50. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 49: La verdad os hará libres (Juan 8: 32)

Hay muchos, que al predicar el evangelio, cometen serios errores conceptuales de la Palabra revelada, precisamente por ignorar todo acerca de la esencia del Sello del Espíritu Santo.

Hay otros, que al intentar hablar de Dios, simplemente dan Testimonio de lo que el evangelio profetiza para estos últimos tiempos, esto es, que veremos hombres que para su propia perdición tuercen la Palabra (2 Pedro 3: 16), en ostensible mala fe, libertinaje (Judas 4) y deseos de lucro (Judas 11).

En ambos casos, según lo declara el evangelio, la Palabra de Dios, o sea, Jesucristo, es Piedra de Tropiezo que hace caer a los que de antemano fueron destinados para ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

Los destinados a ser desobedientes, constituyen la red del mal que está tejida en el mundo, y que es manejada desde las sombras, por hombres siniestros, que fungen de administradores del misterio de la iniquidad, el cual, según lo declara el evangelio, ya está en acción (2 Tesalonicenses 2: 7).

Estos seres, por lo general nunca dan la cara, pues les resulta estratégico y cómodo, permanecer ocultos, moviendo desde las esferas más secretas, los hilos que hacen actuar como marionetas a sus peones, que son las figuras conocidas como los grandes líderes mundiales.

Estos seres, no son los pobres de la tierra. ¡De ninguna manera! No son siquiera los habitantes de la clase media, ni los burgueses adinerados.

Estos seres secretos, son los ricos de la tierra, de quienes a duras penas, públicamente se conocen unos pocos nombres, que nada sacamos con mencionarlos. Estos son quienes con el indescriptible poder del dinero que tienen, hacen y deshacen con este planeta.

Precisamente para ellos, el evangelio, les dedica un texto muy preciso:

Santiago 5:

1.¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.

2.Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.

3.Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

(R. V. 1960)

Pongan atención al versículo 3, que dice, que el moho devorará del todo sus carnes. Esto lo ampliaremos más adelante.

Piense también el entendido, que al afirmar el evangelio, que estos seres desobedientes fueron destinados para tal condición de desobediencia, se nos está revelando, que esta desobediencia, es un hecho que traspasa los linderos de la dimensión material de este mundo en el que habitamos.

¿Desde cuándo, estos seres fueron destinados a ser desobedientes?

Dice el evangelio, que los hijos de Dios fueron escogidos desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4). De la misma forma y en la misma dimensión temporal, deben haber sido destinados estos seres para ser desobedientes a Dios y merecedores de las plagas postreras.

Fuera de esta dimensión terrenal en la que habitamos, hay una producción de hechos de larga data, ocurridos en la dimensión de lo invisible; hechos que sólo el Sello del Espíritu Santo nos permite avistar, pues no es posible hacerlo a la simple observación.

Así nos dice el evangelio:

2 Corintios 5:

7. (porque por fe andamos, no por vista);

(R. V. 1960)

Tenga el lector la seguridad, de que quienes no tienen un claro Entendimiento de lo que es el Sello del Espíritu Santo, dejan entrever por sus obras, una de estas dos condiciones correspondientes a su naturaleza espiritual:

a) O bien, en la Eternidad, en los lugares celestiales, en el Trono de Dios, no han sido sellados por el Espíritu Santo, o sea, no han sido inscritos en el Libro de la Vida, lo cual los hace, destinados a desobediencia,

o,

b) Ya están sellados desde la Eternidad en el cielo y están inscritos en el Libro de la Vida; pero aquí en la tierra, todavía no han nacido de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3), para poder dar el Testimonio del Sello que les fue otorgado en los lugares celestiales eternos.

Según lo afirma el Señor Jesús, en (Juan 8: 35), el primer caso corresponde a los hijos de Satanás; mientras el segundo, corresponde a los esclavos de Satanás.

Los esclavos, son quienes están escogidos para ser libertados por la Verdad, porque son el pueblo de Dios. Para darles esta Libertad, es que vino a la tierra el Hijo de Dios.

Los esclavos, nacen de nuevo en Espíritu en el momento en que son libertados por la Verdad.

Los hijos de Satanás por otra parte, nacen muertos espiritualmente y continúan muertos para la Eternidad.

Los esclavos, cuando son liberados de la esclavitud de la mentira (Juan 8: 44), alcanzan un claro Entendimiento del Sello del Espíritu Santo con el que han sido sellados desde la Eternidad; y esto se hace patente por el Testimonio que dan a partir de su liberación, el cual es, proclamar la Verdad sin tropiezo.

En todo caso, debemos saber, que los esclavos, mientras no nacen del Espíritu, actúan igual que los hijos de Satanás; y así actuábamos todos, antes de ser libertados por nuestro Libertador, el Señor Jesús.

¿Por qué actuábamos así?

Porque el sistema mundial entero, está dirigido por el príncipe del engaño (Juan 12: 31; 16: 11).

El príncipe del engaño, nos tenía engañados; nos tenía seducidos en el mundo en sus malas obras, haciéndonos creer que obrábamos bien. Pero este engaño, no es asunto sólo de este ciclo terrenal por el cual transitamos.

Este engaño, como lo habíamos expresado, es de larga data, ocurrido en las esferas de lo intangible, desde tiempos celestiales remotos.

En nuestro peregrinaje sobre la tierra, sólo con la llegada del Hijo de Dios (Gálatas 4: 6), es que el príncipe del engaño es juzgado y echado fuera.

Sólo cuando el Hijo de Dios llega al corazón del hombre, el hombre queda liberado de toda forma de engaño.

No hay error en esto que estamos afirmando.

Así dice el evangelio:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2. en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

3. entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

(R. V. 1960)

Observen mis amados, que el versículo 3, afirma que “todos nosotros”, los que éramos esclavos del pecado, actuamos igual que los “demás.”

¿Quiénes son los “demás”?

“Los demás”, son los hijos de Satanás.

En ambos casos, tanto en los hijos, como en los esclavos de Satanás, los frutos que se observan son los de la carne.

Tales frutos nacen de los deseos de la carne; y estos a su vez, son inspirados por el espíritu de Satanás.

Así lo expresa el evangelio:

“Por sus frutos los conoceréis (Mateo 7: 15 – 20; Lucas 6: 43 – 45).

¿Cuáles son los frutos de la carne?

Gálatas 5:

19. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20. idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21. envidias homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

(R. V. 1960)

Es sencillo entender entonces, que quien manifiesta estos frutos, está en enemistad con Dios.

Muchos creen, que sin importar el estado carnal en el que se encuentran, tan sólo por pertenecer a una religión, y estar adheridos a las creencias y rituales que dentro de ella se practican, ya cuentan con el favor de Dios.

Sin embargo, a la Luz de las revelaciones que nos da la Biblia y que las hemos meditado e integrado en nuestro Conocimiento, en el curso de este estudio guiado por el Espíritu Santo, entendemos, que quien tiene el Favor de Dios, es sólo quien tiene el Sello del Espíritu Santo, o lo que es lo mismo, es quien tiene morando en sí mismo, la Promesa del Espíritu del Señor Jesucristo.

De tal forma que, sólo quien tiene el Sello del Espíritu Santo, y que en esta tierra ha nacido de nuevo en Espíritu, está capacitado para enseñar a otros el evangelio de Jesucristo. Dicho de otra forma, sólo el que en la plenitud de su tiempo ha recibido el Espíritu del Señor Jesucristo en su corazón (Gálatas 4: 6), está capacitado para proclamar sin tropiezo el evangelio de la Paz (2 Corintios 3: 5 – 6).

De la misma forma, sólo quien desde la Eternidad tiene el Sello del Espíritu Santo, puede oír la enseñanza del evangelio de Jesucristo y abrir su oído para recibir la Fe (Romanos 10: 17).

Por eso entendemos, que el Señor Jesucristo nunca dijo:

“La religión es el árbol y ustedes son las ramas”

“El que permanece en una religión da buen fruto”

“Separados de la religión nada pueden hacer”

“Si practican una religión pidan lo que quieran, que les será dado”

Esto es más bien, lo que dice el Señor Jesucristo en su Palabra:

Juan 15:

5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

6. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen; y los echan en el fuego, y arden.

7. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

(R. V. 1960)

Quienes fungen de maestros del evangelio pero que no tienen el Sello del Espíritu Santo, inflan la Palabra con levadura (Gálatas 5: 9); es decir, la adornan con argumentaciones carnales, nacidas de su propia mente carnal natural, deformando la sana doctrina, y adaptándola a un público de oyentes también carnales, que sólo tienen comezón de oír palabras, que puedan satisfacer sus propios deseos carnales (2 Timoteo 4: 3).

Así es, como se ha organizado la gran empresa religiosa a la que el libro de Apocalipsis llama la gran ramera, la Babilonia espiritual, que por siglos viene manipulando la mente de sus adeptos, con bonitas palabras, llenas de fantasías y mentiras que los hipnotizan y esclavizan a la voluntad y al poder que sus altos mandos administran.

La dinámica de esta empresa de la mentira, consiste en las maquinaciones (2 Corintios 2: 11) alrededor de una conspiración planetaria bien orquestada por sus actores durante siglos, quienes siguen fielmente una agenda dirigida invisiblemente desde las tinieblas, por su jefe máximo: Satanás, el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2: 2).

¿En qué consisten las maquinaciones de Satanás, que menciona el evangelio?

Pues, veamos:

Aunque aparentemente existen varias religiones, todas son parte de la misma conspiración y todos sus adeptos pertenecen al mismo cuerpo: El cuerpo de Satanás.

¿Contra quién es la conspiración?

Contra el Reino de Dios y su Soberano.

Todas las religiones, trabajan en esta conspiración para que no se sepa la Verdad.

¿Qué es la Verdad?

Es Jesucristo, el Hijo de Dios.

El Señor Jesucristo dijo:

Juan 8:

32. y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

(R. V. 1960)

Todas las religiones trabajan, para que quede desvirtuado el Nombre de Cristo y el Reino de Dios al cual representa.

Todas las religiones conspiran, para que sea un hombre en la tierra, el que con sus bonitas palabras, dirigidas a la humanidad con gran poder hipnótico surgido de las tinieblas (2 Tesalonicenses 2: 9), engañe al mundo, haciéndole creer que él traerá la felicidad y el progreso.

Este hombre ofrecerá traer al mundo una inmensa felicidad, que de hecho, ya en el sistema mundial entero, así como está estructurado, está siendo promovida a todo nivel, a través de la comodidad que brinda su aliada estratégica, la tecnología actual.

Con la tecnología, su aliada, este hombre empoderado desde el infierno, está atrapando a todos, de forma que, va sutilmente poniendo en perspectiva para la humanidad, la ilusoria idea de un reino maravilloso aquí en la tierra, para a renglón seguido, hacerse adorar como un dios todopoderoso (Apocalipsis 13: 12).

Esta es la red, tejida aquí en la tierra. El que tenga oídos oiga (Mateo 11: 15; Apocalipsis 2: 11).

Esta es la red, de la cual, el Salvador saca a su pueblo. A causa de ello, nuestra esperanza clama con David:

Salmo 25:

15. Mis ojos están siempre hacia Jehová,

Porque él sacará mis pies de la red.

(R. V. 1960)

Con tanta felicidad que la conspiración global pone en perspectiva; y siendo este hombre el aparente restaurador del mundo, la malévola conspiración liderada por este falso Cristo, conlleva sutilmente a la humanidad a convencerse de que no nos hace falta un Dios del Cielo que venga por nosotros, porque ya se hizo realidad uno aquí en la tierra.

¿Para qué esperar un Reino de los Cielos, si ya se está formando el reino de este dios luminoso aquí en la tierra?

Hoy, más que nunca, debemos oír la exhortación del evangelio que nos anima a no poner la mirada en las cosas de abajo, sino en las de arriba, en las del Cielo, de donde todos los que conformamos la verdadera iglesia de Jesucristo, esperamos a nuestro Salvador (Colosenses 3: 2).

Vean no más, a los evangélicos de la prosperidad, cómo en vez de llevar al mundo hacia el Arrepentimiento, para que hombres y mujeres puedan manifestar el Testimonio del fruto del Espíritu, lo que hacen en sus millonarias sinagogas es, aparentando ser reformistas y protestantes, promover el reino de dios aquí en la tierra, manifestando sin reparo alguno, los frutos de sus carnes corrompidas, en claro contubernio con los conspiradores de la élite religiosa.

Para sembrar en los habitantes del mundo, el deseo de lograr la paz, la felicidad y el progreso, la conspiración bien orquestada desde las tinieblas, se coyunta en una franca fornicación entre los poderes laicos y los religiosos, que se confabulan primero, para causar el caos y la destrucción en la tierra, para luego, ser ellos mismos, quienes propongan las grandes soluciones, que den paso a la creación de un nuevo mundo maravilloso.

Así dijo el Señor Jesucristo:

Juan 5:

43. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.

(R. V. 1960)

El mundo engañado por la conspiración, lo que hace es, abrirle las puertas al líder máximo de la conspiración, salido del mismo infierno (Apocalipsis 13: 1; 14).

Dios que todo los sabe, ha dejado expresado así, en su Palabra:

Isaías 54:

15. Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

(R. V. 1960)

Vuelvo a preguntar:

¿Qué es la Verdad?

Si ya sabemos que Jesucristo es la Verdad, reforcemos nuestro Entendimiento, afirmando, que el Espíritu de Jesucristo es el Sello del Espíritu Santo, grabado en su pueblo. Este Sello, se manifiesta en cada uno de los sellados, por el fruto del Espíritu.

Este fruto, es el fruto del Espíritu de Jesucristo, que se evidencia en los Sellados (Filipenses 2: 13):

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

¿Cuál es entonces, la Verdad que los conspiradores de las tinieblas no quieren que el mundo conozca?

No quieren que el pueblo de Dios manifieste el fruto del Espíritu.

No quieren que el mundo conozca, que por el Poder de Jesucristo crucificado y resucitado, el pueblo de Dios es libre.

No quieren que los habitantes del mundo conozcan, que aunque les parece que viven en libertad, en realidad son esclavos.

A Satanás le conviene que los habitantes del mundo, sigan siendo sus esclavos.

Satanás con todo su ejército en la tierra, no quiere que se sepa lo que el mismo Señor Jesucristo dijo:

Juan 8:

34. Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

(R. V. 1960)

¿Quién es el que hace pecado?

Pues, el que practica las obras de la carne (Gálatas 5: 19 – 21).

¿Por qué quiere Satanás impedir que se sepa la Verdad, en cuanto a que las obras de la carne son pecado; y más bien las promociona como cosa buena que está siempre de moda? (Romanos 12: 2).

Porque los que practican las obras de la carne, son para Satanás, la carne que alimenta su cuerpo.

Entendamos entonces ahora, por qué en (Santiago 5: 3), el evangelio afirma que el moho devorará las carnes de los ricos de la tierra.

Las emociones que producen las modas y costumbres del sistema de vida mundial, tales como las ambiciones, la ira, el temor, la lascivia, las pasiones, la envidia, el rencor, el egoísmo, etc., son frutos carnales, alimento permanente del cuerpo de Satanás.

Todas estas emociones, son para Satanás, los deliciosos frutos de la carne que alimentan su cuerpo. De hecho, todos son frutos de muerte, que alimentan su cuerpo de muerte.

¿Cómo está conformado el cuerpo de Satanás?

Está conformado, por todos los que practican las obras de la carne, o sea, por los que practican el pecado.

¿Quiénes son?

Pues, sus hijos, que en primer término, son los ricos de la tierra, que a la cuenta no son muchos; pero sus esclavos, sí que son muchísimos.

¿Cómo se organiza la agenda conspirativa de Satanás para incentivar la producción de los frutos de la carne?

Como ya lo he dicho antes, los altos mandos de las empresas religiosas, como bien sabemos por la revelación del evangelio, fornican con los poderes laicos de la tierra (Apocalipsis 17: 1 – 2), llámense estos, económicos, políticos, científicos tecnológicos o educativos, haciendo con ellos, un solo cuerpo: El cuerpo de Satanás.

Desde la crucifixión y resurrección del Señor Jesucristo, Satanás está vencido y sin poder contra los elegidos del pueblo de Dios; pero para sostener a los suyos dentro de su cuerpo, permanece oculto y siempre activo, moviendo desde las sombras, estos poderes que le pertenecen, impulsando con las obras malignas de la conspiración, la producción de la carnalidad en las almas aún no convertidas.

Por eso, Satanás conspira, para que los esclavos no conozcan la Verdad, porque mientras más tiempo estén esclavos del pecado, más tiempo tiene alimento para sostener su cuerpo.

¿Qué promueven los poderes laicos?

Promueven lo que Satanás quiere: Las obras de la carne, su alimento.

Es así que, los poderes económico y político, promueven los grandes negocios, lícitos o ilícitos, la avaricia, el hurto, las diferencias de clases, las guerras, las ambiciones desmedidas, la falta de ética, los crímenes, las discordias, la corrupción a todo nivel y la degeneración del comportamiento humano, llamando bueno a lo que es malo y malo a lo que es bueno (Isaías 5: 20).

La ciencia y la tecnología, ponen a la disposición del mundo, herramientas que aparentan ser de progreso para el ser humano, pero que en realidad, son herramientas que sirven para adormecerlo mentalmente en el placer y la comodidad, manteniéndolo esclavo dentro de los sistemas de esclavitud, que sus genios estrategas inspirados por el mal, han diseñado.

Estos son los poderes que fabrican las armas, para exterminar seres humanos a pequeña y a gran escala. Estos mismos poderes son los que promueven las guerras para vender sus armas (Santiago 4: 1).

Estos poderes, son capaces de provocar terremotos, tsunamis y alteraciones del clima en todo el planeta.

Estos poderes, son los que ordenan a quienes legislan y gobiernan, aprobar ciertas leyes, que aparentan tener un espíritu promotor de la igualdad y la solidaridad, pero que según lo vamos observando en estos postreros días de la tierra, se complacen con la degeneración del ser humano.

Para los tenebrosos seres que hacen estas cosas, es, que el evangelio se pronuncia de esta manera:

Romanos 1:

28. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;

29. estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

30. murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,

31. necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;

32. quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

(R. V. 1960)

Estos son los poderes que fabrican la pornografía a gran escala, contaminando tempranamente la mente de los jóvenes, para luego ser ellos mismos, los que a través de sus mismas organizaciones de ayuda, proclamen las fórmulas de prevención del aborto, el VIH, embarazos tempranos, uso de anticonceptivos, paternidad responsable, etc.

Estos son los poderes que contaminan el planeta con experimentos nucleares, generando cáncer en la población, para luego, ser ellos mismos los que promulguen la lucha contra el cáncer. Para luego, ser ellos mismos los que fabrican los fármacos costosos para tratar las enfermedades que ellos causan y que por sus altos precios no resultan accesibles a un gran porcentaje de la población.

Estos son los poderes que crean las fundaciones de ayuda, para manipular con gestos de bondad a quienes ellos mismos han afectado de una u otra manera.

Los sistemas educativos, sobre todo si son religiosos, condicionan la mente del ser humano para actuar en función de los sistemas creados por los mismos poderes que con ellos fornican.

La finalidad de los sistemas educativos masificados, de fondo es, hacer que las grandes masas humanas sin sentido crítico, se adapten, concuerden, contribuyan y participen activamente desde su formación humanística, con el aparente progreso del mundo, que los mismos poderes de la tierra han diseñado.

Todo lo que vemos en este valle de sombra de muerte (Salmo 23: 4), que es el sistema mundial manejado por Satanás, es una farsa bien organizada.

En esta farsa, los grandes actores designados para actuar en la comedia de la tierra, lo que tienen que hacer, es seguir el libreto que se les ha ordenado, cumpliendo así, más bien, el rol de títeres que obligatoriamente deben mostrar sus caras, dando la apariencia de estar divididos; pero que de fondo, son parte del mismo juego de la conspiración. Hablo, de los grandes líderes mundiales, que se alinean en grupos, por ideologías e intereses comunes, para que puedan los grupos, disentir unos con otros.

Demócratas y republicanos; capitalistas y socialistas; católicos y protestantes; musulmanes y judíos; unos equipos deportivos contra otros; unas naciones contra otras; unas asociaciones contra otras; y así, todos, etiquetados con membresías de organizaciones, todos desde sus sedes y perspectivas, quieren y ofrecen lo mejor para el mundo, rechazando siempre, las propuestas de sus contrarios.

No importa que tan antagónicos parezcan los grupos o los individuos, siempre serán las dos caras de la misma moneda con respecto al punto de disensión. Todos aparentan rivalidad, pero por debajo, cumplen los mismos objetivos puestos en la agenda de quienes los gobiernan.

Lo importante en la agenda de la conspiración, es crear en todas las esferas del convivir humano, los bandos antagónicos, para luego de producido el caos causado por los desacuerdos, proponer la unidad que los maneje a todos, en una engañosa promesa de paz y seguridad.

Para colmo, en todo esto, la industria cinematográfica mundial, desde su misma sede que es sinagoga de Satanás, nos muestra a través de la pantalla, por medio de películas bien planeadas, toda la terrorífica agenda conspirativa de las tinieblas, sin que nadie se conmueva ni entienda, que todo lo que se está viendo como entretenimiento, es lo que ha sucedido, está sucediendo y sucederá en el mundo.

Delante de la pantalla, la gente está adormecida y entretenida, disfrutando de la creatividad satánica, acostumbrándose a ver cosas tan depravadas que ya nada les parece malo. Más bien, todo pareciera ser normalmente cotidiano.

En la pantalla vemos todas las confabulaciones que ocurren y que se traman en las grandes organizaciones de seguridad mundial, en las organizaciones de derechos humanos, en los gobiernos, en las industrias, en las organizaciones religiosas, etc.

Se muestra abiertamente en la cara de la humanidad, lo más ruin y detestable del poder de la maldad; y todo el mundo sigue enfrascado en sus deleites temporales, sin caer en cuenta, que sobre sus cabezas se cierne una inevitable destrucción, que hasta la saciedad, en una agenda bien programada, va siendo cotidianamente anunciada por sus mismos mentalizadores.

Satanás se ríe desde las tinieblas, porque sus peones, los líderes mundiales, cumplen con el cometido encargado y los esclavos participan voluntariamente en su propia catástrofe, sin apercibirse de nada.

Así dice el evangelio:

2 Tesalonicenses 2:

8. Y entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;

9. inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

(R. V. 1960)

¿Quién dijo que el hombre puede liberarse a sí mismo?

Quizás los religiosos, los psicólogos, los sociólogos, o los políticos.

Pero esta es una gran mentira. Nadie puede liberarse a sí mismo. Tampoco, nadie puede liberar a nadie, porque todos están atrapados en la misma red de esclavitud.

Los esclavos son ciegos. Cuando un ciego guía a otro ciego, los dos caen a hoyo (Mateo 15: 14).

Ni la educación puede hacerlo, porque los sistemas educativos siguen los patrones acordados internacionalmente, por las organizaciones especializadas en editar los modelos educativos y controlar que todos los gobiernos los apliquen, para otorgarles una calificación, dentro de la escala del desarrollo.

Estas organizaciones, son parte medular de las maquinaciones de Satanás, que incansablemente trabajan en la estructuración del entramado de la conspiración global de la mentira.

¿Quién entonces puede liberar al hombre de su esclavitud, estando inmerso en este entramado global?

¿Quién puede mostrarle con claridad, que su naturaleza es divina, porque fue hecho a imagen y semejanza de Dios?

¿Quién puede enseñarle al hombre, que hay un Reino celestial, en el que le aguardan una corona y todas las Promesas de Dios preparadas para él?

Sólo el Señor Jesucristo puede liberar al hombre, que está esclavo del pecado.

Sólo podemos darnos cuenta, de que somos reyes y sacerdotes del Trono de Dios, si tenemos el Sello del Espíritu Santo, y nacemos de nuevo en el Espíritu.

Sólo podemos darnos cuenta de este juego conspirativo de engaño y maldad que hay en la tierra, si con el nuevo nacimiento en el Espíritu, somos confirmados en el Sello del Espíritu Santo.

A causa de esto, nos exhorta el evangelio de la siguiente manera:

Colosenses 2:

8. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

(R. V. 1960)

Así mismo, la Palabra del evangelio nos deja claro lo siguiente:

Santiago 4:

4. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

(R. V. 1960)

Como vemos, los frutos que promueven los poderes de la tierra, son los frutos de la carne.

Dejemos claro entonces, que toda la maldad que ocurre en la tierra, administrada por los grandes poderes del mundo, trasvasa las fronteras de la dimensión material de este planeta.

Los ricos del mundo, que hacen lo quieren con el mundo, en realidad, son la cúpula de la pirámide de la maldad. Esta cúpula, que según el evangelio, son varios reinos de la tierra, está empoderada por Satanás, quien habita en las tenebrosas esferas de lo invisible (Apocalipsis 13: 1 – 18).

Satanás, es quien está detrás de los poderes de la tierra; y su espíritu es el enemigo de la Verdad, o sea, del Señor Jesucristo; por tanto, desde las tinieblas, él gerencia todo tipo de engaño, para promover los frutos de la carne en todos cuantos pueda, porque de esta manera, quienes tales obras practican, son carne de la cual se alimenta y de la cual se nutre su siniestro cuerpo espiritual.

Por eso, a Satanás no le conviene que nadie sepa la Verdad.

Satanás no se conforma con devorarse las carnes de los poderosos de la tierra, sino que quiere seguir nutriéndose de la multitud de esclavos que tiene atrapados en sus redes; y ¡vaya que son muchos!

Satanás y su inmensísimo y terrorífico ejército de demonios, potestades y gobernadores de las tinieblas (Efesios 6: 1), se alimentan así, del alma de quienes practican las obras de la carne.

Por eso, David, dice esto:

Salmo 27:

2. Cuando se juntaron contra mí

los malignos, mis angustiadores y

mis enemigos,

para comer mis carnes, ellos

tropezaron y cayeron

(R. V. 1960)

Satanás y sus huestes de maldad, tropiezan con quienes han sido libertados por el Espíritu de Cristo, pues ya no pueden devorar sus carnes. Luego de la liberación, el fruto es del Espíritu.

A Satanás no le conviene que se sepa esto que dice el evangelio:

1 Corintios 6:

9. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10. ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

(R. V. 1960)

Todos los que actúan de acuerdo a lo descrito en el texto que antecede, son la carne de la que se alimenta Satanás.

Sus esclavos son su alimento.

Nadie que se precie de ser santo; es decir, que está sellado por el Espíritu Santo, puede desear ser o volver a ser alimento del abominable espíritu que esclaviza al mundo y se lo devora.

Nadie que se precie de ser santo, puede permitirse en lo más mínimo, producir algún fruto de la carne. No puede, porque el Santo, habita en su corazón redimido de la iniquidad. Su cuerpo es templo del Espíritu Santo. En él, sólo se da el fruto del Espíritu.

El fruto del Espíritu, es escudo contra el devorador.

¿Y cómo participa el poder religioso en esta orquestada conspiración de las tinieblas, para que Satanás se devore la carne de los esclavos?

El poder religioso, es engendrado en los gobiernos y poderes laicos de la tierra, los cuales le han adjudicado el emblema de “referente moral” del comportamiento de los seres humanos.

Lo que diga el poder religioso que está bien, pues debe asumirse que está bien; y lo que diga que está mal, pues deberá acatarse como malo.

Por eso las Escrituras advierten:

Isaías 5:

20. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

(R. V. 1960)

De esta forma, el “referente moral” de la humanidad se da la mano con los gobernantes de las naciones, es más, a todos los quiere unir en un mismo pensamiento ideológico enfocado en un nuevo ordenamiento mundial.

En este nuevo ordenamiento mundial, ya todos se han puesto de acuerdo. Sólo hay que seguir presenciado, la dinámica de sus decisiones y cotejándolo con lo que nos dice la Palabra de Dios.

Los hijos de Dios, tenemos la Biblia que es nuestra guía profética segura (2 Pedro 1: 19), para saber qué tan cerca estamos del desenlace de todo lo que Dios nos ha anunciado, por los profetas y por el Señor Jesucristo.

Los gobernantes de las naciones, cuentan con la anuencia de la figura que es el “referente moral” de la humanidad. A esta figura, la vemos dando discursos morales por todas las naciones, sin mencionar un solo versículo del evangelio, pero eso sí, hablando de sus propias propuestas ecuménicas, que concuerdan exactamente con la agenda de este nuevo ordenamiento mundial, que van sutilmente tejiendo los poderosos conspiradores de la tierra.

Dentro de esta bien orquestada conspiración, la obra maestra de la religión es, utilizar el nombre de Jesucristo para matizar engañosamente, la peor de las blasfemias (Tito 1: 16) con la que se mancilla el nombre de Dios:

Esta obra maestra de la religión, es la idolatría, la cual es la más asquerosa de todas las blasfemias contra el Espíritu Santo; y a la vez, es la carne que más le gusta, le nutre y le da fuerza al cuerpo de Satanás.

Con la idolatría, los religiosos generan alrededor del Nombre de Señor Jesús, una serie de nombres deificados por ellos, con los cuales se afrenta al Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

Así se puede ver, que casi pasa a un segundo o tercer plano, la Majestad de Dios, cuando el “referente moral” de la tierra, consiente que se alabe, clame o agradezca a ciertas figuras de personajes ya muertos, pero que en sus vidas terrenales, tuvieron un rol representativo dentro de las filas religiosas.

La idolatría, es un recurso estratégico, dentro de la agenda conspirativa satánica, porque ella hace desviar la vista del verdadero evangelio, hacia una fe carnal depositada en la figura de un hombre que pretende convertirse en un dios sobre la tierra.

Sucede entonces, que los idólatras y todos los demás descritos en (1 Corintios 6: 9 – 10), si no están en la Promesa de Dios, para ser liberados por el Señor Jesucristo, de hecho están ya consumidos por el Fuego Eterno.

Por tal razón, las Escrituras se pronuncian de esta manera:

Proverbios 9:

10. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,

Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.

(R. V. 1960)

Quien conoce al Santísimo, a causa del Sello del Espíritu Santo, no puede caer en idolatría después de haberlo conocido. Quien no lo conoce seguirá bajo el influjo del poder religioso, al cual, ya sabemos quién lo maneja, hasta que Dios, se apiade y le libere por medio su Hijo.

Job 28:

28. Y dijo al hombre:

He aquí que el temor del Señor es la sabiduría,

Y el apartarse de mal, la inteligencia.

(R. V. 1960)

Todo el que ha sido libertado con la Verdad, ha recibido la Sabiduría. Esta es la Inteligencia, que a todo convertido lo hace apartarse de toda obra de la carne, pero sobre todo de la inmunda idolatría, cuyos practicantes demuestran no tener Espíritu de Temor de Dios.

Por cierto, muchos fuimos eso, pero por la Gracia de Dios y su Misericordia que es para siempre (Salmo 100: 5), fuimos lavados y santificados. Así lo dice el evangelio, y de ello, ahora damos Testimonio:

1 Corintios 6:

11. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(R. V. 1960)

Para finalizar esta entrega, debo recordar al entendido, que las prédicas leudadas con vana palabrería, que muchos de los predicadores de estos tiempos postreros presentan por los medios televisivos, son producto del total desconocimiento del Sello del Espíritu Santo, ante lo cual, conviene que siempre tengamos presente los siguientes puntos:

Que la parte medular de la enseñanza del evangelio, es llevar al inconverso, a lo que Juan el Bautista predicaba diciendo: “Haced, pues, frutos dignos de Arrepentimiento” (Mateo 3: 8). Sin duda, estaba hablando del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23), que es la Santidad, y no la prosperidad, ni los pactos con dinero, como obsesivamente y con total desvergüenza y desobediencia, promulgan estos activos miembros del sistema conspirador de las tinieblas.

Que sin Santidad, nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14). ¿Por qué? Porque sin Santidad, o sea, sin Cristo, los frutos que se dan son carnales. El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza tal Santidad requerida, productora del fruto del Espíritu. Esta es la finalidad del Sello: Convertirnos en santos. Para esta finalidad trabaja la Palabra, la cual, no regresa al Padre, vacía (Isaías 55: 11), sino llevando a los santos, de regreso al Reino del Padre.

Que en los tiempos del fin, se verá que ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán (Daniel 12: 10).

Que en los tiempos finales, el que es inmundo será más inmundo; y el que es santo, seguirá santificándose más (Apocalipsis 22: 11).

Que nos examinemos a nosotros mismos para tener la certeza de que estamos aprobados por Dios, con el Sello del Espíritu Santo (2 Corintios 13: 5).

Que probemos a los espíritus, sabiendo que el que es de Dios nos oye; pero el que no es de Dios, no nos oye (Juan 8: 47; 1 Juan 4: 6).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 50

49. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 48: Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5: 25)

En la entrega anterior, concluimos con la descripción del séptimo momento del Sellado del Espíritu Santo; es decir, con el momento correspondiente al Sello de la Obediencia.

Es importante, que ahora el lector recuerde los siete momentos del proceso completo del sellado.

Antes de hacer este recordatorio, debo una vez más aclarar, que la forma en que he venido describiendo este proceso a lo largo de las entregas presentadas en este blog, me ha sido dirigida por el Espíritu Santo para el cumplimiento de este cometido, de llegar a comprender el Sello como un todo completo.

Esta aclaración, es la misma que he venido haciendo reiteradamente, insistiendo siempre en un aspecto de suma importancia, este es, que el Sello del Espíritu Santo, obedece a un solo hecho, que es totalmente espiritual y ejecutado de una sola vez, en la misma Eternidad.

La descripción de la aplicación del Sello, la hemos venido presentando por partes, siguiendo una secuencia de momentos correspondientes a un proceso.

Sin embargo, la finalidad de este estudio, no es promover que el lector se quede viendo las partes del proceso en forma separada, sino que visualice a todas estas partes, integradas como un todo.

Insisto entonces, en tener presente que este Sello con todas sus partes a las que hemos analizado por separado, es grabado en la Eternidad, como un todo, de una sola vez y para siempre sobre el corazón de los habitantes del pueblo de Dios. Este hecho ocurre en los lugares celestiales eternos, donde habitan el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo.

Para dejar sentada firmemente la revelación acerca de este Sello, como un hecho espiritual y eterno, invito al lector, a que establezca el nexo que existe entre los siguientes dos versículos que expongo a continuación:

Isaías 57:

15. Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

Según nos declara el versículo anterior, Dios habita en la Eternidad.

También dice el versículo, que Dios habita en el hombre quebrantado y humilde de espíritu.

Correlaciónese la declaración de este versículo, con lo que dice:

Eclesiastés 3:

11. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

(R. V. 1960)

Estableciendo la correlación de los dos versículos anteriores, que obedecen a la misma Palabra de Dios, complementándose el uno con el otro, nos revelan que la Eternidad, que es el mismo Cristo, está puesto por Dios, en el corazón de cada uno de sus hijos (Gálatas 4: 6).

Esta Eternidad que es la dimensión espiritual en la que Dios habita, es el Sello del Espíritu Santo, grabado en el corazón del hijo de Dios.

Cuando dice Dios, que Él habita en la Eternidad, está diciendo que Él habita en Cristo.

Cuando dice el evangelio, que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo al corazón de sus elegidos, nos está revelando que nos ha puesto en el corazón la Vida Eterna.

Este Sello pues, siendo la Vida Eterna, es entonces, la misma Eternidad. Dicho de otra manera, es el mismo Cristo.

Este Sello eterno, es la parte medular del Pacto de la Gracia.

El Pacto de la Gracia es entonces, un hecho que acontece en la Eternidad.

En la misma Eternidad, es cuando Dios todo lo hace nuevo. Por eso, el Pacto de la Gracia, que es Pacto Eterno, es a su vez, el Nuevo Pacto (1 Corintios 11: 25).

Este es el Pacto, que hace del elegido de Dios, un nuevo hombre…Una nueva criatura.

2 Corintios 5:

17. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.

(R. V. 1960)

Este es el Sello del Nuevo Pacto: Cristo Jesús.

Este es el Sello grabado en el corazón de los elegidos, con la tinta del Escribano (Ezequiel 9: 2), que es la sangre del Cordero de Dios (Mateo 26: 28; Marcos 14: 24; Lucas 22: 20).

Este es el Sello eterno con el que estamos sellados los hijos de Dios.

El Señor Jesucristo, es el Sello espiritual eterno, con el que estamos sellados y por el cual tenemos Vida Eterna.

Juan 3:

36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

(R. V. 1960)

Juan 11:

25. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.

26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

(R. V. 1960)

Juan 17:

3. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

(R. V. 1960)

1 Juan 5:

12. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(R. V. 1960)

Como podemos ver, este Sello no es un hecho que se suscita en la dimensión del tiempo terrenal presente, pues bien claro lo expresa el evangelio, que es el misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25), pero que se ha dado a conocer ahora, para que obedezcamos a la Fe (Romanos 16: 26).

En el Séptimo día, el cual es la Eternidad misma, o sea, Cristo, Dios reposó de toda la obra que hizo, habiendo primero bendecido y santificado este día (Génesis 2: 3).

Entendemos, que Dios reposó en este día, que es Día de Reposo Dicho de otra forma, este Día, es el mismo Cristo.

Luego de haberlo bendecido y santificado al Séptimo Día, reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Dios reposó, luego de haber hecho todo en Cristo.

En Cristo, todo lo hizo nuevo.

Dios entra en su Reposo, que es Cristo, dejando sellado a su pueblo, con el Espíritu de su Hijo, engendrando para su Reino eterno, multitud de hombres nuevos, coherederos de la Vida Eterna, juntos con su Hijo (Romanos 8: 17).

En este peregrinaje terrenal, por la revelación del evangelio, ahora se nos ha dado a conocer a los hijos de Dios este hecho que es espiritual y eterno.

Debido a esta revelación, es que llegamos a conocer quiénes somos.

¿Quiénes somos?

Somos hijos de Dios.

La revelación del evangelio, nos da conocer que estamos sellados eternamente con el Sello del Espíritu Santo.

La revelación del evangelio, nos da a conocer, que este Sello lo tenemos impreso en nuestros corazones desde la misma Eternidad y desde los mismos lugares celestiales.

La revelación del evangelio, nos da a conocer, que este Sello, tanto en la tierra, como en el cielo, es el Testimonio de nuestra herencia eterna, como hijos de Dios.

Así lo revela el evangelio:

1 Juan 5:

7. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: El Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

(R. V. 1960)

Mateo 6:

10. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

(R. V. 1960)

El proceso del sellado, así como me ha sido revelado, convenía para el amado lector y estudioso de la Palabra, el ser descrito mediante la estructura pedagógica desarrollada en este estudio, la cual ha sido expuesta mediante entregas secuenciales y ordenadas, para su fácil comprensión.

Claro está, que la comprensión de este proceso, lo hace fácil el Espíritu Santo, y sólo le está dada, a quien es poseedor de su Sello.

Claro está también, que quien no tiene el Sello del Espíritu Santo, ni de lejos estará podrá mirar este estudio.

Recordemos entonces, los siete momentos del proceso del sellado del Espíritu Santo:

1. Quebrantamiento

2. Arrepentimiento

3. Entendimiento

4. Conocimiento

5. Fe

6. Purificación

7. Obediencia

Ponga el lector, atención a los siguientes dos versículos:

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R. V. 1960)

Juan 6:

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R. V. 1960)

En estos dos versículos anteriores, el evangelio nos está comunicando, que sólo puede acercarse a Cristo, aquel que ha recibido el Sello del Espíritu Santo.

Según esta revelación, las condiciones para que se de este acercamiento son:

Sólo “Si el Padre le trajere”

Sólo “Si le fuere dado del Padre”

Con estas dos condiciones, está claro, que hay quienes de ninguna manera podrán acercarse al Señor Jesucristo. De hecho, estos que nunca se acercarán al Señor, ni siquiera están interesados en hacerlo.

Quien se acerca al Señor Jesucristo, para poder llegar a Dios, es todo aquel, que previamente “le ha sido dado del Padre.”

¿Le ha sido dado, qué cosa?

¡Pues, el Sello del Espíritu Santo! (Juan 14: 17 – 20).

Tal Sello, que es el mismo Espíritu de Dios grabado en el corazón de todo elegido, es la Persona llamada Espíritu Santo, la cual se encarga de acercarnos al Señor Jesucristo, para que lo conozcamos en su total Majestad (1 Juan 5: 20) y le demos a Él y sólo a Él, la preeminencia en todo (Colosenses 1: 18).

Comprenderá entonces el amado lector, que quienes influenciados por doctrinas apóstatas, alaban, rezan y piden milagros a otras personas que no son el Señor Jesucristo, están deshonrando al Señor Jesucristo, quien es el Único intermediario entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2: 5), por tanto, están deshonrado a Dios.

Vea lo que dice el evangelio del Señor Jesucristo:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Juan 5:

23. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

(R. V. 1960)

Todos aquellos, que por sus creencias religiosas idólatras han deificado ídolos, y depositado su fe en estas falsas deidades, aunque crean que están honrando a Dios, lo están deshonrando, porque están deshonrando al Señor Jesucristo.

Como hemos dicho antes, el Sello del Espíritu Santo, es la persona que nos conduce a conocer a fondo toda la Majestad del Señor Jesucristo y desechar todo rastro de idolatría.

¿Será entonces, que alguien que adora, venera o clama a otras deidades imaginarias, que no son el Verdadero Dios, están selladas por el Espíritu Santo?

Esta pregunta, debería de hacer estremecer al lector que está en la promesa de Dios pero que aún sigue militando en el ejército apóstata de la inmunda Babilonia espiritual (Apocalipsis 18: 2 – 5).

Dice el evangelio, que debemos ocuparnos en nuestra Salvación con temor y temblor (Filipenses 2: 12).

Esta advertencia del evangelio cobra relevancia, cuando reflexionamos también a la voz del evangelio, que nos hace entender que quienes no están sellados por el Espíritu Santo, son quienes nunca fueron inscritos en el Libro de la Vida, y que se manifiestan en este ciclo terrenal presente, por el fruto de la carne, que se expresa en gran medida mediante la idolatría (Gálatas 5: 19 – 21).

Apocalipsis 20:

15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

(R. V. 1960)

Según el versículo anterior, esta desgracia, es la única condición en la que permanecen quienes deshonran al Señor Jesucristo.

Por eso es, que Dios llama a los que son su pueblo y los exhorta a salir de la Babilonia espiritual:

Apocalipsis 18:

4. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;

(R. V. 1960)

Claro está, que nadie puede salir de la Gran Babilonia, para dejar sus idolatrías y honrar al Señor Jesucristo, si no ha sido sellado, o sea, que no ha sido inscrito en el Libro de la Vida.

El amado lector, ya conoce con detalle, a través de las múltiples revelaciones que nos ha dado el mismo Espíritu Santo a través de este estudio, los también múltiples aspectos que conciernen a este Sello.

Todo entendido sabe, que el Sello del Espíritu Santo, es la marca que posee en el espíritu, cada uno de los individuos pertenecientes al pueblo de Dios.

De tal forma que, nadie que carezca del Sello del Espíritu Santo puede “ser traído por el Padre”; y nadie a quien el Padre no le “hubiere dado el Sello” puede acercarse al Señor Jesucristo.

Los que falsamente se a acercan al Señor Jesucristo, son reconocidos porque su aparente fe, está sazonada con idolatría y comportamientos carnales.

Por eso el evangelio nos exhorta a que no creamos a todo espíritu, sino que probemos los espíritus si son de Dios (1 Juan 4: 1).

Para quienes tenemos el Sello y en consecuencia actuamos como embajadores de Cristo (2 Corintios 5: 20) predicando la verdad del evangelio, la Palabra nos brinda una señal evidente, acerca de la condición espiritual de aquellos a quienes nos dirigimos:

1 Juan 4:

6. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

(R. V. 1960)

Ninguno que no tenga el Sello, puede agradar a Dios.

Recordemos que el Señor Jesucristo también expresó lo siguiente:

Juan 15:

16. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre él lo dé.

(R. V. 1960)

Con este versículo entendemos, que quienes han sido escogidos para dar fruto, son aquellos que han recibido el Sello del Espíritu Santo. Por tal motivo, todo aquel que tenga el Sello, es quien manifestará el fruto del Espíritu.

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

Gálatas 5:

26. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

(R. V. 1960)

Todo el que anda por el Espíritu, es aquel que está sellado de Dios.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 49

48. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 47: La ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia (Colosenses 3: 6)

Amados del Señor, continuemos con el análisis del Sello de la Obediencia.

No pierdan el enfoque espiritual de este Sello, en el sentido de que no hay Obediencia, si no hay Libertad.

Nadie obedece al evangelio, si no es libre.

Sólo somos libres, en razón de haber sido liberados espiritualmente por el Señor Jesucristo.

Puesto que el Señor Jesucristo mismo, es el Espíritu de Libertad y el Espíritu de Obediencia, al tener morando su Espíritu en nuestro ser, inequívocamente, el Señor Jesucristo es quien da Testimonio de Obediencia en nuestras obras como seres regenerados (Filipenses 2: 13).

Antes de continuar, insisto también, en que no perdamos de vista, estos nombres del Señor Jesucristo:

Él es la Obediencia

Él es la Libertad

Él es el Testimonio

Teniendo claro estos conceptos, prosigamos el análisis del Sello de la Obediencia, revisando primero algunos pasajes del Antiguo Testamento:

Éxodo 24:

3. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho.

(R. V. 1960)

En este versículo, hay una intención de obedecer a Jehová, por parte del pueblo conducido por Moisés.

Éxodo 24:

7. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos.

(R. V. 1960)

En este versículo, se ratifica por parte del pueblo, la intención de obedecer a Jehová.

Aquí debemos recodar, que sólo los oídos que están circuncidados, son los que oyen la Voz de Dios y obedecen.

¿Habrán tenido el oído circuncidado, cada uno de los hombres y mujeres que eran conducidos por Moisés en el desierto?

Sigamos escudriñando para ir encontrando la respuesta:

Éxodo 24:

12. Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré las tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.

(R. V. 1960)

Éxodo 24:

18. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

(R. V. 1960)

Luego de haber analizado los versículos anteriores, en los cuales, vemos que el pueblo ofrece cumplir las ordenanzas de Jehová, recuerde ahora el estudioso de la Palabra, lo que dice el Libro de Eclesiastés:

Eclesiastés 5:

4. Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

5. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

6. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

(R. V. 1960)

¿Qué tiene que ver lo que aquí declara Eclesiastés, con lo que se expresa en el contenido de las declaraciones del pueblo, expuestas en los versículos de (Éxodo 24)?

Tiene mucho que ver, pues los hijos de Dios, no necesitamos prometer nada a Dios, porque las promesas las hace Él a los suyos, por cuánto, es Dios quien tiene la Soberanía y el Poder de hacer promesas y cumplirlas. De hecho, sus promesas son la esencia de su Pacto Eterno.

Quien está en la Promesa de Dios, que es Cristo, no tiene que prometer nada a Dios, sino al contrario, es Cristo mismo obrando en nuestra nueva naturaleza, el que da cumplimiento en nosotros, de todas las promesas llenas de bendición, que para sus hijos, son hechas por Dios, desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4).

Quien hace promesas a Dios, lo hace en su naturaleza carnal, que es desobediente y que con seguridad no las cumplirá.

Con los pasajes expuestos, entendemos mejor ahora, que la Obediencia, según lo expresamos en la entrega anterior, no se trata del acto de acatar lo que prometemos acatar, o lo que se nos obliga a acatar.

La Obediencia, consiste en actuar libremente, como una respuesta natural del espíritu, a la naturaleza de la que formamos parte y en la que hemos sido engendrados con todas las promesas de bendición.

Quienes dijeron a Moisés que sí cumplirían con las ordenanzas de Jehová, dieron luego testimonio de su espíritu de esclavitud, que se manifestó con su desobediencia.
Esto es, porque la mayoría de ellos, no tenían el oído circuncidado.
Saquen ahora sus propias conclusiones, examinando los siguientes textos:

Éxodo 31:

18. Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

(R. V. 1960)

Éxodo 32:

1. Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(R. V. 1960)

Éxodo 32:

7. Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido.

8. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerrero de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

(R. V. 1960)

Observen amados entendidos, cómo tan pronto se olvidó el pueblo, de la promesa que hizo, de hacer todo cuanto Jehová pidiera. Es más, desconocieron a Jehová, como el gestor de su salida del cautiverio de Egipto y se la adjudicaron a sus dioses de fundición.

Se olvidaron pronto de las maravillas que Jehová hizo con ellos para salvarlos de la muerte, en manos del ejército de Faraón.

En la mayoría de ellos no había Espíritu de Obediencia.

Eran de corazón y oídos incircuncisos (Hechos 7: 51).

Vean a continuación, lo que les ocurre a muchos de ellos, a causa de su desobediencia:

Éxodo 32:

26. Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.

27. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.

28. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

(R. V. 1960)

En esta ocasión, una vez más, nos presentan las Escrituras, el panorama de la idolatría, que es rebelión contra Dios; y esta rebelión es espíritu de desobediencia. Es espíritu contrario al Espíritu de Dios.

El espíritu de desobediencia está reñido con Dios.

El espíritu de desobediencia es el espíritu de Satanás.

Para los desobedientes, a quienes califica el evangelio, que para eso fueron destinados (1 Pedro 2: 8), está de hecho, destinada la Ira de Dios.

Al respecto de esto, el profeta menciona los siguiente:

Isaías 63:

10. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar a su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.

(R. V. 1960)

La mayoría de ellos, obedecía en sus acciones, el mandato de la naturaleza carnal de esclavitud a la que pertenecían; mas no, a la naturaleza del Espíritu de Jehová, porque no estaban engendrados en Él.

La Obediencia, es el Espíritu de Jesucristo, en el cual estamos engendrados, quienes hemos creído en Él.

Volvemos en este punto a insistir, en algo que molesta a muchos teólogos y religiosos, que no logran encajar la difícil comprensión del misterio de la elección que Dios hizo de su pueblo, revelado a través de todas las Escrituras, con sus conceptos que inducen a creer que la salvación es por obras.

Así habla el Espíritu:

Salmo 33:

12. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová,
El pueblo que él escogió como heredad para sí.
(R. V. 1960)

¿A qué nación se refiere este texto?

¿Al Israel terrenal?

¡¡No!!

El Israel que Jehová escogió, es lo que el evangelio llama “Israel de Dios” (Gálatas 6: 16), nación celestial, escogida desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4).

Este es el pueblo que obedece a su Dios, porque es engendrado en su naturaleza.

No hay pueblo terrenal y carnal que pueda obedecer al Espíritu, si no es liberado de la esclavitud de la carne y del pecado por el Señor Jesucristo.

Todo el que es liberado por el Señor Jesucristo, da Testimonio de Obediencia.

Nuevamente aquí, recalcamos, que Libertad y Obediencia son la misma esencia del Espíritu de Dios.

Aclaremos un poco más:

Dice así el evangelio:

Juan 1:

12. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

13. los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

(R. V. 1960)

Este texto importantísimo nos revela, que no son quienes hacen la obra de creer, a quienes Dios hizo hijos suyos, sino que por la Gracia de su elección, son aquellos que Dios engendró en su Voluntad como hijos suyos, los que creen; y que por cierto, obedecen al llamado de la naturaleza espiritual Divina, en la fueron engendrados.

He presentado algunos pasajes de Éxodo, para que el estudioso de la Palabra, medite en este simbolismo de la desobediencia, plasmado históricamente en la realidad que nos narra el Antiguo Testamento.

Relacione entonces el lector, lo que dicen estos textos, con lo que declara el Nuevo Testamento, como un claro mensaje para las postreras generaciones obedientes:

Colosenses 3:

5. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia que es idolatría;

6. cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

(R. V. 1960)

Como puede ver el lector, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, declaran que la Ira de Dios está determinada sobre los hijos de desobediencia, teniendo en cuenta, que estos últimos, estuvieron desde siempre, destinados a ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

Por eso, el evangelio solicita en amonestación a los hijos obedientes, a predicar la Palabra con mansedumbre (2 Timoteo 2: 25) y sin levadura que leude la masa del pan de la Palabra (Gálatas 5. 9).

Esto es, porque Dios sabe y sus hijos sabemos, que sólo quien fue engendrado de Dios, cree en la Palabra y dobla sus rodillas ante el Señor Jesucristo (Filipenses 2: 10).

Los predicadores deben entender, que no se requiere de mucha palabrería para convencer al pueblo Dios, porque habiendo sido engendrados de Dios, su naturaleza es obediente.

Quienes forman parte del pueblo escogido de Dios, despiertan (Efesios 5: 14) con la Palabra de Verdad, dicha con sencillez y humildad; y cuando despiertan, viven en Luz (Efesios 5: 8 – 9), dando Testimonio de quien los sacó de las tinieblas a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

Esto es obra de Dios y no de los hombres.

Los que son de naturaleza desobediente, no tienen el oído circuncidado, por lo cual, la Palabra de Verdad les molesta o les aburre, porque no pueden oírla y menos obedecerla.

Los que son de naturaleza desobediente, tanto predicadores como oyentes, no soportan la sana doctrina (2 Timoteo 4: 3); pero disfrutan de las prédicas leudadas con frases de motivación, que los encaja funcionalmente en las corrientes del mundo, puesto que sus oídos incircuncisos disfrutan al ser endulzados con palabras vanas y eficaces para su naturaleza carnal no regenerada (Jeremías 23: 25 – 26).

Volviendo a los textos de Éxodo, consideremos ahora, que luego de que cayeron los aproximadamente tres mil, a causa de la Ira de Jehová, Moisés pide a Jehová, perdón por el pueblo:

Éxodo 32:

31. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

32. que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

(R. V. 1960)

En el texto anterior, Moisés, está ofreciendo su propia vida como sacrificio por el perdón del pueblo.

Este pedido de Moisés, muestra una gran revelación:

Que sólo la muerte y la sangre de Jesús, puede salvarnos del pecado, razón por la cual, Jehová no acepta el quitarle la vida a Moisés; y más bien le responde de la siguiente manera:

Éxodo 32:

33. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.

(R. V. 1960)

Ratificamos aquí, que los hijos de desobediencia nunca estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, desde antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 17: 8).

Mas, en la respuesta que da Jehová a Moisés, lo que está específicamente diciendo es precisamente, lo que al respecto nos revela el Nuevo Testamento en:

1 Corintios 11:

29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

30. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

31. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;

32. mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

(R. V. 1960)

Lo que nos revelan las Escrituras, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento es, que a quienes están elegidos para ser sellados con el Sello de la Obediencia, no se les permite ninguna desobediencia, porque esta, por mínima que fuere, no es compatible con el Cuerpo de Cristo.

Es así que, Dios nos hace ver en las Escrituras, que aunque todos en algún momento debemos abandonar el cuerpo físico, su mano es implacable aún con sus hijos, puesto que a algunos tiene que juzgar y castigar en la carne, enfermándoles o quitándoles la vida, para que en sus planes de Salvación que tiene para con ellos, no sean condenados con los del mundo, que son una gran mayoría, los cuales, por su naturaleza desobediente, son llamados hijos de desobediencia (Efesios 2: 2; Colosenses 3: 6).

De hecho, esta fue la sentencia de muerte, que Dios hizo a los padres de la humanidad (Génesis 3: 17 – 22).

Para finalizar esta entrega, les expongo lo que declara el evangelio, para que lo recuerden siempre los espíritus obedientes y lo practiquen:

1 Juan 2:

1. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo.

2. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

3. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 48

47. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 46: Dios ha dado su Espíritu a los que le obedecen (Hechos 5: 32)

Para que el estudioso de la Palabra, pueda llegar a una óptima concepción del significado espiritual del Sello de la Obediencia, objetivo de la presente entrega, sugiero revisar la entrega 22 en su totalidad, aunque a continuación, voy a exponer algunos conceptos que quedaron expuestos en dicha entrega:

En esta ocasión, replanteo la pregunta:

¿Qué es obedecer?

El lector puede revisar en el diccionario de la Real Academia de la lengua española, los diversos significados que tiene este verbo.

Hay un significado con el cual debemos partir, el cual, no permite que el entendido caiga en religiosidad, creyendo que el evangelio nos pide que hagamos la obra de obedecer, pues bien sabemos por todo lo que hemos conocido hasta el momento, que para obedecer a la voz de Dios, el oído espiritual, debe haber sido previamente, circuncidado por Él.

Así dice el Señor Jesús:

Juan 10:

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(R. V. 1960)

Así dice la Palabra:
Hechos 7:

51. ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

(R. V. 1960)

Veamos entonces cuál es este significado del que debemos partir, al analizar el verbo obedecer:

Obedecer, es una acción que manifiesta, que una cosa tiene origen en otra.

Aquí expongo algunos ejemplos:

El cansancio obedece a la falta de sueño

El sobrepeso obedece a la falta de ejercicios”

El corazón late, porque obedece a los impulsos eléctricos procedentes del sistema nervioso.

En el siguiente enlace de “LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA”, el lector puede más ampliamente revisar los significados del verbo obedecer:

http://lema.rae.es/drae/?val=OBEDECER

Si alguien está sellado por el Santo Espíritu de Dios, su nueva naturaleza es la misma naturaleza de Cristo, originada en la fe de Abraham, o sea, en el mismo espíritu de Abraham, el cual, procede del Espíritu de Dios.

De esta forma, todo aquel que esta sellado por el Espíritu Santo, depende estrictamente de la naturaleza Divina y Santa, que es la naturaleza de Cristo.

El Señor Jesús, ya lo dijo en el evangelio:

Juan 15:

5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

(R. V. 1960)

Escudriñemos esto que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

De acuerdo a esta clarísima declaración del evangelio, no es posible concebir a un sellado por el Espíritu Santo, actuando independientemente y por su propia voluntad. Son sus actos, procedentes de la naturaleza a la que pertenece. Su fruto, es fruto del Árbol de la Vida.

Por eso, considero que es diabólica, la doctrina de libre albedrío, porque no es posible concebir la Obediencia a Dios, desligados de la naturaleza de Dios.

O somos esclavos de Cristo, que es la sublime expresión de la Obediencia a Dios, quien hace que obremos conforme a su Voluntad, o somos esclavos de Satanás, que es la máxima expresión de la blasfemia contra el Espíritu Santo, quien induce a obrar el mal.

¿Quién puede tener libre albedrío?

¿Por qué los religiosos confunden con sus doctrinas, hablando del libre albedrío, cuando a la par predican de la esclavitud con la que Satanás somete al mundo?

Si hubiera libre albedrío, no hubiera habido necesidad de que el Señor Jesús viniera a liberar a su pueblo de la esclavitud (Mateo 1: 21; Gálatas 5: 1).

¿Para qué liberar a los que tienen libre albedrío?

No se puede concebir a alguien liberado por Cristo, actuando en libre albedrío.

Siendo liberados por Cristo y comprados a precio por Él, somos sus esclavos.

¿Quién puede actuar en libre albedrío, siendo esclavo de Cristo?

Siendo esclavos de Cristo, actuamos en la Voluntad de Dios

Sólo siendo esclavos de Cristo (Filemón 1), tenemos la Libertad (Filemón 8).

Donde está el Espíritu del Señor, allí hay Libertad (2 Corintios 3: 17).

Los que están esclavos de Satanás, actúan también conforme a su voluntad.

De hecho el evangelio dice así con respecto a los esclavos:

2 Pedro 2:

19. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

(R. V. 1960)

No se puede concebir la Obediencia Perfecta sin Libertad.

Obediencia y Libertad son la misma sustancia del Espíritu de Dios.

La obediencia que procede de la amenaza, la coerción, la imposición, la tiranía, el chantaje y la represión, es la obediencia que diseña el mundo, para que los hijos y los esclavos del espíritu del mundo, permanezcan cautivos en sus sistemas.

Quien obedece bajo estas condiciones, no tiene Libertad.

Cristo fue obediente en todo (Filipenses 2: 8; Hebreos 5: 8 – 9), pues, Él mismo en su persona es la Ley.

Sabiendo que nadie a parte de Él podría cumplir la Ley, la cumplió por todos los que son su pueblo.

Pagó y sufrió en su propia carne, el castigo por nuestro incumplimiento de la Ley, dotándonos de la Gracia, que es Espíritu de Obediencia, para que engendrados en su propia naturaleza Divina, podamos ser juzgados por la Ley de la Libertad (Santiago 2: 12).

Cristo es el Espíritu de la Obediencia.

Cristo es el Espíritu de la Libertad.

Así dice el evangelio:

1 Pedro 1:

2. elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

(R. V. 1960)

No es posible concebir la Obediencia al evangelio, sin tener en el corazón a Cristo, que es el Sello mismo de la Obediencia.

Obedecer al evangelio, bajo amenazas y chantajes, no tiene sentido.

Sin la Gracia y sin la Libertad que da Dios a los suyos por medio de Jesucristo, los que llegan a conocer el evangelio, siempre darán marcha atrás, y estos son los que el evangelio califica, como el perro que vuelve a su vómito, y la puerca lavada que vuelve a revolcarse en el cieno (2 Pedro 2: 22).

Aquí, otra afirmación del evangelio:

Romanos 16:

25. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,

26. pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,

27. al único y sabio Dios, sea la gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.

(R. V. 1960)

No es posible obedecer a la Fe, sin tener integrado en nuestra nueva naturaleza a Cristo, pues Él mismo, es el Autor y consumador de la Fe. La Fe es su mismo Espíritu (Hebreos 12: 2).

Como ven mis amados entendidos, nada de lo que hacen los nacidos de nuevo, depende de sí mismos, sino que todo “obedece” a la naturaleza de la que forman parte:

De la naturaleza en que hemos sido engendrados.

Cuando el evangelio habla de “obedecer”, se refiere a la acción espontánea de todo hijo de Dios, siendo esta acción el Testimonio del que habita en nuestro corazón regenerado: Cristo.

¿Cómo se manifiesta Cristo en nosotros?

Mediante el fruto del Espíritu Santo.

Mediante los Dones del Espíritu.

Mediante la actividad que la persona regenerada ejerce en los diversos ministerios del Espíritu, a que es asignada.

Vista con religiosidad, la obediencia se vuelve un asunto forzoso e impositivo, lo cual es Piedra de Tropiezo, que hace caer al carente de Entendimiento, y lo conduce a la realización de obras obligatorias, reglamentadas por su religión; cuando la realidad espiritual es otra:

La Obediencia es un proceso natural del espíritu, que no requiere esfuerzos de nuestra parte, porque todo depende de la acción de la naturaleza Santa de Cristo, actuando en nuestras vidas (Filipenses 2: 13).

Los ministros carnales de las congregaciones, han adaptado muy exitosamente para sus intereses corporativos, las modernas teorías carnales del liderazgo, introducidas en los sistemas que ellos creen que es la iglesia, en los cuales obligan al congregado a “obedecer” incondicionalmente a su pastor, quien supuestamente esta “ungido” e iluminado para decir y hacer lo que le viene en gana en nombre de un evangelio adulterado por sus codicias y falta de Entendimiento.

Cuando al pastor de la congregación, alguien no le resulta sumiso y funcional para su negocio, entonces es calificado de “desobediente”; y lo que es más audaz todavía, se lo califica de desobediente con Dios.

Estas teorías de liderazgo insertadas en las congregaciones llamadas cristianas, son burdas adaptaciones de las bien estructuradas teorías de liderazgo que tienen los sistemas del mundo.

Yo podría asegurar que las teorías de liderazgo por ser filosofías vanas del mundo, funcionan bien en el mundo, mientras con ellas puedan manipular a la gente dentro de sus marcos teóricos referenciales.

Cuando no les funciona un método de manipulación, entonces utilizan otros nuevos, que conforme van apareciendo, los llaman “modernas teorías y prácticas de liderazgo.”

En las instituciones del mundo, con estas teorías y prácticas, logran los sistemas gerenciales, como ellos conciben, encajar inteligentemente y con sutileza, la conducta de los individuos en sus propósitos productivos, sin forcejear con ellos mediante la amenaza, sino estimulándoles en la idea del autodesarrollo, de la autoestima, la satisfacción, el buen vivir y la autorrealización personal.

De esta forma logran, cierto es, algún grado de lealtad y obediencia, sin que sea tan evidente el clásico método de premios y castigos, que quedan enmascarados con esta manipulación; pero que yacen latentes en lo más profundo de la conciencia.

Yo diría, que es más tolerable la aplicación de estas prácticas de liderazgo en los sistemas del mundo, porque tienen un seguimiento procesal responsable, por parte de sus manejadores, que estos modelos mal copiados que se aplican en las congregaciones religiosas, en las cuales, con un descaro impositivo se presiona a la gente, a obedecer a ultranza la voz del pastor como si fuese la voz de Dios.

¿Para qué se exige esta obediencia?

Para los consabidos fines de lucro y sometimiento mental de sus adeptos.

La Obediencia, como Sello del Espíritu Santo, nos hace obedientes a Dios, a la Fe y a su evangelio; y no a las manipulaciones del mundo.

Cuando somos obedientes al evangelio, estamos actuando en obediencia a nuestra naturaleza espiritual, que es de Dios.

Cuando somos obedientes al evangelio, no estamos obrando por esfuerzo propio para ganarnos la salvación; sino al contrario: Porque hemos sido sellados y salvados.

Obramos en obediencia al evangelio, porque tenemos instaurado el Sello de
la Obediencia, que es Sello de Salvación.

Dios no nos manipula para que nos portemos bien.

Dios nos tomó de la inmundicia y nos amó primero, para que su Amor en nosotros, en la forma del Espíritu de su Hijo, nos permita amarlo a Él, en Obediencia a esa naturaleza de Amor, en la que fuimos engendrados.

Es el mismo Espíritu Santo impreso como Sello de Obediencia, el que actúa con su naturaleza Divina y Santa, en quienes ha sido depositado.

Así dice el evangelio:

Hechos 5:

32. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

(R. V. 1960)

Así es:

Los que llevamos a Cristo, damos Testimonio del que tenemos dentro.

Los que obedecen, son quienes recibieron el Sello del Espíritu Santo.

Así mismo, el evangelio se refiere a los de naturaleza desobediente, como aquellos, que también en el Concilio eterno de Dios, fueron destinados a desobedecer, es decir, a no participar de la naturaleza de Cristo, contrariamente a lo que sucede con los elegidos para obedecer.

Confírmenlo:

1 Pedro 2:

7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8. y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

9. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

(R. V. 1960)

Amados de Dios, si entendemos entonces, que la Obediencia como Sello del Espíritu Santo, es una ley natural de quien está sellado en el espíritu, podremos entender con claridad, cuál es nuestra naturaleza, cuál es el Poder que actúa en nosotros y cuál es el Testimonio que damos, mientras peregrinamos en este valle de sombra de muerte (Salmo 23: 4).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 47

46. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 45: Ningún inmundo entrará en la Casa de Jehová (2 Crónicas 23: 19)

Continuaremos en esta entrega, adentrándonos sutilmente en el análisis del Sello de la Obediencia, transitando por el puente metodológico guiado por el Espíritu Santo, cuyo recorrido iniciamos en la entrega anterior, a partir del Conocimiento del Sello de la Santidad.

Este puente, como lo habíamos mencionado, contiene las revelaciones necesarias que nos da el Espíritu, las cuales, siendo corroboradas en las Escrituras, cumplen como vamos observando, con la finalidad de llevarnos a un claro Entendimiento acerca del Sello de la Obediencia, el cual está íntimamente conectado con el Sello de la Santidad.

Que quede claro por todo lo que hasta aquí hemos escudriñado:

¡Sin el Sello radiante de la Santidad, no hay Sello de Obediencia!

La Santidad es la base de la Obediencia.

El Sello de la Obediencia, como si fuese un cristal, permite que se irradie el brillo del Sello de la Santidad.

Sin Sello de Obediencia, o sea, en desobediencia, sólo hay tinieblas (1 Juan 2: 11).

Ningún desobediente es calificado por Dios como santo, por muy religioso que fuere.

Ningún desobediente puede entrar en el Reino de Dios, porque las tinieblas de la desobediencia, no son compatibles con el brillo de la Pureza y la Santidad del Cuerpo de Cristo.

Por eso el evangelio dice con toda claridad: “Sin Santidad, nadie verá al Señor.” (Hebreos 12: 14)

En el cuerpo de Cristo, no puede infiltrarse como miembro, ningún espíritu desobediente; porque todo el Cuerpo de Cristo, funciona como un sistema espiritual santo, puro, sin mancha. No hay ni la más remota posibilidad de que pueda en Él, alojarse, un ápice de inmundicia.

Por esta razón, el Señor Jesús se expresa de esta manera:

Apocalipsis 3:

16. Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

(R. V. 1960)

En el antiguo Testamento, también las Escrituras, nos advierten lo siguiente:

Números 19:

20. Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová, no fue rociada sobre él el agua de la purificación, es inmundo.

(R. V. 1960)

Revisemos también algunos versículos del Antiguo Testamento, que nos amonestan a quienes vivimos en los tiempos postreros (1 Corintios 10: 6, 11), sobre lo que significa estar en el Cuerpo de Cristo; y también, lo que significa ser impedido de estar en el Cuerpo de Cristo:

2 Crónicas 23:

16. Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo de Jehová.

17. Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal, y lo derribaron, y también sus altares; e hicieron pedazos sus imágenes, y mataron delante de los altares a Matán, sacerdote de Baal.

18. Luego ordenó Joiada los oficios en la casa de Jehová, bajo la mano de los sacerdotes y levitas, según David los había distribuido en la casa de Jehová, para ofrecer a Jehová los holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés,  con gozo y con cánticos, conforme a la disposición de David.

19. Puso también porteros a las puertas de la casa de Jehová, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo.

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados, desde los tiempos del Antiguo Testamento, según nos lo revela la Palabra de las Sagradas Escrituras, se advierte a todos,  de guardarse de la inmundicia, pues, no sólo que los inmundos no entrarán en la congregación de los santos, sino que recibirán castigo de muerte.

La inmundicia, dibuja su rostro en la desobediencia, mientras que, donde hay Santidad, indefectiblemente hay Obediencia, Sello que dibuja el rostro de Cristo.

En los versículos anotados anteriormente, la desobediencia que es inmundicia, se proyecta en todas las acciones reñidas con la Palabra de Dios, tal como lo es, la idolatría a falsos dioses, los cuales, como vemos en el texto bíblico expuesto, son destruidos por Dios, junto con sus adoradores.

La idolatría es fornicación con el espíritu de la rebelión (1 Samuel 15: 23).

Realmente, el evangelio dice la Verdad, cuando menciona que los sucesos narrados en el Antiguo Testamento, han sido escritos para que la gente de estos tiempos postreros, recapacite y reoriente su religiosidad sincrética, cargada de falsas deidades, hacia el Conocimiento del Nombre que está sobre todo nombre: Jesús de Nazaret, el único en quien hay Salvación (Hechos 4: 12; Filipenses 2: 9 – 11); y quien es, el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2: 5).

El evangelio no bromea con lo que está escrito, por tanto, no resulta tan sencillo como creen las personas de espíritu religioso, que por mencionar el nombre de Cristo, van a entrar en la congregación de los santos.

No podrán entrar, porque están en inmundicia, mezclando a Cristo con la  adoración a sus ídolos deidificados por sus tradiciones.

Es una pena muy grande, el que se pierdan, por no entender, que sólo Cristo en la cruz, con su sangre purificadora, nos hace santos y obedientes, dignos de estar en su Cuerpo.

El persistir en esta obstinación, es desobediencia. El persistir en la idolatría, es obstinación del espíritu. Por eso decimos con claridad, que la desobediencia es el rostro de la inmundicia.

No hacer caso a la Palabra de las Sagradas Escrituras y en particular a la Palabra del evangelio, es desobediencia con graves consecuencias.

Así le dijo Dios a Saúl por medio del profeta Samuel:

1 Samuel 15:

22. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

23. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la Palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

24. Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,

25. y vuelve conmigo para que adore a Jehová.

26. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.

27. Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y este se rasgó.

28. Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo, mejor que tú.

(R. V. 1960)

Amados entendidos, es demasiado clara la amonestación que Dios nos hace en esta, su Palabra Viva:

La desobediencia de Saúl, representa la desobediencia de todos aquellos que han sido destinados a ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

Entonces, vale a partir de este momento, que empecemos a definir con más claridad, qué es la Obediencia, Sello sin el cual, seremos desechados del Reino.

Con este propósito, lo que voy a hacer ahora, es transcribir en gran parte, el análisis, que acerca de este tema, ya lo hicimos en la entrega 6, sólo que en esta entrega, ya pueden amados de Dios, concebir a la Obediencia, como el elemento que cierra el círculo del Sello del Espíritu Santo.

Antes de continuar, con el análisis del Sello de la Obediencia, por razones metodológicas, veamos panorámicamente, los momentos o elementos del proceso del sellado del Espíritu Santo:

1) Quebrantamiento, 2) Arrepentimiento, 3) Entendimiento, 4) Conocimiento,  5) Fe,  6) Purificación o Santificación, 7) Obediencia.

Con la Obediencia, queda completo el Sello del Espíritu Santo en los elegidos de Dios, quienes por este Sello, somos convertidos en seres de la misma naturaleza Divina de nuestro Padre.

Ya habíamos expresado desde el inicio de este estudio, que comprender la naturaleza obediente de los hijos de Dios, es un elemento clave que nos da el Espíritu Santo, para saber cuál es la diferencia que existe, entre los obedientes y los desobedientes.

Sin duda, estoy hablando para los sellados, ya que los que no tienen el Sello, no entenderán nada, es más, ni remotamente se acercarán a estas enseñanzas de la Palabra.

Volvamos al análisis de los siguientes textos:

1 Pedro 2:

7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8.   y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

(R. V. 1960)

En el versículo 8, se nos dice claramente que los desobedientes son los que están destinados a caer.  Esto ya lo analizamos y lo dejamos claro: los desobedientes estuvieron destinados a ser desobedientes.

¿Quiénes entonces, son los desobedientes?

Ya hemos analizado también esto:

Que los desobedientes que menciona el apóstol Pedro en este versículo, son los hijos del diablo. Estos mismos, también son llamados por el apóstol Pablo, hijos de desobediencia:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2. en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

(R. V. 1960)

¿Ven amados?

El diablo opera en sus hijos.

¿Por qué los desobedientes (1 Pedro 2: 8) o lo que es lo mismo, los hijos de desobediencia (Efesios 2: 2) son los hijos del diablo?

Revisando los versículos expuestos, podemos darnos cuenta, que mientras el evangelio se expresa así de los hijos del diablo, en cambio, referente a nosotros, quienes también en un tiempo anduvimos en desobediencia, el evangelio habla de nosotros en (Efesios 2: 1 – 2) en una forma muy amable y delicada, calificándonos como aquellos que en otro tiempo, seguimos la corriente del diablo, motivo por el cual estábamos muertos en nuestros delitos y pecados; pero con la salvedad, de que a nosotros, Dios nos dio vida y nos convirtió en hijos de Luz, o sea, en sus hijos (1 Tesalonicenses 5: 5; 1 Pedro 2: 9).

¡Fuimos destinados para ser hijos de Luz!

¿Por qué a nosotros, con estos antecedentes de desobediencia, no se nos menciona como hijos de desobediencia, sino como hijos de Luz?

¡Claro!, ya sabemos que somos elegidos. ¡Pero también hemos desobedecido!

¿Quién es entonces, el desobediente para Dios? y ¿Qué es la desobediencia?

Analicemos lo siguiente:

1 Pedro 1:

2. elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

(R. V. 1960)

Cuando el texto dice que fuimos elegidos según la Presciencia de Dios, nos está revelando que fuimos elegidos según Cristo.

Cristo, es “La Presciencia de Dios.”

¿Para qué fuimos elegidos?

Para obedecer.

Relaciónese esta declaración del evangelio con (Efesios 1: 3 – 4), cuyo texto nos dice que en Cristo, fuimos bendecidos y escogidos en los lugares celestiales, desde antes de la fundación del mundo.

Por eso en (Romanos 8: 33) “La Palabra” nos dice, que nadie puede acusar a los escogidos de Dios, porque ya están justificados.

¿Justificados de qué?

De la desobediencia.

Los escogidos de Dios, están destinados para Santidad y para Obediencia.

¡Agarre esta revelación! Dios justificó a sus elegidos y aunque fuimos lo peor de lo peor, a nosotros, luego de esta justificación, ¡ya no nos considera desobedientes nunca más! (Isaías 43: 25; Jeremías 31: 34).

¡Somos hijos suyos! ¡No somos hijos de desobediencia!

Cuando Dios lo saca a usted de las tinieblas y lo trae a su Luz Admirable, (1 Pedro 2: 9), siendo Cristo esa “Luz Admirable”, su nueva naturaleza, es de Luz, o sea, de Obediencia, o sea, de Cristo.

Repito:

La nueva naturaleza del redimido de Dios, es de “Obediencia”, o sea, de Cristo.

Otra vez:

El hijo de Obediencia, es aquel cuya naturaleza es Cristo.

Visto de otra manera:

La naturaleza de Cristo, es la Obediencia.

Por eso, el evangelio nos dice en (2 Corintios 10: 4 – 5), que nuestra nueva naturaleza, es una mente nueva, que con el “Poder de Dios”, que es Cristo, triunfa en batalla espiritual, derrotando todo pensamiento  desobediente que se levante contra “El Conocimiento de Dios”, que es Cristo; llevando todo pensamiento a “La Obediencia”, que es Cristo.

Por eso mismo, el evangelio nos certifica que tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2: 16).

En la mente de Cristo, no puede haber otra cosa que no sea, Obediencia.

Analicemos entonces, quiénes son hijos de Obediencia y quiénes son de desobediencia.

Si usted le cree a “La Palabra”, entonces usted debe saber, que su naturaleza es obediente porque ha sido escogido por Dios; y ha sido engendrado en su Naturaleza, para Obediencia, o sea, para Cristo. Ha sido escogido para obedecer la Palabra de Dios.

Por otra parte, los desobedientes son los que no fueron escogidos por Dios ni engendrados en su Naturaleza, por tanto, en sí mismos, no tienen a Cristo morando en sus personas, razón por la cual no obedecen a la Palabra de Dios; y esto, repito, es porque no han sido elegidos para obedecer.

Y si usted y Yo, no somos hijos de desobediencia, no es porque no actuamos desobedientemente, sino porque en “La Presciencia” del Padre, con la santificación del Espíritu Santo, fuimos elegidos en un “Pacto Eterno”, en el cual, Dios, que es “Uno”, dio su Palabra de Gracia para los elegidos y nunca dará marcha atrás de lo que su Palabra estableció en dicho Pacto. (Salmo 89: 34).

Resumamos hasta aquí:

En (1 Pedro 1: 2), el evangelio nos asegura, que los que somos vistos por Dios como obedientes, fuimos elegidos para obedecer; y en (1 Pedro 2: 8), el evangelio nos asegura también, que los desobedientes, ya fueron destinados para ser eso:

¡Desobedientes!

¿Quién es entonces el desobediente para Dios? y ¿Qué es la desobediencia?

Estoy seguro, que hasta aquí, ya se nos ha revelado quien es para Dios, el desobediente, o lo que es lo mismo, el hijo de desobediencia.

Con lo que hemos escudriñado hasta el momento, usted puede concretar sin equivocarse, que, si “La Obediencia” es la naturaleza de Cristo; entonces, “la desobediencia” es la naturaleza de Satanás.

Cristo es “La Obediencia”, desde la eternidad. Así mismo, Satanás es “La desobediencia” desde tiempos eternos.

Esta Obediencia, no consiste en que alguien tenga por sí mismo, la voluntad de obrar haciendo caso al evangelio, pues de ser así, no tendría ningún rol el Espíritu Santo. Lo que valdría en tal caso, sería simplemente, la obra personal de obedecer, lo cual, espiritualmente, no es así.

Si no es el Espíritu Santo el que santifica para obedecer, (1 Pedro 1: 2) entonces la Santificación y la Salvación se darían por las obras y por la decisión de cada persona, de obrar con obediencia, lo cual, repito, no es así; pero la gente con mente religiosa insiste en creer que así es.

La Obediencia se da en los que han sido destinados a ser hijos de “Obediencia”, porque luego de recibir el Espíritu Santo, la persona no puede actuar de otra manera, debido a que  ésta, es su nueva naturaleza:  “La Obediencia”, o sea la naturaleza de Cristo (Hechos 5: 32).

Como puede usted ver, la Obediencia a la Fe (Romanos 1: 5; 16: 26) o al evangelio, no consiste en sentirse presionado por Dios para ser obedientes; ni tampoco consiste en que alguien pretenda ser obediente porque ha tomado la decisión de serlo.

Tampoco, nadie tiene el poder para hacer que alguien acepte a Cristo como su Señor y Salvador.

El Señor Jesús, muy claramente ha dicho, que nadie puede acercarse a Él, si esto no fuere dispuesto por el Padre (Juan 6: 44; 6: 65).

Sólo es Dios el que decide, y sólo es Dios quien tiene el poder de acercar  a sus elegidos, a Cristo, su Hijo.

Sólo puede acercarse a Cristo, todo aquel que ha recibido el Sello de la Obediencia.

Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7: 16)

Por sus frutos se puede saber, si en alguien mora “La Obediencia” o “la desobediencia.”

Los verbos obedecer y desobedecer, representan en el evangelio, la forma en que las almas, dan testimonio acerca de la naturaleza a la que responden.

Les pongo un ejemplo:

La buena salud de una persona responde a su cuidado nutricional.

Lo mismo podríamos decirlo de esta manera: La buena salud de una persona obedece a su cuidado nutricional.

La buena salud entonces, es una respuesta al cuidado nutricional.

Así podemos entender, que los elegidos de Dios cuando ya hemos sido santificados por el Espíritu Santo, no tropezamos más, con “La Piedra de Tropiezo”, porque obedecemos a la Fe y al evangelio revelado; lo cual quiere decir, que nuestra nueva naturaleza responde a la naturaleza de Cristo, en la que hemos sido engendrados.

Por eso dice el Señor Jesús:

Lucas 7:

23. y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

(R. V. 1960)

Reciban ahora esta gran revelación:

1 Juan 2:

9. El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.

10. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

11. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

(R. V. 1960)

Amado de Dios, La revelación que aquí nos da el evangelio es, que el Señor Jesucristo es nuestro hermano (Romanos 8: 29).

El que ama al Señor Jesucristo, es porque tiene en sí mismo, el Sello de su naturaleza obediente, pues, como Dios nos amó primero (Juan 4: 19), nos selló con el Sello del Espíritu obediente de su Hijo, nuestro Hermano.

¿Para qué nos selló?

Para obedecer.

Por esta misma razón, el evangelio registra el siguiente pasaje:

Mateo 12:

48. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?

49. Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

50. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.

(R. V. 1960)

Todo el que hace la Voluntad del Padre, da Testimonio de estar engendrado en la naturaleza obediente del Señor Jesucristo, nuestro Salvador, quien bajó del cielo, no para hacer su Voluntad, sino la Voluntad del Padre que le envió (Juan 6: 38).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 46

 

 

 

 

 

 

 

45. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 44: Hermosos son los pies de los que predican el evangelio (Isaías 52: 7; Romanos 10: 15)

En esta entrega, vamos a iniciar el análisis del séptimo momento del sellado del Espíritu Santo, el cual, en el orden metodológico que seguimos, corresponde a la “Obediencia.”

Como sabemos, por lo detallado en los dos capítulos anteriores, de acuerdo al orden que nos da el Espíritu Santo en esta metodología de estudio de la Palabra, visualizamos el Sello de la Obediencia como resultante de la aplicación precedente del Sello de la Purificación o Santidad, correspondiente al sexto momento del sellado.

Para centrarnos de lleno en el análisis del Sello de la Obediencia, es necesario transitar primero, por un puente de Conocimiento bíblico que nos abra el camino para arribar al punto de la comprensión de este Sello, tomando como punto de partida, el Conocimiento que ya hemos recibido acerca del Sello de la Santidad o Purificación, con todo lo que ya hemos escudriñado al respecto del mismo.

Amados de Dios, los invito entonces, a caminar sobre este puente de revelaciones que les voy a exponer, para que nos gocemos y nos equipemos de más Conocimiento, con lo que el Altísimo nos va a seguir enseñando por medio de su Espíritu Santo.

Veamos pues:

En la gran mayoría de las personas que se dicen creyentes, existe por tradición, la tendencia a mirar la “Santidad de Dios” con solemnidad religiosa, la cual, indefectiblemente se exterioriza en el aspecto que presentan los religiosos, con tensas marcas de seriedad en sus semblantes aparentemente contritos (Mateo 6: 16).

Muchos otros, con mente religiosa pero con corazón sincero, en un intento de ser dignos de acercarse al Dios Altísimo, asumen que es necesario poner tal apariencia de formalidad, como una especie de indicador, que ante los ojos observadores, revele una vida piadosa.

Cuando se trata de extrapolar en el razonamiento la Santidad de Dios, hacia la vida de sus elegidos, también existe el mismo escozor que se produce cuando se habla de la Perfección de Dios en relación a la de sus hijos. Esto último ya lo explicamos anteriormente: Si el Perfecto habita en el corazón de sus elegidos, pues estos, son llamados por Él, Perfectos (Salmo 37: 18; Filipenses 3: 15).

De hecho, la Santidad de Dios nadie por impío que fuere, se atreve a objetar, ni en el cielo, ni en la tierra. El lío existencial religioso surge, cuando los muchos religiosos en la tierra, tratan de acercarse al Dios Santo que mora en la Eternidad, sin convicción de poder lograrlo, porque en lo más recóndito de sus conciencias, intuyen que en ellos, no mora la Santidad.

Es así, que para substituir esta incapacidad, descaradamente, en sus concilios blasfemos, con un poder procedente de las tinieblas, optan por presentar como en bandeja para los confundidos habitantes de la tierra, un menú de “santos” para todo gusto y necesidad, designados por sus reprobadas mentes, que desfiguran a su antojo, el verdadero concepto de la Santidad, de la misma forma en que lo hacen con todo lo que es la Verdad de Dios.

¿Por qué muchos religiosos, incluso de corazón sincero, se ven enfrentados con esta complicación de acercarse al Dios Santísimo?

Pues, porque toman el camino equivocado: El de las obras,…Los ritos,…Las tradiciones, en un intento de dar un buen testimonio del cumplimiento de la Ley. Todo esto, porque espiritualmente, están guiados por una mente tenebrosa que lidera los sistemas religiosos de la tierra; y que lo que hace es, llevarlos por caminos de muerte (Proverbios 16: 25).

¿Cómo pues, se puede hacer, para de verdad poder acercarse al Dios Santísimo?

Podríamos decir en forma lacónica, simplemente, que para acercarse al Dios Santísimo, hay que estar en Santidad.

Mas, el Espíritu Santo deseoso de que abundemos en la Gracia de este Conocimiento, quiere que por medio de la explicación exhaustiva de la Palabra, lleguemos a tener una óptima comprensión de los propósitos del Dios Santo en nuestras vidas y del rol que ejerce la Santidad en el cumplimiento de tales propósitos.

Con este efecto, veamos en primer término, lo que dicen las Escrituras en el Antiguo Testamento:

Isaías 57:

15. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, el Altísimo habita en su casa, con sus santos, los quebrantados de espíritu.

Los santos, son sus elegidos sellados por el Espíritu Santo.

Sólo Dios elige y nomina a sus santos, que en conjunto, forman el cuerpo de Cristo. Son blasfemos, los que se adjudican el poder de nominar santos en la tierra.

No hay santo, que no se haya quebrantado.

Cristo fue quebrantado (Isaías 53: 3) en Obediencia al Padre.

No hay Santidad, sin Quebrantamiento.

No hay otra forma de llegar a la Santidad, que no sea a través del Quebrantamiento del corazón, el cual, es el primer momento del proceso del sellado del Espíritu Santo, el mismo que marca el inicio de todo el proceso hacia la Santidad.

Como veremos más adelante, sólo en la Santidad, brilla la Obediencia. Cristo es el Testimonio de esto.

Sin Santidad, no hay forma de acercarse a Dios para habitar con Él en sus moradas.

El Señor Jesús, nos habla personalmente en su evangelio, diciendo:

Juan 14:

2. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

3. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4. Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino.

(R. V. 1960)

Aquí pueden ver mis amados, que el mismo Señor Jesús nos revela, que en la casa del Santísimo, hay muchas habitaciones para sus santos.

Tales habitaciones son puras, por tanto, nada inmundo puede entrar en ellas. Sólo pueden entrar sus santos.

Por esta razón, el Señor Jesús se fue a preparar tales moradas: Una para cada uno de sus escogidos.

Para que sus escogidos sean dignos de entrar a ocupar estas moradas eternas y santas, el Señor Jesús ofrece volver a tomar para Él, a los suyos, para introducirlos en la casa del Dios Altísimo, haciéndolos partícipes de su Santidad.

Recuerden entonces, que también el Señor Jesús dijo lo siguiente:

Juan 16:

7. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

8. Y cuando el venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

(R. V. 1960)

¿A qué viene entonces el Consolador, enviado por el Señor Jesús después de su partida?

Pues viene a consolar a los quebrantados, a convencerlos de lo que es la Santidad, llevándolos por el proceso del sellado de su Espíritu, hacia un estado de Santidad, que les permita entrar en tales moradas santas y eternas.

El Espíritu Santo, es pues, quien con el Sello de la Santidad, nos enseña cómo conducirnos en Obediencia, por el camino de la Santidad, rumbo a la casa del Dios Santo.

Por eso también dice el Señor Jesús:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará, todo lo que os he dicho.

(R. V. 1960)

El Espíritu Santo, nos enseña todo lo que debemos hacer para transitar en Santidad (Filipenses 2: 13), porque la Santidad, es el Sello indispensable de la vida de Obediencia; y a su vez, la Obediencia, es el Sello indispensable, a través del cual brilla la Santidad de los hijos de Dios.

Recuerden lo que dijo el Señor Jesús:

Juan 6:

38. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

(R. V. 1960)

Aquí, en este versículo, claramente nos expresa el Señor Jesús, su Obediencia al Padre.

Por eso, el Padre se expresa de esta manera en el evangelio:

Mateo 3:

17. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

(R. V. 1960)

El evangelio también se refiere así, al Señor Jesús:

Filipenses 2:

8. y estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

(R. V. 1960)

Sigamos ahora, con lo que con respecto al acercamiento al Dios Santo, nos revela el evangelio en el Nuevo Testamento:

Santiago 4:

8. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

9. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.

10. Humillaos delante del Señor, y él los exaltará

(R. V. 1960)

Como ustedes pueden ver, amados entendidos, en el versículo 8, el evangelio nos presenta la dualidad recíproca del proceso de acercamiento entre Dios y sus elegidos, acortando por el Poder de su Espíritu, cada vez más nuestra distancia con Él, hasta el día de la redención, dentro de una obra de pureza y Santidad, ejecutada en nuestras vidas.

Por tal motivo se expresa así el evangelio:

Filipenses 1:

6. estando persuadidos de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

(R. V. 1960)

En realidad, el acercarse en Santidad, al Dios Santo, no es obra personal liderada por la voluntad del creyente. Este es un evento, liderado por el Espíritu Santo, en los escogidos de Dios.

Esto lo entenderán los religiosos, cuando el mismo Señor Jesucristo les quite el velo, que les nubla en Entendimiento (2 Corintios 3: 14).

El acercamiento a Dios, es un evento de inefable alegría (1 Pedro 1: 8); sin embargo, parecería que en el versículo 9 del texto mencionado de Santiago, el evangelio pide tristeza al creyente para darle la oportunidad de acercarse a Dios.

En realidad, de lo que se trata esta tristeza, es del Quebrantamiento, que como ya lo hemos visto en entregas anteriores, es una acción que Dios opera en el corazón de sus elegidos; y que la llama circuncisión espiritual, la cual produce el nuevo nacimiento en el Espíritu.

Así nos dice enfáticamente y con gozo, el Apóstol Pablo:

2 Corintios 7:

9. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10. Porque la tristeza que es según Dios, produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

(R. V. 1960)

Por eso, para los que han nacido de nuevo, que son los santos de Dios, hay esta promesa:

Apocalipsis 21:

4. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

(R. V. 1960)

Recuerden, que para los nacidos de nuevo, las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas (2 Corintios 5: 17).

Sucede entonces, que este Quebrantamiento que conduce a la Santidad, es un momento de Alegría, Sanidad y Vida, el cual, para la Eternidad, contrarresta a la amargura del viejo hombre, que anteriormente estuvo contaminado por la inmundicia del pecado y subyugado en el imperio del príncipe la muerte.

Observen lo que dice el evangelio:

Hebreos 12:

15. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados, 

(R. V. 1960)

Amados de Dios, tengan en cuenta, que una característica de alguien, que por el Espíritu Santo ha sido perfeccionado en Santidad, es la Alegría.

Esto es así, porque estamos ungidos por el Óleo de la Alegría (Hebreos 1: 9):

Salmo 45:

7. Has amado la justicia y

aborrecido la maldad;

Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros

(R. V. 1960)

Ahora bien, con los antecedentes expuestos, quiero mencionar lo siguiente: Que si existe en el diccionario, alguna palabra que describa toda la magnificencia que hay en la pureza que representa el Sello de la Santidad, esta palabra sin duda alguna, es: “Hermosura.” (Salmo 145: 5).

En la Alegría, la Sanidad y la Vida, que se encierran en la Santidad, la cual nos da Dios en el nuevo nacimiento por medio del Espíritu Santo, no puede haber otra cosa más llamativa y sublime, que la Hermosura.

Esta es la Hermosura de los quebrantados de espíritu, porque han sido quebrantados por Dios, o lo que es lo mismo, han sido hermoseados por Dios, quien los sacó de la arrogancia de la carne, para ponerlos en la humillación del espíritu.

Esta es la hermosura que aborrecen los arrogantes e impíos. No la soportan, porque ella es Luz, mas ellos son tinieblas (Juan 3: 20 – 21).

Los que han sido humillados por Dios, luego son por Él, exaltados. La exaltación de Dios para sus elegidos, es la Santidad, un Sello lleno de Luz y Hermosura. La misma hermosura del que la otorga.

Entonces, cuando hablamos de Santidad o Purificación, hablamos de Hermosura; y así, estamos hablando del mismo Señor Jesucristo. He aquí, otros de sus nombres:

Él es:

Hermosura

Alegría

Sanidad

Vida

Santidad

En donde Él habita, hay Hermosura, Alegría, Sanidad, Vida.

Hay Santidad.

Todas estas características, son condiciones espléndidas de la naturaleza de Cristo.

Y si Cristo habita en el corazón de ustedes mis amados, entonces, en ustedes hay Hermosura, porque allí habita su Naturaleza Hermosa.

¡¡Ustedes santos de Dios, son hermosos!!

La Santidad de nuestras vidas, es por tanto, Hermosura.

Esta Santidad entonces, no nos debe poner solemnes, sino gozosos y agradecidos. Debe tenernos cantando himnos y alabanzas (Efesios 5: 19; Colosenses 3: 16) a quien nos hizo santos.

Esta es la Santidad, requisito indispensable, que se nos ha dado para acercarnos al Dios Santísimo y para que Él, se acerque a nosotros.

Así lo expresan las Escrituras:

Salmo 29:

2. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre

Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad

(R. V. 1960)

Salmo 96:

9. Adorad a Jehová en la

Hermosura de su santidad;

Temed delante de él, toda la tierra.

(R. V. 1960)

Si usted es santo amado lector, entonces, usted es hermoso, porque obedece a la misma naturaleza hermosa del Dios Santísimo.

Tome en cuenta, que he dicho “obedece”, o sea, que responde por ley del Espíritu, a  la naturaleza del Padre que lo engendró y lo santificó.

En esta naturaleza obediente, en la que ha sido engendrado todo santo, luego de recibir el Sello de la Obediencia, por Ley del Espíritu, comienza en el mundo, a predicar el evangelio.

¿Sabía usted, que no hay nadie más hermoso, que aquel que predica el evangelio y que no hay nadie más abominable y aborrecible a los ojos de Dios, que aquel que tuerce la Verdad del evangelio?

Cuántos predicadores hay en la actualidad, que ante el discernimiento espiritual de los santos de Dios; y no se diga ante los ojos de Dios, son indoctos (2 Pedro 3: 16), porque añaden vana palabrería a la Verdad del evangelio, con el fin de figurar y redituar de los incautos en sus congregaciones.

Estos que abundan en este tiempo y que se los ve buscando fama en los medios televisivos internacionales, no son más que fariseos, que leudan la masa del pan de la Palabra (Gálatas 5: 9) y la inflan con vanidades (2 Pedro 2: 18 – 19).

Las Escrituras nos confirman la hermosura de los santos que hablan y difunden la Palabra de Dios sin levadura:

Isaías 52:

7. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

(R. V. 1960)

Lo ratifica el evangelio en el Nuevo Testamento:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R. V. 1960)

Recuerden amados entendidos, que cuando las Escrituras se refieren a los pies, están simbolizando, primeramente al Santo por excelencia; y luego a los espíritus de los santos que predica el evangelio (Job 23: 11; Salmo 17: 5; Salmo 18: 33; Salmo 119: 105; Cantares 7: 1; Nahum 1: 15; Habacuc 3: 19; Juan 13: 5 – 14; Efesios 6: 15).

Si su espíritu tiene a Cristo; entonces, su espíritu es hermoso, porque tiene al Hermoso por excelencia. Donde está el Hermoso, hay Hermosura.

Lo que nos dicen los textos de Isaías y Romanos es, que quienes predican el evangelio, están llenos de la Santidad de Cristo.

¿Por qué hablamos de la hermosura en este tránsito al análisis de la Obediencia?

Pues, porque la Hermosura, se va ver reflejada en los dones del Espíritu que proyecta todo santo.

La Obediencia, no es una carga de tareas impuestas por Dios a sus santos, sino la expresión de su naturaleza Divina en todos los que ha engendrado como hijos.

Esta expresión es una ley natural del Espíritu, que en la acción de los santos, da testimonio viviente de Aquel que los ha engendrado.

Dios es Hermoso y hermoso es todo lo que Él hace.

Todo el que es nacido de Dios, es Hermoso, porque tiene la Santidad que es Cristo, habitando en su corazón. Esto es, porque desde antes de la fundación del mundo, ha sido destinado a Obediencia (1 Pedro 1: 2), desde el mismo vientre de Dios, junto con Cristo, el Primogénito de los hermanos (Romanos 8: 29).

En el sello de la Obediencia que tiene todo santo, se ve reflejada la Hermosura y Santidad de Dios.

Los que no han nacido de Dios, aunque físicamente sean atractivos, sus espíritus inmundos son feos y abominables, porque así mismo, han sido destinados a ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 45

 

 

 

 

 

 

 

 

 

44. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 43: Sin Santidad, nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14)

En este capítulo, vamos a continuar con el análisis del Sello de la Purificación o Santidad.

Como sabemos, de acuerdo a esta metodología que vamos siguiendo, guiados por el Espíritu Santo, el Sello de la Obediencia que analizaremos en el próximo capítulo, se asienta en el Sello de la Purificación, y este a su vez, se asienta en el Sello de la Fe.

También sabemos ya, que el Sello de la Fe, se asienta en el Sello del Conocimiento…Que este, se asienta en el Sello del Entendimiento…Este, en el Sello del Arrepentimiento…Y este último, en el Sello del Quebrantamiento.

En realidad, como ya lo hemos expresado antes, no es que sean siete sellos, sino un solo Sello que contiene estos siete elementos, con los que en siete momentos secuenciales, Dios sella a cada integrante de su pueblo elegido.

También hemos expresado, que esta secuencia es tan sólo metodológica, para que estos elementos sean vistos por separado en el análisis, aportando cada uno en su momento, espléndidas revelaciones del profundo misterio del Sello del Espíritu Santo.

Prosiguiendo en el análisis, animo al lector, a revisar las entregas 31 y 32. En estas entregas, analizamos el Sello del Arrepentimiento, el cual, se nos reveló como el Verdadero Ayuno, haciéndonos ver que este Sello, una vez implantado, ya no nos deja más, ingerir cosas espirituales inmundas que contaminen el corazón, tales como fornicación, avaricia (Efesios 5: 3), pasiones desordenadas, malos deseos, idolatría (Colosenses 3: 5), etc.

¿Por qué les hago retornar al análisis del Sello del Arrepentimiento?

Esto lo hago, para que observen que el Sello de la Purificación o Santidad, viene resultando como parte de un proceso espiritual perfectamente planeado por Dios, pues nadie puede llegar a la Santidad, si alberga en su corazón algún rastro de inmundicia (Santiago 1: 21).

Quien ya está en el Ayuno, que es Cristo, ya no come inmundicias. El corazón en Ayuno, repleto del Espíritu de Cristo, no come las cosas sucias del mundo.

¡Imposible, que el Espíritu de Cristo se alimente de las cosas del mundo!

Por eso el Señor Jesús dijo:

Mateo 15:

18. Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.

19. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

20. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.

(R. V. 1960)

Como pueden observar, amados de Dios, el lavado material de las manos sucias, no tiene nada que ver con la Santidad. Lo que cuenta es el lavado del espíritu, con el agua de la Palabra.

El corazón en Ayuno, es un corazón puro, lavado con el Agua de la Palabra, por tanto es un corazón que tiene el Sello de la Purificación o Santidad.

Cualquier persona con ayuno religioso de comida pero sin el Verdadero Ayuno o Sello del Arrepentimiento, posee un corazón inmundo, no regenerado,…No purificado,…Sin Santidad, aunque la quiera aparentar con fe fingida (1 Timoteo 1: 5; 2 Timoteo 1: 5).

Retomando el análisis, todo el proceso del sellado comienza con el Sello del Quebrantamiento y culmina con el Sello de la Obediencia.

Examinemos entonces, que a la Santidad, que es el sexto momento del sellado, nadie puede llegar por medio de la religiosidad; es decir por medio de fe fingida, a base de obras, sino como efecto de la regeneración espiritual, que es la obra perfecta de Dios (Isaías 26: 12; Juan 6: 29; Efesios 2: 10), por medio del Espíritu Santo, dentro de un proceso espiritual, en un orden perfecto, dispuesto por Dios (1 Corintios 14: 33).

Menos, se puede llegar a la Santidad, como parte de un decreto de hombres; y menos aún, si estos hombres son blasfemos, embaucadores de multitudes y adulteradores de la Verdad bíblica, que inundan al mundo religioso con muchedumbre de “santos”, designados por decretos, expedidos dentro de sus abominables concilios.

Así dicen las Escrituras:

Proverbios 30:

12. Hay generación limpia en su propia

opinión,

Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.

(R. V. 1960)

Es por esto, que el Señor Jesús, con su Palabra Eterna, les habló así a los religiosos de su tiempo, y de todos los tiempos:

Mateo 23:

27. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, en la religiosidad de estos individuos no había Santidad, sino hipocresía, que es inmundicia.

Volviendo al punto, dentro de la secuencia que analizamos, correspondiente al Sello de la Purificación o Santidad, repito, debemos nuevamente recalcar, que nadie puede tener este Sello, si no ha sido previamente sellado con el Sello de la Fe.

¿Por qué?

Porque, según lo hemos recibido en revelación, la Fe, es el mismo Espíritu Santo Purificador (Malaquías 3: 2).

Así lo aseguran las Escrituras:

Salmo 51:

10. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

(R. V. 1960)

Y de acuerdo al siguiente versículo, el Espíritu de la Palabra que es quien lava las inmundicias (Efesios 5: 26), no es aprovechado por quienes carecen de Fe:

Hebreos 4:

2. Porque también a nosotros se  nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó oír la Palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

(R. V. 1960)

Por eso, los religiosos creen que son puros, pero no lo son, esto es, mientras el Espíritu Santo, no haga la operación completa de la regeneración en el corazón de ellos (Tito 3: 5); y esto ocurre, siempre y cuando estén inscritos en el Libro de la Vida (Lucas 10: 20; Filipenses 4: 3; Apocalipsis 3: 5), o lo que es lo mismo, en la Promesa del Pacto (Salmo 89: 34; 111: 5; Isaías 55: 3; Romanos 9: 8; 1 Juan 2: 25).

Presten atención  a lo que menciona el siguiente versículo:

Proverbios 30:

5. Toda palabra de Dios es limpia;

Él es escudo a los que en él esperan.

(R. V. 1960)

De manera que, si la Palabra ha hecho su operación de Purificación (Isaías 28: 21; Efesios 1: 19; 3: 7), no hay forma de quedar a expensas de la inmundicia de la religiosidad.

En su operación, para sellar Dios a sus hijos con el Sello de la Purificación o Santidad, tiene que recurrir a la disciplina. Así lo expresa el evangelio:

Hebreos 12:

6. Porque el Señor al que ama, disciplina

Y azota a todo el que recibe por hijo.

(R. V. 1960)

Job 5:

17. He aquí, bienaventurado es el hombre

a quien Dios castiga;

Por tanto, no menosprecies la

corrección del Todopoderoso.

(R. V. 1960)

Entonces nos preguntamos:

¿Para qué, Dios nos disciplina?

Pues, para sellarnos con la Santidad o Purificación, ya que este Sello es la base del Sello de la Obediencia.

Veamos lo que dice el evangelio:

Hebreos 12:

9. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaron, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?

10. Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.

(R. V. 1960)

Entonces, queda esto así:

Dios nos disciplina, para que seamos santos, porque quiere que participemos de su Santidad; es decir, quiere que formemos parte del Cuerpo de Cristo.

Por esta razón el evangelio se pronuncia de esta manera:

Hebreos 12:

14. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

(R. V. 1960)

Y más contundentemente, en cuanto a la entrada a la ciudad de Dios, la Jerusalén celestial, o cuerpo de Cristo, o Reino de Dios:

Apocalipsis 21:

27. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

(R. V. 1960)

Una vez más, aunque moleste a algunos el tema de la predestinación, hay que destacar, según lo menciona el versículo anterior, que sólo reciben el Sello de la Santidad, quienes están inscritos en el Libro de la Vida.

Para los estudiosos de la Biblia, que siguen esta página de análisis de la Palabra de Dios, si no lo sabían, les hago conscientes, del paralelismo que existe entre el Libro de Levítico del Antiguo Testamento, con el Libro de Hebreos del Nuevo Testamento.

El Primero, habla de las disposiciones religiosas de Jehová hacia los sacerdotes, para la Purificación de los pecados del pueblo; mientras el segundo revela la Santidad del pueblo de Dios, conseguida por Cristo, quien es el Sumo Sacerdote Eterno, en el orden de Melquisedec, y al mismo tiempo es el Cordero de Dios, que con su sangre limpia de toda inmundicia de pecados, a su pueblo escogido y amado.

Antes de concluir esta entrega, animo al estudioso de la Biblia, a que lea ambos libros, para que tome gran conciencia de lo que significa el Sello de la Santidad.

Por lo pronto, y hasta que lo haga, me permito transcribir este texto del Libro de Hebreos, que prácticamente lo resume todo:

Hebreos 10:

1.     Porque la Ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

2.     De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

3.     Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;

4.     porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

5.     Por lo cual, entrando en el mundo dice:

Sacrificio y ofrenda no quisiste;

Mas me preparaste cuerpo.

6.     Holocaustos y expiaciones por el

pecado no te agradaron.

7.     Entonces dije: He aquí que vengo,

oh Dios, para

hacer tu voluntad,

Como en el rollo del libro está

escrito de mí.

8.     Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la Ley),

9.     y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.

10.   En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

11.    Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismo sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12.    pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a diestra de Dios,

13.     de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;

14.     porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

15.     Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber     dicho:

16.     Este es el pacto que haré con ellos

Después de aquellos días, dice el

Señor:

Pondré mis leyes en sus

Corazones,

Y en sus mentes las escribiré,

17.      añade:

Y nunca más me acordaré de sus

pecados y transgresiones.

18.      Pues donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el        pecado.

19.      Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

20.      por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

21.      y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

22.      acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

23.       Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

24.        Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

25.        no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

26.        Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,

27.        sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

28.         El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente.

29.         ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 44

 

 

43. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 42: Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios (Mateo 5: 8).

Damos inicio ahora, al análisis del sexto momento del proceso del sellado del Espíritu Santo: “La Purificación.”

En esta ocasión, vuelvo a insistir en que el Sello del Espíritu Santo es de carácter eterno; y es aplicado en el elegido de Dios, de forma irrevocable (Romanos 11: 29) de una sola vez y para siempre.

El Espíritu Santo ha tenido a bien, el otorgarme el diseño de esta metodología de estudio, que he venido secuencialmente presentando por capítulos, para que los estudiosos de la Palabra, accedan sin dificultad, al discernimiento y comprensión del misterio que este Sello encierra desde tiempos eternos (Romanos 16: 25).

Esta metodología, como les consta hasta aquí a los seguidores de este estudio, muestra la aplicación del Sello, dentro de un proceso ordenado por etapas.

Cuando los amados de Dios que siguen este estudio, lleguen a integrar en sus mentes todas las etapas del sellado, entonces, todo el Conocimiento acerca del Sello del Espíritu Santo, quedará patente como lo que es: Espiritual y eterno.

Tenga por seguro, que con todo este Conocimiento, una vez integrado, le será más fácil al estudioso bíblico, extraer las revelaciones del evangelio eterno, las mismas que están expuestas en abundancia en todo el contenido de las Sagradas Escrituras.

En esta entrega, el Espíritu nos devela los aspectos referentes a la sexta etapa de su aplicación sobre el corazón de los elegidos de Dios.

Procedamos pues, sin más preámbulos a transcribir lo que el Espíritu Santo nos enseña:

Primeramente, examinemos el sitio que ocupa la etapa del Sello de la Purificación, dentro de la secuencia establecida en el proceso del sellado.

Según nuestro esquema metodológico, la Purificación  ocupa el sexto momento del proceso de aplicación del Sello del Espíritu Santo, puesto que el quinto momento, le corresponde a la Fe; y el séptimo, a la Obediencia.

La secuencia, puede ser revisada en la entrega 27.

En esta secuencia, La Palabra nos revela, que en esta etapa del Sellado, la Fe purifica los corazones.

Repito: la Fe es el quinto momento y la purificación, el sexto.

Confirmemos esto, con los siguientes versículos:

Hechos 15:

8. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;

9. y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la Fe sus corazones.

(R. V. 1960)

Como pueden apreciar mis amados, la Purificación es un momento secuencial inmediato posterior a la aplicación del Sello de la Fe.

Recordemos algo que ya hemos tratado antes: Que la Fe, no es un atributo ni circunstancia alguna que se pueda describir, sino que es el mismo Espíritu de Dios, habitando en el corazón del hombre regenerado (Hebreos 12: 2).

De tal forma que, quien tiene Fe, tiene el Espíritu de Dios morando en sí mismo.

Esto lo hace notar claramente el versículo expuesto; pero, confirmemos una vez más con otro versículo, la secuencia de la Purificación a partir de la Fe:

1 Tesalonicenses 5:

23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

(R. V. 1960)

Aquí hay otro versículo que confirma lo mismo:

2 Tesalonicenses 2:

13. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,

(R. V. 1960)

En los versículos precedentes se habla de Santificación. Cabe mencionar entonces, que la Santidad es lo mismo que la Purificación, de cuyo Sello estamos tratando.

Tómese en cuenta entonces, que Santidad es igual que Purificación.

Ratifiquemos en este momento del análisis, que la Purificación o Santidad, como Sello del Espíritu Santo, al igual que los otros momentos del Sellado que ya hemos descrito, forman parte de un mismo hecho y de un mismo momento, que es espiritual y eterno.

Veamos lo que al respecto dice la Palabra en:

Jeremías 1:

5. Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

(R. V. 1960)

Cuando la Palabra habla aquí del vientre, se refiere a la misma naturaleza de Dios y no al vientre carnal de una madre. De tal forma que, al ser engendrados carnalmente en el vientre de una madre, ya nacimos bajo la promesa de la Purificación o Santidad, otorgada en el mismo vientre o naturaleza de Dios. Confírmese esto en (Isaías 44: 2; 24; 46: 3).

Es importante entender esto, para entender también todo lo que concierne al próximo momento del sellado, que es la Obediencia; y de la cual trataremos en una próxima entrega.

Hasta aquí, ya hemos visto en primer lugar, que la Purificación o Santidad sólo se da en el elegido de Dios y a partir de la Fe, o lo que es lo mismo, a partir de la presencia del Espíritu de Dios en su corazón.

También hasta el momento, hemos ratificado la esencia espiritual y eterna del Sello de la Purificación.

Ahora, para lo que sigue del análisis de esta etapa, es necesario, plantear una pregunta clave, esta es:

¿En qué consiste la Purificación?

A partir del siguiente versículo, encontremos la respuesta:

2 Timoteo 2:

19. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este Sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.

(R. V. 1960)

¿En qué consiste entonces, la Purificación?

Nos dice el evangelio, que quien tiene el Sello del Espíritu Santo, se aparte de iniquidad.

No es que Dios nos está solicitando en este versículo, que nos apartemos de iniquidad, sino que lo está decretando:

¡Apártese de iniquidad!

Es un decreto divino. Es una orden del cielo. Es un Sello.

Ya hemos analizado reiterativamente, que la Fe es el mismo Espíritu Santo; de tal forma que, quien tiene el Sello de la Fe, está apartado por Dios, de toda iniquidad. Y es, que no puede ser de otra manera.

La iniquidad o impureza, es contraria a la Santidad o Purificación.

Con el Sello del Espíritu Santo, hay Purificación. Sin el Sello hay inmundicia.

Esto quiere decir, que el Espíritu Santo, aparta al amado de Dios, de toda impureza.

Esto es precisamente a lo que las Escrituras llaman “Santidad.”

La Santidad, es el apartamiento que Dios hace por el Espíritu Santo, de cada uno de los habitantes de su pueblo celestial, de las impurezas del mundo material, dentro del cual debe peregrinar temporalmente.

Así lo expresa su Palabra desde el principio:

Levítico 20:

26. Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

(R. V. 1960)

Por esto es, que el Señor Jesús, cuando oraba, le pedía así al Padre:

Juan 17:

15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17. Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad

(R. V. 1960)

El momento en que la Fe produce Purificación o Santidad es un momento de perfeccionamiento del hijo de Dios, en el cual Dios hace perfecto a su elegido por medio de la Sangre del Pacto Eterno.

Comprobémoslo en el siguiente versículo:

Hebreos 10:

14. porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

(R. V. 1960)

¿Pueden ver cómo en el versículo anterior, y en general en las Escrituras, Dios habla de los perfectos?

Revisen todos los versículos que les expongo a continuación, para que lo comprueben:

(Números 32: 12; Salmos 37: 18; 119: 1; Proverbios 2: 21; 11: 20; 28: 10; Mateo 5: 48; Juan 17: 23; Filipenses 3: 15; Colosenses 4: 12; Hebreos 12: 23; Santiago 1: 4).

¿Quiénes son pues, los perfectos a los que Dios se refiere en las Escrituras?

Son los que han sido purificados con el Sello del Espíritu Santo.

Todos quienes tienen el Sello del Espíritu Santo, dicho en forma sencilla, son santos, están purificados y son perfectos.

Dicho de otra manera, los perfectos son los santos, o sea, los que han sido apartados por el Sello del Espíritu Santo, de toda iniquidad existente en el mundo y regenerados por la Palabra (Juan 17: 17).

¿Han notado amados de Dios, que los que tienen espíritu religioso se escandalizan, si un hijo de Dios les habla de la perfección?

La primera reacción es responder con pudor, que nadie es perfecto, que sólo Dios es perfecto.

Al respecto, vean lo que nos revela el evangelio:

Filipenses 3:

15. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.

(R. V. 1960)

Por eso es necesario estar dotados del Sello de la Fe, porque de otra manera no se puede tener la convicción de la perfección que el Sello del Espíritu Santo nos ha otorgado; y si no hay esa convicción de perfección, es porque no hay Fe ni hay Purificación; y por lo tanto, tampoco hay convicción de haber entrado en el Reino de Dios (Mateo 11: 12).

Ahora, preguntémonos:

¿De qué manera Dios nos purifica y santifica y nos hace perfectos por medio de su Sello?

Que la misma Palabra del evangelio revelado nos responda con los siguientes versículos:

Efesios 5:

26. para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,

Este versículo, se refiere a la iglesia, esposa de Cristo.

(R. V. 1960)

Hebreos 1:

3. el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

(R. V. 1960)

Hebreos 2:

10. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

11. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

(R. V. 1960)

Hebreos 10:

10. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

(R. V. 1960)

Hebreos 10:

14. porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

(R. V. 1960)

Como ven, amados entendidos, en la Sabiduría de Dios, es necesaria primero la presencia de la Fe, para creer en esa ofrenda y en ese lavamiento de nuestras iniquidades, para quedar purificados o santificados…Perfectos.

La falta del Sello de la Fe, indica presencia de pecado e iniquidad, que es impureza e imperfección.

Quienes no tienen el Sello de la Fe, por supuesto que no creen en la ofrenda de Cristo, y tampoco tienen el  Conocimiento del sacrificio de Cristo en la Cruz.  Sin este Conocimiento que como ya lo hemos estudiado, es un Sello previo al de la Fe, no hay nada.

Finalmente, preguntemos:

¿Para qué Dios nos purifica y nos hace perfectos?

Dice el evangelio, que Dios nos ha llamado a Santificación:

1 Tesalonicenses 4:

7. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.

(R. V. 1960)

Aquí, insistimos en la misma pregunta, pero planteada de otra manera:

¿Para qué Dios nos ha llamado a Santificación?

Encontremos la respuesta en los textos que expongo a continuación:

1 corintios 6:

9. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10. ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

11. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(R. V. 1960)

En el último párrafo, una vez más se nos confirma que por la Fe, o sea, por el mismo Espíritu de Dios, hemos sido purificados.

Otra vez, la misma pregunta:

¿Para qué somos purificados?

Sencillo:

Para entrar en el Reino de Dios, tal como lo afirma el versículo 9, pues ningún inmundo puede entrar en el Cuerpo de Cristo, a menos que haya sido purificado por medio de la Única Ofrenda (Hebreos 10: 14).

Veamos lo que desde los tiempos del Antiguo Testamento, nos dicen las Escrituras:

Números 19:

20. Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; no fue rociada sobre él el agua de la Purificación; es inmundo.

(R. V. 1960)

Ningún inmundo puede ver a Dios.

En la era presente, tiempo de la Gracia, Dios nos cumple a sus elegidos, la promesa de purificarnos, ya no, por medio de rituales religiosos, sino por medio del sacrificio de su Hijo en la cruz.

¿Podrá entonces, alguien purificarse a sí mismo?

Las Escrituras plantean esta pregunta, de la siguiente manera:

Proverbios 20:

9. ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón,

Limpio estoy de mi pecado?

(R. V. 1960)

Por supuesto que nadie puede hacerlo por su propia iniciativa. Dios es quien nos purifica, por medio de Cristo, el Cordero inmolado.

Veamos lo que dice el siguiente versículo:

1 Juan 3:

3. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

(R. V. 1960)

Pareciera que el texto diera a entender que cualquiera puede purificarse a sí mismo.  Esto hay que entenderlo bien, pues sólo quien tiene el Sello de la Fe, tiene el Poder de Dios morando en sí mismo, para mantenerse puro, libre del pecado.

El que no ha sido sellado con la Fe, no puede realizar esta operación. Por esto es, que el siguiente texto dice lo siguiente:

1 Juan 3:

6. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.

(R. V. 1960)

Como podemos observar, únicamente puede mantenerse puro, el que ha sido sellado por Dios, con el Sello de la Purificación.

Una señal de que alguien no está sellado por el Espíritu Santo, o por lo menos, que no está aún confirmado en la promesa del Sello, es su manifiesta vida carnal contaminada con el pecado, sobre todo, el de fornicación.

Revisemos los siguientes versículos:

Oseas 5:

4. No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová.

(R. V. 1960)

Efesios 5:

3. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos;

(R. V. 1960)

1 Tesalonicenses 4:

3. pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación;

(R. V. 1960)

Apocalipsis 2:

21. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

(R. V. 1960)

¿Por qué, Dios nos quiere tener apartados de toda inmundicia y fornicación?

La respuesta de Dios se expresa así en su Palabra:

Levítico 11:

45. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: Seréis, pues, santos, porque yo soy santo.

(R. V. 1960)

Nos hace subir del nivel de la esclavitud de iniquidad, a los niveles gloriosos de Libertad de nuestra Patria, la Jerusalén Celestial.

Levítico 19:

2. Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.

(R. V. 1960)

Una vez más, les sugiero que consideren, que Dios, no está solicitando al pueblo, que se comporte en santidad, porque como ya lo hemos expresado antes, no depende del individuo purificarse a sí mismo, sino de Dios.

Dios lo que hace en su Palabra, es decretar que su pueblo sea Santo, porque Él es Santo.

No hay forma de participar con Él en inmundicia; y para eso, Él mismo, por la Gracia de su infinito Amor, hace su labor de Santificación de sus elegidos, mediante el Sello de su Espíritu.

Pensar de otra manera es caer en religiosidad; y a esto inducen los falsos pastores y maestros, al pueblo sin Conocimiento (Oseas 4: 6).

El Evangelio ratifica este punto:

1 Pedro 1:

14. como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;

15. sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;

16. porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

(R. V. 1960)

Como ven amados: ¡Escrito está!

La Santidad es un Sello.

La pregunta ¿Para qué Dios nos quiere santos?, todavía exige más respuesta.

Aquí está la respuesta contundente, según lo que expresa el Señor Jesús:

Mateo 5:

8. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

(R. V. 1960)

Sólo los Puros, verán a Dios.

Agreguemos algo más al respecto, con base a lo que menciona el evangelio:

Efesios 5:

25. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su iglesia, y se entregó a sí mismo, por ella,

26. para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,

27. a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

(R. V. 1960)

Pienso amados de Dios, que el texto anterior, presenta la respuesta clave, a la pregunta del por qué Dios, es exigente en la santidad de sus elegidos:

Siendo que la iglesia es el cuerpo de Cristo, quiere Cristo a la iglesia, presentársela a Sí mismo totalmente Pura. No es para menos, su cuerpo es Puro, Santo y Perfecto.

Recuerden amados, que estamos en los tiempos finales, y al respecto las Escrituras nos alertan sobre lo siguiente:

Daniel 12:

10. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.

(R. V. 1960)

Tito 1:

15. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.

(R. V. 1960)

Apocalipsis 22:

10. Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.

11. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.

12. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

13. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

14. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar  por las puertas en la ciudad.

(R. V. 1960)

Para concluir esta entrega, quiero amados de Dios, solicitarles en Cristo, que hagan lo que dice el siguiente versículo:

1 Timoteo 3:

9. que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia.

(R. V. 1960)

Con esa limpia conciencia, que es producto de la operación de Dios en sus vidas, mediante el Espíritu Santo, todos podrán decir, como lo expresa el libro de Job:

Job 11:

13. Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él tus manos;

14. Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti,

Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,

15. Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,

Y serás fuerte, y nada temerás;

16. Y olvidarás tu miseria,

O te acordarás de ella como de

Aguas que pasaron.

17. La vida te será más clara que el

mediodía;

Aunque oscureciere, será como la mañana.

18. Tendrás confianza, porque hay

Esperanza;

Mirarás alrededor, y dormirás

Seguro.

19. Te acostarás, y no habrá quien te

Espante;

Y muchos suplicarán tu favor.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 43

 

42. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 41: Cuando venga el Hijo del Hombre ¿hallará Fe en la tierra? (Lucas 18: 8)

¡Amados de Dios!

Vamos a concluir en esta entrega, el análisis del Sello de la Fe.

Siguiendo el hilo de lo expresado en la entrega anterior, preguntémonos ahora:

¿Por qué, ante tanta maravilla hecha por Dios, observada y palpada por el pueblo israelita en el pasado, no había Fe en ellos?

¿Por qué ante tanta maravilla que hizo el Señor Jesús en su paso por la tierra, no creyeron en Él ni sus hermanos?

¿Por qué ante la Maravilla del Cristo muerto y resucitado, un hecho que muestra al Dios encarnado, que materialmente se ha dejado ver como hombre, para que toda la humanidad de los últimos veintiún siglos posteriores a su advenimiento, lo reciban espiritualmente; con más intensidad en los tiempos actuales se constata el vacío de Fe que hay en la gran masa de los habitantes de la tierra?

Esta ausencia de Fe se constata en la escalada imparable de la maldad, como lo menciona el Señor Jesús y el evangelio, desde hace veintiún siglos:

Mateo 24:

12. y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

(R. V. 1960)

2  Timoteo 3:

1. También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

2. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,

3. sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,

4. traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,

5. que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.

6. Porque de estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias.

7. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.

8. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron  Moisés, así también estos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.

(R. V. 1960)

Si establecemos una relación lógica de lo expresado en la profecía que emiten estos versículos, con lo que estamos constatando al observar la dinámica del mundo actual en cuanto al comportamiento de los seres humanos; y si a esto agregamos el conjunto de catástrofes naturales también anunciados en las Escrituras, no cabe duda de que ahora más que nunca, estamos presenciando los eventos  profetizados de los últimos días de la tierra.

¡Amados de Dios!

¿Qué es lo que caracteriza a los últimos días de la tierra?

¡Pongan atención, que los Hijos de Dios no somos ingenuos!

¡Los Hijos de Dios tenemos el Conocimiento!

Lo que caracteriza a los últimos días de la tierra, no es el avivamiento del Espíritu Santo en las naciones, como muchos predicadores faltos de Entendimiento y de Conocimiento pregonan a voz en cuello, haciendo tropezar a los simples, que serán destruidos precisamente, por su falta de Conocimiento.

¡Amados de Dios!

¡Lo que caracteriza a los últimos días de la tierra es la falta de Fe!

Los que no utilizamos la Palabra de Dios, como negocio para hacer dinero, a la manera de aquellos que arman sus grandes empresas de “motivación cristiana”, endulzando con palabras lisonjeras, los oídos de los simples; sabemos y predicamos, que todos los sistemas terrenales, en vez de mejorar, empeoran cada vez más, porque al momento presente, la creación gime de dolores de parto, aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8: 21 – 22).

Los Hijos de Dios, sabemos que pronto, los que duermen en Cristo resucitarán y los que viven en Cristo serán transformados y arrebatados al cielo, como lo ha anunciado el evangelio (1 Tesalonicenses 4: 16 – 17; 1 Corintios 15: 52).

¿Cómo creen ustedes amados de Dios, que quedará espiritualmente la humanidad sobre la tierra, luego de que ocurran estos eventos prometidos a los Hijos de Dios, cuando al momento, la gran masa humana carece de Fe, o sea, carece de Espíritu Santo?

Recuerden la revelación que nos da el Señor Jesús en el siguiente pasaje:

Lucas 18:

7. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

8. Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

(R. V. 1960)

Sabemos que la Fe, es el mismo Espíritu Santo.

Al momento, el misterio de la iniquidad que ya está en acción; pero hay alguien que aún lo detiene (2 Tesalonicenses 2: 7).

¿Quién es el que lo detiene?

Pues, ¡la Fe! O sea, el Espíritu Santo, que mora en el corazón de los hijos de Dios.

La Fe detendrá el misterio de la iniquidad, hasta que ella sea quitada de la tierra, luego del evento del arrebatamiento de los elegidos.

Luego descenderá Cristo con su esposa y por seguro que no encontrará Fe en la tierra, porque la Fe es el Espíritu que une al Esposo con la esposa; y esta, viene con ellos.

Después, todos los elementos ardiendo serán deshechos, como lo han anunciado los santos profetas (2 Pedro 3: 1 – 10), dando lugar al Reino espiritual del Dios Todopoderoso y del Esposo con su esposa (Apocalipsis 21: 9 – 10; 22 – 23).

Como ven amados de Dios, Cristo ha hecho y sigue haciendo maravillas con la humanidad hasta el momento presente, porque es un Dios vivo, que vive cerca de todos, pero sólo pueden verlo quienes están vivos junto con Él.

Las Escrituras nos avisan por medio de Moisés, sobre lo cercano que Cristo estuvo del pueblo israelita, haciendo maravillas con ellos:

Deuteronomio 4:

7. Porque ¿Qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?

(R. V. 1960)

Deuteronomio 30:

11. Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

12. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

13. Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

14. Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

(R. V. 1960)

El mismo concepto de las Escrituras del Antiguo Testamento es tan actual, que sin duda, el evangelio lo ratifica y también nos avisa de lo cerca que sigue estando Cristo, todavía haciendo maravillas en la tierra.

Revisemos los siguientes versículos:

Hechos 17:

27. para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

28. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

(R. V. 1960)

Romanos 10:

6. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);

7. o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).

8. Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos.

(R. V. 1960)

Quienes están vivos junto con Él, son quienes han resucitado junto con Él; y por tanto, tienen el Sello de la Fe.

Quienes tienen el Sello de la Fe son quienes lo pueden ver, cumpliéndose en ellos, lo que el evangelio dice:

2 Corintios 5:

7. (porque por Fe andamos, no por vista);

(R. V. 1960)

¿Qué nos está revelando el versículo precedente?

Qué sólo el Sello de la Fe, nos permite ver a Cristo que está absolutamente cercano y por tanto,  nos permite creer en Él.

Desglosemos esta revelación:

Los israelitas desagradaron y disgustaron a Dios con su incredulidad (Hebreos 3: 7 – 19).

¿Qué significa que eran incrédulos?

Significa que no tenían Fe, o lo que es lo mismo, no tenían el Espíritu Santo.

El hecho de no tener la Fe, o sea, el Espíritu de Dios, los hacía ciegos para las cosas espirituales de Dios. Por eso es, que aun viendo con los ojos físicos, las cosas maravillosas de Dios que se materializaban para ayudarlos, proseguían en sus mismas rebeliones e idolatrías.

Probado está lo que dice la Palabra, que la Fe no surge por lo que capta la vista, sino por lo capta el oído.

Cuando la gente ve un milagro, se maravilla ante el milagro; pero luego de que le pasa la impresión provocada por el milagro, no ocurre ningún cambio en su interior.

Recuerden amados, que en los días en que aparezca el inicuo, este lo hará haciendo prodigios y milagros con todo engaño de iniquidad para los que se pierden.

Los que caigan deslumbrados visualmente por las maravillas cargadas de mentira que hará el inicuo, serán los que se pierden y serán condenados, porque Dios mismo les puso un espíritu engañoso, para que crean en la mentira, por haber rechazado la verdad (2 Tesalonicenses 2: 8 – 12).

Los cambios del corazón y el nuevo nacimiento no se producen por el ver, sino que se dan por el oír.

Así dice el evangelio:

Romanos 10:

17. La fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios.

(R. V.1960)

Los que se pierden, no fueron dotados de oídos para oír, por tanto, nunca tendrán Fe.

Revisemos también, lo que dice el evangelio en:

Juan 2:

23. Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

24. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,

25. y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.

(R. V. 1960)

Observen mis amados, que el evangelio claramente nos indica, que el Señor Jesús, conocía que aquellos que se maravillaban por las señales que Él hacía, no tenía el Sello del Espíritu Santo, por tanto, ellos no eran de su confianza…No eran del agrado de Dios.

Recuerden que sin Fe, es imposible agradar a Dios; o lo que es lo mismo, sin Espíritu Santo, nadie puede agradar a Dios.

El Señor Jesús sabía, que ellos tenían ojos carnales para ver cosas carnales; pero no tenían oído espiritual para escuchar la voz de Dios.

Para quienes no están sellados por el Espíritu Santo, como es fácilmente comprobable, nada de lo que está escrito en la Biblia, tiene sentido.

A los no regenerados por el Espíritu, no les hace sentido lo que hablan los profetas, lo que habla el Señor Jesús, ni lo que hablan los evangelistas; sin embargo, andan atrás de ver milagros; y como ya hemos expuesto antes, dado que al diablo le es permitido hacer también prodigios maravillosos que se ven, como lo hicieron los hechiceros delante de Moisés (Éxodo 7: 8 – 13), estos seres no sellados que se entusiasman con lo que ven, caen en el hoyo (Mateo 15: 14), embaucados ante estos prodigios mentirosos que el padre de la mentira (Juan 8: 44) les hacer ver (Proverbios 27: 20; 2 Tesalonicenses 2: 8 – 12).

Las Sagradas Escrituras para ellos no significan nada; pero no saben que esa misma Palabra de las Escrituras, es la que los extermina.

Así dice el Señor Jesús:

Juan 12:

48. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

(R. V. 1960)

¿Por qué para ellos, las Sagradas Escrituras no significan nada?

¡Pues, porque en ellos no hay Fe!

En ellos, no hay Sello del Espíritu Santo.

Si la Fe es por el oír, entonces, ellos no tienen la capacidad de oír; y si no oyen, no tienen el Sello del Conocimiento, que es previo al Sello de la Fe.

¿Por qué no tienen capacidad para oír?

Porque no tienen habilitado el oído para oír. O sea, no tienen espíritu circuncidado.

Conste que no estamos hablando del oído físico, sino del espiritual, o sea, del espíritu.

¿Qué es lo que habilita el oído para oír?

Recuerden, que cuando hablamos del Sello del Quebrantamiento, explicamos el proceso de la circuncisión del corazón, que es un proceso doloroso.

¿Quién circuncida el corazón, o lo que es lo mismo, el espíritu, o lo que da igual, el oído?

¡Dios es el que circuncida!

Por eso, el versículo anteriormente mencionado dice, que “el oír es por la Palabra de Dios”, o sea, es por circuncisión de Dios, mediante Cristo, que es la Palabra.

La Palabra es más cortante que una espada de dos filos (Hebreos 4: 12). La Palabra es la que circuncida el oído. La Palabra es el Espíritu de Dios. Al circuncidar, la Palabra produce dolor, o sea, quebrantamiento espiritual.

La Palabra es la que circuncida al oído para que oiga. El oído que oye, es el corazón circuncidado en el que se ha implantado el Sello de la Fe.

Mientras la Palabra que es como una espada de dos filos no actúa cortando las membranas de tinieblas del corazón, el oído es incircunciso,…No oye,…No recibe el Conocimiento….

Ratificamos, que si no hay Conocimiento, no hay Fe.

Muchos interpretan equivocadamente el texto de (Romanos 10: 17). Dicen que la Fe es por el oír la Palabra de Dios.

Repito, el texto, en realidad dice, que la Fe es por el oír, y el oír, “por la Palabra de Dios.”

Ya explicamos en una entrega anterior, que si la Fe sólo fuera producto de oír la Palabra de Dios, entonces, todo el que la oye obtendría Fe.

Pero no es así, valga esta oportunidad para refrescar la revelación que ya la expusimos antes:

La Fe, es producto de la Palabra, en su acción de circuncisión.

Sólo en quien Dios ha utilizado la espada de la Palabra, para cortar las membranas de tinieblas de su corazón incircunciso, es que se abre el oído para oír la Palabra; y es la Palabra, la que implanta el Sello de la Fe.

En quien no ha sido escogido para esta operación espiritual del oído y el corazón, no habrá ningún impacto de la Palabra para Fe, ni Salvación.

Sin la circuncisión de Dios, no hay habilitación del espíritu para oír. De hecho, Dios habilita para oír, a todo espíritu que ha sido escogido por la promesa del Pacto Eterno, que fue hecho desde antes de la fundación del mundo. Por eso, hemos dicho, que el Sello es eterno.

De acuerdo a lo que vamos analizando, concretemos entonces, que siendo la Fe y el Conocimiento la misma Persona de Cristo, no puede entonces haber Fe, si no hay Conocimiento.

La Fe, es el Espíritu de Cristo. El Conocimiento, es el Espíritu de Cristo.

Si usted revisa la (las entregas 37 y 38), podrá recordar con lo que allí recalco, que de acuerdo al esquema con que me guía el Espíritu Santo en este estudio, el Sello del Conocimiento es la base de sustentación del Sello de la Fe; y es que, siendo la Fe y el Conocimiento la misma Persona de Cristo, no puede entonces haber Fe, si no hay Conocimiento (1 Corintios 2: 5; Tito 1: 1; Filemón 1: 6).

¿Para qué será que el Sello del Conocimiento es necesario, si Dios en su Soberanía, podría sellar a sus elegidos con la Fe, sin necesidad del Conocimiento?

El Sello del Conocimiento es para conocer a Cristo, que es el autor y consumador de la Fe (Hebreos 12: 2).

Los que tienen el Sello de Fe, tienen garantizado el Reposo…Viven en el Reposo.

El evangelio, expresa con claridad, que los que desagradan a Dios jamás entrarán en su Reposo.

¿Quiénes son los que desagradan a Dios?

Pues, ¡los incrédulos!…O sea, los que no tienen Espíritu Santo.

Los de la Fe, o sea los que tienen el Sello del Espíritu Santo, estarán siempre es el reposo de Dios.

Agarre otra revelación:

El Reposo, es otro nombre del Señor Jesús.

Los que están en Cristo, están en el día de Reposo.

Hay una secta que celebra el día sábado como día de reposo y dicen que creen en Cristo.

De hecho, los israelitas guardan el sábado como ordenanza de reposar y a la par, detestan el nombre de Cristo,…Detestan el nombre de la Persona que es el Verdadero Reposo….

Ya hablaremos ampliamente del Reposo, en futuras entregas.

¿Qué les parece amados de Dios?

¡Será posible que estos religiosos con sus equivocadas prácticas doctrinales, estén sellados con el Sello de la Fe?

¡De ninguna manera!

Si no están sellados con el Conocimiento Revelado, no pueden estar sellados con el Sello de la Fe.

Si no están sellados con el Sello de la Fe, entonces no están en bendición sino en maldición.

Sólo los que tienen el Sello de la Fe, están bendecidos, según lo menciona el evangelio:

Gálatas 3:

9. De modo que los de la Fe son bendecidos con el creyente Abraham.

(R. V. 1960)

En esta Fe de Abraham, que está sustentada en el Sello del Conocimiento, que es el mismo Espíritu de Cristo, es que cobra sentido para el hombre de Fe, todo lo que habla Dios a través de los Profetas, a través del Señor Jesús y a través de sus evangelistas y apóstoles.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 42

 

41. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 40: Sin Fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11: 6)

¡Amados de Dios!

Examinando el tema del Sello de la Fe y sustentados en  (1 Corintios 10: 1 – 10), en la entrega anterior, concluimos diciendo, que los israelitas en el desierto, enfurecieron a Dios, porque pese a que estos vieron y palparon las maravillas que Él hizo, para darles el Testimonio de su Amor, estos se sintieron por demás inconformes, murmurando y querellándose contra Jehová (Números 14: 27).

El pueblo que era llevado por Dios a la Tierra Prometida, no toleraba las incomodidades que encontraba en su travesía por el desierto.

Jehová les acompañaba, les amparaba  y les protegía en todo momento; pero la mayoría de los israelitas se quejaba, murmuraba y extrañaba la vida carnal que llevaron en los tiempos de su esclavitud (Éxodo 16: 2 – 3), a pesar de que en el cautiverio en que vivieron, eran oprimidos y obligados a trabajar en dura servidumbre(Éxodo 1: 12 – 14).

A tal punto extrañaban su vida de esclavitud, que estando ya en libertad, luego de haber sido sacados prodigiosamente de Egipto, despreciaban la comida y toda la asistencia, que en provisiones, Jehová les enviaba para sustentarlos en su peregrinaje por el desierto.

Se manifestaron abiertamente insatisfechos y exigentes, cometiendo además, actos malos, que iban en contra de la Ley dictada por Dios.

El Maná era la comida con que Dios les alimentaba. Esta, era una comida espiritual, que ciertamente, los saciaba.

El Maná que bajaba del Cielo era el mismo Cristo que les daba Vida.

Ellos no tomaron en serio esta Dádiva perfecta de Dios, que en Cristo, estaban recibiendo (Santiago 1: 17).

Lo sensato hubiera sido, que se sintiesen contentos, agradecidos y confiados en Aquel que los iba conduciendo a través del desierto.

¡Pero no!

Sucedió todo lo contrario.

En vez de sentirse agradecidos por la Misericordia y los cuidados de Jehová, renegaron del Maná, exigiendo carne y dedicándose a la práctica carnal en todas sus actividades, como comidas, bebidas, fornicaciones e idolatrías (1 Corintios 10: 1 – 10).

Renegar del Maná, era prácticamente, renegar de Cristo. Era renegar de la Promesa.

La contraparte de esta revelación acerca del Maná, en la actualidad, es la realidad que se observa, en las personas que al renegar de Cristo, no hacen otra cosa, que renegar del Maná bajado del Cielo.

Al renegar de Cristo, reniegan de la Promesa hecha realidad.

Por esta actitud soberbia, ingrata y rebelde, Jehová en su Ira, tuvo a los israelitas dando vueltas en el desierto por cuarenta años, sin permitirles ver la tierra prometida (Números 14: 33 – 34; Josué 5: 6).

Por esta misma actitud, en los tiempos actuales, que por cierto, son los finales, la Ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5: 6; Colosenses 3: 6).

Revisemos algunas de las maravillas que Jehová hizo con el pueblo israelita, para contextualizar luego estos eventos, en el tema que estamos tratando, que es el Sello de la Fe:

  • Derribaron sin esfuerzo la muralla de Jericó (Josué 6: 20)
  • Atravesaron en seco, el mar Rojo (Éxodo 14: 21 – 22) y el río Jordán (Josué 3: 15 – 17)
  • Comieron maná y codornices hasta saciarse (Salmo 105: 40)
  • Caminaron de día bajo sombra y de noche tuvieron luz (Éxodo 13: 21 – 22)
  • Sus ropas no se gastaban (Deuteronomio 29: 5)
  • Vieron brotar el agua de la Roca (Números 20: 11)
  • Se endulzaron las aguas amargas de Mara (Éxodo 15: 25)

Todas estas maravillas y muchas más que narra el Antiguo Testamento, eran cosas sobrenaturales que Dios hizo con los israelitas, las cuales, ellos vieron y palparon.

Pero, ¡atención! Vieron pero no oyeron. Ya explicaremos esto más adelante.

Todas estas cosas prodigiosas, eran señales colosales, que Dios les presentaba para demostrarles que estaba con ellos; sin embargo, nada de esto les cambió el corazón, para hacerles tener Fe en Aquel, que aunque invisible (Hebreos 11: 27), les sustentaba y les daba manifestaciones visibles de su Amor y Poder.

En (1 Corintios 10: 10), dice el evangelio, que estas cosas descritas en el Antiguo Testamento, en lo que se refiere a las manifestaciones visibles del Amor y Poder de Dios; y en cuanto a la forma en que el pueblo respondió con sus malas obras, sin temor de Dios, haciendo cosas malas, han sido precisamente escritas, para amonestarnos a que quienes hemos alcanzado los fines de los siglos.

¿Por qué razón Dios quiso amonestarnos, dejando escrito el testimonio de estos eventos, en los cuales vemos, que a la par de la rebelión y la incredulidad del pueblo, se destaca su Ira? (1 Corintios 10: 5).

Quedó esta amonestación escrita, para que en los tiempos actuales, que son los finales, se conozca las promesas de Dios para sus elegidos; pero también, para que se conozca su Ira contra los convictos de su juicio (Números 14: 35; 16: 28 – 34; Efesios 5: 6; Colosenses 3: 6; Judas 1: 15).

Ya lo expresé en la entrega anterior y nuevamente lo expreso en esta entrega:

El evangelio pide al pueblo de Dios, al pueblo que ha resucitado en Cristo, al pueblo que ha nacido de nuevo, al pueblo con espíritu regenerado, que no ponga la mira en las cosas de la tierra, sino en las cosas de arriba, donde está sentado Cristo (Colosenses 3: 2).

Esto es, porque nuestra ciudadanía está arriba (Filipenses 3: 20).

La amonestación que hace el evangelio en (1 Corintios 10: 1 – 10), recordando la forma en que fueron castigados los israelitas incrédulos en el desierto, es para que tengamos la certeza, de que apegarse a las cosas terrenales, es muerte.

Los israelitas no conformes con la provisión espiritual que los sustentaba, se apegaban a las cosas terrenales y a los actos carnales, manifestándose inconformes con lo que tenían y añorando lo que ya no tenían.

Con la memoria que hace el evangelio,  de estos sucesos, nos exhorta a hacer morir lo terrenal, para que así, podamos despojarnos  del viejo hombre y revestirnos del nuevo, que es espiritual, en Cristo (Colosenses 3: 5 – 11; Apocalipsis 3: 2).

La exhortación obviamente es para los que oyen.

Los que oyen, son los que tienen oído.

Es así que, el Señor Jesucristo dice:

¡El que tenga oído, que oiga y se arrepienta! (Apocalipsis 2: 5 – 7).

De hecho, Dios conoce quienes son los que tienen oído. Es así, que en el mensaje que el Señor Jesucristo envía a las siete Iglesias, en el libro de Apocalipsis, siempre repite: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.”

Dios sabe, quién tiene oído.

La amonestación, es sólo, para el que tiene oído.

Los que no tienen oído, no pueden oír lo que Dios dice a su Iglesia.

¿Por qué?

Porque los que no tienen oído, no son su Iglesia; y dicho de otra manera, quienes no conforman su Iglesia, no tienen oído.

Con los que no tienen oído, Dios no pierde su tiempo hablando.

El registro histórico que hacen las Escrituras, sobre los israelitas atravesando el desierto, nos amonesta, al hacernos ver y entender, que el pueblo sacado de Egipto por Moisés, oyó lo que Dios les habló por medio de Moisés.

Sólo, que este pueblo oyó con los oídos carnales; pero no con el oído espiritual, porque carecían de él.

Los que tienen oído, como ya lo hemos tratado anteriormente en otras entregas, son los que tienen el corazón circuncidado, es decir, sellado por el Espíritu Santo. Estos son los escogidos de Dios.

Los sellados de Dios, son el verdadero pueblo de Dios.

Entonces, qué diremos: ¿Qué los israelitas que estaban circuncidados en el prepucio, no eran el pueblo de Dios?

Los israelitas fueron circuncidados en el prepucio para ser identificados como pueblo descendiente de Abraham en la carne.

¿Pero fueron el verdadero pueblo de Dios?

El evangelio nos revela, que este pueblo fue circuncidado en la carne; pero sólo unos pocos estaban circuncidados en el corazón.

Sólo unos pocos tenían oído.

Por tanto, sólo unos pocos de los que cruzaban el desierto, eran el verdadero pueblo de Dios.

Sólo unos pocos en aquella travesía, eran Iglesia de Cristo.

El pueblo de Dios, una vez más lo decimos aquí, es espiritual, sellado con el Espíritu Santo.

La circuncisión del corazón es la que vale para Dios. Esa es la circuncisión que mira Dios.

A Dios no le interesa para nada hoy, ni le interesaba en aquel tiempo, la circuncisión del prepucio, si es que el corazón del individuo no está circuncidado.

Por eso las Escrituras dicen, que Dios no mira el parecer, sino el corazón (1 Samuel 16: 7).

Descarten entonces mis amados, cualquier idea pro – sionista, como las que proceden de predicadores confundidos, que ensalzan a la nación terrenal de Israel, haciendo una mescolanza de conceptos, sobre todo en lo que se refiere a los eventos proféticos, dándole supremacía a esta nación y colocándola en niveles protagónicos en los tiempos finales.

La gente confundida, se pasa haciendo tours evangelísticos y proféticos; y bendiciendo a la tierra de Israel, apoyándose en el libro del Génesis, en que Dios le dice Abram:

Génesis 12:

3. bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

(R. V. 1960)

La revelación es esta:

Cuando Jehová le habla a Abram, lo hace a su Simiente que es Cristo.

Jehová afirma, que bendecirá a los que bendigan a Cristo; y maldecirá a los que lo maldigan.

¿Quiénes son pues, los que bendicen a Cristo?

Pues, los vivientes de su misma simiente: Su Iglesia, que es su verdadera Israel: La Israel de Dios (Gálatas 6: 16; Efesios 2: 12).

En esta nación espiritual, Cristo es Todo en todos (Colesenses 3: 11).

¿A quiénes entonces, maldecirá Jehová?

¡Pues, a los que maldicen a Cristo!

Abran bien los ojos y vean:

¿Quiénes son los que principalmente maldijeron y aún siguen maldiciendo a Cristo?

¡Pues, los israelitas! Salvo un remanente ordenado para Salvación (Isaías 10: 22; Hechos 13: 48; Romanos 9: 7).

¡Ven, cómo la Palabra, es Piedra de Tropiezo!

Así como en el desierto, hubo un pequeño remanente que tenía el Sello de la Fe, también en los tiempos posteriores ha existido ese remanente; y en la actualidad, en los tiempos finales, también lo hay, para completar su número.

Por lo demás, entiendan bien mis amados, que desde que vino el Señor Jesucristo, ocurre esto:

Gálatas 3:

28. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.

(R. V. 1960)

Por tanto, la Verdadera Nación de Israel, es la Celestial, compuesta por todos los que estamos en Cristo Jesús.

Retomando el tema de los israelitas en el desierto, el evangelio dice claramente en (1 Corintios 10: 5), que “de los más de ellos no se agradó Dios.”

¿Qué nos revela a la par el evangelio?

Ya lo habíamos tratado:

Que ¡“sin Fe es imposible agradar a Dios”! (Hebreos 11: 6).

Ya vimos en la entrega anterior, que la Fe, no es el acto de creer, sino que es la misma presencia de Cristo, morando en cada elegido de Dios.

De acuerdo a lo anterior, vemos entonces, que los menos de ellos, esto es, el remanente, tenían el Sello de la Fe; y los más de ellos, no lo tuvieron.

Vemos entonces, que los menos de ellos agradaron a Dios.

Alguien podrá argumentar, que Cristo vino en el cuarto milenio y que por tanto, Él no podía morar en el corazón de nadie en los tiempos del Antiguo Testamento, porque el Espíritu Santo de la Promesa debía descender sobre todos, después de que Cristo ascendiera a los cielos.

Sólo que hay que pensar, en lo que también ya tratamos en una entrega anterior:

Que Dios habita en la Eternidad.

Que todo lo que hace Dios, es eterno; es decir, no tiene tiempo.

El sacrificio de Cristo es eterno. No tiene tiempo

La Sangre de Cristo, es eterna. No tiene tiempo.

El Espíritu de Cristo es eterno. No tiene tiempo (Hebreos 9: 14).

Por esta razón, dicen las Escrituras, que Cristo fue inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13: 8).

Entonces, tanto el remanente de aquel tiempo, como el que siempre ha habido hasta el día de hoy, en nuestra esfera temporal, tiene la bendición de Jehová, caracterizada por la Gracia  del Sello de la Fe, o sea, la presencia de Cristo; mientras el resto, está bajo la eterna maldición de la Ley.

Por tanto, los más de ellos, no tuvieron paciencia para esperar las promesas que les hizo Jehová, razón por la cual, nos comunica este versículo, que “quedaron postrados en el desierto.” (1 corintios 10: 5).

¡Ahí está la maldición!

¿Quiénes fueron los menos pertenecientes al remanente, que sí dieron testimonio de su Fe?

Del remanente, podemos nombrar a algunos, que el evangelio pone como ejemplos de la Fe: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Sara, José, Moisés, etc. (Hebreos 11: 2 – 23).

El evangelio los presenta como ejemplos de Fe. ¿Quién puede entonces alegar, que estos representantes de la Fe, no tenían ya al Espíritu Santo en los tiempos correspondientes al Antiguo Testamento?

Si ya sabemos, que la Fe, es el mismo Cristo Eterno morando en el corazón de todo elegido de Dios, entonces, bajo este Conocimiento, sabemos que todos estos personajes del remanente en el pasado histórico, tenían el Espíritu Santo. De otro modo, no serían nombrados por el evangelio, como dignos representantes de la Fe.

Este es el Gran Misterio Oculto desde tiempos eternos, dado a conocer, en la dimensión terrenal de este tiempo, para que “todas las gentes” obedezcan a la Fe (Romanos 16: 25 – 26).

La Fe, como Sello del Espíritu Santo, es generadora de paciencia.

Todos estos personajes nombrados, fueron ejemplo de paciencia, con la cual vieron en la distancia lejana de los siglos, las promesas que en Cristo, les habría de ser otorgadas (Hebreos 11: 13).

Con la paciencia de estos personajes, que es el mismo legado espiritual de todos los que somos de Cristo en los tiempos actuales, es que podemos soportar las tribulaciones, mirando las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4: 17).

Esta paciencia no la tuvieron los israelitas en el desierto.

Un indicador de que alguien está sellado con el Espíritu de la Fe, es la manifestación de su paciencia.

La paciencia, es la exteriorización de la Fe, manifestada en su máximo esplendor, en medio de las tribulaciones.

¿Para qué sirven las tribulaciones en la vida de los elegidos de Dios?

Pues, para probar como en fuego, el Sello de la Fe (1 Pedro 1: 7).

La mayoría de los israelitas no tenían el Sello de la Fe, razón por la cual, la falta de paciencia, marcó el trasfondo de la incredulidad y de todas sus obras malas.

La falta de paciencia, caracterizó la falta de Sabiduría de este pueblo.

La falta de paciencia caracteriza también a las personas que en la actualidad carecen de Sabiduría.

Si hubieran sido sabios, hubieran oído y entendido que las incomodidades que estaban atravesando en el desierto, eran pasajeras y que luego se harían realidad, las promesas.

Pero no tuvieron Fe, por lo que no vieron realizarse las promesas de Dios. Al contrario, Lo que vieron fue, muerte (Números 14: 26 – 32).

Ya sabemos, que la Fe es por el oír.

El Pueblo de Dios, es un pueblo sabio.

El pueblo de Dios, es un pueblo con el Sello de la Fe.

El pueblo de Dios, es un pueblo que sabe oír y esperar con paciencia (Proverbios 1: 33).

El pueblo de Dios, se caracteriza por la paciencia.

Observen mis amados, lo que dice el evangelio al respecto:

Santiago 1:

2. Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

3. sabiendo que la prueba de vuestra Fe produce paciencia.

4. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

5. Y si alguno de vosotros tiene falta de Sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

(R. V. 1960)

Cuando estamos en tribulación, los que tenemos Fe, pedimos a Dios Sabiduría, para entender el porqué de esa tribulación.

La Sabiduría nos habla y nos hace entender  el significado de las pruebas que traen tribulación; y nos forja la paciencia para saber esperar las promesas.

Vean lo que dice el evangelio:

Hebreos 10:

35. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;

36. porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

(R. V. 1960)

Hebreos 6:

11. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza,

12. a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

(R. V. 1960)

¿Por qué los más de ellos en el desierto no estaban sellados con el Sello de la Fe?

Observen que el Señor Jesucristo se derramaba sobre todos, con la provisión del Maná, para que se alimenten y vivan.

¿Estaban todos agradecidos?

No!!!

¡Los más de ellos eran desagradecidos!

El mismo Señor Jesús expresa en el evangelio, que Dios, “es benigno para con los ingratos y malos.” (Lucas 6: 35).

¿Por qué, si Cristo se derramaba en el desierto para todos, sólo unos cuantos fueron agradecidos?

Porque sólo unos cuantos estaban sellados con el Sello de la Fe.

Sólo unos cuantos estaban escogidos y sellados con el Sello de la Fe (Números 16: 5).

Lo mismo podemos afirmar de una manera equivalente para estos tiempos finales:

¿Por qué habiendo sido Cristo, crucificado para perdón de los pecados del mundo, sólo unos cuantos son agradecidos?

La respuesta es la misma: ¡Sólo unos cuantos, han sido sellados con el Sello de la Fe! (Efesios 1: 13 – 14).

¿Quiénes son los sellados con el Sello de la Fe?

¡Los que pertenecen a su pueblo. Los escogidos desde antes de la fundación del mundo! (Efesios 1: 3 – 4).

¿Y por qué unos son sellados como pueblo de Dios y otros no lo son?

Responder esta pregunta y descifrar este misterio, será motivo a futuro, de una extensa explicación; y entender esta explicación será motivo de un intenso estudio y reflexión por parte de ustedes, amados hijos de Dios.

Pero, por lo pronto, ahora entendamos, que el estar circuncidado en el corazón, no dependía del pueblo israelí en aquel tiempo, ni depende de nadie en los tiempos actuales.

¿De quién depende entonces?

¡Es decisión de Dios!

¿Por qué Dios toma esta decisión, de una forma con unos y de otra forma con otros, siendo que Él mismo dice, que no hace acepción de personas?

¿Por qué, a unos circuncida el corazón y a otros no?

Repito, esto tomará un profundo tiempo de estudio y reflexión. Por ahora, sólo les exhorto a seguir escudriñando la Palabra. Ya llegará el momento de aclarar este misterio.

Sin embargo, el seguidor de este estudio puede adelantar algo, si revisa (Romanos 9: 13 – 23), en donde se nos aclara, algo que aunque ya lo hemos tratado en una entrega anterior, conviene volverlo a revisar.

La misma situación de falta de Fe, narra el evangelio en los tiempos del Nuevo Testamento, cuando todos vieron las maravillas que hizo el Señor Jesús.

Maravillas como aquella de haber dado de comer por dos ocasiones, a miles de personas que lo seguían, cuando era evidente, que sólo contaba con apenas unos pocos panes y pescados (Mateo 14: 13 – 21).

Después de este evento de la multiplicación de los panes, la gente seguía al Señor Jesús, porque querían comer más y saciarse de pan (Juan 6: 26), mas no porque creían que Él era el Verdadero pan del Cielo (Juan 6: 51).

¿Qué es lo que nos revela el evangelio en (1 Corintios 10: 1 – 12) a quienes vivimos ya, en estos tiempos finales?

La Escrituras nos revelan, que teniendo tan cerca (Deuteronomio 4: 7 – 8; Mateo 3:2; 4: 17), la Maravilla más inmensa, visible en sus obras y sobre todo, disponible, al alcance de todos (Efesios 3: 12; 4: 16), la respuesta de la gente en estos tiempos finales, es contraria y adversa a esa Maravilla.

¿Cuál es esa Maravilla?  

Pues, es Cristo colgado en el madero, destruyendo la sabiduría de los sabios y desechando el entendimiento de los entendidos (1 Corintios 1: 20).

Los sabios, teniendo cerca al Señor Jesús y viendo las señales que daba al hacer tantos prodigios, no entendían quién era el hombre que estaba ante ellos.

Estaban viendo las señales del “Enmanuel” de las profecías que ellos conocían (Isaías 7: 14) y las profecías del “Dios con nosotros” (Mateo 1: 23); y aun así, no entendieron quién era el que estaba con ellos…Y no lo recibieron (Juan 1: 11).

Por tanto, ni en aquel tiempo, ni en el presente, los sabios sin el Sello de la Fe, han podido entender, que en el holocausto de Cristo en la cruz, yace el misterio de la Vida Eterna, de aquellos que ya están ordenados desde la eternidad, para recibirla (Hechos 13: 48).

Entender el misterio de la circuncisión del corazón y del Sello de la Fe, que es aplicado por decisión de Dios únicamente, debe descartar en el entendido, cualquier sesgo de religiosidad, quedando desechada toda idea, por mínima que fuere,  de que haciendo alguna obra buena, se puede tener algún mérito para alcanzar este Sello.

Es así que, amados entendidos, que para tener el Sello del Espíritu Santo, nadie tiene:

Que ir al templo de cemento, porque Dios no habita en templos hechos por manos de hombre (Hechos 17: 24). Recuerde que el Verdadero Templo, es el Dios Todopoderoso con el Cordero y su esposa (Apocalipsis 21: 22).

Ni tiene que diezmar, ni ofrendar, porque Dios no está interesado en su dinero. El Señor Jesucristo es el Esposo  Proveedor de su esposa, la cual es el cuerpo conformado por sus elegidos. Cualquiera que le diga lo contrario, le estaría induciendo en la perversa doctrina de que hay que “honrar a Dios con dinero”, en la cual, sólo hay engaño; y los que esto hacen, sólo quieren usufructuar de su peculio para sostener su tenebroso sistema empresarial religioso (Isaías 1: 13; Amós 5: 22; Hechos 17: 24 – 25).  

No tiene tampoco que ayunar comida, porque Dios no está interesado en su sacrificio corporal, sino en su espíritu quebrantado y humilde (Salmo 51: 17). Recuerde que otro nombre de Cristo es, Ayuno (Isaías 58: 6). Si usted está en Cristo, ya está en el Verdadero Ayuno.

La verdadera doctrina de Cristo, es la antítesis de la religiosidad. Recuerde que Cristo vino a deshacer lo que es, para avergonzar a los sabios del mundo (1 Corintios 1: 28).

Si Cristo hubiera venido al mundo para predicar que se siga haciendo lo mismo que hacían los religiosos del Antiguo Testamento, entonces vana hubiera sido su venida.

Si usted realmente tiene Fe, entonces, aléjese de todos los conceptos sectarios, políticos y mercantilistas que manipulan el nombre de Cristo, promoviendo como doctrinas, los rudimentos y las tradiciones (Gálatas 1: 14; Colosenses 2: 8) que quedaron abolidas con el sacrifico del Cordero de Dios;  pero que muchos en su espíritu religioso persisten en practicar, para sostener el “modus vivendis” lucrativo, con el que se enseñorean de un pueblo que carece de Conocimiento (Oseas 4: 6).

Si usted está sellado con el Sello de la Fe, como no lo dudo que lo está, entonces:

Usted se congrega con hermanos en el mismo Espíritu de Cristo.

Usted ayuda económicamente y cubre las necesidades de los más necesitados, sobre todo de aquellos que pertenecen a su propia familia.

Usted se alimenta adecuadamente y comparte el alimento con los que lo necesitan, dando gracias a Dios por la provisión que recibe para la vida y salud de su cuerpo. Por supuesto, que cuando está en oración y congregado recibiendo la Palabra de Dios, no estará comiendo, sino adorando a Dios en Espíritu y en Verdad.

Todo esto lo hace, porque es Dios mismo, quien obra en su querer y en su hacer (Filipenses 2: 13).

Para concluir esta entrega, terminemos con la idea que planteamos, acerca de que, teniendo tan cerca la Maravilla de Cristo, que vino sólo a darnos buenas noticias, gozo, paz y salvación, la respuesta en estos tiempos finales es adversa y contraria a esta Maravilla.

¿Cuál es esta respuesta contraria y adversa a esta Maravilla?

Al igual que los israelitas en el desierto, aun viendo las maravillas que Dios hacía, ellos hicieron cosas malas, sin temor de Dios, así en estos tiempos finales, aun con la Maravilla expuesta visiblemente para todo el planeta, de Cristo crucificado, muerto y resucitado, la maldad de la humanidad, es cada vez mayor.

Esto es lo que el evangelio describe con el nombre del “misterio de la iniquidad”, el cual ya está en acción (2 Tesalonicenses 2: 7).

¿Por qué ante la Gran Maravilla de nuestro Salvador, expuesta a los ojos de todo mundo, la maldad es cada vez mayor?

Porque las mayorías no quieren oír el verdadero evangelio, sino que le prestan atención a los engaños que entran por los ojos.

¿Saben mis amados, por qué no quieren oír?

¡Porque no tienen oído!

Por esta razón, las Escrituras dejan explícitamente expresado para los que sí tienen oído, sabiendo que estos son los que tienen Fe:

Hebreos 3:

15. Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés?

17. ¿Y con quiénes estuvo Él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

18. ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?

19. Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

(R. V. 1960)

Continuará…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 41