30. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 29

Amados de Dios!

En la entrega anterior, analizamos el primer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo sobre sus elegidos.

Este primer momento es:

El Recordatorio del Espíritu Santo.

Les recuerdo nuevamente, que cuando a los elegidos de Dios se nos aplica el Sello del Espíritu Santo, esta aplicación ocurre de una sola vez y de una manera eterna; sin embargo, para entender este misterio de Dios, es necesario que a esta demarcación que se nos hace como pueblo de Dios con su Sello, lo decodifiquemos como un proceso llevado a efecto en varios momentos.

Es así, que luego de haber analizado ya el primer momento, abordaremos ahora el segundo momento de este proceso.

Esta vez se trata de un momento con varias y consecutivas sub-etapas, que ya las expusimos en la entrega 28; pero que por didáctica, lo hago nuevamente a continuación:

Segundo momento del proceso del sellado:

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

Como pueden ver, este segundo momento contiene varios elementos, a los cuales tenemos que brindarles un análisis por separado, lo cual se nos llevará algunas entregas.

Este segundo momento, corresponde a lo que el evangelio nos indica en (Gálatas 4: 4 – 6), que ocurre en el corazón de los elegidos de Dios.

¿Qué es lo que ocurre?

Ocurre pues, que después del recordatorio de la Palabra (Cristo) (Juan 1: 1), con la Palabra de la predicación (El Espíritu de Cristo) (Juan 6: 63) y por la Palabra (La orden de Cristo) (Números 23: 19; Isaías 45: 23; 55: 11; Jeremías 22: 29; Ezequiel 12: 28), que nos hace el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo ingresa en nuestros corazones (Gálatas 4: 6).

Una vez que el Espíritu se posesiona en nuestro corazón en forma individual, entran en acción los siete elementos de este segundo momento.

Vamos entonces a iniciar esta entrega, analizando el elemento conocido en el evangelio con el nombre de “Quebrantamiento.”

Este elemento repito, corresponde a la primera etapa del segundo momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo; y ocurre después de haber recibido el Recordatorio de la Palabra.

Veamos entonces, en qué consiste el Quebrantamiento:

Los invito a escudriñar el siguiente versículo, que contiene un poderoso mensaje pronunciado por el Señor Jesús:

Mateo 21:

44. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

(R. V. 1960)

¿Qué representa “la Piedra” mencionada en este versículo?

¡Pues, desde el inicio de las entregas de esta web blog, sabemos que la Piedra, representa al Señor Jesús!

El mismo Señor Jesús está diciendo, que quien cae sobre Él, será quebrantado.

Bienaventurado aquel que cae sobre esta Piedra, porque encontrará la Salvación (Isaías 48: 21; 1 Pedro 2: 6).

Ah! Pero desventurado aquel, sobre quien esa Piedra cae, porque será desmenuzado (Isaías 8: 14; 1 Pedro 2: 8).

Quiero pedirles que relacionen el Espíritu de esta sentencia del Señor Jesús, que nos presenta el evangelio en (Mateo 21: 44), con lo que menciona el evangelio en:

Hebreos 12:

6. Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.

(R. V. 1960)

Cuando el Señor nos quebranta, empieza el rigor de su disciplina…

Pues sí mis amados,  todo aquel que llega al Señor Jesús por el llamado eterno de Dios, debe ser quebrantado (Salmo 119: 20).

Si no ha habido Quebrantamiento, cualquier idea o pensamiento que conlleve a creer que se ha nacido de nuevo y que alguien está en Cristo, es pura ilusión de la carne.

Si no hay Quebrantamiento, es porque no ha sido aplicado el Sello del Espíritu Santo.

Si no hay Quebrantamiento, cualquiera que con su lengua diga que tiene el Sello del Espíritu Santo, sólo es religioso y con su corazón engaña (Santiago 1: 26).

¿Para qué el Señor nos quebranta?

Esta revelación, nos brinda el evangelio en:

2 Corintios 7:

9. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

(R. V. 1960)

Con estos dos versículos, tenemos harta tela que cortar…

Observen detenidamente que el (versículo 9) dice, que fuimos contristados por Dios.

El Quebrantamiento es verdadera tristeza…Es profunda tristeza.

Pero esta tristeza no es una tristeza emocional cualquiera, de aquellas que sentimos cuando carnalmente, somos abatidos en el mundo por la pérdida de una pertenencia material o humana.

La tristeza del quebrantamiento, es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando ese bisturí de cirujano del que hablamos en la entrega anterior, nos circuncida el corazón.

Dicho en términos bíblicos, ese es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando la espada de dos filos penetra en las profundidades de nuestro ser, desgarrando las uniones más profundas de nuestro espíritu con el alma carnal.

¿Por qué sentimos tanto dolor cuando la Espada de la Palabra nos circuncida el corazón?

No sólo que sentimos dolor, sino que lloramos; y nos lamentamos profundamente de nuestra traición al Creador.

Nos lamentamos por la vida que hemos llevado antes de ser circuncidados y traemos a la memoria los actos pecaminosos que  formaron por largos años, parte de nuestro transcurrir carnal cotidiano; pero este dolor tan profundo que sentimos, va más allá de la visión que tenemos de nuestra pecaminosa vida carnal en la tierra.

Este dolor tan profundo, es un quebrantamiento exorbitantemente más grande que la carga que sentimos por los pecados cometidos antes de haber nacido de nuevo.

El dolor profundo que sentimos, es por las grandes rebeliones que cometimos en tiempo remotamente eternos contra nuestro creador, y por los cuales quedamos muertos espiritualmente y separados de la Gloria de Dios.

Ustedes mis amados entendidos, han estudiado en las Escrituras, que “todos quedamos muertos por nuestros delitos y pecados”

Cuando vinimos al mundo, nacimos en cuerpos biológicos pero espiritualmente muertos.

Todos los pecados cometidos después del nacimiento terrenal, son engendrados del espíritu muerto que yace ligado a la carne de todo hijo de hombre que no tiene a Cristo.

El espíritu muerto, es la paga fatal del gran pecado de nuestra rebelión pasada (Romanos 6: 23).

Los pecados cometidos a partir del nacimiento carnal en la tierra, son la expresión de la continuidad del fruto pecaminoso del espíritu muerto.

¿Cuáles son esos pecados tan grandes cometidos para merecer la muerte; y cuándo los cometimos?

En el momento del Recordatorio del Espíritu Santo, nos llega al espíritu, mas no a la memoria, la reminiscencia de los graves actos cometidos en contra del Trono de Cristo en la misma eternidad y en los mismos lugares celestiales.

No los vemos, no los recordamos con la mente, mas al espíritu nos llega el Recordatorio de lo malo que hicimos; y llegamos a sentir tanto dolor, sin tener en nuestra mente, ni la más remota visión de lo ocurrido.

Para nuestra mente, no está permitido ver en toda su amplitud, tales sucesos cósmicos catastróficos envueltos en el misterio de la iniquidad, porque en nuestra debilidad humana, no lo podríamos resistir.

El único que siendo hombre lo sabía todo, era el Señor Jesús, quien sobre Sí mismo, tomó voluntariamente y en plena consciencia la carga de nuestras culpas, convirtiéndose en un varón experimentado en Quebranto (Isaías 53: 3).

Lo que si nos permite Dios, es sentir el dolor de haber sido partícipes del gran pecado, mediante este precioso Don que nos otorga: El Don del Quebrantamiento.

Las Escrituras, son las que nos ponen al tanto de estos ignominiosos sucesos de nuestra rebelión contra Dios, para que los podamos entender.

Y cuando los entendemos en la medida que Dios quiere que entendamos, según Él nos corre el velo que nubla nuestro entendimiento, nos damos cuenta de que siendo grande nuestro Quebranto, ni siquiera así, éste se compara con el Quebranto de Cristo, quien de verdad cargó sobre Sí el peso de nuestras grandes rebeliones (Isaías 53: 5).

Han estudiado ustedes mis amados que las Escrituras afirman, “que no hay un justo, ni siquiera uno.”

Todas las almas elegidas de Dios, que son puestas en la tierra encarnadas como hombres, vienen muertas en sus delitos y pecados; vivas biológicamente pero muertas espiritualmente.

Ante los ojos de Dios, ninguna de ellas es justa.

Mas, una vez que por orden de la Palabra, tales almas reciben el Sello del Espíritu Santo, nacen de nuevo en Espíritu, siendo primero quebrantadas por el Espíritu.

Este nacer de nuevo en Espíritu, es nuestra primera resurrección.

Para que lo certifiquen, revisen el siguiente versículo:

Efesios 2:

5. aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Nuestra primera resurrección, ocurre cuando Cristo nos da la Vida y nos levanta de entre los muertos caídos en sus rebeliones.

Constaten esto en los siguientes versículos:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

(R. V. 1960)

Efesios 5:

14. Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes, 

Y levántate de los muertos, 

Y te alumbrará Cristo. 

(R. V. 1960)

Apocalipsis 20:

6. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

(R. V. 1960)

Ahora, para no perder el hilo del estudio del Quebrantamiento, continuemos…

Después del Quebrantamiento, acontecen otros sucesos espirituales que a través de sus varios momentos nos regeneran espiritualmente, pasando de nuestra situación de injustos pero ya elegidos de antemano, a ser transformados en los justos de Dios.

Por eso las Escrituras dicen lo siguiente:

Salmo 1:

6. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

(R. V. 1960)

Si ustedes observan la sinopsis de los momentos que hemos descrito acerca de la instauración del Sello de Espíritu Santo, ustedes se darán cuenta, de que en una de las etapas del tercer momento, los elegidos de Dios somos hechos Justicia de Dios (Romanos 1: 17; 3: 20 – 26), gracias a la intervención Salvadora del Justo por excelencia, EL Ungido Hijo de Dios que fue puesto en la tierra, encarnado como hombre, el único totalmente Justo; y que tuvo por Pacto Eterno, el encargo de morir por los injustos, para hacernos justos.

¿Cuál es el nombre de este hombre?

¡JESÚS DE NAZARET!

¡EL SEÑOR JESÚS! (1 Pedro 3: 18).

https://www.youtube.com/watch?v=DsPBPkOgz-Q

Una vez, que hemos sido ya hechos Justicia de Dios, por el Sacrificio del Cordero, todo recuerdo de nuestra rebelión contra el creador, queda borrado.

Esta es la Justicia de Dios con sus elegidos; y así lo dice su Palabra pregonada con Voz Eterna:

Isaías 42:

1. He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

2. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles.

3. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.

4. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

5. Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,

7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

8. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

9. He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

(R. V. 1960)

Cuando nos bautizamos sumergidos en agua aquí en la tierra, los hijos de Dios damos testimonio de que hemos sido bautizados por el fuego del Espíritu Santo (Mateo 3: 11 – 12), y declaramos en Conocimiento de Justicia, que Dios ha borrado con su fuego todos nuestros pecados.

Así lo expresa la Palabra de Dios:

Isaías 43:

25. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(R. V. 1960)

Esto, con respecto a la justicia de Dios, recaída por Gracia en sus escogidos, lo trataremos más adelante con amplitud, analizando este elemento como una etapa clave en el tercer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo.

Ahora sólo toqué de paso este punto, para que ustedes puedan establecer el nexo de todos los acontecimientos terrenales con los sucesos eternos, los mismos que irán ustedes, gradualmente entendiendo mejor, con la guía del Espíritu Santo.

Volvamos a concentrarnos en la etapa del Quebrantamiento, que como ya lo he expresado, es un Don que recibimos, sin el cual, no hay nuevo nacimiento, conversión o entrada al Reino de Dios.

Si no recordamos nada de los ignominiosos acontecimientos ocurridos en tiempos eternos que conmovieron al cosmos, y que fueron provocados por nuestra rebelión; y si nuestro mismo Padre afirma que en su Justicia, la cual por Gracia ha otorgado a sus hijos, expresando que de nuestros pecados no se acuerda, ¿para qué entonces Él mismo, nos regala el Don del Quebrantamiento a través de su Espíritu Santo?

La respuesta la tenemos aquí:

Isaías 57:

15. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

En su infinita Sabiduría, el Creador debía regalarnos el Don del Quebrantamiento para que  a partir del quebranto de nuestros corazones arrogantes, pudiéramos llegar a tener el corazón humilde que nos permita habitar en la casa del Altísimo.

Nadie por su propia cuenta se quebranta, menos aún, sin recordar sus culpas.

Es Dios, quien nos quebranta con la espada de su Palabra, para convertirnos en seres de su misma naturaleza, engendrados en su Espíritu.

Nos quebranta duramente con su Palabra (Salmo 55: 4; Jeremías 8: 18), pero paradójicamente, lo hace sin tormento duradero, pues el tormento que nos merecíamos lo cargó  como un héroe, el Señor Jesús en la cruz.

https://www.youtube.com/watch?v=UZh_alIb0Uo

Sin el quebranto que nos proporciona su Palabra, no hay nuevo nacimiento.

Gran diferencia hay entre el quebranto de sus elegidos, que luego trae gozo (Salmo 51: 12; Isaías 51: 11); y el quebranto de los impíos, que es con tormento eterno (Job 15: 20; Apocalipsis 14: 10; 20: 10).

Ahora, volvamos a (2 Corintios 7: 9 – 10).

Observen en el (versículo 9), cuál es la razón por la que Dios nos quebranta con tristeza…

La razón de quebrantarnos, es para llevarnos a la siguiente etapa, que es la del Arrepentimiento.

Este es otro Don que Dios nos regala a partir del quebrantamiento, sin el cual no se puede haber nacido de nuevo.

Todo nacido de nuevo, es un ser diferente al que era antes de ser circuncidado. Esto se da por su arrepentimiento, consiste en un cambio total de pensar, sentir, actuar y vivir (Romanos 12: 1; Efesios 4: 22 – 24).

Del arrepentimiento, también hablaremos con todo detalle en la próxima entrega.

Ahora quiero que se den cuenta de la secuencia que va dándose en el proceso de la circuncisión:

Primero, el Espíritu Santo nos recuerda con la Palabra de la predicación (Romanos 10: 17; Efesios 1: 13), lo que Cristo ya nos ha hablado desde la eternidad; luego esa Palabra Poderosa nos Quebranta con suma tristeza (Salmo 31: 9; Jeremías 45: 3), para en tercer lugar, provocar en nuestro corazón, el arrepentimiento (Hechos 3: 19).

Esto es lo que claramente expresa el (versículo 9).

En el (versículo 10), nos deja claro el evangelio, que este quebrantamiento  que viene de Dios, produce el arrepentimiento necesario para nuestra salvación; puesto que cualquier otro quebrantamiento o tristeza emocional venida de la carne, sólo produce la muerte.

Este quebrantamiento carnal, es el que experimentan los que tienen ya la muerte eterna. La tristeza de ellos es sólo amargura de corazón, a causa de su eterna condena (Romanos 3: 14).

Los que hemos nacido de nuevo, difícilmente nos acongojamos por las pérdidas que experimentamos en este mundo.

Sólo sentimos gran tristeza y dolor cuando Dios nos quebranta con su Vara (Proverbios 23: 14);  pero después de que ya el Señor nos ha  vivificado el corazón humillado por el Quebranto (2 Corintios 7: 10), sólo rebosa en nosotros la Alegría (Isaías 29: 19), depositada por Dios en nuestro corazón, porque con su misma Vara nos infunde aliento (Salmo 23: 4).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 30

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

29. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 28

Amados del Señor!

Continuemos con el tema que nos ocupa…

Terminamos la entrega anterior diciendo, que el momento del recordatorio del Espíritu Santo, el aquel en que Éste, circuncida los oídos de los elegidos del pueblo de Dios.

En esta entrega, iniciaremos pues, explicando el mecanismo por el cual se produce la circuncisión de oídos, acción correspondiente a este primer momento del proceso de la instauración del Sello, que lo estamos analizando desde la entrega anterior.

Suena raro esto de que los oídos sean circuncidados, puesto que la circuncisión ordenada por Jehová al pueblo israelita, se trataba de una operación hecha en la carne del prepucio.

Sin la circuncisión en el prepucio, nadie habitando en Israel podría llamarse israelita descendiente de Abraham.

Hasta los esclavos extranjeros, comprados y habitando en Israel, debían ser circuncidados.

Los esclavos del tiempo bíblico del antiguo testamento, quienes al ser circuncidados se convertían también en parte del pueblo israelita para celebrar la Pascua (Éxodo 12: 43 – 49), son una figura alegórica para representar a los esclavos del pecado, que fuimos liberados por el Señor Jesús, lo cual nos revela (Juan 8: 33 – 34), y nos hace entender en (Colosenses 2: 11), que cuando fuimos circuncidados en Cristo, dejamos de pertenecer al mundo de los gentiles y pasamos a convertirnos en verdaderos israelitas (Juan 1: 47), pertenecientes a la Israel de Dios (Gálatas 6: 16; Efesios 2: 12), la tierra de su Reposo (Hebreos 4: 9 – 10).

Veamos pues, el proceso de la operación espiritual de la circuncisión de oídos, en este momento del Recordatorio del Espíritu Santo:

Revisemos el siguiente versículo:

Salmo 73:

22. Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

(R. V. 1960)

Examinando este versículo expuesto, el Espíritu nos deja ver en qué condición estábamos antes de ser circuncidados en nuestros oídos:

Oídos que no están circuncidados no entienden, porque no oyen la voz del Espíritu.

En cambio, revisemos lo que dice el Señor Jesús de quienes sí tienen oídos circuncidados:

Mateo 13:

16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, lo que nos dice el Espíritu acerca de la condición en la que quedamos cuando somos circuncidados:

Isaías 35:

5. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

(R. V. 1960)

¿Qué les parece mis amados?

Todo está revelado en las Escrituras…

Veamos también, cuál es el llamado eterno que Dios hace a sus elegidos que aún están incircuncisos, para practicarles la circuncisión de oídos:

Isaías 55:

3. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

(R. V. 1960)

Jeremías 4:

4. Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.

(R. V. 1960)

Vean  a continuación, al Espíritu contristado por las almas que llamó; pero que eternamente se negaron a recibir al Espíritu Santo y que por el contrario, blasfemaron contra Él.

Jeremías 6:

10. ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.

(R. V. 1960)

Estas son las almas muertas, las que nunca vivirán (Isaías 26: 14), pues a causa de su blasfemia, perdieron eternamente su elección para ser circuncidadas (Éxodo 12: 45), pues despreciaron el llamado a ser pueblo de Dios:

Vean ahora, como se expresa el Señor Jesús, de sus circuncidados de oídos:

Juan 10:

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(R. V. 1960)

Vean ahora, cómo desde los tempranos tiempos bíblicos aquí en la tierra, Dios revela a los hombres el procedimiento de la circuncisión espiritual, mas, como parte de sus misterios, paradójicamente esta revelación sólo puede ser entendida por los que son circuncidados. Es decir, para entender el proceso de la circuncisión, es necesario estar circuncidados.

Nadie puede decir de antemano, yo voy a dejarme circuncidar para luego entender el proceso de la circuncisión, porque sin estar circuncidado, nadie tiene idea alguna de que existe este proceso espiritual.

Es Dios quien elige a quien se va a circuncidar; y luego de que el proceso ocurre por su mandato en el Pacto Eterno, es que el circuncidado puede entender el privilegio que tiene de haber sido circuncidado.

Los que no entienden este proceso, es porque no han sido circuncidados; por lo tanto, siguen creyendo que circuncidarse el prepucio les asegura como como pertenecientes al pueblo de Dios, lo cual es totalmente erróneo.

Observen lo que dice Jehová desde los primeros tiempos bíblicos:

Deuteronomio 30:

6. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, cómo funciona el recordatorio del Espíritu Santo, al actuar como bisturí de cirujano que circuncida al corazón incircunciso:

Para entender la acción del Espíritu Santo, cual si fuese un bisturí operando el doloroso proceso de la circuncisión, debemos revisar el siguiente versículo del evangelio, en que se nos da a revelar este bisturí:

Hebreos 4:

12. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

(R. V. 1960)

¡¡Pues si, mis amados entendidos!!

El bisturí con el que el Espíritu Santo opera el proceso de la circuncisión, es la Palabra de Dios.

¿Cómo sucede esto?

Observen el versículo mencionado y analicen su contenido espiritual.

Este versículo, es generalmente tomado a la ligera y visto sólo como una hermosa alegoría en referencia a la Palabra.

La Palabra de Dios, es la poderosa Espada que nos circuncida el corazón; y es la misma de la que el evangelio nos habla en (Apocalipsis 1: 16).

Saben lo que nos ocurre, cuando tal Espada, cual bisturí de cirujano nos circuncida los oídos, o sea, el corazón, o sea, el espíritu?

Nos ocurre, tal cual le ocurrió al Apóstol Juan cuando vio Al que tenía la Espada que salía de su boca (Apocalipsis 1: 16):

Caemos a los pies de Cristo.

Caemos como muertos por su resplandor.

Entonces esa Espada nos quebranta.

Ese es en el proceso de la circuncisión, lo que el evangelio llama “quebrantamiento.”

Ese bisturí es espada de dos filos que desgarra el espíritu incircunciso. Si entra, entra cortando; y si sale, sale cortando.

El Recordatorio de la Palabra Eterna de Dios, llevado a efecto por el Espíritu Santo, por la comisión que le fue otorgada en el Pacto Eterno, nos va a llevar al Quebrantamiento.

Sin el momento del Quebrantamiento, en el cual se siente dolor espiritual, no hay ninguna circuncisión, no hay destape de oídos, no hay nuevo nacimiento; por más que muchos se empeñen en decir que han nacido de nuevo y con sus propias obras quieran poner de manifiesto su ilusión.

El Quebrantamiento, es uno de los momentos del proceso de la circuncisión, que lo trataremos ampliamente más adelante en este estudio.

Ahora sigamos concentrándonos en el análisis de la forma en que la Palabra, cual bisturí poderoso, abre los oídos incircuncisos.

Dice (Hebreos 4: 12) que la Palabra corta el corazón incircunciso de tal forma, que separa las coyunturas o uniones del alma con el espíritu, llegando hasta los tuétanos, o sea, hasta las partes más profundas del ser, en donde se encuentran los pensamientos y las intenciones del corazón, que el Espíritu discierne y conoce.

El espíritu escogido de Dios, ante la orden emitida por la Palabra, es separado del alma carnal que lo tiene cautivo.

La Palabra corta como un bisturí esa unión del alma carnal que tiene atrapado al espíritu cautivo del hombre.

Por eso el evangelio predica la exhortación eterna que nos conmina a vivir en el Espíritu y no en el alma carnal (Romanos 8: 1 – 17; Gálatas 5: 16 – 26).

Analicemos ahora el siguiente versículo:

Romanos 10:

17. Así La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

(R. V. 1960)

Quiero que razonen mis amados, a la Luz del Espíritu.

Este versículo es muy mencionado en las predicaciones; pero así mismo muy mal entendido.

Esto sucede, porque se toma a la ligera el concepto de la acción de la Palabra.

Dice (Hebreos 4: 12), que la Palabra de Dios es “viva y eficaz.”

La Espada de la Palabra no es un elemento inerte.

Es “viva y eficaz.”

Dice el Señor Jesús en (Juan 6: 63), que sus palabras son Espíritu y son Vida.

Cuando la Palabra corta al corazón o espíritu incircunciso, que es un corazón muerto o espíritu muerto, lo hace en forma eficaz, liberándolo de la muerte del alma pecaminosa que lo tiene cautivo; y le da la vida de su Espíritu (Efesios 2: 1 – 6; 5: 14).

Entonces, la revelación que nos da (Romanos 10: 17) es, que la Fe se produce por oír; es decir, porque el corazón ha sido circuncidado. Y el oír, o sea, el haber sido circuncidado, es por “la Palabra.” Esto es, por la orden de la circuncisión que da la Palabra. No es simplemente por el acto voluntario o involuntario de oír la Palabra.

Cuando el versículo menciona que “la Fe es por el oír”, lo que está diciendo es que el Espíritu Santo se posesiona en el individuo tomando la forma de la Fe. Esto lo hace, una vez que habilitó el oído del elegido, o sea, cuando el individuo ya pudo oír.

¿Y cuándo sucede esto?

Pues, cuando el mismo Espíritu Santo abrió el oído del individuo con la Palabra y en obediencia a la orden de Ella, actúa como espada que corta y abre.

Bien sabemos, que los nacidos de nuevo predicamos la Palabra a tiempo y a destiempo; y sin embargo, en muchos de los que oyeron, no vemos el fruto sino hasta cuando “la Palabra da la orden” de que los oídos incircuncisos sean abiertos en los elegidos de Dios (Isaías 35: 5).

La misma Palabra, según (Hebreos 4: 12), conoce desde la eternidad quiénes son los elegidos de Dios y quiénes no lo son, porque discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Es así, que la misma Palabra da la orden de que los que no son escogidos de Dios, no sean circuncidados en sus oídos, precisamente para que no puedan oír, aunque hayan recibido el Testimonio del Señor, al escuchar la predicación del evangelio (Isaías 6: 9 – 10; Juan 12: 37 – 40; Hechos 26: 26 – 28).

Un corazón elegido para ser circuncidado, actúa conforme a lo que nos narra (Hechos 16: 14).

Si ustedes mis amados, revisan este versículo, observarán, que es Dios mismo, quien prepara, predispone y abre, o sea, circuncida el corazón del elegido para que pueda atentamente escuchar la Palabra predicada y entenderla.

De esta forma, dejamos claro, que la Fe, o sea, el posicionamiento del Espíritu Santo en una persona, no se produce simplemente por escuchar la Palabra con el sentido de la audición, sino que depende de la orden que la misma Palabra emite para que el oído espiritual la oiga, luego de atravesar el previo filtro, del oído sensorial.

En el que no tiene oído espiritual circuncidado, la Palabra simplemente se queda retumbando molestamente en el oído sensorial.

Entonces sí, que tiene verdadero sentido espiritual este versículo:

(Romanos 10: 17).

Revísenlo otra vez.

Como veremos más adelante en el estudio del proceso de la instauración del Sello del Espíritu Santo, cuando el oído es circuncidado, se inicia el entendimiento acerca de nuestra elección como hijos de Dios y de todo lo que eso conlleva (Salmo 119: 125).

Antes de la circuncisión, nada se puede entender.

Si ustedes amados, entienden estas enseñanzas, tengan por seguro que están circuncidados (Mateo 13: 16).  Mas, los que andan en religiosidad siguiendo la tradiciones de los indoctos, no podrán aceptar lo que aquí se les comparte.

Observen mis amados, cómo el Espíritu relata proféticamente la predicación del Señor Jesús, haciéndolo por medio de parábolas, para que los sordos oigan pero no le entiendan:

Ezequiel 20:

49. Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste parábolas?

(R. V. 1960)

Oseas 12:

10. Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.

(R. V. 1960)

Isaías 6:

9. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

10. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

(R. V. 1960)

Ahora observen al mismo Señor Jesús refiriéndose a los que pueden oír, porque tienen el oído circuncidado:

Mateo 13:

9. El que tiene oídos para oír, oiga.

(R. V. 1960)

Y ahora observen al Señor Jesús confirmando la profecía emitida por el profeta Isaías, acerca de los que no pueden oír:

Mateo 13:

13. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

14. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

15. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan,
Y yo los sane.

(R. V. 1960)

Para concluir esta entrega, dejemos nuevamente especificado, que el Recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, es el primer momento de la instauración de su Sello. O sea, es el primer momento de la circuncisión de oídos, o lo que es lo mismo, del corazón, o del espíritu.

¿Por qué llamamos Recordatorio a este momento?

Revisemos algo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Si escudriñamos este versículo en sentido de eternidad, entenderemos, si estamos circuncidados por cierto, que el Espíritu Santo, por orden emitida en el Pacto Eterno, en los lugares celestiales, antes de la fundación del mundo,  nos recuerda todo lo que Cristo nos ha hablado en la eternidad, desde el principio mismo de nuestra existencia como almas.

Esto que les digo sólo es un flash para que vayan abriendo más el entendimiento; pero les adelanto algo más:

A muchos se les dificulta creer, que desde el principio remoto de la eternidad que no tiene tiempo, luego de nuestra rebelión contra el Trono de Cristo, después de nuestra muerte espiritual a causa de tal rebelión, ya fuimos elegidos, ya fuimos resucitados y ya fuimos enseñados por Cristo, en los mismo lugares celestiales.

En realidad, es difícil sin tener la revelación, conocer que Cristo ya nos enseñó todo acerca de todas las cosas del Reino.

Todas estas cosas, son las que ahora en este ciclo terrenal no recordamos mientras vivimos en nuestra naturaleza carnal (Eclesiastés 9: 1 – 11); pero una vez que cambia nuestra naturaleza por acción del Espíritu Santo, Él mismo nos las recuerda (1 Juan 2: 27) y llegamos a saberlo todo.

Para que sientan mayor seguridad mis amados, acerca de su elección y de su Gloria en Cristo, les invito a escudriñar el siguiente versículo, para que se asombren, viendo que además de todo lo que les he expuesto, ya hemos sido sentados junto a Cristo en el Trono de su Gloria:

Efesios 2:

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Vean lo que dice el evangelio:

No dice que nos va a hacer sentar en los lugares celestiales, sino que ya Dios nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Entonces mis amados, es importante comprender todo esto, para conocer cuál es la labor que cumple el Espíritu Santo en el momento del Recordatorio:

Su labor es recordarnos todo lo que Cristo ya nos ha hablado.

Cuando podemos recordarlo, es porque hemos nacido de nuevo en el Espíritu (Juan 3: 3).

A continuación, les voy a exponer algunos versículos que ratifican esta revelación que les estoy compartiendo:

1 Juan 1:

1. Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

24. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

(R, V. 1960)

1 Juan 3:

11. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

(R. V. 1960)

2 Juan 1:

6. Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados, todo lo hemos oído desde el Principio.

¿Qué es el Principio?

Pues, es Cristo!!

El Principio, es otro nombre del Señor Jesús.

Si lo hemos oído todo desde el Principio que es Cristo; es porque Cristo ya nos habló;.

Como Cristo es Eterno; entonces, los que estamos circuncidados en Cristo, podemos ahora, en este tránsito por la tierra, entender todo acerca del Reino de Dios y de las promesas que Dios nos ha hecho en el Pacto Eterno; cosas de las que no teníamos memoria mientras habitábamos dentro nuestra naturaleza carnal, pero que gracias a la labor recordatoria y transformadora de nuestra naturaleza, ejercida por el Espíritu Santo, ahora ya podemos recordar todo, a la Luz de la Palabra.

 ¡Victoria en Cristo Jesús! 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 29

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

28. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 27

Amados de Dios!

Continuemos sin perder el hilo de lo que estamos escudriñando…

En la entrega anterior, anunciamos que explicaríamos con más detalle, de qué forma el Espíritu Santo actúa como custodio de los elegidos, para asegurar que se cumpla el Pacto hecho por Dios para la Salvación de su pueblo.

Entonces, procedemos a analizar este punto, antes de profundizarnos en el análisis de cada uno de los siete elementos que configuran el Sello del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ejerce su acción de custodio del pueblo de Dios, ingresando en el mismo corazón de cada elegido.

El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza entonces, de acuerdo a lo que venimos escudriñando desde la entrega anterior, que la Salvación no se pierde.

Algunos, basados en la Biblia argumentan que sí se puede perder la Salvación, porque el evangelio menciona algo al respecto en el siguiente versículo:

Hebreos 2:

3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

(R. V. 1960)

Aquí, una vez más les recuerdo, que la Palabra de Dios es Piedra de Tropiezo.

Observen bien el versículo y no caigan en la tentación de pensar que nosotros podemos hacer la obra de cuidar por nuestra cuenta, esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado por Gracia.

Si de nosotros dependiera el cuidado de nuestra Salvación, entonces, pregunto a los que esto pregonan malinterpretando el mensaje del evangelio, ¿qué cosa hay que hacer para no perder la Salvación?

Si alguien cree que puede hacer algo, por favor que nos de la fórmula.

Miren lo que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

Examinando este último versículo, pregunto ahora:

¿De quién depende el cuidado de nuestra salvación?

¡Claro amados, yo sé que los entendidos tienen la respuesta!

Pero expliquemos un poco:

La Salvación se cuida con las obras santas; pero esas obras son las que produce Dios en sus sellados; y para eso, le ha delegado esta gran comisión al Espíritu Santo:

Esta gran comisión encargada al Espíritu Santo es ser:

¡Nuestro custodio!

Es decir, el Espíritu Santo debe generar en cada corazón sellado por Él, las obras espirituales que cuiden la Salvación de los habitantes del pueblo de Dios.

Ahora se preguntarán ¿cuál es la obra que produce Dios en sus elegidos y que custodia el Espíritu Santo?

El evangelio nos menciona en varias instancias, que la Salvación no es por obras sino por Gracia.

Les voy a mostrar dos versículos que le dejarán claro, que las obras del hombre no sirven para alcanzar la Salvación, sino las obras que Dios produce en sus elegidos:

Juan 6:

29. Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

(R. V. 1960)

Efesios 2:

10. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(R. V. 1960)

Como pueden observar mis amados, la obra perfecta que Dios hace que se produzca en sus elegidos por medio del Espíritu Santo, es que creamos en su Hijo enviado. De esta obra perfecta, se derivan el resto de obras espirituales que así mismo, Dios las preparó de antemano y las depositó en nuestro corazón, por el Poder del Espíritu Santo. Estoy hablando de los Dones que se nos ha otorgado para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Si ustedes leen esta Palabra de (Hebreos 2: 3) en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, fácilmente discernirán, que esta Salvación tan grande que hemos recibido gratuitamente por Pacto Eterno con el Sacrificio de Cristo, no la podemos perder, precisamente porque estamos sellados; es decir, porque somos responsabilidad del Espíritu Santo, quien eternamente permanece ejerciendo la labor de ser nuestro custodio en la realización de las obras santas dispuestas por Dios.

El Espíritu Santo que mora en nosotros, es el que cuida de nuestra Salvación, como ya lo vamos a ampliar a continuación.

De tal forma que, el versículo mencionado nos hace ver clarísimo, que nosotros por nuestra propia cuenta no podríamos escapar, si descuidáramos esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado.

Precisamente, para que no perdamos esta Salvación que nuestra voluntad de carne no es capaz de cuidar, es que el Espíritu Santo entra en los escogidos de Dios, con sus siete elementos que lo caracterizan, para morar en nosotros y custodiar esta Salvación.

¿Quién, o qué cosas podría vencer al Poder del Espíritu Santo, que nos custodia morando en nosotros?

¿Quién, o qué cosa nos puede separar del Amor de Dios?

Por favor, tómense la molestia de leer los versículos siguientes:

(Romanos 8: 35 – 39).

Continuemos…

De la primera amenaza de la que nos tiene que custodiar el Espíritu Santo para que se cumpla la Voluntad de Dios en cuanto a nuestra elección para Salvación, es de nuestra propia carne envenenada por el aguijón de la muerte; no se diga de las acechanzas del mundo y del príncipe que lo maneja tejiendo sus redes de perdición.

Continuemos con el discernimiento acerca del proceso de la aplicación del sello…

Cuando una persona, recibe en su corazón el Testimonio de la Palabra (1 Juan 5: 6 – 12), en ese momento, recibe el Sello del Espíritu Santo y nace de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3).

Pero hay que hacer la siguiente aclaración:

En muchas personas, el Testimonio de la Palabra, les llega al oído y ahí les queda sólo como una resonancia molesta y pasajera. Estos son los sordos espirituales o incircuncisos de oídos (Jeremías 6: 10; Hechos 7: 51).

Estos, al no recibir el Testimonio en su corazón (Jeremías 4: 4), están incapacitados eternamente para nacer de nuevo.

Los bienaventurados que sí pueden oír (Mateo 13: 16), en el momento en que reciben el Testimonio, es cuando reciben el Sello con sus siete elementos que hemos mencionado (1 Juan 5: 10).

La explicación que hace el Señor Jesús, acerca de este proceso espiritual, acerca de la acción de la Palabra, tanto sobre los sordos espirituales (Jeremías 18: 10), como en los que vienen desde la eternidad preparados para oír (Jeremías 18: 2), lo encontramos descrito en el evangelio de (Mateo 13: 1 – 23).

Por favor mis amados, tómense su tiempo para leer este texto y discernirlo, relacionándolo con todo lo que estamos explicando en esta entrega.

Continuemos…

Aunque todo el contenido del Sello se graba de una sola vez en el elegido por acción del Testimonio de la Palabra, en la persona que lo recibe, se inicia un proceso de perfeccionamiento, el cual, según el evangelio lo revela, este proceso transcurre imparable hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1: 6).

Este proceso de perfeccionamiento ocurre, como con la vasija de barro que es perfeccionada en manos del alfarero (Jeremías 18: 6).

Nuestro Alfarero es el Espíritu Santo.

Cuando somos confirmados con el Sello y nacemos en el Espíritu, empezamos siendo niños espirituales, que como tales sólo tomamos la leche del evangelio; mas con el tiempo, en nuestro proceso de perfeccionamiento en manos del Alfarero, alcanzamos por su paciencia la madurez espiritual; y es entonces, cuando ya podemos comer la comida sólida del evangelio,  llegando a estar fuertemente ejercitados por obra del Alfarero, en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5: 11 – 14).

En este proceso en que el Espíritu Santo nos lleva hacia la madurez, es precisamente cuando se manifiesta la Paciencia de Dios con sus escogidos (Santiago 1: 4; Apocalipsis 3: 10); y se manifiesta el cuidado que tiene de nosotros (1 Pedro 5: 7).

Esta Paciencia que es eterna, la podemos escudriñar enfocándola como un proceso en el cual, se implementan gradualmente los siete elementos mencionados que caracterizan al Sello del Espíritu Santo, perfeccionándose en nosotros las obras que Dios depositó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2: 10).  Me estoy refiriendo otra vez, a los Dones que se nos ha otorgado para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Veamos pues, cómo ocurre este proceso…

Recuerden amados, que todo el proceso del sellado, es espiritual.

Al entrar a morar el Espíritu Santo en nosotros, portando los siete elementos que hemos mencionado, existe un primer momento previo a la consolidación del Sello:

Este momento es el recordatorio del Espíritu Santo (Juan 14: 26).

En la medida en que el Espíritu Santo nos va enseñando y recordando todas las cosas espirituales, ocurre un segundo momento, que es el proceso en que el Espíritu va consolidando en nosotros los siete elementos de su Sello, con los cuales, luego nos va perfeccionando en los Dones que el mismo Espíritu nos otorga según le place.

Después de haberse instalado el Espíritu Santo en nuestro corazón; y luego, de que con su larga paciencia nos lleva a la madurez espiritual mediante su trabajo de Alfarero obrando en nosotros con sus siete elementos, hay un tercer momento, al cual, para ser didácticos, podríamos sistematizarlo en dos etapas que consolidan el círculo del proceso de Sellado:

La primera etapa del momento de la consolidación del Sello consiste en dejar establecido el Testimonio de que hemos sido hechos Justicia de Dios.

Esta etapa espiritual se revela ante todas las cosas creadas del mundo visible e invisible, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, sean tronos, dominios, principados o potestades, mediante la evidencia que presentamos acerca de nuestra conversión, de que hemos sido creados en Cristo (Génesis 1: 26; Efesios 2: 10; Colosenses 1: 16).

Esta evidencia se exterioriza en nosotros, con el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

La segunda etapa del momento de la consolidación del Sello, es en cuando somos enviados a predicar.

Todo nacido de nuevo, por naturaleza espiritual manifiesta el fruto del Espíritu Santo y predica la Verdad del evangelio eterno de Jesucristo.

Quien no exteriorice estas dos señales espirituales, aunque sea muy religioso, a la Luz del evangelio, no presenta el Testimonio de estar sellado.

¡Cuidado con pensar que cualquiera que predica está sellado!

Ya hemos hablando antes lo suficiente sobre este asunto, y sabemos que los abundantes predicadores de mentiras que hoy en día abundan, no están sellados por el Espíritu Santo, sino al contrario, llevan la marca de quien los patrocina (Apocalipsis 13: 14 – 18).

Repito, aunque todo el proceso del sellado ocurre de una sola vez y de manera eterna, podemos decir, que en nuestra dimensión terrenal y temporal, la conversión y el perfeccionamiento de un elegido, va sucediendo a manera de un proceso.

Para ser más didácticos, sinteticemos el proceso del sellado de la siguiente manera:

PROCESO DEL TESTIMONIO EN LA TIERRA, DEL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS ELEGIDOS:

1.     Primer momento del proceso del sellado:

El recordatorio del Espíritu Santo.

2.     Segundo momento del proceso del sellado:

Momento del cumplimiento del tiempo (Gálatas 4: 6): Implementación y consolidación del Sello del Espíritu Santo con sus siete elementos

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

3.     Tercer momento del proceso de sellado:

Primera etapa: Se manifiesta la Justicia de Dios sobre sus elegidos, mediante el fruto del Espíritu y sus dones irrevocables.

Segunda etapa: Los sellados somos enviados a predicar.

Cuando somos enviados a predicar, se cierra el ciclo del proceso de sellado para un elegido y se inicia un nuevo proceso de sellado para otros que recibirán la Palabra por medio de la predicación de los que ya han sido convertidos (Romanos 10: 14). Esto ya lo comprenderán mejor, más adelante.

Como van viendo amados de Dios, cada vez las revelaciones que se nos va dando, son más profundas y de gran edificación para el perfeccionamiento del entendimiento, del que Dios nos ha provisto (Deuteronomio 29: 29).

Disfruten de lo que van aprendiendo.

Veamos cómo ocurre el proceso en que a los elegidos se nos confirma en el nuevo nacimiento con el Sello del Espíritu Santo, mediante el Testimonio dado aquí en la tierra por los Tres que son Uno: El Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8).

Procedamos entonces, con el análisis de:

Primer momento del proceso del sellado. Este primer momento es:

¡El recordatorio del Espíritu Santo!

Recuerden amados de Dios, que el Señor Jesús cuando predicaba el evangelio, les decía a los judíos las siguientes expresiones:

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R. V. 1960)

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R. V. 1960)

Estas expresiones del Señor Jesús, claramente nos dejan ver que es el Padre quien decide con su elección, quien puede o no acercarse al Espíritu de su Hijo.

Explicado de otra manera, el Padre es quien decide quién es el que debe recibir el Sello del Santo Espíritu.

Sigan con atención mis amados, el hilo conductor de esta revelación

Vean ustedes ahora, la advertencia que les hace el Señor Jesús a los elegidos de su pueblo, o sea, a quienes el Padre por el Sello del Pacto ha elegido para que se acerquen a Jesús:

Juan 16:

7. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

(R. V. 1960)

La pregunta de rigor que planteamos aquí es:

¿Para qué era necesario, que después de que el Señor Jesús se fuera de regreso al Padre, el Consolador viniera?

Primero, dejemos claro que estamos de acuerdo en que el Consolador es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, debía venir en sujeción al acuerdo divino hecho en el Pacto Eterno, para custodiar el corazón de cada elegido del pueblo de Dios, para que se cumpliera el acuerdo del Pacto. Esto es, que se garantizara la Vida Eterna, con su presencia en todo el que está sellado.

Para esto, la primera acción que cumple el Espíritu Santo cuando viene en representación de Jesucristo es: Recordarnos el Pacto.

¿Cómo ocurre esto?

Pues lo vamos a ver a continuación, pero antes, quiero exponer algo que me viene en este momento a la memoria.

Esto que estoy pensando, es acerca de la herejía que a gran escala se ha tejido por siglos en la tierra, con respecto a un hombre que se dice ser el representante de Cristo en la tierra; y es este hombre, quien periódicamente cambia de cuerpo, siendo el mismo espíritu que a través de los siglos, adultera las Escrituras y crea normas y reglas religiosas, con las cuales somete a multitudes al engaño de su boca mentirosa (Apocalipsis 13: 13).

Los elegidos hijos de Dios, sabemos que el representante de Cristo aquí en la tierra es el Espíritu Santo; y es Él quien da testimonio aquí en la tierra del Pacto hecho en el cielo (1 Juan 5: 6 – 11).

El Espíritu Santo, al venir a morar en el corazón de cada elegido nacido de nuevo (Gálatas 4: 6), da el Testimonio de la presencia de Cristo en la tierra, dándole aquí en la tierra la estructura espiritual a la Ciudad Santa de Jerusalén (Apocalipsis 21: 10), que no es terrenal sino espiritual; y que bíblicamente recibe también otros nombres como: Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Casa Espiritual (1 Pedro 2: 5),…Cuerpo de Cristo (1 Colosenses 1: 18).

Este es el pueblo espiritual, que en un abrir y cerrar de ojos, tanto los que duermen como los que están despiertos (1 Tesalonicenses 4: 16 – 17; 5: 10), a la final trompeta, serán transformados (1 Corintios 15: 52);  y elevados en las nubes, para celebrar las bodas del Cordero y su esposa. Estos son los bienaventurados que son llamados a la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19: 7 – 9).

Cuando viene el consolador, su misión en primera instancia es hacerles un recordatorio del Amor Eterno de Dios (Jeremías 31: 3) a los moradores de la Ciudad Santa de Jerusalén.

¿Qué recordatorio es este que constituye el primer paso del proceso del sellado?

Veamos lo que dice el Señor Jesús:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Amados de Dios, del entendimiento que ustedes tengan de este versículo, dependerá el que ustedes clarifiquen muchas revelaciones que se vienen  a continuación,  a lo largo de esta página de enseñanzas.

Por este motivo, voy a explicar con detalle el contenido espiritual de estas afirmaciones que hace el Señor Jesús…

En primer lugar, entendamos que el Señor Jesús dice que es necesario que Él se vaya (Juan 16: 7) para que venga el Espíritu Santo.

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar Él mismo, en la persona del Espíritu Santo.

Lo explico:

Una vez que ya Cristo se fuera hacia arriba, al Padre (Juan 8: 14; 13: 3), al venir su Espíritu, Éste se reparte sin medida en todos sus elegidos (Juan 3: 34).

¿Para qué esto debe suceder así?

Para que el Espíritu nos recuerde todas las palabras que Dios nos ha hablado.

En (Juan 14: 26), el Señor Jesús dice que el Espíritu nos recordará todas las cosas que Él ha dicho.  Leyendo sólo la letra de tinta, se puede interpretar que les está diciendo esto a sus apóstoles y por tanto, se podría pensar que son ellos quienes recordarían por acción del Espíritu, las cosas que el Señor Jesús les dijo.

Mas, si leemos el evangelio  en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, sabremos que el Señor Jesús está hablando palabras eternas, dichas en los lugares celestiales y dirigidas para todos los elegidos, que por el plan del Pacto fuimos puestos en la tierra junto a los no elegidos.

Cuando el Espíritu viene a recordarnos las palabras que Dios no habla en la eternidad, sólo los que están escogidos para ser su pueblo, las pueden recordar.

De tal forma, que quienes por el recordatorio que hace el Espíritu creen en el Testimonio Viviente de Jesucristo, es porque ya son elegidos para Vida; y quienes no creen, es porque ya la Ira de Dios, los ha condenado en la misma eternidad.

Observen lo que dicen estos textos del evangelio:

Juan 3:

36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

(R. V. 1960)

1 Juan 5:

11. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(R. V. 1960)

¿De qué forma entonces Dios nos da el Testimonio de que ya nos ha hablado en la eternidad y de que nos ha dado la Vida Eterna?

Este Testimonio, se nos da mediante el recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, de que somos hijos amados de Dios.

Estamos aquí en la tierra mis amados, mas, en la eternidad, en los lugares celestiales ya Dios nos habló y nos hizo sus promesas.

Este peregrinaje por la tierra, es sólo para que se cumpla el Testimonio, de que quienes creen en Cristo, son quienes han nacido de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3) luego de haber recibido el recordatorio del Sello del Espíritu; y quienes no creen en Cristo, son quienes nunca vivirán, por son muertos desde la eternidad y hasta eternidad.

Los muertos no reciben ningún recordatorio porque se ha borrado de ellos todo recuerdo y ellos mismos son borrados del recuerdo  de todo lo creado (Isaías 26: 14).

Por si alguna duda queda todavía acerca de que Dios ya nos habló en la eternidad espiritual, analicen en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, no en religiosidad, lo que afirma el mismo Señor Jesús:

Juan 6:

45. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.

46. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.

47. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

(R. V. 1960)

Escudriñen amados, que Dios ya nos habló en la eternidad.

Aquí en la tierra, con su Espíritu nos recuerda lo que antes ya nos ha dicho.

Además, nos enfatiza en que sólo el que ha venido de Dios, ha visto al Padre; y por supuesto, podemos concluir en que todo aquel que ha visto al Padre también ha oído sus enseñanzas.

El evangelio dice también que nadie jamás vio a Dios y que es el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, quien lo ha dado a conocer (Juan 1: 18).

Esta afirmación del evangelio, nos revela con claridad que aquí en la tierra, envueltos como estamos en una escafandra de carne, es el Espíritu de Cristo, que ya no está en carne, sino en Espíritu en el seno del Padre, el que nos hace conocer quién es nuestro Padre.

El recordatorio que nos hace el Espíritu es  básico para recibir aquí en la tierra, el Conocimiento del Reino Celestial Eterno.

Veamos lo que los siguientes textos de la Palabra nos expresan con claridad:

Jeremías 31:

33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(R. V. 1960)

27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

(R. V. 1960)

Como puede ver, es el Espíritu Santo quien recuerda todo y enseña todo.

Yo mismo debo decir, que las cosas que escribo en esta web blog para disfrute y edificación de la Iglesia de Jesucristo, no pueden ser aprendidas, si no es el mismo Espíritu Santo obrando en recordatorio y enseñanza sobre los escogidos que reciben estas entregas.

Pero debo añadir, que es necesario que estas cosas las escriba, no por obra mía sino por acción del Espíritu que mora en mí, porque como veremos en la siguiente entrega, es a través de la predicación de estas verdades reveladas que se circuncidan los oídos de los elegidos que aún están incircuncisos; y se perfecciona el conocimiento de todos los que están siendo perfeccionados en las manos del Alfarero.

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 28

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

27. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 26

¡Amados de Dios!

En la entrega anterior, les dejé expuestos los siete elementos o características que componen el Sello del Espíritu Santo.

Para iniciar esta entrega, expongo otra vez estos siete elementos:

  1. Quebrantamiento
  2. Arrepentimiento
  3. Entendimiento
  4. Conocimiento
  5. Fe
  6. Purificación
  7. Obediencia

El nuevo nacimiento de una persona ocurre, cuando estos siete elementos que son la esencia misma del Sello y que son grabados en el corazón del elegido de Dios, se evidencian a través de lo que el evangelio denomina: El fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

Antes de analizar el fruto del Espíritu, debemos analizar primero y con detalle, cada una de estas siete características del Sello, de las cuales se desprende el fruto.

Estos siete elementos con su fruto, es lo que observamos por el Espíritu, en todos aquellos que han sido sellados.

Les digo esto, porque para los entendidos, es importante discernir los espíritus, según lo exhorta el evangelio (1 Juan 4: 1), para que identifiquemos a los que encubiertamente pretenden infiltrarse, haciéndose pasar por uno de nosotros, los que somos, nacidos de nuevo.

Estos que se quieren infiltrar, son portadores del espíritu del error, o lo que es lo mismo, del engaño, pues en su naturaleza, tratan siempre de engañar con palabras vanas, por lo cual están destinados a condenación (Efesios 5: 6; Judas 4).

Para explicarme mejor, estoy hablando de quienes pretenden infiltrarse en el cuerpo de Cristo, haciéndose pasar por nacidos de nuevo, pero que en el discernimiento de espíritus, sabemos que sólo son religiosos sin santidad, que frecuentan sus congregaciones, donde son aceptos y engañan; pero que el cuerpo de Cristo que es una congregación espiritual sin muros de cemento, esparcida a largo y ancho del planeta Tierra, los rechaza y jamás los dejará entrar en Él, al no haber recibido el Don del arrepentimiento.

De hecho, estos infiltrados engañan a los suyos, pero a los escogidos no los pueden engañar, aunque lo harían, si les fuese posible (Mateo 24: 24).

¿Creen amados que esto es posible?

¡No! Esto no es posible.

De esta forma entendemos, que según sean las características espirituales del individuo, así es el testimonio del fruto que evidencian; o lo que es lo mismo, según el fruto que manifiestan las personas, sabemos si son, o no son de Dios (1 Juan 4: 6).

Cuando una persona nace de nuevo en el Espíritu, es cuando recibe aquí en la tierra por parte del Espíritu Santo, con su Sello, el Testimonio de su elección para Salvación.

El momento del nuevo nacimiento es este, en que el Espíritu Santo, le aplica su Sello al escogido de Dios, con estos siete elementos mencionados.

Por eso, hay que tener claro, que el nuevo nacimiento en el Espíritu, no depende del que nace de nuevo, sino del que dio la orden para que sea sellado para el nuevo nacimiento.

Este momento es lo que el evangelio llama: El momento del cumplimiento del tiempo en el corazón del escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Nadie puede decir que es nacido de nuevo, si no está sellado con estos siete elementos.

Repito: El momento en que se aplican estos siete elementos en el corazón de cada escogido, es el momento del cumplimiento del tiempo para el escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Este es el momento en que el escogido de Dios, que hasta ese instante ha estado espiritualmente muerto, es llevado de la muerte a la vida (Efesios 2: 5); o lo que es lo mismo, es llevado de las tinieblas a la Luz (Efesios 5: 14; 1 Pedro 2: 9).

Antes de que el escogido reciba el Sello que le da la Vida Eterna, está vivo biológicamente, porque sólo es nacido de simiente carnal, de padre y madre biológicos. Sin embargo, está espiritualmente muerto.

Una vez que el escogido, por la acción del Sello renace, lo hace en Espíritu, pasando su vida biológica a un segundo plano, porque lo que en realidad cuenta para su Salvación eterna, es su nuevo nacimiento espiritual.

Este nuevo nacimiento, viene entonces de una Simiente Divina incorruptible (1 Pedro 1: 23).

Este nuevo nacimiento es producido en la Simiente de Abraham, que es Cristo (Gálatas 3: 16).

Entendamos de esta manera, por qué el Señor Jesús le dijo a Nicodemo que nadie que no haya nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos (Juan 3: 3).

El Reino de los Cielos es totalmente espiritual, por tanto, sólo pueden verlo los espirituales, o sea, los que tienen ojos espirituales para verlo y entrar en Él.

Nadie puede tener ojos espirituales si no ha sido sellado con el Sello del Espíritu.

Sólo el que está sellado, o sea, el que ha nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos y entrar en Él.

No puede entrar en el Reino de los Cielos ningún muerto espiritual, o sea, ninguna inmundicia de carne (Isaías 4: 3 – 4; Efesios 5: 5; 1 Tesalonicenses 4: 7).

Habíamos ya dejado claro en la entrega anterior, que este Sello es Eterno y que es implantado por una sola vez y de manera irrevocable.

No hay tal cosa como aquella, de la que hablan los que predican doctrinas de demonios, en cuanto a que alguien puede perder la Salvación, en relación a si hace, o no hace tal o cual cosa.

Ustedes habrán constatado en innumerables ocasiones, la falacia de algunos predicadores que exhortan a sus rebaños  a esforzarse para no ser borrados del Libro de la Vida.

¡Para Dios, no hay tal cosa!

El que fue Sellado con el Espíritu Santo, también ha sido por Pacto Eterno, registrado desde la eternidad y hasta la eternidad (Salmo103: 17 – 18) en el Libro de la Vida.

Para el que está escogido, en el Libro de la Vida ya quedó registrado su nombre, legalizado con Sello de Escribano (Ezequiel 9: 2 – 4).

Alguno podrá argumentar que el evangelio menciona que sí, hay quienes serán quitados del Libro de la Vida.

Para sostener este argumento se basan en el siguiente versículo:

Apocalipsis 22:

 19. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

(R. V. 1960)

La errónea interpretación de este versículo, hace que muchos predicadores perviertan la revelación, haciéndola de contenido religioso, cuando incitan a sus rebaños a realizar obras de buen comportamiento religioso para no ser quitados o borrados del Libro de la Vida. Entre estas obras, cuentan los diezmos y las ofrendas.

Amados de Dios, insistimos en esta página de enseñanza, que la Palabra del evangelio es Piedra de Tropiezo y de caída para los que jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, ni fueron sellados por el Escribano.

El Espíritu Santo hace que sus entendidos no tropecemos, porque nos da la revelación completa de lo que nos quiere revelar.

Dice también el evangelio, que lo que sabemos los entendidos lo sabemos en parte, hasta el día en que lo sepamos todo (1 Corintios 13: 9); pero la parte que llegamos a saber, es porque el Espíritu Santo, nos la ha revelado completa, con el fin de que no tropecemos.

Sabemos entonces, que los que están sellados, están inscritos en el Libro de la Vida.

Si estamos inscritos en el Libro de la Vida, entonces, no tenemos el espíritu para cambiar las cosas que están escritas en la Profecía.

Esto es algo análogo a lo que ya habíamos discernido, con respecto a lo que el Señor Jesús dice: “Bienaventurados los pobres en Espíritu.” Recuerden que esto quiere decir, que los pobres en Espíritu, tienen un Espíritu, que no posee en su naturaleza, la condición de hacer riquezas materiales.

De la misma forma, los inscritos en el Libro de la Vida, no tienen Espíritu para ni siquiera intentar cambiar el contenido escritural del Espíritu de la Profecía.

Continuemos…

Recordemos que Jesucristo es el mismo Espíritu de la Profecía (Apocalipsis 19: 10).

Quienes alteran la Palabra de la Profecía, son los mentirosos, hijos del diablo, que intentan desfigurar la imagen de Jesucristo, como si tuvieran el poder para hacerlo; mas, en su intento, sólo sirven para tropiezo y caída de todos aquellos que pertenecen a su mismo linaje de serpiente.

Si interpretamos en Espíritu el versículo mencionado (Apocalipsis 22: 19), entonces debemos saber, que estos que alteran la Palabra de la Profecía, jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida. Por tanto, el espíritu que estos tienen, es un espíritu réprobo (2 Timoteo 3: 8) que miente, altera e intenta desfigurar la imagen de Cristo, que es el Espíritu de la Profecía.

Cuando el evangelio eterno dice que estos serán quitados, lo que dice es, que desde antes de la fundación del mundo, se decretó para ellos que sean quitados del Libro y de la ciudad de Dios, porque para ellos no hay la opción del Sello.

La declaración del evangelio pareciera ser para el futuro, pero en realidad es lanzada en la eternidad; y la Palabra de Dios que es Eterna, no tiene presente, pasado ni futuro.

Comprobemos que los que no están sellados, están en desgracia desde la eternidad hasta la eternidad….

¿Qué quiere decir que están en desgracia?

Agarren esta revelación:

¡Quiere decir que no están inscritos en el Libro de la Vida!

Dicho de otra manera: ¡No pertenecen al cuerpo de Cristo!

Los que no están en el cuerpo de Cristo, simplemente: ¡Están muertos! (1 Juan 5: 12).

Analicemos pues, los siguientes versículos y tengamos claro, que la Palabra Eterna de Dios no habla en futuro sino que habla en lenguaje eterno; es decir, nos dice lo que ya para Dios está establecido en la eternidad…Lo que ya está decidido….Lo que ya está hecho:

Apocalipsis 13:

 8. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

(R. V. 1960)

El versículo dice que “no estaban inscritos en el Libro de la Vida.”

¿Por qué no estaban inscritos?

Porque estaban muertos.

No hay muertos inscritos en el Libro de la Vida.

Los que están inscritos son los que viven.

¡Según este versículo, los que adoran a la bestia son los muertos!

En cambio, los que viven, son los verdaderos adoradores, quienes son en la eternidad buscados por el Padre, para que lo adoren en Espíritu y en Verdad (Juan 4: 23).

Si el Padre busca a sus adoradores, es a estos a quienes los inscribe en el Libro de la Vida desde tiempos eternos.

Agarren esta revelación eterna:

Si el Padre busca a sus adoradores, es porque los tiene escogidos eternamente.

No hay nadie que esté inscrito en el Libro de la Vida, que no haya sido escogido y buscado por el Padre.

Sus adoradores son sus escogidos, o sea, los que viven.

Recordemos que el Señor Jesús mencionó, que Dios es Dios de vivos, no de muertos (Marcos 12: 27; Lucas 20: 38).

 Ahora vamos a:

 Apocalipsis 17:

 8. La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

(R. V. 1960)

¡La bestia está eternamente muerta!

 Apocalipsis 20:

 15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

(R. V. 1960)

Los que no fueron escogidos por el Padre, nunca fueron inscritos en el Libro de la Vida; y por tanto, fueron lanzados al lago de fuego.

El versículo no dice que los muertos serán lanzados. Lo que dice es, que los muertos ya fueron lanzados.

Los que fueron lanzados son los eternamente muertos.

Repito, los muertos que fueron lanzados, nunca estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, o lo que es lo mismo, nunca estuvieron destinados a pertenecer al cuerpo de Cristo.

Una vez más:

La connotación de no estar inscrito en el Libro de la Vida es, que no se pertenece al cuerpo de Cristo que es la Vida, sino al cuerpo del adversario, que es la muerte.

¿Se dan cuenta mis amados?

¡Que los que no pertenecen al pueblo de Dios, o sea al cuerpo de Cristo, son aquellos que no fueron nunca inscritos en el Libro de la Vida!

Dios en su Presciencia (1 Pedro 1: 2), los quitó desde tiempos eternos, del privilegio de estar en el Libro de la Vida.

Sigamos razonando en la Luz del Espíritu…

Si los que no están sellados, tienen esta condición eterna de no estar sellados, por supuesto entonces, que los que sí estamos sellados, también tenemos esta condición de estar sellados, en forma eterna e irrevocable.

Para hacer más didáctico este concepto, comparemos el Pacto Eterno de Dios, con lo que ocurre en los sistemas del mundo, cuando usted legaliza una acción civil con un sello de notario público.

Una vez que está sellado el documento de la acción llevada a efecto, también queda la acción registrada en los libros de la notaría, para testimonio legal.

Entonces, no hay tampoco tal cosa, como la que se oye decir a muchos faltos de entendimiento, de que un día recibieron a Cristo, pero que después se apartaron.

El Sello se lo tiene o no se lo tiene eternamente.

El que está sellado por el Testimonio dado aquí en la tierra por el Espíritu, el Agua y la Sangre, no tiene capacidad de apartarse, porque vive en el Espíritu. Por eso está sellado en Pacto Eterno.

Dije: ¡Vive en el Espíritu!

No dije: ¡Vive religiosamente!

Si un pacto cualquiera, hecho y sellado entre hombres no se puede romper (Gálatas 3: 15), a no ser que las partes pactantes se pongan mutuamente de acuerdo para anular el pacto; menos aún, se podrá nunca romper por mano humana, el Poderoso Sello del Espíritu Santo, que testifica el Pacto Eterno hecho por Dios (1 Juan 5: 6).

¡Lo que Dios Sella, no lo anula el hombre!

He visto estudios sobre los pactos, que dicen verdad cuando mencionan que es Dios quien hace los pactos con el hombre y no es el hombre quien puede llamar a Dios a hacer los pactos.

Con esta verdad, queda claramente desbaratada la teología diabólica de los pactos de la prosperidad, manejada por hombres censurables, que no tienen vergüenza en la cara para explotar a los carentes de entendimiento, cuando los llaman a pactar con Dios por esa prosperidad, a cambio de dinero.

En donde estos estudios a mi modo de ver se equivocan, es cuando mencionan, que todos los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, el hombre los rompió.

Ustedes creen mis amados, que el hombre tiene capacidad para deshacer algo que Dios  decreta.

¡¡Nooo, mis amados!!

Hay que tener bien claro esto: Que el hombre en su naturaleza caída, ha incumplido los pactos; pero esto no quiere decir que los ha roto. Ha hecho caso omiso de los pactos de Dios, razón por la cual, en rigor de los estatutos de los pactos, ha recibido en retribución, las desgracias provenientes del incumplimiento de los mismos.

Las Escrituras narran todo lo que aconteció en la historia del hombre, para revelarnos de forma ejemplar a quienes hemos alcanzado los fines de los siglos, que el hombre impío de todas las épocas, ha incumplido con los estatutos de los pactos hechos por Dios (1 Corintios 10: 11).

Todos los pactos hechos por Dios con el hombre en la tierra, e incumplidos por este último, son la confirmación de la eterna validez del Pacto Eterno hecho por Dios en el cielo para con sus elegidos; y este Pacto no puede ser anulado por los pactos hechos por Dios en la tierra (Gálatas 3: 17), ya que estos,  fueron hechos para mostrarnos una réplica materializada en la tierra, de la rebelión espiritual al mando de Lucero, ocurrida en tiempos eternos, por la cual, los impíos quedaron sometidos a Ley después de perder la Gracia.

¿Cómo es esto?

El Pacto Eterno, como lo hemos analizado ya en nuestro estudio, es indestructible  e irrevocable. La Ley no puede anular la Gracia de los escogidos de Dios (Gálatas 3: 17).

Precisamente, esa Gracia de la indestructibilidad del Pacto Eterno que Dios hizo en el cielo para con sus escogidos, queda ratificada en las Escrituras, refrendándose en las permanentes catástrofes que en ellas están narradas, ocurridas por efecto de la Ley Divina sobre quienes han incumplido con sus conductas impías los pactos hechos por Dios en la tierra, recibiendo la retribución de su incumplimiento, lo cual, es sólo la sombra de la gran catástrofe universal eterna que experimentan los que ya están eternamente condenados, desde la rebelión de Lucero contra el Trono de Cristo.

Nadie puede romper el Sello del Pacto Eterno.

La Gracia de los que están sellados es eterna.

La desgracia de los que no están sellados también es eterna.

Más adelante en este esta página, nos concentraremos en analizar uno por uno, los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, y veremos con más detalle, que los hizo para ratificar en la tierra, su Pacto Eterno hecho en el cielo a favor de sus elegidos y en contra de los enemigos del Trono de Cristo.

El Sello no es algo que Dios lo aplica y que después Él mismo lo pueda retirar a su antojo, menos aún, es algo que cualquier mortal pueda por sí mismo quitárselo, para decidir por cuenta propia el apartarse del Espíritu Santo.

Si hay algo que Dios en todo su Poder, no puede hacer, es mentir, e irse en contra de su propia Palabra emitida por Pacto, desde antes de la fundación del mundo (Tito 1: 2).

En todo su Poder y Soberanía, esto es lo único que Dios no puede hacer.

De tal forma, que Dios no pone su Sello a sus escogidos, para después por antojo suyo, cambiar de opinión y retirárselo.

Tampoco es algo que Dios pueda hacer, el que después de elegir en Pacto Eterno a los suyos, los deje a expensas de la debilidad de la carne, de las maquinaciones del diablo y de sus redes de cazador tejidas en el mundo.

El Espíritu Santo es el custodio de los elegidos para que se garantice el cumplimiento del Pacto.

Ya veremos más adelante, cómo el Espíritu Santo ejerce ese custodio de los elegidos mediante la acción dinámica de sus siete elementos, con el fin de que se garantice la confirmación del Pacto, dentro del corazón de cada uno de ellos.

El Sello del Espíritu Santo, es precisamente la garantía (2 Corintios 1: 22; Efesios 1: 14) de la Promesa de Salvación dada por Dios, mediante el Pacto Eterno, para sus elegidos.

Desde que estamos sellados, estamos unidos a Dios en su Amor y nada puede separarnos de Él (Romanos 8: 35 – 39).

Entonces, los religiosos que predican por ignorancia o por conveniencia, que las personas andan en riesgo de perder la Salvación, sencillamente, mienten.

Por eso el evangelio les dice a los religiosos que predican estas mentiras, que refrenen su lengua, porque con el corazón engañan (Santiago 1: 26).

En esta mentira, se incuba y se reproduce el germen diabólico de la doctrina de las obras, con su consiguiente sistema de recaudación de diezmos y ofrendas.

Los rebaños compuestos por gente que no está sellada por el Espíritu Santo, son un buen negocio para los comerciantes del evangelio, porque al no tener el Sello, tampoco tienen el Entendimiento; y creen, que al diezmar u ofrendar, están agradando a Dios.

Unos omiten deliberadamente de sus razonamientos, lo que al respecto dice la Escritura; y otros, para nada entienden cuando Dios habla lo siguiente:

1 Samuel 15:

 22. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

(R. V. 1960)

Oseas 6:

 6. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

(R. V. 1960)

Isaías 1:

 11. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

13. No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

(R. V. 1960)

¿Pusieron atención a estos versículos mis amados?

Estas Palabras son escritas en el Antiguo Testamento, en el mismo período testamentario de la Ley.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que Dios invalida con estas Palabras las declaraciones de la Ley?

¡¡No!!

Así como la Ley no invalida la Gracia; de la misma forma la Gracia no invalida la Ley.

La Ley es perfecta (1 Timoteo 1: 8), sólo que la Ley es hecha para juzgar a los incrédulos (1 Timoteo 1: 10).

Las palabras mencionadas por Dios en los versículos expuestos, ratifican la Gracia otorgada por Decreto Divino para los que están sellados.

¿Por qué la Ley que cae sobre los incrédulos, ratifica la Gracia que le es dada a lo escogidos de Dios?

Porque los que están sellados son los que reciben la Gracia de la Salvación, obtenida por medio del Único Sacrificio y de la Única ofrenda que a Dios le agrada, que es el Sacrificio de su Hijo en la cruz, derramando su Sangre del Pacto Eterno.

De esta forma, los que están sellados, no tenemos que hacer ningún sacrificio para ganarnos la salvación, puesto ya hay Uno que hizo el sacrificio verdadero para que todos podamos ser salvos.

La Ley es tan perfecta, que sólo Uno Perfecto la podía cumplir.

Como ese Único Perfecto, es el Hijo de Dios, el cual no tenía pecado, con su perfección cumplió toda la Ley y lo hizo por todos los escogidos de Dios, los que fueron escogidos para creer en Él; quien además de cumplirla, ante ella se dio a Sí mismo, como la Única y Eterna Ofrenda (Efesios 5: 2) que pague por los delitos y pecados de todo su pueblo dotado eternamente de la Gracia (Mateo 1: 21).

¿Se dan cuenta mis amados, lo importante que es, tener bien claro lo que significa estar sellado por el Espíritu Santo?

El Sello Divino que portamos los escogidos de Dios, es lo único que a Él le agrada.

Les garantizo amados, que los que no están sellados, sí agradan mucho a sus pastores que se lucran de ellos; pero para Dios no son agradables.

También les puedo garantizar, que pastores y rebaños sin el Sello, tienen preparado para sí, el lago del fuego (Apocalipsis 20: 15).

 Paro aquí, para que estudien lo que hemos analizado y discernido.

Continuaremos en la próxima entrega con el punto de expectativa: La descripción de cada uno de los siete elementos que estructuran el Sello del Espíritu Santo.

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 27

 

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 25

Amados del Señor!

Vamos en esta entrega, a adentrarnos más aún, en el escudriñamiento de las características del Sello del Espíritu Santo.

Del conocimiento de estas características, podremos más adelante, entender también con firmeza, sus manifestaciones.

Si ustedes han seguido las enseñanzas de este blog, las cuales están confirmadas en la Biblia, entonces, usted a estas alturas del conocimiento adquirido, ya sabe, que el Sello del Espíritu Santo que está marcado en el corazón de los elegidos de Dios, es un Sello Eterno.

Con este Sello, se certifica en cielo el testimonio acerca de las promesas que para sus elegidos, hacen en la eternidad, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo (1 Juan 5: 7), en lo que constituye el Pacto Eterno.

Este mismo Sello, certifica aquí en la tierra el testimonio de los mismos Tres del cielo, que son Uno: El Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8).

En este punto, agarren esta revelación:

El evangelio, nos revela a los entendidos, que estos Tres, “como lo hacen en el cielo, así también lo hacen en la tierra” (Mateo 6: 10), de manera que concuerdan tanto en el cielo como en la tierra.

¿Qué quiere decir que concuerdan?

Quiere decir, que están totalmente de acuerdo; es decir, que lo que afirma el Uno, también lo afirma el Otro.

Los Tres, que son Uno, concuerdan, porque cada Uno, ratifica lo dicho por el Otro; es decir, que cada Uno, es testigo, de lo que dice el Otro.

Por tal razón, el evangelio expresa, que estos Tres, que son Uno, dan Testimonio, tanto en el cielo, como en la tierra.

Los Tres, son Uno, o sea, son el mismo Dios.

¿Puede Dios mentir como testigo de Sí mismo?

¡Imposible!

Revisemos las Escrituras:

Números 23:

19. Dios no es hombre, para que mienta,

Ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Él dijo, ¿y no hará?

Habló, ¿y no lo ejecutará?

(R. V. 1960)

¿Entonces, en qué concuerdan los Tres?

Pues, en cumplir con la Voluntad del Padre.

Es así que, para que se haga la Voluntad del Padre, expresada en el cielo (Mateo 6: 10), según lo pactado en la eternidad, allí mismo en el cielo, los Tres, también testifican en la tierra, haciendo que se cumpla dicha Voluntad.

¿Cuál es entonces, el testimonio de la Verdad, sobre la Voluntad del Padre, en que concuerdan los Tres, al actuar como Testigos?

¡Pues, los Tres son Testigos de la decisión tomada en el Pacto Eterno!

Y ahora, la pregunta de rigor es:

¿Cuál es esta decisión pactada, acerca de la que los Tres son Testigos?

Veamos cuál es la respuesta que el evangelio nos revela, acerca de la Voluntad del Padre:

Efesios 1:

3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4. según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

5. en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

(R. V. 1960)

Observen amados, que en (el versículo 5) nos expresa la Palabra, que “fuimos escogidos en Amor, según el puro afecto de su Voluntad.”

Como ven, su Afecto está ligado a su Voluntad, con lo cual entendemos, que la Voluntad del Padre es su Amor hacia  sus escogidos.

Ahora ya pueden mis amados, darse cuenta, de cuál es el contenido espiritual de la oración que el Señor Jesús dejó como enseñanza para los elegidos del Padre.

La revelación que se nos da aquí, es esta:

Cuando el Señor Jesús dice:

“Hágase tu Voluntad, como en el cielo, así en la tierra” (Mateo 6: 10), está exaltando la Voluntad del Padre y ratificando el cumplimiento del Pacto eterno que Dios hace en la eternidad para sus escogidos, por una sola razón: Su amor para todos nosotros.

Es decir, que el Señor Jesús nos enseña en esta oración, que no hay nada que suceda aquí en la tierra, que no haya sido previamente decidido por el Padre y acordado con el Hijo y con el Espíritu Santo, en el Pacto Eterno.

Por eso es, que el evangelio nos exhorta a no estar afanosos por nada (Filipenses 4: 6).

El mismo Señor Jesús afirma que nadie puede añadir un codo a su estatura, por más que se afane (Lucas 12: 26).

En el Pacto Eterno, ya está decidido todo. No hay vuelta atrás.

Esta vida terrenal es sólo una sombra pasajera, que temporalmente oculta a los sentidos humanos, lo que ya es.

Y lo que se oculta a la carne, es precisamente, lo que nuestro espíritu en Cristo, lo ve mediante la Fe (2 Corintios 5: 7).

Los elegidos de Dios, ya tienen las promesas del Pacto Eterno, por eso el evangelio nos exhorta a cada momento, a tener paciencia en las tribulaciones, porque en ellas estamos siendo partícipes de las tribulaciones de Cristo; y de la misma manera, estamos siendo partícipes de su Gloria (Romanos 5: 3 – 5; Santiago 1: 3 – 4; 1 Pedro 4: 12).

Ya el Señor Jesús afirmó, que en el mundo tendremos aflicción, pero que debíamos confiar, porque Él, ya ha vencido al mundo (Juan 16: 33).

¿Por qué el Señor Jesús nos pide confiar?

En primer lugar, porque Él sabe, que el que confía, es quien está hecho de su linaje, o sea, de su Espíritu; y el que tiene su Espíritu, sabe por Fe, que todo ya está a su favor, por decisión del Pacto Eterno.

Si ya todas las bendiciones están decididas y otorgadas en el Pacto Eterno para los escogidos de Dios (Efesios 1: 3 – 4), entonces, no hay nada de qué preocuparse y no hay participación de obra humana alguna, que pueda cambiar lo que ya está establecido.

Las buenas obras que los escogidos hacen en la tierra, son aquellas que en el Pacto Eterno, les fueron depositadas en el corazón, para andar en ellas (Efesios 2: 10).

¿Cuáles son estas obras que Dios preparó para que en ellas, anden sus elegidos?

Estas obras, son las obras de su Perfecto Amor, o sea, las obras de su Voluntad, o sea, su Amor, que su Santo Espíritu derramó sobre todos sus elegidos; y con ese Amor, nos selló (Romanos 5: 5).

Entiendan mis amados, que el Sello con el que fuimos sellados en el Pacto Eterno, es un Sello de Amor (Efesios 1: 5).

Entiendan mis amados, que en la eternidad, en los lugares celestiales, ya fuimos sellados con el Amor de Dios.

Entonces, por Pacto; los Tres que son Uno, graban en nuestros corazones el Testimonio de la decisión pactada.

Por ese Testimonio que llevamos grabado en nuestros corazones; que coincide con todo lo que se nos ha revelado mediante el evangelio, es que sabemos, que no hay nada aquí en la tierra y tampoco en el cielo, que nos pueda arrebatar ese Sello, con el que se nos ha marcado eternamente.

Veamos los que nos dice al respecto, esta revelación del evangelio:

Romanos 8:

35. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36. Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; 
Somos contados como ovejas de matadero.

37. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39. ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

(R. V. 1960)

¿Se dan cuenta mis amados entendidos?

¡Todo está dicho en el Pacto!

Todo aquel en quien mora el Amor de Dios, es quien tiene el Sello del Espíritu Santo.

Por eso dice el evangelio, que aunque alguien tenga muchos dones, si no tiene Amor, no es nada (1 Corintios 13: 2).

¿Entienden mis amados?

¡El que no tiene Amor, es aquel en quien Dios no ha depositado su Amor, mediante el Sello del Espíritu Santo!

Entonces, el que no tiene el Sello del Espíritu Santo, por lo que declara el evangelio, “no es nada.”

Por eso mismo es, que las Escrituras nos afirman, que Dios no ve las apariencias, sino el corazón (1 Samuel 16: 7).

Lo que Dios ve en el corazón es la semilla de su Amor, depositada como un Sello.

Debemos tener claro entonces, que el Amor no es un sentimiento carnal sino una estructura espiritual, de la cual ya hablaremos más adelante para entenderla a cabalidad.

Por ahora, recordemos, que el evangelio nos declara, que al presentarnos ante el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5: 10), Dios verá el Amor que hay en nuestros corazones; y Éste, que es su mismo Sello, es el que indica que somos su pueblo; y que estamos absueltos de multitud de pecados (Romanos 8: 1; 1 Pedro 4: 8; 1 Juan 4: 17).

Los elegidos de Dios, como vasijas de barro en las manos del Alfarero, nos vamos perfeccionando en el Amor de Dios, que ha sido sellado en nuestros corazones, a partir del nuevo nacimiento en el Espíritu (1 Juan 2: 5; 4: 12; 18).

Observen lo que dice el evangelio:

1 Juan 2:

15. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

(R. V. 1960)

¿Qué nos dice este versículo?

Que el testimonio de que alguien tiene o no el Amor del Padre, o sea, el Sello del Espíritu Santo, se puede observar, según la persona esté o no ligada en amor carnal a las cosas del mundo.

1 Juan 3:

17. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

(R. V. 1960)

¿Qué nos dice este versículo?

Que muchos que se golpean el pecho diciendo que Dios está con ellos, en realidad no tienen el Sello del Espíritu Santo, pues, ante la necesidad innegable de su hermano, se hacen la vista gorda, teniendo la posibilidad de socorrerlo.

Los versículos expuestos, nos hablan de aquellos que no tienen el Espíritu Santo morando en sus corazones; es decir, no tienen el Depósito (2 Timoteo 1: 14) del Amor de Dios. Estos no están sellados.

A estos, el Señor Jesús, les decía:

Juan 5:

42. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

(R. V. 1960)

Vean mis amados, cómo el Señor Jesús les da aquí en la tierra a los incrédulos de ese tiempo, el Testimonio eterno de no estar sellados por el Amor de Dios.

Con estas palabras, el Señor Jesús deja implícito, que el Testimonio dado en el cielo por los Tres que son Uno, es el Testimonio eterno del Amor de Dios, depositado en el corazón de sus elegidos desde la eternidad y hasta la eternidad (Jeremías 31: 3).

Repito una vez más:

¡Todo es eterno!

Sustentados en este conocimiento, obtengamos ahora, de las mismas Palabras del Señor Jesús, otra revelación, a partir del siguiente versículo:

Mateo 18:

18. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

(R. V. 1960)

En estas palabras expresadas por el Señor Jesús, nuevamente, se nos hace conocer, que para sus elegidos, están ya selladas en el cielo, todas las decisiones que estos tomen en la tierra.

¿Por qué sucede esto así?

Esta es la revelación que nos da el evangelio:

Que los escogidos de Dios, toman todas sus decisiones por la Voluntad de Dios, la cual, es el mismo Espíritu de Dios morando en ellos desde la eternidad, grabada como un Sello (Filipenses 2: 13).

Continuemos…

En entregas futuras, veremos qué es lo que en la eternidad ocurre en los lugares celestiales, para que el Concilio de Dios, tome la decisión de hacer su Pacto Eterno, del cual se suscita la elección del pueblo de Dios y su identificación con el Sello del Espíritu Santo.

Por ahora, sepamos con claridad, que cuando nacimos en esta tierra, vinimos muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2: 1).

Vinimos:

Biológicamente: Vivientes!

Espiritualmente: Muertos!

Muchos se confunden con esta revelación que nos da el evangelio. No alcanzan fácilmente a comprender por qué es que vinimos muertos.

Por esta razón es que en las dos entregas anteriores, les di una visión breve de la eternidad, aspecto fundamental que debe ser bien entendido para poder entender mejor todos los demás aspectos relacionados con la esencia de Dios y sus revelaciones sobre la misma.

El haber muerto en nuestros delitos y pecados es un hecho suscitado en tiempos eternos, en los mismos lugares celestiales. No es cosa de ahora. Esto lo irán asimilando conformen avancen en el entendimiento de las revelaciones de los misterios eternos de Dios (Deuteronomio 29: 29).

Ahora podrán entender mejor, que nuestras almas como elegidos de Dios, como nacidos de su Vientre y salidos de su Matriz, son eternas desde el momento en que nos selló con su Espíritu en los mismos lugares celestiales eternos.

El mismo Sello que certifica en el cielo el Testimonio de las Tres personas de la Divinidad, también lo certifica aquí en la tierra, en el momento determinado para cada individuo en particular.

¿Cuándo ocurre este momento personal?

Dice el evangelio, que este momento ocurre, cuando viene el cumplimiento del tiempo (Gálatas 4: 4).

Ahora bien, el momento del cumplimiento del tiempo es, según lo revela el evangelio, de una doble dimensión en el plan de Salvación:

Una dimensión es la que se cumple cuando llega el tiempo en que el Señor Jesús viene al mundo a salvar a su pueblo (Mateo 1: 21).

La otra dimensión es la que se cumple cuando llega el tiempo en que por orden de Dios, el Espíritu de Cristo entra en los corazones de los escogidos para Salvación.

En esta segunda dimensión del cumplimiento del tiempo, que es una situación personal para cada escogido de Dios, es cuando la persona es confirmada con el Sello de la Salvación.

Ampliemos esto, un poco más…

En forma general les puedo decir, según el entendimiento que se me ha dado; el cual conjuga con la Verdad revelada por el evangelio de Jesucristo, que cuando viene el cumplimiento del tiempo cósmico, es cuando Dios materializa ante los ojos del mundo entero y ante todo lo que existe en forma  visible e invisible, en la infinita, eterna e inconmensurable extensión del universo, el testimonio de su Amor decretado en el Pacto Eterno.

Jesucristo es el Amor decretado para todos sus elegidos de la Jerusalén Celestial, que peregrinan como esclavos aquí en la tierra.

Es así, que en el momento del cumplimiento del tiempo, el Señor Jesús entra en la Jerusalén terrenal (Lucas 9: 51), para allí ser inmolado, derramando su sangre, que es la Sangre del Pacto Eterno, con la cual libera de la esclavitud del pecado a su Jerusalén Celestial, que está repartida por toda la tierra.

¡Este es el cumplimiento del tiempo establecido por Dios en el Pacto Eterno, para ejecutar su plan de Salvación aquí en la tierra!

Observen con cuidado y agarren esta revelación:

El cumplimiento del tiempo, es este momento en que el Señor Jesús da la cara como fiador del Pacto (Hebreos 7: 22), para pagar (1 Corintios 7: 23)  con su sangre (Hebreos 13: 20), por la libertad de cada uno de los habitantes de su pueblo, que están esclavos en sus delitos y pecados (Mateo 1: 21).

Dice (Lucas 9: 51), que “cuando se cumplió el tiempo”, el Señor Jesús “afirmó su rostro para ir a Jerusalén.”

Esta es la revelación:

El Señor Jesús “da la cara” en la Jerusalén terrenal, para pagar el rescate por los suyos.

El Señor Jesús “da la cara” por su pueblo que está esclavo en el mundo de satanás.

Su pueblo es la Jerusalén Celestial: Su esposa (Apocalipsis 21: 9 – 10).

Mas, a través de la dimensión del tiempo terrenal, todos los que desde el principio de la humanidad, antes del momento cósmico pactado de inmolación y derramamiento de la Sangre del Cordero de Dios; y todos los que después de este momento hasta el postrer día decretado por Dios para este ciclo de vida terrenal han creído en este sacrificio, son quienes en el momento mismo de creer, han recibido el testimonio de los Tres, como confirmación en sus corazones de haber sido escogidos para salvación desde la eternidad.

Este es el momento del cumplimiento  del tiempo en sus vidas personales.

¿Qué es lo que se confirma en sus corazones?

En el momento del cumplimiento de este tiempo personal, cada elegido de la Jerusalén Celestial, es confirmado con el Sello del Amor de Dios, justo y preciso, ni antes ni después, sino en el momento en que Dios envía a sus corazones el Espíritu de su Hijo inmolado en el sacrificio de la Cruz (Gálatas 4: 6).

Este es el momento, en que el Espíritu del Hijo entra en cada corazón que lo recibe, no por voluntad humana, sino por Voluntad del Padre.

Este es el momento en que en forma personal, todo elegido de Dios que vino muerto en sus delitos y pecados, vuelve a la vida (Efesios 2: 1).

Este es el nuevo nacimiento (Juan 3: 3; 1 Pedro 1: 23).

¡Este es el Sello del Espíritu Santo!

¡Esta es la circuncisión del corazón!

Continuemos…

Sabiendo que el Consejo de Dios, ya deja determinado en el cielo, la aplicación del Sello en los escogidos de Dios, veamos ahora, cómo es que se da entonces, el proceso del Sellado en sus escogidos, aquí en la tierra:

Revisemos nuevamente este versículo:

1 Juan 5:

8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

(R. V. 1960)

¡Atentos mis amados a todas las revelaciones que se vienen a continuación!

El Señor Jesús es Piedra de Tropiezo para quienes no tienen este Conocimiento, que por su Misericordia, Él quiere que lo tengan sólo los escogidos del Padre…

…Si ustedes se fijan bien, en (1 Juan 5: 7), el orden en que el evangelio describe al Consejo de Dios es así: El Padre, el Verbo y el Espíritu Santo.

Ya sabemos que los Tres son Uno y que los Tres están de acuerdo en las decisiones que toman.

Ahora, fíjense nuevamente en (1 Juan 5: 8):

El orden en que se expone en el evangelio, a los miembros del Consejo de Dios es así:

El Espíritu, el Agua y la Sangre.

Los Tres en la tierra, siguen siendo los mismos del cielo. Siguen siendo Uno; y siguen estando de acuerdo en la tierra como en cielo.

Cuando los Tres hicieron el Pacto en el cielo, se pusieron de acuerdo para funcionar en la tierra, posicionados de esta manera descrita en el evangelio.

¡Váyanse gozando con lo que se les va revelando!…

Recuerden que el evangelio nos dice que la sangre de Jesucristo es la sangre del Pacto Eterno (Hebreos 13: 20)…

Con su Sangre, ya hay Uno de los Tres, Cristo, que da su Testimonio.

El plan de Dios, establecido para su Hijo, el Señor Jesucristo venido en carne, era el de derramar su Sangre aquí en la tierra, para dar en la tierra, el testimonio de su Sangre Eterna rociada sobre todos los escogidos de Dios, en los lugares celestiales eternos.

Ahora bien, una vez que tenemos claro el Testimonio en la tierra, del Hijo con su Sangre, ¡¡agarren la revelación que sigue!!:

El Señor Jesús dice en el evangelio, que era conveniente que Él se fuera, para que pudiera venir el Espíritu Santo (Juan 16: 7).

¿Para qué era conveniente que viniera el Espíritu Santo después de que Cristo diera su testimonio, derramando su sangre en la cruz?

La revelación la tenemos en el siguiente versículo:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Ya, en una entrega anterior, mencionamos este versículo y presentamos su revelación. Ahora, es necesario reforzarla: El Espíritu Santo, cuando en el cumplimiento del tiempo entra en nuestros corazones, viene a recordarnos todo lo que Cristo ya nos ha hablado en la eternidad, en los lugares celestiales.

Por eso es que, cuando un elegido de Dios recibe el Sello del Espíritu Santo, según lo dicen las Escrituras, en ese momento recibe la Unción; y es la Unción, la que le enseña todo (Jeremías 31: 33 – 34; 1 Juan 2: 20; 27).

Hasta aquí ya tenemos a dos miembros del Concilio Divino dando el testimonio en la tierra:

Por una parte, tenemos a Cristo derramando su Sangre del Pacto Eterno; y por otra, al Espíritu Santo recordándonos la Verdad (1 Juan 5: 6) del Misterio del Pacto Eterno, oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25), para que creamos en el sacrificio Cristo, en su Sangre y en su Nombre (Juan 1: 12 – 13).

Repito:

Hasta aquí, ya hemos visto a Dos de los Tres, dando el Testimonio. Cristo participa derramando su Sangre; y el Espíritu Santo, abriéndonos los oídos para que escuchemos la Verdad Eterna del evangelio, para que podamos creer en el sacrificio de Cristo.

En este punto, quiero insistir en esto último que he dicho: Que la Fe en Cristo y en su sacrificio, no depende de la voluntad personal, sino de la Voluntad del Padre, expresada en el Pacto Eterno y encargada al Espíritu Santo.

Esto que les acabo de mencionar, confirmémoslo con los siguientes versículos: (Juan 6: 44; 65; Romanos 9: 16).

Teniendo esto en mente, falta comprender ahora, cuál es la participación del Padre.

¿Cómo da el Padre su testimonio aquí en la tierra?

El Padre da su testimonio con su Voluntad; y es su Voluntad la que se cumple y no la voluntad de nadie, como habíamos dicho.

La Voluntad del Padre expresada en el cielo, prevalece en la tierra, con su  orden explícita dada al Espíritu Santo, de entrar a morar en sus escogidos.

Aquellos en quienes entra, reciben el testimonio del Padre, de haber sido hechos sus hijos, engendrados, no de voluntad de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios, por su Voluntad (Juan 1: 13).

Ese es el testimonio del Padre:

¡El Testimonio del Padre consiste en la expresión y en el cumplimiento de su Voluntad!

De esta forma es, que el Padre participa en el cielo dando la orden de salvación y elección, para que mediante su Palabra soberana que es Palabra de Amor para sus escogidos y es Palabra de ordenanza para el Espíritu Santo, se cumpla su Voluntad aquí en la tierra.

El Padre es representado en (1 Juan 5: 8) como el Agua.

El mismo evangelio nos revela que el Agua es la Palabra de Dios (Efesios 5: 26), o lo que es lo mismo, el Verbo (Juan 1: 1).

Ahora, los invito a hilar más fino:

Recuerden que toda Palabra que sale de la Boca de Jehová es el mismo Espíritu de Cristo (Deuteronomio 8: 3; Mateo 4: 4).

Revisemos ahora:

1 Juan 5:

6. Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.

(R. V. 1960)

Vemos que en este versículo, el Agua, la Sangre y el Espíritu se concentran en Uno Solo que es: Jesucristo.

Revisemos estas palabras del Señor Jesús:

Juan 5:

23. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

(R. V. 1960)

¡Toda la revelación de la Salvación está centrada en el Señor Jesús!

Con este conocimiento, ahora ya podemos concentrar toda nuestra mirada sólo en Cristo.

Es así que, el Espíritu del que habla (1 Juan 5: 8), es el Espíritu de Cristo.

En este mismo versículo, el Agua, representa a Cristo, o sea, a Dios encarnado como hombre (Romanos 9: 5).

Y la Sangre representa el Linaje Divino de Dios, derramado por Cristo, como testimonio visible en la tierra, de la Sangre del Pacto Eterno.

Esta Sangre, como tinta de Escribano (Ezequiel 9: 3 – 4), queda por el Espíritu Santo, grabada en el espíritu de todos los escogidos que deben llevar la marca del Linaje Divino, por decisión pactada en los mismos lugares celestiales, desde antes de la fundación del mundo (Romanos 9: 6 – 8).

Por consiguiente, todo el Testimonio de la Salvación se centra en Cristo, de tal forma, que dice el evangelio lo siguiente en (Colosenses 1: 17 – 18): Que Cristo es antes de todo y todo subsiste en Él, por lo cual, Él tiene la preeminencia en todo.

También dice el evangelio, que de Él, por Él y para Él es todo (Romanos 11: 36).

Es así mis amados, que según lo expresa el evangelio, quien tiene a Cristo, tiene el Testimonio de los Tres, tanto el Testimonio que es dado en el cielo, como el que es dado en la tierra.

Este es el Testimonio de la Gracia para los elegidos de Dios:

1 Juan 5:

10. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

(R. V. 1960)

Como vemos, quien tiene a Cristo, tiene en sí mismo el Testimonio de la Gracia.

Así mismo, dice el versículo expuesto, que quien no tiene a Cristo, es quien habiéndole Dios hablado, no le ha creído; y quien no le ha creído a Dios, es todo aquel que piensa que Dios es mentiroso.

Todo aquel que piensa que Dios es mentiroso, es porque le ha creído al adversario, el diablo (1 Pedro 5: 8).

Todo el que le cree al diablo, también es adversario (1 Corintios 16: 9; 1 Juan 2: 18).

Por esta razón, los adversarios, no tienen dentro de sí, el testimonio de la Gracia, sino que tienen en sí mismo, el horrendo testimonio de muerte irremisible, grabado por la Ley y dado como Testimonio por los mismos testigos del Pacto (Hebreos 10: 27 – 28), tanto en el cielo, como en la tierra.

Los adversarios son muertos, que desde el Pacto Eterno, no tuvieron acceso a la Promesa del Sello.

Veamos entonces, cómo es que en Cristo, por Cristo y para Cristo, actúa el Consejo Divino, para confirmar su Sello en los escogidos de Dios.

Volvamos a observar que en (1 Juan 5: 7), los Tres que en el cielo dan Testimonio de su Sello, están ubicados en este orden: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y en (1 Juan 5: 8), nos vemos que en la tierra, estos Tres que dan el Testimonio de su Sello, están ubicados así: El Espíritu, el Agua y la Sangre.

Siendo los mismos que en tanto en el cielo como en la tierra dan el Testimonio de su Sello, ¿por qué se posicionan en orden distinto?

De acuerdo a lo que hemos revisado anteriormente, ya podemos ahora comprender, que es el mismo Cristo, actuando y morando en el corazón de los elegidos, quien representa al Espíritu que nos levanta de entre los muertos; al Agua que nos lava y nos purifica de nuestros pecados; y a la Sangre que nos convierte en nuevas criaturas de naturaleza divina, hijos de Dios, del linaje de Abraham, Isaac y Jacob, pertenecientes a la realeza del Trono Eterno.

En la próxima entrega vamos a continuar examinando el proceso del sellado, o circuncisión espiritual del pueblo de Dios.

Por Ahora, les dejo sólo con los elementos o características del Sello del Espíritu Santo, para que ustedes los escudriñen.

El Sello es una marca, puesta irrevocablemente una vez sobre los elegidos en la eternidad, en los lugares celestiales (Hebreos 9: 24), (Testimonio en el cielo); y confirmada irrevocablemente también por una sola vez en el corazón de cada escogido de Dios mientras peregrina en la tierra (Hebreos 9: 26; 28), (Testimonio en la tierra).

Sin embargo, a pesar de que el Sello es aplicado y confirmado de manera eterna por una sola vez (Hebreos 9: 24 – 28), es necesario que cada una de las características del Sello, sea escudriñada en forma separada; y para que haya un mejor entendimiento del Sello como Justicia de Dios, es bueno que lo analicemos como un proceso, para reconocer en qué consiste, esta marca de su Justicia.

El análisis del Sello, visto como un proceso, lo iniciaremos en la próxima entrega.

Aquí les dejo por ahora, los elementos que caracterizan al Sello del Espíritu Santo:

  1. Quebrantamiento
  2. Arrepentimiento
  3. Entendimiento
  4. Conocimiento
  5. Fe
  6. Purificación
  7. Obediencia

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 26

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

25. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 24

Amados de Dios!

En la entrega anterior quedaron planteadas y respondidas dieciséis preguntas básicas para el entendimiento de la dinámica eterna del Sello del Espíritu Santo y su Poder actuando en los elegidos de Dios.

Las respuestas fueron presentadas por la misma Palabra de Dios, plasmada en las Sagradas Escrituras.

Ahora los invito a revisar nuevamente las mismas preguntas, para emitir nuevas respuestas que complemente las anteriores, en base a las revelaciones recibidas al escudriñar la Biblia; para lo cual, en las respuestas que se van a emitir a continuación, necesariamente, habrá que exponer nuevos versículos bíblicos que las ratifiquen.

Con esta propuesta, ustedes aumentarán el conocimiento del tema que estamos abordando.

Recomiendo que, a medida en que vayamos revisando las preguntas y consolidando las respuestas, a  la par de ello, vayan también ustedes observando las respuestas emitidas en la entrega anterior, para que tengan una visión completa de las revelaciones.

¿Por qué hacemos nuevamente esta revisión del mismo tema y con las mismas preguntas?

Una vez más, al igual que en ocasiones anteriores les insisto, en que aunque parezcan redundantes y repetitivos los conceptos que vamos revisando, es necesario volver sobre los mismos, las veces que fueren necesarias, con el objetivo de que todo quede muy claro.

Recuerden que este es un blog de enseñanza guiado por el Don de la Maestría del Espíritu de la Luz, cuyo deseo es el de que no tropecemos en la Palabra, sino más bien, que la Palabra sea lámpara a nuestros pies y Luz para alumbrar nuestro camino.

Observen lo que dicen las Escrituras al respecto:

Salmo 119:

105. Lámpara es a mis pies tu palabra,

Y lumbrera a mi camino.

(R. V. 1960)

¡Agarren aquí una revelación!

¿Qué es la Lámpara?

La Lámpara representa al Espíritu Santo

¿Qué son los Pies?

Los Pies representan al espíritu de cada uno de los elegidos

¿Qué es la Lumbrera?

La lumbrera representa a Cristo

¿Qué es el camino?

El Camino es Cristo (Juan 14: 6); y nuestro Camino es nuestro espíritu renovado en Cristo, que forma parte inseparable del Espíritu de Cristo.

Lean lo que dicen las Escrituras en:

Isaías 52:

7. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

(R. V. 1960)

Lo mismo, lo revela el evangelio en:

Romanos 10:

15. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(R. V. 1960)

Lo que estos dos versículos revelan es, que los espíritus de quienes anuncian el evangelio de Jesucristo, son hermosos, porque son hechos en Cristo.

Si la Palabra del evangelio es predicada por los espíritus hechos en Cristo, en ella no habrá jamás ningún engaño. En ellos no hay engaño, porque tales espíritus son como pies que andan en Luz (Efesios 5: 8), por tanto no yerran al caminar; y si no yerran, tampoco tropiezan.

Los espíritus hechos en Cristo no tropiezan con la Palabra, porque en sí mismos,…En sus corazones,…En sus espíritus, tienen grabada la Palabra, que es Luz (Salmo 40: 8; Jeremías 31: 33).

Vamos pues, con estos antecedentes, a continuar con la revisión que estamos haciendo, sobre el carácter eterno del Sello del Espíritu Santo.

A partir de esta revisión que haremos en esta entrega, pasaremos en la próxima entrega a examinar las características y las manifestaciones del Sello establecido en cada uno de los habitantes del pueblo de Dios.

Sigamos pues…

1. ¿En dónde habita Dios?

Revise la entrega anterior y confirme con los versículos expuestos, que Dios habita en el cielo (Salmo 76: 2; 132: 13).

En entregas que haremos a futuro, si Dios mismo lo permite, analizaremos con detalle, en qué consiste la dimensión del cielo; pero por ahora sólo visualicemos esta dimensión en su esencia: Como una dimensión espiritual, inmaterial e invisible.

Con Respecto a la esencia espiritual, inmaterial e invisible del cielo, lugar donde habita Dios, es que el apóstol Pablo les daba a los atenienses la siguiente explicación:

Hechos 17:

23. porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

24. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,

25. ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

26. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación;

27. para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

28. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

(R. V. 1960)

Esta explicación del Apóstol Pablo es clave, sobre todo la del (versículo 25), para desbaratar las modernas y torcidas apologéticas, sustentadas en las mal intencionadas doctrinas de los pactos para la prosperidad; y la exigencia de los diezmos y las ofrendas para la construcción del reino de Dios en la tierra, a través de la edificación de suntuosos templos de cemento, mal denominados casas espirituales de Dios, dirigidas por blasfemos que se hacen llamar pastores, apóstoles o profetas.

Escudriñen estos versículos y observen las variadas revelaciones que nos presentan; pero lo que de fondo se relaciona con la pregunta, es la revelación de que todo lo que concierne a la esencia de Dios y su morada, es invisible, espiritual o intangible, lo cual sólo es percibido por revelación espiritual (Hebreos 11: 3), aunque también las obras materiales de Dios, por cierto, son palpables con nuestros sentidos carnales, los cuales nos ponen en contacto con su creación (Salmo 19: 1 – 4; Romanos 1: 19 – 20).

2. ¿En dónde tiene Dios su Trono?

Revisen la entrega anterior y confirmen nuevamente, que Dios tiene su trono de mando en el cielo.

Los versículos expuestos como respuesta a la pregunta anterior, son también aplicables como respuesta a esta segunda pregunta.

3. ¿Desde cuándo Jehová es Rey?

Jehová es Rey eternamente (Salmo 10: 16; jeremías 10: 10).

4. ¿Desde cuándo existe la Santa Nación de los elegidos, de la cual Jehová es Rey?

Sión, que es el monte de Dios, es donde se erige la Santa Ciudad de sus elegidos: La Jerusalén Celestial (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10), la cual es eterna (2 Corintios 5: 1).

5. ¿De qué forma toma Jehová sus decisiones como Rey?

Jehová es Dios Soberano (Hechos 4: 24).

Sus decisiones son soberanas.

A Dios nadie le dice lo que tiene que hacer, ni nadie le dice lo que tiene que pensar (Isaías 40: 13 – 14; 55: 8 – 9; 1 Corintios 2: 6).

Para tomar sus decisiones que son eternas, lo hace reuniendo a su Consejo (Salmo 33: 11; Isaías 14: 26; 16: 3; 46: 10), o lo que es lo mismo, a su Concilio Divino (Mateo 5: 22).

6. ¿El Consejo de Dios en el que Jehová toma sus decisiones soberanas, es una entidad pasajera o eterna?

El Consejo Divino es espiritual; y por tanto, eterno (Hebreos 9: 14).

7. ¿Cómo está integrado el consejo de Dios?

El Consejo o Concilio Divino, está integrado por tres personas que son Uno (Deuteronomio 6: 4).  Estas tres personas son:

  • El Padre

Cuya Voluntad es soberana.

Él hace lo que quiere (Isaías 46: 10; Daniel 4: 35; Mateo 6: 10; Romanos 8: 20: 9: 16).

Al Padre, nadie le puede aconsejar…Nadie le puede enseñar…Nadie le puede instruir (Isaías 40: 13 – 14; 1 Corintios 2: 15).

  • El Hijo

Engendrado del Padre, de naturaleza obediente, cumple con la Voluntad del Padre (Salmo 40: 8; Isaías 46: 11; Juan 5: 30; 6: 38).

Por su obediencia, el Hijo ha recibido del Padre, el Reino (Salmo 2: 8; Daniel 2: 37) y la designación de REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Apocalipsis 19: 16).

  • El Espíritu Santo

Es la persona del Consejo Divino, encargada de confirmar con su Sello, la garantía eterna, del cumplimiento de las decisiones tomadas en el Consejo Divino (2 Corintios 1: 22; Efesios 1: 14).

Las promesas hechas en el Consejo de Dios, quedan certificas mediante su Sello, el cual lo venimos discerniendo desde hace algunas entregas.

8. ¿Cuál es la decisión eterna que los tres miembros del Consejo de Dios toman y que tiene que ser garantizada con el Sello del Espíritu Santo?

La decisión eterna del Consejo de Dios, es la realización del Pacto Eterno (Isaías 55: 3; jeremías 50: 5) para la elección del pueblo de Dios y su salvación (Mateo 1: 21).

9. ¿En qué consiste la decisión del Pacto Eterno?

El Pacto Eterno es un Pacto de Amor, en el cual, el Padre le entrega al Hijo su pueblo elegido (Isaías 49: 8). Por su parte, el Hijo de Dios, entrega su vida por el pueblo escogido y amado de su Padre, que se lo ha entregado para ser salvado (Juan 13: 1; 1 Pedro 1: 18 – 20).

10. ¿Cómo se lleva a efecto la garantía del Sello de Dios en sus elegidos, para que se cumpla la promesa que Él hace en su Pacto Eterno?

Una vez que Dios hace su Pacto Eterno, su Palabra del Pacto queda garantizada por el mismo Concilio Divino. (Isaías 48: 3).

Para entender esto, veamos primero, cómo participan en la realización del Pacto Eterno, los tres miembros del Consejo Divino:

Lean lo que dice el evangelio en:

1 Juan 5:

7. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

(R. V. 1960)

Los tres miembros del Consejo Divino, participan en el Pacto Eterno de esta manera:

  • El Padre que no miente da testimonio de que hace el Pacto (Números 23: 19; 1 Samuel 15: 29; Isaías 40: 5; 45: 23; 48: 3; Ezequiel 37: 14; Tito 1: 2), expresando su Voluntad, mediante la emisión y divulgación de su Palabra de Verdad (Isaías 26: 27; 48: 3), que es orden para elección de su pueblo (Salmo 105: 6; 135: 4; Isaías 44: 1) y es orden de salvación de los elegidos de su pueblo (Éxodo 15: 2).
  • El Hijo que es obediente, da testimonio del Pacto cumpliendo con la voluntad del Padre expresada en el Pacto (Juan 6: 38), de ser el fiador del Pacto Eterno mediante su sangre (Hebreos 7: 22); es decir, cumpliendo con pastorear las ovejas que el Padre le dio (Isaías 40: 11; Ezequiel 34: 23; 37: 24); y muriendo por ellas (Isaías 53: 3 – 7), derramando su sangre (Hebreos 13: 20), que es Amor y Misericordia para redención (Hechos 20: 28; Efesios 1: 7; 2: 13; Colosenses 1: 14; Hebreos 10: 19; Apocalipsis 1: 5; 19: 13).
  • El Espíritu Santo, con su Sello, da testimonio de la Voluntad de Dios, expresada en el Pacto. Esto lo hace, imprimiendo con tinta, la garantía del cumplimiento de todo lo que se propusieron hacer las tres personas integrantes del Consejo de Dios. Es así, que imprime su Sello en el corazón de los elegidos de Dios (2 Corintios 1: 22; 2 Corintios 5: 5; Efesios 1: 14): Un Sello que es Espíritu de Poder, de Amor y de dominio propio (2 Timoteo 1: 7).

Resumiendo:

El Sello del Espíritu Santo, queda impreso en todos aquellos que el Padre ordenó con su Palabra, que sean elegidos como hijos salidos de su vientre (Isaías 46: 3; Jeremías 1: 5) y miembros de su pueblo celestial; y sobre quienes Cristo derramó la sangre de su Misericordia, que es la sangre del Pacto Eterno (Hebreos 13: 20).

La garantía, tanto de la Palabra emitida por el Padre, como de la Propiciación del Hijo por nuestros pecados, esencia del Pacto Eterno, queda documentada espiritualmente, y notariada como por mano de Escribano (Ezequiel 9: 3) con la grabación del Sello del Espíritu Santo (Jeremías 31: 33; Ezequiel 36: 27; Efesios 1: 13), el cual es una marca espiritual grabada en el corazón de cada uno de los elegidos del pueblo de Dios.

Esta marca grabada en los elegidos de Dios, es revelada por las Escrituras, como el acto de la circuncisión; sólo que esta circuncisión no es hecha en la carne, como lo ordenara Dios a Abraham para identificar a su descendencia carnal, sino que es hecha en el espíritu.

A esta circuncisión, el evangelio revelado de Jesucristo denomina: “Circuncisión del corazón” (Romanos 2: 29; Colosenses 2: 11).

De esta forma, el Padre garantiza la Promesa del Pacto con su Palabra; el Hijo lo hace ofreciendo su Sangre; y el Espíritu Santo, lo hace con su Sello, grabando con tinta imborrable, que es la misma sangre de Cristo, la Palabra de la Promesa del Pacto.

Este Sello tiene características y manifestaciones, que aunque siendo espirituales, pueden ser apreciadas por su presencia, en cada uno de los que están sellados.

Más adelante, concretaremos las características y las manifestaciones del Sello del Espíritu Santo, las cuales identifican a los ciudadanos sellados de la Nueva Jerusalén.

11. ¿Con qué otro nombre se conoce al Sello del Espíritu Santo?

Ya hemos visto antes, que el Sello del Espíritu Santo, es la circuncisión del corazón.

12. ¿Para qué sirve el Sello o circuncisión del Espíritu?

También lo hemos expresado antes. Con este Sello espiritual, queda identificado todo ciudadano de la Nueva Jerusalén.

Por eso dicen las Sagradas Escrituras, que Dios no mira el parecer sino el corazón (1 Samuel 16: 7).

Los ojos de Jehová que miran toda la tierra, observan a quien tiene el Sello y a quien no lo tiene (2 Crónicas 16: 9).

Cuando nos presentamos a juicio ante el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5: 10), los que tienen el Sello son reconocidos por el Padre como sus hijos escogidos y amados, por lo que están exentos de condenación por la Sangre de Cristo (Romanos 8: 1); mientras que a quienes no tienen el Sello, les depara su eterna condena.

Recordemos: Todos los ciudadanos sellados, son salvos por la Sangre de Jesucristo.

Cuando Dios mira a sus santos elegidos, les mira el corazón y observa lo que hay en ellos  por causa del Sello. Sus corazones están:

  • Llenos de Luz: Por el Espíritu de Luz que ha entrado en ellos (2 Corintios 4: 6).
  • Limpios: Por el lavamiento con  el Agua espiritual de la Palabra de Dios (Efesios 5: 26; Hebreos 10: 22).
  • Marcados con la elección de la Salvación: Con la tinta que el Espíritu Santo usa como Escribano del Pacto (Ezequiel 9: 3 – 4), la cual es la Sangre de Jesucristo, que es la Sangre del Pacto Eterno, rociada sobre el corazón de los elegidos (Hebreos 12: 24).

Por eso el evangelio, así como expresa en (1 Juan 5: 7), que tres son los que dan testimonio en el cielo, acerca del Pacto Eterno, también nos dice en (1 Juan 5: 8), que son tres, los que dan testimonio en la tierra acerca de este Pacto; y los tres concuerdan.

Por eso también dicen las Escrituras, que Dios no hace acepción de persona (Deuteronomio 10: 17; Hechos 10: 34; Romanos 2: 11; Gálatas 2: 6; Efesios 6: 9).

Esta afirmación ha sido muy mal interpretada por muchos, pues lo que nos revela esta afirmación de Dios, es que ningún elegido de Dios tiene privilegios sobre otro, para ser aceptado por Dios con mayores prerrogativas, ya que todos tienen el mismo Sello, el cual luce inmutable ante los ojos de Dios.

Todos los que están sellados, gozan del mismo derecho, sin importar qué condición material presenten a la vista de los sentidos carnales de los demás, pues Dios mira el corazón y no las apariencias (1 Samuel 16: 7).

Así mismo, quienes no tienen el Sello, tienen la misma condición de condenados sin excepción (Ezequiel 9: 3 – 11).

13. ¿Cuándo el Consejo de Dios tomó la decisión del Pacto Eterno?

Las decisiones del Consejo de Dios son eternas. Son tomadas en la misma eternidad. Por eso dicen las Sagradas Escrituras, que todo pasará, menos la Palabra de Dios, que es eterna (Mateo 24: 35).

14. ¿Por qué el Consejo Eterno de Dios tomó la decisión eterna de hacer el Pacto Eterno?

Ya dijimos anteriormente, que la decisión del Consejo Divino de hacer un Pacto para salvar de sus pecados al pueblo elegido (Mateo 1: 21), es un Pacto de Amor.

Este Pacto de Amor (Salmo 25: 11; Isaías 43: 25) es eterno (Jeremía 31: 3).

El Amor a sus elegidos, es la Voluntad de Dios (Daniel 4:35; Efesios 1: 7 – 9).

Con su Amor nos ha llamado eternamente, a ser su pueblo (Oseas 11: 4).

15. ¿A quién le hace Dios conocer su Pacto Eterno?

Dios le hace conocer su Pacto a todos los sellados con su Espíritu, los cuales son los elegidos de su pueblo celestial (Salmo 25: 14).

16. ¿Cómo es que los elegidos de Dios podemos llegar a conocer toda la Verdad sobre el Pacto Eterno?

Ya hemos visto, que el mismo Espíritu, que está grabado como un Sello en nuestros corazones, es el que nos enseña los estatutos del Pacto Eterno y del Sello con el que hemos sido glorificados junto con Cristo (Ezequiel 36: 27).

Como la Biblia es el Espíritu de Dios, en ella encontramos a Cristo de principio a fin. Los que están sellados con el Espíritu Santo, tienen morando en su interior a Cristo que es la Palabra, por tanto, al leer la Palabra, pueden ver y oír a Cristo sin distorsiones (Juan 5: 38 – 39).

…Todo bien hasta aquí mis amados entendidos?

Ahora les pido que tomen clara consciencia, del por qué les he presentado las dieciséis preguntas anteriores con sus respectivas respuestas:

La razón fundamental de esta metodología es, propiciar que ustedes obtengan el conocimiento cabal de que todo lo relacionado a la naturaleza de Dios y a sus decisiones, es eterno.

De esta forma, sin caer en la lógica religiosa del análisis escritural teórico que hacen los teólogos sobre los múltiples pactos que presentan las Escrituras, describo lo que el Espíritu de las Escrituras nos revela a sus elegidos:

  • Que la Salvación de los elegidos es decisión eterna.
  • Que esta Salvación es producto de un Pacto.
  • Que este Pacto, es Eterno.
  • Que este Pacto es producto de una decisión tomada en el Consejo Eterno de Dios.
  • Que el Consejo de Dios está conformado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  • Que el Pacto que Dios hace, consiste elegir a un pueblo rebelde para perdonarle sus terribles pecados y convertirlo en su pueblo, heredero con Cristo de todas las riquezas celestiales.
  • Que Dios hace este pacto por una sola razón: Su Amor.
  • Que Dios, para entregar su heredad, marca la diferencia que existe entre su pueblo elegido con otro que no lo es, depositando su Amor en el corazón de sus elegidos (Romanos 5: 5), como un Sello que garantiza eternamente su paternidad, con todas las promesas hechas en su Pacto Eterno para sus hijos engendrados en su Espíritu.
  • Que todos los pactos que Dios hace con el hombre aquí en la tierra, y que están descritos en las Sagradas Escrituras, de una u otra forma, son simplemente la confirmación del Pacto Eterno con su dinámica eterna, realizado en los lugares celestiales, desde antes de la fundación del mundo.

Más adelante, en entregas futuras, analizaremos la dinámica del Pacto Eterno.

Por ahora, vamos a limitarnos exclusivamente a describir las características y las manifestaciones del Sello del Espíritu Santo.

Si ustedes revisan las entregas 4 y 5, encontrarán que ya hicimos un adelanto a este tema.

En la próxima entrega lo vamos a abordar con detalle…

Con todo lo que hemos revisado anteriormente, ya sabemos que el Sello del Espíritu Santo, es un Sello Eterno.

Todo elegido de Dios, en su tránsito por esta tierra, recibe la confirmación del Sello del Espíritu Santo.

En la próxima entrega, veremos cuáles son las características del Sello y la secuencia en que se va confirmando en todo elegido de Dios.

No es que el Sello necesite de tiempo para irse confirmando, pues cuando el elegido recibe la confirmación del Sello, la recibe completa, de una forma irrevocable (Romanos 11: 29).

Lo que sucede es, que en nuestra dimensión terrenal, el Espíritu, como manos de Alfarero (Jeremías 18: 6; Lamentaciones 4: 2), una vez que se deposita en cada elegido, va perfeccionando (1 Pedro 5: 10) la nueva naturaleza del hijo de Dios, haciendo que esta nueva naturaleza se vaya testimoniando en su vida, dentro de un proceso entendible y descriptible, capaz de ser asimilada por su mente transformada (Efesios 4: 22 – 24).

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 25

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

24. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 23

¡Amados sellados del Espíritu!

¡Hermanos en Cristo!

Finalizamos la entrega anterior, mencionando esta profecía que hizo el Señor Jesús:

Mateo 24:

24. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.

(R.V. 1960).

Subrayé la frase “si fuere posible” mencionando que aquí en esta frase, la Palabra, nuevamente es Piedra de Tropiezo para muchos ministros carnales, que andando en religiosidad, creen equivocadamente y predican acerca de los últimos tiempos, en el ánimo de asustar y domesticar a  sus ovejas, interpretando el mensaje del evangelio, en el sentido de que “hasta los elegidos del Señor serán engañados.”

¿Acaso lo que les digo mis amados, no lo han escuchado en más de una ocasión?

¡Nada más alejado de la revelación espiritual!

¡La Palabra de Dios es clara como el agua para los entendidos!

¡Para los que están sellados, no hay opción para la confusión!

Observen lo que dice el evangelio:

1 Corintios 14:

33. pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,

Los engañados serán los religiosos, los indoctos y todos los que no están sellados, quienes por naturaleza andan en confusión y engaño.

Los elegidos de Dios, están sellados; y jamás serán engañados.

¡¡Por algo es que a sus amados, Dios les puso el Sello del Espíritu Santo!!

En esta entrega vamos a iniciar el abordaje ofrecido hace algunas entregas, sobre la forma en que actúa el Sello de Espíritu Santo.

Entonces ustedes, en pleno Conocimiento de la Verdad, comprobarán que en los sellados, no hay engaño (Salmo 32: 2; Juan 1: 47), ni el engaño del mundo tiene poder para ejercer influencia alguna sobre los que están sellados (Proverbios 1: 10), que no sea un auténtico rechazo a toda tergiversación del misterio revelado del evangelio de Jesucristo.

¿Cómo se podría engañar al Espíritu Santo que habita como un Sello en cada uno de sus elegidos? (Hechos 5: 1 – 11).

¡De ninguna manera!

Los que intentan engañar al Espíritu Santo, simplemente ¡ya están muertos!

¡Los muertos son propiedad de satanás, el cual es espíritu muerto!

¡Este espíritu muerto de satanás es padre de todos sus muertos!

Su naturaleza es la mentira; y sus hijos engañadores, que por naturaleza son torcedores de la revelación del evangelio, hacen lo que su padre les dice que hagan, para cumplir sus deseos (Juan 8: 44).

Pongan atención amados entendidos y gócense con todas las revelaciones que vienen a continuación, porque en ellas se esclarecerá y fortalecerá  en sus mentes, la seguridad de la Salvación que les ha sido otorgada, desde los lugares celestiales, desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1: 3 – 4; 2 Timoteo 1: 9).

Continuemos…

Tenemos que recalcar nuevamente en este punto, que todo lo concerniente a al Sello del Espíritu Santo, es eterno…

¡Entiéndase bien!….

¡Todo es eterno!

Nada está limitado a las dimensiones temporales de la mente carnal del hombre.

Para tener claridad en las revelaciones del Sello del Espíritu Santo, tenemos que mejorar nuestra visión sobre la eternidad.

Para entender la dinámica eterna de la Divinidad, recuerden lo que dijo el Señor Jesús:

Juan 4:

21. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.

23. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

24. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

(R.V. 1960)

Ya hemos analizado en entregas anteriores el contenido espiritual de estos versículos. Lo que deseo ahora es recordarles la revelación acerca del templo para adorar a Dios, al que se estaba refiriendo el Señor Jesús.

Quienes han seguido paso a paso esta enseñanzas, saben que el Templo de Dios es espiritual y este Tempo, es el mismo Señor Dios Todopoderoso, revelación que la encontramos en (Apocalipsis 21: 22).

En el mismo versículo de Apocalipsis, encontramos que el Templo de Dios, es el Templo del Cordero y su esposa, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21: 10).

Como ya hemos visto antes, el Templo de Dios es Eterno, el Cordero es Eterno y la Nueva Jerusalén, aunque se la denomine “Nueva”, también es Eterna.

Como podemos discernir amados entendidos, sólo se pueden entender las cosas de Dios, únicamente si estamos habitando, edificados en su Casa Espiritual (1 Pedro 2: 5), que es Eterna.

En la Casa de Dios, que es el mismo Señor Dios Todopoderoso, está la Libertad, que es en Cristo Jesús.

La esposa amada, hecha una sola carne con su amado Cristo que es la Verdad, está habitando como una sola carne en esa Verdad, y esa Verdad es la Libertad que el amado le ha dado a su amada esposa, la Nueva Jerusalén…La única y verdadera iglesia.

Sólo habitando en la Casa de Dios, es que podemos entender que la adoración a Dios es en Espíritu y en Verdad.

Sólo así, en Espíritu y en Verdad, podemos adorar a Dios, y entender el misterio de su Eternidad.

Con estos antecedentes, veamos ahora, en qué consiste el Sello del Espíritu Santo, que es el Sello Eterno que identifica espiritualmente a cada uno de los habitantes de la ciudad espiritual llamada Nueva Jerusalén.

Veamos pues…

Voy a ir haciendo algunas preguntas para generar sus respectivas respuestas, de tal forma que, ustedes amados entendidos, vayan estableciendo en sus mentes un orden lógico de los aspectos eternos que concernientes al Sello del Espíritu Santo.

Las respuestas a las preguntas planteadas, están dadas por la misma Palabra de las Escrituras.

Comencemos…

  • ¿En dónde habita Dios?

Deuteronomio 26:

15. Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.

(R. V. 1960)

Salmo 123:

1.     A ti alcé mis ojos,

A ti que habitas en los cielos

(R.V. 1960)

  • ¿En dónde tiene Dios su Trono?

Salmo 11:

4. Jehová está en su santo templo;

Jehová tiene en el cielo su trono;

Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.

(R.V. 1960)

Isaías 66:

1.     Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?

(R. V. 1960)

  • ¿Desde cuándo Jehová es Rey?

Salmo 10:

16. Jehová es Rey eternamente y para siempre;

De su tierra han perecido las naciones.

(R. V. 1960)

  • ¿Desde cuándo existe la Santa Nación de los elegidos, de la cual Jehová es Rey?

Salmo 106:

48. Bendito Jehová Dios de Israel,

Desde la eternidad y hasta la eternidad;

Y diga todo el pueblo, Amén.

Aleluya.

(R. V. 1960)

  • ¿De qué forma toma Jehová sus decisiones como Rey?

Isaías 16:

3. Reúne consejo, haz juicio; pon tu sombra en medio del día como la noche; esconde a los desterrados, no entregues a los que andan errantes. 

(R. V. 1960)

  • ¿El Consejo de Dios en el que Jehová toma sus decisiones soberanas, es una entidad pasajera o eterna?

Salmo 33:

11. El consejo de Jehová permanecerá para siempre;

Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.

(R. V. 1960)

Isaías 46:

10. que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero;

(R. V. 1960)

¿Cómo está integrado el consejo de Dios?

1 Juan 5:

7. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

(R. V. 1960)

  • ¿Cuál es la decisión eterna que los tres miembros del Consejo de Dios toman?

Isaías 55:

3.     Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

(R. V. 1960)

Jeremías 32:

40. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.

(R.V. 1960)

Jeremías 50:

5. Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.

(R. V. 1960)

  • ¿En qué consiste la decisión del Pacto Eterno?

Efesios 1:

3.     Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

(R. V. 1960)

Efesios 2:

4.     Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5.     aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Hebreos 13:

20. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,

(R. V. 1960)

  • ¿Cómo garantiza Dios para sus elegidos que cumplirá la promesa que hace en su Pacto Eterno?

Efesios 1:

13. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

14. que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

(R. V. 1960)

  • ¿Con qué otro nombre se conoce al Sello del Espíritu Santo?

Romanos 2:

28. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;

29. sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.

(R. V. 1960)

  • ¿Para qué sirve  el Sello o Circunción del Espíritu?

Romano 9:

25. Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada.

26. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío,
Allí serán llamados hijos del Dios viviente.

(R. V. 1960)

Mateo 1:

21. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

(R. V. 1960)

  • ¿Cuándo el Consejo de Dios tomó la decisión del Pacto Eterno?

Efesios 1:

4. según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

(R. V. 1960)

2 Timoteo 1:

9. quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

(R. V. 1960)

  • ¿Por qué el Consejo Eterno de Dios tomó la decisión eterna de hacer el Pacto Eterno?

Jeremías 31:

  1. Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

(R. V. 1960)

Efesios 1:

7.     en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

(R. V. 1960)

Efesios 1:

9. dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo,

(R. V. 1960)

  • ¿A quién le hace Dios conocer su Pacto Eterno?

Salmo 25:

14. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen,

Y a ellos hará conocer su pacto.

(R. V. 960)

  • ¿Cómo es que los elegidos de Dios podemos llegar a conocer toda la Verdad sobre el Pacto Eterno?

Jeremías 31:

33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(R. V. 1960)

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Romanos 16:

25. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,

26. pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,

(R. V. 1960)

Efesios 1:

8. que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

(R. V. 1960)

Hasta aquí voy a llegar en esta entrega…

Por favor, amados entendidos, revisen con cuidado toda la secuencia de preguntas y respuestas que les he presentado, porque del discernimiento de esta lógica espiritual que nos presentan las Sagrada Escrituras, depende el entendimiento de todas las revelaciones acerca del Sello del Espíritu Santo, que nos presenta el evangelio de Jesucristo.

Después de leer todas las respuestas que nos brinda la  Biblia a las preguntas planteadas en referencia a la eternidad del Sello de Espíritu Santo, les pido amados entendidos, que elaboren ahora, la misma lista de preguntas y presenten sus respuestas reveladas en concreto y con sus propios términos. Para este fin, pueden utilizar el espacio que les brinda esta página para que presenten sus comentarios.

Recuerden que teniendo el Verdadero Conocimiento de los misterios revelados, también adquirimos mayor perfeccionamiento en el discernimiento sobre los espíritus que nos rodean.

En el Verdadero Conocimiento, ustedes podrán diferenciar con claridad quién es elegido y quién está condenado…Quién es libre y quién aún es esclavo…Quién habla de parte de Dios y quién habla de parte del diablo…Quién es hijo de Dios y quién es hijo del diablo…

Ustedes podrán discernir con mayor claridad, a qué grupo pertenecen todos aquellos que invitan a la gente a realizar pactos con Dios a cambio de dinero; o a qué grupo pertenecen aquellos que distorsionan la naturaleza espiritual del matrimonio, la misma que se fundamenta en la revelación del matrimonio de Cristo con su esposa amada, la iglesia.

Ya nos vamos acercando amados entendidos, a la descripción de las características y las manifestaciones del Sello del Espíritu Santo.

Este es un proceso de aprendizaje guiado por nuestro Tutor, el Espíritu Santo, quien tienen la misión de recordarnos, todo lo que ya Cristo nos ha hablado en los lugares celestiales (Juan 14: 26); por lo cual, les pido que aguarden con paciencia y estudien todo lo que se les va entregando.

Todo lo que vamos revisando, aunque parezca muy dilatado, es necesario por ahora dejarlo bien explicado, para que sirva de sustento, para las abundantes revelaciones que se vienen más adelante…

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 24

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

23. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 22

¡¡Amados santos, reyes y sacerdotes del Dios Altísimo!!

Continuemos con el análisis del Sello del Espíritu Santo.

La entrega anterior, concluimos diciendo que el Sello del Espíritu Santo, es el que identifica a la “nueva creación” que es en Cristo. Esto lo revela (2 Corintios 5: 17).

Dijimos también que las nuevas criaturas, somos todos los sellados en conjunto.

Todos los sellados, conformamos la Ciudad Divina llamada “la Nueva Jerusalén.” Esto lo revela (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 2; 10).

Dijimos también, que el conjunto de nuevas criaturas, tenemos la misma naturaleza divina del que nos engendró en Cristo; por eso, con Cristo como Cabeza, conformamos “La Nueva Jerusalén.” Ciudad Espiritual,…Ciudad Divina,…El cuerpo de Cristo,…La única y Verdadera Iglesia, que es un sólo cuerpo espiritual.

También dijimos, que cada nueva criatura, en tanto dure nuestro peregrinaje por esta tierra, posee a manera de tabernáculo, en su cuerpo de carne transitorio y perecible, el Sello del Espíritu Santo, hasta el mismo día de Jesucristo, en que el tabernáculo de Dios, se muestre como es en realidad: Totalmente espiritual, conformado por el Padre, unido a su Hijo, que está hecho una sola carne con su esposa; y unidos todos eternamente, por el Sello del Espíritu Santo.

Confirmemos esto, con los textos que expongo a continuación:

2 Corintios 5:

1. Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

(R.V. 1960)

Hebreos 9:

11. Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,

(R.V. 1960)

Apocalipsis 21:

9. Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.

10. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

22. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

23. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

(R.V. 1960)

Para todo el que ha seguido ordenadamente el estudio de esta web blog de enseñanza de la Palabra, no se le hará complicado encontrar en estos versículos, la revelación de la nueva creación.

Ahora, Agarremos aquí otra revelación preciosa:

Recuerden lo que dijo el Señor Jesús:

Mateo 9:

16. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.

17. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

(R.V. 1960)

¿Saben qué significan el vestido viejo y el odre viejo?

¡¡Pues, ambas alegorías utilizadas por el Señor Jesús al predicar sus buenas nuevas, hablan de lo que era nuestra vieja naturaleza¡¡

¿Saben qué significan el remiendo de paño nuevo y el Vino Nuevo?

¡¡Ambas alegorías hablan del Sello del Espíritu Santo, con el cual, se transforma nuestra vieja naturaleza en una nueva naturaleza que es en Cristo!!

Esta es la revelación:

Antes de entrar Cristo a morar en cada uno de los elegidos de Dios, primero el Espíritu Santo, consecuente a la decisión divina del Pacto Eterno, tiene la misión encomendada en el Trono de la Gracia, de cambiar nuestra naturaleza, por la Fe, en el sacrifico de Cristo en la cruz.

El sacrificio de Cristo en la cruz, libera a los sellados por el Espíritu Santo, que son su pueblo; es decir, a todos los nacidos de nuevo (Juan 3: 3; 1 Pedro 1: 23),…a los resucitados (Efesios 2: 5 – 6),…a los renovados por la Fe (Efesios 4: 23).

Los que hemos sido sellados, ya hemos sido transformados por el Espíritu Santo; es decir, ahora somos vestidos nuevos; y somos odres nuevos que contienen el Vino Nuevo.

Ahora vean como exhorta el evangelio a los vestidos nuevos y a los odres nuevos; es decir, a los nacidos de nuevo:

Efesios 4:

22. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,

23. y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

24. y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

(R.V. 1960)

Una vez más, la Palabra, o sea Cristo, se muestra aquí, como Piedra de Tropiezo para los destinados a desobediencia (1 Pedro 2: 8).

Veamos por qué….

¿Creen ustedes, que depende de la voluntad particular del ser humano, el obedecer para despojarse del hombre viejo y para revestirse del hombre nuevo?

Pues, ¡No!

Entonces, ¿por qué habla así el evangelio, como si estuviera pidiendo a la gente que haga la obra de obedecer para renovarse a sí misma?

Precisamente, para que los que no tienen oídos, no oigan ni entiendan…

Sencillamente, ésta, es la exhortación eterna de obediencia, que hace el Espíritu Santo a los elegidos de Dios, engendrados en su naturaleza divina obediente, en la cual están sellados.

Cuando el elegido, escucha esta exhortación, su naturaleza de elegido, se muestra obediente; y simplemente sabe por el Espíritu que se lo revela (Romanos 8: 16), que ha sido sellado. Sabe que es un hombre nuevo. Sabe que es hijo de Dios, por la Fe en el sacrificio de Jesucristo.

En tal grandioso momento sabe que:

¡¡Ha sido Bautizado por el Espíritu Santo!!

¡¡Ha sido Circuncidado su corazón!!

¡¡Ha sido Sellado!!

El de naturaleza desobediente es también por naturaleza un sordo espiritual. Así que, si acaso oye esta exhortación que hace el Espíritu Santo, no tiene ni la menor idea de lo que se trata; esto es, porque la exhortación ha sido hecha con Palabra Eterna, sólo para ser escuchada por los elegidos de Dios.

Los no elegidos también la oyen con sus sentidos carnales pero no la entiende. Esto es así, para testimonio de su eterna desobediencia y perdición.

Los que hemos sido sellados con el Sello del Espíritu Santo, somos odres nuevos con Vino Nuevo; y aun cuando estamos dentro de este tabernáculo físico que es nuestro cuerpo, no tenemos que preocuparnos, porque este cuerpo de muerte ya no es una barrera para entrar en el trono de la Gracia.

Vean ustedes, amados entendidos, que con este Sello, tenemos el Poder, o sea, tenemos a Cristo, para entrar en el trono de la Gracia sin obstáculos y en todo momento, pues estamos ligados en el Espíritu de Cristo; y si Cristo entra, entra su esposa (Romanos 8: 26).

Observen lo que dice el evangelio:

Efesios 3:

12. en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;

(R.V. 1960)

Hebreos 4:

15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

16. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

(R.V. 1960)

Los que estamos sellados, no pensamos en función del presente, sino en función de la eternidad. Pensamos en la mente de Cristo (1 Corintios 2: 16).

Sabemos que nuestra parte material vive en la dimensión del tiempo terrenal, pero nuestro espíritu vive en la eternidad.

Aquellos que son de naturaleza desobediente son también sordos espirituales por naturaleza, destinados desde la dimensión de la eternidad, a no oír la Palabra de Dios que es eterna (1 Pedro 1: 25). Así que, si acaso sus oídos carnales oyen esta esta exhortación (Efesios 4: 22 – 24), repito, no tienen ni la menor idea de lo que se trata.

Como hemos visto en (Efesios 3: 12; Hebreos 4: 15 – 16),  el cuerpo físico en los que están sellados, sólo juega un papel transitorio y perentorio, destinado a la destrucción (1 Pedro 4: 6), de la misma forma en que será derribado todo templo hecho de piedra (Mateo 24: 1 – 2); y en forma general, todo el cuerpo o templo del pecado, cuya cabeza es satanás.

¿Por qué es esto así?

Porque el Verdadero Templo, es el Señor Dios Todopoderoso, Templo del Cordero y de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21: 22).

Revisemos nuevamente:

No nos cansemos de abundar sobre lo mismo, para que el conocimiento quede bien cimentado…

¿Qué es la Nueva Jerusalén?

Ya hemos visto: Es la esposa de Cristo.

La Nueva Jerusalén, está conformada por todos los sellados, o sea, por todas las nuevas criaturas.

El que nos selló, es el que tiene el poder de hacernos nuevas criaturas.

Nadie puede hacerse una nueva criatura por su propia cuenta. Confirmemos esto, en el evangelio:

Apocalipsis 21:

5. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

(R.V. 1960)

Amados entendidos, recuerden que la Palabra de Dios, que es Espíritu, hay que escudriñarla en espíritu; en verdad, o sea, en libertad; y en eternidad.

Para los carnales, la Palabra es Piedra de Tropiezo, porque la interpretan con su inteligencia carnal; sesgados en la cautividad de sus religiones y tradiciones; y enfocadas en los tiempos del hombre, que son el pasado, el presente y el futuro.

El cuerpo carnal, dentro de las dimensiones geométricas y temporales de la estructura material con todos sus sistemas, son la cárcel de la que Cristo nos libera, a los que hemos sido elegidos como “su pueblo”, y circuncidados en Él, con el Sello del Espíritu Santo (Romanos 2: 29; Colosenses 2: 11).

¡Los circuncidados en Cristo, somos la Nueva Creación!

Veamos cómo es esto:

Cuando Dios descansó en el séptimo día de la creación, el descanso que el declaró es un descanso eterno.

El séptimo día, es el día en que reposó Jehová de toda la obra que hizo.

Cuando la Palabra dice “de toda obra”, incluye toda la obra material correspondiente a la vieja creación y también a la nueva creación que es espiritual.

Jehová no va a volver a trabajar haciendo una nueva creación.

La nueva creación ya está hecha. ¡¡Es eterna!!

¡¡La Nueva creación es el mismo Espíritu de Cristo y todos los que estamos en Él!!

Los carnales, creen que la nueva creación es una nueva tierra material, con toda clase de riquezas materiales para que sigan enriqueciéndose; y en un mayor grado de como lo hacen ahora.

¡¡El cielo nuevo y la tierra nueva que nos muestra el evangelio, es totalmente espiritual!!

Si todo el evangelio nos proclama el Reino espiritual, ¿cómo puede haber ilusos, que en sus mentes, tengan la idea de que el Reino de Dios requiera de algo material, como tierras y riquezas?

Si hay, quienes predican estas herejías, porque al no estar sellados por el Espíritu Santo, sus mentes son terrenales, carnales y diabólicas; y predican el fruto de sus mentes.

En el día de Jesucristo, los que estamos sellados, nos  veremos viviendo integrados en el Espíritu de Cristo, viviendo espiritualmente y sin nada material que nos estorbe; viviendo y formando parte de la estructura espiritual de “La Nueva Jerusalén”, que ahora, sólo la podemos ver y sentir en Espíritu, con los ojos de la Fe.

¡¡La Nueva Jerusalén ya está!!

¡¡La Nueva Jerusalén ya es!!

¡¡La Nueva Jerusalén es eterna!!

Estaremos en ella, viéndola y gozándonos eternamente, cuando todos los elementos sean deshechos por el fuego (1 Pedro 3: 10 – 12).

Por esta razón, la obra material que hizo Dios, pertenece a la vieja creación, para la cual, se ha emitido el decreto de ser destruida, más el Espíritu de Cristo es eterno y en Él está la nueva creación, una creación indestructible.

Por eso dice el evangelio: El cielo pasará y la tierra pasará, más mi Palabra, o sea, Cristo, no pasará (Mateo 24: 35 – 39).

La nueva creación, es eterna en el sentido estricto de la Palabra, o sea, que no tiene principio ni fin.

No se trata de una nueva creación de ahora en adelante, que ocurrirá en el futuro.

La nueva creación ya está. En ella descansan eternamente los creyentes: En Cristo…En el Séptimo día.

Repito, los creyentes, por ahora, la vivimos y la vemos sólo con los ojos de la fe (2 Corintios 5: 7), esperando el día glorioso, en que todo lo material sea consumido por fuego (2 Pedro 3: 10 – 12); y nuestros espíritus puedan ver la Gloria, sin el estorbo de la materia, ni el uso de los sentidos (2 Pedro 3: 13).

Cristo es el Séptimo Día.

El Séptimo día es eterno.

Por eso Jehová reposa su reposo eterno en el Séptimo Día, o sea, reposa en Cristo.

Todos los que están engendrados en Dios, reposan también con Dios, en Cristo.

Por eso el Señor Jesús dijo:

Mateo 11:

28. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

(R.V. 1960)

Jehová bendijo al Día Séptimo y lo santificó.

Revelación:

Esto quiere decir que bendijo a Cristo y lo santificó.

Por eso, Cristo su Hijo, es Bendito (Lucas 13: 35) y es Santo (Hechos 4: 27; 30).

Cristo es eterno (Efesios 3: 10 – 11; Hebreos 9: 14).

Cristo es eternamente Bendito y Santo.

Resumamos hasta aquí que:

-El Sello del Espíritu Santo, es un Sello Eterno (Salmo 119: 160).

-Este Sello es la decisión Divina hecha en un Pacto Eterno (Isaías 55: 3; Jeremías 32: 40; Jeremías 50: 5; Hebreos 13: 20).

-Este Sello, es aplicado sobre todos los que Dios eligió en su Trono Eterno (Salmo 45: 6).

-A los que eligió, los engendró en su Espíritu Eterno (Hebreos 9: 14).

-Los engendrados, son eternos Hijos suyos (Juan 1: 13).

-Sus hijos son coherederos eternos de su Hijo Cristo (Romanos 8: 17; Efesios 3: 6; Hebreos 11: 9).

-Jesucristo es Dios Eterno (Lucas 4: 34; Juan 17: 3; Romanos 9: 5; 1 Timoteo 4: 10; Tito 2: 13; 1 Juan 5: 20).

-Con Jesucristo a la cabeza, junto a todos los que Dios eligió, formó Dios su Ciudad Santa (Apocalipsis 21: 9 – 10).

-La Ciudad Santa es la Jerusalén Celestial, porque desciende del cielo (Apocalipsis 21: 2).

-La Jerusalén Celestial es eterna, o sea, sin principio ni final (Hebreos 12: 22).

-La Jerusalén Celestial, es eterna, porque Ella está estructurada espiritualmente por el Padre, con Cristo y su esposa (Mateo 19: 6; Efesios 5: 30 – 33), todos unidos por el Espíritu Santo, conformando el Único y Verdadero Templo, que es espiritual: El mismo Dios Todopoderoso (Apocalipsis 21: 11; 22).

Los que vivimos peregrinos en esta tierra, sabemos que somos ciudadanos del Reino de los Cielos; que somos parte integral de la estructura divina del Dios Todopoderoso; y sabemos que no pertenecemos a esta tierra  material, ni a este mundo de tinieblas.

Examinen amados entendidos lo que nos habla el evangelio, acerca del padre Abraham, que bíblicamente es el padre de la Fe:

Hebreos 11:

9. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;

10. porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

(R.V. 1960)

Ven amados entendidos, cómo Abraham y todos los patriarcas de la Fe, habiendo recibido de Dios, las promesas terrenales, no tomaron en cuenta lo material sino lo espiritual que es eterno.

Por eso, el evangelio claramente dice, que los espirituales, piensan en las cosas del espíritu; mas los carnales piensan en las cosas de la carne (Romanos 8: 5).

El Sello eterno del Espíritu Santo, ya está aplicado en cada uno de los habitantes del pueblo de Dios.

Por eso, el Espíritu Santo, por su Sello aplicado, exhorta mediante la Palabra de las Escrituras a los habitantes del pueblo de Dios, a vivir en el espíritu y no en la carne (2 Corintios 5: 15; 1 Pedro 4: 6).

Ahora, quiero recordarles, que cuando empezamos el análisis de la dinámica del Sello del Espíritu Santo en la entrega 19, lo hicimos apoyados en el texto de (Romanos 8: 14 – 17).

Les sugiero que ahora, antes de avanzar, vuelvan a revisar estos versículos.

Pues bien, se hace ahora necesario, dar una mirada a los cinco versículos anteriores a este texto, con lo cual, se puede completar el cuadro de las revelaciones que hasta aquí han recibido, en referencia a los aspectos que el Sello del Espíritu Santo, determina en cada elegido que está sellado.

Todos estos aspectos se resumen en uno solo:

El que está sellado por el Espíritu Santo, vive en el Espíritu y no en la carne.

Revisemos el texto mencionado:

Romanos 8:

10. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

13. porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

(R.V. 1960)

Ahora, completen la lectura hasta el (versículo 17).

Estos dos últimos versículos expuestos, nos hacen ver claramente, que el cuerpo físico en los sellados, sólo juega un papel transitorio y perentorio, destinado a la destrucción, de la misma forma en que será derribado todo templo hecho de piedra.

¿Por qué es esto así?

Porque el Verdadero Templo es el Señor Dios Todopoderoso, Templo del Cordero y de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21: 22).

¿Qué es la Nueva Jerusalén?

Ya habíamos visto en entregas anteriores, que es la esposa de Cristo.

La Nueva Jerusalén, está conformada por todos los sellados, o sea, por todas las nuevas criaturas.

El que nos selló, es el que tiene el poder de hacernos nuevas criaturas. Nadie puede hacerse una nueva criatura por su propia cuenta. Confirmemos esto, en el evangelio:

Apocalipsis 21:

5. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

(R.V. 1960)

Hasta aquí nos vamos a quedar por ahora…

Les pido amados entendidos, seguidores de estas enseñanzas, que estudien con gozo todas las revelaciones que van recibiendo, la escudriñen en la Biblia, todo lo que aquí se menciona, con los versículos que se presentan junto a cada interpretación; y que estas revelaciones, las guarden en su corazón.

El día de Jesucristo está cerca. Él nos quiere muy entendidos, porque los tiempos son peligrosos (Efesios 5: 16).

En estos tiempos, ya se está cumpliendo lo que Él mismo profetizó:

Mateo 24:

24. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.

(R.V. 1960).

He subrayado “si fuere posible” porque aquí, la Palabra, nuevamente es Piedra de Tropiezo, para muchos que creen que los elegidos del Señor también serán engañados.

Los engañados serán los religiosos, los indoctos y todos los que no están sellados.

Los elegidos de Dios, están sellados; y jamás serán engañados.

¡¡Por algo tienen el Sello del Espíritu Santo!!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 23

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 21

Comencemos en la presente entrega, exponiendo un resumen de lo que hasta aquí hemos descrito, en cuanto a lo que el Sello del Espíritu Santo determina en los sellados del pueblo de Dios.

Parecería en ciertas instancias de esta enseñanza, que redundamos sobre los mismos conceptos; pero es necesario, que volvamos una vez tras otra, sobre algunos aspectos que son fundamentales en la revelación del evangelio, pues es precisamente la falta de claridad en el discernimiento de estos aspectos fundamentales, lo que hace que muchos, para desventura de ellos, tuerzan la interpretación de la Palabra, y Ésta se convierta, a la vista de los entendidos, en la Piedra de Tropiezo que los hace caer (1 Pedro 2: 8).

Veamos pues:

¿Qué determina el Sello en el que está sellado?

1-El que está sellado está libre del poder del Pecado (Romanos 6: 18, 22; 1 Pedro 2:24).

Por tanto: Si alguien practica el pecado, no está sellado. O sea, no pertenece al pueblo de Dios, aunque diga que cree en Dios (Juan 5: 23; 6: 29).

El Sello de la elección, se confirma en el elegido, cuando este cree en el sacrificio de Cristo en la cruz (Juan 8: 56).

Abraham creyó y le fue contado por justicia (Génesis 15: 6; Gálata 3: 6 – 7).

Abraham no fue sellado porque creyó, sino que creyó porque previamente fue elegido y sellado por el Espíritu Santo (Génesis 12: 7).

Junto con Abraham, quedaron también  sellados a perpetuidad todos sus descendientes elegidos por Dios en la fe, con el Sello de la promesa de posesión del Reino espiritual en Cristo; y también en la misma fe de Abraham, quedó establecida la promesa de posesión de reinos terrenales, hecha para toda la descendencia carnal de Abraham, a través del sello de la circuncisión (Romanos 4: 16).

La muerte de Cristo en la cruz (Hebreos 6: 4 – 8; 9: 27 – 28), no tiene ningún efecto en el que no está sellado espiritualmente, pues no hay “fe ninguna” que dé cuenta de su elección.

¿Por qué?

Porque el Sello del Espíritu Santo, es el que predetermina que una persona sea limpia de pecados (Salmo 51: 7; 10; Isaías 6: 6 – 7), por medio del sacrificio de Cristo en la cruz.

Esto el lector no lo puede comprender adecuadamente, si no ha estudiado el material de todas las entregas anteriores, que son secuenciales y ordenadas en el conocimiento.

Continuemos…

Una vez que la persona está limpia de pecados, el mismo Sello, se encarga de custodiar y de cuidar al que está sellado (1 Corintios 7: 18 – 19; 1 Tesalonicenses 5: 23; 2 Tesalonicenses 3: 3; 1 Timoteo 6: 20; 2 Timoteo 1: 14; 1 Pedro 1: 15; 1 Juan 3: 24; Judas 1: 1), para tenerlo apartado de la contaminación del pecado (Romanos 6: 1 – 3).

Este custodio no es a tiempo parcial, sino que es un custodio permanente sobre el elegido (1 Pedro 5: 7).

¿Por qué el sacrifico de Cristo no opera sobre los que no están sellados espiritualmente en la fe?

Porque sólo los que tienen el Sello del Espíritu, son el pueblo escogido de Dios; y sólo este pueblo es capaz de predicar las virtudes de Cristo, quien nos sacó de las tinieblas a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

A la descendencia carnal de Abraham, no le interesa para nada predicar las virtudes de su compatriota Jesús de Nazaret, el Cristo de la Gloria, pues en la carencia del Sello espiritual, lo que les interesa es predicar solamente, el derecho sobre las posesiones terrenales que le fueron prometidas al padre Abraham.

Tengamos claro entonces, que Cristo vino al mundo a salvar a “su pueblo”, de sus pecados (Mateo 1: 21).

Sólo “su pueblo” elegido, es el que recibe el Sello.

Sin el Sello de la elección, nadie que no pertenezca al pueblo elegido de Dios, es limpio de pecado por el sacrificio de Cristo (Isaías 6: 8 – 10).

Recuerden amados entendidos, cuál es el pueblo de Dios:

El pueblo de Dios es:

“La Israel de Dios, que es celestial! ¡¡Que es una nueva creación!! (Gálatas 6: 15 – 16).

No se dejen confundir por los falsos profetas, que torciendo la Verdad, realzan al Israel terrenal, haciéndole ver como el pueblo elegido de Dios, cosa que ya hemos revisado en entregas anteriores, no es compatible con la revelación que nos presenta el evangelio.

2-El que está sellado está libre de los efectos condenatorios de la ley (Romanos 6: 14; 7: 6; Gálatas 3: 10).

Por tanto: El que depende de las obras de la ley, o sea, el que se ampara en ella y cree que con ella conseguirá la salvación mediante actos como por ejemplo, guardar días de fiesta, asistir a rituales, eximirse de alimentos, circuncidarse el prepucio, diezmar, etc., da testimonio de no estar sellado; lo cual indica además, según lo expresa claramente el evangelio, que está bajo maldición.

3-El que está sellado está libre de las reglas humanas que impone la religiosidad (Gálatas 5: 1; 4).

Por tanto: Similarmente al punto anterior, el que anda en obras religiosas, justificándose por la ley y por las reglas impuestas por cualquier religión, se ha desligado de Cristo; y sin duda alguna, como lo asegura el evangelio, de la Gracia está caído.

4-El que está sellado anda en Poder y no en temor (Hebreos 2: 14 – 15).

Por tanto: el que anda nervioso, preocupado y atemorizado, no está sellado. Recuerden lo que dijo el Apóstol Pablo, en nombre del Espíritu Santo, con el que estaba sellado:

2 Corintios 4:

8. que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;

9. perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;

(R.V. 1960)

5-El que está sellado es aborrecido por el mundo (Juan 15: 19).

Por tanto: Si alguien da testimonio de que el mundo lo ama, también da el testimonio de que no está sellado por el Espíritu Santo.

Por qué esto es así?

Porque el mundo ama a los suyos. El mundo no ama a los sellados con el Espíritu Santo, puesto que este Sello es Luz que los reprende con el solo testimonio de su presencia (Juan 3: 20).

6-El que está sellado en su nueva naturaleza rechaza los deleites del mundo (Tito 3: 3; Hebreos 11: 25; Santiago 4: 4).

Por tanto: Si hay alguien que se jacta de disfrutar de todo lo que el mundo le ofrece, sólo da testimonio de no estar sellado (Salmo 141: 49).

7-El que está sellado no ambiciona riquezas materiales (1 Timoteo 6: 10).

Por tanto: Si hay alguien que se siente exitoso y seguro de sus riquezas materiales, con seguridad, no está sellado.

Y,

8-El que está sellado, es espiritualmente a perpetuidad, infinitamente rico, coheredero y copartícipe de la Gloria de Nuestro Señor Jesucristo (Romanos 8: 17; Efesios 3: 6; Apocalipsis 3: 17).

Por tanto: El que no está sellado, aunque crea estar bendecido en esta tierra con riquezas materiales, en realidad, como claramente lo menciona el evangelio, es un miserable.

Si usted está sellado con el Sello del Espíritu Santo, entonces, todo lo que hasta aquí vamos analizando, para usted, es con seguridad, motivo de gozo.

A los religiosos contumaces, a los indoctos y a los comerciantes del evangelio, esto les causa desazón y enojo.

Su enojo se deriva del mismo hecho de no estar sellados (Isaías 41: 11).

¿Por qué a los que están sellados, el hecho de relacionarse con la Verdad de este análisis les causa gozo?

¿Y por qué a los que no están sellados, le causa enojo?

Estos últimos, sin duda, si es que acaso llegan a leer estas enseñanzas, las abandonan rápidamente, sin considerar siquiera la auténtica validez espiritual de las mismas, siendo que están respaldadas con las referencias bíblicas.

¿Saben por qué les sucede esto?

Pues, porque no les conviene oír lo que atenta contra su status quo, en el cual están viviendo cómodamente en unos casos; y en otros, más que eso, están lucrando y enriqueciéndose económicamente, a costa de los incautos.

El Enojo es debido a que la Verdad los confronta en el estado de maldición en que se encuentran desde la eternidad.

Hay también, quienes practicando la religiosidad; pero estando ya elegidos desde el trono de la Gracia, como hijos de Dios, al ser confrontados por la enseñanza de la Verdad bíblica en cuanto a sus caminos equivocados, abren sus oídos espirituales; y en la propia naturaleza obediente en la que han sido engendrados, reaccionan ante el llamado de la Palabra (Romanos 10: 17), lo cual, sólo les permite optar por un Camino a seguir:

Este Camino, es Cristo.

Los que reaccionan favorablemente por el evangelio, son los que han sido sellados.

Al entrar en el Camino de la Verdad y la Vida (Juan 14: 6), abandonan de inmediato, las herejías y el modo de vida en que han estado operando.

La Palabra que es eterna, cuando es enseñada sin torceduras, retumba en los oídos espirituales de los elegidos, diciendo lo que Juan el Bautista (Mateo 3: 1 – 2) y el Señor Jesús (Mateo 4: 17) decían: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”

Entonces, como veremos en próximas entregas, al abrirse el oído espiritual, ocurren las primeras instancias de los efectos del Sello que se instaura en los elegidos: Quebrantamiento con arrepentimiento.

Los sellados se quebrantan y se arrepienten, atendiendo al llamado del Espíritu que los ha sellado con su misma naturaleza, para ser obedientes y no ser más, partícipes de los pecados que practican los impíos (Salmo 73: 4 – 9), ni de las plagas que están preparadas para ellos (Apocalipsis 18: 4).

Es así, que cuando los elegidos oyen la voz eterna de Dios con su llamado al arrepentimiento, y este se da, este es el testimonio de que el Sello está instaurado en el elegido.

No hay arrepentimiento sin el Sello.

Esto lo ampliaremos más adelante.

Continuemos…

Ahora, si ustedes analizan con detalle estos ochos aspectos descritos, que determinan la vida de un individuo sellado con el Sello del Espíritu Santo; sin duda, que estos aspectos nos hablan de una naturaleza distinta que posee el que está sellado, en relación a la naturaleza del que no lo está.

¿Qué clase de naturaleza es esta que nos imprime el Sello del Espíritu Santo?

Pues, ¡¡es la naturaleza divina!! (2 Pedro 1: 3 – 4).

Esta naturaleza es de obediencia.

En estregas anteriores, ya tratamos acerca del significado de la obediencia.

Es necesario que ahora, actualicemos este concepto, para que podamos una vez más observar, cómo la Palabra es Piedra de tropiezo.

Entonces veamos otra vez:

¿Qué es obedecer?

Este verbo tiene varios significados. Todos son importantes y aplicables a la interpretación bíblica.

Sin embargo, hay un significado, del cual debemos partir, para que no caigamos en la religiosidad de creer, en que el evangelio nos pide que hagamos la obra de obedecer, puesto que nadie obedece por su propia voluntad, en su naturaleza carnal (Salmo 53: 9).

Si entendemos bien, el significado del que hay que partir en el análisis del verbo obedecer, entonces, los demás significados de esta palabra, serán bien interpretados de acuerdo a lo que nos dice el Espíritu.

Veamos entonces cuál es el significado del que debemos partir, al analizar el verbo obedecer:

Obedecer, es la acción que demuestra, que una cosa tiene origen en otra.

Aquí va un ejemplo:

“Tu cansancio obedece a la falta de sueño”

“Tu sobrepeso obedece a la falta de ejercicios”

Pongo a continuación un enlace de “LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA”, para que analicen todos los significados de obedecer.

http://lema.rae.es/drae/?val=OBEDECER

De acuerdo al concepto analizado, queda claro, que si alguien está sellado por el Espíritu Santo, su naturaleza es en Cristo, en la fe de Abraham, o sea, en el mismo espíritu de Abraham, que es el Espíritu de Dios; por tanto, todo su ser, depende de la naturaleza divina y santa, que es en Cristo.

El Señor Jesús, ya lo dijo en el evangelio:

Juan 15:

5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

(R.V. 1960)

Como ven mis amados entendidos, nada de lo que hacen los nacidos de nuevo, depende de sí mismos, sino que todo obedece a la naturaleza de la que somos parte.

Cuando el evangelio habla de obedecer, es referente a esto que hemos explicado.

Visto con religiosidad, la obediencia se vuelve un asunto forzoso e impositivo, lo cual es Piedra de Tropiezo, que hace caer al carente de entendimiento, en la realización de obras obligatorias, reglamentadas por la ley y por su religión; cuando la realidad espiritual es otra:

La obediencia es un proceso natural que no requiere esfuerzos de nuestra parte, porque todo depende de la acción de la naturaleza santa de Cristo, actuando en nuestras vidas (Filipenses 2: 13).

Los ministros carnales de las congregaciones, han adaptado muy exitosamente para sus intereses corporativos, las modernas teorías carnales del liderazgo introducidas en los sistemas que ellos creen que es la iglesia, en los cuales obligan al congregado a “obedecer” incondicionalmente a su pastor, quien supuestamente esta “ungido” e iluminado para decir y hacer lo que le viene en gana en nombre de un evangelio adulterado por sus codicias y falta de entendimiento.

Cuando somos obedientes, lo somos para el evangelio y no para hombres carnales.

Cuando somos obedientes al evangelio, estamos actuando en obediencia a nuestra espiritual.

Cuando nuestro pensamiento y nuestras acciones obedecen a la naturaleza de Cristo, es un hecho, que discernimos cuál es la naturaleza de todo aquel que pretende ser pastor encargado de las ovejas de Cristo: La naturaleza de todo ministro del evangelio obedece a la naturaleza del evangelio (1 Pedro 5: 1 – 4).

Cuando somos obedientes al evangelio, no estamos obrando por esfuerzo propio para ganarnos la salvación; sino al contrario: Porque hemos sido sellados y salvados, obramos en obediencia al evangelio, porque tenemos instaurado el sello de la obediencia, que es sello de salvación.

Este sello lo tienen tonos los ciudadanos del “pueblo de Dios.”

Cuando el Sello del Espíritu Santo, por la fe confirma que estamos sellados, en ese momento es que nacemos de nuevo en el espíritu; y cambia nuestra naturaleza vieja por la nueva, que es en Cristo.

Por tanto, la obediencia viene a ser una ley natural del Espíritu.

Repito, los que obedecen al Espíritu, no lo hacen porque tienen la voluntad intelectual propia de obedecer.

Es el mismo Espíritu Santo impreso como Sello de obediencia, el que actúa con su naturaleza divina y santa, en quienes ha sido depositado.

Entendamos ahora el evangelio, en Espíritu, en Verdad y en eternidad, cuando nos habla de los que obedecen:

Hechos 5:

32. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

(R.V. 1960)

Los que obedecen, son quienes recibieron el Sello del Espíritu Santo.

Los que interpretan que el Espíritu Santo fue dado por Dios a los que han hecho la obra de obedecer, caen en esta Piedra de Tropiezo; hecho que  vemos ocurrir a raudales en las congregaciones sin revelación, en las cuales los pastores ilusos, llaman a sus cabritos a recibir el Espíritu Santo, como si el Sello del Espíritu, se diera en la hora y en el día en que ellos planean sus actos religiosos.

Quieren lucirse, viendo que muchos levantan sus manos, ante sus inducciones hipnóticas sugestivas de hacerlo, para recibir a Cristo.

El mismo Señor Jesús, al predicar las buenas nuevas de su Reino, llamaba a todos al arrepentimiento. A nadie Él indujo a levantar la mano diciendo: ¿Quién quiere aceptarme?

¿Por qué no lo hacía?

Porque de antemano, Él ya veía el Sello del Espíritu Santo en sus elegidos (1 Samuel 16: 7; Juan 2: 23 – 25).

Sólo debía producirse la confirmación de este Sello de la elección, en quienes ante su llamado al arrepentimiento, lo hacían, por voluntad divina (Juan 3: 36; Romanos 9: 16).

El Sello del Espíritu Santo es eterno, decidido en el Trono de la Gracia, por el Concilio divino en la misma eternidad (Hechos 4: 28; 1 Pedro 1: 2); y está designado para ser aplicado en los elegidos de Dios, en el momento de la plenitud del tiempo de cada quien (Gálatas 4: 4 – 6), lo cual es decisión de Dios y no del hombre.

El Sello se aplica en el elegido, con pastor o sin pastor.

El asunto es, que cuando el Sello es confirmado por orden de Dios, la naturaleza del individuo cambia (2 Corintios 5: 17), precisamente porque no es obra de hombre sino de Dios (2 Corintios 5: 18).

Repito: ¡¡Cuántos hay que son llamados en las congregaciones a recibir el Espíritu Santo!!

Es típico el llamado: ¡¡¿Quién quiere recibir a Cristo?!!

Muchos, bajo el poder hipnótico de los manipuladores de los púlpitos, se levantan para recibirlo; y después de hacerlo, su naturaleza sigue siendo la misma.

¡¡Ningún fruto del Espíritu se ve en ellos!!

Claramente el Señor Jesús ha expresado estas sentencias en su evangelio:

Juan 15:

16. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

(R.V. 1960)

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R.V. 1960)

Juan 6:

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R.V. 1960)

Repito:  Dios es quien decide en quién y cuándo se concreta el sellado con su Espíritu, en cada uno de los elegidos de su pueblo.

No es el hombre quien decide (Romanos 9: 16). Es Dios. Por eso, cuando somos confirmados en el Sello del Espíritu Santo que recibimos, la  naturaleza vieja del hombre queda anulada, por la nueva, que es en Cristo.

En tal virtud, el evangelio nos menciona lo siguiente:

2 Corintio 5:

17. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(R.V. 1960)

El evangelio nos está revelando aquí, que todo el que esté en la naturaleza divina de Cristo, es una nueva creación.

El que está sellado, lo está por la elección eterna hecha en el Trono de la Gracia, desde antes dela fundación del mundo.

¡¡El que está sellado es una nueva creación!!

¡¡Disciernan los espíritus, amados entendidos!!

Vean a su alrededor a todos los que dicen ser nacidos de nuevo; pero andan en las disoluciones del mundo, dando sólo el testimonio de su muerte.

¡Pertenecen a la misma vieja creación de carne,…De tierra,…De muerte.

Entremos más profundamente en el análisis…

Pregunto:

¿Creen ustedes, que esta nueva creación, que tiene el Sello, es cosa que se hará en el presente o en el futuro?

Esta nueva creación como lo veremos más adelante es eterna. No está ubicada dentro de un marco temporal humano.

Repito: Esta nueva creación es una decisión eterna, tomada por el Concilio Divino, en el Trono de la Gracia, que es eterno.

Desde el trono eterno, quedó decidida la naturaleza obediente de unos y la naturaleza desobediente de otros.

Por eso el evangelio se refiere a los de naturaleza desobediente, como aquellos, que también en el Concilio eterno de Dios, fueron destinados a desobedecer, es decir, a no participar de la naturaleza de Cristo, contrariamente a lo que sucede con los elegidos para obedecer.

Confírmenlo:

1 Pedro 2:

7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8. y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

9. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

(R.V. 1960)

Ven, mis amados entendidos, de qué se trata el Sello del Espíritu Santo?

Ven, de qué se trata el Pacto eterno?

Es necesario que entendamos claramente, la naturaleza divina de nuestra elección como hijos de Dios, para que también con claridad confrontemos a los que en ignorancia o mala fe, llevan al mundo de los ciegos, al despeñadero de la muerte, haciendo pactos con dinero, los cuales no tienen nada que ver con el verdadero y único Pacto, que nos hace hijos de Dios, en forma incondicional.

Esto lo irán comprendiendo conforme avancen en el análisis.

Por ahora, afirmen el conocimiento, de que esta nueva creación, somos todos los sellados en conjunto; es decir, el conjunto de nuevas criaturas, que tienen la misma naturaleza divina del que las engendró; pero, que todavía tienen que transitar por este peregrinaje terrestre, siendo el cuerpo físico, el tabernáculo transitorio del Sello del Espíritu Santo, hasta el día de Jesucristo.

Continuará….

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 22

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero