dios, lo cual fue evidencia espiritual para creer en Cristo Jesús, por el Sello de la Fe.

La Fe de Abram, estaba sustentada en su Conocimiento.

Quien tiene el Conocimiento, tiene el Sello del Espíritu; por tanto, tiene la certeza de lo que espera, porque el Espíritu que mora en su corazón, sabe todas las cosas (1 Juan 2: 20).

El que tiene el Conocimiento, tiene la convicción de lo que ya está determinado, aunque todavía no pueda ser visto con los ojos físicos; pero que ya se lo ve venir, porque ya es visto con los ojos de la Fe (Habacuc 2: 3 – 4; Hebreos 10: 35 – 39).

Así como la fe carnal funciona en base a un conocimiento previo que dan los cálculos probabilísticos de la reacción de los sistemas naturales, la Fe que nos expone (Hebreos 11: 1), se basa en el Conocimiento, que ha sido implantado en el corazón del elegido de Dios, como Sello del Espíritu Santo.

Recomiendo al seguidor de esta página, que revise la (entrega 38), en la cual se explica la relación íntima entre el Sello del Conocimiento y el Sello de la Fe, que con características propias cada uno, son al mismo tiempo, Sello del Espíritu Santo.

El Señor Jesús dice lo siguiente:

Marcos 11:

24. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

(R. V. 1960)

Esta declaración del Señor Jesús, se hace más reveladora, si la cotejamos con lo que dice el siguiente versículo:

Romanos 8:

26.Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

(R.V. 1960)

Estos dos versículos, nos revelan que la Fe no es el acto de creer en algo, basándonos en evidencias físicas conocidas, pues hasta los demonios creen y tiemblan (Santiago 2: 19).

La Fe es el mismo Espíritu Santo morando en el corazón del creyente.

El acto de creer, se deriva de la operación sobrenatural del Espíritu Santo, quien comunica a nuestro espíritu, que somos hijos de Dios (Romanos 8: 16), y que es Él quien está pidiendo por nosotros al Padre, en el mismo trono de la Gracia (Hebreos 4: 16), para que se cumplan nuestras peticiones.

El Sello del Conocimiento, nos hace conocer, que si es el Espíritu Santo quien pide al Padre, su petición no podrá ser jamás rechazada.

¡Conocemos entonces: Quién pide a Quién!

Este Conocimiento nos da la certeza y la convicción, aunque todo sea adverso en el mundo material que nos rodea.

Siempre le serán agradables al Padre, nuestras peticiones, porque estas son hechas por el Espíritu Santo, y porque siendo así, siempre serán hechas de acuerdo a la voluntad del Padre, la misma que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12: 2).

Para agradar a Dios y recibir lo que pedimos, no tenemos que hacer nada.

Cuando pedimos algo en el nombre del Señor Jesús (Juan 14: 14), simplemente, Dios ve si en el corazón de un hombre que pide, se encuentra morando la Persona de su Hijo.

Por esta razón es, que las Escrituras afirman con toda claridad, que Dios no se fija en la apariencia externa de la persona, sino en su corazón (1 Samuel 16: 7).

Y con este Conocimiento es, que podemos develar el misterio encerrado en (Hebreos 11: 6), oráculo de Dios, que afirma, que sin Fe, es imposible agradar a Dios.

El que agrada a Dios, es el que tiene el Espíritu de su Hijo morando en el corazón.

Por esta razón, el Señor Jesús expresó lo siguiente:

Mateo 13:

12. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

(R. V. 1960)

Así es, que cuando pedimos al Padre, en el nombre del Señor Jesús (Juan 14: 14), como tenemos morando en nosotros al Espíritu Santo, es el Espíritu Santo el que ruega al Padre por nosotros; y el Padre nos responde galardonándonos (Hebreos 10: 35; 11: 6; Apocalipsis 22: 12) con mucho más de lo que le pedimos (Efesios 3: 20).

Este Conocimiento, nos da la convicción de la respuesta favorable a las peticiones que hacemos (1 Juan 5: 14 – 15).

¿Qué es entonces la Fe?

¡Es el mismo Espíritu Santo!

¡Es la misma Persona del Señor Jesucristo!

¡Es el mismo Espíritu de Dios!

Los que tenemos el Sello del Espíritu Santo, tenemos el Sello de la Fe.

El Sello de la Fe, es el Sello del Espíritu Santo, el cual siendo invisible e intangible (Hebreos 11: 24 – 27), nos da la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

Esta operación sobrenatural del Espíritu Santo, se manifiesta en el hombre regenerado por la Fe, en forma de Poder y Victoria sobre los sistemas naturales, sobre los cuales, Dios obra sobrenaturalmente transformándolos, más allá de toda previsión o pronóstico.

Por esta razón, los hijos de Dios podemos asegurar, que ante cualquier situación natural, Dios tiene la última palabra, porque Él obra desde su Trono Celestial, que es Sobrenatural, provocando sobre los sistemas naturales, resultados, que para los incrédulos son inesperados; pero que para los elegidos que tienen el favor de Dios, son totalmente posibles y esperados.

Para entender esto, debemos tener claro, que los hijos de Dios, habitando como estamos en el Reino de Dios que es espiritual, tenemos una ciudadanía espiritual que es “imposible” de ser entendida, por quienes sólo son habitantes de la tierra, en calidad de ciudadanos naturales (1 Corintios 2: 14).

Al ser ciudadanos del Reino de los Cielos, ocurre que lo que es imposible para la gente del mundo, para nosotros es totalmente posible.

De allí, resulta que, esta Fe nuestra, que es Espíritu de Dios, nos hace vivir en una esfera sobrenatural, que es la Vida Eterna.

El ser humano común, carente del Espíritu de Dios, se encuentra desnudo (Apocalipsis 3: 17), revestido por el espíritu del mundo, que lo hace actuar, pensar y esperar lo que  puede alcanzar dentro de su restringido marco físico, biológico y temporal; es decir, vive en el mundo de lo “materialmente posible.”

Al contrario, los hijos de Dios, vivimos en el mundo espiritual de lo que es “imposible” para el incrédulo, desde donde, por el Poder de Dios y contra todo pronóstico, todo es “posible.”

Esta es nuestra Fe. Es la certeza de que todo en Cristo, es posible (Filipenses 4: 13).

Esta Fe, morando en nuestro interior, es la certeza que tenemos, de que al ser hijos de Dios tenemos a Cristo morando en nuestro corazón; por tanto, todo lo que esperamos, nos llega, aunque los antecedentes históricos que nos presente cualquier situación, sean considerados por el mundo, razonablemente contrarios a lo que es “posible.”

La Fe que describe (Hebreos 11: 1), no tiene nada que ver con la lógica del mundo.

Para la lógica del mundo no tiene sentido la forma en que se derribó la muralla de Jericó (Josué 6: 20).

Tampoco tiene sentido, el que los israelitas, atravesaran en seco, el mar Rojo (Éxodo 14: 21 – 22) y el río Jordán (Josué 3: 15 – 17).

Tampoco tiene sentido, que Elías haya provocado fuego sobre leña mojada, en la que encendió el holocausto del altar que preparó, en el nombre de Jehová (1 Reyes 18: 33 – 38).

Tampoco tiene sentido que Sadrac, Mesac y Abednego no se quemaran ni un pelo, en el horno de fuego en el que fueron metidos por orden de Nabucodonosor (Daniel 3: 26 – 27).

Tampoco es lógico, que el Señor Jesús haya dado de comer a miles de personas, contando con apenas unos pocos panes y pescados (Mateo 14: 13 – 21).

Como ven mis amados, las cosas que no tienen explicación natural, porque rompen el orden de las leyes naturales, sólo pueden ser posibles en la dimensión espiritual de la Fe, o sea, en la dimensión del Espíritu de Dios.

Quienes no están dotados del Sello de la Fe, no pueden entender estas cosas ni aunque vean los milagros.

¡De hecho, todos los días estamos viendo el milagro de la creación y la vida!

Por eso miles de israelitas perecieron, porque ni aun viendo las maravillas que Jehová hizo en medio de ellos, se quisieron sujetar en obediencia a las leyes de la Fe, que son de Dios (1 Corintios 10: 1 – 12; Hebreos 3: 7 – 19).

Según nuestro esquema didáctico, la Fe, es el quinto elemento del Sello de Espíritu Santo. Seguiremos escudriñando este elemento, en entregas posteriores. Lo importante ahora, es recalcar, en que el cuerpo espiritual de la Fe se sustenta en el Sello del Conocimiento, que ampliamente lo hemos ya abordado en entregas anteriores.

Dios nos sella con el Conocimiento, para que se consolide el Sello de la Fe.

¿Qué ocurre cuando Dios nos sella con el Conocimiento?

Con el Sello del Conocimiento, Dios nos hace palpar en nuestra vida práctica, el Poder de su Gracia, haciéndonos tomar conciencia y haciéndonos constatar, cómo se cumplen todos nuestros anhelos y peticiones, de una forma sobrenatural, contrariando las leyes físicas y los pronósticos del mundo natural.

Para los hijos de Dios, ¡todo es posible!

Todo es posible porque la Fe, que es el Espíritu de Dios, mora en nosotros.

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 40

 

 

39. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 38: Conocemos que el Amor de Cristo excede todo conocimiento (Efesios 3: 19)

¡Amados de Dios!

En esta entrega, vamos a concluir el análisis acerca del Don del Conocimiento, Don espiritual con el cual hemos sido sellados los hijos de Dios, dentro del proceso de sellado del Espíritu Santo, proceso llamado también circuncisión del corazón (Jeremías 4: 4; Romanos 2: 29) o circuncisión de Cristo (Colosenses 2: 11).

En las Escrituras, hay enorme cantidad de material expuesto con revelación acerca del Conocimiento. Resultaría una tarea difícil de acabar, el intentar detallar todo su contenido. Por esta razón y para que sea provechoso el análisis de este Don, y para que acerca del mismo, podamos extraer elementos básicos para su comprensión, animo al lector a seguir con paciencia, el contenido resumido de la presente metodología.

Recordemos una vez más, que de acuerdo a la metodología que nos ha ido dando el Espíritu Santo, el Conocimiento, es el cuarto elemento del proceso  de sellado que reciben quienes están elegidos como ciudadanos del pueblo de Dios (Filipenses 3: 20).

Sigamos con humildad y atención oyendo al Espíritu Santo a través de esta metodología, sin contraponernos a la enseñanza; y constatando la misma, en los oráculos de Dios, expuestos en la Biblia.

A medida que vayamos avanzando en el análisis del Sello del Espíritu Santo, vamos a ir concibiendo este proceso, como un todo completo y luminoso.

Sigamos entonces nuestro análisis, a partir del punto en que nos quedamos en la entrega anterior (38), en la cual dejamos explícito que la cumbre del Don del Conocimiento, es el llegar a conocer cuánto Dios nos ama.

¿Acaso somos capaces de conocer cuánto Dios nos ama?

Con este objetivo, es que Dios nos ha sellado con el Don del Conocimiento: El que lleguemos a conocer ¡¡Cuánto Dios nos ama!!

Revisemos con expectativa las Escrituras y reconozcamos que lo que Ellas nos dicen acerca del Amor de Dios por sus hijos, es lo que Dios ya nos ha escrito previamente en el corazón, acerca de su Amor (Jeremías 29: 11 – 12; 30: 17; 31: 3; 33; 32: 40).

Lo que ya tenemos escrito por Dios en el corazón, es lo que constatamos con humillación, con gozo y con asombro, cuando al leer las Escrituras, nos conectamos con todas las promesas de su Amor que Ellas nos presentan.

Dice el evangelio, que el Amor que Dios tiene para sus hijos, excede todo conocimiento (Efesios 3: 19).

Con esta afirmación, se nos está diciendo que aunque tengamos escrito el Conocimiento del Amor de Dios en el corazón, es imposible conocer la total dimensión de este Amor, por más piadosos y estudiosos de las Escrituras que pudiéramos ser.

Estoy seguro, que por esta razón que manifiesta el evangelio en (Efesios 3: 19), es que también el evangelio afirma lo siguiente:

1 Corintios 8:

2. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.

3. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por Él.

(R. V. 1960)

Aparentemente, resulta contradictorio y frustrante, que el evangelio diga que tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2: 16) y que también diga que no sabemos nada como debemos saberlo (1 Corintios 8: 2).

Si Dios quiere que conozcamos su Amor, ¿Cómo es, que ese Amor excede a todo conocimiento, haciéndose para nosotros una tarea tan dificultosa?

Como digo, esta contradicción es aparente; y el mismo sello del Conocimiento, impide que caigamos en frustración o confusión.

Profundicemos entonces, en la revelación del sello del Conocimiento, y relacionemos lo expresado en los versículos anteriores con lo que el mismo evangelio afirma en:

1 Juan 4:

19. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.

(R. V. 1960)

Los versículos anteriores nos dan a comprender, que es tan difícil conocer el Amor de Dios, que aun, con el sello de Conocimiento, sólo en parte lo llegamos a conocer.

Los que conocemos aunque sea en parte el Amor de Dios, estamos seguros que también amamos a Dios.

Este amor que tenemos por Dios, no es obra espontánea nuestra, ni producto de nuestra voluntad humana, sino que es fruto producido por el mismo Dios que nos amó primero.

Al habernos amado primero, Dios depositó la semilla de Su Amor en el corazón de sus elegidos, a quienes Él conoce.

Sus elegidos, tierra fértil depositaria de su Amor, son sus amados. Este Amor que sembró en sus amados, permite que estos lo reconozcan y lo amen también.

Con el Amor que Dios nos puso en el corazón, es que podemos conocerlo a Él; y reconocer a su Hijo, el Señor Jesucristo, y conocer la obra sublime de su Amor por nosotros, manifestada en su sacrificio pactado por nuestra salvación.

Por ese Amor que Dios nos puso en el corazón, es que podemos poner nuestros ojos en Jesucristo, como Autor y Consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Sin ese Amor Primero, que viene de Dios, no podríamos poner nuestros ojos en el Autor y consumador de la Fe, sino que al contrario, nuestros ojos estarían puestos en el mundo.

Pero claro, los que hemos sido regenerados por el Amor de Dios, sabemos que nosotros no tenemos negocios con el mundo, porque hemos sido apartados del mundo por su Amor. Hemos sido apartaos para Él (Éxodo 33: 16; Levítico 20: 24).

Y aun así, puestos los ojos en Jesucristo, quien para enriquecernos fue hecho pobre siendo rico (2 Corintios 8: 9); quien fue despreciado y desechado entre los hombres; quien fue herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados; quien fue llevado como cordero al matadero; quebrantado angustiado y afligido en su alma para lograr la justificación de muchos (Isaías 53: 3 – 11)… Repito: Y con todo esto que conocemos y puestos los ojos en Jesucristo… No alcanzamos a dimensionar en nuestra mente humana, el infinito Amor de Dios por nosotros, sus hijos.

…Pero nosotros, sí somos conocidos por Él (1 Corintios 8: 3).

En este punto, debo referirme también, a quienes están impedidos de conocer a Dios y a su Sublime Obra de Amor, en la Persona de Jesucristo.

Estos son, quienes no fueron depositarios del Amor de Dios.

Estos son, aquellos a quienes el Señor Jesús les habló de esta manera:

Juan 5:

42. Mas yo os conozco, que no tenéis Amor de Dios en vosotros.

(R. V. 1960)

Estos, son simplemente muertos.

¿Por qué será que Dios, a unos les puso su Amor y a otros no?

Pregunto de otra manera:

¿Por qué será que Dios predeterminó a unos para Resurrección y Vida Eterna (Isaías 26: 19) y a otros para ser siempre muertos (Isaías 26: 14)?

Revisemos algunos versículos que nos den la respuesta a estas preguntas, en relación al Conocimiento que tenemos acerca del infinito y eterno Amor de Dios por su pueblo elegido:

Juan 3:

16. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(R. V. 1960)

Este es el versículo central de la revelación bíblica acerca del Amor de Dios por el mundo entero.

De este versículo, se desprenden las revelaciones acerca de la predestinación para la Salvación de la que fuimos acreedores por Gracia, todos los que recibimos la potestad de ser hechos hijos de Dios.

He podido escuchar a muchos predicadores, que en sus discursos, demuestran que aún tienen problemas en entender y explicar el misterio de la predestinación, lo cual está escrito explícitamente en (Éxodo 19: 5 – 6; 33: 16; Levítico 20: 24; Deuteronomio 4: 20; 7: 6; 10: 15; 14: 2; 26: 18 – 19; Salmo 135: 4; Isaías 43: 20 – 21; Mateo 20: 16; 22: 14; 24: 22, 24, 31; Marcos 13: 20, 22, 27; Lucas 18: 7; Hechos 2: 47; 13: 48; Romanos 8: 29 – 30, 33; 11: 7; Efesios 1: 3 – 5, 11; Colosenses 3: 12; 2 Timoteo 1: 9; 2: 10; Tito 1: 1; 2: 14; 1 Pedro 1: 2; 2: 9; Apocalipsis 17: 14).

No es mi intención ahora el tratar de analizar el Misterio de la predestinación, ya que siguiendo el orden de enseñanza que me sugiere el Espíritu Santo, esta explicación vendrá más adelante, en futuras entregas.

Pero sí dejo en claro desde ahora, que si la Palabra de Dios dice que fuimos elegidos, predestinados, escogidos o apartados de Dios y para Dios, desde antes de la fundación del mundo, para ser hechos hijos de Dios, para Salvación y para reinar con Cristo (Apocalipsis 1: 8), es porque así es y no hay vueltas que dar.

Esto descarta la teoría de que todos los seres humanos son hijos de Dios.

¿Por qué darle vueltas a las cosas?

¿Por qué contender con la Palabra de Dios?

Los que tienen negocios con el mundo de los muertos, predican la famosa frase estereotipada de “todos somos hijos de Dios”, siendo que muchos que así predican, también son muertos y jamás vivirán, porque jamás serán soltados de los sepulcros del mundo al que pertenecen.

¿Por qué tratar de encontrarle a la Palabra de Dios, términos medios, según proponen algunos predicadores, queriendo suavizar los términos radicales de las Escrituras?

Es que las Escrituras al mismo tiempo, que nos revelan que Dios tiene sus elegidos, también nos revelan que hay otros no elegidos, que por no estarlo, ya están muertos.

A muchos les da miedo predicar con claridad esta Verdad que abiertamente exponen las Sagradas Escrituras; y a ese miedo lo quieren camuflar, encontrando pretextos para hacer transaccionar la Verdad sobre “la elección de los que viven”, con razonamientos humanos que no ofendan a los que ya están muertos, a falta de tal elección.

Revisen lo que dice el evangelio:

Romanos 9:

13. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

20. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?

21. ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

22. Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,

23. y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria.

24. a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados, Dios amó a todo el mundo como lo menciona el Señor Jesús en (Juan 3: 16); pero no predestinó a todo el mundo.

¿A quién predestinó entonces?

¿A los buenos?

Pero las Escrituras dicen que “no hay un justo, ni siquiera uno” (Salmo 14: 3; Romanos 3: 10).

Este misterio de la predestinación en el Amor de Dios a sus escogidos, tiene su origen desde antes de la fundación del mundo; pero se manifiesta en los tiempos postreros con el sacrificio de Cristo (1 Pedro 1: 20); revelándose este Misterio que ha permanecido oculto desde tiempos eternos, por medio de la Palabra del evangelio (Romanos 16: 25).

El Conocimiento de este Misterio del Amor de Dios, es el que nos abre paso a la Fe (Romanos 16: 26).

Dios no elige a los buenos, porque no hay buenos.

Dios elige por Gracia, a los que él quiere elegir.

Los que son elegidos, no tienen ningún mérito para ser elegidos; simplemente fueron por Gracia, acreedores a la Misericordia de Dios (Romanos 9: 16).

Los elegidos de Dios, al recibir su Misericordia, recibieron la semilla de su Amor; y en su corazón Dios sembró el Temor de Dios (Jeremías 32: 40).

Los que no fueron elegidos para ser hijos de Dios, no recibieron la Misericordia de Dios, por tanto, no recibieron el Amor de Dios en su corazón. Ni hay en ellos el Temor de Dios (Salmo 14: 1; 53: 1; Romanos 3: 18). Por eso, sus corazones blasfeman contra Cristo.

Por tal motivo, en (Juan 3: 16), el Señor Jesús afirma que por el Amor de Dios para el mundo, Él fue sacrificado.

En (Juan 3: 18), el Señor Jesús afirma, que el que cree en Él, “no es condenado.”  No dice que el que crea en Él, no será condenado. Claramente expresa, que el hecho de creer en Cristo, es una condición espiritual, que procede de la Naturaleza de Dios, quien ha depositado su Amor en cada elegido, para que crea en su Hijo y en el sacrificio pactado para la Salvación.

La condición espiritual del que cree es condición eterna de elección y Salvación.

En el mismo versículo aclara, que quien no cree en Él “ya ha sido condenado”; es decir, que por condición espiritual ya está muerto.

En lo expresado anteriormente, observen mis amados, que el Señor Jesús no dice, que el que no crea será condenado. Lo que dice es, que los que no creen, es porque ya han sido condenados.

Claramente, sus palabras nos revelan, que en los que no creen, su incredulidad es causada por su condición de “no elección para salvación”.

Esta es una condición de haber sido ya condenados.

Por eso, en el versículo anterior, el Señor Jesús menciona lo siguiente:

Juan 3:

17. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.

(R. V. 1960)

Esta afirmación del Señor Jesús, nos revela que su venida al mundo no era para condenar a nadie, porque los que estaban predestinados a no creer en Él, simplemente, ya han sido condenados.

El Señor Jesús vino por “su pueblo” (Mateo 1: 21) elegido para Salvación, porque “su pueblo” es el escogido en el Pacto Eterno (Isaías 55: 3; Jeremías 32: 40) para Salvación y reinado eterno.

Muchos, que tropiezan con La Piedra de Tropiezo, que es la Palabra de Dios (1 Pedro 2: 8), para explicar esto de la predestinación, que es difícil de entender, apelan a la teoría del libre albedrío, que es una teoría aberrante propia de las doctrinas torcidas; y que lamentablemente la he oído predicar a muchos evangélicos de renombre, pero sin Conocimiento.

No quiero dilatarme en este momento, aclarando la falsedad de la doctrina del libre albedrío; pero con seguridad, más adelante en esta página, habrá lugar y tiempo para volver a tocar el tema con amplitud.

Volviendo al análisis del sello del Conocimiento con el que están marcados los escogidos de Dios, el evangelio afirma, que el infinito Amor de Dios, lo conocemos sólo en parte; y que lo conoceremos a plenitud cuando estemos con Cristo, cara a cara, porque ahora sólo lo apreciamos oscuramente, en las limitaciones físicas de nuestra vida terrenal (1 Corintios 13: 9 – 13).

Sin embargo, el mismo Apóstol Pablo que describe este Misterio, nos exhorta de la siguiente manera a conocer el Amor de Dios:

Efesios 3:

17. para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,

18. seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,

19. y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

(R. V. 1960

Con esta exhortación, podemos comprender, que aunque el Amor de Dios, es  inabarcable con el pensamiento humano, el solo hecho de conocer gracias al Sello del Conocimiento, que Cristo mora en nuestro corazón (Gálatas 4: 6), es ya conocerlo todo.

Esto resulta así, porque la Persona de Cristo es el Todo; y aunque el Todo, sea inabarcable para el pensamiento humano, en Este Todo, se manifiestan espiritualmente estos tres dones:

La Fe, la Esperanza y el Amor.

Dice el evangelio, que el Amor, es el mayor de los tres dones mencionados (1 Corintios 13: 13).

Por el hecho mismo de conocer por el Espíritu, esta Sublime Gracia de la que hemos sido dotados; y con la que estamos sellados, es que el Apóstol Juan dice, que “conocemos todas las cosas”:

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la Unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(R. V. 1960)

El que tiene el sello del Conocimiento, ¡lo tiene todo!

En el Sello del Conocimiento se evidencia el mismo Amor de Dios actuando en nuestras vidas llenas de Poder.

El Conocimiento es la Vida Eterna (Juan 5: 39)…

El Sello del Conocimiento es la misma Persona de Cristo, morando como un Sello Espiritual en nuestra naturaleza humana, dándonos Vida Eterna.

Tener el Sello del Conocimiento, es tener a Cristo y a la vez, conocer que tenemos a Cristo morando en nuestra humanidad y a la vez conocer que tenemos Vida Eterna.

Tener a Cristo morando en nuestro corazón es tener el Amor de Dios.

Tener el Sello del Conocimiento, es tener la consciencia de ese Amor de Dios que nos envuelve y que nos llena y que además nos hace conocer el Temor de Dios.

Todo el que tiene el sello del Conocimiento, tiene claro el Conocimiento de cuánto nos ama nuestro Padre; y por tanto, está resguardado de tres elementos que son nocivos para el espíritu:

La religiosidad, el temor y las doctrinas torcidas.

Estos tres elementos perniciosos, adulteran el mensaje de la Buenas Nuevas del Señor Jesucristo, pervirtiendo el evangelio de la Paz.

Los religiosos, no obran bajo la guía del Amor de Dios (Filipenses 2: 13) que es en Cristo Jesús, sino bajo los preceptos religiosos legalistas, inventados por hombres.

Con estos legalismos y tradiciones, juzgan al prójimo (Mateo 15: 9); y hacen sacrificios con los que se justifican a sí mismos.

Precisamente, son los religiosos, quienes rechazan el Amor de Dios, que es Cristo; y su Conocimiento (Lucas 11: 53, 57).

Lo rechazan a causa de su idolatría y de la dureza de sus corazones arrogantes y amadores de sí mismos (2 Timoteo 3: 2).

Conocer el Amor de Dios, es conocer que Dios no quiere sacrificios de nuestra parte, llámense estos, aflicciones autoimpuestas, pagos de dinero, abstinencias, tales como dejar de comer o como prohibirse el casamiento.

Hay gente especializada en alienar la mente de los débiles, mediante metodologías religiosas, haciéndoles temer con la venganza de Dios, si no cumplen con las exigencias de los preceptos y las exigencias que se han inventado creativa y maliciosamente, para extorsionarlos en nombre de Dios.

Lo peor de todo es que se apoyan en la Biblia, adulterando los mensajes (Apocalipsis 22: 18 – 19), para organizar sus empresas religiosas estafadoras, a las que llaman iglesias (Miqueas 3: 11).

Para la iglesia de Laodicea, que es la iglesia de los tibios, desventurados y miserables que son vomitados de la Boca de Cristo (Apocalipsis 3: 17), a mi criterio y como lo expresara el Señor Jesús, el castigo de ella, es más tolerable que para estos adulteradores de la Verdad (Mateo 10: 15), porque son peores, a causa de que no conocen el Arrepentimiento (Apocalipsis 9: 20 – 21; 16: 9; 11).

Quien no conoce el Amor de Dios, tiene temor de que al no cumplir con estas exigencias impuestas por los falsos pastores, Dios lo rechace.

Quien tiene el Sello del Conocimiento, conoce a cabalidad, lo que dice el evangelio:

1 Juan 4:

18. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

(R. V. 1960)

Para concluir esta entrega, les animo a que revisen los siguientes versículos, para que, como escogidos de Dios, afirmen la certeza de su Amor:

  • Nada nos puede separar del Amor de Dios (Romanos 8: 35 – 39).
  • Dios nos ató a Él, con cuerdas de Amor (Oseas 11: 4).
  • El Amor y la Misericordia de Dios para con nosotros son eternas (Jeremías 31: 3).
  • Nos hace conocer que fuimos escogidos antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4).
  • Nos hace conocer que no tenemos que hacer obras para agradarle porque ya le agradamos incondicionalmente (Efesios 2: 6 – 10).
  • Nos hace conocer que junto con Cristo nos tiene en alta estima (Isaías 43: 4).
  • Nos hace conocer que Él nos guarda y el maligno no nos toca (1 Juan 5: 18).
  • Nos hace conocer que ninguna arma forjada contra nosotros prosperará (Isaías 54: 17).
  • Nos hace conocer que no tenemos que darle a Él nada, porque es Él quien nos da todo, por tanto, nos defiende de los comerciantes del evangelio (2 Corintios 2: 17)

El Conocimiento de su infinito Amor, permite que el Sello de la Fe actúe en los hijos de Dios.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 39

 

38. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 37: Muchos perecen por falta de Conocimiento (Oseas 4: 6)

¡Amados de Dios!

Vamos en esta entrega, a proseguir con el análisis del Sello del Conocimiento.

Como dijimos al término de la entrega anterior; y de acuerdo al esquema con que me guía el Espíritu Santo en este estudio, recalco otra vez, que el Sello del Conocimiento, es la base de sustentación del Sello de la Fe

Si revisan la (entrega 27), recordarán que la Unción del Espíritu Santo con su Sello en los elegidos de Dios, es Una, Eterna y aplicada de una sola vez.

Recordarán también, que para hacer accesible la comprensión de esta Unción o Sello, El Espíritu Santo, nos ha privilegiado a este siervo y a quienes siguen esta página, con la enseñanza de este misterio, mediante un esquema didáctico descrito a manera de un proceso.

En este proceso, el Conocimiento, ocupa el cuarto momento del sellado; y sobre el cual, a continuación se añade el quinto momento, que corresponde al Sello de la Fe.

De este quinto momento, nos ocuparemos en una posterior entrega.

Sin más preámbulos, continuemos pues, con el análisis del Conocimiento:

Es por causa de que conocemos a Cristo, que creemos en Él.

Analicemos esto con detalle, apoyándonos como siempre en la Palabra de las Escrituras:

El evangelio afirma de manera impactante, que Cristo es el Autor y Consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Pues aquí tienen revelado en este versículo, otro nombre del Señor Jesús:

Él  es el Autor y Consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Ya hemos dicho anteriormente en otra entrega, que el Señor Jesús es el Conocimiento; y este, es otro de sus nombres.

Entonces, fijemos ahora, estos dos nombres del Señor Jesús:

a)     Autor y consumador de la Fe

b)    Conocimiento

Veamos ahora cuál es, el misterio revelado en (Hebreos 12: 2):

Este versículo menciona, que el Señor Jesús es el Autor y consumador de la Fe.

Como el Señor Jesús es el Conocimiento, entonces, el Señor Jesús es a la vez, el Conocimiento y el Autor y Consumador de la Fe.

Pareciera que redundamos en el análisis; pero es preferible repetir las cosas una y otra vez, para no dejar espacio a interpretaciones erróneas de la Palabra.

Sabemos que la Palabra en sí misma, es causa de caída (1 Pedro 2: 8) para los incrédulos; por eso, nuestro deber es predicarla con pureza, para que cale profundo en el corazón de los entendidos; pero sobre todo, para evitar que  tropiecen en Ella, los que aún son flacos en la Fe (Romanos 14: 1; 1 Corintios 8: 7; 9).

El Conocimiento entonces, no es un estado intelectual.

El Don del Conocimiento, es una Persona.

Esta Persona, mora establecida como un Sello en el corazón de todo escogido de Dios.

Esta Persona, es el mismo Espíritu de Cristo.

De acuerdo a lo que vamos analizando, concretemos entonces, que siendo la Fe y el Conocimiento la misma Persona, no puede entonces haber Fe, si no hay Conocimiento.

Esta Persona ha establecido, primero darse a conocer con el Sello del Conocimiento, para que quien ha sido elegido para conocerlo, pueda depositar su confianza en Él, con el Sello de la Fe.

Así vemos, que quien confía en esta Persona, es quien ha llegado a conocerla.

Repitamos, aunque parezca redundante:

Esta Persona es Cristo.

Si esta Persona que es el Conocimiento, no habita en el corazón del hombre, tampoco puede habitar la Fe, pues la Fe y el Conocimiento, son la misma Persona, o sea, Cristo.

Otra vez:

No puede haber Fe si no hay Conocimiento.

Aclaremos en este punto, que todo lo que estamos hablando referente al Sello del Espíritu Santo, es consecuentemente espiritual.

La Persona del Conocimiento, que es la misma Persona de la Fe, es espiritual.

Nada concerniente al Sello del Espíritu Santo, procede de los niveles carnales en que vive la persona natural.

Al contrario, la carnalidad de la persona que recibe el Sello, será vencida por el Poder espiritual del Sello (Romanos 12: 21; Gálatas 5: 16 – 17; Tito 2: 7).

Todo es así de espiritual, que cuando Abram recibió la orden de Jehová, de abandonar su tierra y su parentela para ir a la tierra que le mostraría (Génesis 12: 1), previamente, lo bautizó con Espíritu Santo; es decir, lo selló con Espíritu de Conocimiento y de Fe.

Jehová hizo que Abram conozca a Cristo; y además le mostró la tierra que le daría.

Cuando Jehová le dice: “Vete a la tierra que te mostraré” (Génesis 12: 1), le está dando el Conocimiento Espiritual, que es la evidencia mostrada por Jehová y vista por Abram, en la que se sustenta lo que las Escrituras llaman “la Fe de Abram.”

Dicho sea de paso, la tierra que Jehová le estaba mostrando, era por una parte, la porción geográfica destinada para ser habitada por sus hijos, que en su descendencia carnal, no serían más que polvo (Génesis 13: 16), o sea, la nación de Israel según la carne (1 Corintios 10: 18); y por otra parte, le estaba mostrando la tierra espiritual, o sea, la Israel de Dios (Gálatas 6: 16), que está por sobre la nación geográfica, la cual también es mencionada en el evangelio, como La Nueva Jerusalén (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10; 23 – 24), destinada para que eternamente fuese habitada por sus hijos, engendrados espiritualmente, en “la Fe de Abram.”

Estos hijos de la Fe, son tantos, que Jehová los comparó con el incontable número de las estrellas del cielo (Génesis 15: 5).

A todas sus estrellas Jehová conoce; y a cada una llama por su nombre (Salmo 147: 4).

Con el Conocimiento que se le otorgó a Abram, él conoció lo uno y lo otro, lo terrenal y lo espiritual que Jehová le otorgaría.

El Conocimiento fue la base su Fe.

Espiritualmente Abram vio todo lo que Jehová le mostró; y además habló con Dios, lo cual fue evidencia espiritual para creer en Cristo Jesús, por el Sello de la Fe.

Por este Sello, Abram creyó y le fue contado por Justicia (Génesis 15: 6).

Ninguna obra hizo Abram para recibir el Conocimiento y la Fe. Simplemente, recibió el Sello, por Gracia.

Quienes no han recibido este Sello, son los que, ni aun viendo con los ojos las evidencias de las maravillas que Dios ha hecho en Cristo Jesús, pueden creer en Él.

Tal es el Conocimiento que de Cristo tuvo Abram, que mencionado por el mismo Señor Jesús, Abram se gozó viéndolo desde la distancia:

Juan 8:

56. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó.

(R. V. 1960)

Miles de años antes de la venida del Señor Jesús al mundo, Abraham lo vio, no con ojos físicos, sino con la Unción o Sello del Espíritu.

Mientras por otra parte, quienes tenían el conocimiento de la existencia del Señor Jesús; y viéndolo en Persona, realizar tantos prodigios y milagros, a causa de sus corazones endurecidos por no tener el Sello de la elección, no tuvieron acceso al Conocimiento; y menos, pudieron creer en Él (Juan 8: 19; 59).

Esta incredulidad, ocurrió no sólo en la época del ministerio del Señor Jesús en la tierra, sino que ocurre a gran escala en la actualidad; y ocurrió también con la mayoría de sus compatriotas israelitas, mientras cruzaban el desierto, como lo narra el Antiguo Testamento, en medio de tantas maravillas que hacía con ellos, la Roca Espiritual, que es Cristo (1 Corintios 10: 1 – 5).

Esta es la razón por la que, de la mayoría de ellos no se agradó Dios (1 Corintios 10: 5); y por eso, los incrédulos no entraron jamás en su Reposo (Hebreos 3: 17 – 18), o sea, en Cristo, o lo que es lo mismo, jamás tuvieron acceso al Sello del Espíritu Santo.

Aunque estos israelitas incrédulos fueron circuncidados carnalmente en el prepucio, jamás fueron circuncidados en el corazón, o sea, en Cristo, que es el Sello o Bautizo del Espíritu (Colosenses 2: 11).

No fueron bautizados, a causa de que jamás estuvieron elegidos para ser el pueblo espiritual de Dios; y es de este modo, que perecieron por falta de Conocimiento (Oseas 4: 6; 1 Corintios 10: 5; 8 – 10).

El evangelio también nos revela, que todos los escogidos de Dios, descritos en el Antiguo Testamento, murieron mirando de lejos, creyendo y saludando a Cristo, muchos siglos antes de su venida, confesando que en la tierra sólo eran peregrinos (Hebreos 11: 13).

Ahondando más en el tema:

En (Hebreos 11: 6), el evangelio menciona que “sin Fe es imposible agradar a Dios.”

Reciban aquí, esta revelación:

Para agradar a Dios, no hay que hacer nada, simplemente, Dios ve si en el corazón de un hombre, se encuentra morando la Persona de su Hijo.

Por esta razón es, que las Escrituras afirman con toda claridad, que Dios no se fija en la apariencia externa de la persona, sino en su corazón (1 Samuel 16: 7).

Como veremos más adelante en estregas futuras, la Fe no es un estado anímico ni mental, sino el mismo Espíritu de Cristo, habitando y produciendo todas las cosas en el corazón del elegido de Dios.

También, por esta razón es, que el evangelio menciona en (Romanos 8: 1), que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”

¿Qué condenación puede haber para un hijo de Dios, que tiene en su corazón morando al mismo Primogénito Hijo de Dios?

También menciona el evangelio, que los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8: 14).

¿Para qué nos guía el Espíritu de Dios?

Nos guía para conocer a la Persona del Conocimiento (1 Juan 5: 20), que mora en nuestros corazones.

¿Para qué habría de querer Dios, que conozcamos a la Persona del Conocimiento?

Precisamente, quiere que conozcamos a Cristo, para llevarnos en la Fe, a la misma tierra que le prometió a Abram (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10; 23 – 24).

Así lo quiere Dios, porque al hacernos conocer en qué consiste el Sello del  Conocimiento con el cual estamos sellados, llegamos a ser capaces de comprender, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del Espíritu de Cristo (Efesios 3: 18).

Así lo quiere Dios, para que en este Conocimiento de su Hijo, se produzca en sus escogidos, el crecimiento de la Fe (1 Pedro 2: 2), que fue depositada como un grano de mostaza (Mateo 17: 29; Lucas 17: 6), hasta que llegue a la medida de la plenitud de Cristo (Efesios 4: 13).

Como podemos apreciar, de ninguna manera, el Conocimiento se trata de una habilidad intelectual carnal.

Repito: Se trata de la Persona de Cristo, que es totalmente espiritual.

Ahora, profundicemos un poco más:

Ya vimos en una entrega anterior, que el Señor Jesús también es el Pacto Eterno. Este es otro de sus nombres.

Otra vez:

El Señor Jesús, es el Pacto Eterno.

El Conocimiento y el Pacto Eterno, son la misma Persona; o sea, la Persona de Cristo, totalmente espiritual.

Veamos lo que al respecto, dicen las Escrituras:

Salmo 25:

10. Todas las sendas de Jehová son Misericordia y Verdad,

Para los que guardan su Pacto y sus Testimonios.

(R. V. 1960)

Lo que este versículo nos revela es, que el mismo Señor Jesús, en sus diferentes nombres, es la Misericordia, la Verdad y el Pacto, que habita guardado en el corazón de los escogidos de Dios, como un tesoro depositado en vasija de barro (2 Corintios 4: 7).

Aclaro, cuando el versículo dice: “Para los que guardan su Pacto”, lo que está revelando esta frase es, que por Dádiva Perfecta (Santiago 1: 17) de Dios, sus elegidos tienen en sí mismo, guardado el Buen Depósito del Espíritu Santo (2 Timoteo 1: 14).

Esto es por Gracia, nada es por obra nuestra.

Muy claramente las Escrituras mencionan, que Dios hace conocer su Pacto sólo a sus escogidos, o sea, a los acreedores de su Gracia.

Para comprobar lo anterior, por favor, lean (Salmo 25: 14).

Es así, que sólo a sus escogidos, Dios hace conocer al Conocimiento, o sea, a su Pacto.

Quien tiene el Sello del Conocimiento, tiene en sí mismo el Pacto Eterno.

Por el Sello del Conocimiento, los escogidos de Dios, llegan a conocer perfectamente en qué consiste el Pacto Eterno.

Por el Conocimiento del Pacto Eterno, tenemos siempre la seguridad de la Promesa del Espíritu, recibida por la Fe (Gálatas 3: 14); y en la Fe abundamos siempre, como receptores de toda Gracia (2 Corintios 8: 7).

Por el Conocimiento del Pacto Eterno, andamos siempre confiados, tal como dice la Palabra en:

Salmo 9:

10. En ti confiarán los que conocen tu Nombre,

Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.

(R. V. 1960)

Por el Conocimiento del Pacto Eterno, quienes guardan el Pacto (Salmo 25: 10), no podrán jamás ser confundidos (Salmo 31: 1).

Dice el Señor Jesús, que “Satanás engañará si le fuese posible, aún a los escogidos.” Es muy claro cuando dice: “Si le fuese posible” (Mateo 24: 24).

El Señor Jesús sabe, que engañar a los escogidos, que son los que guardan su Pacto y su Conocimiento, no es posible.

Quienes son confundidos y perecen en el engaño, son quienes desecharon el Conocimiento (Oseas 4: 6), o sea, aquellos, quienes se rebelaron contra Dios (Isaías 41: 11), causa por la cual, no pudieron ser engendrados de Dios, al no ser partícipes de la Fe de Abraham.

El Conocimiento que tenemos de Cristo, es la Obra Perfecta de Dios (Juan 6: 29), que nos lleva a conocer al Conocimiento, que es Cristo, quien por Don de Dios, se encuentra morando en nuestro interior (1 Juan 5: 20), guiándonos en todo (Romanos 8: 14) y manifestándose en todo lo que hacemos (Filipenses 2: 13).

En este punto, quiero recalcar, que en las diversas religiones y sectas, muchas de ellas que dicen ser cristianas, sus doctrinas están basadas en la adoración idolátrica a otras deidades que no son Cristo.

Estas religiones o sectas, se proyectan en la realidad espiitual de un tenebroso sincretismo, creyendo que porque mencionan el nombre de Cristo, o porque lo alaban, mezclando sus alabanzas con adoración a otras deidades, están en camino de vida, cuando por el contrario, están en camino de muerte (Proverbios 16: 25).

No quiero prolongarme por ahora, en este análisis. Simplemente piensen mis amados, que si el Verdadero Conocimiento se encuentra habitando en el corazón de todo elegido de Dios, ¿podría este Conocimiento Viviente, que es Cristo, alabar a un ídolo muerto o a otro dios inventado, que no sea el Dios Altísimo, Creador de los cielos y la tierra?

¡¡Claro que no!!

¿Ven por qué menciona el evangelio, que hay muchos enfermos y debilitados y muchos mueren, entre todos aquellos que mencionan el nombre de Cristo sin discernir su Espíritu (1 Corintios 11: 30); y todo esto, por falta de Conocimiento?.

Continuemos…

Con la Persona del Pacto Eterno morando en nuestro corazón, es que se nos revela en su Conocimiento, cuánto Dios nos ama.

El Pacto Eterno (Jeremías 32: 40), es Pacto de Amor Eterno (Jeremías 31: 3).

Todo el que está Sellado por el Espíritu Santo, tiene este Amor; y está en el Pacto; y tiene este Conocimiento.

Conocer cuánto Dios nos ama, es los que nos da la mayor certeza, acerca del Poder, del cual estamos fortalecidos (Efesios 2: 16; 3: 20; 6: 10).

El Conocimiento del Amor de Dios, es el Conocimiento con el que somos sellados los hijos de Dios.

De este Conocimiento que sobrepasa todo conocimiento (Efesios 3: 19), es que se desprende nuestro Conocimiento, acerca de todo lo demás, concerniente al Reino de Dios y a las riquezas en Gloria (Filipenses 4: 19) que nos pertenece a los hijos de Dios, como coherederos que somos, de Cristo Jesús (Romanos 8: 17).

De la misma forma en que la Paz que Dios nos da, sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4: 7), asimismo, el Amor que Dios nos da, sobrepasa todo conocimiento (Efesios 3: 19).

De esta forma, el estar apercibidos de la Paz de Dios que mora en nuestro corazón, es que tenemos la señal del Entendimiento con el que estamos sellados. Este es un Entendimiento, que sobrepasa todo entendimiento.

De igual manera, el estar apercibidos del Amor de Dios que recibimos por herencia eterna y que se manifiesta abundantemente como Testimonio en nuestras vidas terrenales, es la señal del Conocimiento con el que estamos sellados. El Conocimiento de este Amor, excede a todo conocimiento.

Continuará….

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 38

 

 

37. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 36: “Quien tiene la Unción del Santo, conoce todas las cosas” (1 Juan 2: 20).

¡Amados de Dios!

En esta entrega, vamos a abordar el análisis del cuarto componente del Sello del Espíritu Santo, elemento que a su vez, corresponde al segundo momento del proceso del sellado (implementación del Sello), que Dios aplica en sus escogidos, o sea, en su pueblo amado, o lo que es lo mismo, en su Jerusalén Celestial.

Como siempre, haremos el análisis, sustentando toda afirmación en la Palabra de las Sagradas Escrituras.

Mientras vamos avanzando en el análisis del proceso de sellado del Espíritu Santo, les sería conveniente en este momento, remitirse a la entrega veintisiete (27), para que hagan una breve revisión de los momentos y elementos que componen este proceso, cuya estructura no se debe perder de vista.

También sugiero revisar la (entrega 24), la cual les hará recordar que en el análisis del proceso de aplicación del Sello del Espíritu Santo que Dios hace en su pueblo, tampoco se debe perder de vista la dimensión eterna de esta aplicación, esto es, hay que tener presente que el Sello con todos sus elementos e implicaciones, es eterno y aplicado de manera eterna y no por partes.

De tal forma que, la descripción de la aplicación del Sello, tal como expongo en estas enseñanzas secuenciales, proyectada con el diseño de un proceso, es una guía didáctica, con la que el Espíritu Santo me instruye, para que a su vez, los santos que siguen esta página, tengan acceso a una compresión práctica de este misterio, que no es fácil de comprender.

Quizás por la falta de compresión de este misterio, es que se cometen muchos errores en la evangelización y quienes tienen a cargo la enseñanza y la predicación, llevan a sus rebaños a conceptos equivocados, que los hace tropezar y caer en la religiosidad.

De los rebaños pastoreados con enseñanzas equivocadas, será el Verdadero Pastor, quien por Sí mismo se haga cargo de apacentar a sus ovejas, escribiendo en sus corazones, el Verdadero Conocimiento (Jeremías 3: 15; 1 Pedro 5: 4).

Por cierto, sería siempre bueno, que quien desee a través de esta página, comprender sin tropiezo este misterio, hiciera el esfuerzo de leer la misma,  desde la primera entrega.

Si usted lo ha ido haciendo en forma regular, no es necesario por ahora, más que revisar las entregas sugeridas anteriormente (24 y 27).

Con estos preliminares, empecemos pues esta entrega, con el análisis del “Conocimiento”, el cual es el cuarto elemento correspondiente al segundo momento (implementación del Sello) del divino proceso de sellado del Espíritu Santo.

Secuencialmente y siguiendo atentamente la revelación del Espíritu Santo, el “Conocimiento” se ubica como el cuarto momento del proceso de sellado, luego de un tercer momento, que corresponde al “Entendimiento”, el cual, ya ha sido ampliamente descrito en las entregas anteriores.

Ahora confirmemos con los siguientes versículos, esta secuencia establecida por Dios en el proceso de sellado, en la cual ratificamos, que el Conocimiento surge a partir del Entendimiento:

Salmo 119:

125. Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios.

(R. V. 1960)

Observen en el versículo mencionado, que el Conocimiento se deriva del Entendimiento previo.

Efesios 1:

17. para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,

18. alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

(R. V. 1960)

Observen que en estos dos versículos anteriores, el Conocimiento de Cristo y de la esperanza a la que Él nos ha llamado, se derivan de la revelación que nos brinda el Espíritu de Entendimiento y de Sabiduría.

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Observen en el versículo anterior, que el Conocimiento del Verdadero Dios, que es el Señor Jesucristo, es consecuencia del Entendimiento que Él mismo nos ha dado.

Jeremías 9:

24. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

(R. V. 1960)

Una vez más en el versículo anterior, observen la secuencia que nos instruye acerca del Conocimiento, como elemento derivado del Entendimiento previo.

Como pueden ver mis amados, el Conocimiento que Dios aplica como Sello en sus elegidos, es el Conocimiento de Cristo Jesús, al cual no podríamos acceder, si previamente, el mismo Cristo no nos hubiera aclarado el Entendimiento.

El evangelio nos revela que este cuarto elemento del proceso de la implementación del Sello del Espíritu Santo en los elegidos de Dios, es un elemento precioso y fundamental en la vida espiritual de todo hijo de Dios.

¿Saben por qué el Conocimiento es relevantemente fundamental?

Dejemos que la Santa Palabra de Dios nos responda por Sí misma, mediante el siguiente versículo:

Juan 17:

3. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

(R. V. 1960)

Estas palabras son pronunciadas por el mismo Señor Jesús, quien afirma, que la vida eterna, consiste en el Conocimiento de Él. Esto claramente indica, que sin su Conocimiento no hay vida eterna (Juan 5: 39; 1 Juan 5: 20).

Se desprende entonces, que quien tiene el Conocimiento de Cristo, ya tiene la vida eterna.

Lo que toca ahora, es preguntar:

¿Qué es lo que conocen quienes tienen el Conocimiento de Cristo y que por ende tienen la vida eterna?

Como hijos de Dios que somos, sellados con el Espíritu de Conocimiento podríamos responder abreviadamente:

¡¡Lo conocemos todo!!

Esta respuesta parece muy arrogante y para el mundo incrédulo, sería motivo de escándalo el escucharnos pronunciar esta afirmación.

La pregunta consecuente es:

¿Qué es conocer todo?

¡Pues, es conocer a Cristo, porque Cristo es Todo!

Porque todo lo es por Él, de Él, en Él y para Él (Romanos 11: 36).

Y aunque al mundo incrédulo, esta respuesta pareciera ser insensata, yo les puedo asegurar que es sobrenaturalmente inteligente.

Esto lo aseguro, apoyado como estoy, en la misma Palabra de Dios expuesta en los siguientes versículos:

Proverbios 9:

10. El temor de Jehová es el principio de la Sabiduría,

Y el Conocimiento del Santísimo es la Inteligencia.

(R. V. 1960)

En este versículo, la Palabra nos dice que el hombre verdaderamente inteligente, es quien conoce a Cristo.

Así pues, mis amados, al conocer a Cristo, no sólo que tenemos asegurada la vida eterna, sino que contrariamente a lo que el mundo cree, resulta ser, que los hijos de Dios, somos los inteligentes y no así, los hijos del mundo.

Como ustedes podrán comprender, los que actúan inteligentemente son los inteligentes, y estos son los que conocen cómo actuar.

La gente del mundo sabe cómo actuar para la carne y para el mundo, o sea, para lo pecaminoso.

La gente que tiene el Sello del Conocimiento y que por tanto pertenece al Reino de Dios, sabe cómo actuar, pero para el bien, o sea, para Cristo (Romanos 12: 21; 16: 19; Tito 2: 12; 3: 8).

En el Reino de los Cielos, no se puede entrar con la inteligencia del mundo, sino con la inteligencia que surge del Conocimiento de Cristo.

Así es que, los que actúan con la Inteligencia o Conocimiento de Cristo, son los que entran en el Reino de los Cielos.

Para el resto está impedida su entrada, mientras no sean sellados con el  Conocimiento.

Así pues, el mismo Cristo es la Inteligencia y es el Conocimiento.

Aquí tienen ya, otros dos nombres del Señor Jesús.

¡Él es la Inteligencia!

¡Él es el Conocimiento!

Jeremías 31:

33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(R. V. 1960)

En los dos versículos anteriores, la Palabra es muy clara al decirnos, que quienes conocemos a Cristo, lo conocemos todo, pues Él mismo, ha escrito en nuestro corazón, su Nombre y su Ley, por Pacto.

Ese Pacto es el Sello del Conocimiento.

1 Corintios 2:

16. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

(R. V. 1960)

En este versículo, está más claro aún, que lo conocemos todo, porque tenemos la mente de Cristo.

¡Cristo lo sabe todo!

En Él están escondidos todos los tesoros de la Sabiduría y el Conocimiento (Colosenses 2: 3).

¿Saben por qué tenemos la mente de Cristo?

Pues, porque Cristo mora en nuestro corazón. De tal forma que nuestra mente no es carnal, sino espiritual en Cristo.

En consecuencia, en nuestro corazón convertido, moran todos los tesoros de la Sabiduría y el Conocimiento.

Es así, que no somos más nosotros, sino Cristo es quien vive en nosotros (Gálatas 2: 20) y es Cristo, quien obra en nuestro querer y en nuestro hacer (Filipenses 2: 13).

¡Amados de Dios!, el Sello del Conocimiento nos enseña que en nosotros habita el Conocimiento; o sea, nos enseña que conocemos todas las cosas.

Analicen los siguientes versículos:

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

(R. V. 1960)

Como ven, en estos dos versículos anteriores, se aclara más aún, nuestra respuesta a la pregunta de sobre qué es lo que el Sello del Conocimiento nos hace conocer.

En nosotros mora Aquel (1 Corintios 15: 27) que conoce todo y Él es el que actúa en nuestro querer y hacer (Filipenses 2: 13).

Creo que la Palabra por Sí misma nos ha respondido en forma categórica; sin embargo, para que nuestro análisis sea satisfactorio en los frutos de la enseñanza, debemos enfatizar más, en el análisis del Conocimiento.

En la próxima entrega describiremos, aunque sea, unas cuantas, de las cosas que conocemos de Cristo; y que conocemos por el Sello del Conocimiento, si bien, todas las cosas que venimos tratando desde el principio de las enseñanzas de esta página, son producto del Conocimiento de Cristo.

Las cosas que ahora nos proponemos enfatizar con respecto a lo que conocemos por el Sello del Conocimiento, sustentados como siempre en la Palabra de las Escrituras, tienen el objetivo, de hacer que revisemos, recordemos y retengamos con firmeza en nuestra mente y en nuestro corazón, este Conocimiento, pues el mismo, es un elemento del Sello del Espíritu Santo, que está vivo y operante como cuerpo espiritual que sustenta y alimenta el Sello de la Fe (1 Corintios 2: 5; Tito 1: 1; Filemón 1: 6).

En orden secuencial, la Fe, es el próximo elemento del Sello del Espíritu Santo a ser descrito; y como veremos más adelante, el Sello de la Fe, es el que nos purifica, nos justifica, nos glorifica, nos da poder en la obediencia, nos hace manifestar el fruto del Espíritu y nos envía a predicar el evangelio eterno de Jesucristo (Marcos 16: 15 – 18).

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 37

 

 

36. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 35: “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin Entendimiento.” (Salmo 32: 9)

¡Amados de Dios!

La última entrega concluimos diciendo, que cuando los escogidos de Dios reciben el Entendimiento, es cuando el mismo Señor Jesucristo les quita el velo que antes les impedía entender (2 Corintios 3: 14).

Podríamos decir de manera resumida, que cuando El Señor Jesucristo quita el velo, es el momento en que Él pone el Sello del Entendimiento en los escogidos de su pueblo.

En el versículo mencionado, el Espíritu afirma, que quienes tienen el entendimiento embotado a causa del velo, no pueden entender el significado de la alegoría histórica y viviente, que representa todo lo que Dios ha escrito en el Antiguo Testamento.

Todo el misterio de Dios, oculto en la narración del Antiguo Testamento, sólo se llega a comprender con Revelación.

¿Qué es la Revelación?

¡Pues, es la Persona de Cristo!

Para los que van siguiendo estas entregas, aquí tienen otro nombre del Señor Jesús: Él, es la Revelación.

Puesto que Cristo Mismo, es el Entendimiento, no hay Revelación sin Entendimiento; y el Entendimiento con todas las cosas reveladas, sólo es otorgado a los escogidos de Dios, o sea, a los escogidos en Cristo (Efesios 1: 3 – 4). Así lo menciona el siguiente versículo:

Deuteronomio 29: 29. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

(R. V. 1960)

Todo el Antiguo Testamento, describe la historia del hombre en su relación con Dios; y esta historia expone la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde la eternidad (Romanos 16: 25).

¿Cuál es este misterio oculto?

Este misterio, es la relación eterna de Dios con las almas que Él ha creado, para la conformación de su Reino.

En este misterio, se encierra la historia de la claudicación de las almas a causa de sus rebeliones contra el Trono de Dios; se encierran sus quebrantos y castigos ocasionados por la ira de Dios (Joel 1: 4; Isaías 54: 16); se encierran sus arrepentimientos ante los castigos y sus promesas ofrecidas y no cumplidas (Eclesiastés 5: 4 – 5), ante la incapacidad de ajustarse y de sujetarse en perfección a la Ley de Dios.

En este misterio, se encierran todos los tesoros de la Sabiduría y el Conocimiento (Colosenses 2: 3).

Pero sobre todo, en este misterio, se encierran las promesas del Pacto Eterno (Efesios 1: 3 – 4); y la restauración de todas las cosas (Joel 2: 25; Hechos 3: 21).

Este misterio es Cristo.

Cristo se revela a Sí Mismo por su propia presencia en el corazón de los escogidos de Dios.

El Antiguo Testamento, desde Génesis hasta Malaquías, expone abiertamente a Cristo; pero sin el Sello del Entendimiento, ningún ojo que no sea entendido puede leer el mensaje espiritual de las Escrituras; por tanto, sin Entendimiento, nadie puede conocer a Cristo.

¿Qué diremos pues, a este respecto?

Que si Cristo, sólo se revela en los escogidos de Dios, es porque estos han sido dotados del Entendimiento, o sea, han sido dotados con el Sello de Su Presencia en sus corazones.

Entonces, también podemos afirmar, que quienes reciben el Entendimiento, pueden comprender e interpretar correctamente en el Espíritu, la realidad espiritual del contenido del Antiguo Testamento.

Por otra parte, sabemos que el Nuevo Testamento, es la revelación del contenido espiritual del Antiguo Testamento; pero tampoco, es posible entender el Nuevo Testamento, sin haber sido circuncidado con el Sello del Entendimiento.

Este Sello, como ya hemos dicho; y aunque parezca redundante, lo decimos otra vez: Es el Mismo Cristo (Colosenses 2: 11).

Veamos lo que dicen los siguientes versículos:

Romanos 1:

17. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

(R. V. 1960)

¿Quién es el Autor y Consumador de la Fe? (Hebreos 12: 2).

¡Pues, es Cristo!

Ya tienen aquí, otro nombre del Señor Jesús.

Sólo se puede entender el Nuevo Testamento, si el Mismo Señor Jesucristo quita el velo.

Es así que, sólo despojadas del velo, las personas pueden entender el contenido completo de las Escrituras.

Entendiendo las Escrituras, entendemos a Cristo; y a su vez, entendiendo a Cristo, entendemos las Escrituras, pues el contenido completo de las Escrituras es Cristo.

Veámoslo así:

Cristo quita el velo, para dejarse ver a Sí Mismo.

Romanos 16:

25. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,

26. pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,

27. al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.

(R. V. 1960)

De acuerdo a lo que mencionan estos versículos, se hace necesario decodificar con un poco de detalle, cómo es que el Señor Jesucristo lleva a efecto este proceso espiritual, en el que quita el velo en los escogidos de Dios, para darles Entendimiento y revelarles el misterio acerca de su Persona.

Cuando el Señor Jesucristo quita el velo y aclara el Entendimiento, lo que está haciendo, es grabar el Sello de su Espíritu, lo cual conlleva al que está sellado, al conocimiento de su Persona, por la revelación de su evangelio (1 Juan 5: 20).

Con el Entendimiento, podemos entender el evangelio de Jesucristo, que es eterno. Este evangelio está contenido en el Espíritu de la Palabra, grabado en el Antiguo y el Nuevo testamento.

Podemos decir entonces, que en su totalidad, la Palabra escrita en el Antiguo y el Nuevo Testamento, es Cristo (Juan 6: 63).

En esta entrega, escudriñemos pues la Palabra, para dar respuestas a las siguientes dos interrogantes, que es necesario responder:

A)   ¿En qué consiste el velo que quita Cristo?

y

B)    ¿Qué es lo que el tal velo no permite entender?

Comencemos pues, con el análisis:

¿EN QUÉ CONSISTE EL VELO?

Dicho en forma simple, el velo es todo lo material, terrenal, carnal, que impide discernir los designios del Espíritu; y en último término, impide conocer a Cristo.

Este velo, hace que las personas piensen con mente material, terrenal, carnal.

El evangelio bien lo certifica:

1 Corintios 2:

16. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

(R. V. 1960)

También el evangelio nos exhorta:

Efesios 4:

23. y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

(R. V. 1960)

Cuando nos renovamos en el espíritu de nuestra mente, es cuando Cristo nos quita el velo y ya no somos más carnales, sino espirituales:

En este momento, tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2: 15 – 16).

Pero entendamos bien, que no podemos renovarnos a nosotros mismos por nuestra cuenta. Es Cristo, quien nos renueva; y es Él, quien nos quita el velo.

Este velo que nubla la mente y que nos impide el acceso al Entendimiento, es el que derriba el Señor Jesús con su muerte en la cruz.

Este velo, es el que alegóricamente Dios hace patente en forma material ante el ojo humano y ante el registro histórico, cuando en el momento mismo de la muerte de su Hijo, rasga dentro del templo, la gran cortina de hierro (Mateo 27: 50 – 51) que apartaba al hombre religioso del Lugar Santísimo (Hebreos 9: 3: 10: 20).

Es así en la realidad espiritual:

Con el velo, estamos apartados de Dios, porque no podemos ver a Cristo, que es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1: 15).

Este es el velo de tinieblas, que Cristo rasga en la mente de cada uno de los escogidos de Dios, para que entre la Luz como Sello de Entendimiento; es decir, para que entre Cristo.

Como ven, Cristo rasga el velo de tinieblas para entrar Él mismo a tomar posesión de nuestro espíritu y cambiar nuestra naturaleza espiritual.

Así que, cuando entra Cristo a habitar en cada corazón elegido de Dios (Gálatas 4: 6), ya podemos decir:

“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2: 20).

Este es el velo, que una vez rasgado con la espada del Entendimiento, nos hace ver y entender el misterio del Pacto Eterno (Isaías 55: 3), revelado en Cristo crucificado y resucitado.

¿Qué es el Pacto Eterno?

¡Pues es Cristo! (Isaías 42: 6).

Una vez rasgado el velo, tenemos el paso libre al Trono de la Gracia, hacia donde podemos acercarnos confiadamente, para alabar al Padre y para tomar nuestra herencia de hijos (Hebreos 4: 16).

Este velo es una densa cortina espiritual de engaño y confusión, tejida con gruesas cuerdas de carnalidad.

La estructura carnal de velo, se afianza con los afanes del mundo y sus vanas filosofías; con la religiosidad y con la incredulidad.

Si de los afanes del mundo (Marcos 4: 19) se trata, sólo hay que mirar el mundo bajo la afirmación que hace el Señor Jesús en (Mateo 19: 16 – 24).

Este pasaje nos presenta al joven rico, que se fue triste oyendo al Señor Jesús decirle, que venda sus posesiones y que las de a los pobres. Este joven no pudo entender, que mayores riquezas tendría si hacía lo que el Señor Jesús le decía que hiciera.

Si observamos el mundo, bajo la afirmación que hace el Señor Jesús en (Lucas 16: 19 – 31), nos damos cuenta, que este pasaje está patente en la vida de muchos seres humanos.

A los ricos se les hace imposible entender, que sus riquezas materiales no se comparan con las riquezas que Dios tiene para sus hijos en el Reino de los cielos. Es más, les resulta imposible entender, que sus riquezas materiales les deparan tormentos en el infierno.

Dice el evangelio en Colosenses 2:

8. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

(R. V. 1960)

Y es que todos los sistemas terrenales, están diseñados por la potestad de las tinieblas (Lucas 22: 53), en base a filosofías y huecas sutilezas, que nublan la mente  de las personas; y como en una red (Salmo 10: 9; 25: 15; 31: 4) las atrapa con engaño y fantasía.

Las mentes no convertidas, están atrapadas en una realidad mágica que les cautiva.

El cautiverio es engañoso, porque el mundo tiene diseñados todos sus sistemas, de tal forma, que a manera de una red, envuelven las mentes de las personas en una falsa sensación de libertad (2 Pedro 2: 19), que les incita a la búsqueda diaria de la satisfacción material y al desarrollo permanente de nuevas ambiciones y placeres, a causa de lo cual, deben pagar un alto precio con sus vidas.

Esta falsa sensación de libertad en la búsqueda de la felicidad, es lo que les hace a las mentes no convertidas, resistirse (Oseas 4: 4; 2 Timoteo 3: 8) a abandonar la forma de vida que practican.

Mientras las personas están en cautiverio, actúan sin Entendimiento, porque la mente está nublada por el velo. O al revés, mientras están sin Entendimiento, continúan en el cautiverio de las sombras.

Sin Entendimiento, las personas que están cautivas de la ambición y los afanes del mundo, creen que honran a Dios al agotarse trabajando para alcanzar bienes materiales; y cuando consiguen sus bienes, creen que están bendecidas por Dios; y todo esto, a costa de la destrucción de su salud y del desmoronamiento de sus estructuras familiares.

Por otra parte, sin Entendimiento, las personas actúan también con espíritu religioso (Hechos 26: 5):

Revisen los siguientes versículos (Mateo 27: 1; Marcos 15: 1 – 3; Lucas 24: 20) y analicen, que los religiosos son quienes envidiaban al Señor Jesús; y son ellos, quienes entraron en consejo para prenderlo y asesinarlo.

Son los religiosos con sus artificios de religiosidad, los que corrompen la predicación de un evangelio que no entienden, bridando discursos y enseñanzas, que utilizan la Palabra y la adulteran con la presentación de sus ídolos y de sus falsas doctrinas.

Sin Entendimiento, las personas en medio de su religiosidad, son incrédulas (1 Timoteo 1: 13; Hebreos 3: 12; 19):

Revisen (Marcos 16: 9 – 14), para que recuerden que los mismos discípulos del Señor Jesús, no creyeron cuando María Magdalena les contó que había resucitado.

Revisen (Juan 20: 24 – 29), para que recuerden la incredulidad de Tomás, ante la cual, el Señor Jesús afirmó: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

Por esta razón el evangelio menciona lo siguiente:

1 Corintios 1:

18. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

(R. V. 1960)

Para concluir, respondiendo en forma resumida a la primera pregunta, repito, el velo es una densa masa de sombras de muerte (Salmo 97: 2), tejidas en este valle de sombras de muerte (Salmo 23: 4), con obras de carnalidad, religiosidad e incredulidad, que nos impide ver la Gloria de Dios, en la figura de nuestro Señor Jesucristo.

Ahora, respondamos la siguiente interrogante:

¿QUÉ ES LO QUE EL VELO IMPIDE QUE VEAMOS?

Para dar respuesta a esta interrogante, observemos con atención el contenido del siguiente versículo:

Isaías 59:

10. Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos.

(R. V. 1960)

Eso es lo que nos pasa cuando no tenemos el Entendimiento, a causa de tener puesto el velo: Andamos tropezando como ciegos; y andamos en lugares oscuros de muerte.

Es difícil para unos e imposible para otros, entender que el Poder de Dios para nuestra Salvación, está en Cristo muerto en la cruz y luego resucitado.

Todos los aspectos de carnalidad, religiosidad e incredulidad que antes he mencionado y que conforman el velo, están establecidos como barrotes con cerrojos de hierro, que mantienen cautivas (Lamentaciones 1: 5; Ezequiel 12: 11) a las mentes de las personas, induciéndolas a que hagan la voluntad del que las tiene esclavizadas (2 Pedro 2: 19).

Para saber qué es lo que el velo impide que veamos, Dios nos presenta a lo largo de las Escrituras, la alegoría histórica de lo que es el cautiverio que nos vela el Entendimiento.

Amados de Dios, revisen (Éxodo 1: 1 – 14) y vean una alegoría histórica, en la opresión que sufrían los hijos de Israel. Entonces confirmarán en primer lugar, que mientras El Señor Jesucristo no nos quita el velo no podemos entender que vivimos esclavos.

Es así, que si pensamos espiritualmente, esta alegoría del Antiguo Testamento que han leído en sus Biblias, es la amonestación que Dios hace a su pueblo escogido, o sea, a su verdadero Israel, para que en los tiempos actuales, que por cierto, son los finales (1 Corintios 10: 11), reciban con la Palabra enseñada y predicada, su Sello del Entendimiento, que les haga entender, que en los caminos de sombras de muerte de este mundo, están siendo oprimidos por los administradores de los sistemas terrenales.

Así lo expresa Jehová en su Palabra:

Ezequiel 12:

11. Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así se hará con vosotros; partiréis al destierro, en cautividad.

(R. V. 1960)

Lamentaciones 1:

5. Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones; sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.

(R. V. 1960)

Pese a todo, a causa del pacto eterno, Dios cuida a su pueblo elegido, lo cuida, aún antes de darle el Entendimiento.

En su proceso Divino, Dios trabaja permanentemente (Juan 5: 17) para sacar a su pueblo de la esclavitud; pero su pueblo sin Entendimiento, se resiste a salir de la esclavitud, porque está acomodado satisfactoriamente al engaño del mundo.

Sin Entendimiento, somos presos del engaño.

Esto lo comprobamos, cuando vemos a personas que están recibiendo las bendiciones de Dios; y que en vez de agradecerle y alabarle, por el contrario, se empeñan en persistir en sus malas obras. Lo que es peor aún, andan inconformes y se vuelven más exigentes en sus carnalidades.

Una alegoría histórica de esto, es lo que nos muestran las Escrituras, acerca de inconformidad del pueblo israelita, de haber sido sacado de Egipto hacia la libertad. Estaban inconformes y murmuraban contra Moisés, porque recordaban en el desierto, el deleite de comer carne, cuando estaban en esclavitud:

Éxodo 16:

1. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;

2. y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

(R. V. 1960)

A las claras se ve, que el pueblo no tenía Entendimiento. Luego pasaron cuarenta años en el desierto y no entendían nada de lo que Dios estaba haciendo con ellos.

Así lo expresa Jehová cuando menciona lo siguiente:

Deuteronomio 29:

4. Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.

(R. V. 1960)

Así vemos en segundo lugar, que las mentes no convertidas, a causa de estar aún entorpecidas por el velo, no pueden entender que Dios está trabajando a su favor para sacarlas del cautiverio del pecado, en medio de las redes de este mundo.

Esta insensatez, producto de la falta de Entendimiento con que actúan las personas en la actualidad, es la misma insensatez de los israelitas que no entendían nada de lo que Dios estaba haciendo con ellos, para liberarlos de la esclavitud y llevarlos a la tierra que brota leche y miel (Éxodo 3: 8; 3: 17; Deuteronomio 8: 6 – 8).

Por eso, al igual que los israelitas mencionados en el Antiguo Testamento, las personas no convertidas del mundo actual, incluyendo los israelitas terrenales, siguen rebeldes, codiciando malas cosas y andando en idolatrías y en contiendas.

Estos eventos del Antiguo Testamento, los recuerda el evangelio como una alegoría histórica para que ahora, sirvan de ejemplo:

1 Corintios 10:

1. Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;

2. y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,

3. y todos comieron el mismo alimento espiritual,

4. y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

5. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.

6. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

(R. V. 1960)

La exhortación eterna que Dios hace a sus amados escogidos, para que reciban el Entendimiento, es esta:

Salmo 32:

9. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
porque si no, no se acercan a ti.

(R. V. 1960)

Bueno, sabemos que el Don del Entendimiento, es el Sello del Espíritu Santo, el cual, nadie aunque quiera, puede adjudicárselo a sí mismo por cuenta propia.

Lo que Dios nos revela en este versículo es, que sin el Sello del Entendimiento, la sabiduría del ser humano, es tal como lo define el evangelio en:

Santiago 3:

15: porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.

(R. V. 1960)

Con esta sabiduría sin Entendimiento, no podemos entender nada de lo que Dios está haciendo con nosotros, su pueblo amado.

Mientras que la Sabiduría que Dios nos otorga con el Sello del Entendimiento es, como lo define el evangelio en:

Santiago 3:

17. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

(R. V. 1960)

En resumen, podemos decir, que son dos cosas las que no nos deja ver el velo:

A)   La realidad total de nuestro cautiverio

Y

B)    A Cristo liberándonos del cautiverio

¿QUÉ SUCEDE CUANDO RECIBIMOS EL ENTENDIMIENTO?

Cuando el Señor Jesús nos quita el velo que nubla la mente y recibimos el Entendimiento, entonces nos convierte en “entendidos.”

Los “entendidos”, son aquellos que han sido sacados de la esclavitud de los sistemas del mundo, para ser puestos en el Reino de Dios.

Así lo expresan las Escrituras en diversos momentos:

Isaías 45:

2. Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos;

(R. V. 1960)

Salmo 126:

1. Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,
Seremos como los que sueñan.

2. Entonces nuestra boca se llenará de risa,
Y nuestra lengua de alabanza;
Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.

3. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;
Estaremos alegres.

(R. V. 1960)

Jeremías 46:

27. Y tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aquí yo te salvaré de lejos, y a tu descendencia de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quién lo atemorice.

(R. V. 1960)

Es así, que quienes han recibido el Sello del Entendimiento, han sido liberados de la esclavitud y son reconocidos por las Escrituras como “entendidos.”

Los “entendidos”, encajan perfectamente en el concepto y en la descripción que Dios hace de ellos por medio del profeta Daniel, de la siguiente manera:

Daniel 12:

3. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

(R. V. 1960)

Veamos de acuerdo a las Escrituras, qué efecto tiene el Sello del Entendimiento en quienes Dios lo ha aplicado, o sea, en los “entendidos”:

Salmo 119:

4. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.

(R. V. 1960)

Los “entendidos” guardan la Ley de Dios, no porque estén bajo el dominio de la Ley, sino porque la Gracia, ha grabado la Ley en sus corazones (Jeremías 31: 33).

Este es el momento, para reconocer y aprender otros dos nombres del Señor Jesús:

¡Él, es la Ley!

¡Él, es la Gracia!

Quienes tienen el Sello del Entendimiento, tienen en sí mismos, el Testimonio (1 Juan 5: 10).

Aquí tienen otro nombre del Señor Jesús:

¡Él, es el Testimonio! (Apocalipsis 15: 5; 19: 10).

Entonces, queda así:

Los “entendidos”, tienen al Señor Jesús morando en sus corazones, de tal forma que, en sus corazones, el Señor Jesús es el Testimonio de la Ley y de la Gracia.

Por esta razón es, que el evangelio menciona que la Ley en su naturaleza, es buena. Esto es así, puesto que Cristo es Bueno. Sin embargo, la Ley actúa para juzgar a los transgresores (Romanos 7: 12; 1 Timoteo 1: 8).

Así mismo, el evangelio nos enseña, que los “entendidos”, escogidos en Cristo, viven por el Espíritu, por tanto no viven bajo la Ley sino bajo la Gracia.

La Gracia hace a los “entendidos”, libres de toda condenación (Romanos 6: 14; 8: 2; Santiago 1: 25; 2: 12), porque al estar revestidos de una nueva naturaleza que es en Cristo (Gálatas 3: 27), están exonerados de todas sus transgresiones y están sujetados en tal naturaleza de obediencia (Romanos 6: 16), a vivir en la Ley de la Santidad, sin la cual, nadie puede ver a Dios (Hebreos 12: 14).

Para concluir esta entrega, quiero resumir en un versículo, cuál es el fin del Sello del Entendimiento, aplicado en el pueblo de Dios:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Es por esto, que las Escrituras afirman lo siguiente:

Jeremías 9:

24. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 36

 

Dr. Iván Castro Romero

 

35. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 34: Los escogidos de Dios, dejan de tropezar, cuando Cristo les quita el velo (2 Corintios 3: 14)

¡Amados de Dios!

Luego de esta pausa que nos hemos tomado, continuemos con el análisis del Sello del Entendimiento.

En la entrega No. 5, ya expuse el siguiente versículo; pero ahora lo hago una vez más, para clarificar el punto que estamos tratando:

Juan 8:

43. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

(R. V. 1960)

Quiero ampliar aquí, la explicación que ya di al respecto, en aquella entrega:

Con esta  revelación que nos está haciendo el Señor Jesús en esta afirmación, podemos deducir, que para entender un lenguaje cualquiera, es necesario previamente tener el oído habilitado.

Tener el oído habilitado, es una condición sin la cual, no podemos escuchar el sonido emitido en tal o cual lenguaje.

Como el contenido de la ideas, se transmiten mediante las palabras, teniendo entonces, el oído habilitado, podemos escuchar las palabras pronunciadas con sonidos.

Ahora bien, las palabras escuchadas, sólo tienen significado, cuando entendemos las ideas transmitidas por ellas.

Para entender dichas ideas, es necesario, entender el idioma en que están siendo pronunciadas tales palabras.

Si aplicamos esta realidad natural al mundo espiritual, resulta ser, que ocurre todo exactamente así; pero espiritualmente.

Veamos cómo es esto:

Primero hay que escuchar el sonido espiritual de la voz de Dios, para poder entender las palabras pronunciadas en el lenguaje del Señor Jesús.

Es decir, debemos reconocer primero, la voz de Dios, para luego, saber cuándo, cómo y de qué nos está hablando.

El sonido espiritual que emite la voz del Señor Jesús, es tan hermoso, que no hay forma humana de describirlo; sin embargo, quienes hemos recibido la capacidad de oír a su Espíritu, sabemos que es Él, cuando nos habla; y entendemos lo que nos está diciendo; y desde luego, ponemos por obra su Palabra.

Quienes no tienen esta capacidad espiritual de escuchar la voz de Dios, no reconocen la voz espiritual del Señor Jesús; por tanto, no reconocen tampoco, el contenido espiritual de sus palabras; y menos, las pueden poner por obra.

Así lo confirman las Escrituras, cuando El Padre le profetiza al Hijo en los mismos lugares celestiales:

Ezequiel 33:

31. Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.

32. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra.

(R. V. 1960)

De tal forma, que ya Dios deja en las Escrituras, registrado, desde antes de la fundación del mundo, lo que tiene que ocurrir; y se lo dice a su Hijo:

Al igual que ocurre en la esfera carnal, también ocurre en lo espiritual, en que si no está habilitado el oído espiritual para escuchar la voz espiritual Dios, no se puede entender nada.

Nadie entiende nada, por más hermoso cantor, que les está emitiendo los más bellos sonidos, contenidos en la Palabra del evangelio.

Si Dios Mismo, no nos habilita el oído espiritual para escuchar su voz, no podemos entender su lenguaje, que es hablado por el Señor Jesús; y que está escrito en su evangelio.

Esta es la razón por la cual, los carnales cuando leen las Escrituras, sólo pueden leer la letra de tinta, que es letra muerta y que mata; mas, los espirituales pueden leer la letra del Espíritu, que es Vida y que da Vida (2 Corintios 3: 6).

¿Cómo queda entonces, habilitado el oído para oír la voz de Dios, de manera que podamos entender su lenguaje, a través de la preciosa Palabra de su Hijo, el Cantor de amores y Hermoso de voz?

Ya tienen aquí, dos nuevos nombres del Señor Jesús:

¡El Cantor de amores!

¡El Hermoso de voz!

El mismo Dios nuestro, es quien tiene el Poder de habilitar el oído, de todo aquel, que Él ha escogido.

Analicen la orden que da Dios, para que se abran los oídos espirituales:

Isaías 42:

18. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver.

(R. V. 1960)

¡Esta es una orden que da Dios!

¡Esta es una orden de su Palabra!

Recuerden, que la Palabra, es Cristo.

Con respecto a esta orden, el evangelio nos revela, que la Fe, es por la orden que da la Palabra, para que el oído pueda oír:

Romanos 10:

17. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

(R. V. 1960)

Así es que, si la Palabra no da la orden de oír, nadie puede oír.

Cuando el evangelio habla de oír, está hablando en forma espiritual.

Es así, que nadie puede tener Fe, por voluntad propia de tenerla.

La Fe, depende de la capacidad de oír el contenido espiritual de la Palabra.

Nadie puede oír este contenido espiritual, por el sólo deseo personal de querer hacerlo, o porque alguien en un discurso le motive a tener fe.

Ya ven que a muchos se les predica la Palabra y no entienden nada. Ahora mismo, habrá quienes reciben estas explicaciones y no las entienden.

El oír el contenido espiritual de la Palabra, se da, sólo si el oído espiritual ha sido acondicionado para tener la capacidad de oírla.

Esta capacidad, sólo y únicamente depende de la orden, deseo y gestión de la misma Palabra, que es Cristo, quien nos da la competencia para oírla y por supuesto, para entenderla (2 Corintios 3: 5).

El oído habilitado para oír la Palabra, es un espíritu escogido por Dios.

Es tierra seca que con el Espíritu de Dios se vuelve tierra fértil para que quede sembrada la Palabra. A su vez, el espíritu que oye y entiende la Palabra, queda sembrado en la Buena Tierra que es Cristo, por lo cual, dará fruto al ciento, a sesenta y a treinta por uno (Mateo 13: 8 – 9; 23).

La cosecha viene a continuación (Juan 4: 35 – 38; 1 Corintios 15: 44).

Es así, que el Entendimiento de Dios y el Conocimiento de su Hijo, se dan a partir de haber escuchado el evangelio, a través de un oído espiritual capacitado, o sea, de un espíritu, que cual tierra fértil, ha sido labrado previamente por Dios.

La Palabra es Espíritu. Cristo es la Palabra. El Espíritu de Cristo, es quien da la orden para ver, oír y entender.

Cristo con su Palabra, es quien labra la tierra del espíritu del escogido de Dios; y ordena que se siembre en él, dicha Palabra.

Hasta que el Espíritu no da tal orden, no se puede ver, oír ni entender.

Revisemos el siguiente texto, que desde el Antiguo Testamento, nos presenta una gran revelación al respecto.

Deuteronomio 29:

1. Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés que celebrase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que concertó con ellos en Horeb.

 2. Moisés, pues, llamó a todo Israel, y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra,

3. las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas.

4. Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.

(R. V. 1960)

¿Qué les parece esto, amados entendidos?

No depende del hombre, el poder entender las maravillas de Dios.

¿De quién depende entonces?

¡Pues, sólo y únicamente de Dios!

En el (versículo 3), el texto se refiere a los ojos carnales, lo cual, por lógica, hace alusión también a los oídos carnales, los cuales pueden ver y oír lo que es material.

Sin embargo, la clave de la revelación está en el (versículo 4), en que claramente el texto expresa, que es Dios quien decide dar su Espíritu, para que sus elegidos, puedan ver, oír y Entender lo que es espiritual.

Mientras Él no lo da, nadie puede ver, oír ni entender el reino de Dios.

Así se refiere Dios, a los que no entienden:

Isaías 44:

18. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender.

(R. V. 1960)

¿De quién depende, el que no entiendan?

¡Pues, depende de Dios!

En este tiempo hay muchos predicadores, que frecuentemente hacen sus presentaciones fraudulentas del evangelio, a través de los medios de comunicación. Ellos creen que entienden el reino de Dios; pero en realidad no entienden nada.

Estos hablan engaño; pero no pueden engañar a los verdaderos entendidos

El verdadero Entendimiento, se abre en los elegidos de Dios, en el momento en que el Espíritu de Cristo, que es la Palabra, es enviado por Dios a sus corazones.

Es así, que el Entendimiento entra y se posiciona como el Sello de Dios, como la circuncisión que nos marca como su pueblo; y nos habilita para reconocerlo en toda su magnitud, como nuestro Dios, sólo y únicamente, a través de Cristo (Gálatas 4: 6).

Mientras El Espíritu, no genere en el corazón de los escogidos de Dios, la orden para oír, ver y entender las maravillosas promesas que nos han sido otorgadas desde el trono de la Gracia (Efesios 1: 3 – 4), nadie puede tener la revelación de los secretos de la Sabiduría y el Conocimiento, escondidos en la persona de Jesucristo (Colosenses 2: 2 – 3).

Mientras el Espíritu de Dios no nos sella, seguimos siendo hombres naturales y carnales, sin entendimiento.

El que no está sellado, no entiende nada del Espíritu de Dios ni del evangelio de Jesucristo (Romanos 3: 11).

Por esta razón es, que esta gran cantidad de predicadores carnales a los que nos hemos referido, se desatan predicando carnalidades referentes a la prosperidad, sin entender nada de lo que revela el Espíritu de Jesucristo, acerca del evangelio eterno.

Por otra parte, duele ver a cientos de millones de personas de todas las naciones del mundo, siguiendo religiosamente las ideas profanas de un liderazgo espiritual tenebroso, promotor de la idolatría a otras deidades inventadas, que no son el Dios verdadero.

Vemos con tristeza, cómo este liderazgo religioso que se enseñorea sobre millones de mortales, en medio de su franca fornicación con los gobiernos de la tierra (Apocalipsis 18: 3 – 4).

Estos cientos de millones de personas, formando un solo cuerpo espiritual, con su líder como cabeza de ese cuerpo, no entienden que Jesucristo es el único Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

No entienden que Jesucristo Hombre, es el único mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2: 5).

No entienden que no hay otro nombre a parte de Cristo, en quien se puede encontrar Salvación (Hechos 4: 12).

Estos cientos de millones de personas, simplemente, no entienden.

El día que de entre ellas, Dios libere a sus escogidos y les de  el Sello del Entendimiento, veremos el Testimonio del renunciamiento a su idolatría.

Mientras sigan con su idolatría, el único Testimonio que siguen dando, es el de su rebelión contra el trono del Dios verdadero (1 Samuel 15: 23).

Al respecto, así se refiere el evangelio:

1 Corintios 2:

14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

(R. V. 1960)

Los que hemos sido sellados por el Espíritu de Dios, en cambio, sí podemos entender; y en esto, nos gloriamos:

Jeremías 9:

24. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

(R. V. 1960)

Examinen amados entendidos, cómo el apóstol Pedro se refiere a lo difícil que es entender algunas de las epístolas del apóstol Pablo:

2 Pedro 3:

16. casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

(R. V. 1960)

Por supuesto, sabemos que los que logran entender, son los que tienen Entendimiento (Daniel 12: 10); pero los que no, son los que Dios no quiere que entiendan, de tal forma que estos, en su propia naturaleza extraviada, lo que hacen es torcer el contenido de las revelaciones del evangelio, para su propia perdición.

Ahora, observen mis amados, lo que dicen las Escrituras:

Deuteronomio 29:

29. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

(R. V. 1960)

Esto mismo es lo que anunciaba por el Espíritu, el profeta Isaías, en relación a Cristo:

Isaías 52:

 15. así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

(R. V. 1960)

¿De acuerdo a este versículo, quiénes son los que entenderán?

Pues, los escogidos de Dios que reciben el Sello del Entendimiento.

¿Quiénes son los que no entienden?

Pues, los que no tienen Entendimiento.

Y, ¿Por qué estos no entienden?

Porque en la Voluntad de Dios, les ocurre lo que dice el evangelio en el siguiente texto:

2 Corintios 3:

14. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.

(R. V. 1960)

De acuerdo a esta revelación del evangelio, los que tienen velado el entendimiento, están ciegos. Por esta razón, tropiezan con la Palabra.

De entre los que tropiezan, hay muchos escogidos de Dios, que precisamente tropiezan, porque aún no han recibido el Entendimiento.

La pregunta es:

¿Hasta cuándo, estarán en esta condición de ceguera, tropezando con la Palabra?

Pues, hasta que se cumpla lo que dice el evangelio:

Los elegidos de Dios que aún tropiezan, dejarán de tropezar, cuando Cristo les quite el velo (2 Corintios 3: 14).

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 35

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

34. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 33: Nos gloriamos de entender y conocer al Dios Verdadero (Jeremías 9: 24; 1 Corintios 1: 31; 2 Corintios 10: 17)

¡Amados de Dios!

Vamos en esta entrega a escudriñar la Palabra de las Escrituras, con el objetivo de abordar el estudio del tercer elemento, correspondiente al segundo momento de nuestro esquema didáctico, acerca del proceso de sellado del Espíritu Santo en los elegidos de Dios.

Este tercer elemento, siguiendo la metodología que nos ha inspirado el Espíritu Santo, es el Entendimiento.

Iniciemos pues este estudio, revisando el siguiente texto del evangelio:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Mis amados, les pido que pongan mucha atención a la secuencia de las expresiones que nos brinda este versículo.

Fíjense bien lo que se nos está revelando:

Se nos revela que el Señor Jesús, al darnos su Espíritu, nos da el Entendimiento con un claro objetivo.

¿Cuál es este objetivo?

El objetivo es, que con el Sello del Entendimiento, podamos acceder al Conocimiento.

¿Conocimiento de qué?

Mejor es preguntar:

¿Conocimiento de quién?

Pues, el Sello del Entendimiento nos da acceso al Conocimiento de Dios, o sea, al conocimiento de la Misma Persona de Jesucristo.

Se nos revela entonces en este versículo, que el Entendimiento que se nos otorga, es para que conozcamos al Señor Jesucristo; y conociéndolo a Él, podamos conocer al que es el Dios Verdadero, o sea, al Mismo Señor Jesucristo.

Revisen nuevamente el versículo y lean lo que en él se afirma:

¡Que el Señor Jesucristo, es el Dios Verdadero!

Su Espíritu, que nos es entregado, es el Entendimiento; y su mismo Espíritu que a partir del Entendimiento nos es entregado, es también es el Conocimiento.

Ya tenemos aquí, dos nombres nuevos del Señor Jesús:

Él, es el Entendimiento.

Él, es el Conocimiento.

Si tenemos el Entendimiento, en consecuencia tenemos el Conocimiento.

En la secuencia del proceso de la instauración del Sello del Espíritu Santo, ocurre de manera similar, en que para sellarnos Dios con el Arrepentimiento, primero nos sella con el Quebrantamiento. Así pues, para sellarnos con el Conocimiento, primero nos sella con el Entendimiento.

De tal forma que, si tenemos un claro Conocimiento de Dios, es porque hemos sido dotados de pleno Entendimiento acerca de la Persona del Señor Jesucristo, que es el Dios Verdadero.

Cuando alguien posee el Entendimiento, es porque posee dentro de sí a la Persona de Cristo Jesús.

El Entendimiento es el Sello de su Espíritu.

Revisemos esto una vez más:

En orden secuencial a partir del Entendimiento que se nos otorga de Cristo Jesús, se nos otorga el Conocimiento de Cristo Jesús; y cuando alguien posee el Conocimiento de Cristo Jesús, es porque posee dentro de sí a Cristo Jesús, que es el Dios Verdadero.

Nadie puede conocer al Dios Verdadero, si Dios no le ha dado el Entendimiento de quién es Cristo Jesús.

En otras palabras, nadie puede conocer a Cristo Jesús y menos acercarse a Él, si Dios no quiere que esto ocurra (Juan 6: 44; 65).

Una vez más:

Cuando Dios nos elige para acercarnos a Cristo Jesús, entonces nos sella con el Entendimiento, para que podamos tener el Conocimiento de Cristo Jesús, o sea, del Dios Verdadero y de sus promesas para sus santos (Efesios 1: 18).

Reafirmemos entonces:

De la misma forma que lo es el Entendimiento, el Conocimiento también es Sello del Espíritu Santo.

Ahora sepamos esto:

No se puede tener Entendimiento y Conocimiento, como Sello del Espíritu, estando Cristo Jesús fuera de nuestro corazón, actuando como una persona aislada o apartada de nuestra naturaleza.

Esta es la razón, por la cual, nadie puede entender a Dios por medio de su propia sabiduría carnal.

Es sólo, cuando Jesús entra en nuestro corazón para habitar en él (Gálatas 4: 6), que recibimos el Sello del Entendimiento; y secuencialmente, el del Conocimiento.

El Versículo que estamos abordando, nos deja clara la secuencia:

Primero entendemos,… Luego conocemos.

Esto ocurre, sólo cuando el Espíritu del Señor Jesús, ha tomado posesión de nuestro corazón, para habitar en él.

Analicen ahora, el siguiente versículo:

Colosenses 2:

2. para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

(R. V. 1960)

Aquí, en este versículo, una vez más, el evangelio nos hace ver con claridad, que el Don del Entendimiento es aplicado como un Sello en los elegidos de Dios, con una finalidad: Esta es, la de sellarnos también con el Don del Conocimiento, para que podamos conocer el misterio que ha permanecido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25; 1 Corintios 2: 7; Efesios 1: 3 – 4; Colosenses 1: 26).

Este misterio se trata, de todo lo concerniente al Pacto Eterno.

Este misterio está reservado para darlo a conocer, sólo a quienes Dios ha escogido como sus hijos (Salmo 25: 14).

El misterio del Pacto Eterno, se resume en una sola Palabra:

¡Cristo!

Cristo, sólo es dado a conocer, por quienes han sido escogidos y engendrados de Dios.

Amados, se que ninguno de ustedes será confundido. Pues, una cosa es saber de Cristo y otra es, conocer a Cristo.

Cristo, es el Dios Verdadero; y una cosa es saber que Dios existe; mas otra es, conocer al Dios Verdadero (Santiago 2: 19).

Todas las religiones y sectas, saben que hay un Dios; pero ninguna conoce a Cristo, que es el Dios Verdadero.

El hecho de que las religiones mencionen a Cristo en sus doctrinas torcidas; y el hecho de que manipulen Su Nombre, no significa que lo conozcan.

Por eso el Espíritu, dice esto en el evangelio:

1 Corintios 8:

2. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.

3. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.

(R. V. 1960)

Este texto nos dice con claridad, que para conocer al único Dios Verdadero, que es Cristo, no hay que estar ninguna religión ni secta, sino en su Amor,…En su cuerpo.

El que está en su cuerpo, está en su Amor.

El que está en su Amor, lo ama a Él; y es conocido por Él.

1 Juan 4:

19. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

(R. V. 1960)

En Cristo se encierran todas las riquezas de la Sabiduría y el Conocimiento (Colosenses 2: 3).

Ya hemos visto en las entregas anteriores, que para sellarnos con el Entendimiento que nos lleve al Conocimiento, en forma secuencial, primeramente Dios nos ha sellado con el Quebrantamiento, el cual nos lleva al Arrepentimiento.

Recordemos entonces, la secuencia de los momentos del Sello, que hasta aquí hemos discernido:

Sin Quebrantamiento y Arrepentimiento, no hay Entendimiento ni Conocimiento.

De acuerdo a lo dicho anteriormente, podemos explicar, por qué razón, todos quienes son amigos del mundo, son enemigos de Dios (Santiago 4: 4).

Los amigos del mundo, actúan conforme a la corriente del mundo: No hay en ellos Quebrantamiento ni Arrepentimiento.

Por esta razón, los amigos del mundo obran según el entendimiento carnal que les da el mundo. Esta sabiduría carnal, les permite encajarse en todos los sistemas del mundo, para ver realizados sus deleites carnales.

Repito: En los amigos del mundo, no se evidencia el Sello del Quebrantamiento, ni del Arrepentimiento.

Si alguien ha sido amigo del mundo y antes andaba según la corriente del mundo (Efesios 2: 2); pero ya ha estado previamente elegido de Dios; entonces, es por Jesucristo sacado de las tinieblas del mundo y llevado a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

Como ya hemos anotado en entregas anteriores, la primera situación por la que atraviesa alguien que ha sido liberado de las tinieblas, es un estado espiritual de Quebranto, el mismo que lo conlleva al siguiente estado: El de Arrepentimiento.

El que ha sido amigo del mundo; pero que estando previamente elegido, ha recibido con Quebranto el Llamamiento Santo (2 Timoteo 1: 9), entonces, es dotado del Arrepentimiento.

El Arrepentimiento cambia su forma de relacionarse con el mundo, y le convierte en un ser extraño para el mundo.

A causa de su nueva naturaleza espiritual, el que ha sido liberado de las tinieblas, pasa luego a ser ultrajado por el mundo (1 Pedro 4: 4).

El sufrir los vituperios del mundo, es una señal clave para los redimidos, de que ahora pertenecemos a Cristo y no más al mundo (1 Pedro 4: 14).

Esta es una de las primeras situaciones que llegamos a comprender los quebrantados y arrepentidos, gracias al Entendimiento del que secuencialmente, después de estos dos elementos mencionados del Sello, somos dotados.

Vayan amados de Dios, entendiendo la secuencia del Sello del Espíritu Santo, constatando en la Biblia, lo que nos es revelado, acerca de cada paso concerniente a este proceso.

Como ustedes han estudiado previamente a través de esta metodología que les imparto, el Conocimiento es el elemento que le sigue al Entendimiento.

Por esta razón, debemos ahora concentrarnos primero en el Don del Entendimiento, para luego, en una próxima entrega, abordar el Don del  Conocimiento.

Fíjense nuevamente mis amados en (1 Juan 5: 20), el versículo que estamos tratando:

Aquí, se nos hace entender dos cosas trascendentes:

1)    Que Dios nos da el Entendimiento, para que podamos conocer al Señor Jesús.

2)    Que el Señor Jesús es “el Verdadero Dios y la Vida Eterna.”

Ligando las dos cosas, reflexionemos entonces:

¿Para qué pues, sirve este Entendimiento que nos da el Espíritu Santo?

Sirve según lo expresado en (1 Juan 5: 20), para entender que el Señor Jesús es el Verdadero Dios y la Vida Eterna.

¿Y para qué, el Espíritu Santo nos hace entender que el Señor Jesús es el Dios Verdadero?

La Revelación es esta:

Puesto que en esta peregrinación terrenal, a Dios nadie le vio jamás, el plan de Dios es entonces, darnos con su Sello Espiritual, el Entendimiento para que podamos conocerlo.

Dios quiere que conozcamos que en Él hay Vida Eterna.

Agarren  esta revelación:

Vida Eterna, es otro nombre del Señor Jesús (1 Juan 5: 11 – 12).

De esta forma podemos entender, que el Señor Jesús es la Vida Eterna (Juan 5: 39; 6: 47; 10: 28), pues Él está en el Padre y el Padre está en Él (Juan 14: 9).

Nosotros sus escogidos tenemos la Vida Eterna, si tenemos al Señor Jesús.

Si tenemos al Señor Jesús, entonces tenemos al Padre.

Visto en forma completa:

Si el Padre está en Cristo y Cristo está en nosotros, es lógico que el Padre esté en nosotros y nosotros en el Padre (Juan 17: 21).

Dios quiere entonces, mediante el Entendimiento que nos otorga, dar a conocer esta Verdad a todos sus elegidos.

Repito: Si nadie ha visto a Dios, nadie puede conocerlo, de tal forma que, es necesario que para que lo conozcamos sin haberlo visto con el sentido de la vista, lo podamos conocer mediante el Entendimiento, que es un sentido espiritual procedente del Sello de su Espíritu.

Examinen el siguiente versículo:

Juan 1:

18. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

(R. V. 1960)

Ratifiquemos entonces, que el Sello del entendimiento que Dios instaura en sus elegidos, es para que los elegidos conozcan a Dios, a través del Espíritu de su Hijo.

Ya veremos en una futura entrega, que en la condición de almas eternas con la que hemos sido creados, los engendrados de Dios si hemos conocido a Dios porque hemos venido de Él (Juan 6. 46); mas no lo recordamos mientras Él no nos sella con el Entendimiento (Eclesiastés 1: 11).

Ahora, en esta travesía terrenal, estamos limitados para verlo con los ojos; pero si lo podemos ver con el Entendimiento, una vez que este Don nos ha sido otorgado como un Sello.

Este es el Sello del Espíritu Santo, que nos viene a recordar todo lo que Dios nos ha hablado desde la Eternidad (Juan 6; 45; 14: 26).

Por esta razón es, que todos los que llegamos a recordar a Dios, por el Entendimiento que Dios nos da, nos acercamos al Señor Jesucristo. De ninguna otra manera nos podemos acercar a Él (Juan 6: 44 – 45).

Para tener esto claro y bien entendido, del por qué los elegidos de Dios entendemos quién es el Señor Jesucristo, revisemos el siguiente versículo:

1 Corintios 12:

3. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

(R. V. 1960)

Según lo que expresa este versículo, pregunto:

¿Podrá alguien que niegue al Señor Jesús, tener conocimiento de Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque no se le ha otorgado el Entendimiento, o sea, no se le ha otorgado el Espíritu del Hijo de Dios.

Tal persona, no ha entendido que el Señor Jesucristo es el Dios Verdadero.

Por tanto, nadie que no conozca al Señor Jesús, puede conocer a Dios.

¿Por qué esto es así, que unos entienden y otros no?

¿Será que Dios es injusto, habiendo escogido a unos para darle Entendimiento y a otros no?

Revisemos lo que dice el evangelio:

Romanos 9:

13. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.

16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

17. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

19. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?

20. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?

21. ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

22. ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,

23. y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,

24. a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

(R. V. 1960)

Como vemos después de analizar este texto, Dios escogió a los vasos de Misericordia, para darles el Entendimiento.

¿Hay injusticia en ello?

¡Pues no!

Dios puede hacer lo que Él quiera hacer, puesto que Él, es el Dios Omnipotente.

A sus vasos de Misericordia, les dio la honra, dotándolos de las riquezas de su Gloria mediante el Entendimiento (Romanos 9: 23; Colosenses 2: 2).

Entonces, ¿los que predican doctrinas que le quitan la preeminencia al Señor Jesús, será posible que conozcan a Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque a estos, Dios los hizo vasos de deshonra.

Por tal motivo, a estos les falta Entendimiento.

¿Podrán los Israelitas terrenales no convertidos, que dicen adorar a Jehová y que al mismo tiempo rechazan al Señor Jesús, tener Verdadero Conocimiento de Jehová, a quien dicen adorar?

¡De ninguna manera!

Si el Conocimiento es el Espíritu del Señor Jesús, cómo pueden conocer a Dios, si rechazan al Mismo Conocimiento.

¿Por qué rechazan al Conocimiento?

Porque son ciegos; es decir, les falta Entendimiento.

Sin Entendimiento que es el Mismo Espíritu del Señor Jesucristo, no pueden conocer al Dios que dicen adorar.

Por eso en el libro del profeta Isaías y en la carta a los Romanos se ratifica esto:

De ellos, “solo un remanente será salvo.” (Isaías 10: 21 – 23; Romanos 9: 27; 11: 5).

¿Cuál es ese remanente?

Tal remanente, es el pequeño número de israelitas, escogidos como vasos de honra, para recibir el Entendimiento.

De hecho, los que ya lo han recibido, ya conocen quién es el Señor Jesús; y ya saben quién es el Dios Verdadero.

Pregunto también ahora:

¿Será que conocen al Dios Todopoderoso (Apocalipsis 11: 17) y Omnipotente (Salmo 91: 1), todas aquellas personas que dicen adorarlo a través de sus religiones, siendo que sus religiones, están plagadas de idolatría, porque adoran a figuras terrenales o celestiales (Hebreos 1: 5; Apocalipsis 9: 20; 19: 9 – 10), otorgándoles majestad divina, cuando el Señor Jesucristo, es el Alto y Sublime (Isaías 57: 15); y el único Dios Verdadero en quién hay Salvación (Hechos 4: 11 – 12)?

Siguiendo adelante con el tema que nos ocupa, les repito en esta ocasión, aunque parezca redundante, que el Sello del Espíritu Santo es un Sello eterno, aplicado de una sola vez en los elegidos de Dios; pero es tan profundo y maravilloso este misterio, que apenas podemos discernirlo con la Luz que nos llega con toda Misericordia de parte Dios, para que podamos tratar de explicarlo como lo estamos haciendo, a manera de un proceso que se da, en pasos secuenciales.

Todos estos momentos del sellado, como hasta aquí ustedes lo han comprobado, están fundamentados en las Escrituras.

Repito una vez más, aunque estos son momentos eternos, instaurados de una sola vez con el Poder de Dios en sus elegidos, debemos explicarlos como pasos secuenciales para poder entenderlos.

Lo que el Espíritu Santo logra a través de esta metodología de enseñanza, que inspira a este, su hijo, es enseñanza que los elegidos, en el propósito de Dios la reciben, con el fin de que rebosen de toda confianza a causa de este Entendimiento otorgado, estando firmes en la naturaleza en la que hemos sido engendrados como hijos de Dios y coherederos del Señor Jesucristo (Romanos 8: 17).

Continúa…

 

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 34

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

33. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 32: El reino de Dios es de los arrepentidos (1 Corintios 1: 18 – 21); y de ellos es el Poder (1 Corintios 4: 20)

Amados de Dios!

En esta entrega, vamos a concluir con el análisis del Don del Arrepentimiento, el cual como ustedes ya conocen, de acuerdo a la didáctica que empleamos para describirlo, lo hemos enfocado como el segundo elemento correspondiente al segundo momento del proceso de sellado del Espíritu Santo.

Amados entendidos, si este conocimiento aún no lo tienen bien afirmado, por favor, remítanse a la entrega treinta, en la cual se ha presentado un desglose didáctico del proceso del sellado del Espíritu Santo.

En esta ocasión vuelvo a insistir, en que el Sello de Espíritu Santo es eterno y cuando se instaura en el elegido de Dios, este hecho ocurre de una manera eterna, en la dimensión espiritual de Dios, que no tiene tiempo.

Sin embargo, es tan infinitamente grande el misterio de su contenido, que con la Luz que nos llega procedente del Padre de las luces (Santiago 1: 17); y por supuesto, sustentados en las Escrituras, dentro de nuestra dimensión temporal y corporal humana, apenas podemos intentar explicarlo como lo estamos haciendo, decodificándolo en momentos y en partes, para que pueda ser pedagógicamente comprensible.

En la medida en que ustedes amados de Dios, vayan incrementando su comprensión acerca del Sello del Espíritu Santo, podrán asimilar este concepto en forma global, sistémica y eterna.

Por ahora sin embargo; es necesario que juntos sigamos desglosando el contenido espiritual del Sello en todos sus detalles, según nos da el alcance del Entendimiento que hemos recibido, para asimilar el contenido espiritual de las Escrituras.

Cuando se hace lecturas rápidas y rutinarias de la Biblia, estos detalles parecerían ser simples y sin mayor trascendencia; o parecerían estar desligados de este misterio en análisis; o simplemente, pasan desapercibidos.

Pero resulta que en realidad, estos detalles que insistimos en exponer, muchas veces pareciendo redundar en las mismas cosas ya tratadas, tienen cargas intensamente reveladoras del evangelio eterno, que están veladas al entendimiento común.

Estas revelaciones quedan expuestas al Entendimiento con la claridad del medio día, sólo a través de un también intenso, perseverante y metódico escudriñamiento de La Palabra, guiado por el mismo Espíritu Santo, quien se revela a Sí mismo para sus elegidos, en el momento que quiere y de la manera que quiere; pero nunca apartado de las Escrituras.

El descubrir estas revelaciones acera del misterio del Sello del Espíritu Santo, nos permite estar seguros de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Esta es precisamente, la seguridad que Dios quiere que tengamos para que nos mantengamos firmes en su Espíritu.

Pero sobre todo, el interés del Espíritu Santo es, que este conocimiento esté necesariamente bien sustentado para que sus elegidos puedan predicar el evangelio sin tropiezo; y puedan llevar a otros elegidos que lo escuchan, hacia una verdadera edificación en el Cuerpo de Cristo (1 Pedro 2: 5), mediante la Fe, que es por el oír (Romanos 10: 17; 1 Corintios 1: 21).

Continuemos entonces con el análisis del Arrepentimiento…

Hasta el momento, ustedes ya tienen muy claro, que el Arrepentimiento no es un estado de tristeza, sino de Alegría.

Esto es, porque el evangelio eterno nos revela que Cristo Mismo, es en su esencia divina, la Alegría (Salmo 43: 4; Isaías 65: 18; Hebreos 1: 9; Judas 1: 24).

También ustedes ya conocen que el Verdadero Ayuno, no es dejar de comer alimentos (Isaías 58: 4), sino el haber recibido el Don del Arrepentimiento, puesto que las abstenciones de comidas son decisiones pasajeras, mientras que el Arrepentimiento como todo lo concerniente al Reino de los Cielos, es un Don eterno dado como Don Perfecto desde lo alto a los elegidos de Dios (2 Corintios 4: 18; Santiago 1: 17).

De acuerdo a lo dicho, El Arrepentimiento es el Ayuno que Dios quiere (Isaías 58: 6).

Este Arrepentimiento es liberación (Isaías 61: 1; 2 Corintios 3: 17).

Esta liberación es Alegría (Malaquías 4: 2).

Esta Alegría es Cristo Jesús (Isaías 61: 3).

Reafirmemos a continuación, lo que revela las Escrituras:

  • El Ayuno que Dios quiere es Cristo en el corazón de sus elegidos.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, está en Ayuno.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, tiene el Sello del Espíritu Santo, el cual es Sello de Arrepentimiento.
  • El que tiene el Sello del Arrepentimiento, está alegre porque tiene a Cristo Jesús, que es la Alegría en el corazón.

De esta forma:

El gozo es tan auténtico e intenso en quien tiene a Cristo, que el apetito del cuerpo por los alimentos, no se ve de ninguna manera disminuido.

El que está alegre, no tiene por qué afligirse ex – profesamente, dejando de comer.

Las personas que padecen tristeza, depresión o enfermedades orgánicas, dejan de comer, porque sus cuerpos no se los permite a causa del estado patológico o disfuncional por el que atraviesan.

Observen en el siguiente versículo, cómo el Señor Jesús no se muestra interesado en ningún ayuno de alimentos para sus discípulos:

Mateo 9:

14. Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

15. Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

(R. V. 1960)

¿Cuál es la razón por la que el Señor Jesús, en este pasaje del evangelio no aprueba el que sus discípulos se abstengan de comer?

La respuesta se encuentra en la misma pregunta que Él hace, con toda claridad y autoridad:

¿Por qué han de estar tristes los que están de bodas y tienen al novio con ellos?

Esto, revelado en el evangelio eterno, quiere decir:

¿Por qué han de estar tristes los que en su corazón tienen el Espíritu de Cristo?

La tristeza es un sentimiento carnal, que en los grados extremos conlleva a depresión mental.

Insisto, cuando las personas están tristes o deprimidas a causa de los avatares de esta vida, es natural que dejen de comer porque el desánimo les  bloquea el apetito.

¿Por qué los discípulos de Jesús habrían de eximirse de los alimentos del cuerpo, si estaban saludables física y mentalmente; y además estaban alegres, compartiendo con el Señor Jesús?

Repito:

No había razón alguna para afligirse a propósito, de esa manera, si estaban alegres con el Señor Jesús a lado de ellos…

Ya vendría el momento, en que el Señor Jesús les sería arrebatado para ser asesinado en la cruz.

Entonces, se afligirían quienes lo amaban; y por supuesto, que al no sentirse alegres, sino al contrario, muy tristes, sufrirían intensamente viendo como lo trituraban sus enemigos.

¿A quién de los que amaban al Señor Jesús le podría haber dado ganas de comer en aquellos momentos tan terribles que circundaban al Santo, antes, en y después de su flagelación y crucifixión?

Sin embargo, para Gloria de los elegidos de todas las generaciones, sucedió lo que El Señor Jesús Mismo anunció, con respecto a lo que nos convenía que sucediera:

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar su Santo Espíritu a morar en el corazón de todos aquellos que pertenecían a su simiente (Juan 16:7).

Después de haber sido muerto crucificado;…De haber resucitado;…Y de haber ascendido al Trono del Padre, volvió en su Espíritu Santo, a morar en el corazón de sus santos, para tornar nuestro lamento en baile (Salmo 30: 11 – 12);…Y para enjugar toda lágrima de nuestros ojos (Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4).

¿Qué tristeza puede haber en el corazón de los elegidos de Dios, si en ellos habita el Cristo resucitado?

https://www.youtube.com/watch?v=qnI9AkT0mUE

…Hay otro pasaje en el que aparentemente el Señor Jesús manda a ayunar comida; y como la Palabra es Piedra de Tropiezo, la misma Palabra cierra su revelación para quienes el Señor quiere cerrar, lo cual les trae confusión y perdición.

Como los Hijos de Dios sabemos que para sus santos, Dios, no es Dios de confusión (1 Corintios 14: 33); tratemos entonces la siguiente revelación que nos da el Espíritu Santo, sin velos de confusión.

El pasaje que expongo a continuación, se refiere a la imposibilidad que tuvieron unos discípulos del Señor Jesús, para expulsar demonios y sanar a un muchacho lunático:

Mateo 17:

19. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

20. Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

21. Pero este género no sale sino con oración y ayuno.

(R. V. 1960)

La revelación que aquí nos da el evangelio, es que el Señor Jesús les está hablando a personas que decían ser discípulos suyos y pretendían sacar demonios; pero que no tenían poder para ello, porque no estaban selladas con el Espíritu Santo.

Sin duda, entre ellos estaría Judas Iscariote…

Dijo Juan el bautista, que nada puede recibir el hombre si no le fuere dado del cielo (Juan 3: 27); y también dijo, que Dios no da el Espíritu por medida (Juan 3: 34).

De acuerdo a Juan el bautista, El Poder de los hijos de Dios viene del cielo; y viene sin medida, pues este Poder es el Mismo Espíritu de Cristo, que no hace acepción de personas entre los elegidos, para entregarles su Poder (Hechos 10: 34 – 35; Romanos 2: 10 – 11).

De la misma forma, entre los que no están elegidos ni sellados con el Espíritu Santo, Dios tampoco hace acepción de personas para condenarlos con el rigor de la Ley (Romanos 2: 11 – 12; 1 Timoteo 1: 9).

Lo que el evangelio indica en (Mateo 17: 21) es que a todos los que tienen el Sello del Espíritu Santo, sin hacer acepción de personas, Dios les ha otorgado el Poder de la oración y del Ayuno para expulsar demonios y nada les es imposible.

Obviamente es así, porque tienen a Cristo.

Cristo habitando con su Poder, en el corazón de los elegidos sellados, puede sin duda, sacar demonios.

Estos es lo que nos indica:

Mateo 17:

18. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, el Señor Jesús, fue el que sacó al demonio.

Así mismo, el Espíritu del Señor Jesús, morando en el corazón de los sellados con su Espíritu, es el que saca los demonios y los espíritus opresores; y estos, a Él se someten, quedando liberados quienes están oprimidos por ellos.

A los que no tienen el Sello del Espíritu Santo, el Señor Jesús los provoca haciéndoles notar, que Dios al repartir su Espíritu sin medida en sus elegidos, a estos discípulos con los que hablaba, no les había dado su Espíritu, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Siendo que Dios reparte su Espíritu sin medida en sus elegidos, el Señor Jesús nos hace notar, que a estas personas que fungían como discípulos suyos, los provoca hablándoles del ayuno; acerca de cuyo significado espiritual no entendieron, porque no habían recibido el Espíritu Santo, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Como sin duda, estas personas serían muy religiosas; y no estando en el Verdadero Ayuno que ya sabemos, es Cristo, el Señor Jesús les habla del ayuno, para demostrar a los entendidos, lo siguiente:

Que aquellos discípulos de los que habla el pasaje expuesto; y todos los que se creen sus discípulos, en todos los tiempos y lugares; pero que no tienen el Sello del Espíritu Santo, lo único que logran es, tropezar con la Palabra, pensando que Él les está hablando de ayunar alimentos.

Los que tropiezan, actúan siguiendo la lógica carnal,…Ayunan alimentos y luego ven que ni aun así lograran obtener el poder de sacar demonios.

No pueden, porque en realidad, no son verdaderos discípulos suyos.

Ya, el Señor Jesús expresó con claridad lo siguiente:

Lucas 14:

27. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

(R. V. 1960)

Con esta afirmación, el Señor Jesús nos está revelando, que quien no lleva con sigo “el Poder del Espíritu Santo,” que es el poder de Cristo revelado en la cruz, en donde las tinieblas quedaron derrotadas (Juan 12: 31; Colosenses 2: 14 – 15), no puede ser su discípulo.

Sus verdaderos discípulos de todos los siglos, por estar llenos del Espíritu Santo, pudieron en aquella época y pueden en la actualidad sujetar a los espíritus, pues tienen el Sello del Espíritu Santo; y sus nombres están escritos en los cielos (Lucas 10: 20).

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven en permanente oración y en el Ayuno eterno, que es Cristo.

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven el gozo del eterno Arrepentimiento, en pleno Poder del Espíritu Santo.

De paso, les vuelvo a recodar, que el estar repleto del Poder del Espíritu Santo, no es obra humana, sino obra del Alfarero que nos va moldeando y perfeccionando; y lo seguirá haciendo, sin soltarnos, hasta el día de Jesucristo; o sea, hasta el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ha quedado revestido del hombre nuevo que tiene el Espíritu de Cristo (Efesios 4: 24).

Ha quedado despojado del hombre viejo (Efesios 4: 22).

Se ha renovado en el espíritu de su mente (Efesios 4: 23).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ya no actúa más, conforme a las tradiciones de los hombres sin entendimiento, precisamente, porque con el Espíritu de Cristo, se ha renovado su Entendimiento (Romanos 12: 2; Colosenses 2: 8).

A propósito, el Entendimiento será el tema de la siguiente entrega.

Una vez más, quiero insistir en lo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Que ninguna transformación ocurre en una persona, si a esta, El Padre no la tiene elegida para acercarse a Cristo, en cuyo Espíritu se encuentra el Poder de la conversión para Arrepentimiento (Juan 6: 44; 65).

Observen lo que decía Juan el Bautista:

Mateo 3:

2. y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(R. V. 1960)

Observen también lo que decía el Señor Jesús:

Marcos 1:

14. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

15. diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(R. V. 1960)

Mas adelante en el tiempo, el Apóstol Pedro con llamado eterno, también habla de lo mismo:

Hechos 2:

38. Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

(R. V. 1960)

Hechos 3:

19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados, tanto Juan el Bautista, como el Señor Jesús y el Apóstol Pedro, convocan al pueblo elegido de Dios al Arrepentimiento.

El llamado al Arrepentimiento, que con voz eterna hacen todos quienes predican el evangelio del Reino de Dios, son las santas convocaciones (Levítico 23: 2) que hace Jehová a sus elegidos, para recibir la Alegría del Reposo, que es el Espíritu de Cristo, que entra a morar en sus corazones convocados y arrepentidos, por la Gracia otorgada.

El que entra en el Reposo ya no necesita vivir bajo la esclavitud de las obras.

El día en que entra el Don del Arrepentimiento en una persona elegida, ese es el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5);…Este día es fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44);…Este, es día de Reposo Perpetuo;…Este, es día de Alegría Perpetua.

En un mal entendimiento de las Escrituras, como en Piedra de Tropiezo, se caen los destinados a desobediencia, porque conceptúan que las santas convocaciones, son ritos y celebraciones religiosas de obras, que honran a Jehová; mientras por otra parte, los mismos que hacen las obras, en sus corazones incircuncisos, deshonran a Cristo.

Ante este llamado al Arrepentimiento, que es una santa convocación eterna, debemos entender que, quienes se arrepienten son las ovejas elegidas del Señor (Juan 10: 29).

La ovejas elegidas, son el pueblo de Dios (Mateo 1: 21);…Son la Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Son la Jerusalén Celestial (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10);…Son la esposa del Hijo (Apocalipsis 21: 9);…Son el cuerpo de Cristo (Colosenses 1: 18).

La ovejas elegidas, tienen desde la eternidad, su oído espiritual acondicionado para oír la voz del Buen Pastor (Isaías 42: 18; Juan 10: 14; 27);…Para oír la convocación a la fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44), la cual es fiesta de Arrepentimiento.

Las almas que no han sido acreedoras a esta convocación para Arrepentimiento, por supuesto, no escuchan este llamado (Isaías 30: 9); y su naturaleza de perdición es tal, que a pesar de que Dios les manda las plagas y los castigos por su blasfemia eterna, ni aun así se arrepienten.

Corroboren esto, con los siguientes versículos:

Apocalipsis 9:

20. Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;

21. y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

(R. V. 1960)

Apocalipsis 16:

9. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

10. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas,

11. y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.

(R. V. 1960)

¿Por qué no se arrepintieron estas almas?

¡Porque no tenían el Sello!

Si no tenían el Sello, no fueron convocadas para el Arrepentimiento.

Para concluir esta entrega quiero recodar con ustedes, que cuando crucificaron al Señor Jesús en el Gólgota, con Él, también crucificaron a otros dos, uno a cada lado de Jesús, quedando Jesús en medio (Juan 19: 18).

Estos dos malhechores fueron puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23: 33).

Uno de los malhechores le injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 39).

El otro malhechor, o sea el arrepentido, se mostró precisamente arrepentido de sus maldades y reprendió al que injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 41).

El malhechor arrepentido, clamó ante el Señor Jesús por Misericordia y el Señor lo aceptó en su Reino (Lucas 23: 42 – 43).

Así actuaron los ladrones en la cruz: uno se arrepintió y otro blasfemó.

El uno, oyó la convocación al arrepentimiento. El otro, no.

Sin duda alguna, el que se arrepintió, era un elegido de Dios, sellado por el Espíritu Santo; mientras en el que blasfemó, sus mismas blasfemias eran testimonio de ser ya, un espíritu blasfemo, eternamente muerto.

Como ven mis amados, el Señor Jesús, puesto en medio de los malhechores, marca claramente la delimitación que existe entre los sellados, circuncidados en su Espíritu; y los destinados a perdición, aunque estén circuncidados en la carne.

A esto se refería el Señor Jesús, cuando habló estas cosas:

Mateo 25:

32. y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados de Dios, el evangelio presenta a Cristo en la cruz en medio de dos malhechores, para representar la división que Dios hace entre los malos que blasfemaron contra el Espíritu Santo y los malos que recibieron la convocación para recibir la Gracia del Arrepentimiento,…Y la oyeron;…Y la recibieron.

En todo lugar, en donde haya una persona que lleve el Sello del Espíritu Santo, se encuentra Cristo dividiendo a los suyos de los que no lo son; y por supuesto, convocando a los suyos al Arrepentimiento.

Tal es así, que dentro las mismas familias sanguíneas, el Espíritu Santo separa a los que pertenecen a la simiente de Cristo, de los que pertenecen a la simiente de la serpiente.

Esta es la división que hace Cristo entre los que pertenecen al Israel terrenal, o sea, la familia que no lo recibió; de los que pertenecen al Israel Celestial,  o sea, su verdadera familia espiritual.

Por tal razón, el Señor Jesús se expresó de esta manera:

Mateo 10:

34. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

35. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;

36. y los enemigos del hombre serán los de su casa.

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados entendidos, el Reino de Dios no consiste en palabras, ni en ayunos de alimentos, ni en ninguna obra material humana, sino que consiste en Poder (1 Corintios 4: 20).

El Poder es de los que se arrepintieron.

El Poder, es de los que celebran eternamente la fiesta solemne de Jehová, porque fueron convocados por su Espíritu, para esta fiesta eterna que es Cristo; y desde luego, los convocados, habitan eternamente como piedras santas edificadas en la casa de su Espíritu (1 Pedro 2: 5).

La muerte eterna en cambio, es de los que blasfemaron y jamás se arrepintieron.

El Sello del Arrepentimiento, que es el Ayuno que Dios quiere, es el Poder de los hijos de Dios.

Este Sello, es el Espíritu de Cristo Jesús.

Este es el Sello que identifica a los circuncidados en el Espíritu; y los separa, de los que sólo se han circuncidado el prepucio.

Lo hace de la misma forma en que alegóricamente la Palabra dice, que separa  a los higos buenos de los higos malos (Jeremías 24: 1 – 10); y como separa al trigo de la cizaña (Mateo 13: 30).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 33

 

Dr. Iván Castro Romero