56. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 55: El que enseña cosas no conforme a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, nada sabe (1 Timoteo 6: 3 – 4)

LA ESENCIA DE LA EVANGELIACIÓN

1 Pedro 2:

7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8. y:
Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

(R.V. 1960)

¡Mujeres y varones de Dios!

Confiando en que ustedes han examinado el profundo contenido de los versículos que encabezan esta sección (1 Pedro 2: 7 – 8), ahora les invito a concentrarse y escudriñar los siguientes dos versículos:

1 Pedro 2:

9. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

10. vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

(R.V. 1960)

Estos cuatro versículos son la clave para diferenciar a los que son hijos de Dios, de los que aún, siendo elegidos, todavía no son llamados.

Sin duda, nos dan la clave para comprender, que hay muchos que nunca serán llamados, esto es, porque nunca fueron elegidos.

Rápidamente quiero hacerles comprender esto:

Los (versículos 9 y 10), tantas veces leídos y predicados sin revelación, brindan la satisfacción a los lectores y a los oyentes de las prédicas, que por la Misericordia de Dios, han sido escogidos como un linaje real de sacerdotes, que forman una nación santa. Sin embargo, frecuentemente se pasa por alto la parte esencial de los (versículos 9 y 10), que dice, que Dios escogió y adquirió a este pueblo que no era pueblo para Dios; pero que lo hizo un pueblo real (de reyes), con una sola misión: “Anunciar las virtudes de Aquel, que llamó a este pueblo, de las tinieblas a su Luz Admirable.

¿Qué significa: “Anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su Luz admirable”?

Pues es muy sencillo: Significa predicar el evangelio del Señor Jesucristo.

El mismo Señor Jesucristo vino a la tierra, según ordenanza del Padre, a predicar las Buenas Nuevas que nos fueron enviadas desde el trono de la Gracia a “su pueblo elegido.”

Observen lo que expresa Dios en

Isaías 52:

7. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

(R.V. 1960)

Quienes han sido escogidos y llamados a ser el “pueblo de Dios”, están en el cuerpo de Cristo. Por eso el evangelio, nos revela lo mismo que dice en singular el profeta Isaías, refiriéndose al Señor Jesús; pero esta vez lo hace en plural, refiriéndose a quienes fueron llamados:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R.V. 1960)

¿Para qué entonces, Dios nos escogió y nos llamó?

¿Ven como ahora se hace sencilla la respuesta?

Si Jesucristo es Rey y su pueblo somos quienes estamos en su cuerpo, somos pues de su misma casta real. Somos el mismo Espíritu en acción, enviado a predicar el evangelio.

De tal forma amados entendidos, que quienes no predican el evangelio de Jesucristo, aunque digan que son hijos de Dios, piénselo bien:

¡No es cierto!

¡No están es su cuerpo!

¡No están salvos!

¡No son su pueblo!

Ahora bien, hay quienes dicen estar predicando el evangelio; pero quienes estamos sellados con el Espíritu del Entendimiento, sabemos que hablan carnalidades salidas de sus necios corazones, que impactan en la carne de sus cabritos, logrando con éxito, adherirlos a sus torcidas doctrinas, y enriquecerse a costa de tenerlos siempre motivados.

El evangelio no dice que somos linaje escogido para motivar a la gente, sino para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su Luz Admirable.

El evangelio no dice tampoco, vayan y háganse ricos utilizando la Biblia y embaucando a la gente con sus propias doctrinas de motivación, sino que textualmente dice lo siguiente:

1 Timoteo 6:

3. Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,

4. está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas,

5. disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

6. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;

7. porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

8. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

9. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;

10. porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

(R.V. 1960)

¿Se pueden imaginar amados entendidos, al Señor Jesucristo, viniendo en nombre de su Padre, a predicar la prosperidad económica para las naciones?

¿Se lo pueden imaginar pidiendo ofrendas y diezmos para fortalecer su Reino?

¿Se lo pueden imaginar ustedes, al Señor Jesucristo, llamándolos, vía satélite, a través de los medios de comunicación, para que se acerquen a su altar a realizar un pacto con Él, y que ustedes le entreguen dinero como testimonio de este pacto, para que Él les otorgue el bien que le solicitan: La casa, el carro, el trabajo, la salud, el pago de sus deudas?

¡Amados entendidos! ¿No les da la sensación de que en realidad ya estamos sobre el fin de los tiempos? (1 Timoteo 4: 1).

¿Se pueden ustedes dar cuenta amados entendidos, de cómo los espíritus reprobados, destinados a condenación, pervierten el mensaje enviado por el Padre desde el trono de la Gracia? (Judas 4).

¡¡En el trono de la Gracia (Hebreos 4: 16), desde antes de los tiempos de los siglos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, hicieron un pacto de Gracia, para dotar a sus elegidos, de toda clase de bendiciones, en Cristo Jesús!! (Efesios 1: 3 – 4; 2 Timoteo 1: 9; 1 Pedro 1: 2).

Este pacto de Gracia, es eterno (Jeremías 32: 40). Por eso el evangelio dice que “Dios nos amó con amor eterno.” (Jeremías 31: 3).

A sus elegidos, Dios hace conocer su pacto (Salmo 25: 14).

¡Reaccionen elegidos de Dios!

¡Ustedes los que están ya están siendo llamados por la voz del Espíritu Santo!

¡Ustedes, los que tienen oídos para oír; y que Cristo ya se los está abriendo!

¡Cambien ahora sus enseñanzas y sus prédicas!

¡Salgan de la confusión y las tinieblas!

¡Sean luz del mundo!

En sus congregaciones, seguro que hay unos pocos elegidos que oirán la voz del Pastor, porque están dotados de oídos para oír la Verdad.

Si ustedes hablan la Verdad, se quedarán con los elegidos. Para los destinados a condenación ya no serán más, ningún incentivo, porque la Luz que ustedes irradien los atormentará.

Si en su congregación no se habla la Verdad, será porque no hay Entendimiento (Espíritu Santo), de tal forma que los entendidos se irán y los indoctos se quedarán.

Para ustedes, los hombres de Buena Voluntad (con Espíritu Santo), los que predican la Paz, está diseñada esta Web Blog, la misma que está guiada por el Espíritu Santo.

Esta Web blog le servirá de ayuda para entender muchas cosas que el Señor Jesús le quiera revelar.

Este servidor, expone aquí lo que el Señor Jesús le va revelando y le pide que comparta públicamente para que sea examinado por “su pueblo.”

Esta Web Blog, se llama “La Piedra de Tropiezo”, porque así me lo pidió el Señor Jesús que la llamara. Los que tropiezan y caen, nunca estarán de acuerdo con la Verdad que aquí se predica. Eso ya lo sabemos de antemano; pero si usted, al estudiar esta página y comprobar en la Biblia la veracidad de lo que se dice y se siente gozoso de confirmar las explicaciones que aquí se han dado sobre el Sello del Espíritu Santo, entonces le puedo asegurar que usted está sellado y también le ha sido encomendado el Ministerio de la Reconciliación.

Este Ministerio es el que Dios nos encargó a ustedes y a mí, para que seamos embajadores en el nombre del Señor Jesucristo, para predicar la Verdad.

Este Ministerio es totalmente espiritual. No está ligado a ninguna organización del mundo. No necesita personería jurídica.

Este Ministerio no necesita un templo hecho por manos de hombres.

Nuestro templo es totalmente espiritual, porque es el cuerpo de Cristo (Mateo 24: 1 – 2; Juan 4: 21; Apocalipsis 21: 22).

Cristo nos sostiene en su cuerpo, nos alimenta con su Palabra, nos alumbra con su Luz, nos cuida como a la niña de sus ojos (Deuteronomio 32: 10; Salmo 17: 8).

¡Amados entendidos! Perseveren en el evangelio de la Verdad.

Prepárense para enseñar sin Tropiezo y guardando el Buen Depósito, sigan haciendo los que nos demanda el evangelio:

2 Timoteo 2:

24. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido;

25. que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad,

26. y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

55. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 54: Siervos inútiles somos (Lucas 17: 10)

En esta entrega, vamos a continuar nuestro análisis de la post fase del sellado del Espíritu Santo. Me refiero a la etapa en que una vez que el escogido de Dios es sellado y hecho Justicia de Dios, es enviado a predicar el evangelio.

Vamos entonces a analizar dos puntos que son esenciales en esta etapa:

a) La misión de evangelizar
y
b) La esencia de la evangelización.

LA MISIÓN DE EVANGELIZAR

Recordemos lo que ya expresamos anteriormente: Que nadie puede evangelizar si no ha sido enviado por el Señor Jesucristo, mediante el Sello del Espíritu Santo, a realizar tan relevante obra del Reino de Dios.

Recuerden amados, lo que dice el evangelio:

Santiago 2:

19. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

21. ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

22. ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

23. Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

24. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

(R. V. 1960)

Así pues, quien cumple con la misión de evangelizar, es quien ya ha sido hecho justicia de Dios, lo cual quiere decir, que ya ha sido justificado.

El que ha sido justificado por Dios, presenta el Testimonio de su Justificación mediante sus obras que acompañan a su Fe.

Aclaro, que el escogido de Dios no hace obras para ser justificado, sino que al haber sido justificado, consecuentemente cumple con las obras del Reino de Dios, al que pertenece.

Estas obras las preparó Dios con anticipación, según lo afirma el evangelio:

Efesios 2:

10. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(R. V. 1960)

Ampliando lo que nos dice (Santiago 2: 19 – 24), podemos asegurar que estamos justificados por el Sello de la Fe que nos fue otorgado y por las obras del Reino en las que incursionamos al ser enviados.

De esta forma queda clara la revelación, de que tales obras en las que andamos, como lo es el cumplimiento de la misión de evangelizar, fueron previamente preparadas por Dios, para que anduviésemos en ellas (Efesios 2: 10).

El Sello del Espíritu Santo, es el que garantiza (Efesios 1: 13 – 14) que el Señor Jesucristo nos ha escogido como su morada, revistiendo con su Espíritu, a nuestro espíritu, cumpliéndose así lo que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

Lo que nos revela este versículo es, que nuestras obras, en realidad no son nuestras, sino que son las obras de Dios que se producen en nosotros por el Espíritu Santo. Lo relevante del caso es, que tales obras son el Testimonio de nuestra Justificación (Santiago 2: 24).

De esta forma, todo el que ha sido enviado a predicar el evangelio, está totalmente seguro de que al hacerlo, quien en realidad predica, es el mismo Señor Jesucristo.

Revisemos lo que dice el evangelio:

Mateo 10:

20. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

(R. V. 1960)

Esta seguridad que sentimos al predicar, de que es el Señor Jesús quien lo hace, proviene de la misma fuente, que es la seguridad con que el Padre pronuncia esta declaración:

Isaías 55:

11. así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

12. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

13. En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

(R. V. 1960)

¡Claro!

El Padre es quien envía a su Hijo a predicar.
Su Hijo es la Palabra.

El Padre sabe que su Hijo no volverá hacia Él con las manos vacías, sino que volverá con ellas repletas con los redimidos de su pueblo.
Por esta razón, el evangelio declara:

Romanos 10:

17. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

(R. V. 1960)

El Señor Jesucristo, Hijo de Dios, que es la Palabra Misma, es quien ordena que se abran los oídos sordos del espíritu del elegido que está en la Promesa del Reino, para que le penetre la Fe por medio de la predicación.

Isaías 29:

17. ¿No se convertirá de aquí a muy poco tiempo el Líbano en campo fructífero, y el campo fértil será estimado por bosque?

18. En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas.

19. Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.

(R. V. 1960)

Isaías 35:

5. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

6. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.

7. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.

8. Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará.

9. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.

10. Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

(R. V. 1960)

Los textos bíblicos expuestos anteriormente, nos deja claro este innegable hecho: Que quien evangeliza es el mismo Señor Jesucristo; y que es una señal evidente, de que todo aquel que predica el evangelio de la Verdad, ha sido sellado por el Espíritu Santo, porque en él habita el Señor Jesucristo, el Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

Ya lo dijimos antes, recordémoslo ahora, Jesucristo es quien hace todo el trabajo. Esto lo enfatizo, para que nadie se gloríe por sí mismo:

Juan 5:

17. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

(R. V. 1960)

El predicador de pies hermosos, sólo es un siervo inútil:

Lucas 17:

10. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

(R. V. 1960)

De los mismos textos bíblicos, podemos obtener la certeza, de que la obra de evangelizar es una obra que causa gozo al que la realiza y causa gozo a la misma naturaleza, como lo dicen las Escrituras:

Isaías 55:

12. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.
El Señor Jesús en el evangelio, nos explica en qué consiste la misión de evangelizar y el gozo proveniente de ella:

Mateo 18:

11. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

12. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

13. Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

(R. V. 1960)

¿En qué consiste entonces, la misión de evangelizar?

Pues, tal como lo dice el Señor Jesucristo:

¡En salvar lo que se había perdido!

Todo predicador tiene que saber entonces, que si está evangelizando con la Verdad, ocurre esto:

Cuando estamos sellados por el Espíritu Santo, y abrimos nuestra boca para hablar el evangelio de la Verdad, y vemos que el Señor Jesucristo salva a alguien que se había perdido, experimentamos gozo por nuestra propia Salvación y por el que se está salvando mediante nuestra obra.

Este gozo, lo experimenta en Sí mismo, el Señor Jesucristo.

Este gozo trasciende las fronteras de la dimensión terrenal en la que peregrinamos, puesto que como hemos visto, las Escrituras nos hacen conocer que la misma creación se goza de dicha Salvación; pero, aún más allá de las fronteras del mundo natural, nos dice el evangelio, que el gozo se experimenta en el mundo angelical:

Lucas 15:

3. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:

4. ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

5. Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros, gozoso;

6. y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

7. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

8. ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?

9. Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.

10. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

(R. V. 1960)

¡Una vez más!

¿En qué consiste la misión de predicar el evangelio?

¡En salvar lo que se había perdido!

Esta misión desborda de gozo al Reino de los Cielos.

En la próxima entrega, con la Verdad del evangelio, explicaremos cuál es la esencia de la predicación.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

54. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 53: El Reino de Dios no consiste en palabras sino en Poder (1 Corintios 4: 20)

Continuamos en esta entrega con la enseñanza que iniciamos en la entrega anterior, esto es, lo que concierne a la actividad de predicar el evangelio.

En esta entrega, quiero enfatizar un poco más en la descripción y en la esencia de esta etapa final del proceso de sellado del Espíritu Santo, en la cual, quienes hemos sido hechos Justicia de Dios, somos enviados a predicar el evangelio.

El lector puede revisar en la entrega anterior, en un breve resumen todos los momentos del proceso del sellado y sus respectivas etapas.

En la posterior entrega trataremos dos aspectos relevantes del actual análisis:

a) En qué consiste la misión de evangelizar, y

b) Cuál es la esencia misma de la evangelización.

Por ahora, voy a desarrollar la presente entrega, partiendo del versículo que expongo a continuación, el cual, ya lo hemos venido escudriñando:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R. V. 1960)

Examinemos la primera frase de este versículo:

Se trata de una pregunta:

“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?”

La pregunta es estratégica para hacernos entender, que nadie tiene la potestad de predicar, si no es enviado a hacerlo.

De hecho, cualquiera puede predicar en la carne, incluso apoyándose en el contenido de la letra bíblica; pero al no ser enviado, la prédica es vana y muerta como la misma letra escrita, cuando carece del Poder Vivificante del Espíritu (2 Corintios 3: 6).

Por tal motivo, el Espíritu clama porque se lleve a efecto la actividad de la predicación del evangelio, para lo cual, le es preciso enviar predicadores.

Vanamente, también hay gente que cree, que los predicadores se forman en los seminarios teológicos.

Si esto fuese una realidad en el Reino de Dios, el Espíritu Santo no se tomaría tantas molestias, dirigiendo todo un proceso de sellado, que como lo hemos visto a lo largo de las enseñanzas de este blog, culmina con la etapa de enviar a sus santos a predicar.

Si así fuese, el Espíritu, simplemente dejaría en manos de los centros formativos religiosos, la labor de formar predicadores y enviarlos a predicar.

No digo que la instrucción no valga, sino que, si el instructor, el instruido y el método no proceden del Reino de Dios, todo el proceso es vano.

Fuera del Reino de Dios, en el mundo real, esto mismo es lo que sucede.

Por esta razón vemos tanta falacia revestida de un falso virtuosismo, que camufla engañosamente la blasfemia con doctrinas torcidas que aparentan sustentarse en la Palabra bíblica, pero que lo que hacen en realidad, es torcerla al antojo de sus mezquinos y pútridos intereses.

También por esta razón, vemos cada vez más cumplirse lo que ya está profetizado en el evangelio concerniente a estos últimos tiempos:

Me refiero a La aparición de predicadores de toda ralea, surgidos de las más fermentadas cloacas de la mentira (Mateo 24: 11; 2 Pedro 2: 1 – 3; Judas 1: 4).

Estas cloacas, son asociaciones, partidos, organizaciones y centros formativos inductores de sofismas destructores de la mente humana.

Estos son los inmundos reservorios de donde surgen emparentados los conocidos linajes fétidos de políticos y religiosos que han corroído paulatinamente al mundo entero, hasta sumirlo en el más grave e irreversible deterioro moral en lo que va de la historia del planeta tierra.

A este deterioro están asistiendo en la actualidad todas las naciones sin excepción, lo cual ya está profetizado por quienes han sido enviados desde el Reino de Dios, a través del tiempo, siendo entre ellos el Supremo enviado: Cristo Jesús (Hebreos 1: 1 – 2).

Toda esta casta de predicadores de la mentira, son expertos en predicar para sus pusilánimes adeptos, espejismos de bienestar que huelen a muerte.

Estos predicadores, se forman en las siniestras profundidades de la perversidad, en donde habita su genial maestro, el Leviatán (Isaías 27: 1).

De estos hablan las Escrituras, de la siguiente manera:

Isaías 5:

20. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

(R. V. 1960)

Con el “Ay” de las Escrituras, huelgan las explicaciones, acerca de lo que les espera a todos los engañadores que engordan el mundo de los espejismos.

Los predicadores de espejismos, sean estos religiosos o políticos, siempre tuercen la Verdad.

Para el caso de los que tuercen la Palabra de las Escrituras, las mismas Escrituras se pronuncian de esta forma:

Deuteronomio 4:

2. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene.

(R. V. 1960)

Proverbios 30:

5. Toda palabra de Dios es limpia;
Él es escudo a los que en él esperan.

6. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda,
Y seas hallado mentiroso.

(R. V. 1960)

Apocalipsis 22:

18. Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

19. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

(R. V. 1960)

¿De dónde pues, surgen los predicadores de la Verdad?

Estos se capacitan y surgen de la Luz admirable del Reino de Dios.

Los predicadores de la Verdad, lo son, porque han nacido de nuevo en el Espíritu, en su verdadera Patria que es el Reino de los Cielos, en donde se camina por una calle de oro puro, transparente como cristal (Apocalipsis 21: 21).

Tal calle transparente, no acepta que cualquier pie camine sobre ella, sino sólo los hermosos pies de los enviados.

Así pues, para ser enviados a predicar, primero hemos sido hechos Justicia de Dios.

Primero, el Espíritu nos ha hecho transparentes con su luz.

Primero, nos ha confirmado como hijos de Dios, como embajadores del Reino, para llevar la Verdad a todas las naciones.

Nadie que ha nacido de nuevo en el Espíritu, en el Reino de Dios, está exento de esta labor.

Esta labor, es la que precisamente estoy haciendo en el mismo momento en que desarrollo esta entrega, para ser expuesta a la población de internautas estudiosos de las Escrituras.

Esta labor de predicación que cumplimos los sellados, en realidad no representa un esfuerzo personal para el predicador, porque es un trabajo del mismo Dios, que es quien obra en nuestro querer y hacer por su Espíritu Santo (Filipenses 2: 13).

Esta labor, paradójicamente siendo un trabajo arduo, es parte del Reposo de Dios en el que hemos entrado todos los que hemos creído (Hebreos 4: 3; 9):

El reposo consiste, en que ejerciendo el trabajo de la predicación, que es parte fundamental de la Obra del Reino, quienes lo ejecutamos permanecemos en la quietud de la Paz y el Gozo que nos da Aquel que verdaderamente lo realiza:

Juan 4:

35. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

36. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.

37. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.

38. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

(R. V. 1960)

1 Corintios 3:

7. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

8. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

9. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

(R. V. 1960)

Como vemos, Dios nos envía como embajadores del Reino a la obra de la predicación, pero es el mismo Señor Jesús el que realiza la Obra, siendo nosotros sus enviados:

Juan 3:

34. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.

(R. V. 1960)

Mateo 10:

20. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

(R. V. 1960)

Así pues, después de cumplir lo que el Espíritu dicta en nuestra dinámica de pensar, sentir, hablar y hacer, sólo debemos decir como lo menciona este versículo:

Lucas 17:

10. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

(R. V. 1960)

También el Señor Jesucristo nos dice en el evangelio:

Juan 5:

17. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

(R. V. 1960)

Como podemos observar, es el mismo Señor Jesús, quien lo hace todo.

De esta forma, nadie puede predicar la Verdad, si no ha sido enviado por el Espíritu Santo; y claro está, que el Espíritu Santo, no envía a predicar a nadie que no tenga su Sello; es decir, nadie puede predicar el evangelio verdadero, si no es el mismo Señor Jesús predicando desde dentro del corazón de sus amados sellados.

Quienes tienen el Sello del Espíritu Santo, tienen al Hermoso Espíritu del Señor Jesucristo habitando en sus corazones. Por esta razón, dice el mismo versículo mencionado:

“¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”

El evangelio nos revela, que si tenemos al “Hermoso” revistiendo nuestro espíritu, como consecuencia, nuestro espíritu brilla de hermosura.

Si tenemos al de Pies Hermosos, nuestros pies son hermosos, o lo que es lo mismo, nuestro espíritu es hermoso.

Quienes han seguido estas enseñanzas, ya tienen la revelación bíblica, de que los pies representan al espíritu.

Así pues, nuestros pies están revestidos de su Hermosura (Gálatas 3:27).

¿En qué consiste su Hermosura?

Salmo 96:

9. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;
Temed delante de él, toda la tierra.

(R. V. 1960)

El Salmo expresa, que su Hermosura es su Santidad.

Esta es la Hermosura que poseen quienes tienen el Sello del Espíritu Santo.

Repito: Si los Pies de quien habita en nosotros son Hermosos, también nuestros pies son hermosos.

1 Corintios 6:

17. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.

(R. V. 1960)

El versículo anterior lo dice todo acerca de todo aquel que tiene a Cristo.

Todo aquel que está unido a Cristo, habita en intimidad con Él en el mismo Reino de Dios.

Así lo confirma el evangelio:

Efesios 2:

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

El Reino de Dios es Hermoso. Es el mismo Cristo. Es el mismo Trono Celestial.

Si estamos unidos a Cristo y Cristo están en nosotros adherido como un Sello con la Hermosura de su Espíritu, entonces estamos viviendo en la Hermosura de su Reino.

¿Cómo describe el evangelio a la Hermosura del Reino de Dios, en el que habita todo aquel que está unido a Cristo?

Analicemos los siguientes versículos:

Romanos 14:

17. Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

(R. V. 1960)

1 Corintios 4:

20. El reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.

(R. V. 1960)

Efesios 1:

19. y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,

(R. V. 1960)

Efesios 3:

8. del cual yo fui hecho ministro por el don de la Gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

(R. V. 1960)

Podemos entender claramente a partir de los versículos mencionados, que el Reino de Dios en el que se mueven los sellados por el Espíritu Santo, es Poder.

Este Poder se manifiesta en todo sellado, como Justicia, Gozo y Paz.

Esta es la Hermosura, del Reino de Dios, en la que habita el Señor Jesús y sus redimidos.

Esta Hermosura es descrita por el evangelio como Poder.

La pregunta ahora sería:

¿De qué manera se evidencia el Poder del Reino de Dios, en cada elegido que ha sido sellado por el Espíritu Santo y enviado a predicar el evangelio?

Quienes han sido hermoseados por el Sello del Espíritu Santo, manifiestan su característica inequívoca:

Son seres espirituales y no carnales.

La evidencia está, en que el Espíritu ha vencido a la carne.

Esta Victoria del Espíritu sobre la carne es el Poder que opera en todo sellado de Dios.

El Poder entonces, es espiritual y no carnal.

¿Cómo se puede ser espiritual, habitando dentro de la carne?

El evangelio expresa lo siguiente:

Vivimos presos en la carne (Hebreos 13: 3) pero no militamos según la carne (2 Corintios 10: 3), porque vivimos en el Espíritu (Gálatas 5: 25).

¿Cómo puede alguien lograr esto?

Si no vivimos en el Espíritu, no podemos tener el Poder del Espíritu.

No se puede lograr este Poder por cuenta propia, sino por el Poder el Espíritu Santo, que opera en sus santos (Efesios 1: 19).

Hasta aquí, podemos colegir, que los de pies hermosos que son enviados a predicar, son seres espirituales. Estos seres, están llenos de Poder.

Si alguien duda de poseer la Hermosura de este Poder, sencillamente no tiene tal Hermosura ni tal Poder.

Romanos 14:

22. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.

23. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.

(R. V. 1960)

Santiago 1:

6. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

7. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.

8. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

(R. V. 1960)

De acuerdo a lo que expresan los versículos anteriores, cada quien sabe por Fe, el Poder que opera en sí mismo.

Pero ahora conviene preguntarnos:

¿Cómo se puede reconocer a otros seres que son verdaderamente espirituales y que también son portadores del Poder del Reino?

Planteo la pregunta de otra manera:

¿Cómo podemos reconocer a nuestros verdaderos hermanos?

El evangelio, al respecto expresa lo siguiente:

1 Juan 4:

1. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

2. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;

3. y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

4. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

(R. V. 1960)

Se reconoce al que es de Dios, porque manifiesta el Poder de Dios, a causa de ser Cristo mismo quien mora y obra en su interior.

También expresa el evangelio que todo sellado del Espíritu Santo, tiene la mente de Cristo (1 Corintios 2: 16).

La mente de Cristo es la que actúa en el elegido de Dios, es la que discierne si los Espíritus son de Dios.

Quien no tiene a Cristo morando en su interior, no puede reconocer en otro al Espíritu de Cristo. Sólo ve y juzga lo que se mueve en la carne, bajo la influencia del espíritu del mundo.

También nos dice el Señor Jesús en el evangelio:

Juan 7:

24. No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

(R. V. 1960)

Podemos discernir la declaración de este versículo, expresando que no debemos juzgar el espíritu de una persona por sus manifestaciones de religiosidad, sino por el Fruto del Espíritu, que se traduce en Poder.

Quien tiene el Poder del Reino de Dios, no tiene para nada que envanecerse ni enseñorearse con su fuerza física o con palabras altivas. Quien tiene el Poder del Espíritu Santo, lo manifiesta siempre con mansedumbre.

Han quienes aparentan ser mansos, pero bajo el lente del Espíritu, discernimos que sólo están agazapados en la maledicencia y la hipocresía, por lo cual carecen de Poder, aunque se presenten adornados de inspiradas disquisiciones.

Ahí se los ve, envaneciéndose en la política, en la religión, en las ciencias y en todas las áreas y labores humanísticas.

1 Corintios 4:

19. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos.

(R. V. 1960)

Ampliemos más este asunto

¿Teniendo la mente de Cristo, qué es lo que juzgamos?

Juzgamos si la persona manifiesta el Poder del Espíritu.

Sólo quien tiene el Sello del Espíritu Santo, puede reconocer quién es o no es de Dios.

El que es de Dios, reconoce el Poder en otro que también es de Dios.

Como ya hemos dicho, el tal Poder no es el de la fuerza física, el de las influencias, el del dinero o el de la ciencia del mundo, sino el que se expresa en el elegido de Dios, tal como lo dijo el Señor Jesús:

“Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7: 16)

La Hermosura del Poder del Reino de Dios que en sí mismo llevan los que están sellados por el Espíritu Santo, se manifiesta pues, por el fruto del Espíritu Santo.

Reiteramos lo que ya explicamos en la anterior entrega:

Este fruto del Espíritu, produce las obras de Cristo, expresándose a través de quienes están sellados con su Espíritu Hermoso. Esto corresponde a lo que el Señor Jesús menciona en plural como “frutos.”

De tal forma, que los muchos frutos que brinda un nacido de nuevo en el Espíritu, son producto del Fruto del Espíritu Santo.

Así describe el evangelio al fruto del Espíritu:

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

¿En dónde reparte sus frutos una persona sellada por el Espíritu Santo?

Pues, los reparte en todo lugar y en todo momento, mediante las expresiones de su comportamiento.

La vida entera de los que son “hermoso de pies”, está ligada en Obediencia, al mandato de predicar el evangelio. En esta práctica se evidencia al máximo, el fruto del Espíritu.

Este mandato Divino, lo asume sin excepción, todo aquel que ha nacido de nuevo en el Espíritu.

Nadie puede predicar el evangelio verdadero, estando desligado del Espíritu, pues Él es quien evidencia el fruto que se expresa en el predicador.

Todo aquel que predica el evangelio, manifiesta el fruto del Espíritu. Si no lo manifiesta, su prédica no tiene Poder.

La predicación del evangelio carece de poder en la gente religiosa que no ha sido confirmada con el Sello del Espíritu Santo, esto es, en quienes andan en falsas doctrinas.

La Práctica obediente de predicar la Verdad, en razón de este mandato Superior del Espíritu que ejerce todo aquel que nace de nuevo, está perfectamente descrita en el evangelio, como un eje fundamental que discurre a través de la diversidad de dones, ministerios y operaciones del Espíritu Santo:

1 Corintios 12:

4. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

6. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

8. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

9. A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

10. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

11. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro

53. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 52: Hermosos son los pies de los que predican el evangelio (Romanos 10: 15)

Siguiendo el hilo conductor de la metodología que me da el Espíritu Santo, inicio esta entrega recordando tres puntos claves expuestos en la entrega anterior:

PRIMER PUNTO:

Todo el que ha sido sellado por Dios con el Espíritu Santo, tiene en sí mismo lo que el evangelio llama “los siete espíritus” (Apocalipsis 1: 4), que a la Luz de la revelación, se trata de un solo Espíritu, que es el Espíritu de Cristo.

Así lo anuncian las Escrituras:

Isaías 11:

2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

(R. V. 1960)

SEGUNDO PUNTO:

Todo el que tiene en sí mismo el Espíritu de Cristo, tiene en sí mismo al Árbol De La Vida (Apocalipsis 22: 2).

Este Árbol es Divino y productor del fruto del Espíritu. Esto lo revela:

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

TERCER PUNTO:

Todo el que tiene en sí mismo el Árbol De La Vida, manifiesta en y a través de su vida, la presencia del fruto del Espíritu.

Este Fruto se expresa permanentemente en la dinámica de su actuación de todo redimido de Dios.

Es así, que todo redimido expresa el Fruto del Espíritu en su máximo esplendor, en el servicio al Cuerpo de Cristo, mediante los diversos dones y ministerios espirituales que se le han otorgado.

El evangelio describe esta forma en que se expresa el Espíritu a través de sus sellados. Lo expresa así:

1 Corintios 12:

4. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

6. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

(R. V. 1960)

Particularmente, en lo que se refiere a los dones, el evangelio expresa lo siguiente:

Efesios 4:

7. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

8. Por lo cual dice:

Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.

(R. V. 1960)

El evangelio especifica estos dones de la siguiente manera:

1 Corintios 12:

8. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

9. a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

10. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

(R. V. 1960)

El evangelio también especifica los ministerios en que incursiona el siervo de Dios, por el Poder del Espíritu. Los describe en este orden:

Efesios 4:

11. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

(R. V. 1960)

Luego de recordar estos tres puntos claves, tenga presente el amado lector seguidor de las enseñanzas de este blog, que hasta este momento, he descrito todo lo que el Espíritu Santo me ha ido revelando acerca de su Persona, instituida la misma, como un Sello aplicado en el corazón de cada elegido del pueblo de Dios.

Esta aplicación de su persona en el corazón del elegido de Dios, lo repito una vez más, es realizada de una sola vez y de manera eterna; sin embargo, por metodología, este sellado espiritual, para su humana compresión, es explicado a lo largo de este estudio, mediante el diseño de un proceso, tal cual lo hemos venido presentando desde el inicio de estas entregas.

El haberlo presentado así, es metodología guiada por el Espíritu Santo, para que el elegido estudioso de las Escrituras, pueda sumergirse en niveles espirituales profundos y escudriñar los intrincados niveles del Conocimiento de Cristo, que se nos es revelado.

El Sello, es el distintivo de todo nacido de la Matriz de Dios (Isaías 46: 3).

Este Sello queda plasmado en su totalidad con el último elemento del proceso que hemos analizado: La Obediencia.

Al completarse el sellado con la implantación de la Obediencia, queda realizada la operación de los siete pasos del sellado en el corazón del redimido del Espíritu.

Todo el que ha sido sellado, es una nueva creación, nacido en el Espíritu.

Este nuevo ser, pasa luego a un tercer momento del proceso de sellado.

Este tercer momento, aunque es posterior a la implantación del Sello, forma parte insustituible del mismo proceso eterno.

A partir de este tercer momento, todo lo que haga el redimido del Espíritu, simplemente es la obra del Espíritu.

Este tercer momento, es la acción de Cristo mismo en el corazón del elegido, operando al servicio de su Cuerpo, tal como lo dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

Agarre esta revelación:

¿Qué quiere decir el evangelio cuando dice “por su buena voluntad.”
Su Buena Voluntad es el Espíritu Santo.

¿Cómo podríamos describir este tercer momento?

Recuerde el amado en Cristo, lo que ya habíamos tratado hace muchas entregas, que este tercer momento consta a su vez de dos etapas:

Una primera etapa, en que el redimido del Espíritu es convertido en Justicia de Dios.

¿Qué significa esto?

Significa que fuimos por la Gracia del lavamiento (Efesios 5: 26; Tito 3: 5), limpiados de nuestras inmundicias y pecados y convertidos en justos, llevándose Jesucristo el Justo sobre Sí, todas nuestras injusticias (2 Corintios 5: 21).

El haber sido hechos Justicia de Dios, es el haber sido convertidos en depósito del Espíritu de Cristo, el cual se manifiesta en nuestras obras, por el Fruto del Espíritu.

Repito, el haber sido hechos Justicia de Dios, nos permite expresar el fruto del Espíritu, como consecuencia de tener el Espíritu habitando en el corazón.

Hechos ya Justicia de Dios, el redimido entra en una segunda etapa, en la cual, es enviado en uso de los dones que se le ha otorgado, a dar Testimonio de su nuevo nacimiento. Todo esto, como expresión del Fruto del Espíritu.

En este momento, es cuando el redimido es investido de un título que el evangelio denomina “embajador en el nombre de Cristo.” (2 Corintios 5: 20).

De tal forma, que no hay redimido de Dios, exento de predicar el evangelio y de usar sus dones en el servicio al Dios Viviente que lo ha redimido.

Todo redimido de Dios, es un embajador en el nombre de Cristo, que lleva al mundo la Palabra del evangelio, buscando la reconciliación del mundo con Dios.

En esta entrega, el análisis se centrará en describir lo que es la misión de predicar el evangelio.

Pero antes de iniciar este análisis, es importante presentar al amado lector una vez más, una remembranza de lo que analizáramos ya, muchas entregas atrás, acerca del proceso del sellado del Espíritu Santo.

Aquí expongo en sinopsis una visión panorámica del proceso:
1. Primer momento del proceso del sellado:
Este momento en el proceso del sellado, es un paso previo a la implantación del Sello del Espíritu Santo.

Este momento lo llamamos “El recordatorio del Espíritu Santo” (Juan 14: 26).

2. Segundo momento del proceso del sellado:
Este corresponde a lo que el evangelio llama: “El momento del cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4: 6): Se trata de la implementación y consolidación del Sello del Espíritu Santo con sus siete elementos:

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento.

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

Todos y cada uno de estos elementos han sido descritos bastamente en las entregas anteriores.

Quien no ha atravesado por todos estos momentos y quien no ha sido operado por el Espíritu Santo con todos estos elementos, no ha sido sellado; y menos aún, ha nacido de nuevo en el Espíritu.

Es requisito indispensable, el haber sido sujeto de esta operación del Espíritu Santo, para ser introducido luego al tercer elemento del proceso:

3. Tercer momento del proceso de sellado:

Primera etapa: Todo el que ha sido sellado por el Espíritu Santo, es hecho Justicia de Dios, la cual se manifiesta mediante el fruto del Espíritu y sus dones irrevocables.

Segunda etapa: Todo sellado es enviado a predicar.

Ahora sí, vamos a abordar la materia central de esta entrega:

Cuando somos enviados a predicar, se cierra el ciclo del proceso de sellado para un elegido y se inicia un nuevo proceso de sellado para otros que recibirán la Palabra por medio de la predicación de los que ya han sido convertidos (Romanos 10: 14).

La Palabra Viva y Eficaz (Hebreos 4: 12), sólo puede ser predicada por quienes han completado el proceso del sellado; y sólo puede ser recibida por quienes están elegidos para oírla.

Quienes han seguido puntualmente estas enseñanzas tienen una visión clara de lo que estoy expresando.

Veamos pues, qué pasa cuando el Espíritu nos envía a predicar.

Como siempre, ciñámonos a la declaración del evangelio:

Esta es la orden que da el mismo Señor Jesús, luego de haber resucitado:

Marcos 16:

15. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

16. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

17. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

18. tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados entendidos, esta es una orden directa que nos da el Espíritu:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio”

¿A quién dirige esta orden el Señor Jesús?

La dirige a sus testigos (Isaías 43: 10; 12; 44: 8), o lo que es lo mismo, a sus embajadores (2 Corintios 5: 20).

No la dirige a todo el mundo.

¿Quiénes son los testigos y embajadores de Cristo?

Son todos aquellos que ha redimido Dios por el Sello del Espíritu Santo.

Para cumplir el mandato del Señor Jesús, aquí entra en juego la Obediencia, que como ya sabemos, es la respuesta natural del espíritu al mandato del Espíritu del cual ha sido engendrado.

¿Quiénes son los que obedecen?

Sólo obedecen los testigos y embajadores de Cristo, o sea, los que tienen el espíritu revestido del Espíritu de Cristo!! (Gálatas 3: 27).

El Espíritu de Cristo ordena predicar y el redimido actúa conforme a la ordenanza, en una acción natural de Obediencia al Espíritu que lo engendró.

Constaten mis amados, lo que dice el evangelio:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R. V. 1960)

Como pueden apreciar, el ir a predicar, no es cuestión de voluntad propia, sino de una manifestación obediente del espíritu en cumplimiento de la Voluntad Superior de quien le envía a hacerlo.

Ahora comprenderán mis amados, que el escribir estas enseñanzas, no corresponde a un acto voluntario de este servidor, sino al cumplimiento de la Voluntad del Dios Viviente que así lo ordena; y esto, para tropiezo de muchos que pudieran no verlo así.

Ahora mismo entiendo, por qué no puedo escribir cuando simplemente se me antoja, sino cuando dentro de mí siento el llamado a hacerlo.

El que no ha sido engendrado del Espíritu, no puede responder en forma natural a este mandato del evangelio.

El que no ha sido engendrado del Espíritu, no puede ser testigo y embajador en el nombre de Cristo.

El mismo Señor Jesús, se expresa de esta manera:

Juan 6:

38. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

(R. V. 1960)

Aunque ya lo hice en la entrega anterior, voy nuevamente a exponer en este momento, los versículos del evangelio, que hablan de la Obediencia del Señor Jesús:

Filipenses 2:

8. y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

(R. V. 1960)

Hebreos 5:

7. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.

8. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;

(R. V. 1960)

Revisando estos versículos, replanteo la pregunta:

¿A quién escogió Dios para obedecer?

Escogió al ser más hermoso salido de su Matriz Espiritual: Cristo Jesús.

Dios escogió al Espíritu más hermoso, su Hijo.

Cristo Jesús, en Obediencia al Padre, desciende desde el mismo Trono de la Gracia, para traernos las buenas nuevas de Salvación.

Así lo expresan las Escrituras:

Isaías 52:

7. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

(R. V. 1960)

En este punto, vamos a exponer al menos un par de revelaciones:

En primer lugar, cuando la Biblia en diversas ocasiones menciona a “los pies”, lo que hace es, una referencia alegórica del espíritu.

Relacione el estudioso, que así como el cuerpo terrenal del hombre se mueve por los pies físicos; así el cuerpo celestial, se mueve por el espíritu.

Una luz al respecto, nos brinda el evangelio:

1 Corintios 15:

46. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

47. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

48. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

49. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

(R. V. 1960)

En segundo lugar, tome en cuenta el estudioso de la Palabra, que (Isaías 52: 7) dice que “son hermosos los pies del que trae alegres nuevas.”

Aquí, se nos está revelando, que es hermoso el Espíritu de Cristo. Por demás está decir, que su hermosura es sinónimo de su Perfecta Obediencia.

Lo que quiero que se tome en cuenta, es que aquí sólo se nos está revelando a Cristo, lo cual se especifica por su mención en singular: “Del que trae.”

A diferencia de lo anterior, en el evangelio se nos revela en cambio, a todos los que están revestidos del Espíritu de Cristo, pues son mencionados en plural.

Así lo expresa el evangelio:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados entendidos, este versículo nos revela, primeramente, la Obediencia de los que reciben el mandato de predicar. Esta Obediencia es sinónimo de su hermosura de espíritu, puesto que están revestidos del Espíritu de Cristo; y por supuesto, queda revelado en plural, que son muchos los sujetos de esta hermosura, que salen al mundo a predicar.

A continuación, expongo el versículo siguiente al anterior, con el cual, queda especificado, que no todo ser humano está capacitado para recibir el mandato de ir a predicar, esto, porque tampoco estuvieron capacitados para oír la Palabra de Salvación, que habilita al escogido para la predicación.

Romanos 10:

16. Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

17. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

18. Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,

Por toda la tierra ha salido la voz de ellos, Y hasta los fines de la tierra sus palabras.

(R. V. 1960)

Antes de concluir esta entrega les dejo un texto del evangelio, para que lo relacionen con el tema que hemos abordado.

Para el entendido, le quedará clara la revelación que aquí nos da el evangelio, la cual, no es tan simple como las explicaciones que tantas veces hemos oído dar:

Juan 13:

1. Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase,

3. sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,
4. se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

5. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

6. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

7. Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

8. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

9. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

12. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?

13. Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.

14. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

15. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

52. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 51: Fruto del Espíritu (Gálatas 5: 22 – 23)

Hasta la entrega anterior, ha sido descrito lo que es el Sello del Espíritu Santo con sus siete momentos, quedando claro su poder eterno, implantado en el espíritu de todo escogido de Dios.

El Sello del Espíritu Santo le hace posible al hijo de Dios, transitar en Luz y en Verdad, durante su peregrinaje terrenal, en medio del engaño y la maldad, orquestados globalmente por el príncipe de la potestad del aire.

Recordemos que los siete momentos del proceso de sellado del Espíritu Santo son:

1. Quebrantamiento

2. Arrepentimiento

3. Entendimiento

4. Conocimiento

5. Fe

6. Purificación

7. Obediencia

El Haber atravesado por estos siete momentos implica, que el mismo Espíritu de Dios se ha ido grabando de forma ordenada dentro de un proceso Divino, en el corazón de todos quienes han sido escogidos para conformar su pueblo.

Notemos, que el momento de la consolidación del Sello es el de la implantación espiritual de la Obediencia. Este es el séptimo momento.

De tal forma que, por su naturaleza Obediente se puede reconocer a todo santo, o sea, a todo aquel que ha sido sellado por Dios, con el Espíritu Santo.

Como ya habíamos mencionado en una entrega anterior, la Obediencia es la exteriorización de la Santidad.

Recordemos también, que nadie obedece a Dios por sí mismo, sino porque ha sido dotado del Sello de la Obediencia.

Revisemos lo que dice el evangelio:

Hechos 5:

32. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

(R. V. 1960)

Parecería que este versículo nos estuviera conminando a obedecer a Dios, para hacer el mérito necesario que permita recibir el Sello del Espíritu Santo. Pensar así, es religiosidad. Ninguna obra es meritoria para que Dios nos de su Espíritu.

Dios da su Espíritu de Gracia, a quienes eligió para conformar su pueblo santo.

Para quienes han seguido cuidadosamente este estudio, les queda claro, que no hay Obediencia sin Sello del Espíritu Santo. Por eso dice el versículo mencionado, que Dios ha dado el Espíritu Santo, a los que obedecen, o sea, a los que Él ha sellado.

Así de fácil resulta comprender esto:

El evangelio dice así:

2 Corintios 13:

5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

(R. V. 1960)

Si hacemos lo que dice el evangelio, sabemos tácitamente si estamos aprobados, es decir, si tenemos el Espíritu Santo. Si lo tenemos, sabemos que estamos sellados en la Obediencia. No podría ser de otra manera.

Quienes andan en desobediencia, son quienes no han sido sellados; por tanto, son quienes han sido reprobados.

¿Cómo sabemos si tenemos el Sello del Espíritu Santo y estamos aprobados?

Para quien está sellado, es fácil saberlo.

El evangelio dice esto:

Romanos 8:

16. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

(R. V. 1960)

Cuando estamos sellados, actuamos en obediencia al Espíritu y por el Espíritu. Si somos obedientes por el Espíritu, definitivamente, no actuamos para ganarnos un premio porque ya sabemos cuál es la justicia de Dios en nosotros.

Quien está sellado, tampoco teme un castigo, porque estando sellado, conoce el amor de Dios; por tanto, no teme ser castigado.

Por eso dice así el evangelio:

1 Juan 4:

18. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

(R. V. 1960)

Por tanto, Dios no nos chantajea con amenazas de castigo para que seamos obedientes, porque bajo amenazas no habría una obediencia real.

En quien está sellado, la obediencia la produce Dios mismo en nuestro espíritu, mediante el Sello de su Espíritu.

El Espíritu de Dios, es Espíritu de Libertad.

Ya dijimos en una entrega anterior, que viviendo en el Espíritu, no puede haber Obediencia sin Libertad.

Esta libertad siempre será la expresión del Fruto del Espíritu Santo.

Ningún sellado con el Espíritu Santo, actúa transgrediendo los mandamientos de la Ley de Dios, haciendo un mal uso de la Libertad de la que ha sido dotado.

Por esta razón, el evangelio afirma lo siguiente:

1 Juan 3:

24. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

(R. V. 1960)

Sin el Sello del Espíritu Santo, no se puede cumplir los mandamientos de la Ley:

Santiago 2:

10. Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

(R. V. 1960)

Quien no está sellado, y dice cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, miente:

1 Juan 2:

4. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;

(R. V. 1960)

Por eso el Señor Jesús afirma:

Mateo 7:

17. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

18. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(R. V. 1960)

Hay dos declaraciones importantes que hace el evangelio, al respecto de la Libertad que tenemos con el Sello del Espíritu Santo:

Gálatas 5:

13. Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

(R. V. 1960)

Judas 1:

4. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

(R. V. 1960)

En relación al cumplimiento de los mandamientos por parte de quienes están sellados, también es oportuno en este momento mencionar el siguiente versículo:

Apocalipsis 14:

12. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

(R. V. 1960)

Lo anterior es totalmente opuesto a lo que sucede en el sistema del mundo, con las personas que viven en carnalidad, quienes obedecen a la ley, sólo ante el temor de la inminente llegada de una penalización ante el cometimiento de infracciones o delitos.

Quién es el máximo exponente de la naturaleza obediente?

¡Es Cristo Jesús!

Así expresa el evangelio la manifestación de su Obediencia:

Filipenses 2:

8. y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

(R. V. 1960)

Hebreos 5:

7. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.

8. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;

(R. V. 1960)

Es así que, el Obediente por excelencia, que es el Señor Jesucristo, es quien entra en el corazón del elegido de Dios, cuando es Sellado con su Santo Espíritu (Gálatas 4: 6).

Una vez que con la Obediencia queda implantando totalmente el Sello del Espíritu Santo, ocurre con seguridad lo que expresa el siguiente versículo del evangelio:

Efesios 1:

13. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

14. que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la promesa adquirida, para alabanza de su gloria.

(R. V. 1960)

¿Qué es el Espíritu Santo de la Promesa?

Pues, es Cristo Jesús en el corazón de quien está sellado.

¿Qué significa que el Sello del Espíritu Santo, es las arras de nuestra herencia?

Esto lo debemos entender así:

Siendo Cristo el heredero del Reino del Padre, y siendo los hijos sellados con el Espíritu, hermanos del Señor Jesucristo, engendrados en su misma naturaleza Obediente; estos también son herederos de la misma promesa que el Padre hizo para su Hijo.

Así lo expresa el evangelio:

Romanos 8:

17. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

(R. V. 1960)

Romanos 8:

29. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

(R. V. 1960)

De tal forma que, siendo hermanos del Señor Jesucristo, tenemos con el Sello de su Espíritu, la seguridad de la herencia del Padre, que es Padre del Señor Jesucristo y Padre nuestro.

¿Cómo se manifiesta el Espíritu del Señor Jesucristo en nosotros?

Se manifiesta mediante el fruto del Espíritu.

Recordemos que el Espíritu del Señor Jesucristo es este que menciona el Profeta Isaías:

Isaías 11:

1. Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.

2. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

(R. V. 1960)

Cuando el elegido de Dios recibe el Sello del Espíritu Santo, está siendo sellado por todas estas características del Espíritu del Señor Jesucristo, porque es Él mismo, quien llega al corazón del elegido para habitar en él.

Por eso el evangelio dice:

Gálatas 2:

20. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(R. V. 1960)

Y siendo que es Cristo quien habita en el corazón del elegido de Dios que ha sido sellado con su Espíritu, entonces, es el mismo Dios el que se manifiesta en las acciones de sus hijos.

Así lo expresa el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

¿Cómo se manifiesta el Señor Jesucristo en quienes llevan el Sello de su Espíritu?

Pues, sencillo. De acuerdo a lo que dice el evangelio, la evidencia del Sello del Espíritu Santo se manifiesta por el Fruto del Espíritu:

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

De tal forma que, quien presenta este fruto, de seguro está sellado por el Espíritu Santo.

Por esta razón es, que el evangelio nos exhorta a examinarnos a nosotros mismos, para ver si no estamos reprobados.

Examine amado lector en su vida personal, tanto el árbol como el fruto.

Y hasta la próxima entrega, le dejo para meditar con el siguiente versículo:

2 Crónicas 29:

11. Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él, y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis incienso.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

51. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 50: Todo amigo del mundo es enemigo de Dios (Santiago 4: 4)

Aclaremos ahora en esta entrega, lo que dejamos pendiente en el capítulo anterior:

El por qué en (Santiago 5: 3), el evangelio afirma que “el moho devorará las carnes” de los ricos de la tierra.

La revelación es esta:

El moho mencionado en este versículo del evangelio, representa al ejército invisible de demonios, operarios malignos de Satanás, que devoran con avidez el alma carnal de estos seres humanos espiritualmente desobedientes, de los cuales se nutre el tenebroso cuerpo espiritual, del enemigo de Dios.

Las emociones que producen las modas y costumbres del sistema de vida mundial, tales como las ambiciones, la ira, el temor, la lascivia, las pasiones, la envidia, el rencor, el egoísmo, etc., son frutos carnales, alimento permanente del cuerpo de Satanás.

Todas estas emociones, son para Satanás, los deliciosos frutos de la carne que alimentan su cuerpo. De hecho, todos son frutos de muerte, que alimentan su cuerpo de muerte (Romanos 8: 7 – 8).

¿Cómo está conformado el cuerpo de Satanás?

Está conformado, por todos los que practican las obras de la carne, o sea, por los que practican el pecado.

¿Quiénes son?

Pues, sus hijos, que en primer término, son los ricos de la tierra, que a la cuenta no son muchos; pero sus esclavos, sí que son muchísimos.

¿Cómo se organiza la agenda conspirativa de Satanás para incentivar la producción de los frutos de la carne?

Como ya lo he dicho antes, los altos mandos de la gran empresa religiosa, como bien sabemos por la revelación del evangelio, fornican con los poderosos laicos de la tierra (Apocalipsis 17: 1 – 2), llámense sus poderes, económicos, políticos, científicos tecnológicos o educativos. En tal contubernio, religiosos y laicos, forman un solo cuerpo, cuya cabeza es Satanás.

Desde la crucifixión y resurrección del Señor Jesucristo, Satanás está vencido y no tiene ningún poder contra los santos que componen el pueblo de Dios; pero para sostener a los suyos dentro de su cuerpo, permanece oculto en las sombras, energizando desde allí, estos poderes terrenales que le pertenecen, activando las obras malignas de la conspiración, que fomentan la carnalidad en las almas aún no convertidas.

Por eso, Satanás conspira, para que los esclavos no conozcan la Verdad, porque mientras estos, más tiempo estén esclavos del pecado, más tiempo tiene alimento Satanás, para sostener su cuerpo.

¿Qué promueven los poderes laicos?

Promueven lo que Satanás quiere: Las obras de la carne, su alimento.

Es así que, los poderes económico y político, promueven los grandes negocios, lícitos o ilícitos, la avaricia, el hurto, las diferencias de clases, las guerras, las ambiciones desmedidas, la falta de ética, los crímenes, las discordias, la corrupción a todo nivel y la degeneración del comportamiento humano, llamando bueno a lo que es malo y malo a lo que es bueno (Isaías 5: 20).

La ciencia y la tecnología, ponen a la disposición del mundo, herramientas que aparentan ser de progreso para el ser humano, pero que en realidad, son herramientas que sirven para adormecerlo mentalmente en el placer y la comodidad, manteniéndolo esclavo dentro de los sistemas de esclavitud, que sus genios estrategas inspirados por el mal, han diseñado.

Estos son los poderes que fabrican las armas, para exterminar seres humanos a pequeña y a gran escala. Estos mismos poderes son los que promueven las guerras para vender sus armas (Santiago 4: 1).

Estos poderes, son capaces de provocar terremotos, tsunamis y alteraciones del clima en todo el planeta.

Estos mismos poderes, son los que manejan la mente de los pobladores del mundo, con los medios de comunicación de su propiedad, a través de los cuales, transmiten las noticias de los desastres y la degeneración que ellos mismos desencadenan.

Estos poderes, son los que diseñan las modas en todos los aspectos cotidianos de la vida humana, como en la música, vestidos, viviendas, vehículos, turismo, profesiones, negocios, terapias, etc., metiendo a la humanidad entera en un mismo molde, que responda a los efectos que ellos buscan, según lo planificado en sus agendas conspirativas.

Estos poderes, por detrás del escenario, manejan con sus hilos a las marionetas que legislan y gobiernan, moviéndolas hacia los consensos, en la aprobación de leyes que con la máscara de respeto, igualdad y solidaridad, características de las naciones evolucionadas, apuntalan derechos para ciertos grupos llamados vulnerables; los cuales, según lo vamos observando en estos postreros días de la tierra, y de acuerdo a lo que nos profetiza el evangelio, lo que de fondo hacen, es propiciar la degeneración del ser humano, para luego complacerse de sus obras.

Para estos tenebrosos seres que fomentan la legalización de la maldad, es, que el evangelio se pronuncia de esta manera:

Romanos 1:

28. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;

29. estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

30. murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,

31. necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;

32. quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

(R. V. 1960)

Estos son los poderes que fabrican la pornografía a gran escala, contaminando tempranamente la mente de los jóvenes, para luego ser ellos mismos, los que a través de sus mismas organizaciones de ayuda, proclamen las fórmulas de prevención del aborto, el VIH, embarazos tempranos, uso de anticonceptivos, paternidad responsable, etc.

Estos son los poderes que contaminan el planeta con experimentos nucleares, generando cáncer en la población, para luego, ser ellos mismos los que promulguen la lucha contra el cáncer. Estos mismos, son los que fabrican los fármacos costosos para tratar las enfermedades que ellos causan y que por sus altos costos resultan inaccesibles a un gran porcentaje de la población.

Estos son los poderes que crean fundaciones de ayuda, para manipular con gestos de bondad a quienes ellos mismo han afectado de una u otra manera.

Los sistemas educativos, sobre todo si son religiosos, condicionan dogmáticamente la mente del ser humano, para actuar en función de las modas y los sistemas creados por los mismos poderes que con ellos fornican.

La finalidad de los sistemas educativos masificados, de fondo es, hacer que las grandes masas humanas sin sentido crítico, se adapten, concuerden, contribuyan y participen activamente desde su formación humanística, con el aparente progreso del mundo, que los mismos poderes de la tierra han diseñado.

Todo lo que vemos en este valle de sombra de muerte (Salmo 23: 4), que es el sistema mundial manejado por Satanás, es una farsa bien organizada.

En esta farsa, los grandes actores designados para actuar en la comedia de la tierra, lo que tienen que hacer es, seguir el libreto que se les ha ordenado.

De esta forma, cumplen eficientemente, con su rol de títeres.

Estos afamados títeres, que dan la cara al mundo, mostrándose como los salvaguardas del bienestar humano, son los grandes líderes de la tierra, puestos por los dueños del mundo en los sitiales estratégicos que ocupan, para desde allí, hacerle creer al mundo que son dignos; cuando en realidad, son sólo marionetas, que prevarican contra la Ley de Dios, dando cumplimiento a las consignas que les han dictado desde las tinieblas.

En el juego de la conspiración, muchos de estos líderes mundiales, dan la apariencia de estar divididos; pero de fondo, son parte del mismo juego de la conspiración. Sólo siguen el libreto ordenado.

A otros vemos, que se alinean en grupos, por ideologías e intereses comunes, para que poder disentir unos con otros, lo cual es parte del libreto que deben seguir al pie de la letra.

Ricos y pobres; demócratas y republicanos; capitalistas y socialistas; comunistas y burgueses; católicos y protestantes; musulmanes y judíos; oriente y occidente, izquierda y derecha, unos equipos deportivos contra otros; unas naciones contra otras; unas asociaciones contra otras.

Todas estas masas humanas tienen líderes que las conducen. A su vez, todos estos líderes tienen por detrás, un poder que los hace bailar en el escenario mundial, con hilos de titiritero.

Todos los títeres, desde sus sedes, llevando membresías y estando agremiados como organizaciones, se levantan con las banderas de sus ideologías personales o de grupo, ofertando sus hipnotizadoras fórmulas para el bienestar del mundo, siempre oponiéndose aparentemente, a las propuestas de los contrarios, calificadas como no idóneas.

Digo aparentemente, porque no importa que tan antagónicos parezcan los grupos o los individuos; como títeres que son, estos participantes del liderazgo mundial, siempre serán las dos caras de la misma moneda con respecto a sus puntos de disensión, alrededor de los cuales, la aparente rivalidad que se ve entre ellos por arriba, cumple funcionalmente por debajo, con los objetivos determinados en la agenda de quienes desde las sombras los gobiernan.

Lo importante en la agenda de la conspiración, es crear en todas las esferas del convivir humano, los bandos antagónicos, para luego de producido el caos causado por los desacuerdos, proponer la unidad que los maneje a todos, en una engañosa promesa de paz y seguridad (1 Tesalonicenses 5: 3).

Para colmo, en todo esto, la industria cinematográfica mundial, desde su misma sede de producción, que es sinagoga de Satanás, nos muestra a través de la pantalla, por medio de películas bien planeadas, toda la terrorífica agenda conspirativa de las tinieblas, sin que nadie se conmueva ni entienda, que todo lo que se está viendo como entretenimiento, es lo que ha sucedido, está sucediendo y sucederá en el mundo.

Delante de la pantalla, la gente está adormecida y entretenida, disfrutando de la creatividad satánica, acostumbrándose a ver cosas tan depravadas que ya nada les parece malo. Más bien, todo lo que se ve, pareciera ser normalmente cotidiano.

En la pantalla vemos todas las confabulaciones que ocurren y que se traman en las grandes organizaciones de seguridad mundial, en las organizaciones de derechos humanos, en los gobiernos, en las industrias, en las organizaciones religiosas, etc.

A través de la pantallas, se muestra abiertamente en la cara de la humanidad, lo más ruin y detestable del poder de la maldad; y todo el mundo sigue enfrascado en sus deleites temporales que les presentan todos los sistemas del mundo, sin caer en cuenta, que sobre sus cabezas se cierne una inevitable destrucción, que hasta la saciedad, en una agenda bien programada, va siendo cotidianamente anunciada por los mismos conspiradores, energizados desde las tinieblas.

Satanás se ríe desde las tinieblas, porque sus peones, los líderes mundiales, cumplen con el cometido encargado, mientras los esclavos, con la mente dopada por los insumos materiales e ideológicos del sistema engañoso, se entregan voluntariamente a su propia catástrofe, sin apercibirse de nada.

Así dice el evangelio:

2. Tesalonicenses 2:

8. Y entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;

9. inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

(R. V. 1960)

¿Quién dijo que el hombre puede liberarse a sí mismo?

Quienes esto promulgan, fomentan aún más el engaño.

Esto, lo han dicho los religiosos, los psicólogos, los sociólogos, o los políticos, los economistas; y en general, todos los tecnócratas.

Esta es una gran mentira. Nadie que sea amigo del mundo, puede liberarse a sí mismo.

Tampoco, nadie puede liberar a nadie, porque estando en amistad con el mundo, todos están atrapados en la misma red de esclavitud (Santiago 4: 4).

Los esclavos son ciegos. Cuando un ciego guía a otro ciego, los dos caen al hoyo (Mateo 15: 14).

Ni la educación puede hacerlo, porque los sistemas educativos siguen los patrones acordados internacionalmente por las organizaciones especializadas en editar los modelos educativos y en controlar que todos los gobiernos los apliquen, para otorgarles una calificación dentro de una escala, en el marco del desarrollo mundial.

Estas grandes organizaciones mundiales, rectoras del comportamiento de los gobiernos en pro del aparente desarrollo y de la libertad humana en el planeta, son parte medular de las maquinaciones de Satanás, que incansablemente trabajan en la estructuración del entramado de la conspiración global de la mentira, para controlar y esclavizar a todo el mundo.

Para la gente que maneja estos moldes que esclavizan masivamente a la humanidad con sus sistemas diseñados, el evangelio se pronuncia de la siguiente manera:

2 Pedro 2:

17. Estos son fuente sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.

18. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.

19. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

(R. V. 1960)

¿Quién entonces puede liberar al hombre de su esclavitud, estando inmerso en este entramado global de la mentira?

¿Quién puede mostrarle con claridad al hombre, que su naturaleza es divina, porque fue hecho a imagen y semejanza de Dios?

¿Quién puede enseñarle al hombre, que hay un Reino celestial, en el que le aguardan una corona y todas las Promesas de Dios preparadas para él?

Sólo el Señor Jesucristo puede liberar al hombre, que está esclavo del pecado.

Sólo podemos darnos cuenta, de que somos reyes y sacerdotes del Trono de Dios, si tenemos el Sello del Espíritu Santo, y nacemos de nuevo en el Espíritu.

Sólo podemos darnos cuenta de este juego conspirativo de engaño y maldad que hay en la tierra, si con el nuevo nacimiento en el Espíritu, somos confirmados en el Sello del Espíritu Santo.

A causa de esto, nos exhorta el evangelio de la siguiente manera:

Colosenses 2:

8. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

(R. V. 1960)

Así mismo, la Palabra del evangelio nos deja claro lo siguiente:

Santiago 4:

4. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

(R. V. 1960)

Como vemos, los frutos que promueven los poderes de la tierra, son los frutos de la carne.

Dejemos claro entonces, que toda la maldad que ocurre en la tierra, administrada por los grandes poderes del mundo, trasvasa las fronteras de la dimensión material de este planeta.

Los ricos del mundo, que hacen lo quieren con el mundo, en realidad, son la cúpula de la pirámide de la maldad. Esta cúpula, que según el evangelio, son varios reinos de la tierra, está empoderada por Satanás, quien habita en las tenebrosas esferas de lo invisible (Apocalipsis 13: 1 – 18).

Satanás, es quien está detrás de los poderes de la tierra; y su espíritu es el enemigo de la Verdad, o sea, del Señor Jesucristo; por tanto, desde las tinieblas, él gerencia todo tipo de engaño, para promover los frutos de la carne en todos cuantos pueda, porque de esta manera, quienes tales obras practican, son carne de la cual se alimenta y de la cual se nutre su siniestro cuerpo espiritual.

Por eso, a Satanás no le conviene que nadie sepa la Verdad.

Satanás no se conforma con devorarse las carnes de los poderosos de la tierra, sino que quiere seguir nutriéndose de la multitud de esclavos que tiene atrapados en sus redes; y ¡vaya que son muchos!
Satanás y su inmensísimo y terrorífico ejército de demonios, potestades y gobernadores de las tinieblas (Efesios 6: 1), se alimentan así, del alma de quienes practican las obras de la carne.

Por eso, David, dice esto:

Salmo 27:

2. Cuando se juntaron contra mí
los malignos, mis angustiadores y
mis enemigos,
para comer mis carnes, ellos
tropezaron y cayeron

(R. V. 1960)

Satanás y sus huestes de maldad, tropiezan con quienes han sido libertados por el Espíritu de Cristo, pues ya no pueden devorar sus carnes.

Luego de la liberación, el Fruto es del Espíritu.

A Satanás no le conviene que se sepa esto que dice el evangelio:

1 Corintios 6:

9. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10. ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

(R. V. 1960)

Todos los que actúan de acuerdo a lo descrito en el texto que antecede, son la carne de la que se alimenta Satanás.

Sus esclavos son su alimento.

Nadie que se precie de ser santo; es decir, que está sellado por el Espíritu Santo, puede desear ser o volver a ser alimento del abominable espíritu que esclaviza al mundo y se lo devora.

Nadie que se precie de ser santo, puede permitirse en lo más mínimo, producir algún fruto de la carne. No puede, porque el Santo, habita en su corazón redimido de la iniquidad. Su cuerpo es templo del Espíritu Santo.

En él, sólo se da el fruto del Espíritu.

El fruto del Espíritu, es escudo contra el devorador.

¿Y cómo participa el poder religioso en esta orquestada conspiración de las tinieblas, para que Satanás se devore la carne de los esclavos?

El poder religioso, es engendrado en los gobiernos y poderes laicos de la tierra, los cuales le han adjudicado el emblema de “referente moral” del comportamiento de los seres humanos.

De esta forma, con aval de los poderosos, lo que diga el poder religioso que está bien, pues debe asumirse que está bien; y lo que diga que está mal, pues deberá acatarse como malo.

Por eso las Escrituras advierten:

Isaías 5:

20. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

(R. V. 1960)

De esta forma, el “referente moral” de la humanidad se da la mano con los gobernantes de las naciones, es más, a todos los quiere unir en un mismo pensamiento ideológico enfocado en un nuevo ordenamiento mundial.

En este nuevo ordenamiento mundial, ya todos se han puesto de acuerdo.

Sólo hay que seguir presenciado, la dinámica de sus decisiones y cotejándolo con lo que nos dice la Palabra de Dios.

Los hijos de Dios, tenemos la Biblia que es nuestra guía profética segura (2 Pedro 1: 19), para saber qué tan cerca estamos del desenlace de todo lo que Dios nos ha anunciado, por los profetas y por el Señor Jesucristo.

Los gobernantes de las naciones para hacer y deshacer con el mundo, cuentan en todo, con la anuencia de la figura que es el “referente moral” de la humanidad.

A esta figura, la vemos dando discursos morales por todas las naciones, sin mencionar un solo versículo del evangelio, pero eso sí, hablando de sus propias propuestas ecuménicas, que concuerdan exactamente con la agenda de este nuevo ordenamiento mundial, que van sutilmente tejiendo los poderosos conspiradores de la tierra.
Dentro de esta bien orquestada conspiración, la obra maestra de la religión es, utilizar el nombre de Jesucristo para matizar engañosamente, la peor de las blasfemias (Tito 1: 16) con la que se mancilla el nombre de Dios:

Esta obra maestra de la religión, es la idolatría, la cual es la más asquerosa de todas las blasfemias contra el Espíritu Santo; y a la vez, es la carne que más le gusta, le nutre y le da fuerza al cuerpo de Satanás.

Con la idolatría, los religiosos generan alrededor del Nombre del Señor Jesús, una serie de nombres deificados por ellos, con los cuales se afrenta al Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

Así se puede ver, que casi pasa a un segundo o tercer plano, la Majestad de Dios, cuando el “referente moral” de la tierra, consiente en que se alabe, clame o agradezca a ciertas figuras de personajes ya muertos, pero que en sus vidas terrenales, tuvieron un rol representativo dentro de las filas religiosas.

La idolatría, es un recurso estratégico, dentro de la agenda conspirativa satánica, porque ella hace desviar la vista del verdadero evangelio, hacia una fe carnal depositada en la figura de un hombre que, por autoridad conferida por Satanás (Apocalipsis 13: 4), pretende convertirse en un dios sobre la tierra.

Sucede entonces, que los idólatras y todos los demás descritos en (1 Corintios 6: 9 – 10), si no están en la Promesa de Dios, para ser liberados por el Señor Jesucristo, de hecho están ya consumidos por el Fuego Eterno.

Por tal razón, las Escrituras se pronuncian de esta manera:

Proverbios 9:

10. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,
Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.

(R. V. 1960)

Quien conoce al Santísimo, a causa del Sello del Espíritu Santo, no puede caer en idolatría después de haberlo conocido. Quien no lo conoce seguirá bajo el influjo del poder religioso, al cual, ya sabemos quién lo maneja, hasta que Dios, se apiade y le libere por medio su Hijo.

Job 28:

28. Y dijo al hombre:

He aquí que el temor del Señor es la sabiduría,
Y el apartarse de mal, la inteligencia.

(R. V. 1960)

Todo el que ha sido libertado con la Verdad, ha recibido la Sabiduría.

Esta es la Inteligencia, que a todo convertido lo hace apartarse de toda concupiscencia y obra de la carne, pero sobre todo, de la inmunda idolatría, cuyos practicantes demuestran no tener Espíritu de Temor de Dios.

Por cierto, muchos fuimos eso, pero por la Gracia de Dios y su Misericordia que es para siempre (Salmo 100: 5), fuimos lavados y santificados. Así lo dice el evangelio, y de ello, ahora damos Testimonio:

1 Corintios 6:

11. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(R. V. 1960)

Para finalizar este capítulo, debo recordar al entendido, que las prédicas leudadas con vana palabrería, que muchos de los predicadores de estos tiempos postreros presentan por los medios televisivos, son producto del total desconocimiento del Sello del Espíritu Santo, ante lo cual, conviene que siempre tengamos presente los siguientes puntos:

Que la parte medular de la enseñanza del evangelio, es llevar al inconverso, o sea, al que está en esclavitud, a lo que Juan el Bautista predicaba diciendo:

“Haced, pues, frutos dignos de Arrepentimiento” (Mateo 3: 8). Sin duda, estaba hablando del Fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23), que es la Santidad, y no la prosperidad, ni los pactos con dinero, como obsesivamente y con total desvergüenza y desobediencia, promulgan estos activos miembros del sistema conspirador de las tinieblas.

Que sin Santidad, nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14).

¿Por qué?

Porque sin Santidad, o sea, sin Cristo, los frutos que se dan son carnales.

El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza tal Santidad requerida, productora del Fruto del Espíritu. Esta es la finalidad del Sello:
Convertirnos en santos.

Para esta finalidad trabaja la Palabra, la cual, no regresa al Padre, vacía (Isaías 55: 11), sino llevando a los santos, de regreso al Reino del Padre.

Que en los tiempos del fin, se verá que ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán (Daniel 12: 10).

Que en los tiempos finales, el que es inmundo será más inmundo; y el que es santo, seguirá santificándose más (Apocalipsis 22: 11).

Que nos examinemos a nosotros mismos para tener la certeza de que estamos aprobados por Dios, con el Sello del Espíritu Santo (2 Corintios 13: 5).

Que probemos a los espíritus, sabiendo que el que es de Dios nos oye; pero el que no es de Dios, no nos oye (Juan 8: 47; 1 Juan 4: 6).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

50. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 49: La verdad os hará libres (Juan 8: 32)

Hay muchos, que al predicar el evangelio, cometen serios errores conceptuales de la Palabra revelada, precisamente por ignorar todo acerca de la esencia del Sello del Espíritu Santo.

Hay otros, que al intentar hablar de Dios, simplemente dan Testimonio de lo que el evangelio profetiza para estos últimos tiempos, esto es, que veremos hombres que para su propia perdición tuercen la Palabra (2 Pedro 3: 16), en ostensible mala fe, libertinaje (Judas 4) y deseos de lucro (Judas 11).

En ambos casos, según lo declara el evangelio, la Palabra de Dios, o sea, Jesucristo, es Piedra de Tropiezo que hace caer a los que de antemano fueron destinados para ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

Los destinados a ser desobedientes, constituyen la red del mal que está tejida en el mundo, y que es manejada desde las sombras, por hombres siniestros, que fungen de administradores del misterio de la iniquidad, el cual, según lo declara el evangelio, ya está en acción (2 Tesalonicenses 2: 7).

Estos seres, por lo general nunca dan la cara, pues les resulta estratégico y cómodo, permanecer ocultos, moviendo desde las esferas más secretas, los hilos que hacen actuar como marionetas a sus peones, que son las figuras conocidas como los grandes líderes mundiales.

Estos seres, no son los pobres de la tierra. ¡De ninguna manera! No son siquiera los habitantes de la clase media, ni los burgueses adinerados.

Estos seres secretos, son los ricos de la tierra, de quienes a duras penas, públicamente se conocen unos pocos nombres, que nada sacamos con mencionarlos. Estos son quienes con el indescriptible poder del dinero que tienen, hacen y deshacen con este planeta.

Precisamente para ellos, el evangelio, les dedica un texto muy preciso:

Santiago 5:

1.¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.

2.Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.

3.Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

(R. V. 1960)

Pongan atención al versículo 3, que dice, que el moho devorará del todo sus carnes. Esto lo ampliaremos más adelante.

Piense también el entendido, que al afirmar el evangelio, que estos seres desobedientes fueron destinados para tal condición de desobediencia, se nos está revelando, que esta desobediencia, es un hecho que traspasa los linderos de la dimensión material de este mundo en el que habitamos.

¿Desde cuándo, estos seres fueron destinados a ser desobedientes?

Dice el evangelio, que los hijos de Dios fueron escogidos desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4). De la misma forma y en la misma dimensión temporal, deben haber sido destinados estos seres para ser desobedientes a Dios y merecedores de las plagas postreras.

Fuera de esta dimensión terrenal en la que habitamos, hay una producción de hechos de larga data, ocurridos en la dimensión de lo invisible; hechos que sólo el Sello del Espíritu Santo nos permite avistar, pues no es posible hacerlo a la simple observación.

Así nos dice el evangelio:

2 Corintios 5:

7. (porque por fe andamos, no por vista);

(R. V. 1960)

Tenga el lector la seguridad, de que quienes no tienen un claro Entendimiento de lo que es el Sello del Espíritu Santo, dejan entrever por sus obras, una de estas dos condiciones correspondientes a su naturaleza espiritual:

a) O bien, en la Eternidad, en los lugares celestiales, en el Trono de Dios, no han sido sellados por el Espíritu Santo, o sea, no han sido inscritos en el Libro de la Vida, lo cual los hace, destinados a desobediencia,

o,

b) Ya están sellados desde la Eternidad en el cielo y están inscritos en el Libro de la Vida; pero aquí en la tierra, todavía no han nacido de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3), para poder dar el Testimonio del Sello que les fue otorgado en los lugares celestiales eternos.

Según lo afirma el Señor Jesús, en (Juan 8: 35), el primer caso corresponde a los hijos de Satanás; mientras el segundo, corresponde a los esclavos de Satanás.

Los esclavos, son quienes están escogidos para ser libertados por la Verdad, porque son el pueblo de Dios. Para darles esta Libertad, es que vino a la tierra el Hijo de Dios.

Los esclavos, nacen de nuevo en Espíritu en el momento en que son libertados por la Verdad.

Los hijos de Satanás por otra parte, nacen muertos espiritualmente y continúan muertos para la Eternidad.

Los esclavos, cuando son liberados de la esclavitud de la mentira (Juan 8: 44), alcanzan un claro Entendimiento del Sello del Espíritu Santo con el que han sido sellados desde la Eternidad; y esto se hace patente por el Testimonio que dan a partir de su liberación, el cual es, proclamar la Verdad sin tropiezo.

En todo caso, debemos saber, que los esclavos, mientras no nacen del Espíritu, actúan igual que los hijos de Satanás; y así actuábamos todos, antes de ser libertados por nuestro Libertador, el Señor Jesús.

¿Por qué actuábamos así?

Porque el sistema mundial entero, está dirigido por el príncipe del engaño (Juan 12: 31; 16: 11).

El príncipe del engaño, nos tenía engañados; nos tenía seducidos en el mundo en sus malas obras, haciéndonos creer que obrábamos bien. Pero este engaño, no es asunto sólo de este ciclo terrenal por el cual transitamos.

Este engaño, como lo habíamos expresado, es de larga data, ocurrido en las esferas de lo intangible, desde tiempos celestiales remotos.

En nuestro peregrinaje sobre la tierra, sólo con la llegada del Hijo de Dios (Gálatas 4: 6), es que el príncipe del engaño es juzgado y echado fuera.

Sólo cuando el Hijo de Dios llega al corazón del hombre, el hombre queda liberado de toda forma de engaño.

No hay error en esto que estamos afirmando.

Así dice el evangelio:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2. en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

3. entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

(R. V. 1960)

Observen mis amados, que el versículo 3, afirma que “todos nosotros”, los que éramos esclavos del pecado, actuamos igual que los “demás.”

¿Quiénes son los “demás”?

“Los demás”, son los hijos de Satanás.

En ambos casos, tanto en los hijos, como en los esclavos de Satanás, los frutos que se observan son los de la carne.

Tales frutos nacen de los deseos de la carne; y estos a su vez, son inspirados por el espíritu de Satanás.

Así lo expresa el evangelio:

“Por sus frutos los conoceréis (Mateo 7: 15 – 20; Lucas 6: 43 – 45).

¿Cuáles son los frutos de la carne?

Gálatas 5:

19. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20. idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21. envidias homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

(R. V. 1960)

Es sencillo entender entonces, que quien manifiesta estos frutos, está en enemistad con Dios.

Muchos creen, que sin importar el estado carnal en el que se encuentran, tan sólo por pertenecer a una religión, y estar adheridos a las creencias y rituales que dentro de ella se practican, ya cuentan con el favor de Dios.

Sin embargo, a la Luz de las revelaciones que nos da la Biblia y que las hemos meditado e integrado en nuestro Conocimiento, en el curso de este estudio guiado por el Espíritu Santo, entendemos, que quien tiene el Favor de Dios, es sólo quien tiene el Sello del Espíritu Santo, o lo que es lo mismo, es quien tiene morando en sí mismo, la Promesa del Espíritu del Señor Jesucristo.

De tal forma que, sólo quien tiene el Sello del Espíritu Santo, y que en esta tierra ha nacido de nuevo en Espíritu, está capacitado para enseñar a otros el evangelio de Jesucristo. Dicho de otra forma, sólo el que en la plenitud de su tiempo ha recibido el Espíritu del Señor Jesucristo en su corazón (Gálatas 4: 6), está capacitado para proclamar sin tropiezo el evangelio de la Paz (2 Corintios 3: 5 – 6).

De la misma forma, sólo quien desde la Eternidad tiene el Sello del Espíritu Santo, puede oír la enseñanza del evangelio de Jesucristo y abrir su oído para recibir la Fe (Romanos 10: 17).

Por eso entendemos, que el Señor Jesucristo nunca dijo:

“La religión es el árbol y ustedes son las ramas”

“El que permanece en una religión da buen fruto”

“Separados de la religión nada pueden hacer”

“Si practican una religión pidan lo que quieran, que les será dado”

Esto es más bien, lo que dice el Señor Jesucristo en su Palabra:

Juan 15:

5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

6. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen; y los echan en el fuego, y arden.

7. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

(R. V. 1960)

Quienes fungen de maestros del evangelio pero que no tienen el Sello del Espíritu Santo, inflan la Palabra con levadura (Gálatas 5: 9); es decir, la adornan con argumentaciones carnales, nacidas de su propia mente carnal natural, deformando la sana doctrina, y adaptándola a un público de oyentes también carnales, que sólo tienen comezón de oír palabras, que puedan satisfacer sus propios deseos carnales (2 Timoteo 4: 3).

Así es, como se ha organizado la gran empresa religiosa a la que el libro de Apocalipsis llama la gran ramera, la Babilonia espiritual, que por siglos viene manipulando la mente de sus adeptos, con bonitas palabras, llenas de fantasías y mentiras que los hipnotizan y esclavizan a la voluntad y al poder que sus altos mandos administran.

La dinámica de esta empresa de la mentira, consiste en las maquinaciones (2 Corintios 2: 11) alrededor de una conspiración planetaria bien orquestada por sus actores durante siglos, quienes siguen fielmente una agenda dirigida invisiblemente desde las tinieblas, por su jefe máximo: Satanás, el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2: 2).

¿En qué consisten las maquinaciones de Satanás, que menciona el evangelio?

Pues, veamos:

Aunque aparentemente existen varias religiones, todas son parte de la misma conspiración y todos sus adeptos pertenecen al mismo cuerpo: El cuerpo de Satanás.

¿Contra quién es la conspiración?

Contra el Reino de Dios y su Soberano.

Todas las religiones, trabajan en esta conspiración para que no se sepa la Verdad.

¿Qué es la Verdad?

Es Jesucristo, el Hijo de Dios.

El Señor Jesucristo dijo:

Juan 8:

32. y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

(R. V. 1960)

Todas las religiones trabajan, para que quede desvirtuado el Nombre de Cristo y el Reino de Dios al cual representa.

Todas las religiones conspiran, para que sea un hombre en la tierra, el que con sus bonitas palabras, dirigidas a la humanidad con gran poder hipnótico surgido de las tinieblas (2 Tesalonicenses 2: 9), engañe al mundo, haciéndole creer que él traerá la felicidad y el progreso.

Este hombre ofrecerá traer al mundo una inmensa felicidad, que de hecho, ya en el sistema mundial entero, así como está estructurado, está siendo promovida a todo nivel, a través de la comodidad que brinda su aliada estratégica, la tecnología actual.

Con la tecnología, su aliada, este hombre empoderado desde el infierno, está atrapando a todos, de forma que, va sutilmente poniendo en perspectiva para la humanidad, la ilusoria idea de un reino maravilloso aquí en la tierra, para a renglón seguido, hacerse adorar como un dios todopoderoso (Apocalipsis 13: 12).

Esta es la red, tejida aquí en la tierra. El que tenga oídos oiga (Mateo 11: 15; Apocalipsis 2: 11).

Esta es la red, de la cual, el Salvador saca a su pueblo. A causa de ello, nuestra esperanza clama con David:

Salmo 25:

15. Mis ojos están siempre hacia Jehová,

Porque él sacará mis pies de la red.

(R. V. 1960)

Con tanta felicidad que la conspiración global pone en perspectiva; y siendo este hombre el aparente restaurador del mundo, la malévola conspiración liderada por este falso Cristo, conlleva sutilmente a la humanidad a convencerse de que no nos hace falta un Dios del Cielo que venga por nosotros, porque ya se hizo realidad uno aquí en la tierra.

¿Para qué esperar un Reino de los Cielos, si ya se está formando el reino de este dios luminoso aquí en la tierra?

Hoy, más que nunca, debemos oír la exhortación del evangelio que nos anima a no poner la mirada en las cosas de abajo, sino en las de arriba, en las del Cielo, de donde todos los que conformamos la verdadera iglesia de Jesucristo, esperamos a nuestro Salvador (Colosenses 3: 2).

Vean no más, a los evangélicos de la prosperidad, cómo en vez de llevar al mundo hacia el Arrepentimiento, para que hombres y mujeres puedan manifestar el Testimonio del fruto del Espíritu, lo que hacen en sus millonarias sinagogas es, aparentando ser reformistas y protestantes, promover el reino de dios aquí en la tierra, manifestando sin reparo alguno, los frutos de sus carnes corrompidas, en claro contubernio con los conspiradores de la élite religiosa.

Para sembrar en los habitantes del mundo, el deseo de lograr la paz, la felicidad y el progreso, la conspiración bien orquestada desde las tinieblas, se coyunta en una franca fornicación entre los poderes laicos y los religiosos, que se confabulan primero, para causar el caos y la destrucción en la tierra, para luego, ser ellos mismos, quienes propongan las grandes soluciones, que den paso a la creación de un nuevo mundo maravilloso.

Así dijo el Señor Jesucristo:

Juan 5:

43. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.

(R. V. 1960)

El mundo engañado por la conspiración, lo que hace es, abrirle las puertas al líder máximo de la conspiración, salido del mismo infierno (Apocalipsis 13: 1; 14).

Dios que todo los sabe, ha dejado expresado así, en su Palabra:

Isaías 54:

15. Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

(R. V. 1960)

Vuelvo a preguntar:

¿Qué es la Verdad?

Si ya sabemos que Jesucristo es la Verdad, reforcemos nuestro Entendimiento, afirmando, que el Espíritu de Jesucristo es el Sello del Espíritu Santo, grabado en su pueblo. Este Sello, se manifiesta en cada uno de los sellados, por el fruto del Espíritu.

Este fruto, es el fruto del Espíritu de Jesucristo, que se evidencia en los Sellados (Filipenses 2: 13):

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

23. mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

¿Cuál es entonces, la Verdad que los conspiradores de las tinieblas no quieren que el mundo conozca?

No quieren que el pueblo de Dios manifieste el fruto del Espíritu.

No quieren que el mundo conozca, que por el Poder de Jesucristo crucificado y resucitado, el pueblo de Dios es libre.

No quieren que los habitantes del mundo conozcan, que aunque les parece que viven en libertad, en realidad son esclavos.

A Satanás le conviene que los habitantes del mundo, sigan siendo sus esclavos.

Satanás con todo su ejército en la tierra, no quiere que se sepa lo que el mismo Señor Jesucristo dijo:

Juan 8:

34. Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

(R. V. 1960)

¿Quién es el que hace pecado?

Pues, el que practica las obras de la carne (Gálatas 5: 19 – 21).

¿Por qué quiere Satanás impedir que se sepa la Verdad, en cuanto a que las obras de la carne son pecado; y más bien las promociona como cosa buena que está siempre de moda? (Romanos 12: 2).

Porque los que practican las obras de la carne, son para Satanás, la carne que alimenta su cuerpo.

Entendamos entonces ahora, por qué en (Santiago 5: 3), el evangelio afirma que el moho devorará las carnes de los ricos de la tierra.

Las emociones que producen las modas y costumbres del sistema de vida mundial, tales como las ambiciones, la ira, el temor, la lascivia, las pasiones, la envidia, el rencor, el egoísmo, etc., son frutos carnales, alimento permanente del cuerpo de Satanás.

Todas estas emociones, son para Satanás, los deliciosos frutos de la carne que alimentan su cuerpo. De hecho, todos son frutos de muerte, que alimentan su cuerpo de muerte.

¿Cómo está conformado el cuerpo de Satanás?

Está conformado, por todos los que practican las obras de la carne, o sea, por los que practican el pecado.

¿Quiénes son?

Pues, sus hijos, que en primer término, son los ricos de la tierra, que a la cuenta no son muchos; pero sus esclavos, sí que son muchísimos.

¿Cómo se organiza la agenda conspirativa de Satanás para incentivar la producción de los frutos de la carne?

Como ya lo he dicho antes, los altos mandos de las empresas religiosas, como bien sabemos por la revelación del evangelio, fornican con los poderes laicos de la tierra (Apocalipsis 17: 1 – 2), llámense estos, económicos, políticos, científicos tecnológicos o educativos, haciendo con ellos, un solo cuerpo: El cuerpo de Satanás.

Desde la crucifixión y resurrección del Señor Jesucristo, Satanás está vencido y sin poder contra los elegidos del pueblo de Dios; pero para sostener a los suyos dentro de su cuerpo, permanece oculto y siempre activo, moviendo desde las sombras, estos poderes que le pertenecen, impulsando con las obras malignas de la conspiración, la producción de la carnalidad en las almas aún no convertidas.

Por eso, Satanás conspira, para que los esclavos no conozcan la Verdad, porque mientras más tiempo estén esclavos del pecado, más tiempo tiene alimento para sostener su cuerpo.

¿Qué promueven los poderes laicos?

Promueven lo que Satanás quiere: Las obras de la carne, su alimento.

Es así que, los poderes económico y político, promueven los grandes negocios, lícitos o ilícitos, la avaricia, el hurto, las diferencias de clases, las guerras, las ambiciones desmedidas, la falta de ética, los crímenes, las discordias, la corrupción a todo nivel y la degeneración del comportamiento humano, llamando bueno a lo que es malo y malo a lo que es bueno (Isaías 5: 20).

La ciencia y la tecnología, ponen a la disposición del mundo, herramientas que aparentan ser de progreso para el ser humano, pero que en realidad, son herramientas que sirven para adormecerlo mentalmente en el placer y la comodidad, manteniéndolo esclavo dentro de los sistemas de esclavitud, que sus genios estrategas inspirados por el mal, han diseñado.

Estos son los poderes que fabrican las armas, para exterminar seres humanos a pequeña y a gran escala. Estos mismos poderes son los que promueven las guerras para vender sus armas (Santiago 4: 1).

Estos poderes, son capaces de provocar terremotos, tsunamis y alteraciones del clima en todo el planeta.

Estos poderes, son los que ordenan a quienes legislan y gobiernan, aprobar ciertas leyes, que aparentan tener un espíritu promotor de la igualdad y la solidaridad, pero que según lo vamos observando en estos postreros días de la tierra, se complacen con la degeneración del ser humano.

Para los tenebrosos seres que hacen estas cosas, es, que el evangelio se pronuncia de esta manera:

Romanos 1:

28. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;

29. estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

30. murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,

31. necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;

32. quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

(R. V. 1960)

Estos son los poderes que fabrican la pornografía a gran escala, contaminando tempranamente la mente de los jóvenes, para luego ser ellos mismos, los que a través de sus mismas organizaciones de ayuda, proclamen las fórmulas de prevención del aborto, el VIH, embarazos tempranos, uso de anticonceptivos, paternidad responsable, etc.

Estos son los poderes que contaminan el planeta con experimentos nucleares, generando cáncer en la población, para luego, ser ellos mismos los que promulguen la lucha contra el cáncer. Para luego, ser ellos mismos los que fabrican los fármacos costosos para tratar las enfermedades que ellos causan y que por sus altos precios no resultan accesibles a un gran porcentaje de la población.

Estos son los poderes que crean las fundaciones de ayuda, para manipular con gestos de bondad a quienes ellos mismos han afectado de una u otra manera.

Los sistemas educativos, sobre todo si son religiosos, condicionan la mente del ser humano para actuar en función de los sistemas creados por los mismos poderes que con ellos fornican.

La finalidad de los sistemas educativos masificados, de fondo es, hacer que las grandes masas humanas sin sentido crítico, se adapten, concuerden, contribuyan y participen activamente desde su formación humanística, con el aparente progreso del mundo, que los mismos poderes de la tierra han diseñado.

Todo lo que vemos en este valle de sombra de muerte (Salmo 23: 4), que es el sistema mundial manejado por Satanás, es una farsa bien organizada.

En esta farsa, los grandes actores designados para actuar en la comedia de la tierra, lo que tienen que hacer, es seguir el libreto que se les ha ordenado, cumpliendo así, más bien, el rol de títeres que obligatoriamente deben mostrar sus caras, dando la apariencia de estar divididos; pero que de fondo, son parte del mismo juego de la conspiración. Hablo, de los grandes líderes mundiales, que se alinean en grupos, por ideologías e intereses comunes, para que puedan los grupos, disentir unos con otros.

Demócratas y republicanos; capitalistas y socialistas; católicos y protestantes; musulmanes y judíos; unos equipos deportivos contra otros; unas naciones contra otras; unas asociaciones contra otras; y así, todos, etiquetados con membresías de organizaciones, todos desde sus sedes y perspectivas, quieren y ofrecen lo mejor para el mundo, rechazando siempre, las propuestas de sus contrarios.

No importa que tan antagónicos parezcan los grupos o los individuos, siempre serán las dos caras de la misma moneda con respecto al punto de disensión. Todos aparentan rivalidad, pero por debajo, cumplen los mismos objetivos puestos en la agenda de quienes los gobiernan.

Lo importante en la agenda de la conspiración, es crear en todas las esferas del convivir humano, los bandos antagónicos, para luego de producido el caos causado por los desacuerdos, proponer la unidad que los maneje a todos, en una engañosa promesa de paz y seguridad.

Para colmo, en todo esto, la industria cinematográfica mundial, desde su misma sede que es sinagoga de Satanás, nos muestra a través de la pantalla, por medio de películas bien planeadas, toda la terrorífica agenda conspirativa de las tinieblas, sin que nadie se conmueva ni entienda, que todo lo que se está viendo como entretenimiento, es lo que ha sucedido, está sucediendo y sucederá en el mundo.

Delante de la pantalla, la gente está adormecida y entretenida, disfrutando de la creatividad satánica, acostumbrándose a ver cosas tan depravadas que ya nada les parece malo. Más bien, todo pareciera ser normalmente cotidiano.

En la pantalla vemos todas las confabulaciones que ocurren y que se traman en las grandes organizaciones de seguridad mundial, en las organizaciones de derechos humanos, en los gobiernos, en las industrias, en las organizaciones religiosas, etc.

Se muestra abiertamente en la cara de la humanidad, lo más ruin y detestable del poder de la maldad; y todo el mundo sigue enfrascado en sus deleites temporales, sin caer en cuenta, que sobre sus cabezas se cierne una inevitable destrucción, que hasta la saciedad, en una agenda bien programada, va siendo cotidianamente anunciada por sus mismos mentalizadores.

Satanás se ríe desde las tinieblas, porque sus peones, los líderes mundiales, cumplen con el cometido encargado y los esclavos participan voluntariamente en su propia catástrofe, sin apercibirse de nada.

Así dice el evangelio:

2 Tesalonicenses 2:

8. Y entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;

9. inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

(R. V. 1960)

¿Quién dijo que el hombre puede liberarse a sí mismo?

Quizás los religiosos, los psicólogos, los sociólogos, o los políticos.

Pero esta es una gran mentira. Nadie puede liberarse a sí mismo. Tampoco, nadie puede liberar a nadie, porque todos están atrapados en la misma red de esclavitud.

Los esclavos son ciegos. Cuando un ciego guía a otro ciego, los dos caen a hoyo (Mateo 15: 14).

Ni la educación puede hacerlo, porque los sistemas educativos siguen los patrones acordados internacionalmente, por las organizaciones especializadas en editar los modelos educativos y controlar que todos los gobiernos los apliquen, para otorgarles una calificación, dentro de la escala del desarrollo.

Estas organizaciones, son parte medular de las maquinaciones de Satanás, que incansablemente trabajan en la estructuración del entramado de la conspiración global de la mentira.

¿Quién entonces puede liberar al hombre de su esclavitud, estando inmerso en este entramado global?

¿Quién puede mostrarle con claridad, que su naturaleza es divina, porque fue hecho a imagen y semejanza de Dios?

¿Quién puede enseñarle al hombre, que hay un Reino celestial, en el que le aguardan una corona y todas las Promesas de Dios preparadas para él?

Sólo el Señor Jesucristo puede liberar al hombre, que está esclavo del pecado.

Sólo podemos darnos cuenta, de que somos reyes y sacerdotes del Trono de Dios, si tenemos el Sello del Espíritu Santo, y nacemos de nuevo en el Espíritu.

Sólo podemos darnos cuenta de este juego conspirativo de engaño y maldad que hay en la tierra, si con el nuevo nacimiento en el Espíritu, somos confirmados en el Sello del Espíritu Santo.

A causa de esto, nos exhorta el evangelio de la siguiente manera:

Colosenses 2:

8. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

(R. V. 1960)

Así mismo, la Palabra del evangelio nos deja claro lo siguiente:

Santiago 4:

4. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

(R. V. 1960)

Como vemos, los frutos que promueven los poderes de la tierra, son los frutos de la carne.

Dejemos claro entonces, que toda la maldad que ocurre en la tierra, administrada por los grandes poderes del mundo, trasvasa las fronteras de la dimensión material de este planeta.

Los ricos del mundo, que hacen lo quieren con el mundo, en realidad, son la cúpula de la pirámide de la maldad. Esta cúpula, que según el evangelio, son varios reinos de la tierra, está empoderada por Satanás, quien habita en las tenebrosas esferas de lo invisible (Apocalipsis 13: 1 – 18).

Satanás, es quien está detrás de los poderes de la tierra; y su espíritu es el enemigo de la Verdad, o sea, del Señor Jesucristo; por tanto, desde las tinieblas, él gerencia todo tipo de engaño, para promover los frutos de la carne en todos cuantos pueda, porque de esta manera, quienes tales obras practican, son carne de la cual se alimenta y de la cual se nutre su siniestro cuerpo espiritual.

Por eso, a Satanás no le conviene que nadie sepa la Verdad.

Satanás no se conforma con devorarse las carnes de los poderosos de la tierra, sino que quiere seguir nutriéndose de la multitud de esclavos que tiene atrapados en sus redes; y ¡vaya que son muchos!

Satanás y su inmensísimo y terrorífico ejército de demonios, potestades y gobernadores de las tinieblas (Efesios 6: 1), se alimentan así, del alma de quienes practican las obras de la carne.

Por eso, David, dice esto:

Salmo 27:

2. Cuando se juntaron contra mí

los malignos, mis angustiadores y

mis enemigos,

para comer mis carnes, ellos

tropezaron y cayeron

(R. V. 1960)

Satanás y sus huestes de maldad, tropiezan con quienes han sido libertados por el Espíritu de Cristo, pues ya no pueden devorar sus carnes. Luego de la liberación, el fruto es del Espíritu.

A Satanás no le conviene que se sepa esto que dice el evangelio:

1 Corintios 6:

9. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10. ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

(R. V. 1960)

Todos los que actúan de acuerdo a lo descrito en el texto que antecede, son la carne de la que se alimenta Satanás.

Sus esclavos son su alimento.

Nadie que se precie de ser santo; es decir, que está sellado por el Espíritu Santo, puede desear ser o volver a ser alimento del abominable espíritu que esclaviza al mundo y se lo devora.

Nadie que se precie de ser santo, puede permitirse en lo más mínimo, producir algún fruto de la carne. No puede, porque el Santo, habita en su corazón redimido de la iniquidad. Su cuerpo es templo del Espíritu Santo. En él, sólo se da el fruto del Espíritu.

El fruto del Espíritu, es escudo contra el devorador.

¿Y cómo participa el poder religioso en esta orquestada conspiración de las tinieblas, para que Satanás se devore la carne de los esclavos?

El poder religioso, es engendrado en los gobiernos y poderes laicos de la tierra, los cuales le han adjudicado el emblema de “referente moral” del comportamiento de los seres humanos.

Lo que diga el poder religioso que está bien, pues debe asumirse que está bien; y lo que diga que está mal, pues deberá acatarse como malo.

Por eso las Escrituras advierten:

Isaías 5:

20. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

(R. V. 1960)

De esta forma, el “referente moral” de la humanidad se da la mano con los gobernantes de las naciones, es más, a todos los quiere unir en un mismo pensamiento ideológico enfocado en un nuevo ordenamiento mundial.

En este nuevo ordenamiento mundial, ya todos se han puesto de acuerdo. Sólo hay que seguir presenciado, la dinámica de sus decisiones y cotejándolo con lo que nos dice la Palabra de Dios.

Los hijos de Dios, tenemos la Biblia que es nuestra guía profética segura (2 Pedro 1: 19), para saber qué tan cerca estamos del desenlace de todo lo que Dios nos ha anunciado, por los profetas y por el Señor Jesucristo.

Los gobernantes de las naciones, cuentan con la anuencia de la figura que es el “referente moral” de la humanidad. A esta figura, la vemos dando discursos morales por todas las naciones, sin mencionar un solo versículo del evangelio, pero eso sí, hablando de sus propias propuestas ecuménicas, que concuerdan exactamente con la agenda de este nuevo ordenamiento mundial, que van sutilmente tejiendo los poderosos conspiradores de la tierra.

Dentro de esta bien orquestada conspiración, la obra maestra de la religión es, utilizar el nombre de Jesucristo para matizar engañosamente, la peor de las blasfemias (Tito 1: 16) con la que se mancilla el nombre de Dios:

Esta obra maestra de la religión, es la idolatría, la cual es la más asquerosa de todas las blasfemias contra el Espíritu Santo; y a la vez, es la carne que más le gusta, le nutre y le da fuerza al cuerpo de Satanás.

Con la idolatría, los religiosos generan alrededor del Nombre de Señor Jesús, una serie de nombres deificados por ellos, con los cuales se afrenta al Dios Verdadero (1 Juan 5: 20).

Así se puede ver, que casi pasa a un segundo o tercer plano, la Majestad de Dios, cuando el “referente moral” de la tierra, consiente que se alabe, clame o agradezca a ciertas figuras de personajes ya muertos, pero que en sus vidas terrenales, tuvieron un rol representativo dentro de las filas religiosas.

La idolatría, es un recurso estratégico, dentro de la agenda conspirativa satánica, porque ella hace desviar la vista del verdadero evangelio, hacia una fe carnal depositada en la figura de un hombre que pretende convertirse en un dios sobre la tierra.

Sucede entonces, que los idólatras y todos los demás descritos en (1 Corintios 6: 9 – 10), si no están en la Promesa de Dios, para ser liberados por el Señor Jesucristo, de hecho están ya consumidos por el Fuego Eterno.

Por tal razón, las Escrituras se pronuncian de esta manera:

Proverbios 9:

10. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,

Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.

(R. V. 1960)

Quien conoce al Santísimo, a causa del Sello del Espíritu Santo, no puede caer en idolatría después de haberlo conocido. Quien no lo conoce seguirá bajo el influjo del poder religioso, al cual, ya sabemos quién lo maneja, hasta que Dios, se apiade y le libere por medio su Hijo.

Job 28:

28. Y dijo al hombre:

He aquí que el temor del Señor es la sabiduría,

Y el apartarse de mal, la inteligencia.

(R. V. 1960)

Todo el que ha sido libertado con la Verdad, ha recibido la Sabiduría. Esta es la Inteligencia, que a todo convertido lo hace apartarse de toda obra de la carne, pero sobre todo de la inmunda idolatría, cuyos practicantes demuestran no tener Espíritu de Temor de Dios.

Por cierto, muchos fuimos eso, pero por la Gracia de Dios y su Misericordia que es para siempre (Salmo 100: 5), fuimos lavados y santificados. Así lo dice el evangelio, y de ello, ahora damos Testimonio:

1 Corintios 6:

11. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(R. V. 1960)

Para finalizar esta entrega, debo recordar al entendido, que las prédicas leudadas con vana palabrería, que muchos de los predicadores de estos tiempos postreros presentan por los medios televisivos, son producto del total desconocimiento del Sello del Espíritu Santo, ante lo cual, conviene que siempre tengamos presente los siguientes puntos:

Que la parte medular de la enseñanza del evangelio, es llevar al inconverso, a lo que Juan el Bautista predicaba diciendo: “Haced, pues, frutos dignos de Arrepentimiento” (Mateo 3: 8). Sin duda, estaba hablando del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23), que es la Santidad, y no la prosperidad, ni los pactos con dinero, como obsesivamente y con total desvergüenza y desobediencia, promulgan estos activos miembros del sistema conspirador de las tinieblas.

Que sin Santidad, nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14). ¿Por qué? Porque sin Santidad, o sea, sin Cristo, los frutos que se dan son carnales. El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza tal Santidad requerida, productora del fruto del Espíritu. Esta es la finalidad del Sello: Convertirnos en santos. Para esta finalidad trabaja la Palabra, la cual, no regresa al Padre, vacía (Isaías 55: 11), sino llevando a los santos, de regreso al Reino del Padre.

Que en los tiempos del fin, se verá que ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán (Daniel 12: 10).

Que en los tiempos finales, el que es inmundo será más inmundo; y el que es santo, seguirá santificándose más (Apocalipsis 22: 11).

Que nos examinemos a nosotros mismos para tener la certeza de que estamos aprobados por Dios, con el Sello del Espíritu Santo (2 Corintios 13: 5).

Que probemos a los espíritus, sabiendo que el que es de Dios nos oye; pero el que no es de Dios, no nos oye (Juan 8: 47; 1 Juan 4: 6).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 50

49. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 48: Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5: 25)

En la entrega anterior, concluimos con la descripción del séptimo momento del Sellado del Espíritu Santo; es decir, con el momento correspondiente al Sello de la Obediencia.

Es importante, que ahora el lector recuerde los siete momentos del proceso completo del sellado.

Antes de hacer este recordatorio, debo una vez más aclarar, que la forma en que he venido describiendo este proceso a lo largo de las entregas presentadas en este blog, me ha sido dirigida por el Espíritu Santo para el cumplimiento de este cometido, de llegar a comprender el Sello como un todo completo.

Esta aclaración, es la misma que he venido haciendo reiteradamente, insistiendo siempre en un aspecto de suma importancia, este es, que el Sello del Espíritu Santo, obedece a un solo hecho, que es totalmente espiritual y ejecutado de una sola vez, en la misma Eternidad.

La descripción de la aplicación del Sello, la hemos venido presentando por partes, siguiendo una secuencia de momentos correspondientes a un proceso.

Sin embargo, la finalidad de este estudio, no es promover que el lector se quede viendo las partes del proceso en forma separada, sino que visualice a todas estas partes, integradas como un todo.

Insisto entonces, en tener presente que este Sello con todas sus partes a las que hemos analizado por separado, es grabado en la Eternidad, como un todo, de una sola vez y para siempre sobre el corazón de los habitantes del pueblo de Dios. Este hecho ocurre en los lugares celestiales eternos, donde habitan el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo.

Para dejar sentada firmemente la revelación acerca de este Sello, como un hecho espiritual y eterno, invito al lector, a que establezca el nexo que existe entre los siguientes dos versículos que expongo a continuación:

Isaías 57:

15. Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

Según nos declara el versículo anterior, Dios habita en la Eternidad.

También dice el versículo, que Dios habita en el hombre quebrantado y humilde de espíritu.

Correlaciónese la declaración de este versículo, con lo que dice:

Eclesiastés 3:

11. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

(R. V. 1960)

Estableciendo la correlación de los dos versículos anteriores, que obedecen a la misma Palabra de Dios, complementándose el uno con el otro, nos revelan que la Eternidad, que es el mismo Cristo, está puesto por Dios, en el corazón de cada uno de sus hijos (Gálatas 4: 6).

Esta Eternidad que es la dimensión espiritual en la que Dios habita, es el Sello del Espíritu Santo, grabado en el corazón del hijo de Dios.

Cuando dice Dios, que Él habita en la Eternidad, está diciendo que Él habita en Cristo.

Cuando dice el evangelio, que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo al corazón de sus elegidos, nos está revelando que nos ha puesto en el corazón la Vida Eterna.

Este Sello pues, siendo la Vida Eterna, es entonces, la misma Eternidad. Dicho de otra manera, es el mismo Cristo.

Este Sello eterno, es la parte medular del Pacto de la Gracia.

El Pacto de la Gracia es entonces, un hecho que acontece en la Eternidad.

En la misma Eternidad, es cuando Dios todo lo hace nuevo. Por eso, el Pacto de la Gracia, que es Pacto Eterno, es a su vez, el Nuevo Pacto (1 Corintios 11: 25).

Este es el Pacto, que hace del elegido de Dios, un nuevo hombre…Una nueva criatura.

2 Corintios 5:

17. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.

(R. V. 1960)

Este es el Sello del Nuevo Pacto: Cristo Jesús.

Este es el Sello grabado en el corazón de los elegidos, con la tinta del Escribano (Ezequiel 9: 2), que es la sangre del Cordero de Dios (Mateo 26: 28; Marcos 14: 24; Lucas 22: 20).

Este es el Sello eterno con el que estamos sellados los hijos de Dios.

El Señor Jesucristo, es el Sello espiritual eterno, con el que estamos sellados y por el cual tenemos Vida Eterna.

Juan 3:

36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

(R. V. 1960)

Juan 11:

25. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.

26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

(R. V. 1960)

Juan 17:

3. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

(R. V. 1960)

1 Juan 5:

12. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(R. V. 1960)

Como podemos ver, este Sello no es un hecho que se suscita en la dimensión del tiempo terrenal presente, pues bien claro lo expresa el evangelio, que es el misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25), pero que se ha dado a conocer ahora, para que obedezcamos a la Fe (Romanos 16: 26).

En el Séptimo día, el cual es la Eternidad misma, o sea, Cristo, Dios reposó de toda la obra que hizo, habiendo primero bendecido y santificado este día (Génesis 2: 3).

Entendemos, que Dios reposó en este día, que es Día de Reposo Dicho de otra forma, este Día, es el mismo Cristo.

Luego de haberlo bendecido y santificado al Séptimo Día, reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Dios reposó, luego de haber hecho todo en Cristo.

En Cristo, todo lo hizo nuevo.

Dios entra en su Reposo, que es Cristo, dejando sellado a su pueblo, con el Espíritu de su Hijo, engendrando para su Reino eterno, multitud de hombres nuevos, coherederos de la Vida Eterna, juntos con su Hijo (Romanos 8: 17).

En este peregrinaje terrenal, por la revelación del evangelio, ahora se nos ha dado a conocer a los hijos de Dios este hecho que es espiritual y eterno.

Debido a esta revelación, es que llegamos a conocer quiénes somos.

¿Quiénes somos?

Somos hijos de Dios.

La revelación del evangelio, nos da conocer que estamos sellados eternamente con el Sello del Espíritu Santo.

La revelación del evangelio, nos da a conocer, que este Sello lo tenemos impreso en nuestros corazones desde la misma Eternidad y desde los mismos lugares celestiales.

La revelación del evangelio, nos da a conocer, que este Sello, tanto en la tierra, como en el cielo, es el Testimonio de nuestra herencia eterna, como hijos de Dios.

Así lo revela el evangelio:

1 Juan 5:

7. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: El Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

(R. V. 1960)

Mateo 6:

10. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

(R. V. 1960)

El proceso del sellado, así como me ha sido revelado, convenía para el amado lector y estudioso de la Palabra, el ser descrito mediante la estructura pedagógica desarrollada en este estudio, la cual ha sido expuesta mediante entregas secuenciales y ordenadas, para su fácil comprensión.

Claro está, que la comprensión de este proceso, lo hace fácil el Espíritu Santo, y sólo le está dada, a quien es poseedor de su Sello.

Claro está también, que quien no tiene el Sello del Espíritu Santo, ni de lejos estará podrá mirar este estudio.

Recordemos entonces, los siete momentos del proceso del sellado del Espíritu Santo:

1. Quebrantamiento

2. Arrepentimiento

3. Entendimiento

4. Conocimiento

5. Fe

6. Purificación

7. Obediencia

Ponga el lector, atención a los siguientes dos versículos:

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R. V. 1960)

Juan 6:

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R. V. 1960)

En estos dos versículos anteriores, el evangelio nos está comunicando, que sólo puede acercarse a Cristo, aquel que ha recibido el Sello del Espíritu Santo.

Según esta revelación, las condiciones para que se de este acercamiento son:

Sólo “Si el Padre le trajere”

Sólo “Si le fuere dado del Padre”

Con estas dos condiciones, está claro, que hay quienes de ninguna manera podrán acercarse al Señor Jesucristo. De hecho, estos que nunca se acercarán al Señor, ni siquiera están interesados en hacerlo.

Quien se acerca al Señor Jesucristo, para poder llegar a Dios, es todo aquel, que previamente “le ha sido dado del Padre.”

¿Le ha sido dado, qué cosa?

¡Pues, el Sello del Espíritu Santo! (Juan 14: 17 – 20).

Tal Sello, que es el mismo Espíritu de Dios grabado en el corazón de todo elegido, es la Persona llamada Espíritu Santo, la cual se encarga de acercarnos al Señor Jesucristo, para que lo conozcamos en su total Majestad (1 Juan 5: 20) y le demos a Él y sólo a Él, la preeminencia en todo (Colosenses 1: 18).

Comprenderá entonces el amado lector, que quienes influenciados por doctrinas apóstatas, alaban, rezan y piden milagros a otras personas que no son el Señor Jesucristo, están deshonrando al Señor Jesucristo, quien es el Único intermediario entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2: 5), por tanto, están deshonrado a Dios.

Vea lo que dice el evangelio del Señor Jesucristo:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Juan 5:

23. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

(R. V. 1960)

Todos aquellos, que por sus creencias religiosas idólatras han deificado ídolos, y depositado su fe en estas falsas deidades, aunque crean que están honrando a Dios, lo están deshonrando, porque están deshonrando al Señor Jesucristo.

Como hemos dicho antes, el Sello del Espíritu Santo, es la persona que nos conduce a conocer a fondo toda la Majestad del Señor Jesucristo y desechar todo rastro de idolatría.

¿Será entonces, que alguien que adora, venera o clama a otras deidades imaginarias, que no son el Verdadero Dios, están selladas por el Espíritu Santo?

Esta pregunta, debería de hacer estremecer al lector que está en la promesa de Dios pero que aún sigue militando en el ejército apóstata de la inmunda Babilonia espiritual (Apocalipsis 18: 2 – 5).

Dice el evangelio, que debemos ocuparnos en nuestra Salvación con temor y temblor (Filipenses 2: 12).

Esta advertencia del evangelio cobra relevancia, cuando reflexionamos también a la voz del evangelio, que nos hace entender que quienes no están sellados por el Espíritu Santo, son quienes nunca fueron inscritos en el Libro de la Vida, y que se manifiestan en este ciclo terrenal presente, por el fruto de la carne, que se expresa en gran medida mediante la idolatría (Gálatas 5: 19 – 21).

Apocalipsis 20:

15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

(R. V. 1960)

Según el versículo anterior, esta desgracia, es la única condición en la que permanecen quienes deshonran al Señor Jesucristo.

Por eso es, que Dios llama a los que son su pueblo y los exhorta a salir de la Babilonia espiritual:

Apocalipsis 18:

4. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;

(R. V. 1960)

Claro está, que nadie puede salir de la Gran Babilonia, para dejar sus idolatrías y honrar al Señor Jesucristo, si no ha sido sellado, o sea, que no ha sido inscrito en el Libro de la Vida.

El amado lector, ya conoce con detalle, a través de las múltiples revelaciones que nos ha dado el mismo Espíritu Santo a través de este estudio, los también múltiples aspectos que conciernen a este Sello.

Todo entendido sabe, que el Sello del Espíritu Santo, es la marca que posee en el espíritu, cada uno de los individuos pertenecientes al pueblo de Dios.

De tal forma que, nadie que carezca del Sello del Espíritu Santo puede “ser traído por el Padre”; y nadie a quien el Padre no le “hubiere dado el Sello” puede acercarse al Señor Jesucristo.

Los que falsamente se a acercan al Señor Jesucristo, son reconocidos porque su aparente fe, está sazonada con idolatría y comportamientos carnales.

Por eso el evangelio nos exhorta a que no creamos a todo espíritu, sino que probemos los espíritus si son de Dios (1 Juan 4: 1).

Para quienes tenemos el Sello y en consecuencia actuamos como embajadores de Cristo (2 Corintios 5: 20) predicando la verdad del evangelio, la Palabra nos brinda una señal evidente, acerca de la condición espiritual de aquellos a quienes nos dirigimos:

1 Juan 4:

6. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

(R. V. 1960)

Ninguno que no tenga el Sello, puede agradar a Dios.

Recordemos que el Señor Jesucristo también expresó lo siguiente:

Juan 15:

16. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre él lo dé.

(R. V. 1960)

Con este versículo entendemos, que quienes han sido escogidos para dar fruto, son aquellos que han recibido el Sello del Espíritu Santo. Por tal motivo, todo aquel que tenga el Sello, es quien manifestará el fruto del Espíritu.

Gálatas 5:

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(R. V. 1960)

Gálatas 5:

26. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

(R. V. 1960)

Todo el que anda por el Espíritu, es aquel que está sellado de Dios.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 49

48. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 47: La ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia (Colosenses 3: 6)

Amados del Señor, continuemos con el análisis del Sello de la Obediencia.

No pierdan el enfoque espiritual de este Sello, en el sentido de que no hay Obediencia, si no hay Libertad.

Nadie obedece al evangelio, si no es libre.

Sólo somos libres, en razón de haber sido liberados espiritualmente por el Señor Jesucristo.

Puesto que el Señor Jesucristo mismo, es el Espíritu de Libertad y el Espíritu de Obediencia, al tener morando su Espíritu en nuestro ser, inequívocamente, el Señor Jesucristo es quien da Testimonio de Obediencia en nuestras obras como seres regenerados (Filipenses 2: 13).

Antes de continuar, insisto también, en que no perdamos de vista, estos nombres del Señor Jesucristo:

Él es la Obediencia

Él es la Libertad

Él es el Testimonio

Teniendo claro estos conceptos, prosigamos el análisis del Sello de la Obediencia, revisando primero algunos pasajes del Antiguo Testamento:

Éxodo 24:

3. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho.

(R. V. 1960)

En este versículo, hay una intención de obedecer a Jehová, por parte del pueblo conducido por Moisés.

Éxodo 24:

7. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos.

(R. V. 1960)

En este versículo, se ratifica por parte del pueblo, la intención de obedecer a Jehová.

Aquí debemos recodar, que sólo los oídos que están circuncidados, son los que oyen la Voz de Dios y obedecen.

¿Habrán tenido el oído circuncidado, cada uno de los hombres y mujeres que eran conducidos por Moisés en el desierto?

Sigamos escudriñando para ir encontrando la respuesta:

Éxodo 24:

12. Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré las tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.

(R. V. 1960)

Éxodo 24:

18. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

(R. V. 1960)

Luego de haber analizado los versículos anteriores, en los cuales, vemos que el pueblo ofrece cumplir las ordenanzas de Jehová, recuerde ahora el estudioso de la Palabra, lo que dice el Libro de Eclesiastés:

Eclesiastés 5:

4. Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

5. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

6. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

(R. V. 1960)

¿Qué tiene que ver lo que aquí declara Eclesiastés, con lo que se expresa en el contenido de las declaraciones del pueblo, expuestas en los versículos de (Éxodo 24)?

Tiene mucho que ver, pues los hijos de Dios, no necesitamos prometer nada a Dios, porque las promesas las hace Él a los suyos, por cuánto, es Dios quien tiene la Soberanía y el Poder de hacer promesas y cumplirlas. De hecho, sus promesas son la esencia de su Pacto Eterno.

Quien está en la Promesa de Dios, que es Cristo, no tiene que prometer nada a Dios, sino al contrario, es Cristo mismo obrando en nuestra nueva naturaleza, el que da cumplimiento en nosotros, de todas las promesas llenas de bendición, que para sus hijos, son hechas por Dios, desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4).

Quien hace promesas a Dios, lo hace en su naturaleza carnal, que es desobediente y que con seguridad no las cumplirá.

Con los pasajes expuestos, entendemos mejor ahora, que la Obediencia, según lo expresamos en la entrega anterior, no se trata del acto de acatar lo que prometemos acatar, o lo que se nos obliga a acatar.

La Obediencia, consiste en actuar libremente, como una respuesta natural del espíritu, a la naturaleza de la que formamos parte y en la que hemos sido engendrados con todas las promesas de bendición.

Quienes dijeron a Moisés que sí cumplirían con las ordenanzas de Jehová, dieron luego testimonio de su espíritu de esclavitud, que se manifestó con su desobediencia.
Esto es, porque la mayoría de ellos, no tenían el oído circuncidado.
Saquen ahora sus propias conclusiones, examinando los siguientes textos:

Éxodo 31:

18. Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

(R. V. 1960)

Éxodo 32:

1. Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(R. V. 1960)

Éxodo 32:

7. Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido.

8. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerrero de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

(R. V. 1960)

Observen amados entendidos, cómo tan pronto se olvidó el pueblo, de la promesa que hizo, de hacer todo cuanto Jehová pidiera. Es más, desconocieron a Jehová, como el gestor de su salida del cautiverio de Egipto y se la adjudicaron a sus dioses de fundición.

Se olvidaron pronto de las maravillas que Jehová hizo con ellos para salvarlos de la muerte, en manos del ejército de Faraón.

En la mayoría de ellos no había Espíritu de Obediencia.

Eran de corazón y oídos incircuncisos (Hechos 7: 51).

Vean a continuación, lo que les ocurre a muchos de ellos, a causa de su desobediencia:

Éxodo 32:

26. Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.

27. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.

28. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

(R. V. 1960)

En esta ocasión, una vez más, nos presentan las Escrituras, el panorama de la idolatría, que es rebelión contra Dios; y esta rebelión es espíritu de desobediencia. Es espíritu contrario al Espíritu de Dios.

El espíritu de desobediencia está reñido con Dios.

El espíritu de desobediencia es el espíritu de Satanás.

Para los desobedientes, a quienes califica el evangelio, que para eso fueron destinados (1 Pedro 2: 8), está de hecho, destinada la Ira de Dios.

Al respecto de esto, el profeta menciona los siguiente:

Isaías 63:

10. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar a su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.

(R. V. 1960)

La mayoría de ellos, obedecía en sus acciones, el mandato de la naturaleza carnal de esclavitud a la que pertenecían; mas no, a la naturaleza del Espíritu de Jehová, porque no estaban engendrados en Él.

La Obediencia, es el Espíritu de Jesucristo, en el cual estamos engendrados, quienes hemos creído en Él.

Volvemos en este punto a insistir, en algo que molesta a muchos teólogos y religiosos, que no logran encajar la difícil comprensión del misterio de la elección que Dios hizo de su pueblo, revelado a través de todas las Escrituras, con sus conceptos que inducen a creer que la salvación es por obras.

Así habla el Espíritu:

Salmo 33:

12. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová,
El pueblo que él escogió como heredad para sí.
(R. V. 1960)

¿A qué nación se refiere este texto?

¿Al Israel terrenal?

¡¡No!!

El Israel que Jehová escogió, es lo que el evangelio llama “Israel de Dios” (Gálatas 6: 16), nación celestial, escogida desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4).

Este es el pueblo que obedece a su Dios, porque es engendrado en su naturaleza.

No hay pueblo terrenal y carnal que pueda obedecer al Espíritu, si no es liberado de la esclavitud de la carne y del pecado por el Señor Jesucristo.

Todo el que es liberado por el Señor Jesucristo, da Testimonio de Obediencia.

Nuevamente aquí, recalcamos, que Libertad y Obediencia son la misma esencia del Espíritu de Dios.

Aclaremos un poco más:

Dice así el evangelio:

Juan 1:

12. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

13. los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

(R. V. 1960)

Este texto importantísimo nos revela, que no son quienes hacen la obra de creer, a quienes Dios hizo hijos suyos, sino que por la Gracia de su elección, son aquellos que Dios engendró en su Voluntad como hijos suyos, los que creen; y que por cierto, obedecen al llamado de la naturaleza espiritual Divina, en la fueron engendrados.

He presentado algunos pasajes de Éxodo, para que el estudioso de la Palabra, medite en este simbolismo de la desobediencia, plasmado históricamente en la realidad que nos narra el Antiguo Testamento.

Relacione entonces el lector, lo que dicen estos textos, con lo que declara el Nuevo Testamento, como un claro mensaje para las postreras generaciones obedientes:

Colosenses 3:

5. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia que es idolatría;

6. cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

(R. V. 1960)

Como puede ver el lector, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, declaran que la Ira de Dios está determinada sobre los hijos de desobediencia, teniendo en cuenta, que estos últimos, estuvieron desde siempre, destinados a ser desobedientes (1 Pedro 2: 8).

Por eso, el evangelio solicita en amonestación a los hijos obedientes, a predicar la Palabra con mansedumbre (2 Timoteo 2: 25) y sin levadura que leude la masa del pan de la Palabra (Gálatas 5. 9).

Esto es, porque Dios sabe y sus hijos sabemos, que sólo quien fue engendrado de Dios, cree en la Palabra y dobla sus rodillas ante el Señor Jesucristo (Filipenses 2: 10).

Los predicadores deben entender, que no se requiere de mucha palabrería para convencer al pueblo Dios, porque habiendo sido engendrados de Dios, su naturaleza es obediente.

Quienes forman parte del pueblo escogido de Dios, despiertan (Efesios 5: 14) con la Palabra de Verdad, dicha con sencillez y humildad; y cuando despiertan, viven en Luz (Efesios 5: 8 – 9), dando Testimonio de quien los sacó de las tinieblas a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

Esto es obra de Dios y no de los hombres.

Los que son de naturaleza desobediente, no tienen el oído circuncidado, por lo cual, la Palabra de Verdad les molesta o les aburre, porque no pueden oírla y menos obedecerla.

Los que son de naturaleza desobediente, tanto predicadores como oyentes, no soportan la sana doctrina (2 Timoteo 4: 3); pero disfrutan de las prédicas leudadas con frases de motivación, que los encaja funcionalmente en las corrientes del mundo, puesto que sus oídos incircuncisos disfrutan al ser endulzados con palabras vanas y eficaces para su naturaleza carnal no regenerada (Jeremías 23: 25 – 26).

Volviendo a los textos de Éxodo, consideremos ahora, que luego de que cayeron los aproximadamente tres mil, a causa de la Ira de Jehová, Moisés pide a Jehová, perdón por el pueblo:

Éxodo 32:

31. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

32. que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

(R. V. 1960)

En el texto anterior, Moisés, está ofreciendo su propia vida como sacrificio por el perdón del pueblo.

Este pedido de Moisés, muestra una gran revelación:

Que sólo la muerte y la sangre de Jesús, puede salvarnos del pecado, razón por la cual, Jehová no acepta el quitarle la vida a Moisés; y más bien le responde de la siguiente manera:

Éxodo 32:

33. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.

(R. V. 1960)

Ratificamos aquí, que los hijos de desobediencia nunca estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, desde antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 17: 8).

Mas, en la respuesta que da Jehová a Moisés, lo que está específicamente diciendo es precisamente, lo que al respecto nos revela el Nuevo Testamento en:

1 Corintios 11:

29. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

30. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

31. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;

32. mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

(R. V. 1960)

Lo que nos revelan las Escrituras, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento es, que a quienes están elegidos para ser sellados con el Sello de la Obediencia, no se les permite ninguna desobediencia, porque esta, por mínima que fuere, no es compatible con el Cuerpo de Cristo.

Es así que, Dios nos hace ver en las Escrituras, que aunque todos en algún momento debemos abandonar el cuerpo físico, su mano es implacable aún con sus hijos, puesto que a algunos tiene que juzgar y castigar en la carne, enfermándoles o quitándoles la vida, para que en sus planes de Salvación que tiene para con ellos, no sean condenados con los del mundo, que son una gran mayoría, los cuales, por su naturaleza desobediente, son llamados hijos de desobediencia (Efesios 2: 2; Colosenses 3: 6).

De hecho, esta fue la sentencia de muerte, que Dios hizo a los padres de la humanidad (Génesis 3: 17 – 22).

Para finalizar esta entrega, les expongo lo que declara el evangelio, para que lo recuerden siempre los espíritus obedientes y lo practiquen:

1 Juan 2:

1. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo.

2. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

3. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.

(R. V. 1960)

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 48

47. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 46: Dios ha dado su Espíritu a los que le obedecen (Hechos 5: 32)

Para que el estudioso de la Palabra, pueda llegar a una óptima concepción del significado espiritual del Sello de la Obediencia, objetivo de la presente entrega, sugiero revisar la entrega 22 en su totalidad, aunque a continuación, voy a exponer algunos conceptos que quedaron expuestos en dicha entrega:

En esta ocasión, replanteo la pregunta:

¿Qué es obedecer?

El lector puede revisar en el diccionario de la Real Academia de la lengua española, los diversos significados que tiene este verbo.

Hay un significado con el cual debemos partir, el cual, no permite que el entendido caiga en religiosidad, creyendo que el evangelio nos pide que hagamos la obra de obedecer, pues bien sabemos por todo lo que hemos conocido hasta el momento, que para obedecer a la voz de Dios, el oído espiritual, debe haber sido previamente, circuncidado por Él.

Así dice el Señor Jesús:

Juan 10:

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(R. V. 1960)

Así dice la Palabra:
Hechos 7:

51. ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

(R. V. 1960)

Veamos entonces cuál es este significado del que debemos partir, al analizar el verbo obedecer:

Obedecer, es una acción que manifiesta, que una cosa tiene origen en otra.

Aquí expongo algunos ejemplos:

El cansancio obedece a la falta de sueño

El sobrepeso obedece a la falta de ejercicios”

El corazón late, porque obedece a los impulsos eléctricos procedentes del sistema nervioso.

En el siguiente enlace de “LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA”, el lector puede más ampliamente revisar los significados del verbo obedecer:

http://lema.rae.es/drae/?val=OBEDECER

Si alguien está sellado por el Santo Espíritu de Dios, su nueva naturaleza es la misma naturaleza de Cristo, originada en la fe de Abraham, o sea, en el mismo espíritu de Abraham, el cual, procede del Espíritu de Dios.

De esta forma, todo aquel que esta sellado por el Espíritu Santo, depende estrictamente de la naturaleza Divina y Santa, que es la naturaleza de Cristo.

El Señor Jesús, ya lo dijo en el evangelio:

Juan 15:

5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

(R. V. 1960)

Escudriñemos esto que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

De acuerdo a esta clarísima declaración del evangelio, no es posible concebir a un sellado por el Espíritu Santo, actuando independientemente y por su propia voluntad. Son sus actos, procedentes de la naturaleza a la que pertenece. Su fruto, es fruto del Árbol de la Vida.

Por eso, considero que es diabólica, la doctrina de libre albedrío, porque no es posible concebir la Obediencia a Dios, desligados de la naturaleza de Dios.

O somos esclavos de Cristo, que es la sublime expresión de la Obediencia a Dios, quien hace que obremos conforme a su Voluntad, o somos esclavos de Satanás, que es la máxima expresión de la blasfemia contra el Espíritu Santo, quien induce a obrar el mal.

¿Quién puede tener libre albedrío?

¿Por qué los religiosos confunden con sus doctrinas, hablando del libre albedrío, cuando a la par predican de la esclavitud con la que Satanás somete al mundo?

Si hubiera libre albedrío, no hubiera habido necesidad de que el Señor Jesús viniera a liberar a su pueblo de la esclavitud (Mateo 1: 21; Gálatas 5: 1).

¿Para qué liberar a los que tienen libre albedrío?

No se puede concebir a alguien liberado por Cristo, actuando en libre albedrío.

Siendo liberados por Cristo y comprados a precio por Él, somos sus esclavos.

¿Quién puede actuar en libre albedrío, siendo esclavo de Cristo?

Siendo esclavos de Cristo, actuamos en la Voluntad de Dios

Sólo siendo esclavos de Cristo (Filemón 1), tenemos la Libertad (Filemón 8).

Donde está el Espíritu del Señor, allí hay Libertad (2 Corintios 3: 17).

Los que están esclavos de Satanás, actúan también conforme a su voluntad.

De hecho el evangelio dice así con respecto a los esclavos:

2 Pedro 2:

19. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

(R. V. 1960)

No se puede concebir la Obediencia Perfecta sin Libertad.

Obediencia y Libertad son la misma sustancia del Espíritu de Dios.

La obediencia que procede de la amenaza, la coerción, la imposición, la tiranía, el chantaje y la represión, es la obediencia que diseña el mundo, para que los hijos y los esclavos del espíritu del mundo, permanezcan cautivos en sus sistemas.

Quien obedece bajo estas condiciones, no tiene Libertad.

Cristo fue obediente en todo (Filipenses 2: 8; Hebreos 5: 8 – 9), pues, Él mismo en su persona es la Ley.

Sabiendo que nadie a parte de Él podría cumplir la Ley, la cumplió por todos los que son su pueblo.

Pagó y sufrió en su propia carne, el castigo por nuestro incumplimiento de la Ley, dotándonos de la Gracia, que es Espíritu de Obediencia, para que engendrados en su propia naturaleza Divina, podamos ser juzgados por la Ley de la Libertad (Santiago 2: 12).

Cristo es el Espíritu de la Obediencia.

Cristo es el Espíritu de la Libertad.

Así dice el evangelio:

1 Pedro 1:

2. elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

(R. V. 1960)

No es posible concebir la Obediencia al evangelio, sin tener en el corazón a Cristo, que es el Sello mismo de la Obediencia.

Obedecer al evangelio, bajo amenazas y chantajes, no tiene sentido.

Sin la Gracia y sin la Libertad que da Dios a los suyos por medio de Jesucristo, los que llegan a conocer el evangelio, siempre darán marcha atrás, y estos son los que el evangelio califica, como el perro que vuelve a su vómito, y la puerca lavada que vuelve a revolcarse en el cieno (2 Pedro 2: 22).

Aquí, otra afirmación del evangelio:

Romanos 16:

25. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,

26. pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,

27. al único y sabio Dios, sea la gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.

(R. V. 1960)

No es posible obedecer a la Fe, sin tener integrado en nuestra nueva naturaleza a Cristo, pues Él mismo, es el Autor y consumador de la Fe. La Fe es su mismo Espíritu (Hebreos 12: 2).

Como ven mis amados entendidos, nada de lo que hacen los nacidos de nuevo, depende de sí mismos, sino que todo “obedece” a la naturaleza de la que forman parte:

De la naturaleza en que hemos sido engendrados.

Cuando el evangelio habla de “obedecer”, se refiere a la acción espontánea de todo hijo de Dios, siendo esta acción el Testimonio del que habita en nuestro corazón regenerado: Cristo.

¿Cómo se manifiesta Cristo en nosotros?

Mediante el fruto del Espíritu Santo.

Mediante los Dones del Espíritu.

Mediante la actividad que la persona regenerada ejerce en los diversos ministerios del Espíritu, a que es asignada.

Vista con religiosidad, la obediencia se vuelve un asunto forzoso e impositivo, lo cual es Piedra de Tropiezo, que hace caer al carente de Entendimiento, y lo conduce a la realización de obras obligatorias, reglamentadas por su religión; cuando la realidad espiritual es otra:

La Obediencia es un proceso natural del espíritu, que no requiere esfuerzos de nuestra parte, porque todo depende de la acción de la naturaleza Santa de Cristo, actuando en nuestras vidas (Filipenses 2: 13).

Los ministros carnales de las congregaciones, han adaptado muy exitosamente para sus intereses corporativos, las modernas teorías carnales del liderazgo, introducidas en los sistemas que ellos creen que es la iglesia, en los cuales obligan al congregado a “obedecer” incondicionalmente a su pastor, quien supuestamente esta “ungido” e iluminado para decir y hacer lo que le viene en gana en nombre de un evangelio adulterado por sus codicias y falta de Entendimiento.

Cuando al pastor de la congregación, alguien no le resulta sumiso y funcional para su negocio, entonces es calificado de “desobediente”; y lo que es más audaz todavía, se lo califica de desobediente con Dios.

Estas teorías de liderazgo insertadas en las congregaciones llamadas cristianas, son burdas adaptaciones de las bien estructuradas teorías de liderazgo que tienen los sistemas del mundo.

Yo podría asegurar que las teorías de liderazgo por ser filosofías vanas del mundo, funcionan bien en el mundo, mientras con ellas puedan manipular a la gente dentro de sus marcos teóricos referenciales.

Cuando no les funciona un método de manipulación, entonces utilizan otros nuevos, que conforme van apareciendo, los llaman “modernas teorías y prácticas de liderazgo.”

En las instituciones del mundo, con estas teorías y prácticas, logran los sistemas gerenciales, como ellos conciben, encajar inteligentemente y con sutileza, la conducta de los individuos en sus propósitos productivos, sin forcejear con ellos mediante la amenaza, sino estimulándoles en la idea del autodesarrollo, de la autoestima, la satisfacción, el buen vivir y la autorrealización personal.

De esta forma logran, cierto es, algún grado de lealtad y obediencia, sin que sea tan evidente el clásico método de premios y castigos, que quedan enmascarados con esta manipulación; pero que yacen latentes en lo más profundo de la conciencia.

Yo diría, que es más tolerable la aplicación de estas prácticas de liderazgo en los sistemas del mundo, porque tienen un seguimiento procesal responsable, por parte de sus manejadores, que estos modelos mal copiados que se aplican en las congregaciones religiosas, en las cuales, con un descaro impositivo se presiona a la gente, a obedecer a ultranza la voz del pastor como si fuese la voz de Dios.

¿Para qué se exige esta obediencia?

Para los consabidos fines de lucro y sometimiento mental de sus adeptos.

La Obediencia, como Sello del Espíritu Santo, nos hace obedientes a Dios, a la Fe y a su evangelio; y no a las manipulaciones del mundo.

Cuando somos obedientes al evangelio, estamos actuando en obediencia a nuestra naturaleza espiritual, que es de Dios.

Cuando somos obedientes al evangelio, no estamos obrando por esfuerzo propio para ganarnos la salvación; sino al contrario: Porque hemos sido sellados y salvados.

Obramos en obediencia al evangelio, porque tenemos instaurado el Sello de
la Obediencia, que es Sello de Salvación.

Dios no nos manipula para que nos portemos bien.

Dios nos tomó de la inmundicia y nos amó primero, para que su Amor en nosotros, en la forma del Espíritu de su Hijo, nos permita amarlo a Él, en Obediencia a esa naturaleza de Amor, en la que fuimos engendrados.

Es el mismo Espíritu Santo impreso como Sello de Obediencia, el que actúa con su naturaleza Divina y Santa, en quienes ha sido depositado.

Así dice el evangelio:

Hechos 5:

32. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

(R. V. 1960)

Así es:

Los que llevamos a Cristo, damos Testimonio del que tenemos dentro.

Los que obedecen, son quienes recibieron el Sello del Espíritu Santo.

Así mismo, el evangelio se refiere a los de naturaleza desobediente, como aquellos, que también en el Concilio eterno de Dios, fueron destinados a desobedecer, es decir, a no participar de la naturaleza de Cristo, contrariamente a lo que sucede con los elegidos para obedecer.

Confírmenlo:

1 Pedro 2:

7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8. y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

9. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

(R. V. 1960)

Amados de Dios, si entendemos entonces, que la Obediencia como Sello del Espíritu Santo, es una ley natural de quien está sellado en el espíritu, podremos entender con claridad, cuál es nuestra naturaleza, cuál es el Poder que actúa en nosotros y cuál es el Testimonio que damos, mientras peregrinamos en este valle de sombra de muerte (Salmo 23: 4).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 47