34. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 33

¡Amados de Dios!

Vamos en esta entrega a escudriñar la Palabra de las Escrituras, con el objetivo de abordar el estudio del tercer elemento, correspondiente al segundo momento de nuestro esquema didáctico, acerca del proceso de sellado del Espíritu Santo en los elegidos de Dios.

Este tercer elemento, siguiendo la metodología que nos ha inspirado el Espíritu Santo, es el Entendimiento.

Iniciemos pues este estudio, revisando el siguiente texto del evangelio:

1 Juan 5:

20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(R. V. 1960)

Mis amados, les pido que pongan mucha atención a la secuencia de las expresiones que nos brinda este versículo.

Fíjense bien lo que se nos está revelando:

Se nos revela que el Señor Jesús, al darnos su Espíritu, nos da el Entendimiento con un claro objetivo.

¿Cuál es este objetivo?

El objetivo es, que con el Sello del Entendimiento, podamos acceder al Conocimiento.

¿Conocimiento de qué?

Mejor es preguntar:

¿Conocimiento de quién?

Pues, el Sello del Entendimiento nos da acceso al Conocimiento de Dios, o sea, al conocimiento de la Misma Persona de Jesucristo.

Se nos revela entonces en este versículo, que el Entendimiento que se nos otorga, es para que conozcamos al Señor Jesucristo; y conociéndolo a Él, podamos conocer al que es el Dios Verdadero, o sea, al Mismo Señor Jesucristo.

Revisen nuevamente el versículo y lean lo que en él se afirma:

¡Que el Señor Jesucristo, es el Dios Verdadero!

Su Espíritu, que nos es entregado, es el Entendimiento; y su mismo Espíritu que a partir del Entendimiento nos es entregado, es también es el Conocimiento.

Ya tenemos aquí, dos nombres nuevos del Señor Jesús:

Él, es el Entendimiento.

Él, es el Conocimiento.

Si tenemos el Entendimiento, en consecuencia tenemos el Conocimiento.

Si tenemos un claro Conocimiento de Dios, es porque hemos sido dotados de pleno Entendimiento acerca de la Persona del Señor Jesucristo, que es el Dios Verdadero.

Cuando alguien posee el Entendimiento, es porque posee dentro de sí a la Persona de Cristo Jesús.

El Entendimiento es el Sello de su Espíritu.

Revisemos esto una vez más:

En orden secuencial a partir del Entendimiento de Cristo Jesús, se nos otorga el Conocimiento de Cristo Jesús; y cuando alguien posee el Conocimiento de Cristo Jesús, es porque posee dentro de sí a Cristo Jesús, que es el Dios Verdadero.

Nadie puede conocer al Dios Verdadero, si Dios no le ha dado el entendimiento de quién es Cristo Jesús.

En otras palabras, nadie puede conocer a Cristo Jesús y menos acercarse a Él, si Dios no quiere que esto ocurra (Juan 6: 44; 65).

Cuando Dios nos elige para acercarnos a Cristo Jesús, entonces nos sella con el Entendimiento, para que podamos tener el Conocimiento de Cristo Jesús, o sea, del Dios Verdadero y de sus promesas para sus santos (Efesios 1: 18).

Reafirmemos entonces:

De la misma forma que lo es el Entendimiento, el Conocimiento también es Sello del Espíritu Santo.

Ahora sepamos esto:

No se puede tener Entendimiento y Conocimiento, como Sello del Espíritu, estando Cristo Jesús fuera de nuestro corazón, actuando como una persona aislada o apartada de nuestra naturaleza.

Esta es la razón, por la cual, nadie puede entender a Dios por medio de su propia sabiduría carnal.

Es sólo, cuando Jesús entra en nuestro corazón para habitar en él (Gálatas 4: 6), que recibimos el Sello del Entendimiento; y secuencialmente, el del Conocimiento.

El Versículo que estamos abordando, nos deja clara la secuencia:

Primero entendemos,… Luego conocemos.

Esto ocurre, sólo cuando el Espíritu del Señor Jesús, ha tomado posesión de nuestro corazón, para habitar en él.

Analicen ahora, el siguiente versículo:

Colosenses 2:

2. para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

(R. V. 1960)

Aquí, en este versículo, una vez más, el evangelio nos hace ver con claridad, que el Don del Entendimiento es aplicado como un Sello en los elegidos de Dios, con una finalidad: Esta es, la de sellarnos también con el Don del Conocimiento, para que podamos conocer el misterio que ha permanecido oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25; 1 Corintios 2: 7; Efesios 1: 3 – 4; Colosenses 1: 26).

Este misterio se trata, de todo lo concerniente al Pacto Eterno.

Este misterio está reservado para darlo a conocer, sólo a quienes Dios ha escogido como sus hijos.

El misterio del Pacto Eterno, se resume en una sola Palabra:

¡Cristo!

Cristo, es el Dios Verdadero.

En Cristo se encierran todas las riquezas de la Sabiduría y el Conocimiento (Colosenses 2: 3).

Ya hemos visto en las entregas anteriores, que para sellarnos con el Entendimiento que nos lleve al Conocimiento, en forma secuencial, primeramente Dios nos ha sellado con el Quebrantamiento, el cual nos lleva al Arrepentimiento.

Recordemos entonces:

Sin Quebrantamiento y Arrepentimiento, no hay Entendimiento ni Conocimiento.

De acuerdo a lo dicho anteriormente, podemos explicar, por qué razón, todos quienes son amigos del mundo, son enemigos de Dios (Santiago 4: 4).

Los amigos del mundo, actúan conforme a la corriente del mundo: No hay en ellos Quebrantamiento ni Arrepentimiento.

Por esta razón, los amigos del mundo obran según el entendimiento carnal que les da el mundo. Esta sabiduría carnal, les permite encajarse en todos los sistemas del mundo, para ver realizados sus deleites carnales.

Repito: En los amigos del mundo, no se evidencia el Sello del Quebrantamiento, ni del Arrepentimiento.

Si alguien ha sido amigo del mundo y antes andaba según la corriente del mundo (Efesios 2: 2); pero ya ha estado previamente elegido de Dios; entonces, es por Jesucristo sacado de las tinieblas y llevado a su Luz Admirable (1 Pedro 2: 9).

Como ya hemos anotado en entregas anteriores, la primera situación por la que atraviesa alguien que ha sido liberado de las tinieblas, es un estado espiritual de Quebranto, el mismo que lo conlleva al siguiente estado: El de Arrepentimiento.

El que ha sido amigo del mundo; pero que estando previamente elegido, ha recibido con Quebranto el Llamamiento Santo (2 Timoteo 1: 9), entonces, es dotado del Arrepentimiento.

El Arrepentimiento cambia su forma de relacionarse con el mundo, y le convierte en un ser extraño para el mundo.

A causa de su nueva naturaleza espiritual, el que ha sido liberado de las tinieblas, pasa luego a ser ultrajado por el mundo (1 Pedro 4: 4).

El sufrir los vituperios del mundo, es una señal clave para los redimidos, de que ahora pertenecemos a Cristo y no más al mundo (1 Pedro 4: 14).

Esta es una de las primeras situaciones que llegamos a comprender los quebrantados y arrepentidos, gracias al Entendimiento del que secuencialmente somos dotados.

Vayan amados de Dios, entendiendo la secuencia del Sello del Espíritu Santo, constatando en la Biblia, lo que nos es revelado, acerca de cada paso concerniente a este proceso.

Como ustedes han estudiado previamente a través de esta metodología que les imparto, el Conocimiento es el elemento que le sigue al Entendimiento.

Por esta razón, debemos ahora concentrarnos primero en el Don del Entendimiento, para luego, en una próxima entrega, abordar el Don del  Conocimiento.

Fíjense nuevamente mis amados en (1 Juan 5: 20), el versículo que estamos tratando:

Aquí, se nos hace entender dos cosas trascendentes:

1)    Que Dios nos da el Entendimiento, para que podamos conocer al Señor Jesús.

2)    Que el Señor Jesús es “el Verdadero Dios y la Vida Eterna.”

Ligando las dos cosas, reflexionemos entonces:

¿Para qué pues, sirve este Entendimiento que nos da el Espíritu Santo?

Sirve según lo expresado en (1 Juan 5: 20), para entender que el Señor Jesús es el Verdadero Dios y la Vida Eterna.

¿Y para qué, el Espíritu Santo nos hace entender que el Señor Jesús es el Dios Verdadero?

La Revelación es esta:

Puesto que en esta peregrinación terrenal, a Dios nadie le vio jamás, el plan de Dios es entonces, darnos con su Sello Espiritual, el Entendimiento para que podamos conocerlo.

Dios quiere que conozcamos que en Él hay Vida Eterna.

Agarren  esta revelación:

Vida Eterna, es otro nombre del Señor Jesús (1 Juan 5: 11 – 12).

De esta forma podemos entender, que el Señor Jesús es la Vida Eterna (Juan 5: 39; 6: 47; 10: 28), pues Él está en el Padre y el Padre está en Él (Juan 14: 9).

Nosotros sus escogidos tenemos la Vida Eterna, si tenemos al Señor Jesús.

Si tenemos al Señor Jesús, entonces tenemos al Padre.

Visto en forma completa:

Si el Padre está en Cristo y Cristo está en nosotros, es lógico que el Padre esté en nosotros y nosotros en el Padre (Juan 17: 21).

Dios quiere entonces, mediante el Entendimiento que nos otorga, dar a conocer esta Verdad a todos sus elegidos.

Repito: Si nadie ha visto a Dios, nadie puede conocerlo, de tal forma que, es necesario que para que lo conozcamos sin haberlo visto con el sentido de la vista, lo podamos conocer mediante el Entendimiento, que es un sentido espiritual procedente del Sello de su Espíritu.

Examinen el siguiente versículo:

Juan 1:

18. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

(R. V. 1960)

Ratifiquemos entonces, que el Sello del entendimiento que Dios instaura en sus elegidos, es para que los elegidos conozcan a Dios, a través del Espíritu de su Hijo.

Ya veremos en una futura entrega, que como almas eternas que hemos sido creados, los engendrados de Dios si hemos conocido a Dios porque hemos venido de Él (Juan 6. 46); mas no lo recordamos mientras no nos sella con el Entendimiento (Eclesiastés 1: 11).

Ahora, en esta travesía terrenal, estamos limitados para verlo con los ojos; pero si lo podemos ver con el Entendimiento, una vez que este Don nos ha sido otorgado como un Sello.

Este es el Sello del Espíritu Santo, que nos viene a recordar todo lo que Dios nos ha hablado desde la Eternidad (Juan 6; 45; 14: 26).

Por esta razón es, que todos los que llegamos a recordar a Dios, por el Entendimiento que Dios nos da, nos acercamos al Señor Jesucristo. De ninguna otra manera nos podemos acercar a Él (Juan 6: 44 – 45).

Para tener esto claro y bien entendido por qué los elegidos de Dios entendemos quién es el Señor Jesucristo, revisemos el siguiente versículo:

1 Corintios 12:

3. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

(R. V. 1960)

Según lo que expresa este versículo, pregunto:

¿Podrá alguien que niegue al Señor Jesús, tener conocimiento de Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque no se le ha otorgado el Entendimiento, o sea, no se le ha otorgado el Espíritu del Hijo de Dios.

Tal persona, no ha entendido que el Señor Jesucristo es el Dios Verdadero.

Por tanto, nadie que no conozca al Señor Jesús, puede conocer a Dios.

¿Por qué esto es así, que unos entienden y otros no?

¿Será que Dios es injusto, habiendo escogido a unos para darle Entendimiento y a otros no?

Revisemos lo que dice el evangelio:

Romanos 9:

13. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.

16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

17. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

19. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?

20. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?

21. ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

22. ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,

23. y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,

24. a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

(R. V. 1960)

Como vemos después de analizar este texto, Dios escogió a los vasos de Misericordia, para darles el Entendimiento.

¿Hay injusticia en ello?

¡Pues no!

Dios puede hacer lo que Él quiera hacer, puesto que Él es, el Dios Omnipotente.

A sus vasos de Misericordia, les dio la honra, dotándolos de las riquezas de su Gloria mediante el Entendimiento (Romanos 9: 23; Colosenses 2: 2).

Entonces, ¿los que predican doctrinas que le quitan la preeminencia al Señor Jesús, será posible que conozcan a Dios?

¡De ninguna manera!

¿Por qué?

Porque a estos, Dios los hizo vasos de deshonra.

Por tal motivo, a estos les falta Entendimiento.

¿Podrán los Israelitas terrenales no convertidos, que dicen adorar a Jehová y que al mismo tiempo rechazan al Señor Jesús, tener Verdadero Conocimiento de Jehová, a quien dicen adorar?

¡De ninguna manera!

Si el Conocimiento es el Espíritu del Señor Jesús, cómo pueden conocer a Dios, si rechazan al Mismo Conocimiento.

¿Por qué rechazan al Conocimiento?

Porque son ciegos; es decir, les falta Entendimiento.

Sin Entendimiento que es el Mismo Espíritu del Señor Jesucristo, no pueden conocer al Dios que dicen adorar.

Por eso en el libro del profeta Isaías y en la carta a los Romanos se ratifica esto:

De ellos, “solo un remanente será salvo.” (Isaías 10: 21 – 23; Romanos 9: 27; 11: 5).

¿Cuál es ese remanente?

Este remanente, es el pequeño número de israelitas que por elección divina, reciben el Entendimiento, como vasos de honra.

De hecho, los que ya lo han recibido, ya conocen quién es el Señor Jesús; y ya saben quién es el Dios Verdadero.

¿Será también que conocen al Dios Todopoderoso (Apocalipsis 11: 17) y Omnipotente (Salmo 91: 1), todas aquellas personas que dicen adorarlo a través de sus religiones, siendo que sus religiones, están plagadas de idolatría, otorgándoles majestad divina y adoración a figuras terrenales o celestiales (Hebreos 1: 5; Apocalipsis 9: 20; 19: 9 – 10), cuando es el Señor Jesucristo, el único Dios Verdadero en quién hay salvación (Hechos 4: 11 – 12)?

Siguiendo adelante con el tema que nos ocupa, les repito en esta ocasión, aunque parezca redundante, que el Sello del Espíritu Santo es un Sello eterno, aplicado de una sola vez en los elegidos de Dios; pero es tan profundo y maravilloso este misterio, que apenas podemos discernirlo con la Luz que nos llega con toda Misericordia de parte Dios, para que podamos tratar de explicarlo como lo estamos haciendo, a manera de un proceso que se da, en pasos secuenciales.

Todos estos momentos del sellado, como hasta aquí ustedes lo han comprobado, están fundamentados en las Escrituras.

Repito una vez más, aunque estos son momentos eternos, instaurados de una sola vez con el Poder de Dios en sus elegidos, debemos explicarlos como pasos secuenciales para poder entenderlos.

Lo que el Espíritu Santo logra a través de esta metodología de enseñanza que inspira a este su hijo es, que los elegidos que en el propósito de Dios la reciben, rebosen de toda confianza a causa de este Entendimiento otorgado, acerca de la naturaleza en la que hemos sido engendrados para ser hijos de Dios y coherederos del Señor Jesucristo (Romanos 8: 17).

Continúa…

 

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 34

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

33. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 32

Amados de Dios!

En esta entrega, vamos a concluir con el análisis del Don del Arrepentimiento, el cual como ustedes ya conocen, de acuerdo a la didáctica que empleamos para describirlo, lo hemos enfocado como el segundo elemento correspondiente al segundo momento del proceso de sellado del Espíritu Santo.

Amados entendidos, si este conocimiento aún no lo tienen bien afirmado, por favor, remítanse a la entrega treinta, en la cual se ha presentado un desglose didáctico del proceso del sellado del Espíritu Santo.

En esta ocasión vuelvo a insistir, en que el Sello de Espíritu Santo es eterno y cuando se instaura en el elegido de Dios, este hecho ocurre de una manera eterna, en la dimensión espiritual de Dios, que no tiene tiempo.

Sin embargo, es tan infinitamente grande el misterio de su contenido, que con la Luz que nos llega procedente del Padre de las luces (Santiago 1: 17); y por supuesto, sustentados en las Escrituras, dentro de nuestra dimensión temporal y corporal humana apenas podemos intentar explicarlo como lo estamos haciendo, decodificándolo en momentos y en partes, para que pueda ser pedagógicamente comprensible.

En la medida en que ustedes amados de Dios, vayan incrementando su comprensión acerca del Sello del Espíritu Santo, podrán asimilar este concepto en forma global, sistémica y eterna.

Por ahora sin embargo; es necesario que juntos sigamos desglosando el contenido espiritual del Sello en todos sus detalles, según nos da el alcance del Entendimiento que hemos recibido para asimilar el contenido espiritual de las Escrituras.

Cuando se hace lecturas rápidas y rutinarias de la Biblia, estos detalles parecerían ser simples y sin mayor trascendencia; o parecerían estar desligados de este misterio en análisis; o simplemente, pasan desapercibidos.

Pero resulta que, en realidad estos detalles que insistimos en exponer, muchas veces pareciendo redundar en las mismas cosas ya tratadas, tienen cargas intensamente reveladoras del evangelio eterno, que están veladas al entendimiento común.

Estas revelaciones quedan expuestas al Entendimiento con la claridad del medio día, sólo a través de un también intenso, perseverante y metódico escudriñamiento de La Palabra, guiado por el mismo Espíritu Santo, quien se revela a Sí mismo para sus elegidos, en el momento que quiere y de la manera que quiere; pero nunca apartado de las Escrituras.

El descubrir estas revelaciones acera del misterio del Sello del Espíritu Santo, nos permite estar seguros de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Esta, es precisamente, la seguridad que Dios quiere que tengamos para que nos mantengamos firmes en su Espíritu.

Pero sobre todo, el interés del Espíritu Santo es, que este conocimiento esté necesariamente bien sustentado para que sus elegidos puedan predicar el evangelio sin tropiezo; y puedan llevar a otros elegidos que lo escuchan, hacia una verdadera edificación en el Cuerpo de Cristo (1 Pedro 2: 5), mediante la Fe, que es por el oír (Romanos 10: 17; 1 Corintios 1: 21).

Continuemos entonces con el análisis del Arrepentimiento…

Hasta el momento, ustedes ya tienen muy claro, que el Arrepentimiento no es un estado de tristeza, sino de Alegría.

Esto es, porque el evangelio eterno nos revela que Cristo Mismo, es en su esencia divina, la Alegría (Salmo 43: 4; Isaías 65: 18; Hebreos 1: 9; Judas 1: 24).

También ustedes ya conocen que el Verdadero Ayuno, no es dejar de comer alimentos (Isaías 58: 4), sino el haber recibido el Don del Arrepentimiento, puesto que las abstenciones de comidas son decisiones pasajeras, mientras que el Arrepentimiento como todo lo concerniente al Reino de los Cielos, es un Don eterno dado como Don Perfecto desde lo alto a los elegidos de Dios (2 Corintios 4: 18; Santiago 1: 17).

De acuerdo a lo dicho, El Arrepentimiento es el Ayuno que Dios quiere (Isaías 58: 6).

Este Arrepentimiento es liberación (Isaías 61: 1; 2 Corintios 3: 17).

Esta liberación es Alegría (Malaquías 4: 2).

Esta Alegría es Cristo Jesús (Isaías 61: 3).

Reafirmemos a continuación, lo que revela las Escrituras:

  • El Ayuno que Dios quiere es Cristo en el corazón de sus elegidos.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, está en Ayuno.
  • El que tiene el Espíritu de Cristo, tiene el Sello del Espíritu Santo, el cual es Sello de Arrepentimiento.
  • El que tiene el Sello del Arrepentimiento, está alegre porque tiene a Cristo Jesús, que es la Alegría en el corazón.

De esta forma:

El gozo es tan auténtico e intenso en quien tiene a Cristo, que el apetito del cuerpo por los alimentos, no se ve de ninguna manera disminuido.

El que está alegre, no tiene por qué afligirse ex – profesamente, dejando de comer.

Las personas que padecen tristeza, depresión o enfermedades orgánicas, dejan de comer, porque sus cuerpos no se los permite a causa del estado patológico o disfuncional por el que atraviesan.

Observen en el siguiente versículo, cómo el Señor Jesús no se muestra interesado en ningún ayuno de alimentos para sus discípulos:

Mateo 9:

14. Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

15. Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

(R. V. 1960)

¿Cuál es la razón por la que el Señor Jesús, en este pasaje del evangelio no aprueba el que sus discípulos se abstengan de comer?

La respuesta se encuentra en la misma pregunta que Él hace, con toda claridad y autoridad:

¿Por qué han de estar tristes los que están de bodas y tienen al novio con ellos?

Esto, revelado en el evangelio eterno, quiere decir:

¿Por qué han de estar tristes los que en su corazón tienen el Espíritu de Cristo?

La tristeza es un sentimiento carnal, que en los grados extremos conlleva a depresión mental.

Insisto, cuando las personas están tristes o deprimidas a causa de los avatares de esta vida, es natural que dejen de comer porque el desánimo les  bloquea el apetito.

¿Por qué los discípulos de Jesús habrían de eximirse de los alimentos del cuerpo, si estaban saludables física y mentalmente; y además estaban alegres, compartiendo con el Señor Jesús?

Repito:

No había razón alguna para afligirse a propósito, de esa manera, si estaban alegres con el Señor Jesús a lado de ellos…

Ya vendría el momento, en que el Señor Jesús les sería arrebatado para ser asesinado en la cruz.

Entonces, se afligirían quienes lo amaban; y por supuesto, que al no sentirse alegres, sino al contrario, muy tristes, sufrirían intensamente viendo como lo trituraban sus enemigos.

¿A quién de los que amaban al Señor Jesús le podría haber dado ganas de comer en aquellos momentos tan terribles que circundaban al Santo, antes, en y después de su flagelación y crucifixión?

Sin embargo, para Gloria de los elegidos de todas las generaciones, sucedió lo que El Señor Jesús Mismo anunció, con respecto a lo que nos convenía que sucediera:

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar su Santo Espíritu a morar en el corazón de todos aquellos que pertenecían a su simiente (Juan 16:7).

Después de haber sido muerto crucificado;…De haber resucitado;…Y de haber ascendido al Trono del Padre, volvió en su Espíritu Santo, a morar en el corazón de sus santos, para tornar nuestro lamento en baile (Salmo 30: 11 – 12);…Y para enjugar toda lágrima de nuestros ojos (Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4).

¿Qué tristeza puede haber en el corazón de los elegidos de Dios, si en ellos habita el Cristo resucitado?

https://www.youtube.com/watch?v=qnI9AkT0mUE

…Hay otro pasaje en el que aparentemente el Señor Jesús manda a ayunar comida; y como la Palabra es Piedra de Tropiezo, la misma Palabra cierra su revelación para quienes el Señor quiere cerrar, lo cual les trae confusión y perdición.

Como los Hijos de Dios sabemos que para sus santos, Dios, no es Dios de confusión (1 Corintios 14: 33); tratemos entonces la siguiente revelación que nos da el Espíritu Santo, sin velos de confusión.

El pasaje que expongo a continuación, se refiere a la imposibilidad que tuvieron unos discípulos del Señor Jesús, para expulsar demonios y sanar a un muchacho lunático:

Mateo 17:

19. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

20. Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

21. Pero este género no sale sino con oración y ayuno.

(R. V. 1960)

La revelación que aquí nos da el evangelio, es que el Señor Jesús les está hablando a personas que decían ser discípulos suyos y pretendían sacar demonios; pero que no tenían poder para ello, porque no estaban selladas con el Espíritu Santo.

Sin duda, entre ellos estaría Judas Iscariote…

Dijo Juan el bautista, que nada puede recibir el hombre si no le fuere dado del cielo (Juan 3: 27); y también dijo, que Dios no da el Espíritu por medida (Juan 3: 34).

De acuerdo a Juan el bautista, El Poder de los hijos de Dios viene del cielo; y viene sin medida, pues este Poder es el Mismo Espíritu de Cristo, que no hace acepción de personas entre los elegidos, para entregarles su Poder (Hechos 10: 34 – 35; Romanos 2: 10 – 11).

De la misma forma, entre los que no están elegidos ni sellados con el Espíritu Santo, Dios tampoco hace acepción de personas para condenarlos con el rigor de la Ley (Romanos 2: 11 – 12; 1 Timoteo 1: 9).

Lo que el evangelio indica en (Mateo 17: 21) es que a todos los que tienen el Sello del Espíritu Santo, sin hacer acepción de personas, Dios les ha otorgado el Poder de la oración y del Ayuno para expulsar demonios y nada les es imposible.

Obviamente es así, porque tienen a Cristo.

Cristo habitando con su Poder, en el corazón de los elegidos sellados, puede sin duda, sacar demonios.

Estos es lo que nos indica:

Mateo 17:

18. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.

(R. V. 1960)

Como pueden ver, el Señor Jesús, fue el que sacó al demonio.

Así mismo, el Espíritu del Señor Jesús, morando en el corazón de los sellados con su Espíritu, es el que saca los demonios y los espíritus opresores; y estos, a Él se someten, quedando liberados quienes están oprimidos por ellos.

A los que no tienen el Sello del Espíritu Santo, el Señor Jesús los provoca haciéndoles notar, que Dios al repartir su Espíritu sin medida en sus elegidos, a estos discípulos con los que hablaba, no les había dado su Espíritu, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Siendo que Dios reparte su Espíritu sin medida en sus elegidos, el Señor Jesús nos hace notar, que a estas personas que fungían como discípulos suyos, los provoca hablándoles del ayuno; acerca de cuyo significado espiritual no entendieron, porque no habían recibido el Espíritu Santo, ni siquiera en la medida de una minúscula semilla de mostaza.

Como sin duda, estas personas serían muy religiosas; y no estando en el Verdadero Ayuno que ya sabemos, es Cristo, el Señor Jesús les habla del ayuno, para demostrar a los entendidos, lo siguiente:

Que aquellos discípulos de los que habla el pasaje expuesto; y todos los que se creen sus discípulos, en todos los tiempos y lugares; pero que no tienen el Sello del Espíritu Santo, lo único que logran es, tropezar con la Palabra, pensando que Él les está hablando de ayunar alimentos.

Los que tropiezan, actúan siguiendo la lógica carnal,…Ayunan alimentos y luego ven que ni aun así lograran obtener el poder de sacar demonios.

No pueden, porque en realidad, no son verdaderos discípulos suyos.

Ya, el Señor Jesús expresó con claridad lo siguiente:

Lucas 14:

27. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

(R. V. 1960)

Sus verdaderos discípulos de todos los siglos, por estar llenos del Espíritu Santo, pudieron en aquella época y pueden en la actualidad sujetar a los espíritus, pues tienen el Sello del Espíritu Santo; y sus nombres están escritos en los cielos (Lucas 10: 20).

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven en permanente oración y en el Ayuno eterno, que es Cristo.

Los verdaderos discípulos del Señor Jesús, viven el gozo del eterno Arrepentimiento, en pleno Poder del Espíritu Santo.

De paso, les vuelvo a recodar, que el estar repleto del Poder del Espíritu Santo, no es obra humana, sino obra del Alfarero que nos va moldeando y perfeccionando; y lo seguirá haciendo, sin soltarnos, hasta el día de Jesucristo; o sea, hasta el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ha quedado revestido del hombre nuevo que tiene el Espíritu de Cristo (Efesios 4: 24).

Ha quedado despojado del hombre viejo (Efesios 4: 22).

Se ha renovado en el espíritu de su mente (Efesios 4: 23).

El hombre que ha recibido el Don del Arrepentimiento, ya no actúa más, conforme a las tradiciones de los hombres sin entendimiento, precisamente, porque con el Espíritu de Cristo, se ha renovado su Entendimiento (Romanos 12: 2; Colosenses 2: 8).

A propósito, el Entendimiento será el tema de la siguiente entrega.

Una vez más, quiero insistir en lo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Que ninguna transformación ocurre en una persona, si El Padre no la tiene esta, elegida para acercarse a Cristo, en cuyo Espíritu se encuentra el Poder de la conversión para Arrepentimiento (Juan 6: 44; 65).

Observen lo que decía Juan el Bautista:

Mateo 3:

2. y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(R. V. 1960)

Observen también lo que decía el Señor Jesús:

Marcos 1:

14. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

15. diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(R. V. 1960)

Mas adelante en el tiempo, el Apóstol Pedro con llamado eterno, también habla de lo mismo:

Hechos 2:

38. Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

(R. V. 1960)

Hechos 3:

19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados, tanto Juan el Bautista, como el Señor Jesús y el Apóstol Pedro, convocan al pueblo elegido de Dios al Arrepentimiento.

El llamado al Arrepentimiento, que con voz eterna hacen todos quienes predican el evangelio del Reino de Dios, son las santas convocaciones (Levítico 23: 2) que hace Jehová a sus elegidos, para recibir la Alegría del Reposo, que es el Espíritu de Cristo, que entra a morar en sus corazones convocados y arrepentidos, por la Gracia otorgada.

El que entra en el Reposo ya no necesita vivir bajo la esclavitud de las obras.

El día en que entra el Don del Arrepentimiento en una persona elegida, ese es el Día Agradable a Jehová (Isaías 58: 5);…Este día es fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44);…Este, es día de Reposo Perpetuo;…Este, es día de Alegría Perpetua.

En un mal entendimiento de las Escrituras, como en Piedra de Tropiezo, se caen los destinados a desobediencia, porque conceptúan que las santas convocaciones, son ritos y celebraciones religiosas de obras, que honran a Jehová; mientras por otra parte, los mismos que hacen las obras, en sus corazones incircuncisos, deshonran a Cristo.

Ante este llamado al Arrepentimiento, que es una santa convocación eterna, debemos entender que, quienes se arrepienten son las ovejas elegidas del Señor (Juan 10: 29).

La ovejas elegidas, son el pueblo de Dios (Mateo 1: 21);…Son la Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Son la Jerusalén Celestial (Hebreos 12: 22; Apocalipsis 21: 10);…Son la esposa del Hijo (Apocalipsis 21: 9);…Son el cuerpo de Cristo (Colosenses 1: 18).

La ovejas elegidas, tienen desde la eternidad, su oído espiritual acondicionado para oír la voz del Buen Pastor (Juan 10: 14; 27);…Para oír la convocación a la fiesta solemne de Jehová (Levítico 23: 1 – 44), la cual es fiesta de Arrepentimiento.

Las almas que no han sido acreedoras a esta convocación para Arrepentimiento, por supuesto, no escuchan este llamado; y su naturaleza de perdición es tal, que a pesar de que Dios les manda las plagas y los castigos por su blasfemia eterna, ni aun así se arrepienten.

Corroboren esto, con los siguientes versículos:

Apocalipsis 9:

20. Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;

21. y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

(R. V. 1960)

Apocalipsis 16:

9. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

10. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas,

11. y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.

(R. V. 1960)

¿Por qué no se arrepintieron estas almas?

¡Porque no tenían el Sello!

Si no tenían el Sello, no fueron convocadas para el Arrepentimiento.

Para concluir esta entrega quiero recodar con ustedes, que cuando crucificaron al Señor Jesús en el Gólgota, con Él, también crucificaron a otros dos, uno a cada lado de Jesús, quedando Jesús en medio (Juan 19: 18).

Estos dos malhechores fueron puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23: 33).

Uno de los malhechores le injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 39).

El otro malhechor, o sea el arrepentido, se mostró precisamente arrepentido de sus maldades y reprendió al que injuriaba al Señor Jesús (Lucas 23: 41).

El malhechor arrepentido, clamó ante el Señor Jesús por Misericordia y el Señor lo aceptó en su Reino (Lucas 23: 42 – 43).

Así actuaron los ladrones en la cruz: uno se arrepintió y otro blasfemó.

El uno, oyó la convocación al arrepentimiento. El otro, no.

Sin duda alguna, el que se arrepintió, era un elegido de Dios, sellado por el Espíritu Santo; mientras en el que blasfemó, sus mismas blasfemias eran testimonio de ser ya, un espíritu blasfemo, eternamente muerto.

Como ven mis amados, el Señor Jesús, puesto en medio de los malhechores, marca claramente la delimitación que existe entre los sellados, circuncidados en su Espíritu; y los destinados a perdición, aunque estén circuncidados en la carne.

A esto se refería el Señor Jesús, cuando habló estas cosas:

Mateo 25:

32. y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados de Dios, el evangelio presenta a Cristo en la cruz en medio de dos malhechores, para representar la división que Dios hace entre los malos que blasfemaron contra el Espíritu Santo y los malos que recibieron la convocación para recibir la Gracia del Arrepentimiento,…Y la oyeron;…Y la recibieron.

En todo lugar, en donde haya una persona que lleve el Sello del Espíritu Santo, se encuentra Cristo dividiendo a los suyos de los que no lo son; y por supuesto, convocando a los suyos al Arrepentimiento.

Tal es así, que dentro las mismas familias consanguíneas, el Espíritu Santo separa a los que pertenecen a la simiente de Cristo, de los que pertenecen a la simiente de la serpiente.

Esta es la división que hace Cristo entre los que pertenecen al Israel terrenal, o sea, la familia que no lo recibió; de los que pertenecen al Israel Celestial,  o sea, su verdadera familia espiritual.

Por tal razón, el Señor Jesús se expresó de esta manera:

Mateo 10:

34. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

35. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;

36. y los enemigos del hombre serán los de su casa.

(R. V. 1960)

Como pueden ver mis amados entendidos, el Reino de Dios no consiste en palabras, ni en ayunos de alimentos, ni en ninguna obra material humana, sino que consiste en Poder (1 Corintios 4: 20).

El Poder es de los que se arrepintieron.

El Poder, es de los que celebran eternamente la fiesta solemne de Jehová, porque fueron convocados por su Espíritu, para esta fiesta eterna que es Cristo; y desde luego, los convocados, habitan eternamente como piedras santas edificadas en la casa de su Espíritu (1 Pedro 2: 5).

La muerte eterna en cambio, es de los que blasfemaron y jamás se arrepintieron.

El Sello del Arrepentimiento, que es el Ayuno que Dios quiere, es el Poder de los hijos de Dios.

Este Sello, es el Espíritu de Cristo Jesús.

Este es el Sello que identifica a los circuncidados en el Espíritu; y los separa, como separa al trigo de la cizaña (Mateo 13: 30), de los que sólo se han circuncidado en el prepucio.

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 33

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

32. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 31

¡Amados de Dios!

De acuerdo a lo que habíamos determinado en la entrega anterior, vamos a iniciar esta entrega, haciendo un análisis versículo a versículo, el texto de Isaías referente al Ayuno, para dejar claro, que el Sello del Arrepentimiento que le pone Dios a su pueblo, es el Verdadero Ayuno; y que a su vez este Ayuno, es el mismo Espíritu de Cristo, morando en el corazón de los elegidos de Dios.

Veamos pues… (Isaías 58: 3 – 7):

En el (versículo 3), Dios nos habla de los que ayunan queriéndolo impresionar,…Queriéndole mostrar sufrimiento para ser reconocidos por Él como justos,…Tratando de quedar bien con Él; pero albergando en sus corazones, malas obras, como lo son, el placer carnal, la codicia, la avaricia y la injusticia con el prójimo.

Amados entendidos, ¿Se podrá con el ayuno de comida, borrar todas estas maldades procedentes de la carne, que describe Dios en su Palabra?

¡Claro que no!

Después de ayunar alimentos, el corazón pecador sigue siendo el mismo corazón carnal, porque tal ayuno no tiene ningún poder para transformar el espíritu de nadie.

¿Qué cosa que haga un hombre muerto espiritualmente, puede tener poder para transformar su camino que ya es conocido por Dios?

¡Pues Nada!

Dicen las Escrituras:

Proverbios 16:

25. Hay camino que parece derecho al hombre,
Pero su fin es camino de muerte.

(R. V. 1960)

Este camino de muerte, lleno de obras carnales, sustentado en el entendimiento y la sabiduría carnal, es el que escoge el ser humano que carece del Entendimiento procedente del Espíritu de Dios.

Cristo es el que da la Vida a los espíritus muertos,…Cristo es el que transforma la naturaleza del ser humano,…Cristo es el que salva al pecador…Cristo es el Camino que lleva al Padre.

Cristo es el Verdadero Ayuno.

En el (versículo 4), nuevamente Dios les recalca, a los que se abstienen de ingerir alimentos, que lo hacen, porque quieren ser oídos por Dios en sus intenciones de salir vencedores en sus peleas,…En sus debates,…Insultos,…Difamaciones;…Y murmuraciones contra el prójimo.

Este versículo, muy claramente dice:

“No ayunéis como hoy.”

Con esto, Dios les dice a los que están cargados de intenciones carnales y que se están absteniendo de comer:

¡No ayunen como lo están haciendo hoy por costumbre, malinterpretando las Escrituras, porque eso no sirve!

Con esto, también Dios está cuestionando lo siguiente:

¿De qué sirve que se eximan de comer alimentos, si el corazón lo tienen lleno de maldad?

Tener un corazón lleno de maldad, es tener un corazón carente del Buen depósito, que es el Espíritu Santo (2 Timoteo 1: 14).

Pregunto entonces:

¿Podrá el ayuno de comida, limpiar a un corazón que carece del Espíritu Santo?

¡Claro que no!

¿Cuesta mucho entender esto?

¡Las Escrituras hablan claro sobre este asunto!

¿Por qué entonces, esta falta de Entendimiento?

Esta falta de Entendimiento con respecto al Ayuno, existe en las llamadas “iglesias”, en las cuales, mucho se convoca al ayuno como actividad religiosa programada en la agenda de sus líderes.

Echen una ojeada a lo que ocurre en las congregaciones de cualquier denominación, cuando convocan a los miembros para participar en sus asambleas.

Observen lo que ocurre, cuando en ellas se promueven las postulaciones de los líderes para el ejercicio de dignidades; cuando en ellas se debate en las tomas de decisiones; cuando en ellas se planean fiestas para celebrar a Dios; y cuando tratan acerca de la distribución de los recursos financieros…

Si hacen una revisión de estos eventos carnales, no podrán negar que son los demonios mismos, los que se dan gusto en las agitaciones que se forman en estas reuniones.

Será que en estas asambleas, están los miembros de la congregación en el Verdadero Ayuno?

Antes de continuar, revisen estos versículos, para que sea la misma Palabra de Dios la que les aclare este asunto: (Isaías 1: 13; Amós 5: 21).

Continuemos…

En el (versículo 5), Dios expresa, que no es aceptable para Él, ningún sacrificio humano auto infligido, porque para Él, el único sacrificio que le agrada, aceptable y válido para reparar las maldades del hombre, es el Sacrificio de su Hijo, establecido por Pacto Eterno.

¿Puede algún sacrificio humano, ser superior al Sacrificio de Cristo en la cruz?

¡Ninguno!

Todos los sacrificios que hace el hombre religioso, son innecesarios.

Otra vez, echen una mirada en sus congregaciones a pastores y siervos, cómo ayunan haciendo alarde de su obra y poniendo caras de aflicción para ser reconocidos en el sacrificio voluntario al que se han sometido.

Y vean, cómo después de estos grandes sacrificios que hacen, desnutriéndose, debilitándose y poniendo en riesgo la propia salud del cuerpo, luego dicen que han salido victoriosos del ayuno; pero al rato se los ve frustrados y resentidos porque nadie los reconoce ni los exalta por la proeza que han hecho.

Tampoco, desde la perspectiva de los entendidos, se ve ningún crecimiento espiritual en sus congregaciones luego de estos eventos de abstención alimentaria…Esto se debe, a que el crecimiento espiritual sin duda, es producto de la manifestación del Arrepentimiento en los corazones; y es movido por Dios y no por la carne.

Vean entonces, lo que el Señor Jesús les dice a estos individuos sacrificados:

Mateo 6:

16. Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(R. V. 1960)

El Señor Jesús que conoce las intenciones de los corazones hipócritas, que se afligen a sí mismos con la abstención de alimentos para conseguir sus propósitos carnales, emite un mensaje que por cierto, no es revelado a los carnales de ninguna generación, el cual, está descrito en el siguiente versículo:

Mateo 6:

17. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,

(R. V. 1960)

¡Agarren la revelación, mis amados!

“Unge tu cabeza” es sinónimo de estar sellado por el Espíritu Santo (Salmo 23: 5).

La Palabra de Dios, que es Piedra de Tropiezo, les dice a los religiosos: “Unge tu cabeza”, provocándolos, para ver si  pueden lograr la Unción, que definitivamente no la tendrán por la vía carnal de las obras.

Sin duda, nadie puede ungirse a sí mismo.

Es Dios quien unge con su Sello a sus escogidos.

Y a su vez, sin duda, nadie puede entender esto que estamos tratando, si no está ungido por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo de su Hijo, es el Óleo de la Alegría, con el que Dios unge a sus escogidos (Hebreos 1: 9).

Por tanto, nadie estando en el Verdadero Ayuno puede estar triste, ni después del Ayuno estar resentido.

No puede ocurrir esto, porque estar en el Verdadero Ayuno, es estar ungido con el Óleo de la Alegría, que es el Espíritu de Cristo.

“Lava tu rostro” es sinónimo de tener purificado el corazón con el Agua de Vida, que también es Cristo (Hebreos 10: 22).

Continuemos con el texto de Isaías…

En el (versículo 6), Dios nos invita a razonar, que el Ayuno que Él escogió, es el que desata los lazos que nos tenían ligados al maligno, como avaricia, codicia, fornicación, envidia, borracheras, contiendas, etc. (Romanos 13: 13; Gálatas 5: 21).

El ayuno que Él escogió, es el que nos quita las cargas con las que el maligno nos oprime (Isaías 61: 1). Estas cargas son todos los afanes en que nos enreda el mundo, creándonos ilusiones, para que quedemos envueltos en sus deleites materiales.

Luego de disfrutar estos deleites, a causa de ellos, tenemos que trabajar como esclavos para pagar también como esclavos el precio de llevar esas cargas de opresión que nos impone tal disfrute (Mateo 11: 28 – 30).

¿Puede el ayuno de comida cambiar un corazón enfermo y contaminado por los deleites del mundo?

¡De ninguna manera!

¿Qué es lo único que nos puede hacer cambiar, para que dejemos de ser amigos del mundo y enemigos de Dios?

¡Sólo el Verdadero Ayuno, que es el Espíritu de Cristo!

Este ayuno, es el que nos reconcilia con Dios (Romanos 5: 11); y nos hace aborrecer el mundo y sus deleites.

Este es “el Ayuno que Dios escogió” (Isaías 58: 6):

¡Su Hijo!

https://www.youtube.com/watch?v=jDCBkZDueqI

¡Cuántos hay, que luego de romper el ayuno de alimentos, vuelven a buscar nuevamente los deleites del mundo!

¡Cuántos hay, que luego de abstenerse de ingerir alimentos, haciéndolo en sacrificio auto infligido, se enfrascan luego en los menesteres del mundo, viviendo como los gentiles, participando en la mesa de los demonios (1 Corintios 10: 21)!

¿Es eso agradable al Señor?

¡De ninguna manera!

Es así que, en este (versículo 6), la Palabra nos deja por demás claro por revelación, que el Ayuno que Él escogió para cumplir la misión de desatar ligaduras, soltar cargas de opresión, romper todo yugo; y liberar a los quebrantados, es Cristo.

Los que malentienden las Escrituras, interpretan que el ayuno consistente en dejar de comer, es el que sirve para desatar las ligaduras y liberar a los quebrantados.

Es que en realidad, los que se meten en abstinencias sacrificadas de alimentos, no entienden la revelación de las Escrituras, porque no es admisible que entendiendo el mensaje de Dios, hagan todo lo contrario.

Esos eventos poderosos del Espíritu, como lo son, el desatar las ligaduras que el hombre pecador tiene con el diablo; y el liberar a los quebrantados, no son una conquista de la voluntad humana de dejar de comer, sino que son la Victoria del mismo Espíritu de Cristo, sin importar si el individuo está o no con el vientre alimentado.

Escudriñen bien este (versículo 6) y vean, que quienes son liberados son los quebrantados; y relacionen este versículo con (2 Corintios 7: 9 – 10), para que concienticen, en que primero es el Quebrantamiento y luego viene el Arrepentimiento, con el cual somos liberados de la opresión de las tinieblas.

El Verdadero Ayuno es Cristo, morando en el corazón de los quebrantados.

Los que han sido quebrantados en su espíritu por el Espíritu Santo, no tienen que dejar de comer.

Dejar de comer deliberadamente, es sólo testimonio de una falta de Entendimiento, o sea, la ausencia del Sello del Espíritu Santo en quien lo hace, aunque su religiosidad aparente lo contrario.

Obviamente, quien no ha pasado por el Quebrantamiento y el Arrepentimiento, no tiene acceso a este Entendimiento.

Al Entendimiento, lo estudiaremos próximamente, pues es el tercer elemento del segundo momento del proceso de Sello del Espíritu Santo.

Repito:

Entendiendo que el Arrepentimiento es un estado de permanente Ayuno, entonces, ratificamos en este punto que el Ayuno es Cristo; y que el paso previo a ese estado de permanente Arrepentimiento o Ayuno, es el Quebrantamiento, el cual también es el mismo Espíritu de Cristo.

Por eso es que, en el (versículo 6), claramente nos revela la Palabra, que quienes son liberados hacia una nueva forma de vida, son los quebrantados.

Esta nueva forma de vida, propia de un ser nuevo, no lo puede conseguir un ayuno de comida, sino el Poder de Dios que nos libera, en Cristo.

Ahora, escalemos hacia otro nivel…

Quiero mis amados que piensen en esto:

Paradójicamente, siendo Cristo en nuestro corazón el Verdadero Ayuno, también Él, es el Pan de Vida (Juan 6: 48) con el que estamos saciados los elegidos de Dios.

Entendamos entonces, que espiritualmente los que hemos recibido a Cristo, estamos saciados del Pan de Vida, que es comida para Salvación.

Estando saciados con esta comida maravillosa, no necesitamos comernos los placeres que el mundo nos ofrece, los cuales son comida putrefacta cargada de avaricia, codicia, envidia, contienda, orgías, borracheras, fornicación, adulterio, etc….

Quienes hemos recibido el Sello del Espíritu Santo, estamos llenos con el Pan de Vida; y no queremos volver a saber más de la comida putrefacta que nos ofrece el mundo con sus sistemas engañosos, pues, la Vida de nuestro espíritu es incompatible con el engaño (Juan 1: 47; 8: 44).

No necesitamos estas podredumbres, pues estamos en el Verdadero Ayuno, que a la vez, es la Verdadera comida (Juan 6: 65).

Son los que pertenecen al mundo, los que se comen el engaño del mundo; y esta comida es para muerte.

Los Sellados con el Espíritu Santo, no se comen el engaño del mundo, porque no son del mundo (Juan 17: 16; Filipenses 3: 20).

Dios siendo benigno hasta con los ingratos y malos (Lucas 6: 35), da a todos el alimento para la vida pasajera del cuerpo sobre la tierra; pero a más de esto, a sus elegidos les provee del Pan y del Agua de Vida, que es para Vida Eterna en el Reino de los Cielos:

Este Pan y esta Agua, es Cristo.

Ya tienen aquí otros dos nombres más del Señor Jesús:

¡El Pan de Vida!

¡El agua de Vida!

Esta Comida, que a la vez es Ayuno, está garantizada en los escogidos de Dios, por el Sello del Espíritu Santo (2 Corintios 5: 5; Efesios 1: 14).

Dios no nos exige dejar de comer la comida que es bendición para el cuerpo, mientras este perdura en la tierra.

En el Ayuno que Dios eligió, lo que hace Dios por Gracia en sus elegidos, es producir la abstención de la ingestión de toda obra de maldad, procedente de la carne.

La carne por sí misma se alimenta del pecado; pero el Espíritu morando en sus elegidos sellados, está en guerra permanente contra la carne, obteniendo siempre la Victoria.

El Ayuno Verdadero entonces, que es el Sello del Arrepentimiento, es la Victoria del Espíritu contra la carne (Romanos 8: 37).

Como pueden ver amados de Dios, el Ayuno al que se refieren las Escrituras, no tiene nada que ver con dejar de comer, sino con el abstenecerse de ingerir la putrefacta comida espiritual de las malas obras, que alimenta para muerte la pecaminosidad de la carne; y esta abstención, no es obra de la voluntad de nadie, sino del Espíritu que mora en sus elegidos, cuando han sido quebrantados y sellados con el Don del Arrepentimiento.

¿Han oído mis amados, cómo los indoctos predican la Victoria en Cristo, haciendo referencia a los logros materiales conseguidos en sus falsas doctrinas de la prosperidad?

¿Han oído cómo muchos llamados cristianos, se jactan ante los demás miembros de sus congregaciones, pregonando que andan en victoria, alardeando de sus éxitos personales?

Pues, sepan ahora, mis amados, que la Victoria Verdadera,…La Victoria en Cristo, es la Victoria del Espíritu sobre la carne.

Cualquier otra victoria  terrenal, es sólo mundana y temporal. La Verdadera Victoria, es eterna (2 Corintios 4: 18). La Verdadera Victoria, es la de los que andan arrepentidos.

En el (versículo 7),  vean cómo Dios describe a un corazón arrepentido,…A un corazón sellado con su Espíritu,…A un corazón en Verdadero Ayuno…

Dice así, con respecto al Verdadero Ayuno:

“¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”

Dios nos dice claramente, que un individuo sellado por su Espíritu, es un individuo en estado de Ayuno, que exterioriza el testimonio de su Sello con esta forma de actuar, que es en Amor hacia el prójimo.

Nadie que esté sellado con el Arrepentimiento, viviendo el Verdadero Ayuno que es Cristo, puede actuar de manera distinta a la que está descrita en este texto, o sea, de manera indiferente a las necesidades de los que le rodean.

Dejemos claro entonces, que el Ayuno Verdadero, siendo la misma persona de Cristo, no consiste en dejar de comer comida, sino que se trata de la persona de Cristo que rechaza el pecado, pues Él habita en el corazón de la persona que está sellada; y es su mismo Espíritu obrando en el que está sellado, quien practica la Misericordia (Oseas 6: 6; Filipenses 2: 13).

Observen lo que dice el Señor Jesús:

Mateo 9:

13. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

(R. V. 1960)

Vean amados de Dios, que el Señor Jesús se revela a Sí mismo, como la Misericordia establecida en los corazones sellados con el arrepentimiento.

Por otra parte, el Señor Jesús expresa claramente en su evangelio, que lo que entra en la boca no es lo que contamina al hombre; mas lo que le contamina es lo que le sale del corazón (Mateo 15: 7 – 20).

Quien tiene un corazón sin Entendimiento, no tiene el Ayuno; por tanto, aunque deje de ingerir comida, está contaminado, pues en su propia naturaleza carnal, está viciado con la gula de la carnalidad de la cual salen: “Los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mateo 15: 19).

Quien tiene un corazón contrito y humillado, por la Gracia del Sello del Espíritu Santo, tiene un corazón descontaminado,…Blanco como la lana (Isaías 1: 18) porque en ese corazón precisamente, habita el Espíritu Santo, quien por el mandato del Pacto Divino, es el encargado de quemar toda impureza de la carne y toda carga contaminante procedente de las tinieblas que nos rodean.

El Espíritu Santo tiene el mandato de mantenernos en el Ayuno Verdadero, o sea, de cuidarnos para mantenernos guardados en Cristo Jesús, sin mancha de pecado (1 Reyes 8: 57 – 59; Salmo 37: 28; 38: 21; 138: 8; 141: 8; Sofonías 2: 3; Juan 17: 15; 2 Tesalonicenses 2: 1 – 3; 1 Pedro 1: 5; Judas 1: 1; 24).

Por eso, el Señor Jesús revela en el evangelio, que Él hace la Voluntad del Padre y esta Voluntad es, que ninguno de los que le dio se Pierda (Juan 6: 38 – 39).

Si el Espíritu Santo, en obediencia al Padre, por el mandato del Pacto Eterno, no custodiara el corazón de los elegidos de Dios, ninguno de estos, podría por su propia cuenta y en su propia voluntad, proclamarse  vencedor sobre su carnalidad, por más ayunos de comida a los que se someta.

Tengan entonces bien claro mis amados entendidos, que a Dios no le interesa en lo más mínimo, que usted deje o no de comer.

Si no quiere comer, no coma. Ya comerá cuando tenga hambre.

Si quiere comer coma, que ninguna comida va al corazón sino al vientre; y de ahí, pasa a la letrina (Mateo 15: 17).

La comida es sólo para alimentar el cuerpo; y el dejar de comer sin criterio, sólo puede descompensar el cuerpo.

El Señor Jesús ya declaró, que toda comida es limpia. Lo que está sucio, es el corazón de quienes no tienen el Sello del Espíritu Santo (Marcos 7: 19).

Dios nos deja claro en las Escrituras:

  • Que ningún ayuno de comida puede conseguir purificar a un espíritu contaminado.
  • Que tampoco, el hecho de comer alimentos, tiene ningún poder como para estropear el Poder del Espíritu Santo que habita en el corazón de los elegidos de Dios.

Como médico que soy, estoy consciente del beneficio que para el cuerpo tiene el ayuno temporal de unas cuantas horas, entre comidas; así como el ayuno que debe guardarse previo a una intervención médica o quirúrgica.

También estoy consciente del valor de abstenerse de ciertos alimentos que no conviene ingerir, en determinados casos de problemas médicos, o como prevención de la presentación de estos problemas.

Así mismo, soy conocedor de los graves trastornos orgánicos que produce un ayuno prolongado, provocado indiscriminadamente por parte de quienes lo hacen sin conocimiento, sobre todo cuando se padece de ciertas dolencias orgánicas, que no permiten que el cuerpo permanezca en forma prolongada con bajos niveles calóricos.

Por otra parte, sabemos por el evangelio, que la misma oración en la que estamos abocados a vivir permanentemente los hijos de Dios, no es obra propia del ser humano, sino obra del Espíritu Santo actuando y moviéndose en nuestro corazón (Romanos 8: 26 – 27).

Esto lo menciono, por cuanto, hay ciertos momentos especiales, en que para orar, el Espíritu Santo, nos introduce en tiempos de recogimiento y de abstención de alimentos (Hechos 13: 2 – 3), durante los cuales obviamente, el mismo Espíritu que es vencedor sobre la carne, nos impide ingerir comida; y esto, no es obra nuestra, sino obra del Espíritu para su propósito de oración.

Cuando es el Espíritu el que obra, no tenemos que hacer ningún esfuerzo por ayunar, porque simplemente, el Espíritu nos quita el hambre y simplemente, estamos tan gozosos en la oración, que el hambre está ausente por sí misma, sin estimularnos ningún deseo de comer alimentos.

Por tanto, un escogido de Dios, que por un llamado del Espíritu está orando y se está absteniendo de comer, nunca pondrá cara de sufrimiento.

Además, nadie que está viviendo en el Espíritu tiene necesidad de hacer conocer al resto, como lo hacen los carnales, que está inhibiéndose heroicamente de ingerir alimentos.

¿Por qué el Espíritu mismo, es quien inhibe al cuerpo del deseo de ingerir alimentos?

Esto ocurre, porque en estos momentos especiales de oración en intimidad con el Señor, quiere el Espíritu nutrirnos y saciarnos también en forma especial (Lucas 6: 21), con el Pan de Vida que es espiritual (Juan 6: 48).

Así es que, si usted es un sellado del Espíritu Santo, y se abstiene momentáneamente por algunas horas de ingerir alimentos para dedicarse un tiempo a la oración; entienda que como es el mismo Espíritu Santo quien obra en su querer y en su hacer (Filipenses 2: 13), esta acción es producida por Él; y ese tiempo dedicado exclusivamente a la oración, será de enorme regocijo (Filipenses 4: 4).

Por tanto, el Espíritu Santo, que es quien promueve la oración y la abstención momentánea de alimentos para vivir piadosamente este momento espiritual, no pretende imponernos ninguna carga opresiva de ayuno que haga sufrir, enfermar o debilitar a los escogidos de Dios (Isaías 58: 6).

Lo que desea el Espíritu Santo es llenarnos con el fruto de su gozo (Gálatas 5: 22).

El Espíritu no desea ponernos en sacrificios carnales.

Si no es para estar en un momento especial de recogimiento en oración, el Espíritu no inhibe a nadie el deseo de comer.

Pruébense a sí mismos dice el evangelio, para ver si están aprobados (2 Corintios 13: 5).

Examinen si atraviesan el tiempo de oración y abstención de alimentos, con exclusividad para la realización de esta acción; y examinen si lo hacen con llenura de gozo, paz y fortaleza.

Les digo esto, porque es común ver a muchas personas que están haciendo sus labores diarias en el mundo. No están dedicadas a la oración sino que están envueltas en sus actividades mundanas de rutina; pero están ayunando y hacen saber a los demás que lo están haciendo, poniendo rostros de abnegada religiosidad (Mateo 6: 16), para que los demás sepan que son virtuosas y lo que es más, así mismas se auto convencen de que lo son.

Esto es un testimonio de no estar sellado por el Espíritu Santo.

Revisen amados de Dios, lo que dice el evangelio, al respecto de dejar de comer:

1 Timoteo 4:

1. Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

2. por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia,

3. prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.

4. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias;

5. porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

(R. V. 1960)

Como vemos en este texto, los alimentos que Dios nos da para el cuerpo hay que comerlos con alegría en acción de gracias; mas, el evangelio nos muestra con claridad en varios pasajes, que a Dios lo que le interesa en realidad, es el alimento espiritual y no el material.

Él Espíritu mismo invita a comer la comida del cuerpo en acción de gracias.

Pero así mismo, el Espíritu enfatiza en que la comida espiritual, o sea, el Pan de Vida, es lo que importa comer para Salvación; sin embargo, esta invitación a comer el Pan de Vida, es rechazada por los destinados a condenación (Mateo 22: 2 – 6).

Quienes aceptan la invitación a participar de esta comida que es Cristo, siendo Él, al mismo tiempo el Ayuno, son llamados bienaventurados (Apocalipsis 29: 9).

El evangelio muestra con claridad en varios pasajes, que a Dios, lo que le interesa en realidad, es el alimento espiritual y no el material; sin prohibir este último que es esencial para el sostenimiento del cuerpo físico.

Comprendamos entonces, que aquellos escogidos  que tienen el Sello del Espíritu Santo, están en el Verdadero Ayuno que es Cristo; y a la vez están saciados por Cristo, que es el Pan de Vida,…Que es el Maná del Cielo;…Y que es, el Agua Espiritual de la Roca (1 Corintios 10: 3 – 4).

Los escogidos de Dios entonces, aunque estén recogidos en oración, absteniéndose de alimentos en forma momentánea, en realidad, ya están en el Verdadero Ayuno,…Porque están en el Arrepentimiento Verdadero;…Es decir, están en Cristo.

Continuaremos el análisis del Arrepentimiento en la próxima entrega…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 32

Dr. Iván Castro Romero

 

 

31. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 30

¡Amados de Dios!

De acuerdo a nuestro esquema didáctico, estamos abordando el análisis del segundo momento del sellado del Espíritu Santo sobre sus elegidos.

Si desea recordar el esquema de los momentos del Sello de Espíritu Santo, por favor remítase a la entrega anterior para su revisión.

Este segundo momento, como recordarán, de acuerdo a nuestro esquema, tiene siete elementos.

Ya hemos analizado el primer elemento que es el Quebrantamiento.

Ahora vamos a concentrarnos en el análisis del segundo elemento, que es el Arrepentimiento.

Si le echamos nuevamente una mirada a (2 Corintios 7: 9 – 10), tendremos muy claro lo que ya antes expresamos:

Que es necesario el paso previo del Quebrantamiento para que el Espíritu Santo haga en nosotros el depósito del Arrepentimiento.

Lo importante es saber, que el Espíritu Santo, produce lo uno para luego producir lo otro.

El Arrepentimiento hay que entenderlo de esta forma:

Es un Don que Dios nos otorga mediante su Espíritu Santo, que implica un cambio total y permanente en la manera de pensar, sentir y actuar; y no es como muchos lo malentienden, considerándolo como un estado de congoja temporal o duradera.

Quien ha recibido el Sello del Arrepentimiento, no tiene vuelta atrás. Por eso, repito una vez más lo que ya he mencionado en otras entregas, que no hay tal cosa, como aquella que se oye frecuentemente decir: “Yo estuve en los caminos del Señor….Y luego me aparté.”

Quien recibe el Sello del Arrepentimiento, no puede apartarse jamás, precisamente porque está sellado para Dios.

Los que dicen que “se apartaron”, simplemente, nunca estuvieron en los caminos del Señor, porque nunca estuvieron sellados con el Arrepentimiento.

Con Este Don del Arrepentimiento, caminan sin excepción todos los convertidos durante el resto de sus vidas terrenales, en medio de todos los sistemas de este mundo lleno de engaños (Jeremías 5: 27).

Es precisamente el Sello del Arrepentimiento, el elemento divino que no permite a los amados de Dios volverse a enredar en las trampas del mundo, una vez que ya fueron rescatados de todos los engaños (Salmo 25: 15; 35: 7; 57: 6; 141: 9; Jeremía 5: 26).

El Arrepentimiento, es un estado permanente de gozo; mas esto, resulta extraño para el entendimiento común de los no convertidos.

El Arrepentimiento es ya un estado de gozo, puesto que ya se ha pasado por el estado previo del Quebrantamiento, en el cual fuimos sabiamente contristados por el Espíritu Santo (2 Corintios 7: 1 – 11).

El Espíritu Santo, nos quebranta siempre con la vara de la disciplina que por un momento nos causa mucha tristeza; pero que nos ejercita y fortalece en tal disciplina, para que luego se vea el Testimonio de los frutos de la Justicia de Dios, obrando en sus escogidos (Proverbios 23: 13 – 14; Jeremías 30: 11; Hebreos 12: 11).

Como vemos, con el Quebrantamiento, primero, Dios nos provoca tristeza (Jeremías 45: 3; Joel 2: 12; Juan 16: 6).

Ya dijimos en la entrega anterior, que esta intensa tristeza que Dios nos provoca como un Don, es necesaria para sentir el dolor de la muerte espiritual a la que quedamos sometidos luego de nuestra rebeldía y traición al trono de Cristo en los lugares celestiales, cuando fuimos movidos por la maldad de Lucero.

Si esto, aún no lo tiene muy claro, vuelva a la entrega anterior para que lo revise…

Esta tristeza que Dios nos provoca y que el evangelio denomina “Quebrantamiento”, es para Arrepentimiento (2 Corintios 7: 9).

Luego del Quebrantamiento tan doloroso:

¡No más tristeza! (Isaías 60: 18; Juan 16: 22; 2 Corintios 2: 1 – 2).

En quien ha sido Quebrantado por el Espíritu Santo, al pasar al nivel del Arrepentimiento, la tristeza simplemente se convierte en gozo (2 Samuel 6: 14; Salmo 30: 11; 51: 12; Apocalipsis 21: 14).

También vimos en la entrega anterior, que el Quebrantamiento que Dios provoca en sus elegidos, a pesar de ser tan doloroso, no se compara con el Verdadero Quebrantamiento que experimentó en la cruz, aquel que cargó con todas nuestras maldades: El Señor Jesús (Isaías 53: 3 – 5).

Todo lo contrario les ocurre, a quienes no están escogidos para recibir el Don del Quebrantamiento.

Estos transcurren sus días con alegría carnal y mundana; pero luego su alegría se convierte en amarga tristeza y desventura (Job 20: 5; Romanos 3: 16; Santiago 4: 9; Apocalipsis 1: 7; 3: 17).

El Quebranto que Dios provoca en los impíos, no es un Don sino un castigo eterno (2 Samuel 5: 20).

Es un dolor sin retorno a su alegría previa.

Cuando los destinados a condenación (Judas 4) se ven perdidos, quieren arrepentirse, no siendo movidos por el Don de Dios, sino por la iniciativa propia que les motiva su inminente desgracia.

Para ellos ya no hay más oportunidades (Hebreos 6: 4 – 6; 12: 17) que las que alguna vez, en la misma eternidad les fueron ofrecidas; pero que las rechazaron en flagrante blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12: 31).

En los escogidos de Dios, después del Don del Quebrantamiento que produce cambios profundos y permanentes en el corazón, dando los frutos apacibles de la Justicia de Dios (Hebreos 12: 11), viene esta nueva dimensión espiritual que es el Arrepentimiento, en la cual, el individuo sellado presenta ya una naturaleza transformada:

¡Una nueva naturaleza!

¡El individuo arrepentido, es una nueva criatura! (2 Corintios 5: 17).

El que ha recibido la Salvación, vive permanentemente arrepentido; es decir, vive en su real dimensión espiritual transformada:

¡Ya no vive conforme a la carne, sino conforme al Espíritu! (Romanos 13: 14; Gálatas 5: 16).

Vivir en el Espíritu es vivir en gozo, porque sólo puede vivir en gozo quien vive en plena Libertad (2 Corintios 3: 17).

Por tanto, vivir en arrepentimiento, es vivir en el gozo de la Libertad.

La Libertad, es otro nombre revelado del Señor Jesús.

A sus hijos, Dios quebranta con reprensión y disciplina  (Deuteronomio 8: 5; Hebreos 12: 6), provocando gran tristeza y dolor, factores de exhortación espiritual necesarios dentro de la Sabiduría de Dios, para liberarnos de la esclavitud del pecado.

El que se ha arrepentido, es porque ha sido previamente quebrantado.

En el arrepentido, ya no hay cabida para la tristeza del quebranto.

Ya no tiene cabida, precisamente porque el arrepentido, es un nuevo ser liberado.

Sin el Quebranto, nunca hubiéramos sido liberados.

Nuestro Quebranto, ha sido una expresión de la invitación a ser partícipes del Verdadero Quebranto experimentado por Cristo en la cruz, para que luego de esto, seamos partícipes del gozo de su Gloria (1 Pedro 4: 12 – 13).

Ser partícipes de la Gloria de Cristo es motivo de inmensa Alegría. Jamás tendrá cabida la tristeza, en alguien que ya pasó por el momento del Quebrantamiento espiritual.

El que vive triste o amargado, sólo da testimonio de estar cautivo en prisiones de oscuridad (2 Pedro 2: 4).

Quienes viven en un estado de permanente tristeza, o de incertidumbre, sin tener la certeza de ser o no ser salvos, en realidad, no han sido quebrantados por el Espíritu Santo.

El dolor que sienten es carnal,…es tristeza del mundo, la cual no es para Salvación, sino para muerte (2 Corintios 7: 10).

Los que sienten tristeza carnal, no han sido llevados al verdadero Quebrantamiento. Por tanto, tampoco han sido llevados al Arrepentimiento.

No están en Libertad. Sólo están siendo manejados por un espíritu de religiosidad que los lleva cautivos a la práctica de obras muertas para tratar de agradar a Dios.

Se preguntarán, ¿cómo es que muchos que no dan testimonio de ser salvos, viven muy alegres disfrutando de los placeres de este mundo, sin conocer el quebranto y dando la impresión de estar muy bendecidos? (Salmo 73: 2 – 9)…

Pues les digo…Que su alegría es mundana…Es vana alegría…

También la alegría carnal y mundana, a semejanza de la tristeza religiosa, es testimonio de no estar sellado con el Sello del Espíritu Santo; y ya vimos anteriormente cuál es la retribución que Dios tiene preparada para los que viven esta clase de alegría (Job 20: 5; Salmo 73: 17 – 18; Lucas 16: 19 – 31; Romanos 3: 16; Santiago 4: 9; Apocalipsis 1: 7; 3: 17).

La verdadera alegría, es el gozo permanente del corazón arrepentido (Salmo 16: 11), que ha sido hecho partícipe de la Gloria de Cristo (1 Pedro 4: 13).

Este gozo ha sido puesto por el Sello del Espíritu Santo en los elegidos de Dios (Eclesiastés 9: 7), en el momento del Arrepentimiento.

Este gozo es el Testimonio de un corazón arrepentido.

Como ya hemos tratado repetidas veces, a Dios no se puede agradar con obras muertas.

Los que no han sido sellados con el Arrepentimiento, tratan religiosamente de agradar a Dios con sus obras.

Pero quien está sellado por El Espíritu Santo, ya es salvo por la gracia de Dios; por tanto, no necesita tratar de hacer “buenas obras” para agradar a Dios y ganarse la salvación (Efesios 2: 8 – 9).

Los que no están sellados por el Espíritu Santo, gastan vanos esfuerzos, tratando de demostrar un arrepentimiento que es carnal, haciendo obras y méritos que les permita alcanzar salvación.

Casi siempre, estas obras implican sacrificios que hacen en su intento de demostrar que están arrepentidos; pero como veremos más adelante en este análisis, tal arrepentimiento no viene de Dios, sino de la propia carne que está atormentada y que busca salir del tormento para luego buscar renovar sus placeres.

Comprendamos mejor este asunto, analizando el siguiente pasaje de las Escrituras:

Isaías 58:

3. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.

4. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

5. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?

6. ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

7. ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?

(R. V. 1960)

Amados de Dios, en estos cinco versículos el Espíritu ha descrito con claridad el Arrepentimiento.

En este punto del análisis, quiero que asimilen otros cuatro nombres que tiene el Señor Jesús y que por revelación nos los dejan conocer las Escrituras:

Él, es el Quebrantamiento (Isaías 53: 3).

Él, es el Arrepentimiento (Hechos 5: 31: 11: 18; 2 Pedro 3: 9).

Él, es el Ayuno (Isaías 58: 6).

Él, es el día agradable a Jehová (Isaías 49: 8; 58: 5; 1 Corintios 1: 8; 3: 13; 2 Corintios 6: 2; Filipenses 1: 6; 1 Tesalonicenses 5: 5; Hebreos 4: 4; 2 Pedro 3: 18; 1 Juan 4. 17; Apocalipsis 1: 17; 21: 25).

Quien ha sido sellado por el Espíritu Santo, tiene ya en su corazón al Señor Jesús, cuyo Espíritu es el Quebrantamiento, el Arrepentimiento; el Ayuno y el Día Agradable a Jehová.

Si ponen atención al contenido espiritual de este texto de Isaías, se darán cuenta de que el Arrepentimiento es un estado permanente de Ayuno; y cuando llega el Espíritu del Señor Jesús al corazón de una persona quebrantada, el Espíritu del Señor Jesús, que entra en ese escogido de Dios, es Sello de Arrepentimiento…Es Sello de Ayuno,…es Sello del Espíritu Santo,…Es Cristo.

Ese Arrepentimiento cambia la naturaleza pecaminosa del individuo, convirtiéndolo en una “nueva criatura.”

Cuando entra Cristo en el corazón de un elegido, su corazón se vuelve blanco como la nieve,…blanco como la lana, (Isaías 1: 18),…blanco como la cabeza y los cabellos descritos por Juan, del Hijo del Hombre (Apocalipsis 1: 13 – 14).

El día del Señor en que esto sucede es “el Día Agradable a Jehová.” (Gálatas 4: 6).

El Día Agradable a Jehová, es Día Eterno,….Es día de Luz…Es Día de Arrepentimiento…Es  Día de Ayuno…Es día de gozo (Zacarías 8: 19)…Es el día de la llegada de Jesucristo al corazón de cada elegido (Gálatas 4: 6). Este día es día de gozo permanente y eterno, sin vuelta atrás (Filipenses 1: 6).

El Arrepentimiento no es tristeza,…Es gozo.

El Ayuno no es tristeza,…Es gozo.

El día del Arrepentimiento, o sea, el día de Ayuno, repito, no tiene vuelta atrás.

Como ya lo hemos tratado antes, las personas con espíritu religioso son apegadas a las obras, para granjearse la voluntad de Dios.

Entre las obras que hacen, está la de ayunar, inhibiéndose de ingerir alimentos.

Mis amados entendidos, esto lo pueden comprender precisamente, sólo los entendidos, o sea, los que están sellados (Daniel 12: 10).

En este tema del ayuno, una vez más, las Escrituras nos comprueban, que la Palabra que es el Espíritu de Cristo, es Piedra de Tropiezo y Roca que hace caer a los que están destinados a desobediencia (1 Pedro 2: 8).

Los religiosos, no importa a qué denominación pertenezcan, cuando oyen estas declaraciones reveladas, se encolerizan porque se sienten provocados y amenazados en las costumbres de sus prácticas religiosas.

Mi amados, no les quede ninguna duda de que el Ayuno que Dios quiere, no es el que ustedes dejen de comer, sino el que ustedes anden arrepentidos; es decir, anden como nuevas criaturas.

El Ayuno que Dios quiere es, el que sus escogidos no anden conforme a las costumbres del mundo, sino conforme al Espíritu que los ha sellado.

Dios mismo se encarga de que andemos en el Arrepentimiento.

Andar conforme al Espíritu, como ya lo hemos analizado en entregas anteriores, no depende de nosotros sino de Dios, que ha tenido Misericordia de nosotros para elegirnos, aprobarnos y sellarnos con su Espíritu.

El Verdadero Ayuno, que es Cristo morando en nuestro corazón arrepentido, no depende de nuestra obra ni de nuestro esfuerzo. Depende del Padre que nos eligió (Juan 6: 44; 65).

Así es que, nadie por su propia voluntad, con el hecho de sacrificarse dejando de comer, está agradando a Dios o logrando hacer que Él escuche sus plegarias.

Es frecuente oír decir a los religiosos, que se ponen en ayuno para fortalecer el espíritu y doblegar a la carne, como si de ellos dependiera doblegar a la carne y fortalecer al espíritu.

Dios, morando en el corazón de sus elegidos es la Fortaleza y el Poder (2 Samuel 22: 2; Salmo 46: 1; 59: 17; 71: 3; Isaías 12: 2; Nahúm 1: 7; 1 Corintios 4: 20; 2 Timoteo 1: 7).

La obra de ayunar alimentos, es obra humana; y ninguna obra de hombre le aumenta o le disminuye en nada a la salvación que ya está otorgada a los escogidos de Dios.

La obra es sólo de Dios.

Su obra es perfecta.

La obra perfecta de Dios, depositada en el corazón de sus escogidos es:

Hacer que creamos en Cristo, nuestro Salvador (Juan 6: 29), ya que el mismo Cristo que habita en nuestro corazón, es el Ayuno Verdadero.

Si a alguien le molesta esta declaración, vuelva a leer (Isaías 58: 1 – 14).

Revise ahora lo que dicen los siguientes versículos del evangelio:

2 Corintios 10:

4. porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,

5. derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

(R. V. 1960)

En  el (versículo 4), dice el texto que las armas de nuestra milicia no son carnales.

Razonemos pues, que el dejar de comer, es una obra tan carnal como el mismo hecho de comer.

Después de analizar este versículo, podrán darse cuenta, que muchos que se llaman a sí mismos guerreros espirituales; hacen la obra humana de dejar de comer para ganar batallas espirituales, convencidos de que de Dios van a conseguir la provisión de sus deleites (Santiago 4: 2 – 3).

¿Cuáles son entonces las armas de nuestra milicia para ganar las batallas espirituales?

La armadura espiritual, con que estamos dotaos los sellados de Dios, la describe el evangelio en:

Efesios 6:

13. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15. y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18. orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

(R. V. 1960)

Queda expuesta en este texto, cuál es la armadura de Dios para librar nuestras batallas espirituales contra las tinieblas. Ahora, les pregunto mis amados entendidos:

¿Es parte de la armadura de Dios, abstenerse de ingerir alimentos?

¡Pues no!

Observen lo que dicen las Escrituras, con respecto a lo que Dios desea de sus amados escogidos:

Eclesiastés 9:

7. Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

(R. V. 1960)

Dios dice a sus escogidos, que coman y beban, porque si ya somos sus escogidos; y si ya Él nos ha sellado con su Espíritu, entonces, sus hijos ya le agradamos a Dios; y Él nos escuchará siempre nuestros pedidos, porque lo que a Él le agrada, es ver su mismo Espíritu depositado en nuestros corazones.

Su Espíritu en nuestros corazones, es el Ayuno que a Él le agrada.

Su Espíritu es el que nos da el Poder para librar las batallas que enfrentamos a diario contra las tinieblas, estando por su Espíritu de Gracia y de Poder, garantizada la Victoria.

Quien tiene el Espíritu de Dios habitando en su corazón, anda permanentemente arrepentido.

El Vivir permanentemente arrepentido, es vivir permanentemente en ayuno; y esto es vivir permanentemente en el Poder de Dios.

Quien tiene el Espíritu de Dios morando en su corazón, puede pedir lo que quiera, que le será otorgado por su Poder (Juan 15: 7).

Quien no tiene a Cristo morando en el corazón, no tiene el Ayuno que da el  Poder de Dios; así es que, puede sacrificarse ayunando todo lo que quiera, que si alguien que ayuna no está sellado, con seguridad, de Dios no conseguirá nada.

El andar como depositarios del Espíritu de Cristo, es andar en permanente arrepentimiento…Permanentemente en ayuno,…En el Ayuno que Dios quiere…En el Ayuno que Dios escogió (Isaías 58: 6): En Cristo.

Para que no les quede ninguna duda de que el Verdadero Arrepentimiento, es el Ayuno que Dios quiere, vamos en la próxima entrega a analizar cada versículo del texto de (Isaías 58: 3 – 7).

Continúa en la próxima entrega…

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 31

Dr. Iván Castro Romero

 

30. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 29

Amados de Dios!

En la entrega anterior, analizamos el primer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo sobre sus elegidos.

Este primer momento es:

El Recordatorio del Espíritu Santo.

Les recuerdo nuevamente, que cuando a los elegidos de Dios se nos aplica el Sello del Espíritu Santo, esta aplicación ocurre de una sola vez y de una manera eterna; sin embargo, para entender este misterio de Dios, es necesario que a esta demarcación que se nos hace como pueblo de Dios con su Sello, lo decodifiquemos como un proceso llevado a efecto en varios momentos.

Es así, que luego de haber analizado ya el primer momento, abordaremos ahora el segundo momento de este proceso.

Esta vez se trata de un momento con varias y consecutivas sub-etapas, que ya las expusimos en la entrega 28; pero que por didáctica, lo hago nuevamente a continuación:

Segundo momento del proceso del sellado:

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

Como pueden ver, este segundo momento contiene varios elementos, a los cuales tenemos que brindarles un análisis por separado, lo cual se nos llevará algunas entregas.

Este segundo momento, corresponde a lo que el evangelio nos indica en (Gálatas 4: 4 – 6), que ocurre en el corazón de los elegidos de Dios.

¿Qué es lo que ocurre?

Ocurre pues, que después del recordatorio de la Palabra (Cristo) (Juan 1: 1), con la Palabra de la predicación (El Espíritu de Cristo) (Juan 6: 63) y por la Palabra (La orden de Cristo) (Números 23: 19; Isaías 45: 23; 55: 11; Jeremías 22: 29; Ezequiel 12: 28), que nos hace el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo ingresa en nuestros corazones (Gálatas 4: 6).

Una vez que el Espíritu se posesiona en nuestro corazón en forma individual, entran en acción los siete elementos de este segundo momento.

Vamos entonces a iniciar esta entrega, analizando el elemento conocido en el evangelio con el nombre de “Quebrantamiento.”

Este elemento repito, corresponde a la primera etapa del segundo momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo; y ocurre después de haber recibido el Recordatorio de la Palabra.

Veamos entonces, en qué consiste el Quebrantamiento:

Los invito a escudriñar el siguiente versículo, que contiene un poderoso mensaje pronunciado por el Señor Jesús:

Mateo 21:

44. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

(R. V. 1960)

¿Qué representa “la Piedra” mencionada en este versículo?

¡Pues, desde el inicio de las entregas de esta web blog, sabemos que la Piedra, representa al Señor Jesús!

El mismo Señor Jesús está diciendo, que quien cae sobre Él, será quebrantado.

Bienaventurado aquel que cae sobre esta Piedra, porque encontrará la Salvación (Isaías 48: 21; 1 Pedro 2: 6).

Ah! Pero desventurado aquel, sobre quien esa Piedra cae, porque será desmenuzado (Isaías 8: 14; 1 Pedro 2: 8).

Quiero pedirles que relacionen el Espíritu de esta sentencia del Señor Jesús, que nos presenta el evangelio en (Mateo 21: 44), con lo que menciona el evangelio en:

Hebreos 12:

6. Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.

(R. V. 1960)

Cuando el Señor nos quebranta, empieza el rigor de su disciplina…

Pues sí mis amados,  todo aquel que llega al Señor Jesús por el llamado eterno de Dios, debe ser quebrantado (Salmo 119: 20).

Si no ha habido Quebrantamiento, cualquier idea o pensamiento que conlleve a creer que se ha nacido de nuevo y que alguien está en Cristo, es pura ilusión de la carne.

Si no hay Quebrantamiento, es porque no ha sido aplicado el Sello del Espíritu Santo.

Si no hay Quebrantamiento, cualquiera que con su lengua diga que tiene el Sello del Espíritu Santo, sólo es religioso y con su corazón engaña (Santiago 1: 26).

¿Para qué el Señor nos quebranta?

Esta revelación, nos brinda el evangelio en:

2 Corintios 7:

9. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

(R. V. 1960)

Con estos dos versículos, tenemos harta tela que cortar…

Observen detenidamente que el (versículo 9) dice, que fuimos contristados por Dios.

El Quebrantamiento es verdadera tristeza…Es profunda tristeza.

Pero esta tristeza no es una tristeza emocional cualquiera, de aquellas que sentimos cuando carnalmente, somos abatidos en el mundo por la pérdida de una pertenencia material o humana.

La tristeza del quebrantamiento, es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando ese bisturí de cirujano del que hablamos en la entrega anterior, nos circuncida el corazón.

Dicho en términos bíblicos, ese es un dolor espiritual profundo que sentimos cuando la espada de dos filos penetra en las profundidades de nuestro ser, desgarrando las uniones más profundas de nuestro espíritu con el alma carnal.

¿Por qué sentimos tanto dolor cuando la Espada de la Palabra nos circuncida el corazón?

No sólo que sentimos dolor, sino que lloramos; y nos lamentamos profundamente de nuestra traición al Creador.

Nos lamentamos por la vida que hemos llevado antes de ser circuncidados y traemos a la memoria los actos pecaminosos que  formaron por largos años, parte de nuestro transcurrir carnal cotidiano; pero este dolor tan profundo que sentimos, va más allá de la visión que tenemos de nuestra pecaminosa vida carnal en la tierra.

Este dolor tan profundo, es un quebrantamiento exorbitantemente más grande que la carga que sentimos por los pecados cometidos antes de haber nacido de nuevo.

El dolor profundo que sentimos, es por las grandes rebeliones que cometimos en tiempo remotamente eternos contra nuestro creador, y por los cuales quedamos muertos espiritualmente y separados de la Gloria de Dios.

Ustedes mis amados entendidos, han estudiado en las Escrituras, que “todos quedamos muertos por nuestros delitos y pecados”

Cuando vinimos al mundo, nacimos en cuerpos biológicos pero espiritualmente muertos.

Todos los pecados cometidos después del nacimiento terrenal, son engendrados del espíritu muerto que yace ligado a la carne de todo hijo de hombre que no tiene a Cristo.

El espíritu muerto, es la paga fatal del gran pecado de nuestra rebelión pasada (Romanos 6: 23).

Los pecados cometidos a partir del nacimiento carnal en la tierra, son la expresión de la continuidad del fruto pecaminoso del espíritu muerto.

¿Cuáles son esos pecados tan grandes cometidos para merecer la muerte; y cuándo los cometimos?

En el momento del Recordatorio del Espíritu Santo, nos llega al espíritu, mas no a la memoria, la reminiscencia de los graves actos cometidos en contra del Trono de Cristo en la misma eternidad y en los mismos lugares celestiales.

No los vemos, no los recordamos con la mente, mas al espíritu nos llega el Recordatorio de lo malo que hicimos; y llegamos a sentir tanto dolor, sin tener en nuestra mente, ni la más remota visión de lo ocurrido.

Para nuestra mente, no está permitido ver en toda su amplitud, tales sucesos cósmicos catastróficos envueltos en el misterio de la iniquidad, porque en nuestra debilidad humana, no lo podríamos resistir.

El único que siendo hombre lo sabía todo, era el Señor Jesús, quien sobre Sí mismo, tomó voluntariamente y en plena consciencia la carga de nuestras culpas, convirtiéndose en un varón experimentado en Quebranto (Isaías 53: 3).

Lo que si nos permite Dios, es sentir el dolor de haber sido partícipes del gran pecado, mediante este precioso Don que nos otorga: El Don del Quebrantamiento.

Las Escrituras, son las que nos ponen al tanto de estos ignominiosos sucesos de nuestra rebelión contra Dios, para que los podamos entender.

Y cuando los entendemos en la medida que Dios quiere que entendamos, según Él nos corre el velo que nubla nuestro entendimiento, nos damos cuenta de que siendo grande nuestro Quebranto, ni siquiera así, éste se compara con el Quebranto de Cristo, quien de verdad cargó sobre Sí el peso de nuestras grandes rebeliones (Isaías 53: 5).

Han estudiado ustedes mis amados que las Escrituras afirman, “que no hay un justo, ni siquiera uno.”

Todas las almas elegidas de Dios, que son puestas en la tierra encarnadas como hombres, vienen muertas en sus delitos y pecados; vivas biológicamente pero muertas espiritualmente.

Ante los ojos de Dios, ninguna de ellas es justa.

Mas, una vez que por orden de la Palabra, tales almas reciben el Sello del Espíritu Santo, nacen de nuevo en Espíritu, siendo primero quebrantadas por el Espíritu.

Este nacer de nuevo en Espíritu, es nuestra primera resurrección.

Para que lo certifiquen, revisen el siguiente versículo:

Efesios 2:

5. aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Nuestra primera resurrección, ocurre cuando Cristo nos da la Vida y nos levanta de entre los muertos caídos en sus rebeliones.

Constaten esto en los siguientes versículos:

Efesios 2:

1. Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

(R. V. 1960)

Efesios 5:

14. Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes, 

Y levántate de los muertos, 

Y te alumbrará Cristo. 

(R. V. 1960)

Apocalipsis 20:

6. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

(R. V. 1960)

Ahora, para no perder el hilo del estudio del Quebrantamiento, continuemos…

Después del Quebrantamiento, acontecen otros sucesos espirituales que a través de sus varios momentos nos regeneran espiritualmente, pasando de nuestra situación de injustos pero ya elegidos de antemano, a ser transformados en los justos de Dios.

Por eso las Escrituras dicen lo siguiente:

Salmo 1:

6. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

(R. V. 1960)

Si ustedes observan la sinopsis de los momentos que hemos descrito acerca de la instauración del Sello de Espíritu Santo, ustedes se darán cuenta, de que en una de las etapas del tercer momento, los elegidos de Dios somos hechos Justicia de Dios (Romanos 1: 17; 3: 20 – 26), gracias a la intervención Salvadora del Justo por excelencia, EL Ungido Hijo de Dios que fue puesto en la tierra, encarnado como hombre, el único totalmente Justo; y que tuvo por Pacto Eterno, el encargo de morir por los injustos, para hacernos justos.

¿Cuál es el nombre de este hombre?

¡JESÚS DE NAZARET!

¡EL SEÑOR JESÚS! (1 Pedro 3: 18).

https://www.youtube.com/watch?v=DsPBPkOgz-Q

Una vez, que hemos sido ya hechos Justicia de Dios, por el Sacrificio del Cordero, todo recuerdo de nuestra rebelión contra el creador, queda borrado.

Esta es la Justicia de Dios con sus elegidos; y así lo dice su Palabra pregonada con Voz Eterna:

Isaías 42:

1. He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

2. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles.

3. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.

4. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.

5. Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,

7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

8. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

9. He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

(R. V. 1960)

Cuando nos bautizamos sumergidos en agua aquí en la tierra, los hijos de Dios damos testimonio de que hemos sido bautizados por el fuego del Espíritu Santo (Mateo 3: 11 – 12), y declaramos en Conocimiento de Justicia, que Dios ha borrado con su fuego todos nuestros pecados.

Así lo expresa la Palabra de Dios:

Isaías 43:

25. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(R. V. 1960)

Esto, con respecto a la justicia de Dios, recaída por Gracia en sus escogidos, lo trataremos más adelante con amplitud, analizando este elemento como una etapa clave en el tercer momento de la aplicación del Sello del Espíritu Santo.

Ahora sólo toqué de paso este punto, para que ustedes puedan establecer el nexo de todos los acontecimientos terrenales con los sucesos eternos, los mismos que irán ustedes, gradualmente entendiendo mejor, con la guía del Espíritu Santo.

Volvamos a concentrarnos en la etapa del Quebrantamiento, que como ya lo he expresado, es un Don que recibimos, sin el cual, no hay nuevo nacimiento, conversión o entrada al Reino de Dios.

Si no recordamos nada de los ignominiosos acontecimientos ocurridos en tiempos eternos que conmovieron al cosmos, y que fueron provocados por nuestra rebelión; y si nuestro mismo Padre afirma que en su Justicia, la cual por Gracia ha otorgado a sus hijos, expresando que de nuestros pecados no se acuerda, ¿para qué entonces Él mismo, nos regala el Don del Quebrantamiento a través de su Espíritu Santo?

La respuesta la tenemos aquí:

Isaías 57:

15. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(R. V. 1960)

En su infinita Sabiduría, el Creador debía regalarnos el Don del Quebrantamiento para que  a partir del quebranto de nuestros corazones arrogantes, pudiéramos llegar a tener el corazón humilde que nos permita habitar en la casa del Altísimo.

Nadie por su propia cuenta se quebranta, menos aún, sin recordar sus culpas.

Es Dios, quien nos quebranta con la espada de su Palabra, para convertirnos en seres de su misma naturaleza, engendrados en su Espíritu.

Nos quebranta duramente con su Palabra (Salmo 55: 4; Jeremías 8: 18), pero paradójicamente, lo hace sin tormento duradero, pues el tormento que nos merecíamos lo cargó  como un héroe, el Señor Jesús en la cruz.

https://www.youtube.com/watch?v=UZh_alIb0Uo

Sin el quebranto que nos proporciona su Palabra, no hay nuevo nacimiento.

Gran diferencia hay entre el quebranto de sus elegidos, que luego trae gozo (Salmo 51: 12; Isaías 51: 11); y el quebranto de los impíos, que es con tormento eterno (Job 15: 20; Apocalipsis 14: 10; 20: 10).

Ahora, volvamos a (2 Corintios 7: 9 – 10).

Observen en el (versículo 9), cuál es la razón por la que Dios nos quebranta con tristeza…

La razón de quebrantarnos, es para llevarnos a la siguiente etapa, que es la del Arrepentimiento.

Este es otro Don que Dios nos regala a partir del quebrantamiento, sin el cual no se puede haber nacido de nuevo.

Todo nacido de nuevo, es un ser diferente al que era antes de ser circuncidado. Esto se da por su arrepentimiento, consiste en un cambio total de pensar, sentir, actuar y vivir (Romanos 12: 1; Efesios 4: 22 – 24).

Del arrepentimiento, también hablaremos con todo detalle en la próxima entrega.

Ahora quiero que se den cuenta de la secuencia que va dándose en el proceso de la circuncisión:

Primero, el Espíritu Santo nos recuerda con la Palabra de la predicación (Romanos 10: 17; Efesios 1: 13), lo que Cristo ya nos ha hablado desde la eternidad; luego esa Palabra Poderosa nos Quebranta con suma tristeza (Salmo 31: 9; Jeremías 45: 3), para en tercer lugar, provocar en nuestro corazón, el arrepentimiento (Hechos 3: 19).

Esto es lo que claramente expresa el (versículo 9).

En el (versículo 10), nos deja claro el evangelio, que este quebrantamiento  que viene de Dios, produce el arrepentimiento necesario para nuestra salvación; puesto que cualquier otro quebrantamiento o tristeza emocional venida de la carne, sólo produce la muerte.

Este quebrantamiento carnal, es el que experimentan los que tienen ya la muerte eterna. La tristeza de ellos es sólo amargura de corazón, a causa de su eterna condena (Romanos 3: 14).

Los que hemos nacido de nuevo, difícilmente nos acongojamos por las pérdidas que experimentamos en este mundo.

Sólo sentimos gran tristeza y dolor cuando Dios nos quebranta con su Vara (Proverbios 23: 14);  pero después de que ya el Señor nos ha  vivificado el corazón humillado por el Quebranto (2 Corintios 7: 10), sólo rebosa en nosotros la Alegría (Isaías 29: 19), depositada por Dios en nuestro corazón, porque con su misma Vara nos infunde aliento (Salmo 23: 4).

¡Victoria en Cristo Jesús!

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 30

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

29. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 28

Amados del Señor!

Continuemos con el tema que nos ocupa…

Terminamos la entrega anterior diciendo, que el momento del recordatorio del Espíritu Santo, el aquel en que Éste, circuncida los oídos de los elegidos del pueblo de Dios.

En esta entrega, iniciaremos pues, explicando el mecanismo por el cual se produce la circuncisión de oídos, acción correspondiente a este primer momento del proceso de la instauración del Sello, que lo estamos analizando desde la entrega anterior.

Suena raro esto de que los oídos sean circuncidados, puesto que la circuncisión ordenada por Jehová al pueblo israelita, se trataba de una operación hecha en la carne del prepucio.

Sin la circuncisión en el prepucio, nadie habitando en Israel podría llamarse israelita descendiente de Abraham.

Hasta los esclavos extranjeros, comprados y habitando en Israel, debían ser circuncidados.

Los esclavos del tiempo bíblico del antiguo testamento, quienes al ser circuncidados se convertían también en parte del pueblo israelita para celebrar la Pascua (Éxodo 12: 43 – 49), son una figura alegórica para representar a los esclavos del pecado, que fuimos liberados por el Señor Jesús, lo cual nos revela (Juan 8: 33 – 34), y nos hace entender en (Colosenses 2: 11), que cuando fuimos circuncidados en Cristo, dejamos de pertenecer al mundo de los gentiles y pasamos a convertirnos en verdaderos israelitas (Juan 1: 47), pertenecientes a la Israel de Dios (Gálatas 6: 16; Efesios 2: 12), la tierra de su Reposo (Hebreos 4: 9 – 10).

Veamos pues, el proceso de la operación espiritual de la circuncisión de oídos, en este momento del Recordatorio del Espíritu Santo:

Revisemos el siguiente versículo:

Salmo 73:

22. Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

(R. V. 1960)

Examinando este versículo expuesto, el Espíritu nos deja ver en qué condición estábamos antes de ser circuncidados en nuestros oídos:

Oídos que no están circuncidados no entienden, porque no oyen la voz del Espíritu.

En cambio, revisemos lo que dice el Señor Jesús de quienes sí tienen oídos circuncidados:

Mateo 13:

16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, lo que nos dice el Espíritu acerca de la condición en la que quedamos cuando somos circuncidados:

Isaías 35:

5. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

(R. V. 1960)

¿Qué les parece mis amados?

Todo está revelado en las Escrituras…

Veamos también, cuál es el llamado eterno que Dios hace a sus elegidos que aún están incircuncisos, para practicarles la circuncisión de oídos:

Isaías 55:

3. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

(R. V. 1960)

Jeremías 4:

4. Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.

(R. V. 1960)

Vean  a continuación, al Espíritu contristado por las almas que llamó; pero que eternamente se negaron a recibir al Espíritu Santo y que por el contrario, blasfemaron contra Él.

Jeremías 6:

10. ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.

(R. V. 1960)

Estas son las almas muertas, las que nunca vivirán (Isaías 26: 14), pues a causa de su blasfemia, perdieron eternamente su elección para ser circuncidadas (Éxodo 12: 45), pues despreciaron el llamado a ser pueblo de Dios:

Vean ahora, como se expresa el Señor Jesús, de sus circuncidados de oídos:

Juan 10:

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(R. V. 1960)

Vean ahora, cómo desde los tempranos tiempos bíblicos aquí en la tierra, Dios revela a los hombres el procedimiento de la circuncisión espiritual, mas, como parte de sus misterios, paradójicamente esta revelación sólo puede ser entendida por los que son circuncidados. Es decir, para entender el proceso de la circuncisión, es necesario estar circuncidados.

Nadie puede decir de antemano, yo voy a dejarme circuncidar para luego entender el proceso de la circuncisión, porque sin estar circuncidado, nadie tiene idea alguna de que existe este proceso espiritual.

Es Dios quien elige a quien se va a circuncidar; y luego de que el proceso ocurre por su mandato en el Pacto Eterno, es que el circuncidado puede entender el privilegio que tiene de haber sido circuncidado.

Los que no entienden este proceso, es porque no han sido circuncidados; por lo tanto, siguen creyendo que circuncidarse el prepucio les asegura como como pertenecientes al pueblo de Dios, lo cual es totalmente erróneo.

Observen lo que dice Jehová desde los primeros tiempos bíblicos:

Deuteronomio 30:

6. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

(R. V. 1960)

Veamos ahora, cómo funciona el recordatorio del Espíritu Santo, al actuar como bisturí de cirujano que circuncida al corazón incircunciso:

Para entender la acción del Espíritu Santo, cual si fuese un bisturí operando el doloroso proceso de la circuncisión, debemos revisar el siguiente versículo del evangelio, en que se nos da a revelar este bisturí:

Hebreos 4:

12. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

(R. V. 1960)

¡¡Pues si, mis amados entendidos!!

El bisturí con el que el Espíritu Santo opera el proceso de la circuncisión, es la Palabra de Dios.

¿Cómo sucede esto?

Observen el versículo mencionado y analicen su contenido espiritual.

Este versículo, es generalmente tomado a la ligera y visto sólo como una hermosa alegoría en referencia a la Palabra.

La Palabra de Dios, es la poderosa Espada que nos circuncida el corazón; y es la misma de la que el evangelio nos habla en (Apocalipsis 1: 16).

Saben lo que nos ocurre, cuando tal Espada, cual bisturí de cirujano nos circuncida los oídos, o sea, el corazón, o sea, el espíritu?

Nos ocurre, tal cual le ocurrió al Apóstol Juan cuando vio Al que tenía la Espada que salía de su boca (Apocalipsis 1: 16):

Caemos a los pies de Cristo.

Caemos como muertos por su resplandor.

Entonces esa Espada nos quebranta.

Ese es en el proceso de la circuncisión, lo que el evangelio llama “quebrantamiento.”

Ese bisturí es espada de dos filos que desgarra el espíritu incircunciso. Si entra, entra cortando; y si sale, sale cortando.

El Recordatorio de la Palabra Eterna de Dios, llevado a efecto por el Espíritu Santo, por la comisión que le fue otorgada en el Pacto Eterno, nos va a llevar al Quebrantamiento.

Sin el momento del Quebrantamiento, en el cual se siente dolor espiritual, no hay ninguna circuncisión, no hay destape de oídos, no hay nuevo nacimiento; por más que muchos se empeñen en decir que han nacido de nuevo y con sus propias obras quieran poner de manifiesto su ilusión.

El Quebrantamiento, es uno de los momentos del proceso de la circuncisión, que lo trataremos ampliamente más adelante en este estudio.

Ahora sigamos concentrándonos en el análisis de la forma en que la Palabra, cual bisturí poderoso, abre los oídos incircuncisos.

Dice (Hebreos 4: 12) que la Palabra corta el corazón incircunciso de tal forma, que separa las coyunturas o uniones del alma con el espíritu, llegando hasta los tuétanos, o sea, hasta las partes más profundas del ser, en donde se encuentran los pensamientos y las intenciones del corazón, que el Espíritu discierne y conoce.

El espíritu escogido de Dios, ante la orden emitida por la Palabra, es separado del alma carnal que lo tiene cautivo.

La Palabra corta como un bisturí esa unión del alma carnal que tiene atrapado al espíritu cautivo del hombre.

Por eso el evangelio predica la exhortación eterna que nos conmina a vivir en el Espíritu y no en el alma carnal (Romanos 8: 1 – 17; Gálatas 5: 16 – 26).

Analicemos ahora el siguiente versículo:

Romanos 10:

17. Así La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.

(R. V. 1960)

Quiero que razonen mis amados, a la Luz del Espíritu.

Este versículo es muy mencionado en las predicaciones; pero así mismo muy mal entendido.

Esto sucede, porque se toma a la ligera el concepto de la acción de la Palabra.

Dice (Hebreos 4: 12), que la Palabra de Dios es “viva y eficaz.”

La Espada de la Palabra no es un elemento inerte.

Es “viva y eficaz.”

Dice el Señor Jesús en (Juan 6: 63), que sus palabras son Espíritu y son Vida.

Cuando la Palabra corta al corazón o espíritu incircunciso, que es un corazón muerto o espíritu muerto, lo hace en forma eficaz, liberándolo de la muerte del alma pecaminosa que lo tiene cautivo; y le da la vida de su Espíritu (Efesios 2: 1 – 6; 5: 14).

Entonces, la revelación que nos da (Romanos 10: 17) es, que la Fe se produce por oír; es decir, porque el corazón ha sido circuncidado. Y el oír, o sea, el haber sido circuncidado, es por “la Palabra.” Esto es, por la orden de la circuncisión que da la Palabra. No es simplemente por el acto voluntario o involuntario de oír la Palabra.

Cuando el versículo menciona que “la Fe es por el oír”, lo que está diciendo es que el Espíritu Santo se posesiona en el individuo tomando la forma de la Fe. Esto lo hace, una vez que habilitó el oído del elegido, o sea, cuando el individuo ya pudo oír.

¿Y cuándo sucede esto?

Pues, cuando el mismo Espíritu Santo abrió el oído del individuo con la Palabra y en obediencia a la orden de Ella, actúa como espada que corta y abre.

Bien sabemos, que los nacidos de nuevo predicamos la Palabra a tiempo y a destiempo; y sin embargo, en muchos de los que oyeron, no vemos el fruto sino hasta cuando “la Palabra da la orden” de que los oídos incircuncisos sean abiertos en los elegidos de Dios (Isaías 35: 5).

La misma Palabra, según (Hebreos 4: 12), conoce desde la eternidad quiénes son los elegidos de Dios y quiénes no lo son, porque discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Es así, que la misma Palabra da la orden de que los que no son escogidos de Dios, no sean circuncidados en sus oídos, precisamente para que no puedan oír, aunque hayan recibido el Testimonio del Señor, al escuchar la predicación del evangelio (Isaías 6: 9 – 10; Juan 12: 37 – 40; Hechos 26: 26 – 28).

Un corazón elegido para ser circuncidado, actúa conforme a lo que nos narra (Hechos 16: 14).

Si ustedes mis amados, revisan este versículo, observarán, que es Dios mismo, quien prepara, predispone y abre, o sea, circuncida el corazón del elegido para que pueda atentamente escuchar la Palabra predicada y entenderla.

De esta forma, dejamos claro, que la Fe, o sea, el posicionamiento del Espíritu Santo en una persona, no se produce simplemente por escuchar la Palabra con el sentido de la audición, sino que depende de la orden que la misma Palabra emite para que el oído espiritual la oiga, luego de atravesar el previo filtro, del oído sensorial.

En el que no tiene oído espiritual circuncidado, la Palabra simplemente se queda retumbando molestamente en el oído sensorial.

Entonces sí, que tiene verdadero sentido espiritual este versículo:

(Romanos 10: 17).

Revísenlo otra vez.

Como veremos más adelante en el estudio del proceso de la instauración del Sello del Espíritu Santo, cuando el oído es circuncidado, se inicia el entendimiento acerca de nuestra elección como hijos de Dios y de todo lo que eso conlleva (Salmo 119: 125).

Antes de la circuncisión, nada se puede entender.

Si ustedes amados, entienden estas enseñanzas, tengan por seguro que están circuncidados (Mateo 13: 16).  Mas, los que andan en religiosidad siguiendo la tradiciones de los indoctos, no podrán aceptar lo que aquí se les comparte.

Observen mis amados, cómo el Espíritu relata proféticamente la predicación del Señor Jesús, haciéndolo por medio de parábolas, para que los sordos oigan pero no le entiendan:

Ezequiel 20:

49. Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste parábolas?

(R. V. 1960)

Oseas 12:

10. Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.

(R. V. 1960)

Isaías 6:

9. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

10. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

(R. V. 1960)

Ahora observen al mismo Señor Jesús refiriéndose a los que pueden oír, porque tienen el oído circuncidado:

Mateo 13:

9. El que tiene oídos para oír, oiga.

(R. V. 1960)

Y ahora observen al Señor Jesús confirmando la profecía emitida por el profeta Isaías, acerca de los que no pueden oír:

Mateo 13:

13. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

14. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

15. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan,
Y yo los sane.

(R. V. 1960)

Para concluir esta entrega, dejemos nuevamente especificado, que el Recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, es el primer momento de la instauración de su Sello. O sea, es el primer momento de la circuncisión de oídos, o lo que es lo mismo, del corazón, o del espíritu.

¿Por qué llamamos Recordatorio a este momento?

Revisemos algo que ya hemos tratado en entregas anteriores:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Si escudriñamos este versículo en sentido de eternidad, entenderemos, si estamos circuncidados por cierto, que el Espíritu Santo, por orden emitida en el Pacto Eterno, en los lugares celestiales, antes de la fundación del mundo,  nos recuerda todo lo que Cristo nos ha hablado en la eternidad, desde el principio mismo de nuestra existencia como almas.

Esto que les digo sólo es un flash para que vayan abriendo más el entendimiento; pero les adelanto algo más:

A muchos se les dificulta creer, que desde el principio remoto de la eternidad que no tiene tiempo, luego de nuestra rebelión contra el Trono de Cristo, después de nuestra muerte espiritual a causa de tal rebelión, ya fuimos elegidos, ya fuimos resucitados y ya fuimos enseñados por Cristo, en los mismo lugares celestiales.

En realidad, es difícil sin tener la revelación, conocer que Cristo ya nos enseñó todo acerca de todas las cosas del Reino.

Todas estas cosas, son las que ahora en este ciclo terrenal no recordamos mientras vivimos en nuestra naturaleza carnal (Eclesiastés 9: 1 – 11); pero una vez que cambia nuestra naturaleza por acción del Espíritu Santo, Él mismo nos las recuerda (1 Juan 2: 27) y llegamos a saberlo todo.

Para que sientan mayor seguridad mis amados, acerca de su elección y de su Gloria en Cristo, les invito a escudriñar el siguiente versículo, para que se asombren, viendo que además de todo lo que les he expuesto, ya hemos sido sentados junto a Cristo en el Trono de su Gloria:

Efesios 2:

6. y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(R. V. 1960)

Vean lo que dice el evangelio:

No dice que nos va a hacer sentar en los lugares celestiales, sino que ya Dios nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Entonces mis amados, es importante comprender todo esto, para conocer cuál es la labor que cumple el Espíritu Santo en el momento del Recordatorio:

Su labor es recordarnos todo lo que Cristo ya nos ha hablado.

Cuando podemos recordarlo, es porque hemos nacido de nuevo en el Espíritu (Juan 3: 3).

A continuación, les voy a exponer algunos versículos que ratifican esta revelación que les estoy compartiendo:

1 Juan 1:

1. Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

24. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

(R, V. 1960)

1 Juan 3:

11. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

(R. V. 1960)

2 Juan 1:

6. Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.

(R. V. 1960)

Como pueden ver amados, todo lo hemos oído desde el Principio.

¿Qué es el Principio?

Pues, es Cristo!!

El Principio, es otro nombre del Señor Jesús.

Si lo hemos oído todo desde el Principio que es Cristo; es porque Cristo ya nos habló;.

Como Cristo es Eterno; entonces, los que estamos circuncidados en Cristo, podemos ahora, en este tránsito por la tierra, entender todo acerca del Reino de Dios y de las promesas que Dios nos ha hecho en el Pacto Eterno; cosas de las que no teníamos memoria mientras habitábamos dentro nuestra naturaleza carnal, pero que gracias a la labor recordatoria y transformadora de nuestra naturaleza, ejercida por el Espíritu Santo, ahora ya podemos recordar todo, a la Luz de la Palabra.

 ¡Victoria en Cristo Jesús! 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 29

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

28. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 27

Amados de Dios!

Continuemos sin perder el hilo de lo que estamos escudriñando…

En la entrega anterior, anunciamos que explicaríamos con más detalle, de qué forma el Espíritu Santo actúa como custodio de los elegidos, para asegurar que se cumpla el Pacto hecho por Dios para la Salvación de su pueblo.

Entonces, procedemos a analizar este punto, antes de profundizarnos en el análisis de cada uno de los siete elementos que configuran el Sello del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ejerce su acción de custodio del pueblo de Dios, ingresando en el mismo corazón de cada elegido.

El Sello del Espíritu Santo, nos garantiza entonces, de acuerdo a lo que venimos escudriñando desde la entrega anterior, que la Salvación no se pierde.

Algunos, basados en la Biblia argumentan que sí se puede perder la Salvación, porque el evangelio menciona algo al respecto en el siguiente versículo:

Hebreos 2:

3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

(R. V. 1960)

Aquí, una vez más les recuerdo, que la Palabra de Dios es Piedra de Tropiezo.

Observen bien el versículo y no caigan en la tentación de pensar que nosotros podemos hacer la obra de cuidar por nuestra cuenta, esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado por Gracia.

Si de nosotros dependiera el cuidado de nuestra Salvación, entonces, pregunto a los que esto pregonan malinterpretando el mensaje del evangelio, ¿qué cosa hay que hacer para no perder la Salvación?

Si alguien cree que puede hacer algo, por favor que nos de la fórmula.

Miren lo que dice el evangelio:

Filipenses 2:

13. porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

(R. V. 1960)

Examinando este último versículo, pregunto ahora:

¿De quién depende el cuidado de nuestra salvación?

¡Claro amados, yo sé que los entendidos tienen la respuesta!

Pero expliquemos un poco:

La Salvación se cuida con las obras santas; pero esas obras son las que produce Dios en sus sellados; y para eso, le ha delegado esta gran comisión al Espíritu Santo:

Esta gran comisión encargada al Espíritu Santo es ser:

¡Nuestro custodio!

Es decir, el Espíritu Santo debe generar en cada corazón sellado por Él, las obras espirituales que cuiden la Salvación de los habitantes del pueblo de Dios.

Ahora se preguntarán ¿cuál es la obra que produce Dios en sus elegidos y que custodia el Espíritu Santo?

El evangelio nos menciona en varias instancias, que la Salvación no es por obras sino por Gracia.

Les voy a mostrar dos versículos que le dejarán claro, que las obras del hombre no sirven para alcanzar la Salvación, sino las obras que Dios produce en sus elegidos:

Juan 6:

29. Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

(R. V. 1960)

Efesios 2:

10. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(R. V. 1960)

Como pueden observar mis amados, la obra perfecta que Dios hace que se produzca en sus elegidos por medio del Espíritu Santo, es que creamos en su Hijo enviado. De esta obra perfecta, se derivan el resto de obras espirituales que así mismo, Dios las preparó de antemano y las depositó en nuestro corazón, por el Poder del Espíritu Santo. Estoy hablando de los Dones que se nos ha otorgado para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Si ustedes leen esta Palabra de (Hebreos 2: 3) en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, fácilmente discernirán, que esta Salvación tan grande que hemos recibido gratuitamente por Pacto Eterno con el Sacrificio de Cristo, no la podemos perder, precisamente porque estamos sellados; es decir, porque somos responsabilidad del Espíritu Santo, quien eternamente permanece ejerciendo la labor de ser nuestro custodio en la realización de las obras santas dispuestas por Dios.

El Espíritu Santo que mora en nosotros, es el que cuida de nuestra Salvación, como ya lo vamos a ampliar a continuación.

De tal forma que, el versículo mencionado nos hace ver clarísimo, que nosotros por nuestra propia cuenta no podríamos escapar, si descuidáramos esta Salvación tan grande que se nos ha otorgado.

Precisamente, para que no perdamos esta Salvación que nuestra voluntad de carne no es capaz de cuidar, es que el Espíritu Santo entra en los escogidos de Dios, con sus siete elementos que lo caracterizan, para morar en nosotros y custodiar esta Salvación.

¿Quién, o qué cosas podría vencer al Poder del Espíritu Santo, que nos custodia morando en nosotros?

¿Quién, o qué cosa nos puede separar del Amor de Dios?

Por favor, tómense la molestia de leer los versículos siguientes:

(Romanos 8: 35 – 39).

Continuemos…

De la primera amenaza de la que nos tiene que custodiar el Espíritu Santo para que se cumpla la Voluntad de Dios en cuanto a nuestra elección para Salvación, es de nuestra propia carne envenenada por el aguijón de la muerte; no se diga de las acechanzas del mundo y del príncipe que lo maneja tejiendo sus redes de perdición.

Continuemos con el discernimiento acerca del proceso de la aplicación del sello…

Cuando una persona, recibe en su corazón el Testimonio de la Palabra (1 Juan 5: 6 – 12), en ese momento, recibe el Sello del Espíritu Santo y nace de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3).

Pero hay que hacer la siguiente aclaración:

En muchas personas, el Testimonio de la Palabra, les llega al oído y ahí les queda sólo como una resonancia molesta y pasajera. Estos son los sordos espirituales o incircuncisos de oídos (Jeremías 6: 10; Hechos 7: 51).

Estos, al no recibir el Testimonio en su corazón (Jeremías 4: 4), están incapacitados eternamente para nacer de nuevo.

Los bienaventurados que sí pueden oír (Mateo 13: 16), en el momento en que reciben el Testimonio, es cuando reciben el Sello con sus siete elementos que hemos mencionado (1 Juan 5: 10).

La explicación que hace el Señor Jesús, acerca de este proceso espiritual, acerca de la acción de la Palabra, tanto sobre los sordos espirituales (Jeremías 18: 10), como en los que vienen desde la eternidad preparados para oír (Jeremías 18: 2), lo encontramos descrito en el evangelio de (Mateo 13: 1 – 23).

Por favor mis amados, tómense su tiempo para leer este texto y discernirlo, relacionándolo con todo lo que estamos explicando en esta entrega.

Continuemos…

Aunque todo el contenido del Sello se graba de una sola vez en el elegido por acción del Testimonio de la Palabra, en la persona que lo recibe, se inicia un proceso de perfeccionamiento, el cual, según el evangelio lo revela, este proceso transcurre imparable hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1: 6).

Este proceso de perfeccionamiento ocurre, como con la vasija de barro que es perfeccionada en manos del alfarero (Jeremías 18: 6).

Nuestro Alfarero es el Espíritu Santo.

Cuando somos confirmados con el Sello y nacemos en el Espíritu, empezamos siendo niños espirituales, que como tales sólo tomamos la leche del evangelio; mas con el tiempo, en nuestro proceso de perfeccionamiento en manos del Alfarero, alcanzamos por su paciencia la madurez espiritual; y es entonces, cuando ya podemos comer la comida sólida del evangelio,  llegando a estar fuertemente ejercitados por obra del Alfarero, en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5: 11 – 14).

En este proceso en que el Espíritu Santo nos lleva hacia la madurez, es precisamente cuando se manifiesta la Paciencia de Dios con sus escogidos (Santiago 1: 4; Apocalipsis 3: 10); y se manifiesta el cuidado que tiene de nosotros (1 Pedro 5: 7).

Esta Paciencia que es eterna, la podemos escudriñar enfocándola como un proceso en el cual, se implementan gradualmente los siete elementos mencionados que caracterizan al Sello del Espíritu Santo, perfeccionándose en nosotros las obras que Dios depositó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2: 10).  Me estoy refiriendo otra vez, a los Dones que se nos ha otorgado para que edifiquemos el Cuerpo de Cristo.

Veamos pues, cómo ocurre este proceso…

Recuerden amados, que todo el proceso del sellado, es espiritual.

Al entrar a morar el Espíritu Santo en nosotros, portando los siete elementos que hemos mencionado, existe un primer momento previo a la consolidación del Sello:

Este momento es el recordatorio del Espíritu Santo (Juan 14: 26).

En la medida en que el Espíritu Santo nos va enseñando y recordando todas las cosas espirituales, ocurre un segundo momento, que es el proceso en que el Espíritu va consolidando en nosotros los siete elementos de su Sello, con los cuales, luego nos va perfeccionando en los Dones que el mismo Espíritu nos otorga según le place.

Después de haberse instalado el Espíritu Santo en nuestro corazón; y luego, de que con su larga paciencia nos lleva a la madurez espiritual mediante su trabajo de Alfarero obrando en nosotros con sus siete elementos, hay un tercer momento, al cual, para ser didácticos, podríamos sistematizarlo en dos etapas que consolidan el círculo del proceso de Sellado:

La primera etapa del momento de la consolidación del Sello consiste en dejar establecido el Testimonio de que hemos sido hechos Justicia de Dios.

Esta etapa espiritual se revela ante todas las cosas creadas del mundo visible e invisible, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, sean tronos, dominios, principados o potestades, mediante la evidencia que presentamos acerca de nuestra conversión, de que hemos sido creados en Cristo (Génesis 1: 26; Efesios 2: 10; Colosenses 1: 16).

Esta evidencia se exterioriza en nosotros, con el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

La segunda etapa del momento de la consolidación del Sello, es en cuando somos enviados a predicar.

Todo nacido de nuevo, por naturaleza espiritual manifiesta el fruto del Espíritu Santo y predica la Verdad del evangelio eterno de Jesucristo.

Quien no exteriorice estas dos señales espirituales, aunque sea muy religioso, a la Luz del evangelio, no presenta el Testimonio de estar sellado.

¡Cuidado con pensar que cualquiera que predica está sellado!

Ya hemos hablando antes lo suficiente sobre este asunto, y sabemos que los abundantes predicadores de mentiras que hoy en día abundan, no están sellados por el Espíritu Santo, sino al contrario, llevan la marca de quien los patrocina (Apocalipsis 13: 14 – 18).

Repito, aunque todo el proceso del sellado ocurre de una sola vez y de manera eterna, podemos decir, que en nuestra dimensión terrenal y temporal, la conversión y el perfeccionamiento de un elegido, va sucediendo a manera de un proceso.

Para ser más didácticos, sinteticemos el proceso del sellado de la siguiente manera:

PROCESO DEL TESTIMONIO EN LA TIERRA, DEL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS ELEGIDOS:

1.     Primer momento del proceso del sellado:

El recordatorio del Espíritu Santo.

2.     Segundo momento del proceso del sellado:

Momento del cumplimiento del tiempo (Gálatas 4: 6): Implementación y consolidación del Sello del Espíritu Santo con sus siete elementos

1) Quebrantamiento

2) Arrepentimiento

3) Entendimiento

4) Conocimiento

5) Fe

6) Purificación

7) Obediencia.

3.     Tercer momento del proceso de sellado:

Primera etapa: Se manifiesta la Justicia de Dios sobre sus elegidos, mediante el fruto del Espíritu y sus dones irrevocables.

Segunda etapa: Los sellados somos enviados a predicar.

Cuando somos enviados a predicar, se cierra el ciclo del proceso de sellado para un elegido y se inicia un nuevo proceso de sellado para otros que recibirán la Palabra por medio de la predicación de los que ya han sido convertidos (Romanos 10: 14). Esto ya lo comprenderán mejor, más adelante.

Como van viendo amados de Dios, cada vez las revelaciones que se nos va dando, son más profundas y de gran edificación para el perfeccionamiento del entendimiento, del que Dios nos ha provisto (Deuteronomio 29: 29).

Disfruten de lo que van aprendiendo.

Veamos cómo ocurre el proceso en que a los elegidos se nos confirma en el nuevo nacimiento con el Sello del Espíritu Santo, mediante el Testimonio dado aquí en la tierra por los Tres que son Uno: El Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8).

Procedamos entonces, con el análisis de:

Primer momento del proceso del sellado. Este primer momento es:

¡El recordatorio del Espíritu Santo!

Recuerden amados de Dios, que el Señor Jesús cuando predicaba el evangelio, les decía a los judíos las siguientes expresiones:

Juan 6:

44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

(R. V. 1960)

65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

(R. V. 1960)

Estas expresiones del Señor Jesús, claramente nos dejan ver que es el Padre quien decide con su elección, quien puede o no acercarse al Espíritu de su Hijo.

Explicado de otra manera, el Padre es quien decide quién es el que debe recibir el Sello del Santo Espíritu.

Sigan con atención mis amados, el hilo conductor de esta revelación

Vean ustedes ahora, la advertencia que les hace el Señor Jesús a los elegidos de su pueblo, o sea, a quienes el Padre por el Sello del Pacto ha elegido para que se acerquen a Jesús:

Juan 16:

7. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

(R. V. 1960)

La pregunta de rigor que planteamos aquí es:

¿Para qué era necesario, que después de que el Señor Jesús se fuera de regreso al Padre, el Consolador viniera?

Primero, dejemos claro que estamos de acuerdo en que el Consolador es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, debía venir en sujeción al acuerdo divino hecho en el Pacto Eterno, para custodiar el corazón de cada elegido del pueblo de Dios, para que se cumpliera el acuerdo del Pacto. Esto es, que se garantizara la Vida Eterna, con su presencia en todo el que está sellado.

Para esto, la primera acción que cumple el Espíritu Santo cuando viene en representación de Jesucristo es: Recordarnos el Pacto.

¿Cómo ocurre esto?

Pues lo vamos a ver a continuación, pero antes, quiero exponer algo que me viene en este momento a la memoria.

Esto que estoy pensando, es acerca de la herejía que a gran escala se ha tejido por siglos en la tierra, con respecto a un hombre que se dice ser el representante de Cristo en la tierra; y es este hombre, quien periódicamente cambia de cuerpo, siendo el mismo espíritu que a través de los siglos, adultera las Escrituras y crea normas y reglas religiosas, con las cuales somete a multitudes al engaño de su boca mentirosa (Apocalipsis 13: 13).

Los elegidos hijos de Dios, sabemos que el representante de Cristo aquí en la tierra es el Espíritu Santo; y es Él quien da testimonio aquí en la tierra del Pacto hecho en el cielo (1 Juan 5: 6 – 11).

El Espíritu Santo, al venir a morar en el corazón de cada elegido nacido de nuevo (Gálatas 4: 6), da el Testimonio de la presencia de Cristo en la tierra, dándole aquí en la tierra la estructura espiritual a la Ciudad Santa de Jerusalén (Apocalipsis 21: 10), que no es terrenal sino espiritual; y que bíblicamente recibe también otros nombres como: Israel de Dios (Gálatas 6: 16),…Casa Espiritual (1 Pedro 2: 5),…Cuerpo de Cristo (1 Colosenses 1: 18).

Este es el pueblo espiritual, que en un abrir y cerrar de ojos, tanto los que duermen como los que están despiertos (1 Tesalonicenses 4: 16 – 17; 5: 10), a la final trompeta, serán transformados (1 Corintios 15: 52);  y elevados en las nubes, para celebrar las bodas del Cordero y su esposa. Estos son los bienaventurados que son llamados a la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19: 7 – 9).

Cuando viene el consolador, su misión en primera instancia es hacerles un recordatorio del Amor Eterno de Dios (Jeremías 31: 3) a los moradores de la Ciudad Santa de Jerusalén.

¿Qué recordatorio es este que constituye el primer paso del proceso del sellado?

Veamos lo que dice el Señor Jesús:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Amados de Dios, del entendimiento que ustedes tengan de este versículo, dependerá el que ustedes clarifiquen muchas revelaciones que se vienen  a continuación,  a lo largo de esta página de enseñanzas.

Por este motivo, voy a explicar con detalle el contenido espiritual de estas afirmaciones que hace el Señor Jesús…

En primer lugar, entendamos que el Señor Jesús dice que es necesario que Él se vaya (Juan 16: 7) para que venga el Espíritu Santo.

Era necesario que Él se fuera, para que pudiera regresar Él mismo, en la persona del Espíritu Santo.

Lo explico:

Una vez que ya Cristo se fuera hacia arriba, al Padre (Juan 8: 14; 13: 3), al venir su Espíritu, Éste se reparte sin medida en todos sus elegidos (Juan 3: 34).

¿Para qué esto debe suceder así?

Para que el Espíritu nos recuerde todas las palabras que Dios nos ha hablado.

En (Juan 14: 26), el Señor Jesús dice que el Espíritu nos recordará todas las cosas que Él ha dicho.  Leyendo sólo la letra de tinta, se puede interpretar que les está diciendo esto a sus apóstoles y por tanto, se podría pensar que son ellos quienes recordarían por acción del Espíritu, las cosas que el Señor Jesús les dijo.

Mas, si leemos el evangelio  en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, sabremos que el Señor Jesús está hablando palabras eternas, dichas en los lugares celestiales y dirigidas para todos los elegidos, que por el plan del Pacto fuimos puestos en la tierra junto a los no elegidos.

Cuando el Espíritu viene a recordarnos las palabras que Dios no habla en la eternidad, sólo los que están escogidos para ser su pueblo, las pueden recordar.

De tal forma, que quienes por el recordatorio que hace el Espíritu creen en el Testimonio Viviente de Jesucristo, es porque ya son elegidos para Vida; y quienes no creen, es porque ya la Ira de Dios, los ha condenado en la misma eternidad.

Observen lo que dicen estos textos del evangelio:

Juan 3:

36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

(R. V. 1960)

1 Juan 5:

11. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(R. V. 1960)

¿De qué forma entonces Dios nos da el Testimonio de que ya nos ha hablado en la eternidad y de que nos ha dado la Vida Eterna?

Este Testimonio, se nos da mediante el recordatorio que nos hace el Espíritu Santo, de que somos hijos amados de Dios.

Estamos aquí en la tierra mis amados, mas, en la eternidad, en los lugares celestiales ya Dios nos habló y nos hizo sus promesas.

Este peregrinaje por la tierra, es sólo para que se cumpla el Testimonio, de que quienes creen en Cristo, son quienes han nacido de nuevo en Espíritu (Juan 3: 3) luego de haber recibido el recordatorio del Sello del Espíritu; y quienes no creen en Cristo, son quienes nunca vivirán, por son muertos desde la eternidad y hasta eternidad.

Los muertos no reciben ningún recordatorio porque se ha borrado de ellos todo recuerdo y ellos mismos son borrados del recuerdo  de todo lo creado (Isaías 26: 14).

Por si alguna duda queda todavía acerca de que Dios ya nos habló en la eternidad espiritual, analicen en Espíritu, en Verdad y en Eternidad, no en religiosidad, lo que afirma el mismo Señor Jesús:

Juan 6:

45. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.

46. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.

47. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

(R. V. 1960)

Escudriñen amados, que Dios ya nos habló en la eternidad.

Aquí en la tierra, con su Espíritu nos recuerda lo que antes ya nos ha dicho.

Además, nos enfatiza en que sólo el que ha venido de Dios, ha visto al Padre; y por supuesto, podemos concluir en que todo aquel que ha visto al Padre también ha oído sus enseñanzas.

El evangelio dice también que nadie jamás vio a Dios y que es el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, quien lo ha dado a conocer (Juan 1: 18).

Esta afirmación del evangelio, nos revela con claridad que aquí en la tierra, envueltos como estamos en una escafandra de carne, es el Espíritu de Cristo, que ya no está en carne, sino en Espíritu en el seno del Padre, el que nos hace conocer quién es nuestro Padre.

El recordatorio que nos hace el Espíritu es  básico para recibir aquí en la tierra, el Conocimiento del Reino Celestial Eterno.

Veamos lo que los siguientes textos de la Palabra nos expresan con claridad:

Jeremías 31:

33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

(R. V. 1960)

1 Juan 2:

20. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(R. V. 1960)

27. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

(R. V. 1960)

Como puede ver, es el Espíritu Santo quien recuerda todo y enseña todo.

Yo mismo debo decir, que las cosas que escribo en esta web blog para disfrute y edificación de la Iglesia de Jesucristo, no pueden ser aprendidas, si no es el mismo Espíritu Santo obrando en recordatorio y enseñanza sobre los escogidos que reciben estas entregas.

Pero debo añadir, que es necesario que estas cosas las escriba, no por obra mía sino por acción del Espíritu que mora en mí, porque como veremos en la siguiente entrega, es a través de la predicación de estas verdades reveladas que se circuncidan los oídos de los elegidos que aún están incircuncisos; y se perfecciona el conocimiento de todos los que están siendo perfeccionados en las manos del Alfarero.

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 28

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

27. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 26

¡Amados de Dios!

En la entrega anterior, les dejé expuestos los siete elementos o características que componen el Sello del Espíritu Santo.

Para iniciar esta entrega, expongo otra vez estos siete elementos:

  1. Quebrantamiento
  2. Arrepentimiento
  3. Entendimiento
  4. Conocimiento
  5. Fe
  6. Purificación
  7. Obediencia

El nuevo nacimiento de una persona ocurre, cuando estos siete elementos que son la esencia misma del Sello y que son grabados en el corazón del elegido de Dios, se evidencian a través de lo que el evangelio denomina: El fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5: 22 – 23).

Antes de analizar el fruto del Espíritu, debemos analizar primero y con detalle, cada una de estas siete características del Sello, de las cuales se desprende el fruto.

Estos siete elementos con su fruto, es lo que observamos por el Espíritu, en todos aquellos que han sido sellados.

Les digo esto, porque para los entendidos, es importante discernir los espíritus, según lo exhorta el evangelio (1 Juan 4: 1), para que identifiquemos a los que encubiertamente pretenden infiltrarse, haciéndose pasar por uno de nosotros, los que somos, nacidos de nuevo.

Estos que se quieren infiltrar, son portadores del espíritu del error, o lo que es lo mismo, del engaño, pues en su naturaleza, tratan siempre de engañar con palabras vanas, por lo cual están destinados a condenación (Efesios 5: 6; Judas 4).

Para explicarme mejor, estoy hablando de quienes pretenden infiltrarse en el cuerpo de Cristo, haciéndose pasar por nacidos de nuevo, pero que en el discernimiento de espíritus, sabemos que sólo son religiosos sin santidad, que frecuentan sus congregaciones, donde son aceptos y engañan; pero que el cuerpo de Cristo que es una congregación espiritual sin muros de cemento, esparcida a largo y ancho del planeta Tierra, los rechaza y jamás los dejará entrar en Él, al no haber recibido el Don del arrepentimiento.

De hecho, estos infiltrados engañan a los suyos, pero a los escogidos no los pueden engañar, aunque lo harían, si les fuese posible (Mateo 24: 24).

¿Creen amados que esto es posible?

¡No! Esto no es posible.

De esta forma entendemos, que según sean las características espirituales del individuo, así es el testimonio del fruto que evidencian; o lo que es lo mismo, según el fruto que manifiestan las personas, sabemos si son, o no son de Dios (1 Juan 4: 6).

Cuando una persona nace de nuevo en el Espíritu, es cuando recibe aquí en la tierra por parte del Espíritu Santo, con su Sello, el Testimonio de su elección para Salvación.

El momento del nuevo nacimiento es este, en que el Espíritu Santo, le aplica su Sello al escogido de Dios, con estos siete elementos mencionados.

Por eso, hay que tener claro, que el nuevo nacimiento en el Espíritu, no depende del que nace de nuevo, sino del que dio la orden para que sea sellado para el nuevo nacimiento.

Este momento es lo que el evangelio llama: El momento del cumplimiento del tiempo en el corazón del escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Nadie puede decir que es nacido de nuevo, si no está sellado con estos siete elementos.

Repito: El momento en que se aplican estos siete elementos en el corazón de cada escogido, es el momento del cumplimiento del tiempo para el escogido de Dios (Gálatas 4: 6).

Este es el momento en que el escogido de Dios, que hasta ese instante ha estado espiritualmente muerto, es llevado de la muerte a la vida (Efesios 2: 5); o lo que es lo mismo, es llevado de las tinieblas a la Luz (Efesios 5: 14; 1 Pedro 2: 9).

Antes de que el escogido reciba el Sello que le da la Vida Eterna, está vivo biológicamente, porque sólo es nacido de simiente carnal, de padre y madre biológicos. Sin embargo, está espiritualmente muerto.

Una vez que el escogido, por la acción del Sello renace, lo hace en Espíritu, pasando su vida biológica a un segundo plano, porque lo que en realidad cuenta para su Salvación eterna, es su nuevo nacimiento espiritual.

Este nuevo nacimiento, viene entonces de una Simiente Divina incorruptible (1 Pedro 1: 23).

Este nuevo nacimiento es producido en la Simiente de Abraham, que es Cristo (Gálatas 3: 16).

Entendamos de esta manera, por qué el Señor Jesús le dijo a Nicodemo que nadie que no haya nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos (Juan 3: 3).

El Reino de los Cielos es totalmente espiritual, por tanto, sólo pueden verlo los espirituales, o sea, los que tienen ojos espirituales para verlo y entrar en Él.

Nadie puede tener ojos espirituales si no ha sido sellado con el Sello del Espíritu.

Sólo el que está sellado, o sea, el que ha nacido de nuevo en el Espíritu, puede ver el Reino de los Cielos y entrar en Él.

No puede entrar en el Reino de los Cielos ningún muerto espiritual, o sea, ninguna inmundicia de carne (Isaías 4: 3 – 4; Efesios 5: 5; 1 Tesalonicenses 4: 7).

Habíamos ya dejado claro en la entrega anterior, que este Sello es Eterno y que es implantado por una sola vez y de manera irrevocable.

No hay tal cosa como aquella, de la que hablan los que predican doctrinas de demonios, en cuanto a que alguien puede perder la Salvación, en relación a si hace, o no hace tal o cual cosa.

Ustedes habrán constatado en innumerables ocasiones, la falacia de algunos predicadores que exhortan a sus rebaños  a esforzarse para no ser borrados del Libro de la Vida.

¡Para Dios, no hay tal cosa!

El que fue Sellado con el Espíritu Santo, también ha sido por Pacto Eterno, registrado desde la eternidad y hasta la eternidad (Salmo103: 17 – 18) en el Libro de la Vida.

Para el que está escogido, en el Libro de la Vida ya quedó registrado su nombre, legalizado con Sello de Escribano (Ezequiel 9: 2 – 4).

Alguno podrá argumentar que el evangelio menciona que sí, hay quienes serán quitados del Libro de la Vida.

Para sostener este argumento se basan en el siguiente versículo:

Apocalipsis 22:

 19. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

(R. V. 1960)

La errónea interpretación de este versículo, hace que muchos predicadores perviertan la revelación, haciéndola de contenido religioso, cuando incitan a sus rebaños a realizar obras de buen comportamiento religioso para no ser quitados o borrados del Libro de la Vida. Entre estas obras, cuentan los diezmos y las ofrendas.

Amados de Dios, insistimos en esta página de enseñanza, que la Palabra del evangelio es Piedra de Tropiezo y de caída para los que jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, ni fueron sellados por el Escribano.

El Espíritu Santo hace que sus entendidos no tropecemos, porque nos da la revelación completa de lo que nos quiere revelar.

Dice también el evangelio, que lo que sabemos los entendidos lo sabemos en parte, hasta el día en que lo sepamos todo (1 Corintios 13: 9); pero la parte que llegamos a saber, es porque el Espíritu Santo, nos la ha revelado completa, con el fin de que no tropecemos.

Sabemos entonces, que los que están sellados, están inscritos en el Libro de la Vida.

Si estamos inscritos en el Libro de la Vida, entonces, no tenemos el espíritu para cambiar las cosas que están escritas en la Profecía.

Esto es algo análogo a lo que ya habíamos discernido, con respecto a lo que el Señor Jesús dice: “Bienaventurados los pobres en Espíritu.” Recuerden que esto quiere decir, que los pobres en Espíritu, tienen un Espíritu, que no posee en su naturaleza, la condición de hacer riquezas materiales.

De la misma forma, los inscritos en el Libro de la Vida, no tienen Espíritu para ni siquiera intentar cambiar el contenido escritural del Espíritu de la Profecía.

Continuemos…

Recordemos que Jesucristo es el mismo Espíritu de la Profecía (Apocalipsis 19: 10).

Quienes alteran la Palabra de la Profecía, son los mentirosos, hijos del diablo, que intentan desfigurar la imagen de Jesucristo, como si tuvieran el poder para hacerlo; mas, en su intento, sólo sirven para tropiezo y caída de todos aquellos que pertenecen a su mismo linaje de serpiente.

Si interpretamos en Espíritu el versículo mencionado (Apocalipsis 22: 19), entonces debemos saber, que estos que alteran la Palabra de la Profecía, jamás estuvieron inscritos en el Libro de la Vida. Por tanto, el espíritu que estos tienen, es un espíritu réprobo (2 Timoteo 3: 8) que miente, altera e intenta desfigurar la imagen de Cristo, que es el Espíritu de la Profecía.

Cuando el evangelio eterno dice que estos serán quitados, lo que dice es, que desde antes de la fundación del mundo, se decretó para ellos que sean quitados del Libro y de la ciudad de Dios, porque para ellos no hay la opción del Sello.

La declaración del evangelio pareciera ser para el futuro, pero en realidad es lanzada en la eternidad; y la Palabra de Dios que es Eterna, no tiene presente, pasado ni futuro.

Comprobemos que los que no están sellados, están en desgracia desde la eternidad hasta la eternidad….

¿Qué quiere decir que están en desgracia?

Agarren esta revelación:

¡Quiere decir que no están inscritos en el Libro de la Vida!

Dicho de otra manera: ¡No pertenecen al cuerpo de Cristo!

Los que no están en el cuerpo de Cristo, simplemente: ¡Están muertos! (1 Juan 5: 12).

Analicemos pues, los siguientes versículos y tengamos claro, que la Palabra Eterna de Dios no habla en futuro sino que habla en lenguaje eterno; es decir, nos dice lo que ya para Dios está establecido en la eternidad…Lo que ya está decidido….Lo que ya está hecho:

Apocalipsis 13:

 8. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

(R. V. 1960)

El versículo dice que “no estaban inscritos en el Libro de la Vida.”

¿Por qué no estaban inscritos?

Porque estaban muertos.

No hay muertos inscritos en el Libro de la Vida.

Los que están inscritos son los que viven.

¡Según este versículo, los que adoran a la bestia son los muertos!

En cambio, los que viven, son los verdaderos adoradores, quienes son en la eternidad buscados por el Padre, para que lo adoren en Espíritu y en Verdad (Juan 4: 23).

Si el Padre busca a sus adoradores, es a estos a quienes los inscribe en el Libro de la Vida desde tiempos eternos.

Agarren esta revelación eterna:

Si el Padre busca a sus adoradores, es porque los tiene escogidos eternamente.

No hay nadie que esté inscrito en el Libro de la Vida, que no haya sido escogido y buscado por el Padre.

Sus adoradores son sus escogidos, o sea, los que viven.

Recordemos que el Señor Jesús mencionó, que Dios es Dios de vivos, no de muertos (Marcos 12: 27; Lucas 20: 38).

 Ahora vamos a:

 Apocalipsis 17:

 8. La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

(R. V. 1960)

¡La bestia está eternamente muerta!

 Apocalipsis 20:

 15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

(R. V. 1960)

Los que no fueron escogidos por el Padre, nunca fueron inscritos en el Libro de la Vida; y por tanto, fueron lanzados al lago de fuego.

El versículo no dice que los muertos serán lanzados. Lo que dice es, que los muertos ya fueron lanzados.

Los que fueron lanzados son los eternamente muertos.

Repito, los muertos que fueron lanzados, nunca estuvieron inscritos en el Libro de la Vida, o lo que es lo mismo, nunca estuvieron destinados a pertenecer al cuerpo de Cristo.

Una vez más:

La connotación de no estar inscrito en el Libro de la Vida es, que no se pertenece al cuerpo de Cristo que es la Vida, sino al cuerpo del adversario, que es la muerte.

¿Se dan cuenta mis amados?

¡Que los que no pertenecen al pueblo de Dios, o sea al cuerpo de Cristo, son aquellos que no fueron nunca inscritos en el Libro de la Vida!

Dios en su Presciencia (1 Pedro 1: 2), los quitó desde tiempos eternos, del privilegio de estar en el Libro de la Vida.

Sigamos razonando en la Luz del Espíritu…

Si los que no están sellados, tienen esta condición eterna de no estar sellados, por supuesto entonces, que los que sí estamos sellados, también tenemos esta condición de estar sellados, en forma eterna e irrevocable.

Para hacer más didáctico este concepto, comparemos el Pacto Eterno de Dios, con lo que ocurre en los sistemas del mundo, cuando usted legaliza una acción civil con un sello de notario público.

Una vez que está sellado el documento de la acción llevada a efecto, también queda la acción registrada en los libros de la notaría, para testimonio legal.

Entonces, no hay tampoco tal cosa, como la que se oye decir a muchos faltos de entendimiento, de que un día recibieron a Cristo, pero que después se apartaron.

El Sello se lo tiene o no se lo tiene eternamente.

El que está sellado por el Testimonio dado aquí en la tierra por el Espíritu, el Agua y la Sangre, no tiene capacidad de apartarse, porque vive en el Espíritu. Por eso está sellado en Pacto Eterno.

Dije: ¡Vive en el Espíritu!

No dije: ¡Vive religiosamente!

Si un pacto cualquiera, hecho y sellado entre hombres no se puede romper (Gálatas 3: 15), a no ser que las partes pactantes se pongan mutuamente de acuerdo para anular el pacto; menos aún, se podrá nunca romper por mano humana, el Poderoso Sello del Espíritu Santo, que testifica el Pacto Eterno hecho por Dios (1 Juan 5: 6).

¡Lo que Dios Sella, no lo anula el hombre!

He visto estudios sobre los pactos, que dicen verdad cuando mencionan que es Dios quien hace los pactos con el hombre y no es el hombre quien puede llamar a Dios a hacer los pactos.

Con esta verdad, queda claramente desbaratada la teología diabólica de los pactos de la prosperidad, manejada por hombres censurables, que no tienen vergüenza en la cara para explotar a los carentes de entendimiento, cuando los llaman a pactar con Dios por esa prosperidad, a cambio de dinero.

En donde estos estudios a mi modo de ver se equivocan, es cuando mencionan, que todos los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, el hombre los rompió.

Ustedes creen mis amados, que el hombre tiene capacidad para deshacer algo que Dios  decreta.

¡¡Nooo, mis amados!!

Hay que tener bien claro esto: Que el hombre en su naturaleza caída, ha incumplido los pactos; pero esto no quiere decir que los ha roto. Ha hecho caso omiso de los pactos de Dios, razón por la cual, en rigor de los estatutos de los pactos, ha recibido en retribución, las desgracias provenientes del incumplimiento de los mismos.

Las Escrituras narran todo lo que aconteció en la historia del hombre, para revelarnos de forma ejemplar a quienes hemos alcanzado los fines de los siglos, que el hombre impío de todas las épocas, ha incumplido con los estatutos de los pactos hechos por Dios (1 Corintios 10: 11).

Todos los pactos hechos por Dios con el hombre en la tierra, e incumplidos por este último, son la confirmación de la eterna validez del Pacto Eterno hecho por Dios en el cielo para con sus elegidos; y este Pacto no puede ser anulado por los pactos hechos por Dios en la tierra (Gálatas 3: 17), ya que estos,  fueron hechos para mostrarnos una réplica materializada en la tierra, de la rebelión espiritual al mando de Lucero, ocurrida en tiempos eternos, por la cual, los impíos quedaron sometidos a Ley después de perder la Gracia.

¿Cómo es esto?

El Pacto Eterno, como lo hemos analizado ya en nuestro estudio, es indestructible  e irrevocable. La Ley no puede anular la Gracia de los escogidos de Dios (Gálatas 3: 17).

Precisamente, esa Gracia de la indestructibilidad del Pacto Eterno que Dios hizo en el cielo para con sus escogidos, queda ratificada en las Escrituras, refrendándose en las permanentes catástrofes que en ellas están narradas, ocurridas por efecto de la Ley Divina sobre quienes han incumplido con sus conductas impías los pactos hechos por Dios en la tierra, recibiendo la retribución de su incumplimiento, lo cual, es sólo la sombra de la gran catástrofe universal eterna que experimentan los que ya están eternamente condenados, desde la rebelión de Lucero contra el Trono de Cristo.

Nadie puede romper el Sello del Pacto Eterno.

La Gracia de los que están sellados es eterna.

La desgracia de los que no están sellados también es eterna.

Más adelante en este esta página, nos concentraremos en analizar uno por uno, los pactos que Dios hizo con el hombre en la tierra, y veremos con más detalle, que los hizo para ratificar en la tierra, su Pacto Eterno hecho en el cielo a favor de sus elegidos y en contra de los enemigos del Trono de Cristo.

El Sello no es algo que Dios lo aplica y que después Él mismo lo pueda retirar a su antojo, menos aún, es algo que cualquier mortal pueda por sí mismo quitárselo, para decidir por cuenta propia el apartarse del Espíritu Santo.

Si hay algo que Dios en todo su Poder, no puede hacer, es mentir, e irse en contra de su propia Palabra emitida por Pacto, desde antes de la fundación del mundo (Tito 1: 2).

En todo su Poder y Soberanía, esto es lo único que Dios no puede hacer.

De tal forma, que Dios no pone su Sello a sus escogidos, para después por antojo suyo, cambiar de opinión y retirárselo.

Tampoco es algo que Dios pueda hacer, el que después de elegir en Pacto Eterno a los suyos, los deje a expensas de la debilidad de la carne, de las maquinaciones del diablo y de sus redes de cazador tejidas en el mundo.

El Espíritu Santo es el custodio de los elegidos para que se garantice el cumplimiento del Pacto.

Ya veremos más adelante, cómo el Espíritu Santo ejerce ese custodio de los elegidos mediante la acción dinámica de sus siete elementos, con el fin de que se garantice la confirmación del Pacto, dentro del corazón de cada uno de ellos.

El Sello del Espíritu Santo, es precisamente la garantía (2 Corintios 1: 22; Efesios 1: 14) de la Promesa de Salvación dada por Dios, mediante el Pacto Eterno, para sus elegidos.

Desde que estamos sellados, estamos unidos a Dios en su Amor y nada puede separarnos de Él (Romanos 8: 35 – 39).

Entonces, los religiosos que predican por ignorancia o por conveniencia, que las personas andan en riesgo de perder la Salvación, sencillamente, mienten.

Por eso el evangelio les dice a los religiosos que predican estas mentiras, que refrenen su lengua, porque con el corazón engañan (Santiago 1: 26).

En esta mentira, se incuba y se reproduce el germen diabólico de la doctrina de las obras, con su consiguiente sistema de recaudación de diezmos y ofrendas.

Los rebaños compuestos por gente que no está sellada por el Espíritu Santo, son un buen negocio para los comerciantes del evangelio, porque al no tener el Sello, tampoco tienen el Entendimiento; y creen, que al diezmar u ofrendar, están agradando a Dios.

Unos omiten deliberadamente de sus razonamientos, lo que al respecto dice la Escritura; y otros, para nada entienden cuando Dios habla lo siguiente:

1 Samuel 15:

 22. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

(R. V. 1960)

Oseas 6:

 6. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

(R. V. 1960)

Isaías 1:

 11. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

13. No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

(R. V. 1960)

¿Pusieron atención a estos versículos mis amados?

Estas Palabras son escritas en el Antiguo Testamento, en el mismo período testamentario de la Ley.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que Dios invalida con estas Palabras las declaraciones de la Ley?

¡¡No!!

Así como la Ley no invalida la Gracia; de la misma forma la Gracia no invalida la Ley.

La Ley es perfecta (1 Timoteo 1: 8), sólo que la Ley es hecha para juzgar a los incrédulos (1 Timoteo 1: 10).

Las palabras mencionadas por Dios en los versículos expuestos, ratifican la Gracia otorgada por Decreto Divino para los que están sellados.

¿Por qué la Ley que cae sobre los incrédulos, ratifica la Gracia que le es dada a lo escogidos de Dios?

Porque los que están sellados son los que reciben la Gracia de la Salvación, obtenida por medio del Único Sacrificio y de la Única ofrenda que a Dios le agrada, que es el Sacrificio de su Hijo en la cruz, derramando su Sangre del Pacto Eterno.

De esta forma, los que están sellados, no tenemos que hacer ningún sacrificio para ganarnos la salvación, puesto ya hay Uno que hizo el sacrificio verdadero para que todos podamos ser salvos.

La Ley es tan perfecta, que sólo Uno Perfecto la podía cumplir.

Como ese Único Perfecto, es el Hijo de Dios, el cual no tenía pecado, con su perfección cumplió toda la Ley y lo hizo por todos los escogidos de Dios, los que fueron escogidos para creer en Él; quien además de cumplirla, ante ella se dio a Sí mismo, como la Única y Eterna Ofrenda (Efesios 5: 2) que pague por los delitos y pecados de todo su pueblo dotado eternamente de la Gracia (Mateo 1: 21).

¿Se dan cuenta mis amados, lo importante que es, tener bien claro lo que significa estar sellado por el Espíritu Santo?

El Sello Divino que portamos los escogidos de Dios, es lo único que a Él le agrada.

Les garantizo amados, que los que no están sellados, sí agradan mucho a sus pastores que se lucran de ellos; pero para Dios no son agradables.

También les puedo garantizar, que pastores y rebaños sin el Sello, tienen preparado para sí, el lago del fuego (Apocalipsis 20: 15).

 Paro aquí, para que estudien lo que hemos analizado y discernido.

Continuaremos en la próxima entrega con el punto de expectativa: La descripción de cada uno de los siete elementos que estructuran el Sello del Espíritu Santo.

 Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 27

 

¡Victoria en Cristo Jesús!

Dr. Iván Castro Romero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26. Jesús: “La Piedra de Tropiezo” PARTE 25

Amados del Señor!

Vamos en esta entrega, a adentrarnos más aún, en el escudriñamiento de las características del Sello del Espíritu Santo.

Del conocimiento de estas características, podremos más adelante, entender también con firmeza, sus manifestaciones.

Si ustedes han seguido las enseñanzas de este blog, las cuales están confirmadas en la Biblia, entonces, usted a estas alturas del conocimiento adquirido, ya sabe, que el Sello del Espíritu Santo que está marcado en el corazón de los elegidos de Dios, es un Sello Eterno.

Con este Sello, se certifica en cielo el testimonio acerca de las promesas que para sus elegidos, hacen en la eternidad, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo (1 Juan 5: 7), en lo que constituye el Pacto Eterno.

Este mismo Sello, certifica aquí en la tierra el testimonio de los mismos Tres del cielo, que son Uno: El Espíritu, el Agua y la Sangre (1 Juan 5: 8).

En este punto, agarren esta revelación:

El evangelio, nos revela a los entendidos, que estos Tres, “como lo hacen en el cielo, así también lo hacen en la tierra” (Mateo 6: 10), de manera que concuerdan tanto en el cielo como en la tierra.

¿Qué quiere decir que concuerdan?

Quiere decir, que están totalmente de acuerdo; es decir, que lo que afirma el Uno, también lo afirma el Otro.

Los Tres, que son Uno, concuerdan, porque cada Uno, ratifica lo dicho por el Otro; es decir, que cada Uno, es testigo, de lo que dice el Otro.

Por tal razón, el evangelio expresa, que estos Tres, que son Uno, dan Testimonio, tanto en el cielo, como en la tierra.

Los Tres, son Uno, o sea, son el mismo Dios.

¿Puede Dios mentir como testigo de Sí mismo?

¡Imposible!

Revisemos las Escrituras:

Números 23:

19. Dios no es hombre, para que mienta,

Ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Él dijo, ¿y no hará?

Habló, ¿y no lo ejecutará?

(R. V. 1960)

¿Entonces, en qué concuerdan los Tres?

Pues, en cumplir con la Voluntad del Padre.

Es así que, para que se haga la Voluntad del Padre, expresada en el cielo (Mateo 6: 10), según lo pactado en la eternidad, allí mismo en el cielo, los Tres, también testifican en la tierra, haciendo que se cumpla dicha Voluntad.

¿Cuál es entonces, el testimonio de la Verdad, sobre la Voluntad del Padre, en que concuerdan los Tres, al actuar como Testigos?

¡Pues, los Tres son Testigos de la decisión tomada en el Pacto Eterno!

Y ahora, la pregunta de rigor es:

¿Cuál es esta decisión pactada, acerca de la que los Tres son Testigos?

Veamos cuál es la respuesta que el evangelio nos revela, acerca de la Voluntad del Padre:

Efesios 1:

3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4. según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

5. en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

(R. V. 1960)

Observen amados, que en (el versículo 5) nos expresa la Palabra, que “fuimos escogidos en Amor, según el puro afecto de su Voluntad.”

Como ven, su Afecto está ligado a su Voluntad, con lo cual entendemos, que la Voluntad del Padre es su Amor hacia  sus escogidos.

Ahora ya pueden mis amados, darse cuenta, de cuál es el contenido espiritual de la oración que el Señor Jesús dejó como enseñanza para los elegidos del Padre.

La revelación que se nos da aquí, es esta:

Cuando el Señor Jesús dice:

“Hágase tu Voluntad, como en el cielo, así en la tierra” (Mateo 6: 10), está exaltando la Voluntad del Padre y ratificando el cumplimiento del Pacto eterno que Dios hace en la eternidad para sus escogidos, por una sola razón: Su amor para todos nosotros.

Es decir, que el Señor Jesús nos enseña en esta oración, que no hay nada que suceda aquí en la tierra, que no haya sido previamente decidido por el Padre y acordado con el Hijo y con el Espíritu Santo, en el Pacto Eterno.

Por eso es, que el evangelio nos exhorta a no estar afanosos por nada (Filipenses 4: 6).

El mismo Señor Jesús afirma que nadie puede añadir un codo a su estatura, por más que se afane (Lucas 12: 26).

En el Pacto Eterno, ya está decidido todo. No hay vuelta atrás.

Esta vida terrenal es sólo una sombra pasajera, que temporalmente oculta a los sentidos humanos, lo que ya es.

Y lo que se oculta a la carne, es precisamente, lo que nuestro espíritu en Cristo, lo ve mediante la Fe (2 Corintios 5: 7).

Los elegidos de Dios, ya tienen las promesas del Pacto Eterno, por eso el evangelio nos exhorta a cada momento, a tener paciencia en las tribulaciones, porque en ellas estamos siendo partícipes de las tribulaciones de Cristo; y de la misma manera, estamos siendo partícipes de su Gloria (Romanos 5: 3 – 5; Santiago 1: 3 – 4; 1 Pedro 4: 12).

Ya el Señor Jesús afirmó, que en el mundo tendremos aflicción, pero que debíamos confiar, porque Él, ya ha vencido al mundo (Juan 16: 33).

¿Por qué el Señor Jesús nos pide confiar?

En primer lugar, porque Él sabe, que el que confía, es quien está hecho de su linaje, o sea, de su Espíritu; y el que tiene su Espíritu, sabe por Fe, que todo ya está a su favor, por decisión del Pacto Eterno.

Si ya todas las bendiciones están decididas y otorgadas en el Pacto Eterno para los escogidos de Dios (Efesios 1: 3 – 4), entonces, no hay nada de qué preocuparse y no hay participación de obra humana alguna, que pueda cambiar lo que ya está establecido.

Las buenas obras que los escogidos hacen en la tierra, son aquellas que en el Pacto Eterno, les fueron depositadas en el corazón, para andar en ellas (Efesios 2: 10).

¿Cuáles son estas obras que Dios preparó para que en ellas, anden sus elegidos?

Estas obras, son las obras de su Perfecto Amor, o sea, las obras de su Voluntad, o sea, su Amor, que su Santo Espíritu derramó sobre todos sus elegidos; y con ese Amor, nos selló (Romanos 5: 5).

Entiendan mis amados, que el Sello con el que fuimos sellados en el Pacto Eterno, es un Sello de Amor (Efesios 1: 5).

Entiendan mis amados, que en la eternidad, en los lugares celestiales, ya fuimos sellados con el Amor de Dios.

Entonces, por Pacto; los Tres que son Uno, graban en nuestros corazones el Testimonio de la decisión pactada.

Por ese Testimonio que llevamos grabado en nuestros corazones; que coincide con todo lo que se nos ha revelado mediante el evangelio, es que sabemos, que no hay nada aquí en la tierra y tampoco en el cielo, que nos pueda arrebatar ese Sello, con el que se nos ha marcado eternamente.

Veamos los que nos dice al respecto, esta revelación del evangelio:

Romanos 8:

35. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36. Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; 
Somos contados como ovejas de matadero.

37. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39. ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

(R. V. 1960)

¿Se dan cuenta mis amados entendidos?

¡Todo está dicho en el Pacto!

Todo aquel en quien mora el Amor de Dios, es quien tiene el Sello del Espíritu Santo.

Por eso dice el evangelio, que aunque alguien tenga muchos dones, si no tiene Amor, no es nada (1 Corintios 13: 2).

¿Entienden mis amados?

¡El que no tiene Amor, es aquel en quien Dios no ha depositado su Amor, mediante el Sello del Espíritu Santo!

Entonces, el que no tiene el Sello del Espíritu Santo, por lo que declara el evangelio, “no es nada.”

Por eso mismo es, que las Escrituras nos afirman, que Dios no ve las apariencias, sino el corazón (1 Samuel 16: 7).

Lo que Dios ve en el corazón es la semilla de su Amor, depositada como un Sello.

Debemos tener claro entonces, que el Amor no es un sentimiento carnal sino una estructura espiritual, de la cual ya hablaremos más adelante para entenderla a cabalidad.

Por ahora, recordemos, que el evangelio nos declara, que al presentarnos ante el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5: 10), Dios verá el Amor que hay en nuestros corazones; y Éste, que es su mismo Sello, es el que indica que somos su pueblo; y que estamos absueltos de multitud de pecados (Romanos 8: 1; 1 Pedro 4: 8; 1 Juan 4: 17).

Los elegidos de Dios, como vasijas de barro en las manos del Alfarero, nos vamos perfeccionando en el Amor de Dios, que ha sido sellado en nuestros corazones, a partir del nuevo nacimiento en el Espíritu (1 Juan 2: 5; 4: 12; 18).

Observen lo que dice el evangelio:

1 Juan 2:

15. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

(R. V. 1960)

¿Qué nos dice este versículo?

Que el testimonio de que alguien tiene o no el Amor del Padre, o sea, el Sello del Espíritu Santo, se puede observar, según la persona esté o no ligada en amor carnal a las cosas del mundo.

1 Juan 3:

17. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

(R. V. 1960)

¿Qué nos dice este versículo?

Que muchos que se golpean el pecho diciendo que Dios está con ellos, en realidad no tienen el Sello del Espíritu Santo, pues, ante la necesidad innegable de su hermano, se hacen la vista gorda, teniendo la posibilidad de socorrerlo.

Los versículos expuestos, nos hablan de aquellos que no tienen el Espíritu Santo morando en sus corazones; es decir, no tienen el Depósito (2 Timoteo 1: 14) del Amor de Dios. Estos no están sellados.

A estos, el Señor Jesús, les decía:

Juan 5:

42. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

(R. V. 1960)

Vean mis amados, cómo el Señor Jesús les da aquí en la tierra a los incrédulos de ese tiempo, el Testimonio eterno de no estar sellados por el Amor de Dios.

Con estas palabras, el Señor Jesús deja implícito, que el Testimonio dado en el cielo por los Tres que son Uno, es el Testimonio eterno del Amor de Dios, depositado en el corazón de sus elegidos desde la eternidad y hasta la eternidad (Jeremías 31: 3).

Repito una vez más:

¡Todo es eterno!

Sustentados en este conocimiento, obtengamos ahora, de las mismas Palabras del Señor Jesús, otra revelación, a partir del siguiente versículo:

Mateo 18:

18. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

(R. V. 1960)

En estas palabras expresadas por el Señor Jesús, nuevamente, se nos hace conocer, que para sus elegidos, están ya selladas en el cielo, todas las decisiones que estos tomen en la tierra.

¿Por qué sucede esto así?

Esta es la revelación que nos da el evangelio:

Que los escogidos de Dios, toman todas sus decisiones por la Voluntad de Dios, la cual, es el mismo Espíritu de Dios morando en ellos desde la eternidad, grabada como un Sello (Filipenses 2: 13).

Continuemos…

En entregas futuras, veremos qué es lo que en la eternidad ocurre en los lugares celestiales, para que el Concilio de Dios, tome la decisión de hacer su Pacto Eterno, del cual se suscita la elección del pueblo de Dios y su identificación con el Sello del Espíritu Santo.

Por ahora, sepamos con claridad, que cuando nacimos en esta tierra, vinimos muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2: 1).

Vinimos:

Biológicamente: Vivientes!

Espiritualmente: Muertos!

Muchos se confunden con esta revelación que nos da el evangelio. No alcanzan fácilmente a comprender por qué es que vinimos muertos.

Por esta razón es que en las dos entregas anteriores, les di una visión breve de la eternidad, aspecto fundamental que debe ser bien entendido para poder entender mejor todos los demás aspectos relacionados con la esencia de Dios y sus revelaciones sobre la misma.

El haber muerto en nuestros delitos y pecados es un hecho suscitado en tiempos eternos, en los mismos lugares celestiales. No es cosa de ahora. Esto lo irán asimilando conformen avancen en el entendimiento de las revelaciones de los misterios eternos de Dios (Deuteronomio 29: 29).

Ahora podrán entender mejor, que nuestras almas como elegidos de Dios, como nacidos de su Vientre y salidos de su Matriz, son eternas desde el momento en que nos selló con su Espíritu en los mismos lugares celestiales eternos.

El mismo Sello que certifica en el cielo el Testimonio de las Tres personas de la Divinidad, también lo certifica aquí en la tierra, en el momento determinado para cada individuo en particular.

¿Cuándo ocurre este momento personal?

Dice el evangelio, que este momento ocurre, cuando viene el cumplimiento del tiempo (Gálatas 4: 4).

Ahora bien, el momento del cumplimiento del tiempo es, según lo revela el evangelio, de una doble dimensión en el plan de Salvación:

Una dimensión es la que se cumple cuando llega el tiempo en que el Señor Jesús viene al mundo a salvar a su pueblo (Mateo 1: 21).

La otra dimensión es la que se cumple cuando llega el tiempo en que por orden de Dios, el Espíritu de Cristo entra en los corazones de los escogidos para Salvación.

En esta segunda dimensión del cumplimiento del tiempo, que es una situación personal para cada escogido de Dios, es cuando la persona es confirmada con el Sello de la Salvación.

Ampliemos esto, un poco más…

En forma general les puedo decir, según el entendimiento que se me ha dado; el cual conjuga con la Verdad revelada por el evangelio de Jesucristo, que cuando viene el cumplimiento del tiempo cósmico, es cuando Dios materializa ante los ojos del mundo entero y ante todo lo que existe en forma  visible e invisible, en la infinita, eterna e inconmensurable extensión del universo, el testimonio de su Amor decretado en el Pacto Eterno.

Jesucristo es el Amor decretado para todos sus elegidos de la Jerusalén Celestial, que peregrinan como esclavos aquí en la tierra.

Es así, que en el momento del cumplimiento del tiempo, el Señor Jesús entra en la Jerusalén terrenal (Lucas 9: 51), para allí ser inmolado, derramando su sangre, que es la Sangre del Pacto Eterno, con la cual libera de la esclavitud del pecado a su Jerusalén Celestial, que está repartida por toda la tierra.

¡Este es el cumplimiento del tiempo establecido por Dios en el Pacto Eterno, para ejecutar su plan de Salvación aquí en la tierra!

Observen con cuidado y agarren esta revelación:

El cumplimiento del tiempo, es este momento en que el Señor Jesús da la cara como fiador del Pacto (Hebreos 7: 22), para pagar (1 Corintios 7: 23)  con su sangre (Hebreos 13: 20), por la libertad de cada uno de los habitantes de su pueblo, que están esclavos en sus delitos y pecados (Mateo 1: 21).

Dice (Lucas 9: 51), que “cuando se cumplió el tiempo”, el Señor Jesús “afirmó su rostro para ir a Jerusalén.”

Esta es la revelación:

El Señor Jesús “da la cara” en la Jerusalén terrenal, para pagar el rescate por los suyos.

El Señor Jesús “da la cara” por su pueblo que está esclavo en el mundo de satanás.

Su pueblo es la Jerusalén Celestial: Su esposa (Apocalipsis 21: 9 – 10).

Mas, a través de la dimensión del tiempo terrenal, todos los que desde el principio de la humanidad, antes del momento cósmico pactado de inmolación y derramamiento de la Sangre del Cordero de Dios; y todos los que después de este momento hasta el postrer día decretado por Dios para este ciclo de vida terrenal han creído en este sacrificio, son quienes en el momento mismo de creer, han recibido el testimonio de los Tres, como confirmación en sus corazones de haber sido escogidos para salvación desde la eternidad.

Este es el momento del cumplimiento  del tiempo en sus vidas personales.

¿Qué es lo que se confirma en sus corazones?

En el momento del cumplimiento de este tiempo personal, cada elegido de la Jerusalén Celestial, es confirmado con el Sello del Amor de Dios, justo y preciso, ni antes ni después, sino en el momento en que Dios envía a sus corazones el Espíritu de su Hijo inmolado en el sacrificio de la Cruz (Gálatas 4: 6).

Este es el momento, en que el Espíritu del Hijo entra en cada corazón que lo recibe, no por voluntad humana, sino por Voluntad del Padre.

Este es el momento en que en forma personal, todo elegido de Dios que vino muerto en sus delitos y pecados, vuelve a la vida (Efesios 2: 1).

Este es el nuevo nacimiento (Juan 3: 3; 1 Pedro 1: 23).

¡Este es el Sello del Espíritu Santo!

¡Esta es la circuncisión del corazón!

Continuemos…

Sabiendo que el Consejo de Dios, ya deja determinado en el cielo, la aplicación del Sello en los escogidos de Dios, veamos ahora, cómo es que se da entonces, el proceso del Sellado en sus escogidos, aquí en la tierra:

Revisemos nuevamente este versículo:

1 Juan 5:

8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

(R. V. 1960)

¡Atentos mis amados a todas las revelaciones que se vienen a continuación!

El Señor Jesús es Piedra de Tropiezo para quienes no tienen este Conocimiento, que por su Misericordia, Él quiere que lo tengan sólo los escogidos del Padre…

…Si ustedes se fijan bien, en (1 Juan 5: 7), el orden en que el evangelio describe al Consejo de Dios es así: El Padre, el Verbo y el Espíritu Santo.

Ya sabemos que los Tres son Uno y que los Tres están de acuerdo en las decisiones que toman.

Ahora, fíjense nuevamente en (1 Juan 5: 8):

El orden en que se expone en el evangelio, a los miembros del Consejo de Dios es así:

El Espíritu, el Agua y la Sangre.

Los Tres en la tierra, siguen siendo los mismos del cielo. Siguen siendo Uno; y siguen estando de acuerdo en la tierra como en cielo.

Cuando los Tres hicieron el Pacto en el cielo, se pusieron de acuerdo para funcionar en la tierra, posicionados de esta manera descrita en el evangelio.

¡Váyanse gozando con lo que se les va revelando!…

Recuerden que el evangelio nos dice que la sangre de Jesucristo es la sangre del Pacto Eterno (Hebreos 13: 20)…

Con su Sangre, ya hay Uno de los Tres, Cristo, que da su Testimonio.

El plan de Dios, establecido para su Hijo, el Señor Jesucristo venido en carne, era el de derramar su Sangre aquí en la tierra, para dar en la tierra, el testimonio de su Sangre Eterna rociada sobre todos los escogidos de Dios, en los lugares celestiales eternos.

Ahora bien, una vez que tenemos claro el Testimonio en la tierra, del Hijo con su Sangre, ¡¡agarren la revelación que sigue!!:

El Señor Jesús dice en el evangelio, que era conveniente que Él se fuera, para que pudiera venir el Espíritu Santo (Juan 16: 7).

¿Para qué era conveniente que viniera el Espíritu Santo después de que Cristo diera su testimonio, derramando su sangre en la cruz?

La revelación la tenemos en el siguiente versículo:

Juan 14:

26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(R. V. 1960)

Ya, en una entrega anterior, mencionamos este versículo y presentamos su revelación. Ahora, es necesario reforzarla: El Espíritu Santo, cuando en el cumplimiento del tiempo entra en nuestros corazones, viene a recordarnos todo lo que Cristo ya nos ha hablado en la eternidad, en los lugares celestiales.

Por eso es que, cuando un elegido de Dios recibe el Sello del Espíritu Santo, según lo dicen las Escrituras, en ese momento recibe la Unción; y es la Unción, la que le enseña todo (Jeremías 31: 33 – 34; 1 Juan 2: 20; 27).

Hasta aquí ya tenemos a dos miembros del Concilio Divino dando el testimonio en la tierra:

Por una parte, tenemos a Cristo derramando su Sangre del Pacto Eterno; y por otra, al Espíritu Santo recordándonos la Verdad (1 Juan 5: 6) del Misterio del Pacto Eterno, oculto desde tiempos eternos (Romanos 16: 25), para que creamos en el sacrificio Cristo, en su Sangre y en su Nombre (Juan 1: 12 – 13).

Repito:

Hasta aquí, ya hemos visto a Dos de los Tres, dando el Testimonio. Cristo participa derramando su Sangre; y el Espíritu Santo, abriéndonos los oídos para que escuchemos la Verdad Eterna del evangelio, para que podamos creer en el sacrificio de Cristo.

En este punto, quiero insistir en esto último que he dicho: Que la Fe en Cristo y en su sacrificio, no depende de la voluntad personal, sino de la Voluntad del Padre, expresada en el Pacto Eterno y encargada al Espíritu Santo.

Esto que les acabo de mencionar, confirmémoslo con los siguientes versículos: (Juan 6: 44; 65; Romanos 9: 16).

Teniendo esto en mente, falta comprender ahora, cuál es la participación del Padre.

¿Cómo da el Padre su testimonio aquí en la tierra?

El Padre da su testimonio con su Voluntad; y es su Voluntad la que se cumple y no la voluntad de nadie, como habíamos dicho.

La Voluntad del Padre expresada en el cielo, prevalece en la tierra, con su  orden explícita dada al Espíritu Santo, de entrar a morar en sus escogidos.

Aquellos en quienes entra, reciben el testimonio del Padre, de haber sido hechos sus hijos, engendrados, no de voluntad de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios, por su Voluntad (Juan 1: 13).

Ese es el testimonio del Padre:

¡El Testimonio del Padre consiste en la expresión y en el cumplimiento de su Voluntad!

De esta forma es, que el Padre participa en el cielo dando la orden de salvación y elección, para que mediante su Palabra soberana que es Palabra de Amor para sus escogidos y es Palabra de ordenanza para el Espíritu Santo, se cumpla su Voluntad aquí en la tierra.

El Padre es representado en (1 Juan 5: 8) como el Agua.

El mismo evangelio nos revela que el Agua es la Palabra de Dios (Efesios 5: 26), o lo que es lo mismo, el Verbo (Juan 1: 1).

Ahora, los invito a hilar más fino:

Recuerden que toda Palabra que sale de la Boca de Jehová es el mismo Espíritu de Cristo (Deuteronomio 8: 3; Mateo 4: 4).

Revisemos ahora:

1 Juan 5:

6. Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.

(R. V. 1960)

Vemos que en este versículo, el Agua, la Sangre y el Espíritu se concentran en Uno Solo que es: Jesucristo.

Revisemos estas palabras del Señor Jesús:

Juan 5:

23. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

(R. V. 1960)

¡Toda la revelación de la Salvación está centrada en el Señor Jesús!

Con este conocimiento, ahora ya podemos concentrar toda nuestra mirada sólo en Cristo.

Es así que, el Espíritu del que habla (1 Juan 5: 8), es el Espíritu de Cristo.

En este mismo versículo, el Agua, representa a Cristo, o sea, a Dios encarnado como hombre (Romanos 9: 5).

Y la Sangre representa el Linaje Divino de Dios, derramado por Cristo, como testimonio visible en la tierra, de la Sangre del Pacto Eterno.

Esta Sangre, como tinta de Escribano (Ezequiel 9: 3 – 4), queda por el Espíritu Santo, grabada en el espíritu de todos los escogidos que deben llevar la marca del Linaje Divino, por decisión pactada en los mismos lugares celestiales, desde antes de la fundación del mundo (Romanos 9: 6 – 8).

Por consiguiente, todo el Testimonio de la Salvación se centra en Cristo, de tal forma, que dice el evangelio lo siguiente en (Colosenses 1: 17 – 18): Que Cristo es antes de todo y todo subsiste en Él, por lo cual, Él tiene la preeminencia en todo.

También dice el evangelio, que de Él, por Él y para Él es todo (Romanos 11: 36).

Es así mis amados, que según lo expresa el evangelio, quien tiene a Cristo, tiene el Testimonio de los Tres, tanto el Testimonio que es dado en el cielo, como el que es dado en la tierra.

Este es el Testimonio de la Gracia para los elegidos de Dios:

1 Juan 5:

10. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

(R. V. 1960)

Como vemos, quien tiene a Cristo, tiene en sí mismo el Testimonio de la Gracia.

Así mismo, dice el versículo expuesto, que quien no tiene a Cristo, es quien habiéndole Dios hablado, no le ha creído; y quien no le ha creído a Dios, es todo aquel que piensa que Dios es mentiroso.

Todo aquel que piensa que Dios es mentiroso, es porque le ha creído al adversario, el diablo (1 Pedro 5: 8).

Todo el que le cree al diablo, también es adversario (1 Corintios 16: 9; 1 Juan 2: 18).

Por esta razón, los adversarios, no tienen dentro de sí, el testimonio de la Gracia, sino que tienen en sí mismo, el horrendo testimonio de muerte irremisible, grabado por la Ley y dado como Testimonio por los mismos testigos del Pacto (Hebreos 10: 27 – 28), tanto en el cielo, como en la tierra.

Los adversarios son muertos, que desde el Pacto Eterno, no tuvieron acceso a la Promesa del Sello.

Veamos entonces, cómo es que en Cristo, por Cristo y para Cristo, actúa el Consejo Divino, para confirmar su Sello en los escogidos de Dios.

Volvamos a observar que en (1 Juan 5: 7), los Tres que en el cielo dan Testimonio de su Sello, están ubicados en este orden: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y en (1 Juan 5: 8), nos vemos que en la tierra, estos Tres que dan el Testimonio de su Sello, están ubicados así: El Espíritu, el Agua y la Sangre.

Siendo los mismos que en tanto en el cielo como en la tierra dan el Testimonio de su Sello, ¿por qué se posicionan en orden distinto?

De acuerdo a lo que hemos revisado anteriormente, ya podemos ahora comprender, que es el mismo Cristo, actuando y morando en el corazón de los elegidos, quien representa al Espíritu que nos levanta de entre los muertos; al Agua que nos lava y nos purifica de nuestros pecados; y a la Sangre que nos convierte en nuevas criaturas de naturaleza divina, hijos de Dios, del linaje de Abraham, Isaac y Jacob, pertenecientes a la realeza del Trono Eterno.

En la próxima entrega vamos a continuar examinando el proceso del sellado, o circuncisión espiritual del pueblo de Dios.

Por Ahora, les dejo sólo con los elementos o características del Sello del Espíritu Santo, para que ustedes los escudriñen.

El Sello es una marca, puesta irrevocablemente una vez sobre los elegidos en la eternidad, en los lugares celestiales (Hebreos 9: 24), (Testimonio en el cielo); y confirmada irrevocablemente también por una sola vez en el corazón de cada escogido de Dios mientras peregrina en la tierra (Hebreos 9: 26; 28), (Testimonio en la tierra).

Sin embargo, a pesar de que el Sello es aplicado y confirmado de manera eterna por una sola vez (Hebreos 9: 24 – 28), es necesario que cada una de las características del Sello, sea escudriñada en forma separada; y para que haya un mejor entendimiento del Sello como Justicia de Dios, es bueno que lo analicemos como un proceso, para reconocer en qué consiste, esta marca de su Justicia.

El análisis del Sello, visto como un proceso, lo iniciaremos en la próxima entrega.

Aquí les dejo por ahora, los elementos que caracterizan al Sello del Espíritu Santo:

  1. Quebrantamiento
  2. Arrepentimiento
  3. Entendimiento
  4. Conocimiento
  5. Fe
  6. Purificación
  7. Obediencia

 

Próxima entrega: Jesús “La Piedra de Tropiezo” Parte 26

¡Victoria en Cristo Jesús!

 

Dr. Iván Castro Romero